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Archivo para el día “abril 18, 2011”

La falsa seguridad de la deuda pública a largo plazo


Inversión en valor

La falsa seguridad de la deuda pública

http://www.libremercado.com/2011-04-13/la-falsa-seguridad-de-la-deuda-publica-1276420359/

Mantener deuda pública durante largos plazos es una de las más inciertas y especulativas formas de invertir.

  • 2011-04-13   RAQUEL MERINO JARA

¿Es segura la deuda pública? Mejor dicho: ¿invertir en títulos de deuda pública es una forma segura de hacer crecer nuestro patrimonio en el largo plazo?

Hubo un tiempo en que las respuestas a ambas preguntas podían ser afirmativas… pero ese tiempo concluyó hace muchos años.

Mientras la guía de los gobernantes públicos fue la búsqueda de la ortodoxia presupuestaria (tanto ingreso, tanto gasto), todos podían fiarse de la capacidad del Estado de atender a sus deudas.

Se trataba de un pagador honesto. Entiéndase esto como la existencia de un fuerte compromiso por parte del gobernante de atender sus obligaciones.

Lo que es más, esa predisposición no sería pasajera, sino que permanecería en el largo plazo.

Se daba por supuesto que las políticas económicas se abstendrían de aventuras políticas de estímulo de la demanda a base de descuadres en las cuentas públicas.

Pero también se estimaba que estábamos ante un agente de gran solvencia.

Las cuentas estaban cuadradas y el patrón oro estabilizaba el valor de la moneda.

Con presupuestos saneados, la suficiencia de recursos para atender las deudas estaba garantizada.

Las viudas y los huérfanos podían estar tranquilos con sus consols (la deuda pública a perpetuidad que emitía Inglaterra), y podían estarlo –muy importante– en el largo plazo.

Los ahorros de toda una vida podían ser colocados con la seguridad de que el principal conservaría su poder adquisitivo y que la renta periódica obtenida no iría menguando con el transcurso del tiempo hasta llevar a la indigencia.

El mal llegó, como en otros ámbitos de la vida social y política de Occidente, con el trauma de la I Guerra Mundial.

Desde ese momento, empiezan a extenderse dos prácticas de carácter complementario en las finanzas públicas. Dos prácticas que, por otra parte, serían bendecidas por una academia económica oportunamente pervertida.

En primer lugar, el abandono del patrón oro. Primero, con la suspensión provisional de la convertibilidad durante la guerra.

Más tarde, con todo tipo de engendros monetarios en los que el oro fue pasando a desempeñar un papel cada vez menos determinante como ancla monetaria.

Y, finalmente, con la llegada del experimento actual de papel moneda inconvertible, sancionado legalmente por doquier y que ya va para cuatro decenios de duración.

En segundo lugar, el auge de la heterodoxia financiera en las cuentas públicas.

La ruptura con el patrón oro, que hasta entonces había tenido un efecto de control para aquellos que gestionaban las finanzas públicas, necesariamente sirvió de coartada y correa de transmisión para los desajustes presupuestarios y los sucesivos incrementos de emisiones de deuda pública.

De hecho, se pasó de desarrollar políticas económicas fiscales y monetarias neutras a otras deliberadamente activas.

El pretendido objetivo era el de impulsar la actividad económica.

Los resultados reales fueron los déficits públicos casi crónicos y la persistente inflación.

Los efectos que han tenido estas dos “innovaciones” sobre la idoneidad como vehículo de inversión a medio y largo plazo de la deuda pública han sido devastadores.

Aún hay más. La deuda pública, tal y como hoy es administrada, tiene otras peculiaridades que la diferencian del resto de activos financieros.

Cuando hablamos de títulos que evidencian deuda, el elemento clave es precisamente que quien los adquiere está “dando crédito” a quien lo emite.

Dar crédito a alguien es fiarse (fiar) de su solvencia y de su disposición a cumplir lo pactado (honestidad como pagador).

Pues bien, en el caso de la deuda soberana, las promesas de pago diferido que hacen los gobernantes se hacen por cuenta de otros distintos a ellos mismos; a menudo, de gente sin derecho a voto o que ni siquiera ha nacido.

Ni aquellos por cuenta de quien se emite –los súbditos de cada país– ni quienes deben pagarla –por ejemplo, futuros contribuyentes o futuros afectados por recortes– son en absoluto conscientes de ello.

De hecho, nadie sabe ni el momento ni la cantidad ni la identidad de los pagadores.

Añadamos a ello que al momento del vencimiento suele haberse olvidado la primera parte de la transacción.

No es realista por ello pretender que la capacidad de pago de la deuda coincida con la totalidad de riqueza de los contribuyentes.

Tanto la capacidad impositiva como la de realizar ajustes presupuestarios tiene límites.

Cuando el Gobierno es incapaz de atender a los pagos, es bastante frecuente que, olvidados los “buenos tiempos”, los votantes elijan a representantes que opten por el impago (vía devaluación o default), como tantas veces hemos visto en Latinoamérica.

Y es que la deuda pública, a diferencia de una deuda corporativa o hipotecaria, a menudo no representa riqueza existente en ninguna forma, sino certificados de gastos ya realizados.

Cuando la Administración se deja llevar por una borrachera de gasto (por ejemplo, durante un boom) y súbitamente se contrae la actividad, caen ingresos y se disparan gastos y, con ello, los déficits, lo más frecuente es que, al vencimiento de la deuda emitida en el pasado, el pago se haga mediante nuevas emisiones en forma piramidal hasta el colapso final.

Dicho de otra forma, un volumen significativo jamás es pagado sino mediante cancelación –inflación o impago/default–.

¿A quién, pues, podrá reclamarse el pago?;

¿a qué generación?,

¿a qué responsable político?

Cómo estar seguros de que se percibirá un principal e intereses sin pérdida:

¿la capacidad coactiva para gravar es infinita?;

¿podrá refrenar su gasto el Gobierno a tiempo?;

¿podrá hacer recortes ad infinitum o tiene un límite?

La situación pintará muy fea cuando esos mecanismos estén cerca de agotarse.

Seguramente los gobiernos acabarán recurriendo como tantas veces al envilecimiento monetario propiciado por la monetización de la deuda (inflación), o al default parcial (mejor llamada quita) que supone canjear la deuda antigua existente por nueva con un principal que es sólo una fracción de la deuda nominal anterior.

En resumen, si atendemos al pago real del principal y no al mero servicio nominal por intereses, mantener deuda pública durante largos plazos es una de las más inciertas y especulativas formas de invertir.

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Quiebra moral de la economía de mercado


TRIBUNA: ANTÓN COSTAS

Quiebra moral de la economía de mercado

Si la política no recobra su autonomía frente a los mercados financieros y la sociedad no es capaz de manifestar su indignación, no habrá límites a la especulación, la volatilidad financiera y la desigualdad

ANTÓN COSTAS 18/04/2011

Uno.Los argumentos económicos son insuficientes para comprender las causas profundas del desastre que estamos viviendo. No solo ha habido “fallos” de la regulación financiera y “errores” de política, como dicen los economistas. Hay algo más intrigante: una quiebra moral del nuevo capitalismo que emergió en los años ochenta del siglo pasado.

El “nuevo héroe” del capitalismo lo quiere todo y ahora busca la rentabilidad inmediata

Sus desvaríos los pagan los ciudadanos con sus impuestos y la pérdida de conquistas sociales

Si no se toma en consideración esa quiebra moral es imposible comprender la crisis financiera de 2008.

Y, lo que es más importante, tampoco se ven algunos de los destrozos que deja: la deslegitimación social de la economía de mercado; una deslegitimación que abarca a las políticas que están haciendo los Gobiernos.

Es descorazonador ver cómo se utiliza el argumento del too big to fail [demasiado grande para caer] con el fin de justificar el rescate público de los bancos y el mantenimiento del empleo y sueldo a los banqueros, haciendo pagar al resto la factura con sus impuestos y recortes de gastos sociales.

Esa “medicina”, además de culpabilizar a las víctimas, aumentará la desigualdad.

El riesgo es, entonces, el desprestigio de la política democrática y la aparición de problemas serios de gobernabilidad de nuestras sociedades.

Dos. Para comprender las raíces de esa quiebra moral, es necesario cruzar las fronteras del análisis económico y adentrarse en otras disciplinas que captan mejor los fundamentos éticos de la economía, basados en valores como la confianza, la equidad, la justicia o la buena fe en las relaciones económicas; y las consecuencias negativas de la desigualdad, el fraude, el expolio o la corrupción.

Esa convicción me ha llevado a coordinar un ensayo colectivo que en su propio título expresa esa necesidad: La crisis de 2008. De la economía a la política y más allá, editado en la colección Mediterráneo Económico de Fundación Cajamar (www.mediterraneoeconomico.com). Junto a la opinión de economistas, incluye la de filósofos, sociólogos, historiadores, periodistas, ensayistas y novelistas. Aunque sus miradas son diferentes, la polifonía de voces no desentona. Al contrario, ofrece una visión más comprensiva, en la que las voces de los economistas se ven complementadas por la de otros pensadores y científicos sociales.

Tres. Los economistas ofrecen cuatro tipos de explicaciones, no excluyentes entre sí, que descansan sobre la idea de “fallos”, “errores” y “desequilibrios”.

La primera, atribuye la burbuja de crédito y la asunción de riesgos a los “fallos” de la desregulación financiera que propició la desaparición del viejo modelo de banca prudente y aburrida, que mantenía el riesgo en su propio balance, y fomentó nuevas prácticas (“innovación financiera”) que llevaron a la toma de riesgos excesivos para esparcirlos por todo el globo.

La segunda, se centra en los “errores” de una prolongada política de bajos tipos de interés practicadas en Estados Unidos (para evitar la recesión posterior a la explosión de la burbuja punto.com a inicios del 2000), y en Europa (para intentar sacar a Alemania de su anorexia posintegración).

La tercera se fija en los “desequilibrios globales”, que hicieron que algunos grandes exportadores de manufacturas, como China y Alemania, en vez de consumir esos ingresos crearan grandes masas de ahorro (global savings glut) que financiaron la burbuja de crédito en EE UU y en la periferia europea.

Una cuarta explicación vincula la burbuja de crédito y la burbuja inmobiliaria con la desigualdad. Incapaces de hacerle frente mediante políticas redistributivas, los Gobiernos habrían utilizado el crédito barato y las políticas de desgravación a la vivienda para compensar la caída de ingresos de las clases medias y trabajadoras. El hecho de que la burbuja inmobiliaria haya sido más intensa en los países del Atlántico Norte, como España, parece apoyar esa hipótesis.

Cuatro. Los no economistas dirigen la mirada hacia otro lugar. Buscan las raíces de la crisis en una “quiebra moral” de la economía que se habría producido en los años noventa.

Estamos ante un fenómeno intrigante. Algo sucedió en los ochenta que invirtió la tendencia a la reducción de la desigualdad desde la II Guerra Mundial. A partir de los ochenta la distribución de la renta se hizo más desigual. Los ricos, especialmente en el sector financiero, se han hecho cada vez más ricos.

Las causas no están claras. Coincidió con cambios de diverso tipo: tecnológicos (las nuevas tecnologías de la información y las telecomunicaciones), económicos (la globalización), políticos (caída del muro de Berlín) e ideológicos (aparición de la ideología del mercado libre de trabas). Pero parecen haber tenido más influencia las políticas desreguladoras y la debilitación de instituciones que ejercían un cierto control social, como los sindicatos y los medios de comunicación.

La caída del muro de Berlín y del socialismo jugó un papel decisivo. Paradójicamente, no solo dejó huérfano de fundamento ético al socialismo, sino también al capitalismo. La vieja ideología calvinista, basada en la ética del esfuerzo y la responsabilidad individual, dejó paso a una nueva ideología donde la retórica de las “leyes impersonales del libre mercado” impediría juzgar la conducta de los actores desde una perspectiva moral. Es decir, la lógica del mercado haría desaparecer el libre albedrío y, por tanto, la responsabilidad individual. La economía quedaría así liberada de fundamentos éticos.

Esta falacia dio carta de naturaleza al “nuevo héroe” del capitalismo. Un personaje amoral, desacomplejado, libre de cualquier tipo de cortapisas, que lo quiere todo y ahora, que busca maximizar el valor de la acción y su rentabilidad inmediata, y no a la creación de valor económico a largo plazo. Además, se beneficia del paraguas del llamado “riesgo moral”: sabe que las consecuencias negativas de sus acciones no las pagará él, sino la sociedad que vendrá a su rescate.

Los economistas han tenido un papel importante en esa quiebra ética. Aunque saben poco de cómo funciona el mundo real, practican una economía arrogante, basada en supuestos idealizados del comportamiento económico, que han utilizado para apoyar políticas de libre mercado. Solo una economía humilde, que reconozca que sabe poco sobre los mercados financieros, será fuente de progreso y estabilidad.

Cinco. Si es cierta esta quiebra moral de la economía, la pretensión bienintencionada de que corrigiendo los “fallos” de la regulación financiera será suficiente para acabar con las conductas amorales y meter al genio de la inestabilidad financiera dentro de la botella es un wishful thinking, una ilusión interesada.

La evidencia de que es una falsa solución está en la rápida reaparición de las mismas conductas de riesgo y sobresueldos protagonizadas por los responsables de las agencias de rating y de las instituciones financieras que causaron el desastre y fueron rescatadas con dinero público. Causa sonrojo ver la desfachatez con que vuelven a practicar las mismas conductas. No es que sean inmorales, son amorales. Practican un “fraude inocente”.

Una salida estable y duradera a la crisis requiere una refundación moral del capitalismo. No creo que necesitemos otro capitalismo, pero sí necesitamos salvar al capitalismo de estos capitalistas. El problema es que la política ha perdido autonomía y capacidad para hacerlo. Causa desazón ver la confesión de impotencia de David Cameron en el Parlamento británico al señalar que su Gobierno no puede hacer nada para frenar esas conductas.

Pero si la política no recobra su autonomía frente a los mercados financieros, y la sociedad no es capaz de manifestar su indignación ante estas conductas, no habrá límites eficaces a la economía especulativa, a la volatilidad financiera y a la desigualdad.

De ser así, el mayor riesgo de la próxima década será la creciente ingobernabilidad de nuestras sociedades democráticas. Algunas señales apuntan ya en esa dirección.

Antón Costas es catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona.

Tomar la calle el 15 de Mayo: porque nos sobran los motivos…


Tomar la calle el 15 de Mayo: porque nos sobran los motivos… 

¿Estás en el paro? ¿No llegas a fin de mes? ¿Te indigna que los políticos y banqueros se llenen los bolsillos y que tú las pases canutas para sobrevivir?

¡Sal a la calle el 15 de Mayo! 

Prejubilados de oro, subcontratados de miseria


Prejubilados de oro, subcontratados de miseria

15 ABR 2011 12:50

Sólo un cambio radical de mentalidad del español de a pie, una revolución desde abajo de la forma de ser y pensar, puede sacar al país del pozo.

Y engrasar la maquinaria de la economía, atascada desde 2007 y condenada al estancamiento, como poco, durante otro lustro.

El inminente Expediente de Regulación de Empleo (ERE) para casi 6.000 empleados en Telefónica ya ha levantado polvareda en los medios.

Twitter echa chispas con un anuncio que supondrá la supresión de una quinta parte de la plantilla de la mayor multinacional de este país.

La noticia encierra una noticia mala y otra peor.

La mala es que la primera empresa del Ibex 35 suelte lastre en España y derive al extranjero su expansión y sus inversiones futuras; eso dice mucho, o todo, de la confianza de nuestros empresarios en el futuro del país.

La peor es que los representantes de UGT en la operadora están satisfechos con la decisión. No en vano, están pactando la letra pequeña del ERE con la dirección de la empresa.

Y su actitud le valió la victoria en las últimas elecciones sindicales en Telefónica, en las que CCOO no se mostró tan complaciente con la posibilidad de un futuro recorte bonificado de plantilla.

La multinacional se lo puede permitir porque gana 10.000 millones al año; de hecho, hay dinero suficiente para que sus directivos se repartan 450 millones en stock options durante los próximos cuatro años.

Y no le importa prescindir de la mejor mano de obra cualificada, en la cima de su carrera profesional, la que más puede aportar al bien común del grupo.

A corto plazo, a ojos de los insaciables mercados, vale más el ahorro de costes fijos que se gana que el gran talento que se pierde.

Claro que parte, o gran parte, de los afectados, se irán a casa felices. Ayer mismo recibimos en este periódico testimonios de futuros prejubilados de Telefónica, encantados con la decisión.

Como lo están los que salen estos días de las cajas. Un empleado de Caja Madrid me contaba hace poco que sus compañeros están haciendo fiestas de prejubilación.

Todo un chollo, y encima subvencionado con dinero público.

¿Dónde está la ética del esfuerzo? 

¿Quién es más culpable, el empresario que ofrece el despido de oro o el sindicato que lo acepta con gusto?

¿El político que sigue permitiendo las perversiones del sistema o el currito que agarra el dinero y corre, y no hace nada por remediarlo?

El empobrecimiento ético, léanse el magnífico artículo de John Muller hoy en El Mundo, lleva primero a la desidia y luego la ruina.

En la sede de Telefónica en Las Tablas de Madrid hay quien desayuna hoy con cava. El café de máquina, el café de mierda, queda reservado para los jóvenes subcontratados que ocuparán parte de los puestos que dejarán vacíos los prejubilados.

Lo peor es que se considerarán afortunados por su sueldo de 1.000 euros y su contrato de obra. Porque no les queda otra. Sólo el derecho al pataleo en las urnas, donde sus votos valen lo mismo que los de Zapatero, Rajoy o  Alierta.

 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/nodoycredito/2011/04/15/prejubilados-de-oro-subcontratados-de.html

El falseado debate de la seguridad ciudadana y las cámaras de control en Burgos.


El falseado debate de la seguridad ciudadana y las cámaras de control en Burgos.

Por BURGOSDIGITAL

La cuestión de la seguridad ciudadana no siempre ha sido un coto privado de la derecha más rancia.
La izquierda y la social-democracia también tenían un discurso propio a este respecto.
Era una cuestión que se encuadraba dentro del esquema del Estado del bienestar que se implementó después de la segunda guerra mundial en el norte de Europa.
La teoría propugnaba que una sociedad con igualdad de oportunidades y de desarrollo personal era también una sociedad más segura.
Fue entonces cuando se crearon los sistemas de seguridad social.  Este discurso rezumaba optimismo hacia el individuo, que en el caso de errar, era susceptible de ser rehabilitado, y que rechazaba el antagonismo libertad-seguridad que hoy es asumido como verdad incuestionable.
La justicia social era, y a nuestro juicio lo sigue siendo,  la mejor prevención contra la inseguridad ciudadana.
Desde hace tres décadas, la deserción de la socialdemocracia de sus propios postulados ha ofrecido en bandeja de plata el debate sobre seguridad ciudadana a la derecha conservadora y neoliberal que plantea un sistema muy diferente.  Responde a una concepción maniquea y pesimista del ser humano.
La derecha no cree en la rehabilitación de los que delinquen, así que propugna la extirpación social del individuo (pena de muerte, cadena perpetua),y apuesta por la reducción de libertades como  medida para incrementar la seguridad, generando  de este modo una sospecha y desconfianza generalizada entre las personas y los grupos de la misma clase social.
Si la sociedad es traumatizada por algún hecho violento, normalmente con la inestimable ayuda de los medios de comunicación, en lugar de reevaluar los medios de prevención social se procede a una vuelta de tuerca en los sistemas de control y represión.
El resultado de estas medidas suele ser tan infructuoso a la hora de reducir la inseguridad ciudadana como rentable en las urnas.
El ejemplo más notable de este tipo de política en Europa es Sarkozy, quien siendo ministro del interior promovió la llamada revuelta de los suburbios que luego le valió la presidencia francesa
.
Como consecuencia de los lamentables actos violentos que han acaecido en los últimos años, Burgos no ha podido sustraerse a este falso debate sobre seguridad ciudadana.
Los tres casos, por tod@s conocidos, han sido resueltos exitosamente por la policía, y los responsables han sido puestos bajo control judicial en horas o días.
Sin embargo, los medios de comunicación lanzaron una campaña para la instalación de cámaras de vigilancia en las zonas de ocio, cámaras que, repetimos, no han sido necesarias para el esclarecimiento inmediato y completo de los hechos mencionados.
En el suceso acaecido en las últimas navidades, y que desencadenó dicha campaña, los hechos sucedieron frente a decenas de testigos, de lo que se deduce que la presencia de cámaras tampoco hubiera evitado el trágico desenlace.
Por otro lado, la experiencia de ciudades donde se han instalado masivamente cámaras de control, como Londres, también subrayan la ineficacia de éstas para prevenir y esclarecer los crímenes además de su elevado coste.
Entonces,
¿Por qué apostar por unas cámaras de control ineficaces y además caras?
¿Son nuestros políticos estúpidos?
Probablemente, pero en este caso, nos inclinamos a pensar que los objetivos de la instalación de cámaras son otros a los que se exponen.
En primer lugar, reporta unos beneficios electorales, ya que se da una falsa sensación de seguridad, pero sobre todo tiene como objetivo el control del espacio público mediante la limitación de libertades y derechos.
No es la única medida en este sentido.  La ordenanza de movilidad promovida por nuestro ayuntamiento apuntaba a un recorte de libertades en el uso del espacio público.
También se puede adscribir a este tipo de medidas cercenan la libertad de uso de la calle, el humanitario intento de Gallardón de confinar a las personas sin casa en  albergues de concentración.
Todas estas medidas persiguen el objetivo de limitar la libertad de los/as pobres y de la disidencia política en el espacio público, no de acabar con la inseguridad ciudadana.
El ayuntamiento de Burgos se gastará dinero en cámaras de control mientras reduce el presupuesto de los centros de acción social y las subvenciones a las ONGs que trabajan con los más necesitados.
Si al ayuntamiento del PP y el gobierno del PSOE quieren reducir y atacar la inseguridad ciudadana, les proponemos que dejen de lado sus actuales políticas de recortes sociales que excluyen todos los días a miles de personas de un trabajo, de una vivienda digna y de un futuro con algo de esperanza.
No estaría de más que nos protegieran de los empresarios y políticos corruptos, que sí parecen vivir en una impunidad alarmante.
Las cámaras pueden ser útiles, especialmente para saber qué dicen,  de qué tratan, con quiénes y cómo nos traicionan los que se dicen nuestros representantes.
Desde Burgosdijital proponemos que haya cámaras en esas reuniones con empresarios a las que tan aficionado se está haciendo Zapatero, y que curiosamente se hacen a puerta cerrada, o en las reuniones de los concejales de urbanismo con cons-destructores.
Porque en una democracia real es el pueblo el que debe controlar a los representantes y a los banqueros a los que sirven, que además son, hoy en día, los mayores promotores de violencia e inseguridad.
Han destruído tres millones de puestos de trabajo y aún no hay ninguno entre rejas.
Para más información sobre este tema recomendamos leer el gran artículo de Modesto Agustí en Diario de Vurgos:http://diariodevurgos.com/dvwps/burgos-1984.php

El capitalismo toca fondo-Potencias en rojo : De la “crisis financiera” a la “crisis de los Estados”


El capitalismo toca fondo-Potencias en rojo : De la “crisis financiera” a la “crisis de los Estados”
Sábado, 09 de Abril de 2011 17:10

Un nuevo actor emerge en la economía mundial:

La “crisis fiscal” (producto de los déficit siderales que aquejan a los Estados de las economías centrales) que sucede a la “crisis financiera” en la debacle de la economía capitalista globalizada.

Manuel Freytas

IAR noticias

Y hay una paradoja:  La “crisis estatal” no nace como producto del endeudamiento privado sin respaldo (la economía de papel de los grandes conglomerados bancarios imperiales) sino comoemergente de los programas estatales de salvataje financiero que han endeudado (sin respaldo fiscal) a los Estados centrales, con EEUU y la Unión Europea en primer término.

Los billonarios fondos públicos utilizados para salvar a los megaconsorcios bancarios e industriales terminaron generando una deuda impagable y un rojo crónico en las cuentas fiscales de las naciones capitalistas centrales (principalmente EEUU, la UE, Japón y China).

Este proceso de sobreendeudamiento (agregado a la caída de la recaudación por la desaceleración económica) no solo amenaza la estabilidad económica y la “gobernabilidad” del sistema, sino que también (y como ya sucedió con los bancos y empresas privadas) puede hacer colapsar  en cadena a los propios Estados capitalistas, tanto centrales, como subdesarrollados o emergentes.

En general, la sombra de una insolvencia de pago generalizada (producida por los déficit y la baja de recaudación fiscal) hace temer a los analistas del sistema  un rebrote de la crisis financiera, no ya a nivel de los bancos y entidades privadas, sino a nivel de los propios Estados capitalistas centrales.

De esta manera, la crisis fiscal (producto del déficit comercial y recaudatorio del Estado) se sumó al panorama de agravamiento del desempleo (principalmente en EEUU y Europa), la no reactivación del consumo (producida por la desaparición del crédito para la producción), y los interrogantes que persisten en caso de que los bancos centrales decidan levantar los estímulos (planes de rescate) a bancos y empresas.

De acuerdo con The Financial Times, el gigantesco déficit fiscal en Europa y EEUU, en algún momento, podría hacer subir las tasas de interés generando un proceso recesivo que, a su vez, se retroalimentaría con más déficit fiscal dentro de un círculo vicioso.

De acuerdo con datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la deuda pública de los 30 países más desarrollados económicamente alcanzó en 2010 el 100% de su PBI (producto bruto interno). O sea que esos países desarrollados (con EEUU y la UE a la cabeza) deberían destinar una producción anual completa sólo para cubrir su déficit. Algo pesadillesco.

Según estimaciones de analistas privados, EEUU, la UE, China y Japón (las cuatro primeras economías mundiales) utilizaron más de US$ 20 billones de fondos públicos, más de un tercio del PIB mundial, para salvar de la quiebra al sistema financiero y a los bancos privados, lo que derivó en los gigantescos déficit que aquejan a los Estados capitalistas centrales.

Luego de sufrir un derrumbe histórico en 2008 y 2009, las proyecciones oficiales de gobiernos, instituciones y analistas, señalaron para 2010 pasado, pronósticos de crecimiento raquíticos. En promedio, en sus últimos informes el FMI estima que el crecimiento en las potencias centrales (EEUU, UE, China, Japón)  se ha situado en torno del  1,5%. al 3,%.

Estas estimaciones de “crecimiento débil” (en general compartidas por gobiernos y especialistas) son las que alimentan el escepticismo sobre la recuperación inmediata de la economía mundial y sitúan al déficit y al endeudamiento público como las estrellas protagónicas del proceso en que ya está inmerso el sistema.

El rojo europeo

En general, los desfasajes y la complicación de la “recuperación” de la economía de la UE (la segunda potencia económica mundial en bloque tras EEUU), transitan por los mismos parámetros que en EEUU: Desempleo, falta de crédito, depresión del consumo y alto déficit (endeudamiento del Estado) producido por los “rescates”.

El desempleo de la Eurozona, integrada por 16 países, afectaba el 9,9% de la población activa, según datos oficiales.

Después de descender una décima en febrero se situó en 9,9%, mientras que en el conjunto de la Unión Europea alcanza el 9,5%, informó El País de Madrid. Sin embargo, en España la tendencia es la contraria: subió una décima y quedó en 20,5%.

Por su parte, el presidente de Portugal, Aníbal Cavasco Silva, estudia la posibilidad de solicitar una ayuda de corto plazo de “emergencia” al Fondo Monetario Internacional (FMI) sin intervención de la Unión Europea para poder hacer frente a los pagos de deuda soberana más urgentes.

Vale recordar que, en este escenario, los gobiernos centrales de la UE salieron hace ya dos años, al rescate de sus bancos con masivas inyecciones de fondos públicos (provenientes de los impuestos pagados por toda la población europea)  quedispararon los déficits públicos y las deudas.

Ahora, presionados por los rumores de falta de respaldo, los especuladores financieros en alta escala temen que algunos Estados de la UE no puedan hacer frente a sus compromisos de pago.

La incertidumbre que los analistas y las propias autoridades oficiales siembran sobre la “recuperación económica”, los bajos niveles de crecimiento que exhiben algunas economías, la no reactivación del empleo y del consumo (los pilares básicos de la economía real), impulsan la caída del euro y tornan cada vez más difícil la colocación de deuda en los mercados financieros.

Cuando está a punto de cumplirse un año desde que Grecia pidió un rescate que sonaba a ciencia ficción (110.000 millones de euros), los efectos en la economía helena apenas muestran signos de recuperación.

Y si hace apenas dos años la mayoría de la zona del euro vendía su deuda acuñada con el certificado AAA’ de máxima calidad (es la calificación más alta que otorgan las agencias de rating), esta semana tres países miembros han comenzado a flirtear con el oprobio de denominarse “bono basura”.

Esta misma semana, las temidas y enjuiciadas agencias de rating rebajaban a un paso de la basura la deuda griega, atendiendo a la posibilidad de que las nuevas reglas del Mecanismo de Estabilidad Financiera el fondo de rescate de los países del euro, que regirán desde 2013, obligarán al país a imponer una quita en el pago de su deuda.

En opinión de Theodora Zemek, responsable global de renta fija de Axa Investment Managers, “el problema del riesgo soberano no ha hecho más que empezar. Los países con un elevado endeudamiento tendrán que pagar una rentabilidad cada vez más alta para emitir nuevos bonos”.

“Pero sin medidas para estimular la economía, tales como fondos de desarrollo y otros medios para incrementar la liquidez, la reducción del déficit podría desacelerar el crecimiento”, señaló refiriéndose al déficit europeo Joseph Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel de economía en 2001.

“Un crecimiento más lento a su vez podría generar menos ingresos impositivos y terminaría incrementando el déficit”, añadió el Nobel de Economía durante una conferencia de prensa en Atenas.

El rojo estadounidense

Mientras tanto, la mayor economía del mundo tiene 13 millones 483 mil desempleados, de los cuales más de seis millones tienen un semestre o más sin trabajar.

El crecimiento del PIB y de las ganancias corporativas es aparentemente vigoroso, pero se produce sin reponer la mayoría de los puestos de trabajo que se perdieron en 2009. La tasa de desempleo no baja de 9.6%, una cifra atroz para un país que normalmente está en torno a cinco por ciento.

Por su parte, el Estado norteamericano baja “costo social” por medio de la reducción del gasto público (salud, vivienda, educación, etc) para compensar la merma de la recaudación durante la crisis.

De esta manera, el sistema capitalista USA (Estado y empresas privadas) descarga el costo del colapso recesivo económico (la crisis) sobre el sector asalariado (fuerza laboral masiva) y la masa más desprotegida y mayoritaria de la sociedad(población pobre con limitados recursos de supervivencia).

A su vez el capitalismo industrial o comercial estadounidense, con el argumento de la “catástrofe económica”  reduce “costo laboral” despidiendo empleados, reduciendo salarios y suprimiendo beneficios sociales, mientras “sobreexplota” la fuerza que queda ocupada. Achican otros gastos (e inversiones) de la producción para ganar lo mismo produciendo y vendiendo menos, lo que agudiza la recesión y genera más baja del consumo y despidos laborales.

El gran dilema

Según expertos y  organismos del sistema (como Krugman, Stiglitz, FMI, BCE, G-7, etc): Si los bancos centrales y la Reserva Federal levantan los subsidios estatales, no solamente se puede desplomar el crecimiento récord de los mercados bursátiles (bolsas), sino que también se puede revertir el “crecimiento débil” que los gobiernos esgrimen para fundamentar que la economía global está “saliendo de la recesión”.

Si los bancos terminan con los “rescates estatales” (la piedra basal de la nueva “burbuja”) se corre el riesgo (casi seguro) de una recaída de la crisis financiera con un impacto negativo en el proceso de recuperación de la economía real.

Si, por el contrario, continúan con el drenaje de fondos públicos para salvar al capitalismo privado, se corre el riesgo (casi seguro) del estallido de una crisis global de endeudamiento de los Estados (tanto centrales como emergentes y subdesarrollados) que puede convertir a los bonos públicos en sucedáneos de las hipotecas subprime y de los bonos “tóxicos” (que encendieron la mecha de la crisis financiera).

Ambas alternativas (sostener o levantar los “estímulos” estatales): Potencian la posibilidad de un rebrote de la crisis financiera (por endeudamiento estatal sin respaldo), una recaída de la crisis recesiva, (por impacto desacelerador en el consumo y en la producción) y una profundización de la crisis social (por impacto de una mayor desocupación y baja del consumo).

Así como la crisis financiera-recesiva (con epicentro USA-UE) hundió a las empresas y bancos capitalistas privados, un  potencial colapso con el endeudamiento público (insolvencia de pago) puede hundir a los Estados capitalistas en una quiebra generalizada a nivel planetario.

En resumen, los expertos (del sistema) que escribieron sobre las causas estructurales de la crisis financiera se han dado cuenta que les falta un capítulo: El impacto de la “crisis financiera” en las finanzas del Estado.

O sea, el costo (económico y social) que demandará a los Estados capitalistas (empezando por EEUU y las economías centrales) el salvataje (con dinero público de todos los contribuyentes) de los grandes conglomerados bancarios y empresariales que hicieron estallar la “burbuja” del colapso financiero a escala global.

manuelfreytas@iarnoticias.com

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