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El euro no está en peligro. El bienestar de la población sí que lo está por Vicenç Navarro |


El euro no está en peligro.

El bienestar de la población sí que lo está

Vicenç Navarro | Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
nuevatribuna.es | Actualizado 30 Diciembre 2011 -

Existe una frase, “el euro está en peligro”, que se reproduce constantemente en los medios de mayor difusión, la mayoría de los cuales pertenecen a la sensibilidad neoliberal.

Esta frase, generada en los establishments financieros y políticos de la Eurozona, señala que su moneda está en crisis y que, a no ser que se implementen cambios profundos con los déficits y la deuda pública de los Estados, reduciendo dramáticamente su gasto público y su protección social, el euro desaparecerá.

De ahí la llamada al arrebato para apretarse el cinturón (sobre todo de las clases populares) y salvar tal moneda.

Bajo esta excusa se está reduciendo la protección social y desmontando el Estado del Bienestar de los países de la Eurozona, privatizándolo.

Tal movilización, sin embargo, tiene muy poco que ver con el euro. En realidad, mírese como se mire, el euro ha estado y continúa estando fuerte. Y algunas empresas exportadoras de la Eurozona dirán, con razón, que está demasiado fuerte, dificultando las exportaciones de sus productos. Basta con mirar la tasa de cambio del euro con otras monedas.

Mientras que el dólar, el yen y la libra esterlina han ido bajando, el euro se ha mantenido.

Durante el colapso de Lehman Brothers el dólar bajó casi en picado, pero el euro se mantuvo. Cualquier turista europeo puede dar testimonio de ello.

EEUU se convirtió para un europeo en un país más barato que la mayoría de países de la Eurozona, y continúa siéndolo hoy.

Es cierto que el euro ha ido devaluándose un poco, pero no tanto frente al dólar o a la libra esterlina, sino frente a las otras monedas europeas, especialmente las monedas de Suecia, Noruega y Suiza, así como la moneda de los países emergentes como Brasil, China e India.

Las reducciones de gasto público, incluyendo del gasto público social, tienen, pues, poco que ver con el valor del euro, a pesar de toda la avalancha ideológica neoliberal enmascarada como rigor.

El valor del euro depende, primordialmente, de un hecho que permanece casi oculto en los medios de mayor difusión, y es el comportamiento del Banco Central Europeo (BCE) que antepone el proyecto de controlar la inflación por encima de cualquier otro objetivo. En realidad es su único objetivo, logrado a costa de no realizar otra función que realizan otros bancos centrales: estimular la economía.

Es decir, el BCE para salvar al euro está, con su comportamiento, destruyendo la economía de los países de la Eurozona, condenándolos a una Gran Recesión y pronto a una Gran Depresión.

El BCE, aunque es el único banco central que puede imprimir dinero en la Eurozona, imprime poco dinero, manteniendo así la inflación baja.

Para complicar todavía más la cosa, mantiene unos intereses bancarios altos, dificultando además la disponibilidad del crédito, con lo cual, la actividad económica se reduce, el crecimiento económico se ralentiza, y aparece la recesión.

En otras palabras, para salvar al euro el BCE está destruyendo a las economías de la Eurozona.

Detrás de esta frase “hay que salvar el euro” hay, sin embargo, unos intereses muy concretos y específicos: conseguir defender los intereses de la banca, y muy en especial de la banca europea para la cual la eliminación de la inflación es su objetivo único.

Ello explica que estemos donde estamos, con una inflación baja y con un desempleo enorme y una economía de recesión. Y todo, para salvar, no tanto al euro, sino a la banca.

A la banca, la recesión actual le está yendo muy bien. Según Ronald Janssen, economista que asesora a los sindicatos belgas, los beneficios bancarios en la zona euro han crecido astronómicamente, alcanzando 50.000 millones de euros en 2010, y 27 .000 millones en la primera mitad del presente año.

Todo ello a costa de un enorme crecimiento de la pobreza en la mayoría de países de la Eurozona, y notable descenso de la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población.

Un tanto igual ha pasado en España. Es lógico, pues, que según las últimas encuestas publicadas, nada menos que el 70% de la población española cree que el euro ha sido más negativo que positivo para España. Sería conveniente que se iniciara un debate en España sobre si sería o no aconsejable para España continuar en el euro.

Hay argumentos a favor de continuar utilizando el euro como la moneda española. Pero también hay costos, y algunos de ellos muy elevados (como el desempleo entre los jóvenes de un 45%) que debieran entrar en esta discusión.

Y, sin embargo, no han aparecido en el debate voces que subrayen estos costes, no porque no existan, sino porque los autores que las sostienen no tienen espacio para poder presentarlas en los mayores medios de información y persuasión. Así de incompleta es la democracia española.

Causas políticas de la crisis y cómo salir de ella


Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista EL VIEJO TOPO, junio de 2011

Este artículo muestra como las políticas neoliberales que se han ido aplicando en la mayoría de países de la Unión Europea, incluyendo España, están polarizando la distribución de las rentas de tal manera que esta polarización está interfiriendo en la eficiencia económica de aquellos países.

El caso de los mal llamados PIGS es paradigmático. El artículo señala la urgente necesidad de cambiar tales políticas acentuando reformas fiscales que corrijan tales desigualdades de renta, contribuyendo además a expandir el gasto público que estimule la economía y cree empleo. El artículo muestra datos empíricos que avalan tales propuestas.

Mi maestro Gunnar Myrdal, premio Nobel de Economía de 1974, solía decir que detrás de cada problema económico había un problema político. Y la crisis actual, que nos ha llegado al borde de la Gran Depresión, es un caso claro de ello.

La revolución neoliberal representó la victoria del capital sobre el mundo del trabajo y sus políticas públicas así lo demuestran. Durante los últimos treinta años, las rentas del capital han aumentado, mientras que las rentas del trabajo (como porcentaje de la renta nacional) han disminuido en los países del G-7, es decir, en los países capitalistas de mayor riqueza.

Tal situación se ha producido también en todos aquellos países que siguieron tales políticas (desregulación de los mercados –comerciales, laborales y financieros-; disminución del intervencionismo estatal en la economía; reducción del estado del bienestar; plena autonomía de los Bancos Centrales; entre otras), promovidas activamente por los gobiernos del G-7, por el Fondo Monetario Internacional (FMI), y por la Unión Europea (UE).

Dentro del capital, la fuerza motriz de estas políticas públicas fue el capital financiero, que se benefició enormemente del descenso de las rentas del trabajo, forzando a la clase trabajadora a endeudarse.

El grado de endeudamiento de la población trabajadora aumentó geométricamente y con ello los beneficios del sector financiero. La financiarización de la economía, es decir la importancia del sector financiero dentro de la economía, aumentó muchísimo.
Por otra parte, la enorme concentración de las rentas (y de la propiedad) determinada por las políticas neoliberales facilitó la especulación financiera.

Los ricos no invirtieron tanto en las actividades productivas (cuyo crecimiento no era muy notable, resultado de la escasa demanda –consecuencia del descenso de la capacidad adquisitiva de la población-) como en actividades especulativas, de las cuales la apuesta inmobiliaria fue la más llamativa. Así se creó la burbuja inmobiliaria que fue el motor de la actividad económica en EEUU, Gran Bretaña, España e Irlanda.

El estallido de tal burbuja creó un enorme vacío en el espacio económico responsable de la Gran Recesión que casi llega a convertirse en la Gran Depresión.

El desempleo se disparó, y con ello el problema de la escasa demanda que se deterioró todavía más, convirtiéndose en el mayor problema social y económico de los países capitalistas desarrollados.
El enorme crecimiento de las desigualdades de renta resultado de las políticas neoliberales ha determinado el descenso de la demanda, que se ha agravado con el colapso de la burbuja inmobiliaria, a consecuencia de la actividad especulativa del capital financiero.

Frente a esta situación, las políticas gubernamentales de reducción de la demanda mediante el recorte del gasto y empleo público es un enorme error, pues empeora todavía más la situación, como estamos viendo en los países periféricos de la eurozona (PIGS), Grecia, Irlanda, Portugal y España.

Los gobiernos de estos países, presionados por la UE y por el FMI están recortando más y más su sector público y con ello retrasando la recuperación del crecimiento económico. Los datos están ahí para cualquier persona que quiera verlos (ver mis artículos en la sección Economía Política en mi blog, http://www.vnavarro.org).

Los argumentos neoliberales a favor de la austeridad

El argumento que la UE y el FMI utilizan para justificar los enormes recortes de gasto público es que estos países deben ser más disciplinados y reducir su déficit público, pues este déficit público está sustrayendo fondos necesarios para que el sector privado consuma e invierta.

La reproducción de este argumento es un indicador de la intensidad del dogma neoliberal, pues es fácil demostrar que se reproduce a base de fe en lugar de evidencia científica. El sector privado en estos países están enormemente endeudados y no pueden liderar la recuperación económica.

Es el sector público el que debe liderarlo, creando empleo, pues su problema mayor es el elevado desempleo y falta de demanda.
Otro argumento neoliberal a favor de reducir el déficit es que creará inflación y/o incrementará los intereses bancarios. Tales argumentos ignoran que la inflación existente no tiene nada que ver con el tamaño del déficit sino única y exclusivamente con el incremento del precio del petróleo y de los alimentos. Y en cuanto al precio del dinero (los intereses), éste no lo marcan los mercados sino los Bancos Centrales.
En otras ocasiones los economistas neoliberales (y en ocasiones los no liberales también) argumentan que no podemos cargar a nuestros nietos tales deudas. Y aparece así el supuesto conflicto de generaciones, que sustituye a la lucha de clases. Los estados –dicen estos autores- tienen que comportarse como las familias. Pero tales autores parecen desconocer que todas las familias están endeudadas.

Sin crédito, la economía familiar no funcionaría. Pero también ignoran que un estado tiene además la potestad de imprimir dinero, potestad que no tiene la familia.

Pero, al citar esta obviedad, los neoliberales se ponen las manos en la cabeza horrorizados, asustando al público en general, diciendo que la impresión de moneda, para estimular la economía, creará inflación. Ignoran, sin embargo, que el problema que hemos tenido en los años de recesión no ha sido la inflación sino la deflación.

Es más,  la abundante evidencia empírica muestra que no hay relación entre déficit público e inflación. Japón tiene el mayor déficit y deuda pública existente en la OCDE y ha estado en deflación por muchos años.
Y, por último, el argumento que la UE y el FMI utilizan para presionar a los PIGS a que eliminen sus déficits es que los mercados financieros no prestarán dinero a no ser que los déficits estén bajo control. Tal argumento ignora también algunos elementos básicos.

Uno de ellos es que la solvencia de los bonos del estado lo definen unas agencias de evaluación que son, en la práctica, instrumentos del capital financiero, el cual se beneficia de que los intereses de tales bonos sean elevados, lo cual consiguen elevando su valoración de riesgo (bajo el argumento de que son arriesgados), con lo cual tal evaluación carece de credibilidad.

Es una falacia que se sostiene porque “la presión de los mercados financieros” es el argumento que se utiliza para que los estados tomen las medidas que la UE, el FMI y las burguesías nacionales desean que se tomen.

En realidad, si en los estados PIGS (todos ellos países que han sufrido dictaduras fascistas o fascistoides, y en los cuales las derechas continúan siendo muy poderosas) gravaran a sus ricos en los mismos niveles que hacen países con izquierdas más poderosas, como los países nórdicos escandinavos, sus estados necesitarían endeudarse mucho menos.

Ha habido una alianza –reconocida por algunos dirigentes de la Banca Alemana-, entre las burguesías de los países PIGS (todos ellos tienen el porcentaje de ingresos al estado más bajos de la UE-15) y la banca nacional y extranjera, de manera que la baja carga impositiva en estos países es la causa del endeudamiento del estado.

Si los países PIGS tuvieran los ingresos al estado que tienen los países nórdicos, tales países dejarían de tener déficits públicos.

¿Qué es lo que debería hacerse?

En realidad, la respuesta es bastante fácil. Pero ello implica romper con el modelo neoliberal que nos llevó a la crisis y nos mantiene en ella. Se tiene que hacer un cambio en el pensamiento económico semejante al que ocurrió a finales de los setenta y en los ochenta pero en sentido contrario. Y ello no ocurrirá a no ser que haya un cambio de las relaciones de poder de clase en estas sociedades.

El conocimiento económico hegemónico es siempre el que beneficia a las clases dominantes. El neoliberalismo es el pensamiento del capital, hegemonizado por el capital financiero. Es necesario establecer un pensamiento económico que represente los intereses del mundo del trabajo, que son los de la mayoría de la población.
Tal pensamiento tiene que ser la génesis de políticas públicas que reviertan las políticas neoliberales. Así, en lugar de aumentar la regresividad fiscal y disminuir los impuestos, hay que aumentar los impuestos de los sectores que se han beneficiado más de los recortes impositivos regresivos durante estos últimos treinta años (en España, de una manera muy notable, en los últimos quince años). Es más, los ingresos al estado deberían depender menos de las rentas del trabajo y más de las rentas del capital.

Debería terminarse la discriminación impositiva de manera que todas las rentas y todas las propiedades deberían grabarse por igual, independientemente de su origen. Por otro lado, los ingresos al estado deberían alcanzar los niveles de los países nórdicos a fin de desarrollar un elevado estado del bienestar.

Si España obtuviera los mismos ingresos al estado que, por ejemplo Suecia, el estado español ingresaría 200.000 millones de euros más de los que ingresa ahora. Los neoliberales publicarían informes señalando que tal carga impositiva deprimiría la economía, pues disminuiría la demanda.

Tal argumento ignora que la mayoría de la carga impositiva caería en el 20% de renta superior del país que ahorra (y especula) más que consume.

Es más, el estado debería gastar los fondos adquiridos de estos impuestos en crear puestos de trabajo y con ello estimular la demanda.

Si España tuviera el mismo porcentaje de la población adulta en los servicios públicos del estado del bienestar que tiene, por ejemplo, Suecia (24%, versus 9% en España), España crearía cerca de cinco millones de puestos de trabajo eliminando el desempleo.

Se alcanzaría pleno empleo además de corregir el retraso del estado del bienestar español (que treinta años después de democracia continúa a la cola de la UE-15 en gasto público social por habitante y en porcentaje de la población adulta que trabaja en el estado del bienestar).
Un segundo cambio sería el establecimiento de bancas públicas tanto a nivel central como autonómico e incluso municipal que garantizara el crédito. Por otra parte, las ayudas a la banca privada se condicionarían a la garantía de disponibilidad de crédito, acentuando más la ayuda al usuario del crédito que a las instituciones crediticias.

La banca en España está excesivamente protegida y el usuario poco protegido. Se permitiría que el ciudadano en bancarrota finalizara la hipoteca cuando dejara el piso, absorbiendo la banca las pérdidas en sus inversiones. La deuda con los bancos extranjeros y nacionales se redefiniría, exigiendo que la banca absorbiera las pérdidas por sus inversiones fallidas.

Lejos de despolitizar las cajas, estas deberían convertirse en bancas públicas bajo dirección política. La provisión de crédito sería una función política y social, mediante propiedad y/o regulación pública.

Cambios a nivel europeo

A nivel europeo, el modelo neoliberal debería cambiarse para seguir una orientación casi opuesta a la actual. El Banco Central Europeo debería convertirse en un Banco Central en lugar de un lobby de los bancos. Debería asemejarse en sus funciones al Federal Reserve Board, considerando su responsabilidad en estimular el crecimiento económico tan importante como controlar la inflación.

Tal Banco tendría que dar cuentas al Parlamento Europeo, el cual debería tener mayor responsabilidad en la política económica, fiscal y monetaria. Sus actas serías públicas y deberían apoyar a los estados en sus políticas monetarias, fiscales y económicas.

Un Fondo Monetario Europeo debería establecerse, con un fondo de 750.000 millones de euros, que siguiera y evaluara la situación fiscal de los estados con sus propias agencias de evaluación, ignorando las agencias privadas como Moody y Standard Poor que son meros instrumentos de la banca. El presupuesto europeo debería alcanzar el 7% del PIB europeo, tal como lo pidieron sus fundadores, con una responsabilidad estimuladora de la economía.

Y la UE debería estructurarse según una estructura federal que permitiese un pacto social capital-trabajo a nivel europeo. Tales cambios deberían hacerse con cierta urgencia pues la propia viabilidad de la UE está en peligro. En caso de no realizarse estos cambios, la UE y el euro desaparecerán pues la situación actual es insostenible.

Hay que darse cuenta que el elevado desempleo en la UE es su talón de Aquiles.

El mal llamado éxito del modelo alemán depende primordialmente de la existencia de una demanda de sus exportaciones, que proceden primordialmente de países emergentes, como China (cuyo elevado crecimiento se debe a no haber seguido las recetas neoliberales.

El crédito de China está nacionalizado y el 44% de la industria es estatal) e India.

La única manera de eliminar el déficit es a base del crecimiento económico como bien recordó el ex presidente Lula al gobierno socialista portugués (al cual aconsejó no seguir los consejos del FMI que habían hecho mucho daño a Brasil).

Tal crecimiento no puede ser a base de exportaciones sino a base del estímulo de la demanda doméstica creando pleno empleo.

Si las medidas propuestas aquí no pudieran implementarse en España debido a la resistencia de la UE, España debería considerar salirse del euro pues la situación tal como está ahora condenará a España a una época larga, de décadas, en que permanecerá estancada con un elevado desempleo.

Ver artículo en PDF 

Extraido del blog de Vicent Navarro

El Pacto del Euro se olvida de las necesidades del ciudadano


El Pacto del Euro se olvida de las necesidades del ciudadano

El acuerdo impuesto por Angela Merkel evita fijar metas en la ampliación de la protección social para centrarse en los sacrificios y la austeridad

DANIEL BASTEIRO CORRESPONSAL 20/03/2011 08:00 Actualizado: 20/03/2011 11:48

Pocos días antes de llegar a una conclusión, los altos cargos que negociaron el Pacto por el Euro se dieron cuenta de que no había referencias a “su dimensión social”, según fuentes cercanas a la negociación.

El acuerdo logrado la semana pasada por la cumbre de líderes del euro resultó ser, tal y como se esperaba, una colección de deberes dictados por Alemania y suavizados por Francia para mejorar la competitividad y homogeneizar políticas económicas.

La lista incluye retrasar la edad de jubilación, eliminar limitaciones a la libre competencia, desligar la evolución de los salarios de los precios o prohibir el déficit por ley.

¿Dónde está la “dimensión social”, dónde se habla de reducir el paro? El texto que finalmente se aprobó contiene dos referencias de última hora: la intención de “respetar las tradiciones nacionales de diálogo social y relaciones laborales” y la inclusión de los sindicatos en el pacto a través de unos encuentros que ya se celebran regularmente.

El acuerdo de la UE no incluye ninguna medida para reducir el desempleo

Mientras que las medidas de austeridad y esfuerzo económico son explícitas y tienen plazo de cumplimiento, las que podrían mejorar la calidad de vida de los 330 millones de ciudadanos que usan el euro son inexistentes, denuncian numerosos expertos.

“El acuerdo sólo presta atención a la contención salarial y de la deuda ignorando que esta crisis es financiera y causada por los bancos”, denuncia Sony Kapoor, director del centro de estudios Redefine y asesor de varios Gobiernos sobre reformas financieras. “Los líderes debían haber mandado dos mensajes: que mañana será diferente”, asegura, en referencia a la superación de la crisis. “Pero también que el mañana será mejor”, lamenta.

La creencia de que la crisis ha hecho tocar techo al Estado del bienestar, de que las generaciones de europeos posteriores a la crisis se arriesgan por primera vez a sufrir una regresión de las conquistas sociales, cobra peso gracias a los silencios e inconcreciones del pacto.

Según Kapoor, un pacto “realmente social” debería centrarse en “ganar competitividad no a través de una simple rebaja en los salarios, sino de una mejora en la capacitación laboral para que el trabajo valga más” y se pueda competir con otras economías gracias a cerebros bien formados.

En ese sentido, el pacto pide “mejorar los sistemas educativos y fomentar el sector I+D+i”, pero el pasaje del texto no generó ningún debate en la zona euro al no llevar de la mano ningún objetivo específico. En febrero, el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, barajó la posibilidad, pero advirtió de que “otras partidas de los presupuestos de todas las administraciones tendrían que reducirse” más.

“A lo mejor tenemos que hacer un pacto en España para lograr ese 3%”, reflexionó, en referencia al objetivo europeo en inversión en I+D+i, que no es vinculante.

La competitividad se ha basado en bajar salarios, no en mayor capacitación

Según Kapoor, cualquier reforma del modelo salarial que arriesgue el poder adquisitivo del trabajador es inconcebible sin “una lucha sin cuartel” contra la evasión fiscal de los que más cobran. Todo ello, advierte, tras poner en orden el sector financiero, que ha sido rescatado con dinero público, pero no ha visto la “refundación del capitalismo” prometida en 2008 por Nicolas Sarkozy.

El impuesto sobre las transacciones financieras, la regulación de las agencias de calificación de riesgos o las duras exigencias que destierren las prácticas peligrosas para el resto de la economía siguen siendo asignaturas pendientes.

La Fundación Primero de Mayo, un centro de estudios de CCOO, da prioridad, frente a la “enfermiza obsesión por los equilibrios macroeconómicos”, al “crecimiento y la creación de empleo”, según Ramón Baeza, director de Estudios Europeos, quien cree que estos elementos son un requisito previo imprescindible para salir de la crisis y hacer otras reformas, y no viceversa.

Progreso social

La mejora educativa y de la I+D+i se menciona sin objetivos concretos

Baeza lamenta que la zona euro plantee su pacto por la competitividad como un freno a los excesos del pasado, ya que las rentas salariales han aumentado muy por debajo del conjunto de rentas nacionales en las últimas tres décadas, según datos de la OCDE.

Ante vagas intenciones de la zona euro, el centro de estudios propone “una cláusula de progreso social en el derecho primario que asegure que los derechos fundamentales tienen primacía sobre las libertades económicas”.

Para el sindicalismo europeo es imprescindible pasar de las palabras a los hechos y poner en marcha una “armonización fiscal a escala europea”. Aunque los líderes europeos la mencionan en su acuerdo, sólo se aplicará a la base del impuesto de sociedades y, por el momento, no estudiará cómo recaudar a escala europea en otras áreas para gastar mejor.

Ni las medidas del pacto ni las propuestas desde otros ámbitos pretenden acelerar la salida de la crisis, sino aplicar políticas económicas parecidas para que, si se produce otra, se pueda luchar con las mismas armas contra problemas similares.

La principal amenaza presente y futura es el excesivo endeudamiento, contra el que se ha erigido un muro un poco más alto que el que fijabahasta ahora el Pacto de Estabilidad. Con la reducción del agujero en las cuentas públicas, una obligación que será incluida en cambios constitucionales o de grandes leyes, la moneda única pretende recuperar la credibilidad perdida en los mercados.

A las sanciones se le suma el control europeo del borrador de los presupuestos nacionales, antes incluso de que sean negociados por los parlamentos. Para referentes europeístas como Jacques Delors, antiguo presidente del Ejecutivo comunitario, es “lo más reaccionario que ha producido jamás la Comisión”.

Kapoor no ve lógica una reforma salarial sin perseguir la evasión fiscal

Según Alberto Montero, profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Málaga, el rumbo que se enfila estrangula la capacidad de los Estados, con el gasto social como primera víctima.

“La crisis se ha utilizado como coartada” para “un sacrificio que se pregona colectivo pero que sólo se impone sobre los trabajadores”, dice. Mientras, señala Kapoor, los bancos disfrutan sabiendo que “para ellos, el mañana sí será mejor”.

El déficit de democracia en España y sus consecuencias económicas y sociales


Artículo publicado por Vicenç Navarro en la revista digital SISTEMA, 27 de mayo de 2011

Este artículo analiza las causas del escaso desarrollo del Estado del Bienestar en España (cuarenta años de una dictadura caracterizada por una enorme represión y una muy limitada sensibilidad social, y la manera como se hizo la integración de España al euro) y sus consecuencias negativas para la economía española. El artículo alerta de que la manera como se está intentando salir de la Gran Recesión (recortando el gasto social y el empleo público) retrasará todavía más el elevado déficit social que tiene España.


España actualmente tiene junto con Portugal, Irlanda y Grecia, un déficit público muy elevado, que se presenta como la mayor causa de que los mercados financieros no se fíen de su solvencia, exigiendo unos intereses muy elevados como condición de que tales mercados le presten dinero al estado español, comprando sus bonos públicos.

Como consecuencia de esta interpretación, el estado español está recortando el gasto público a fin de reducir el déficit público como manera de calmar a tales mercados y poder conseguir préstamos a intereses más bajos.

Sólo los partidos a la izquierda del PSOE, tales como IU, ICV-EUiA, ERC y BNG se oponen a estas políticas también aprobadas por el mayor partido de la oposición, el PP. Las dos fuerzas nacionalistas conservadoras, CiU y PNV, apoyan también tales políticas. Las diferencias entres estos partidos se centran en la rapidez, cantidad y tipo de recortes.
En esta discusión raramente se analiza como España ha alcanzado este elevado déficit del estado, situación sorprendente, pues parecería lógico que se analizaran las causas para poder responder a ellas como manera de salir de la crisis.
Veamos los datos. España y los países ya citados (referidos en la literatura económica anglosajona como los PIGS) tienen una historia común. Han estado gobernados por fuerzas conservadoras (dictaduras fascistas o fascistoides en España y Portugal y gobiernos profundamente conservadores y autoritarios en Grecia e Irlanda) durante la mayoría del periodo post II Guerra Mundial hasta los años noventa.

Como consecuencia de esta historia común, todos estos países tienen estados represivos, poco redistributivos y escasamente sociales. Como herencia de este pasado, todos estos países tienen el mayor número de policías por 10.000 habitantes de la UE-15 y el menor porcentaje de la población adulta trabajando en sus servicios públicos del estado del bienestar (tales como sanidad, educación y servicios sociales, entre otros). Tienen también las mayores desigualdades de renta de la UE-15 y los ingresos al estado más bajos de la UE-15.
Comencemos por lo último, un aspecto de enorme importancia. Los ingresos al estado como porcentaje del PIB era, cuando se inició la crisis en 2008, sólo un 37%, Portugal era 41%, Grecia 40% e Irlanda 35%. Todos ellos tenían ingresos al estado mucho más bajos que el promedio de la UE-15 (45%). Como era de esperar, tenían también un gasto público mucho más bajo que el promedio de la UE-15 (47,4% del PIB). España era 41,3%, Irlanda 42,8% y Portugal un 44,7%. Sólo Grecia tenía un gasto superior (49,7%) al promedio de la UE-15 y ello como consecuencia del elevado gasto militar resultado de las tensiones con Turquía. (Este gasto requería préstamos de la banca alemana para pagarlos).

Un bajo gasto público significa un bajo gasto público social. Todos estos países tienen un estado del bienestar muy poco desarrollado. Sus gastos públicos sociales eran en 2008 más bajos que el promedio de la UE-15 (30,6% del PIB). España era un 24,7%, Grecia un 27,6%, Irlanda era un 26,9% y Portugal era un 28,4%. Lo que estas cifras indican es que España y estos países PIGS se gastaban menos en las transferencias públicas (como pensiones y ayudas a las familias) y servicios públicos (como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios a personas con dependencias, servicios sociales y otros) que el promedio de la UE-15.
Una consecuencia de ello es que el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar (citados en el párrafo anterior) era menor que el promedio de la UE-15 (15%). En España era en 2008 un 9%, en Portugal un 7%, en Irlanda un 12% y en Grecia un 14%. Es importante resaltar que España está junto con Portugal a la cola de empleo público en los servicios del estado del bienestar en la UE-15.

Estos datos demuestran que, en contra de lo que sostienen varios economistas neoliberales (que monopolizan los espacios mediáticos) el sector público está poco desarrollado en estos países y no puede sostenerse que su problema económico esté basado en el excesivo desarrollo de su estado del bienestar.

¿POR QUÉ LOS INGRESOS AL ESTADO SON TAN BAJOS?
La respuesta a esta pregunta la tenemos que encontrar en su propia historia común: la enorme influencia de las fuerzas conservadoras en su pasado. Las derechas y sus instrumentos políticos (la dictadura en el caso español y portugués; y los gobiernos autoritarios en Grecia e Irlanda) han sido responsables de la configuración de tales estados: su carácter represivo, su escasa sensibilidad social, su regresividad fiscal (que ha protegido a las rentas del capital, y las rentas superiores permitiendo un enorme fraude fiscal, calculada en España en 82.000 millones de euros), y su escaso impacto redistributivo.
Como resultado de ello, estos países son más desiguales (sus desigualdades de renta están más acentuadas) que el promedio de la UE-15. Su coeficiente de Gini (que mide las desigualdades de renta en un país) son de los más elevados de la UE-15 (a mayor número, mayores son las desigualdades). El coeficiente de Gini de España era en 2008 31.3, el de Grecia era de 33.4 y el de Portugal era de 35.8, todos ellos más elevados que el promedio de la UE-15 (29.2), a excepción de Irlanda, que era de 29.9.
El dominio de las derechas sobre el estado fue muy acentuado durante la época dictatorial. Tal dominio, casi completo sobre el estado, se transformó (cuando estos países iniciaron su época democrática a finales de los años setenta) en una enorme influencia sobre el mismo estado, influencia realizada a través de su gran poder financiero, económico y mediático. Ello explica que, ya en plena época democrática, la integración de sus economías en la Eurozona se hizo también en términos muy favorables a las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo. Esto es fácil de ver.

Las rentas del trabajo como porcentaje de las rentas totales bajó a partir de que se tomaron las medidas que los estados requerían para alcanzar los criterios de pertenencia al euro, entre los cuales, la bajada del déficit del estado por debajo del 3% del PIB o menos era esencial. La otra condición era incrementar la competitividad a base de reducir los salarios. Como resultado de estas políticas, el porcentaje que las rentas del trabajo representaban de todas la rentas nacionales bajaron de casi el 70% en 1992 a 62% en 2008, una bajada mucho mayor que la que ocurrió en el promedio de la UE-15 (del 70% al 66%).
Es importante señalar que durante los primeros quince años de la democracia española, el enorme déficit de gasto público social fue corrigiéndose como resultado del incremento del gasto público social (pasando de ser el 14% del PIB en 1978, al 22% en 1993) incremento que fue muy importante a finales de aquel periodo, en parte como respuesta a las huelgas generales y a la agitación social. En el promedio de los países que más tarde pasarían a ser la UE-15, tal incremento del gasto público social como porcentaje del PIB pasó de ser 22% en 1975 al 28% en 1993. Como resultado, la diferencia entre España y tal promedio pasó de ser 8 puntos del PIB en 1975 (22-14) a 4 (26-22), habiéndose reducido a la mitad (una situación semejante ocurre cuando tomamos como indicador el gasto público social por habitante).
A partir de 1993, tal déficit social se incrementa de nuevo, pues para disminuir el déficit del estado (que era un 6% del PIB) se dejó de invertir en el sector público social a fin de reducir el déficit del estado de manera tal que la eliminación de este último (se llegó a eliminar el déficit en 2003) se hizo a costa de incrementar el déficit social de España. El euro se construyó a espaldas de las clases populares, que son las que utilizan más el estado del bienestar. Ni que decir tiene que la reducción del déficit podría haberse hecho, en lugar de recortando el gasto público, aumentando los impuestos, alternativa que ni siquiera se consideró.

 

LA HISTORIA SE REPITE UNA VEZ MÁS
Y esto es lo que está ocurriendo ahora. Una vez más se intenta la reducción del déficit del estado a costa de su estado del bienestar. El gobierno del presidente Zapatero (en su primer mandato 2004 – 2008, cuando gobernó en alianza con los partidos a su izquierda IU, ICV-EUiA, ERC y BNG) incrementó sustancialmente el gasto público social, disminuyendo el déficit social que España tenía con la UE-15.

Pero tal gobierno revirtió su política a partir de 2008, recortando el gasto público social (excepto el seguro público de desempleo), al forzar una reducción del déficit de las CCAA, responsables de la mayoría de servicios del estado del bienestar. La congelación de las pensiones, la reducción de los salarios y los empleos públicos han acentuado todavía más estos recortes.
El gran éxito de las derechas (conservadoras y neoliberales) que controlan la mayoría de los medios de información y persuasión es haber convencido a la sociedad y al partido gobernante que no hay otra alternativa, como consecuencia de la presión de los mercados financieros. Así se promueve un pensamiento único con el cual comulga el equipo económico del gobierno Zapatero. Sus políticas están destruyendo electoralmente al Partido Socialista, pues son políticas neoliberales que dañan a las clases populares que han sido la mayor cartera de votos a tal partido.

La discusión de si Chacón o Rubalcaba será el sucesor de Zapatero es de una enorme frivolidad, (estimulada por los medios) que no tiene ninguna trascendencia para el futuro electoral de tal partido. No son los personajes, sino las políticas las que crean un enorme rechazo.
No hay duda de que el PP sería, como David Cameron está mostrando en Gran Bretaña y Artur Mas en Catalunya, mucho peor. Pero que fuera peor no es causa suficiente para que la población de izquierdas, votante del PSOE, se movilice. Se llega a un nivel de artazgo y agotamiento que la población lo que quiere es “que se vayan”.

 

LAS ALTERNATIVAS
No hay nada en la Biblia económica que diga que los déficits públicos se tengan que reducir recortando el gasto público. En realidad, las mayores reducciones de déficit público que se han implementado han sido, paradójicamente, aumenta

ndo el gasto público. Mucho se ha escrito sobre ello aunque casi nunca en los medios españoles. Pero sin el New Deal y la II Gran Mundial, la Gran Depresión no se hubiera resuelto en EE.UU. Y sin el enorme intervencionismo público y el plan Marshall en Europa, ésta no se habría recuperado de la II Guerra Mundial. La mejor manera de reducir el déficit es con el crecimiento de la economía y con el alargamiento del plazo de reducción del déficit y de la deuda. En EE.UU., se aplazó a cincuenta años. Es absurdo exigir que se haga en 3 años, como la UE está exigiendo.
Pero otra manera de reducir el déficit es aumentando el crecimiento económico a base de aumentar el gasto público mediante un incremento de los impuestos. Y en España hay una enorme cantidad de recursos (dinero) que el Estado no está recogiendo. La enorme regresividad de las políticas fiscales deja un enorme espacio de maniobra.

Si España tuviera las mismas políticas fiscales que Suecia, el estado (central y autonómico) recogería 200.000 millones de euros más de los que recoge, con los cuales se podrían crear empleos, estimulando así la demanda y el crecimiento económico.

En realidad, si el porcentaje de la población trabajando en los servicios públicos del estado del bienestar, en lugar de ser el 9% actual fuera 25% como en Suecia, en España habría 5 millones más de puestos de trabajo, eliminando el desempleo.
¿Por qué no se sigue esa alternativa? La respuesta se debe única y exclusivamente al enorme poder de las fuerzas conservadoras y neoliberales cuyo pensamiento ha contaminado a los grupos económicos del gobierno español y que utilizan el argumento de los mercados financieros para realizar lo que siempre han deseado, la reducción del estado del bienestar y el debilitamiento de la clase trabajadora y de todas las clases populares.

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