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Archivo para el día “abril 30, 2011”

La fábula de España: donde todo sobra y todo falta


La fábula de España: donde todo sobra y todo falta

Tremenda dicotomía la que vive un país que se creyó rico y ahora roza los cinco millones de parados.

29 Abril 2011

Por Valentín Bustos

Érase un país donde todo funcionaba a la perfección. Tanto, que su economía no paraba de crecer. Tal era su velocidad, que incluso veía por el espejo retrovisor a las economías más ágiles. Quien más y quien menos tenía su vivienda en propiedad. Y había hasta quien se compraba una segunda residencia en la playa.

Cada minuto se levanta un nuevo edificio. Y no sólo viviendas, también hospitales, escuelas, centros culturales, pabellones deportivos, por no hablar de puentes, carreteras o vías de ferrocarril de alta velocidad.

El estado de felicidad era tal que hasta sus mandamases se fueron a llamar al club de las economías más poderosas para formar parte del mismo. Toc, toc. Pero un hechizo lanzado por la bruja crisis convirtió tan particular oasis en un secarral.

Nadie se libró de sus dañinos conjuros. Las entidades financieras cerraron el grifo del crédito y su salud se vio tan perjudicada que algunas tuvieron que apoyarse en otras para intentar seguir adelante.

Los ayuntamientos cayeron en un hoyo económico tan profundo que desde diferentes instituciones se habló de recortar su número. Los nuevos ricos, aquellos que presumían de dinero, se dieron cuenta de que vivían gracias a unos préstamos que ya no llegaban

Y el drama del paro atizó a nacionales y foráneos. Tanto, que de ser un país receptor de emigrantes, vio como sus titulados universitarios hacían la maleta como décadas atrás lo hicieron sus padres o abuelos.

Y pasaron los meses, los años… y no aparecía una poción mágica capaz de contrarrestar los tremendos hechizos de la bruja crisis. Se cambió al mago del ministerio encargado de las pócimas.

También el sumo sacerdote reunió a los hechiceros de las principales empresas del país. Todo para que la situación volviera a ser como antes, para que el dinero volviera a circular, para que el déficit dejará de ser una pesada losa, para que aumentara la productividad y la competitividad, para que hubiera empleo…

Al llegar la noche, un día sí y otro también, el sumo sacerdote se sentaba frente a su bola de cristal y le preguntaba: “¿Ya ha acabado la crisis?”. Y ésta le contestaba: “Ten paciencia.El exorcismo ha sido muy grande y tardará en diluirse. Mientras tanto, aprende de los errores pasados y no los vuelvas a cometer. Levanta unas murallas lo suficientemente gruesas para que la crisis no vuelva a traspasar los muros de tu economía. Apuesta por defensas como la I+D+i y por una educación de calidad. Así, si la bruja crisis vuelve a atacar, sus efectos no serán tan perniciosos”.

¿Cuál es la moraleja? Se aceptan proposiciones.

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Revolución


Revolución

«Salvando todas las distancias imaginables, Islandia representa hoy la Bastilla europea»
30.04.11 – 02:03 –

FERNANDO COLINA |
  • La medicina antigua interpretaba las crisis como el momento en que las enfermedades revelaban su verdad.
  • Lo mismo sucede con las revoluciones modernas, que repentina e inesperadamente iluminan la época y dejan ver lo que, bajo la superficie de los hechos, impone la historia con su metrónomo mortal.
Las revoluciones siempre se han asociado con el progreso, aunque sólo sea por la ilusión que causan los cambios decisivos y frenéticos cuando parecen determinados por la voluntad.
Sin embargo, el progreso es muy difícil de predecir. Nunca sabemos si el camino elegido nos lleva hacia delante o hacia atrás.
Kant consideraba imposible resolver el enigma de la dirección revolucionaria desde la simple experiencia, salvo en lo que atañía a un signo concreto, a la disposición moral que deducía del entusiasmo con que participaban, no tanto los protagonistas directos de la revolución, sino los espectadores del acontecimiento.
El ángulo con que Kant observa la revolución francesa puede parecernos hoy demasiado cómodo y pasivo, o sospechosamente acomodaticio y burgués, pero él entendía que ese sentido entusiasmo nacía siempre del ‘ideal’, de lo moral puro, del derecho que no está contaminado por el egoísmo y el interés.
Pues bien, si nos dejamos guiar por este punto de vista, aunque sea brevemente, es fácil que podamos sentir sorpresa y congratulación ante las recientes revueltas que han estallado en los países árabes, pero, en el fondo, nos parece que se trata de algo que ya hemos vivido, pues los nuevos rebeldes no hacen más que imitar el modelo occidental, aunque lo hagan a su modo y hasta donde puedan llegar.
Sin embargo, entusiasmo, lo que se dice entusiasmo kantiano, lo sentimos ante la revolución que se cuece en un pequeño país volcánico, de poco más de trescientos mil habitantes, donde los ciudadanos se han negado a pagar la deuda a los financieros que les habían robado.
Porque no solamente les prestaron lo que tenían de capital, que es la usura oficial que todos aceptamos para salvar el sistema, sino que les habían fiado también lo que no tenían, la nada, y ahora querían que se la devolviesen bien surtida y rellenada.
Salvando todas las distancias imaginables, Islandia representa hoy la Bastilla europea. La idea de que el pueblo diga basta y descalabre el Banco Mundial, reduzca a cenizas el Fondo Monetario Internacional, se plante a la puerta de los bancos y no ceje hasta que los Mercados confiesen sus trampas, entreguen a sus dirigentes y se sometan obligatoriamente al control de los ciudadanos, es algo ardiente y apoteósico, un sueño que nos permitiría volver a creer en nuestra condición de hombres libres, dignos y dueños de su destino.
Puede que luego nos planteáramos, como Kant, que quizá la revolución provocaría tanta miseria y crueldad que ningún hombre honrado se decidiría jamás a repetir el experimento aunque le garantizaran el éxito.
¡Pero que nos quiten lo ‘bailao’!

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