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Archivo para el día “marzo 29, 2011”

LOS BANCOS SON CULPABLES Y DEBEN HACER FRENTE A SUS RESPONSABILIDADES


Los bancos son culpables y deben hacer frente a sus responsabilidades

23 Marzo 2011 | Categorías: Mercados Financieros |

Alberto GarzónJuan Torres – Consejo Científico de ATTAC

La reciente crisis financiera internacional emergió en verano de 2007 cuando los productos con los que negociaba y especulaba la banca demostraron carecer de valor.

Durante los años anteriores el sistema bancario estadounidense había hecho suculentos beneficios con un negocio basado en una burbuja especulativa que tarde o temprano tenía que estallar.

En efecto, los cinco grandes bancos de inversión estadounidenses tuvieron en 2006 beneficios por valor de 130.000 millones de dólares, sin contar bonus y complementos.

Pero todo el sistema financiero se benefició de la euforia financiera estadounidense y, gracias a los canales que permite la globalización, los bancos y entidades financieras de todos los países pudieron también inflar sus cuentas de beneficios.

Gracias a la desregulación financiera, y a la ceguera de los bancos centrales ante un riesgo creciente y sistémico se pudieron desarrollar innumerables instrumentos financieros complejos que permitían extender la burbuja financiera en el tiempo y globalizar tanto sus beneficios como el riesgo.

La banca no desperdició esa oportunidad, que por otra parte ella misma había promovido, y explotó todas las posibilidades para hacer más y más beneficios.

Sin embargo, y aunque no suele señalarse lo suficiente, la banca no sólo hizo beneficios aprovechando un contexto de desregulación y creando una burbuja financiera que nadie en los gobiernos supo prever sino que también necesitó basar su sistema piramidal de hipotecas en lo que algunos autores han llamado una auténtica explotación financiera.

En efecto, los bancos aprovecharon su desigual poder y cultura financiera ante los individuos para imponerles condiciones leoninas y realmente explotadoras, creando de esa forma el método de punción de riqueza que sustentó la burbuja financiera.

La banca creó nuevas formas para el pago de las hipotecas, con nuevos y complejos tipos de interés que confundían a quienes suscribirían nuevos contratos.

La gente, obligada en muchos casos por las circunstancias a tener que endeudarse (por los bajos salarios, la necesidad de una vivienda y la retracción de los servicios públicos) fue manipulada y engañada no sólo por los agentes bancarios sino también por los brokers o comisionistas, quienes eran contratados por los bancos para ampliar su cartera de hipotecas y cobraban en función del volumen total suscrito.

Grandes beneficios para la banca a costa del empobrecimiento generalizado de la población.

En España esas prácticas también han existido y en gran medida, y son decenas de miles los afectados por prácticas abusivas vinculadas a los contratos de derivados tipo swaps.

Estos productos financieros se vendían a las personas sin que ellos supieran realmente lo que estaban firmando, bien porque la letra pequeña se ocultaba o bien porque directamente confiaban en exceso en los agentes de sus sucursales bancarias.

Las protestas y demandas judiciales llevaron incluso al Banco de España a dar la razón a los afectados, obligando a la banca a dar marcha atrás con ese tipo de contratos.

Sin embargo, el Banco de España ya ha reculado y niega una responsabilidad que desde luego tiene precisamente por ser el encargado de supervisar la actividad bancaria.

La banca también tiene una gran responsabilidad en lo que se refiere a la expansión de la burbuja financiera. Y eso es así porque la gran mayoría de los fondos de inversión, de pensiones y otras fórmulas similares para la especulación son gestionados directa o indirectamente por los bancos.

De hecho, tras la reconfiguración económica neoliberal los bancos perdieron cuota de mercado en la financiación de las grandes empresas (que pasaron a financiarse directamente vía emisión de acciones o bonos y no mediante préstamos) y tuvieron que cambiar su fórmula de negocio.

Desplazaron entonces su actividad hacia las comisiones a las personas (retrayendo aún más riqueza de las cuentas corrientes y otros métodos de ahorro personal) y hacia la gestión de los fondos de inversión.

Gestionando estos fondos de inversión los bancos consiguen rentabilizar un ahorro ajeno (en muchos casos, como en los fondos de pensiones, el de aquellas personas que los suscriben por temor a quedarse sin jubilación como consecuencia de la retracción del Estado del Bienestar) y hacer inmensos beneficios a su costa, devolviendo sólo una ínfima parte como remuneración al prestamista original (el propietario del dinero).

Estos fondos, además, operan buscando la máxima rentabilidad posible y sin importar el mercado en el que se hace. Por eso, también la banca es responsable de la crisis alimentaria que se produjo en verano de 2008 como consecuencia de la especulación financiera en el mercado de materias primas.

Muchos de estos fondos y otras tantas entidades vinculadas a los bancos están registrados en paraísos fiscales, de forma que no pagan impuestos con los que financiar los servicios públicos.

Esto invierte el sentido de los sistemas fiscales, ya que al final los servicios públicos acaban financiándose por aquellos sectores que no pueden evadir impuestos (las clases populares) mientras que los bancos y las grandes fortunas apenas contribuyen. Esto repercute necesariamente en una peor calidad de los servicios públicos, lo que se utiliza a su vez como excusa y justificación de suprivatización .

La banca, o en un sentido más general las finanzas (que englobarían a todas las entidades financieras vinculadas directa o indirectamente con la banca así como a sus presidentes, directivos y gestores varios), es responsable también de la crisis económica por su fallido papel como intermediario financiero.

El objetivo teórico de la banca es la de poner a disposición de los empresarios que quieren invertir y de las familias que quieren consumir el dinero que otros han ahorrado, promoviendo de esta forma el crecimiento económico.

Sin embargo y aunque esos recursos sí existían, la banca prefirió dedicarlos a la especulación financiera en vez de canalizarlos hacia la economía real. De esa forma, el congelamiento de los créditos a empresas y familias agravó la crisis y dio origen a la recesión económica.

Los bancos también tuvieron un papel clave en la especulación contra la deuda pública. Cuando los Estados se vieron obligados a salvar a la banca y a desembolsar dinero público en diferentes programas de estímulo para evitar una catástrofe mayor tuvieron que incrementar sus niveles de deuda pública.

Y esta deuda fue financiada, paradójicamente, por la propia banca.

Así, mientras los estados estaban prestando dinero a la banca a bajos tipos de interés (con el objetivo de que la banca lo prestase a empresas y familias), ésta estaba dedicando ese dinero en comprar deuda pública. El resultado era la permanencia de la recesión, el incremento de la deuda pública y el crecimiento de los beneficios bancarios.

En definitiva, asistimos a un tipo de negocio, el bancario, que ha sido distorsionado desde los años ochenta debido a las reformas neoliberales.

Esta distorsión ha supuesto la carencia de instrumentos eficaces de intermediación financiera, algo agudizado además por la privatización de la banca pública, así como también ha significado el crecimiento de la especulación financiera en todos los niveles.

Pero también, como podemos comprobar día a día, supone el empobrecimiento de las personas de a pie que son engañadas y estafadas legalmente y sin que ninguna entidad responsable, bien sea el Banco de España, el Gobierno o el Banco Central Europeo, haya impedido que esto ocurra.

Y lo que es peor, no parece que vaya a hacer nada por evitarlo.

Por eso es necesario plantear propuestas concretas de transformación de este negocio, las cuales puedan ser asumidas por la ciudadanía como exigencias inexcusables.

En primer lugar, hay que investigar con total imparcialidad e incondicionalidad las prácticas bancarias en España, concretando la naturaleza y efectos reales de cada una de ellas para depurar las responsabilidades de cada entidad.

En segundo lugar, hay que investigar al Banco de España, el cual ha permitido todas estas actividades y cuya responsabilidad va mucho más allá que la simple dejación de sus funciones, al ser de hecho un cómplice más de las actividades destructivas y fraudulentas de la banca.

En tercer lugar, hay que realizar un informe exhaustivo con el número de personas afectadas por las prácticas ilegítimas de los bancos, con el objetivo de que sus pérdidas sean restituidas y las responsabilidades bancarias asumidas.

En cuarto lugar, hay que analizar de forma detenida todos los procedimientos de desahucio que se hayan producido, con especial atención a las condiciones de suscripción de los contratos.

En quinto lugar es necesario promulgar normas y generar fondos para garantizar la devolución de las viviendas a las personas que las han perdido por razones de disminución de ingresos.

En sexto lugar, hay que crear una jurisdicción especial para perseguir los abusos bancarios y promover ante las instituciones europeas el establecimiento de un código ético de inexcusable cumplimiento por parte de todas las entidades financieras.

 

Zapatero compró 12.000 millones de deuda con la hucha de las pensiones


SE JUEGA EL FONDO A UNA CARTA

Zapatero compró 12.000 millones de deuda con la hucha de las pensiones

El Gobierno empleó con intensidad récord el Fondo de Reserva de la Seguridad Social para comprar deuda pública: 12.052 millones de euros en 2010.

M. LLAMAS

El Gobierno ha aumentado la compra de bonos públicos nacionales en 2010 haciendo uso del Fondo de Reserva de la Seguridad Social, la denominada hucha de las pensiones. En concreto, 12.052 millones de euros más respecto a 2009, todo un récord.

El Fondo alcanzó una cuantía total de 64.375,14 millones de euros a 31 de diciembre del pasado año, equivalente al 6,11% del PIB, lo que supone un incremento del 7,25% desde los 60.022,32 millones de 2009, según consta en el informe anual entregado este martes por el ministro de trabajo, Valeriano Gómez, al presidente del Congreso,José Bono.

Este crecimiento se explica por la dotación de 1.740 millones aprobada por el Consejo de Ministros en febrero de 2010, 69,24 millones de euros en excedentes de las mutuas (446 millones en términos acumulados) y rendimientos netos por un total de 2.544 millones de euros en 2010.

Sin embargo, el punto clave del Fondo, más allá de su cuantía total, es la estrategia de inversión que está siguiendo el Ejecutivo socialista para rentabilizar y asegurar esta hucha, cuya creación se ideó con el fin de poder seguir pagando las pensiones puntualmente en caso de que la Seguridad Social entre en números rojos. Los datos a este respecto son concluyentes: el Gobierno está aprovechando al máximo el dinero del Fondo para comprar deuda pública española.

Así, destinó 12.052 millones del Fondo a la compra de bonos nacionales en 2010, hasta una cifra total de 56.582 millones de euros -a precios de adquisición-, equivalente al 87,9% de la hucha frente a los 44.530 millones de 2009 (76,7% de total de activos), lo cual supone un aumento del 27% interanual. Y ello, pese a que el pasado año estalló una grave crisis de deuda pública en la zona euro que afectó de forma directa a España. El problema de estas compras es que, en la actualidad, la deuda nacional cuenta con un riesgo de inversión muy superior al de otros países vecinos.

No obstante, la deuda soberana de España ya no goza de la máxima nota crediticia -triple A- tras las sucesivas rebajas de rating aplicadas por las agencias de calificación de riesgos. En este sentido,Moody´s degradó a principios de marzo el rating de España desde AA1 a AA2, debido a la delicada situación financiera de las cuentas públicas y las débiles perspectivas de crecimiento económico. Y eso que las normas del Fondo exigen invertir en activos de “máxima calidad” crediticia, aunque el Gobierno tan sólo aplica este criterio a la deuda extranjera.

Pero lejos de arrugarse, el Ejecutivo ha incrementado su ritmo de compras, tal y como tenía previsto(aspiraba a que el 90% del Fondo estuviera invertido en deuda nacional el pasado año y casi lo ha conseguido). Así, al tiempo que ha incrementado la exposición de la hucha de las pensiones a bonos nacionales ha ido reduciendo el peso de la deuda extranjera (de menor riesgo que la española): los activos financieros extranjeros (deuda pública alemana, francesa y de Países Bajos) se situaron en7.791 millones de euros en 2010 (el 12,1% del Fondo) frente a los 13.486 millones de 2009 (23,2% del total), lo cual supone un descenso del 42,2% interanual.

Pinchar en la imagen para ampliar

De este modo, el Ejecutivo ha seguido la senda emprendida en 2008, cuando la crisis económica en España era ya un fenómeno visible para todos, excepto -temporalmente- para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. Y es que, en apenas tres años – entre 2008 y 2010- el Fondo ha comprado un total de 33.116 millones de euros de deuda pública nacional: los bonos españoles han pasado de representar el 51,3% de la hucha en 2007 (23.416 millones) al 87,9% en 2010 (56.582 millones), un aumento del 141,6%. El Gobierno ha comprado una media de 11.000 millones de euros al año de su propia deuda pública durante este período.

La evolución de los activos nacionales en el Fondo ha sido la siguiente: 23.416 millones en 2007 (51,3%), 33.228 en 2008 (56,4%), 44.530 en 2009 (76,7%) y 56.582 en 2010 (87,9%).

Asimismo, el peso de los activos extranjeros ha ido mermando paulatinamente: 22.186 millones en 2007 (48,6%), 24.930 en 2008 (43,6%), 13.486 (23,2%) y 7.791 en 2010 (el 12,1% de la hucha).

¿Quién dirige el Fondo?

PRESIDENTE – SECRETARIO DE ESTADO DE LA SEGURIDAD SOCIAL

D. Octavio José Granado Martínez

VICEPRESIDENTE 1º – SECRETARIO DE ESTADO DE ECONOMÍA

D. José Manuel Campa Fernández

VICEPRESIDENTE 2º – SECRETARIO DE ESTADO DE HACIENDA Y PRESUPUESTOS

D. Carlos Ocaña y Pérez de Tudela

 

El caso islandés y España


El caso islandés y España

Monday, March 28, 2011 More articles in Economia


Madrid, 28 de marzo de 2011. Miguel A. Garcia, redacción opiniondigital.es, magarcia@opiniondigital.es

Hace unos meses en una reunión de amigos, uno de ellos, sacó el tema de la revolución islandesa, que esta teniendo lugar, y de la que por aquellas fechas, ninguna agencia de comunicación de medios de las denominadas “serias” decía ni mú.  Así de claro, SILENCIO ABSOLUTO, no vaya a ser que se nos abran los ojos. Esto era asi al menos hasta hace pocos días.

Islandia, el país que castiga a los banqueros culpables de la crisis

Afortunadamente, cada vez se van filtrando mas informaciones sobre este asunto en los medios, fruto no se aun de que extraña circunstancia, o por que según ellos, estos acontecimientos sean de repente hechos noticiables. La ultima noticia al respecto, Islandia, el país que castiga a los banqueros culpables de la crisis , junto a otras informaciones que van apareciendo con cuentagotas en los medios, van abriendo ojos y  mentes a la esperanza de que los ciudadanos sí podemos hacer algo mas que ver la tele, el Madrid-BarÇa y votar y despertemos de una vez del colocon al que nos han sumido con el cocktail miedo-futbol-crisis-belenesteban (sí, así, esto último va sin mayúsculas…), aderezado con una bolsita de pipas.

El ultimo episodio de esta revolución ha sido la detención, enLondres y en Reikiavik (capital de Islandia) y posterior encarcelamiento, por sus responsabilidad en el colapso financiero de Islandia en 2008, de los responsables de la debacle económica del país.

Han sido capaces, primero de poner nombre y apellidos a los culpables, y después, de ejercer acciones legales modificando incluso su constitución, para que paguen por sus acciones.

Aquí en España, mientras tanto, algunos de estos presuntos responsables se permiten sugerir al presidente del gobierno que no adelante las elecciones, reparten cuantiosos dividendos al final del ejercicio, pagando indemnizaciones millonarias a sus directivos ymenos generosas para el resto de empleados, pero que ya las quisieran para si el resto de trabajadores de este pais, cambiando toda la señaletica de sus oficinas, y cerrando el grifo a empresas y familias, sin ofrecer una información transparente sobre donde han ido a parar los mas de 30.000 millones de euros inyectados por el estado al sistema bancario nacional.

Tal y como están las cosas, no nos extrañe con que cualquier día un grupo mas o menos grande de ciudadanos opte por un“paga el rey” y entren en una espiral  de desobediencia civil y fiscal. Total, en justicia, no podrían esperar un tratamiento diferente al de estos otros responsables. ¿o sí?

¿Que vamos a hacer aqui en España? ¿Cuando habrá alguien queseñale con el dedo a los culpables de la situación económica sin divagar con un concepto tan difuso como “los mercados…” ?.

Los principales especuladores, siguen estando sentados en sus despachos, jugando a dirigir el pais, manejando a los titeres de turno que son elegidos en los urnas, a quienes, no lo olvidemos, condonan año tras año, ejercicio tras ejercicio las deudas contraidas por sus partidos.

Miguel A. Garcia

 

NI PP. NI PSOE. Los españoles dicen no al Gobierno y a la oposición


Tuesday 29 march 2011

NI PP. NI PSOE. Los españoles dicen no al Gobierno y a la oposición

JOSÉ JUAN TOHARIA Y JOSÉ PABLO FERRÁNDIZ 27/03/2011
Los ciudadanos creen profundamente en el sistema democrático, pero no en la forma actual de hacer política.

La mayoría están convencidos de que son los mercados, y no los poderes públicos, los que mandan en el país.

Estas son algunas de las conclusiones del estudio ‘Pulso de España 2010’, de inminente publicación, realizado a partir de 5.000 entrevistas.

Anticipamos algunos datos

En 1931, con ocasión de su toma de posesión como ministro de la República, Fernando de los Ríos pronunció una frase lapidaria: “En España, lo revolucionario es el respeto”.

No cabía, quizá, diagnóstico más amargamente certero para un país que solo cinco años después se despeñaría hacia un encarnizado enfrentamiento fratricida.

Ahora, 80 años después, ¿se ha conseguido esa revolución del respeto?

El Pulso de España 2010 (elaborado con datos de Metroscopia procedentes de una amplia muestra de 5.000 entrevistas) permite pensar que, de manera prácticamente unánime (88%), los españoles de ahora afirman que:

Los ciudadanos quieren cambiar el estilo actual de la política por otro más cercano al de la Transición

El prestigio que se han ganado las Fuerzas Armadas contrasta con el creciente descrédito de la Iglesia Católica

a) Nadie está en posesión de la verdad, ni tiene derecho a decir a los otros cómo deben pensar o cómo han de vivir.

b) Todos debemos respetar las ideas y la forma de vivir de los demás, por raras o diferentes de las nuestras que puedan parecernos (siempre, claro está, que estén dentro de la ley).

A mayor abundamiento, y por si tan rotundos pronunciamientos no bastaran para dejar las cosas claras, un masivo 98% sostiene que cada uno puede pensar lo que quiera, siempre que respete las ideas de los demás y no trate de imponer las suyas.

Nuestra actual convivencia cívica -estridencias aparte de algunos sectores mediáticos, impertérritamente “instalados en el bramido”, por utilizar la frase que Ortega dedicara a Joaquín Costa, y a contracorriente, por tanto, del común sentir ciudadano- se desenvuelve sobre este novedoso telón de fondo que tiene al respeto y a la tolerancia como valores supremos.

Y sobre esa actitud vital de base, nuestra sociedad lleva ya tres años encarando una crisis económica que está resultando mucho más dura y prolongada de lo esperado.

Lo está haciendo con un ánimo en el que sobresalen los rasgos siguientes: profundo abatimiento, cercano quizá ya a la angustia, en relación con la situación económica; creciente inquietud ante el impacto de la misma sobre el tejido social; profunda desafección hacia los políticos, en general, por su modo de operar un sistema de gobierno que, pese a todo, sigue contando con un respaldo ciudadano masivo, y hacia una institución (la Iglesia) cuya imagen social está en caída libre.

Y en acusado contraste, elevada confianza en una institución nueva (la Corona) y en otra profunda y certeramente renovada (las Fuerzas Armadas).

LA ECONOMÍA, PEOR QUE NUNCA

No solo nueve de cada diez españoles (el 88%) consideran que la situación económica de nuestro país es mala, sino que esa misma proporción piensa que aún falta tiempo para que empiece a mejorar de forma perceptible.

Este es el diagnóstico más desesperanzado jamás obtenido, desde que tenemos datos de encuesta, sobre nuestra economía.

Con una particularidad adicional: se trata de un estado de opinión que perdura desde hace ya dos años y que, con el transcurso del tiempo, en vez de suavizarse, ha tendido a consolidarse e incluso -en la mínima medida en que ello resultaba aún posible- a incrementarse.

La ciudadanía tiene la impresión de que, realmente, nadie (ni Gobierno, ni oposición) tiene ideas claras sobre cómo poner remedio a la situación y que, estando así las cosas, son los mercados, y no los poderes públicos, quienes realmente mandan en el país.

PARO JUVENIL: ¿UN DAÑO IRREPARABLE?

El alto nivel actual de paro juvenil -que duplica el de la tasa general de desempleo- es quizá la secuela de la presente crisis que más preocupa a los españoles.


Todos, jóvenes y mayores, coinciden en afirmar que nunca antes se habían alcanzado en nuestro país, en este punto, niveles tan alarmantes.

En consecuencia, siete de cada diez españoles (70%) concluyen que esta dificultad excepcional que padecen ahora los jóvenes para encontrar un trabajo que les permita independizarse y vivir por su cuenta es algo que les marcará para siempre y que les impedirá organizar su vida de forma similar a como, en su momento, pudieron, en cambio, hacerlo las generaciones precedentes.


Y este pronóstico sombrío es expresado por la misma proporción de jóvenes (75%) que de mayores (70%).

SITUACIÓN POLÍTICA: NUNCA TAN MAL

Tres de cada cuatro españoles (78%) califican de forma negativa la actual situación política del país: el porcentaje más elevado de los últimos dos decenios.

A modo de ejemplo, en 2002, con ocasión de la controvertida participación de España en el conflicto iraquí, este porcentaje no pasó del 47%.


Y en los meses previos a las elecciones de 1996 (es decir, en la hasta entonces peor crisis de popularidad de un Gobierno socialista) no pasó del 62%.


Tras la primera victoria electoral de Rodríguez Zapatero bajó hasta el 37%.

Ahora, ya en la recta final de su segundo mandato, el porcentaje de españoles que evalúa negativamente la situación política nacional se ha más que duplicado, hasta alcanzar el reseñado 78%.


Este nivel sin precedente de descontento político ciudadano se debe a una doble pérdida de confianza: en el Gobierno y en la oposición.


Una situación inédita: nunca, antes, en nuestra democracia, Gobierno y oposición habían empatado en cuanto a nivel de desapego suscitado en el conjunto de la sociedad.

LOS POLÍTICOS, NO EL SISTEMA

En proporción de dos a uno (56% frente a 27%) predominan los españoles que piensan que la responsabilidad por la mala situación política del país corresponde a los actuales líderes políticos, y no a la forma en que está organizada la democracia en España: en otras palabras,


son los políticos y no el sistema quienes no están a la altura de las circunstancias.

Hace algo más de dos decenios, dos ilustres politólogos (Lipset y Schneider) señalaron la importancia que tiene para la preservación de la legitimidad social de las instituciones públicas en tiempos de crisis que la ciudadanía atribuya la mala situación política a la inadecuada gestión del sistema político por quienes lo pilotan y no a defectos estructurales del sistema mismo.

O lo que es igual: la línea roja que no debe ser traspasada es que la sociedad llegue a pensar que la situación no es remediable ni con un liderazgo político alternativo.

Y lo que los datos indican es que, por ahora, nuestra sociedad se halla lejos de esa preocupante línea roja, si bien con un matiz que añade un importante plus de complejidad a la solución que supone la alternancia de líderes: lo que la ciudadanía española realmente anhela en el momento actual (según, por cierto, ha venido reflejando durante más de un año el Barómetro de Clima Social que mensualmente publica este periódico) no es tanto el relevo del actual Gobierno por la actual oposición, sino, más bien, el relevo de ambos por otro tipo de estilo de gobernar y de controlar al Gobierno.

En este sentido, cabe recordar que la por ahora previsible victoria electoral del PP no obedece tanto a que los votantes de este partido muestren mayor entusiasmo por su líder que el que los votantes socialistas sienten por el suyo como a la mucha mayor fidelidad de los primeros, que les predispone a anteponer la lealtad incondicional a sus siglas a cualquier otra consideración.

Los españoles no abominan de la política, sino del modo, generalmente ramplón, mediocre y mezquino en que suelen conducirse la mayoría de los políticos -de estos políticos.

El descrédito de la clase política va asociado a la incluso aún más negativa imagen social de los partidos. Los españoles no dudan que sin partidos políticos no hay democracia y por ello en modo alguno cuestionan la necesidad y utilidad de estos.

Lo que masivamente rechazan es su actual modo de organizarse y funcionar: nueve de cada diez ciudadanos (89%) creen que nuestros actuales partidos piensan más en lo que les beneficia e interesa, y ocho de cada diez (79%) creen que tal y como ahora funcionan y se organizan es muy difícil que los partidos logren atraer y reclutar para la actividad política a las personas más competentes y preparadas.

TRANSICIÓN: NOSTALGIA DE UN ESTILO

Treinta y cinco años después del final del franquismo, los españoles se sienten orgullosos de forma casi unánime (80%) de la forma en que se llevó a cabo la transición a la democracia.

Y creen que la clave de ese éxito, junto a la actuación del rey Juan Carlos (que destaca un 78%), estuvo en el espíritu de consenso que mostraron los políticos del momento para buscar soluciones y acuerdos, pensando más en el interés general del país que en el propio, posible, rédito electoral.

Así lo dice un 82%. Y tras echar la vista atrás, un 88% concluye que, en cambio, los dos principales partidos actuales han abandonado ese espíritu de pacto y concordia, y solo piensan ya en lo que les parece electoralmente más conveniente.

El cortoplacismo miope, y además ejercido con modales ásperos cuando no groseros, habría venido así a desplazar al talante de entendimiento y a la altura de miras y al sentido del Estado de aquella época.

Buena parte de nuestra clase política (y no digamos de algunos de sus jaleadores mediáticos) parece convencida de que cuantos más insultos, más zafiedad descalificadora y más exageraciones -cuando no mentiras- se utilicen, más probabilidades hay de agradar a los electores.

Pues bien: estos piensan, en realidad -y masivamente: (73%)-, que lo que este país necesita en estos momentos es una “segunda Transición” que, con el mismo estilo de concesiones y mutuo respeto que caracterizó a la primera, haga posible la solución de tantos problemas como hay pendientes.

Entre otros, y de forma destacada, la actualización de nuestra Constitución, probablemente la que menos reajustes a la siempre cambiante realidad ha experimentado, en comparación con los continuos retoques realizados a los textos constitucionales de la mayoría de nuestros vecinos países europeos.

Seis de cada diez españoles (el 58%) piensan que nuestra Constitución necesita retoques y que, pese a ello, sigue siendo válida para la sociedad española actual.


Pero ya algo más del tercio (37%) cree que se ha ido quedando tan desfasada que precisa una reforma con profundidad.

AUN ASÍ, EL MEJOR PERIODO

El 72% de los españoles cree que, con todos sus posibles defectos e insuficiencias, la actual democracia constituye el periodo en que mejor ha estado nuestro país en toda su historia.

Evidentemente, tan rotunda afirmación ha de ser entendida como forma sin duda hiperbólica de destacar el grado de satisfacción con el actual sistema político-social; la efectiva comparación, en el tiempo, por quienes ahora responden de la actual situación con otras pretéritas es obviamente imposible.

Pero lo significativo es que, ya sean más jóvenes o más mayores, votantes de un partido o de otro, siete de cada diez españoles expresen el convencimiento de que nunca antes este país ha podido estar mejor que ahora.

LA CORONA

“El rey que se ganó la corona”: así definió a Juan Carlos I, el pasado mes de diciembre, Miguel Ángel Aguilar (EL PAÍS, 23-12-2010). Ciertamente, desde el comienzo mismo de su reinado, el Rey contó con un sustancial apoyo popular.

Pero lo realmente significativo no es tanto ese dato de partida (explicable, al menos en parte, por el anhelo ciudadano de que su llegada al trono hiciera posible un futuro mejor tras 40 años de dictadura) como el hecho de que tras más de 35 años como Jefe del Estado haya mantenido, ampliándola incluso, aquella buena evaluación inicial.


Los españoles le puntúan ahora con un 7,3, la segunda mejor nota -solo superada por la que obtiene el expresidente Suárez- entre las que consiguen 18 destacadas figuras públicas nacionales e internacionales.

En un país sin apenas monárquicos declarados, el Rey ha conseguido legitimar socialmente a la institución que encarna.

Un 70% opina que ha demostrado que la monarquía podía cambiar y adaptarse a las exigencias de cada momento de nuestra la sociedad; un 74% considera que la monarquía está ahora firmemente consolidada, y un 65%, que aporta estabilidad y serenidad a la vida política española.

Pese a este amplio reconocimiento de lo que la Corona ha aportado y aporta a nuestra sociedad, esta no da por descontada la perdurabilidad de la institución (algo que, por cierto, ocurre también en un país de tan arraigada tradición monárquica como Reino Unido): dos de cada tres españoles consideran que, pese a los servicios hasta ahora prestados, la Corona puede llegar a tener cada vez menos sentido según pasen los años.

LAS FUERZAS ARMADAS

Que solo 30 años después del fallido golpe de Estado llevado a cabo por miembros del Ejército y la Guardia Civil, el 84% de los españoles evalúe positivamente a sus Fuerzas Armadas es, sin duda, un éxito que cabe atribuirle tanto a los propios militares como a los políticos y al conjunto de la ciudadanía.

En este periodo de tiempo transcurrido se ha conseguido, con la voluntad de todos, que las Fuerzas Armadas heredadas del franquismo hayan encajado perfectamente en el marco constitucional.

Ocho de cada diez españoles (84%) cree que, hoy por hoy, el Ejército está integrado por profesionales muy comprometidos con la Constitución y con la defensa de las libertades.

Una abrumadora mayoría ciudadana considera que esta institución es imprescindible para nuestro país (83%), que es motivo de orgullo (79%) y que otorga prestigio internacional a España por su labor en misiones fuera de nuestro territorio (77%).

LA IGLESIA

La Iglesia católica española, que jugó un destacado papel en la transición a la democracia y contribuyó de forma significativa a la reconciliación nacional que -de forma más o menos explícita- supuso dicho proceso, se encuentra ahora en una situación de creciente descrédito.

Uno de cada dos españoles considera que, en la actualidad, transmite más una imagen de dureza y condena que de bondad y perdón.

Y tres de cada cuatro (75%) piensan que no ha sabido adaptarse a la actual realidad social. Y, significativamente, piensa esto incluso la mitad de los que se definen como católicos practicantes. –

Este texto es una síntesis de datos especialmente relevantes obtenidos por el sondeo de Metroscopia que sirve de base al Pulso de España 2010, elaborado por la Fundación Ortega-Marañón, con patrocinio de Telefónica y coordinado por José Juan Toharia.

Lo publica la editorial Biblioteca Nueva. José Juan Toharia y José Pablo Ferrándiz son, respectivamente, presidente y director general de Metroscopia.




 

Ni PSOE, ni PP, la ciudadanía al poder

A muchos votantes del PsoE no les importan las concesiones del gobierno de Zapatero a la iglesia católica, ni que no se haya atrevido a denunciar los acuerdos del 79; tampoco parecen muy preocupados por el descarado giro al centro-derecha con sus propuestas neoliberales y rebajas fiscales, o con las renuncias a su programa electoral;

No, no les importa y le seguirán votando –a veces con la nariz tapada-, con tal de que no gane el Pp.

Pero lo curioso es que a la inversa ocurre lo mismo, y así, a muchísimos votantes del PP, no les importa el giro del Sr. Rajoy a la extrema derecha, ni que mientan por sistema, ni que desfenestren a su mejor activo –el Sr. Gallardón-, y así, con la máxima y demostrada fidelidad, le seguirán votando, con tal de que no gane el PSOE.

Y digo yo: ¿Por qué no nos planteamos –aunque solo sea alguna vez-, votar a otra opción?,
¿Por qué no permitimos a IU, por ejemplo, que se consolide como tercera fuerza y así, además de minimizar el sempiterno bipartidismo, o de sentar las bases para una reforma electoral que reflejase proporcionalmente la rica pluralidad española, la resarcimos de la injusticia histórica que por mor de la Ley d´Hont, y de las formas de computar las adscripciones electorales, siempre le perjudica, en beneficio de nacionalistas y partidos mayoritarios?,

¿Por qué somos tan acríticos?,

¿Acaso no nos damos cuenta de que sin las terceras fuerzas, son los partidos nacionalistas los que siguen barriendo para el norte y son -el PP y PSOE- quienes tienen más fácil cometer sus tropelías?,

¿Por qué seguimos permitiendo que nos dejen decidir tan poco con las listas cerradas y los primeros escaños ya asignados –según sus intereses, que no los nuestros- antes de que hayamos ido a votar?

Yo que colaboro desde hace más de una década con el Comercio Justo siempre he dicho que nosotros, como consumidores/as tenemos el mayor poder del mundo -si nos unimos- incluso frente a las multinacionales más poderosas.

Cuando hemos decidido no comprar una marca de leche, de café, de zapatillas o de ropa, por la injusticia social y abusos de sus empresas (recordemos NIKE o NESTLÉ), las multinacionales han terminado por cambiar sus prácticas cuando veían que sus ventas disminuían, por poco que fueran.

¿Por qué en política no ensayamos lo mismo?

Si cada día, como hemos dicho, la ciudadanía decide menos, si los partidos hegemónicos, curiosamente, proclaman las mismas rebajas, presentan programas tan similares y practican las mismas beligerancias,…

¿que es lo que realmente vamos a elegir el 9-M?

Como escribía Martín Seco muy acertadamente en su artículo titulado “Reforma electoral”, las opciones que nos quedan son“…


o bien uno de los dos grandes partidos obtiene mayoría absoluta, con lo que tendrá la tentación de gobernar de forma autocrática,


o por el contrario no llega a controlar la mitad más uno de la Cámara y necesitará el apoyo de otros partidos minoritarios, que sólo pueden ser los nacionalistas, que prestarán su voto a cambio de privilegios para sus Autonomías y, como todo privilegio, en contra de las demás”.

Pues no.

Rebelémosnos y démosle la vuelta a este falso sofisma.

Pensemos en el poder que tenemos con nuestro voto libre y no se lo concedamos esta vez, a ninguno de los dos,

¿a ver que pasa?

 

 

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