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Estados Unidos y Aliados Cometen Crímenes Monstruosos en Libia


Estados Unidos y Aliados Cometen Crímenes Monstruosos en Libia
by Miguel Urbano Rodrigues
 
Global Research, March 27, 2011

Los Estados Unidos y sus aliados repiten en Libia crímenes contra la humanidad similares a los cometidos en Irak y Afganistán.
La agresión al pueblo libio difiere de las otras apenas porque el discurso que pretende justificarla, respecto a la hipocresía excede lo imaginable.
Por la mentira y perfidia, el montaje previo trae a la memoria los concebidos por Hitler en la preparación de la anexión de Austria y de las campañas que precedieron a la invasión a Checoslovaquia y a Polonia.

Michel Chossudovsky, James Petras y otros escritores progresistas -citando fuentes confiables- revelaron en sucesivos artículos que la rebelión de Benghazi fue concebida con mucha antelación, muy minuciosamente, y alertaron sobre el papel decisivo desempeñado en ella por los servicios de inteligencia de los Estados Unidos y del Reino Unido.

La supuesta duda de los Estados Unidos en apoyar la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que creó la llamada «zona de exclusión aérea», y posteriormente en asumir la «coordinación de las operaciones militares» fue también una grosera mentira. Farsa idéntica caracterizó el debate en torno a la transferencia hacia la OTAN del comando de operación llamado «Amanecer de Odisea», título que ofende el nombre y la epopeya del héroe de Homero.

El Pentágono tenía elaborado planes de intervención militar en Libia mucho antes de las primeras manifestaciones en Benghazi, cuando allí aparecieron las banderas de la monarquía fantoche inventada por los ingleses después de la expulsión de los italianos. Todo eso se estima está descrito en documentos (algunos contenidos en correspondencia diplomática divulgada por Wikileaks) que ahora comienzan a hacerse públicos por webs alternativas.

LOS CRÍMENES ENCUBIERTOS

 

Los discursos de los responsables de la agresión al pueblo libio y la torrencial y ominosa campaña de desinformación montada por los grandes media occidentales, empeñados en la defensa y apología de la intervención militar, son diariamente desmentidos por la tragedia que se abate sobre Tripolitania, o sea el occidente del país controlado por el gobierno.

Hoy ya no es posible desmentir más que el texto de la resolución del Consejo de Seguridad -que no hubiera sido aprobada sin la cómplice abstención de Rusia y China– fue violado desafiantemente por los estados agresores.

Los ataques aéreos no estaban previstos. Pero fueron inmediatamente desencadenados por la fuerza aérea francesa y por los buques de guerra de los Estados Unidos y del Reino Unido que, en un tiempo mínimo, dispararon más de una centena de misiles Tomahwac sobre blancos muy diferenciados.

Repetidamente los gobernantes de los Estados Unidos y del Reino Unido, de Francia y de Italia han afirmado que la «intervención es humanitaria» para proteger a la población, y que los «daños colaterales» por ella provocados son mínimos.

Mienten consciente y descaradamente.

Las «bombas inteligentes» no son ciegas. Con gran precisión han alcanzado depósitos de combustibles y de productos tóxicos, puentes, puertos, edificios públicos, cuarteles,  fábricas, centrales eléctricas, sedes de televisoras y de periódicos. Redujeron a escombros la residencia principal de Muamar El Gadafi.

Un objetivo transparente fue la destrucción de la infraestructura productiva de Libia y de su red de comunicaciones.

Otro objetivo prioritario fue sembrar el terror entre la población civil de las áreas bombardeadas.

Repetidas veces el secretario de Defensa de Estados Unidos, Robert Gates, y el de Asuntos Exteriores del Reino Unido, William Haggue, han afirmado que las fuerzas de aquello que llaman la «coligación» mandatada por el Consejo de Seguridad, no se desviará de las metas humanitarias de «Odisea». Garantizan que el número de víctimas civiles ha sido mínimo y, en la mayoría de los bombardeos quirúrgicos, inexistente.
No es lo que informan los corresponsales de algunos influyentes media occidentales y árabes.

Según Al Jazeera y periodistas italianos, el «bombardeo humanitario» de Adhjedabya fue en realidad una matanza sanguinaria, ejecutada con  crueldad.

Otros reporteros utilizan la palabra tragedia para definir los cuadros dantescos que presenciaron en barrios residenciales de Trípoli.

Generales y almirantes norteamericanos y británicos insisten en negar que hayan sido alcanzadas instalaciones no militares o afines. Es otra mentira. Las ruinas de un hospital de Trípoli y de dos clínicas de Ain Zara, que apuntan al cielo azul del desierto libio, expresan mejor que cualquier palabra la praxis de los «bombardeos humanitarios». Periodistas que los contemplaron y hablaron con sobrevivientes de la masacre afirman que en Ain Zara no había un solo militar, ni blindados. Y ni siquiera armas.

En una tirada de humor negro, el primer día de la agresión, un oficial de los Estados Unidos declaró que la artillería antiaérea libia, al abrir fuego contra los aviones aliados que bombardeaban Trípoli, estaba «violando el cese al fuego» declarado por Gadafi.
Cito el episodio por ser expresivo del desvarío, del fariseísmo, del primarismo de los que ejecutan la abyecta agresión al pueblo libio, definida por Berlusconi, el clown neofascista de la coligación occidental, como «nueva cruzada».
Gadafi es el sucesor de Ben Laden como enemigo número uno de los Estados Unidos y de los gobernantes que hace pocos meses lo abrazaban fraternalmente.

El dirigente libio no me inspira hoy respeto. Creo que muchos de sus compatriotas que participan en la rebelión de Cirenaica y exigen el fin de su régimen despótico actúan movidos por objetivos loables.

Sin embargo, invocar la personalidad y los desmanes de Muamar El Gadafi en el esfuerzo por presentar la criminal agresión al pueblo de un país soberano como exigencia de principios y valores de la humanidad es el objectivo  repugnante de una ambiciosa estrategia imperialista.

El subsuelo libio encierra las mayores reservas de petróleo (el doble de las norteamericanas) y de gas de África. Tomar posesión de ellas es el objetivo inconfesado de la falsa intervención humanitaria.

Es deber de todas las fuerzas progresistas que luchan contra la barbarie imperialista desenmascarar el engranaje que, en el mundo, califica de salvadora y democrática la monstruosa agresión a Libia.

Siria puede ser el próximo blanco. Eso, mientras no hay una palabra de crítica a las monarquías teocráticas de Arabia Saudita, de Bahrein, de los Emiratos.
Una nota personal para terminar. Los líderes de la derecha europea, de Sarkozy y Cameron a la canciller Merkel, cultivan en estos días –repito-  el discurso de la hipocresía. Ninguno consigue, no obstante, igualar en la mentira y la desfachatez la oratoria de Barack Obama, que, por sus actos, responderá ante la historia por la criminal política externa de su país, cuyo pueblo merecía otro presidente.

Vila Nova de Gaia, 26 de marzo de 2011

Miguel Urbano Rodrigues is a frequent contributor to Global Research.  Global Research Articles by Miguel Urbano Rodrigues
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Sobre Libia


Artículos de interes:

* ¿Por qué la invasión de LIbia? de  Vicenç Navarro y publicado en Sistema y en

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=126037

*Y de Pepe Escobar  Déjame bombardearte en paz

Asia Times Online

Si el anterior supremo del Pentágono, el “conocido desconocido” Donald Rumsfeld, estuviera aún en el negocio, no pararía de quejarse de que Libia no ofrezca objetivos bombardeables, al igual que Afganistán en 2001. Por muy lejos que se apreste a llegar el atolladero estadounidense, Libia es mucho más grande que Vietnam, Iraq y Afganistán juntos. Aunque los posibles “objetivos” se concentran en unas cuantas ciudades a lo largo de la costa mediterránea.

El despliegue de Tomahawks que Barak Obama lanzó sobre las fuerzas de Muamar Gadafi (y sobre unas cuantas instalaciones) se acabó; ahora le toca a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) imponer la “acción militar cinética” (neolengua de la Casa Blanca) para así forzar el “cambio de régimen”. Y en un perfecto momento Tag Heuer, el desastre está servido. A la OTAN le encantaría bombardear todo lo que aparezca ante su vista al estilo “conmoción y pavor”, pero no puede. No puede, ni siquiera, identificar en sus rádares a las fuerzas de Gadafi.

Tú no permaneces en el poder a lo largo de cuatro décadas en un país en desarrollo sin aprender uno o dos trucos militares de ilustres predecesores, como el chino Mao Zedong y el vietnamita Ho Chi Minh, por no mencionar a chapuceros como Sadam Husein en Iraq. Gadafi, tras aprender la lección de que no debía dejar sus tanques como patos sentados al sol en el desierto para que la “coalición de los bien dispuestos” (unos cuantos miembros de la OTAN + Qatar) los bombardearan a placer, está ahora combatiendo contra los “rebeldes” al estilo guerrilla con blindaje ligero

La respuesta de la OTAN era más de prever que esos puntos muertos multilingües de cada día en Bruselas: acusaciones de que Gadafi está utilizando escudos humanos, o que han “dispersado” sus tanques de un extremo a otro dentro del perímetro de la ciudad. Traducción: la guerra aérea de los Tornado/Rafale de la OTAN es inútil, a menos que puedas bombardear una columna de tanques resplandecientes bajo el sol del desierto.

Si la OTAN está furiosa, esa variopinta pandilla conocida como los “rebeldes” está aún más furiosa, acusando a la OTAN de ser incapaces de un bombardeo en alfombra de sus propias ciudades. Esto prueba que a esos mismos “rebeldes” –que están prácticamente mendigándole a Occidente que haga el trabajo sucio- les importa un ardite los “daños colaterales” entre ellos mismos. Una cosa es verdad: si la OTAN hiciera lo que los “rebeldes” quieren que haga, los daños colaterales serían de espanto. Y la opinión pública europea se desactivaría ante esa acción “cinética” de cambio de régimen.

El circo montado es un ejemplo más de cómo esta guerra no es una guerra sino una farsa en realidad. Los franceses y los británicos han comprado especialmente su propio bombo y platillo de que el régimen de Gadafi se está desmoronando. También han comprado su propia alharaca de que toda esa mezcolanza de ex leales a Gadafi, exiliados de poco fiar, yihadistas vinculados con al-Qaida, oportunistas de los negocios y jóvenes verdaderamente revolucionarios tienen coherencia militar y política y que son realmente representativos de toda Libia.

En Londres, Religare Capital Markets apuntó hace pocas semanas que había una probabilidad de un 75% de llegar a un punto muerto en Libia (con el crudo Brent alcanzando los 130$ USA por barril). Parece que el libertador francés de los árabes, el Presidente Nicolas Sarkozy, y su cohorte británico, el Primer Ministro David Cameron, no figuran en su lista de lecturas recomendadas.

Y así aparece la brillante nueva idea de que la OTAN no tenga un papel central y que sean antiguas fuerzas especiales británicas las que entrenen a los rebeldes para que se conviertan en una máquina de combate ágil y eficiente, como si esto pudiera lograrse en cuestión de días o semanas, antes de un alto el fuego.

La guerra que en efecto nadie quiere, excepto Sarko y Cameron, se está esfumando como si fuera una espantosa nueva versión de “Los Tres Chiflados” (se abre la veda para nominar al tercer chiflado). Eso es lo que se consigue cuando tomas parte en una guerra civil africana donde incluso los “buenos” son más turbios que las aguas del Golfo de México. El condominio Pentágono/administración Obama ha eliminado del campo todo su hardware último grito. “Misión ¡uy, qué yuyu!” es el nombre del juego.

Al menos en Serbia, la OTAN sabía lo que estaba haciendo. Apoyaba a un “ejército de liberación” (el ELK, Ejército de Liberación de Kosovo) infectado de asesinos y traficantes de la droga; bombardearon compañías estatales (no privadas), bombas de racimo y uranio empobrecido incluidos, para que las corporaciones multinacionales pudieran abrirse paso y que el Pentágono levantara una inmensa base militar (Campo Bondsteel) para vigilar su protectorado.

Teóricamente, la resolución 1973 de las Naciones Unidas no permite que la OTAN vaya mucho más lejos. Los miembros occidentales de esa “coalición de los bien dispuestos”, sobre todo los británicos y franceses, por no mencionar al Pentágono, no paran de rezar para que al final del túnel se encuentren con un montón de petróleo y una base estratégica del AFRICOM/OTAN en el norte de África. Pero no hay nada seguro.

La última esperanza de cordura en todo este caos podría venir de la mano de Turquía. Su Primer Ministro, Recep Tayyip Erdogan, ha propuesto su versión de hoja de ruta para la paz, estableciendo corredores de ayuda humanitaria y que la democracia vaya avanzando por etapas. Turquía está conversando con ambas partes y no postula abiertamente el cambio de régimen. En Qatar –que, como ya hemos informado, está profundamente implicado en guiar la “transición” en Libia-, el próximo miércoles, unos cuantos europeos, EEUU, unos pocos estados clientelistas de EEUU de Oriente Medio y otras tantas entidades internacionales serán quienes discutan la mencionada hoja de ruta.

Vamos a esperar. Actualmente, cualquier hoja de ruta acabaría con los bombardeos de la OTAN.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=126144. Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernándes

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