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De OBLIGADÍSIMA LECTURA Mercados: ¿hay alguien ahí? por Juan TORRES


Mercados: ¿hay alguien ahí?

Lunes, 09 de Enero de 2012

Artículos de opinión y divulgación 2012

Publicado en TEMAS PARA EL DEBATE, nº 206, 1/2012

Las políticas que se vienen aplicando en los últimos años que han supuesto un deterioro continuo de los salarios y de las condiciones de vida de las clases trabajadoras y de menor ingreso han sido posibles por la extraordinaria acumulación de poder en manos de los grandes grupos económicos y financieros.

Pero ese poder no se refiere solamente a su potencia económica o a su cada vez mayor capacidad para influir en las decisiones políticas. Esto, que es decisivo, se ha podido conseguir gracias también a su impresionante dominio de las fuentes del consenso social, de los sistema de mediación que moldean las mentes, los hábitos, las creencias y los prejuicios de la gente.

No puede explicarse lo que está ocurriendo en el capitalismo neoliberal de nuestra época sin entender que el neoliberalismo es, quizá principalmente, una formidable máquina de crear convencimiento y legitimación mediante un control exhaustivo de los medios y de los procesos de información y adoctrinamiento.

Claras manifestaciones de esa estrategia civilizatoria son la constante pérdida de contenido de los conceptos relativos a la realidad social que se utilizan para construir los discursos sociales o la omnipresente insistencia en que no hay alternativa alguna a lo que se realiza desde los gobiernos.

Y no cabe duda de que se trata de una estrategia orientada a la sumisión y desmovilización que tiene éxito.

Basta ver la pasividad (por más que haya intentos de romperla)con que se hace frente a las agresiones constantes que se han llevado a cabo y aún más en los últimos tiempos, cuando los gobiernos han tomado, sin apenas oposición, medidas de una contundencia quizá sin precedentes basadas en discursos cargados de mentiras solo para salvar la piel de los responsables de la crisis a costa del resto de la sociedad.

A veces, como ha ocurrido con ocasión del vergonzoso indulto al consejero delegado del Banco de Santander, sin ni siquiera disimular la efectiva complicidad que se produce entre los poderes financieros y quienes hace tiempo vienen actuando como sus empleados y no como verdaderos servidores públicos.

Como parte de esa estrategia se ha difundido también masivamente en los últimos tiempos la idea de que “los mercados” son quienes imponen de manera inexorable las condiciones a las que ha de plegarse la política económica y que frente a ellos solo cabe el respeto, pues cualquier otra acción no redundaría sino en problemas imprevisibles.

Para que la expresión sea creíble se habla de los mercados como si fuesen un ente abstracto capaz de establecer e imponer su lógica de conformidad con leyes más o menos naturales que solo los técnicos pueden llegar a comprender pero que, en cualquier caso, nunca debemos tratar de alterar, so pena de sufrir los más terribles descalabros.

Por eso se habla de los mercados de forma tan impersonal, sin mencionar qué puede ser lo que haya en su seno o lo que en realidad determina o condiciona sus decisiones.

Aunque a veces, se les da vida y voluntad afirmando que “los mercados reclaman”, “los mercados rechazan”… Incluso he llegado a leer que los mercados “sienten” o se encuentran más o menos “confortados” (“La zona euro debe entregar algo que calme a los mercados y por el momento los mercados sienten que no se les ha dado algo que los conforte”)… como si un mercado fuese un ente de carne y hueso que gime o se alegra como una persona cualquiera.

Lo curioso es que hay algo de verdad en lo que se afirma al referirse de esa manera a los mercados.

Es cierto que en su seno hay respuestas, preferencias, imposiciones, lamentos, exigencias, órdenes, normas… que se quieren imponer a la sociedad en su conjunto pero el fraude consiste en presentarlas como si fuesen propias de entes impersonales y no de las personas de carne y hueso que en realidad los dominan.

Los mercados son realmente como los muñecos que parece que hablan pero que solo mueven la boca gracias a los dedos del ventrílocuo de quien salen las palabras y sonidos con los que engaña a su público.

Ni esos muñecos tienen por sí solos nada que decir ni los mercados por sí mismos tienen preferencias ni pueden reclamar otra cosa que no sea lo que prefieran o reclamen los sujetos que en las relaciones de intercambio que se llevan a cabo en su seno disfruten de mayor poder de apropiación; es decir, de mayor capacidad para imponer los términos y reglas que dominen el intercambio y el ecosistema social en el que se lleva a cabo.

El engaño empieza tratándonos de presentar a “los mercados” como un mecanismo perfecto y capaz de producir soluciones satisfactorias para todos cuando sabemos perfectamente que eso es imposible.

Ni siquiera podría proporcionarlas el que la teoría económica presenta como la fuente de la asignación de recursos óptima, el mercado de competencia perfecta, porque esa asignación óptima es compatible con cualquier tipo de resultado distributivo y es evidente que no todas las personas estarían dispuestas a aceptar como bueno cualquiera de ellos.

Se difunde también la idea de que gracias a los mercados es posible resolver los problemas del intercambio sin intervención ni injerencias indeseables porque no precisan de la mano odiosa de los políticos, de los burócratas o de nadie que determine qué se debe o no hacer para que funcionen correctamente. O

tra falsedad pues la realidad es que incluso el mercado más primitivo y elemental (pensemos sin ir más lejos en el que informalmente generan los niños en el patio del colegio cuando intercambian cromos) debe estar regulado por algún tipo de norma o derecho que fije lo que se puede y lo que no se puede hacer en el intercambio (y si no, recordemos lo que nos podía acaecer a la salida del cole si nos atrevíamos a incumplir con la promesa de entrega del cromo).

Todos los mercados necesitan reglas y normas, y funcionan o reclaman o sienten, por utilizar los términos al uso, de una u otra manera en función de lo que los grupos con poder para ello han establecido en las normas que los regulan.

Para poder disimular todo esto lo que se hace es ocultar la presencia de esas personas comunes y corrientes o de los grupos que disponen de esos poderes de apropiación, de la capacidad de establecer lo que se hace o no en los mercados. Sin mencionarlos, ocultando que no existen en realidad “los mercados” como fuentes de preferencias y decisiones sino personas o grupos que las imponen, es como se puede garantizar el sometimiento.

Otra cosa sería si se le explicase a la gente que cuando se habla, por ejemplo, de “los mercados” farmacéuticos estamos hablando de un ámbito en donde 10 compañías controlan  casi el 55% de todas sus actividades;

que seis grandes compañías controlan la industria discográfica mundial;

que diez 10 empresas controlan el 80% del mercado global de pesticidas:

otras diez el 80% del comercio mundial de los alimentos

y la totalidad del mercado internacional de petróleo

o el 80% del mercado global de pesticidas.

O que algunos mercados están incluso más concentrados en pocas manos que los anteriores.

Que cuatro compañías controlan el 70 por ciento del comercio mundial de comida.

Que en España, siete empresas controlan tres de cada cuatro alimentos que compramos, cinco controlan una de cada dos y una empresa (Carrefour) controla uno de cada cuatro alimentos que compramos (http://www.exporetail.com/espanol/pdf/estudio.pdf).

Cuatro empresas controlan el mercado español de café y tres el de café tostado molido (Kraft Food, Sara Lee/DE y Nestlé). Solo dos compañías (Cargill and Archer Daniels Midland) controlan tres cuartas partes del comercio mundial de granos y una empresa, De Beers, controla el 75% del comercio mundial de diamantes (The Oligopolies).

Y eso por no hablar de los mercados financieros, en donde la concentración es incluso aún más mayor y, como estamos viendo, más peligrosa y creciente a medida en que se vayan aplicando las medidas que los poderes efectivamente dominantes han logrado imponer a los gobiernos para “salir” de la crisis.

Baste saber que según The New York Times (“A Secretive Banking Elite Rules Trading in Derivatives“) solo nueve personas (Thomas J. Benison de JPMorgan Chase & Company; James J. Hill de Morgan Stanley; Athanassios Diplas del Deutsche Bank; Paul Hamill de UBS; Paul Mitrokostas del Barclays; Andy Hubbard de Credit Suisse; Oliver Frankel de Goldman Sachs; Ali Balali del Bank of America, y Biswarup Chatterjee de Citigroup) que “se reunen el tercer miércoles de cada mes en el Midtown de Manhattan” dominan el mercado de los derivados financieros, es decir, unos 700 billones de dólares, lo que más o menos viene a significar que dominan el mundo.

Iago Santos ha demostrado que en España a finales de 2006 una veintena de grandes familias eran propietarias del 20,14 por ciento del capital de las empresas del Ibex-35 y una pequeña élite de 1.400 personas, que representan el 0,0035 por ciento de la población española, controlaba recursos que equivalen al 80,5 por ciento del PIB (Una aproximación a la red social de la élite del poder económico en España).
Ellos son “los mercados”.

http://www.juantorreslopez.com/pub/156-articulos-de-opinion-y-divulgacion-2012/2555-mercados-ihay-alguien-ahi

Con el mercado hemos topado, amigo Sancho


Con el mercado hemos topado, amigo Sancho
Ocho mitos sobre la crisis alimentaria actual
Vicent Boix | Para Kaos en la Red | 10-5-2011 a las 18:59 | 219 lecturas | 2 comentarios
www.kaosenlared.net/noticia/mercado-hemos-topado-amigo-sanch

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Antecedentes

Un accidente nuclear, unos bombardeos de la OTAN y un Bin Laden después, y sigue subiendo el número de hambrientos. De hecho, desde el verano pasado los precios de los alimentos no han dejado de crecer hasta alcanzar valores récord en 2011. El punto de ignición se originó con la disminución de las cosechas de cereales en algunos países exportadores, que se transformó en una reducción de la oferta que espoleó el incremento de los precios. Para garantizar su propio abastecimiento y poder defenderse del aumento, estas naciones limitaron sus exportaciones lo que constriñó más aún la oferta generando más tensión y alzas en el mercado, a la vez que el caos se iba expandiendo a otros alimentos.

Los primeros balances sociales consecuencia del terremoto de precios de los alimentos los dio a conocer el Banco Mundial a mediados de febrero, anunciando que durante este año el número de hambrientos podría crecer en 75 millones hasta oscilar los 1000 millones, a la vez que aumentaría en 44 millones el número de pobres extremos.[1]

De esta forma se arriesga gravemente el primero de los Objetivos del Milenio, que se compromete a reducir a la mitad el porcentaje de personas hambrientas. El presente y el futuro no invitan al optimismo. Datos del “Índice para los Precios de los Alimentos”, que calcula la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), muestran que durante el mes de febrero se alcanzó el record en los precios, aparte de constituir el octavo mes seguido con una tendencia claramente alcista.[2] Los últimos índices de marzo y abril mantienen la dinámica y perpetúan esta agónica situación, porque a pesar de la ligera reducción en los precios, éstos siguen un 36% más inflados respecto a los valores de hace un año.[3]

Dos lógicas opuestas para diagnosticar un mismo problema

 

A efectos de este artículo, la cadena comercial alimentaria se podría dividir en tres eslabones. El primero lo componen los países exportadores; que comercian sus cosechas en el mercado internacional que es el segundo eslabón; para que puedan ser adquiridos por las naciones importadoras que conformarían el tercero.

Una vez hecho este matiz decir que la primera de las lógicas se denominará “humana”, porque antepone el estómago de las personas que debería prevalecer a cualquier otra premisa. La segunda es la “lógica del mercado” y es la que imponen con calzador los poderosos y sus políticos. Para ésta el centro del universo es el mercado, que debe ser totalmente libre de ataduras y obstáculos porque se basa en el principio metafísico de que el mercado es capaz de autorregularse, o como se dice metafóricamente, existe una especie de mano invisible que repartirá el pastel de forma justa y equitativa.

Para la “lógica humana” -defendida por el que escribe- el problema de la crisis de los precios tiene su origen en “manos visibles” del mercado cuyas operaciones bursátiles, sin ser armadas, son socialmente más criminales que las bombas del cadáver Bin Laden; por tanto, las soluciones deben encaminarse a frenar los abusos de este mortífero segundo eslabón de la cadena. Para la otra lógica, el mercado es un ente intocable que por dogma de fe debe ser libre a cualquier precio. Los idealistas creen las propiedades sobrenaturales de su autorregulación filantrópica, mientras que para los pragmáticos el mercado es una manera de forrarse y por eso no quieren regulación, salvo cuando les interesa para lucrarse más si cabe. Bajo la “lógica del mercado”, que es la que se ha impuesto, la causa del incremento de precios tiene su origen en los países exportadores e importadores (eslabones primero y tercero), es decir, en la humanidad misma.

Mito 1: Existe un desequilibro entre la oferta y la demanda de alimentos

 

O dicho de otra manera, el problema es que el primer eslabón de la cadena produce menos alimentos y el tercero consume más. Por el contrario, el papel del segundo eslabón (mercado) se ciñe a fijar inocente, salomónica y mecánicamente unos precios que en este caso son elevados porque la oferta de cereales es menor a la demanda.

Con datos de la FAO de este mes de mayo, para este ciclo 2010-2011 se prevé que el balance mundial entre la producción y el consumo de cereales arroje un déficit de 43,1 millones de toneladas. Pero las reservas, que oscilan los 483 millones, permiten hacer frente 11 veces al déficit estimado.[4] Durante varios años en la última década fue peor la relación entre producción, consumo y reservas, pero nunca los precios ascendieron tanto como ahora o 2008. En 2003-2004 las reservas sólo cubrían 6 veces el déficit existente en aquel momento y los precios eran la mitad que ahora.[5]

La propia FAO, en septiembre de 2010 repartía optimismo a través de un comunicado de prensa en el que afirmaba que “no hay indicios de una crisis alimentaria mundial” y que “el suministro y la demanda mundial de cereales se presentan suficientemente equilibrados (…) La previsión para la producción mundial de cereales en 2010 se sitúa en 2 239 millones de toneladas, tan sólo un uno por ciento menor que el pasado año y la tercera mayor registrada hasta hoy.”[6]

El discurso sereno, paradójicamente se tornó en dramático dos meses después coincidiendo con la edición del informe “Perspectivas Alimentarias”, en el que se informaba de los cereales que “unos déficit imprevistos de producción debidos a fenómenos meteorológicos influyeron negativamente en las perspectivas para el suministro mundial de cereales…”.[7]Se cuantificaba la nueva cantidad de cereales en 2216 millones de toneladas, frente a los 2239 de septiembre.

Y es que de no haber indicios de crisis y de un equilibrio del suministro y la demanda, en unas pocas semanas se pasa al alarmismo por 23 millones de toneladas menos (el 1% de la producción mundial) pero ¿realmente puede este 1% provocar tal desbarajuste?

Porque en una resolución de febrero el Parlamente Europeo mantenía que “…en la actualidad el suministro total mundial de alimentos no es insuficiente (…) son más bien la inaccesibilidad de los mismos y sus elevados precios los factores que privan a muchas personas de la seguridad alimentaria.”[8] Entonces, si la crisis no es de escasez sino que se origina por el alza de los precios que impide la accesibilidad a los alimentos, pero este ascenso no surge de un desequilibrio real por una menor oferta y una mayor demanda, y si además se suma que durante años la situación fue peor pero los precios se mantuvieron equilibrados, entonces, indudablemente, hay un factor independiente al primer y tercer eslabón que está distorsionando gravemente los precios, que se llama especulación, que está incrustado en el segundo eslabón (mercado) y que según la Eurocámara es el causante del 50% de los incrementos en los precios.

Para más información decir que hay dos tipos de especuladores. Los fondos de inversión, de pensiones, de cobertura, etc. que según el Observatori del Deute en la Globalització “…compran y venden contratos de futuros esperando sacar beneficios en cualquiera de las transacciones, independientemente de que estos contratos se materialicen.”[9] Después están los intermediarios (destacando las transnacionales agroexportadoras como Cargill, Monsanto, etc.) que manejan grandes cantidades de productos como el cacao, cereales, etc. lo que les confiere influencia en la oferta de alimentos, no dudando en almacenar grandes cantidades para desabastecer el mercado y forzar una subida de precios. Estos intermediarios también especulan con contratos de futuros.

Bajo la “lógica humana” habría que actuar sobre estos elementos transgresores para evitar más hambrientos, pero bajo la todopoderosa e imperante “lógica del mercado” debe ser el mundo quién se amolde a sus reglas y concretamente los países del primer eslabón que deben disponer más alimentos en el mercado en busca de su bendita autorregulación, aunque esté infestado de especuladores, aunque caigan más famélicos y aunque en realidad hay alimentos suficientes.

Mito 2: Los chinos y los indios comen más y mejor

 

En este supuesto son dos países del tercer eslabón quienes han desquilibrado la balanza, aunque con cifras de la FAO de noviembre, el consumo humano de cereales estimado para este año crecerá un 7,10% respecto a 2005 y el consumo de cereales para piensos lo hará un 2,24%. En cuanto a la oferta, la producción mundial de cereales prevista para 2011 será un 8,10% superior a la de 2005. Por tanto, los incrementos en los consumos de cereales para humanos y piensos, porcentualmente serán armónicos y proporcionales al crecimiento de la producción, tomando como referencia datos de 2005 y 2011.

Para el ciclo 2010-2011, el volumen de cereales para consumo humano y para piensos rondará los 1820 millones de toneladas (demanda) cuando se prevé una producción global de 2216 millones de toneladas (oferta). Alimentando estómagos y animales de granja sobrarían 396 millones de toneladas. El verdadero desequilibrio en la demanda de cereales es producido por otros consumos alejados de los esófagos, fundamentalmente agrocombustibles. Para 2011 se estima que se desviarán 433 millones de toneladas para estos usos, que respecto a 2005 supone un aumento del 44%. Los 396 millones de toneladas sobrantes, no sólo desaparecen sino que se genera un déficit de 37 millones.[10]

Señalar los menús chinos e indios como posible causa de la crisis, aparte de ser tendencioso porque difícilmente pueda justificar el tenue desequilibrio en la demanda, tiene implícito dos mensajes subliminales hábilmente calibrados para confundir a la ciudadanía. Primero, mientras se acuse a los estómagos chinos e indios se librarán los especuladores y los coches europeos y norteamericanos. Segundo, con esta premisa, el sistema económico global basado en el libre mercado no sólo se deshace de cualquier responsabilidad por la crisis alimentaria, sino que se apunta el tanto de haber generado riqueza y progreso en países emergentes como China e India… que ahora comen mejor.

Mito 3: Los países exportadores e importadores han actuado irracionalmente

 

Se dice esto porque durante los primeros meses de la crisis, los primeros limitaron sus exportaciones y los segundos compraron grandes partidas de alimentos, ambos con el objetivo común y legítimo de poder garantizar el suministro de alimentos para sus poblaciones. Pues bien, para algunos organismos y expertos este comportamiento en el primer y tercer eslabón ha sido irracional, porque ha estrangulado más la ecuación entre la oferta y la demanda.

Es curioso que en la sociedad del supuesto comercio libre, los inversionistas -aprovechando esa “libertad”- especulen en el mercado con total impunidad sin que nadie diga o haga algo, mientras a ciertos estados se les critica y se les presiona cuando libremente compran y venden en el mismo mercado. Por ejemplo la FAO, en enero publicaba una nota de prensa en la que explicaba algunas de las actuaciones que realizó para frenar la escalada de precios durante los meses iniciales de la crisis en 2010. Se menciona en dicha nota que “La FAO entró en ese momento en contacto con los diferentes países exportadores, con la intención de evitar un fenómeno de contagio tras las restricciones a la exportación de trigo anunciadas por Rusia. Y lo consiguió, excepto en el caso de Ucrania, país en el que al menos logró retrasar la decisión durante varios meses.”[11]

A los países importadores la FAO ha sugerido, a través del documento Guide for policy and programmatic actions at country level to address high food prices, que apliquen medidas económicas y comerciales regresivas para reducir el precio de los alimentos en sus territorios, como por ejemplo subvenciones directas, incentivos fiscales, reducción de impuestos como el IVA, reducción de los aranceles, etc. La FAO, además, ha organizado seminarios para dar a conocer estas sugerencias y considera esencial que los estados revisen sus opciones legislativas, supuestamente para incorporar estas medidas que, van encaminadas a que las opulentas ganancias de los inversores financieros sean costeadas por los estados soberanos, que verán reducidos sus ingresos arriesgando la financiación de sus programas sociales mientras incrementan su endeudamiento.[12]

No ha sido posible localizar documento alguno en el que la FAO u otro organismo internacional hayan cabildeado a instituciones financieras para que frenaran la sangría especuladora.

Mito 4: Se trata de una crisis alimentaria mundial

Llegado este momento hay que indicar que la especulación en los mercados de futuros, por si misma no es la causa de la crisis. Dicho de otra manera, los países que se cultivan sus propios alimentos no tienen porque adquirirlos en el mercado. El problema lo tienen los países que han instaurado el modelo agroexportador que fomenta la siembra de cultivos para la exportación al supermercado global (sobre todo los exóticos y las materias primas) en detrimento de la producción nacional de unos alimentos que ahora obligadamente tienen que adquirir en el segundo eslabón.

Olivier De Schutter, relator de la o nU para el derecho a la alimentación, lo dejaba entrever en una reciente entrevista: “Los países africanos se han beneficiado de unas cosechas en 2010 relativamente buenas y no afrontan un riesgo inmediato (…) Los países que importan la mayor parte de la comida que necesitan son más vulnerables. Los menos desarrollados compran el 20% de sus alimentos, y su factura se ha multiplicado por cinco o seis desde los años 90. Esta dependencia de los mercados internacionales es muy peligrosa.”[13]

Ameritaría otro artículo explicar los mecanismos que han propiciado el abandono de la soberanía alimentaria, pero destacar que muchos organismos como el Banco Mundial presionaron y espolearon a naciones pobres para que apostaran por la agroexportación ahogando su propia agricultura campesina. También la desaparición de los aranceles bajo la “lógica del mercado”, facilitó que excedentes alimentarios subsidiados de Estados Unidos penetraran en países pobres, aniquilando la producción local lo que derivó en una dependencia de las importaciones. O casos como el de España, que en 2006 aprobó una reforma en la que reducía considerablemente su producción de azúcar (500.000 toneladas de cuota con un consumo de 1,3 millones de toneladas). El acatar la disminución en lugar de legislar en favor de una agricultura sostenible que garantice dicho suministro interno generando a la vez empleo y desarrollo rural, ha propiciado que España dependa de las importaciones y de los precios internaciones.[14]

A nivel general, la liberalización del mercado agrícola alejó a los estados de su función tradicional de legislar según los intereses de sus poblaciones, lo que ha provocado que la cadena alimentaria sea controlada por grandes empresas que exprimen al agricultor hasta su desaparición. Sin éste no hay cultivos y crece la dependencia hacia unas pocas transnacionales que manejan y especulan con el comercio agrícola.

Por tanto la crisis actual no se trata de un fenómeno coyuntural, sino que el escenario para la tragedia actual, durante décadas se fue preparando en muchos países a través de políticas liberales ortodoxas impuestas en algunos casos a través de chantajes y conflictos armados (recuerden si no, el paquete de medidas económicas que instauró el gobierno “amigo” de Irak tras la defenestración de Sadam Hussein).

 

Mito 5: Los agricultores salen ganando por el alza de los precios

 

Se cree que los elevados precios de los alimentos repercuten positivamente en los agricultores de países del primer eslabón, que se benefician de la situación y reciben mejores precios por sus cosechas. Pero esto no suele ser así, porque el principal problema que enfrenta la agricultura para la exportación es que las diferentes fases de la cadena agroalimentaria (semillas, insumos, intermediación, distribución, transformación, etc.) se concentran cada vez en menos manos. Esta situación de oligopolio da fuerza a estas “manos” que determinan las condiciones y en el caso de la intermediación y la distribución, son éstas las que establecen los precios de compra sin que la política ponga límite al abuso.

En España el saqueo se visualiza en el Índice de Precios en Origen y Destino de los Alimentos, que calculan la coordinadora agraria COAG y las organizaciones de consumidores UCE y CEACCU. En el estudio último de abril de 2011, los cultivos, de media, multiplicaban un 505% su valor desde el agricultor al consumidor y en algún caso concreto se llegaba al 761%. Para COAG “Una vez más, los datos evidencian que la distribución mueve los hilos de la cadena agroalimentaria a su antojo, independientemente de la evolución de los precios en el campo, e impone condiciones desde arriba para salvaguardar sus márgenes, manteniendo o incluso elevando los precios en épocas de mayor consumo…”.[15] La situación es tan decimonónica que los agricultores en muchos casos no negocian un precio de venta, sino que entregan su producción y al final les abonan una pequeña migaja que a veces no cubre ni los costos de producción.

La propia Comisión Europea reconocía en un informe la detección de “…una serie de graves problemas en la cadena de abastecimiento, como el abuso de poder de compra dominante…”. Mientras el Parlamento Europeo dejaba claro en una Resolución de febrero pasado “Que el alza de precios de los productos alimenticios no se traduce automáticamente en un incremento de las rentas de los agricultores, debido sobre todo a la velocidad con que aumentan los costes de los insumos agrícolas (…) el porcentaje de la renta de los agricultores procedente de la cadena alimentaria ha disminuido considerablemente, mientras que los beneficios de los transformadores y los minoristas han experimentado un aumento constante…”.[16]

Mito 6: Hay que liberalizar más los mercados agrícolas

 

En un artículo publicado en enero y firmado por el ex director de la FAO, Jacques Diouf, decía que “Las medidas sanitarias y fitosanitarias unilaterales, así como los obstáculos técnicos al comercio, suponen un freno para las exportaciones y, en particular, para los países en desarrollo.” y “Se debe llegar a un consenso en las negociaciones ya demasiado largas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) para poner fin a la distorsión de los mercados y a las medidas comerciales restrictivas para el comercio que agravan los desequilibrios entre la oferta y la demanda.”[17]

Una vez más, se parte de un desequilibrio que realmente no existe entre el primer y el tercer eslabón, como aclara Olivier De Schutter: “Hay escasez localizada en regiones donde las cosechas han sido bajas o que han sufrido desastres naturales o conflictos o donde las rutas de comunicación son muy pobres. Pero producimos suficiente para alimentar al mundo. Si los mercados funcionasen bien y la gente tuviera la capacidad adquisitiva para comprar la comida disponible no habría hambre. El hambre es un problema político.”[18]

Las afirmaciones de Jacques Diouf son más graves por cuanto se apuesta, bajo la aplastante “lógica del mercado”, por incidir en un modelo agrario basado en el comercio libre y en la exportación (el de los tres eslabones), en detrimento de uno que garantice la seguridad y la soberanía alimentaria de los pueblos. Con él se fomenta entre las naciones, el abandono de su auto abastecimiento de alimentos y la dependencia hacia el segundo eslabón (mercado) con su voracidad y perversidad incluidas. Para los agricultores una mayor liberalización no es provechosa, porque como se decía antes, la distribución y la intermediación imponen los precios de compra y venta. Por tanto, por mucho que se desregule y por muchas fronteras que se abran, al final es el intermediario quién acaba repartiendo el pastel. De Schutter indicaba al respecto que “…ni los pequeños agricultores se benefician siempre de los altos precios, porque están en el eslabón de la cadena más débil, ni los consumidores de la bajada de precios porque las empresas importadoras o los pequeños comercios no los trasladan al mercado.”[19]

 

Mito 7: Hay que aumentar la inversión y la producción

No hay una escasez pero se busca acrecentar la producción (oferta) en el primer eslabón para calmar el alza de precios que acaece en el segundo. Dicho gráficamente, el lobo asaltó el gallinero y por las ventanas se echan más gallinas para saciar su voracidad.

Pero, el problema no es de cantidad sino de accesibilidad. No se requieren cirugías financieras y técnicas con aparatosos postoperatorios, sino una ración de justicia social y coherencia. Según el Parlamento Europeo “…al menos el 30 % de todos los alimentos producidos en el mundo se despilfarra en varios puntos de la cadena alimentaria.”[20] Se refiere a la cadena controlada por unos pocos, en donde los alimentos recorren largas distancias para transformarse en productos envasados que se exponen luego en un supermercado. Y es cierto que de cara al futuro se tiene que plantear un aumento en la producción teniendo en cuenta el incremento de la población, aunque más temprano que tarde habrá que cuestionarse medidas controvertidas como el control de la natalidad, si no quiere la raza humana convertirse en una plaga que arrase con el planeta.

La producción y la inversión, per se, no son la panacea. Un incremento de ambas puede ser positivo si el protagonista activo es el pequeño agricultor y campesino, que genera alimentos dignamente para las comunidades locales de una forma sostenible y accesible. Pero conforme está montado el cotarro agroexportador bajo el libertinaje comercial, de nada sirve aumentar la inversión y la producción si después: A- La tierra está en manos de terratenientes e inversores que no siembran comida sino cultivos exóticos (café plátanos, etc.) y materias primas para la exportación (algodón, soja para biodiesel, etc.). B- No se legisla para eliminar, sino que se mantienen los engranajes que permiten los atropellos ejercidos por los especuladores y las transnacionales que controlan las semillas, insumos, comercialización, transformación, precios de compra y venta, etc.

De hecho, en una nueva vuelta de tuerca, en algunos países del sur, desde hace años ha crecido vertiginosamente la cantidad de hectáreas acaparadas por extranjeros. Algunos son estados soberanos que buscan su abastecimiento, pero otros son inversores que una vez dominados los mercados, la venta de semillas e insumos, la distribución, la comercialización, etc. ahora van a por la tierra que es lo único que no tienen bajo sus zarpas. Y es que después del batacazo de las “subprimes”, el negocio agrícola es una garantía como explicaba un financiero al diario Público: “No hay prácticamente otro producto en el que invertir en estos momentos cuya demanda real sea tan clara…”[21] Porque puede bajar la demanda de coches o móviles, pero comer es preciso.

 

En esta coyuntura los “agrinversores” no irán con pequeñeces. Sus tierras dispondrán de regadíos modernos, tractores, transporte, buenas carreteras y no dudarán en contaminar el medio ambiente (ajeno) con agroquímicos y cultivos transgénicos. Abandonarán la tierra cuando acaben con su fertilidad y buscarán otras para arrasar, como hizo con sus bananeras la United Fruit. Y nunca, absolutamente nunca sembrarán para los pobres frijoles a diez pesos la libra, pudiendo vender en dólares maíz para bioetanol. Sin duda más inversión y producción pero ¿quién come?

 

Mito 8: Hace falta una nueva revolución verde

A mediados del siglo pasado la agricultura se mecanizó y se incorporaron semillas mejoradas y productos químicos. Este proceso que facilitó un aumento de la producción se denominó “revolución verde”, aunque no logró acabar con el hambre porque no solucionaba el problema de la accesibilidad a los alimentos. Esta evidente contradicción no es óbice para que algunas voces clamen ahora por una segunda “revolución verde” que sería encabezada por las semillas transgénicas. La justificación la de siempre: aumentar la producción para paliar el desequilibrio de la oferta y la demanda entre el primer y tercer eslabón.

Sin embargo, apostar por una segunda “revolución verde” sería incidir en un modelo ecológicamente insostenible que ha contaminado al medio ambiente y las personas. Los efectos negativos y los fracasos de los cultivos transgénicos han sido documentados ampliamente. Actualmente sólo tienen cabida en una agricultura industrial, mecanizada, con vocación exportadora y fuertemente dependiente del agonizante y caro petróleo. Sin olvidar que los agroquímicos y las semillas transgénicas forman parte del mismo “paquete tecnológico” que se tiene que comprar, lo que amarra al agricultor a unas pocas transnacionales que se lucran con este negocio.

En diciembre, De Schutter publicó un informe en el que apostaba por la agroecología como un modelo ambientalmente más sostenible y socialmente más justo. Se detallaban experiencias de agricultores ecológicos que lograron mejores producciones que los convencionales y se afirmaba que “…la propagación de las prácticas agroecológicas puede aumentar al mismo tiempo la productividad agrícola y la seguridad alimentaria, mejorar los ingresos y los medios de sustento de la población rural y contener e invertir la tendencia a la pérdida de especies y la erosión genética.”[22]

Son precisamente estas bondades sociales y ambientales las que dificultarán su propagación, ya que el modelo agroecológico cuestiona la “lógica del mercado” a la vez que desmonta el chiringuito de los que se enriquecen con las penurias de la mayoría. Por tanto, a seguir comiendo moscas y salvando bancos que Bin Laden murió y estamos de fiesta.


[1] http://www.europapress.es/epsocial/noticia-numero-personas-sufren-hambre-cronica-acerca-mil-millones-20110216141925.html

[2] FAO: “Dificultades en los mercados de cereales con una nueva subida de los precios” Roma, 3 de marzo de 2011.

[3] FAO: “El último Índice de precios de la FAO muestra su primer descenso en ocho meses” Roma, 7 de abril de 2011.
Vicent Boix.

Escritor, autor del libro El parque de las hamacas y responsable de Ecología Social deBelianís. Artículo de la serie “Crisis Agroalimentaria”, ver más aquí.

#NoLesCompres, el día que el pueblo tomó consciencia de su poder


#NoLesCompres, el día que el pueblo tomó consciencia de su poder

 
Hay un gran movimiento con #nolesvotes, es interesante ver cómo la crisis política ha despertado al ciudadano medio y, aunque la idea todavía se propague casi exclusivamente a través de Internet, ha llegado bastante lejos y no me cabe duda de que, si no cunde el desánimo ante unas expectativas incumplidas para las autonómicas, puede llegar a tener un impacto notable en las generales.

Se dice que un pueblo tiene los gobernantes que se merece, tan cierto es como que el pueblo los elige, cosa no del todo cierta, puesto que la elección viene ya limitada y condicionada por el sistema. Lo que es innegable es que el poder democrático actual se manifiesta en el voto, que se realiza cada cuatro años, y la forma de influir en el sistema, al margen de manifestaciones y otras demostraciones de descontento, la forma de realmente hacer algo es con el voto, la herramienta más útil que tienen los ciudadanos para realmente poder influir en el sistema.

Sin embargo hay un voto más sutil, que puede tal vez pasar desapercibido con mayor facilidad. Se trata del voto que se realiza con cualquier compra, no con papeletas, sino con billetes, un voto en el que no todos somos iguales, puesto que no todos poseemos el mismo poder adquisitivo, pero un voto que a efectos prácticos puede tener mucha más fuerza y que determina en más ámbitos y en mayor profundidad el devenir del mundo. Y sobre esto quería llamar la atención en este mensaje, sobre cómo votamos con cada compra y cómo eso influye en las vidas de todos.
Tal vez no nos parezca bien las ideas que propone César Alierta, o nos resulte graciosa la pronunciación de Emilio Botín, podemos pensar que el sueldo que tiene un futbolista no se corresponde con el bien que hace por la sociedad, pero lo cierto es que esto es así porque lo pagamos todos, es la gente la que decide ser consumidores de lo que nos ofrecen y les da su dinero, ellos simplemente lo reciben y, seamos sinceros, ¿quién no lo haría? El que está fallando aquí, quien no está comportándose con la responsabilidad que exige su situación, es precisamente el más interesado en que la situación se arregle, el más débil, el consumidor, todos nosotros y lo más probable es que eso te incluya, amigo lector.

Por esto, los consumidores deben tomar consciencia de su responsabilidad y actuar en consecuencia. Con las compras fomentan o dificultan muchas cosas, aunque podemos centrarnos en tres principales:

  • Servicios y productos, que preferimos frente a sus competidores o frente a otras alternativas que compitan de manera más indirecta. Si en España hay una alta concentración de bares por habitante es porque hay clientela, si no, tendrían que cerrar. Si estuvieran tan organizados como otros colectivos a la hora de hacer presión sobre los políticos podríamos asistir a una especie de ley seca, por la que sólo se pudieran consumir bebidas alcohólicas en los bares.
  • Actitudes de empresas, al preferirlas sobre su competencia. Si el telemárketing se hace es porque funciona, de lo contrario sería una pérdida de dinero absurda que el empresario cortaría antes o después, dependiendo de lo despierto que sea. Uno de los casos tal vez más relevantes sean las multinacionales que tienen fábricas en las que trabajan niños, lo que suele ser escandaloso en el momento de conocerse, pero no por ello parece cesar.
  • Regiones geográficas, desde las más pequeñas a las más grandes. China crece por sus exportaciones, y los agricultores españoles se ven perjudicados por la oferta más barata procedente de otras regiones. Con esto se está apoyando que en China continúe la explotación, y se le está dando un mensaje claro al agricultor para que monte un bar. 
También es necesario, por supuesto, que los consumidores estén informados y puedan estarlo, que la información tenga libre acceso, etc. Es ahí donde la función de Internet no debe ser subestimada ni olvidada y se debe defender la libertad de expresión y el acceso a la información, algo por lo que Anonymous lucha y ha de seguir luchando, porque todavía quedan muchas trabas para esto y parece que cada vez se quieren poner más, aunque algunos crean que son un grupo de chavales que quieren descargar multimedia de Internet.
No vivimos en una época en que la gente se dé al consumismo más desatado, por lo que puede parecer que la idea es completamente estéril. Pero es justo lo contrario, por el bajo consumo actual el impacto de la idea es mayor. Es el momento de tomar consciencia del poder que tiene el pueblo y de ejercerlo, a diario y con responsabilidad. Si crees que hay empresas que no están comportándose como deberían, no uses sus productos o servicios, mantén una actitud crítica a la hora de emplear el dinero y fomenta que otros hagan lo mismo. Es el momento de #nolescompres.

Nota: A modo de curiosidad, esto es lo que estaba pensando cuando he encontrado que no soy el primero en pensarlo, #nolescompres ya existe desde hace un tiempo, breve, pero relevante y fructífero, lo que ha hecho que me decida a escribir esta entrada.

 

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