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Human Rights? Libya? IT’S THE ECONOMY, STUPID! Parte I y II. El Marco General

Human Rights? Libya? It’s the economy, stupid!

Enviado por Anónima el Lun, 11/04/2011 – 20:26.

HUMAN RIGHTS?  LIBYA?  IT’S THE ECONOMY, STUPID!

Parte I. Antecedentes

Considerar que la política  es independiente de la economía y viceversa es parte del sueño del neoliberalismo imperante que da por muertas las ideologías, decreta el “Fin de la Historia” y simula creer en la autorregulación del sistema.

Habría que aplicarle el tenoriesco verso de“los muertos que vos matáis gozan de buena salud” y acercarnos a la explosión de las contradicciones a que estamos asistiendo con un análisis ideológico que sea capaz de superar el denso manto propagandístico con que los medios desinformativos tapan los acontecimientos.

La guerra imperialista, tanto como la destrucción de las fuerzas productivas, es parte de la receta que aplica la economía capitalista ante las crisis, aunque para la guerra imperialista o para su permanente propaganda de falsificación informativa no sea la crisis una condición previa.

Con la actual  agresión OTAN sobre Libia y según sus autores se trata de “proteger a la población civil”, “evitar las masacres del ejército mercenario de Gadafi sobre el pueblo libio desarmado” y toda otra serie de “causas morales”  aderezadas, eso sí, con el uranio empobrecido ( U 238 ) de sus bombas y misiles con una vida media de “solo” 4.500 millones de años emitiendo radioactividad.

Lo malo es que la letra de esta canción imperialista –independientemente del carácter político del gobierno del coronel Gadafi- es sobradamente conocida por lo repetida.  Valgan como ejemplos la “democratización” de Afganistán, las “armas de destrucción masiva” de Irak  o la guerra de destrucción de la antigua Yugoeslavia del 92, paradigmática esta última en todos los sentidos para mostrarnos cuál es el carácter real de estas humanitarias intervenciones.

La realidad es que una Yugoeslavia fuerte, heredera de un sistema autogestionario  y de derechos de las fuerzas del trabajo como el implantado por Tito que era considerado como “muy izquierdista” y “molesto” por su influencia, más aún desde  la Conferencia de Bandung del 55 y la formación del Movimiento de Países No Alineados, muchos de ellos excolonias europeas recién llegadas a una independencia más formal que real, era un problema para el control imperial de Centroeuropa.

Desde 1979, con Tito moribundo,  la CIA apoyaba fuertemente los movimientos croatas, musulmanes y albaneses que buscaban la disgregación yugoeslava, fomentando un malestar nacionalista que se incrementaría con la desaparición en 1989 de la autogestión y de gran parte de los derechos de las clases trabajadoras por imperativo del FMI. Ya en el 92, Alemania arma a croatas y musulmanes  para una guerra civil, que los EE.UU y los europeos alimentarían durante más de 3 años, en busca del control de los estratégicos Balcanes y de las rutas del petróleo a la UE.

Dije que esta guerra era paradigmática en todos los sentidos y así es. Puede mostrarnos perfeccionada la más sofisticada de las armas desde su uso por Goebbels: los medios de desinformación para la creación de estados de opinión y cortinas de humo, que ya los gringos habían experimentado con éxito en la guerra yanqui-española por el dominio del resto las colonias hispanas en América, Asia y Oceanía.

Era fundamental para los intereses del tándem gringo-europeo demostrar las atrocidades criminales de los serbios para lo que, independientemente de lo que fuese la realidad o los crímenes realmente cometidos, se hizo un elaborado montaje contando con “ayudas” de organizaciones a las que se suponía humanitarias y libres de sospecha como fue el caso de “Médicos del Mundo” como demostró ampliamente el periodista belga Michel Collon.

Médicos del Mundo publicó ese verano del 92 un fotoreportaje –y  llenó de propaganda los muros de Paris- en que mostraba supuestos “campos de exterminio” serbios rodeados de alambres de espino y con torres de vigilancia al más puro estilo nazi.

En realidad se trucó un reportaje de la británica ITN colocándole unas falsas alambradas y superponiendo la imagen de una torre de vigilancia del campo nazi de Auschwitz, como reconocieron posteriormente el que fuera  máximo dirigente nacionalista musulmán en Sarajevo,  Alija Izetbegovic, y el presidente de Médicos del Mundo Bernard Kouchner.

Más claro aún: Jacques Merino, periodista de“France 2” donde fue redactor jefe, en su libro Toutes les vérités ne sont pas bonnes à dire sobre la propaganda en la guerra yugoeslava (Ed. Albin Mitchel. Paris 1993) reproduce una entrevista con el presidente de la agencia gringa “Ruder&Finn Public Relations” contratada por el gobierno croata de Tudjman desde agosto del 91 a junio del 92 que, orgullosamente, reconocía que había montado la campaña de los “campos de exterminio”, embaucando y embarcando en ella a tres de las mayores organizaciones judías de USA (la B’nai B’rith –extendida hoy por toda Latinoamérica- elAmerican Jewish Committee y el American Jewish Congress) para asimilar serbios con nazis: “Conseguimos que para la opinión pública coincidieran. Era un asunto muy complejo porque nadie entendía lo que sucedía en Yugoeslavia  pero de un solo golpe pudimos presentar un asunto simple, con sus buenos y sus malos” y, cuando el periodista le increpa que lo hicieron mintiendo, con todo cinismo contesta: “Si, pero somos profesionales y no se nos paga para hacer moral”.

Podemos entender como la opinión pública elevaba de las 2.000 víctimas de violación que contabilizaba la Cruz Roja  –víctimas de todas las etnias, aunque más abundantes eran las musulmanas y todas igual de brutales- a las 50.000 que publicaban falsamente las agencias de prensa occidental. Cabe preguntarse como entre los 5 serbios condenados por el Tribunal Penal Internacional y los 3 que lo fueron por la Corte de Bosnia y Herzegovina como autores de violaciones comprobadas pudieran realizar tantas monstruosidades.

La guerra en los Balcanes no acabó con la partición de Yugoeslavia ni con los centenares de miles de muertos ni los millones de desplazados.

Seguía Serbia viva y quedaba además el problema de Kosovo que, aunque región origen de la Serbia medieval, la población en 1990 era mayoritariamente albanesa y deseaba su constitución como estado independiente.

Ya en plena guerra de Bosnia, se  había celebrado un Referéndum por la Independencia entre la población albanokosovar, al estilo de los actuales que se celebran en Catalunya que, aunque sin efectos legales, retratan la voluntad popular.

El apoyo albanokosovar a la independencia fue masivo y se eligió de presidente de la futura república a I. Rugova. La respuesta del gobierno serbio de S. Miklosevic  fue suprimir la autonomía kosovar, ante lo que  el Ejército de Liberación de Kosovo ELK comienza sus actividades guerrilleras  a las que Milosevic contesta con represiones desplazando a los albanokosovares de los puestos de la administración y obligando a muchos albanos al exilio.

En el 97, a raíz de las revueltas en Albania, más de un millón de armas albanesas terminaron en Kosovo y para el 98 el ELK estaba asentado en casi un tercio del territorio con lo que los enfrentamientos entre el Ejército serbio y el ELK tomó características de una verdadera guerra civil que a finales del año estaba empantanada por lo que la ONU plantea un alto el fuego para resolver la crisis mientras la OTAN, de inmediato, amenaza a Serbia con bombardeos como los que ya sufrió en la guerra de Bosnia.

Más o menos forzadamente se acepta el alto del fuego con solo pequeñas escaramuzas entre las partes en conflicto.

En una de estas escaramuzas, el 15 de enero de 1999, la policía serbia toma la aldea de Racak, bastión del ELK, con un saldo de 15 muertos entre los guerrilleros del ELK según la crónica en “Le Figaro” (20-1-99) del periodista francés Renaud Girard presente en el combate que indica también la presencia como observadores a miembros de la“Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa” (OSCE) y que, como comprobó la Comisión de Juristas dirigida por la finlandesa Madame Ranta estudiando la grabación del hecho que había realizado Associated Press TV, se trataba de un enfrentamiento bélico entre combatientes.

Por la tarde la policía serbia con el arsenal requisado abandona el pueblo que es retomado por el ELK. A la mañana siguiente acude a la zona el responsable de la OSCE, el gringo William Walker, todo un personaje representativo del estilo del imperio: Ex-Subsecretario de Estado para Asuntos de Centroamérica en la etapa del Iran-Contra; ex-Embajador en San Salvador entre 1988 y 1992 cuando los asesinatos por el ejército salvadoreño de los 6 jesuitas y de su cocinera y su hija, donde jugó un importante papel “asesor” de los Escuadrones de la Muerte y protegió a los responsables militares. Clinton intentó nombrarlo en 1993 como embajador en  Panamá pero se opusieron rotundamente las autoridades eclesiásticas por  considerarlo responsable de aquellos asesinatos.

Con Walter en escena “aparecen” unos 40 cadáveres alineados en una zanja, y a pesar de las dudas que exponen los periodistas franceses y alemanes, el gringo Walker, indignado, declara textualmente que “Es la más horrenda masacre que haya podido contemplar” y eso, desde luego, es mucho decir para un embajador USA en El Salvador que, en esos años de su embajada, contempló y justificó la muerte de 75.000 civiles y 9.000 desaparecidos según estableció en la ONU la “Comisión de la Verdad” en 1992, con episodios múltiples de asesinatos masivos como los 1.500 campesinos en El Sumpul y El Mozote o los 500 de Usulutan por nombrar solo algunos de los más conocidos. Casi simultáneamente y en medio del debate sobre el “impeachment” de Clinton por los affaires de Monica Lewinsky y Paula Jones el portavoz del Departamento de Estado, James Rubin, se preguntaba en la CNN como era posible aguantar la “cobardía de la NATO” y exigiendo el inmediato bombardeo de Serbia para proteger a los kosovares de una masacre.

No hubo que esperar mucho ni los militares de la OTAN –que presidía el español Javier Solana- solicitaron la aprobación de la ONU. Por su cuenta y riesgo, al alba del 24 de marzo y no sé si “con tiempo duro de levante” al estilo Trillo, comenzó la operación “Allied Force” que extendería hasta el 10 de junio sus “bombardeos  humanitarios” como los definió para la posteridad el entonces presidente checo Vaclav Havel en una entrevista con “Le Monde” (29/4/99).

Los aviones españoles F-18 estacionados en la base italiana de Aviano fueron los primeros en bombardear Belgrado. Por la OTAN participaron en la “humanitaria represión” unos 1.000 aviones en unas 38.000 operaciones de bombardeo, entre  ellos los 8 F-18 y los 4 KC-130H  españoles que totalizaron unas 300 salidas.

Contaron con el apoyo de portaviones, submarinos y barcos de guerra, para lanzar cientos de miles de bombas y misiles sobre Serbia y Kosovo sobre un total de 333 objetivos que incluían puertos y aeropuertos, sedes de los partidos de izquierda, fábricas, centrales eléctricas, telecomunicaciones, la RTV serbia, puentes, vías de comunicación, convoyes ferroviarios…y hasta la Embajada China.

Entre los proyectiles, tal vez para recalcar el carácter humanitario de la guerra imperial y según las cifras oficiales OTAN, se emplearon 1.392 bombas de racimo conteniendo para su dispersión indiscriminada 289.536 bombas individuales.

Para el general yanqui Joseph W. Ralston, vicejefe del Estado Mayor Conjunto OTAN, “a pesar de la cantidad e intensidad de las bombas empleadas, las víctimas civiles serbias han sido increíblemente pocas, estimadas en menos de 1.500  muertos”(“AerospacePower and the Use of Force” AFA Forum 24/9/99). El imperialismo inauguró así un nuevo y temible concepto: la Guerra Humanitaria, certificando además de hecho la muerte civil de la ONU, supeditada al interés de los E.UU de Norteamérica y usando a la OTAN como su punta de lanza.

¿Sentimiento humanitario? ¿Defensa de los albanokosovares masacrados? La explicación más correcta nos la ofrece John Norris, actual Director Ejecutivo de “Sustainable Security and Peacebuilding Initiative” del “Center for American Progress”, que fue jefe del personal del “International Crisis Group” durante la crisis de Kosovo en su libro “Collision Course: NATO, Russia and Kosovo”, prologado por el responsable de la diplomacia yanqui durante la guerra como Secretario Adjunto de Estado de Clinton, Strobe Talbott. Nos aclara Norris que “fue la resistencia de Yugoeslavia a sumarse a las tendencias más generales de la reforma política y económica –y no la difícil situación de los albaneses kosovares- lo que mejor explica la guerra de la OTAN”.

Creo que podemos tener herramientas suficientes para entender esta nueva etapa imperial y poder asomarnos conscientemente a la realidad de los actuales “bombardeos humanitarios” sobre Libia, cuyos motivos serán el objetivo de un siguiente artículo.

Francisco Javier González

Canarias a 11 de abril de 2011

Human Rights? Libya? IT’S THE ECONOMY, STUPID! Parte II. El Marco General
Esta parte II trata de analizar cual es el marco general en que nació y creció el “socialismo árabe” y en el que hay que encuadrar el actual ataque del imperio contra Libia
Francisco Javier González | Hoy a las 18:51 | 55 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/human-rights-libya-its-the-economy-stupid-parte-ii-marco-general

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Libia ya conoce el humanitarismo del imperio que inició ItaliaTal parece que aquellos tiempos en que el presidente gringo Franklin D. Roosevelt decía del cleptócrata dictador nicaragüense Anastasio Somoza que “puede que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta” están llegando a su fin.
El “Tacho” Somoza, que se jactaba de decir que Nicaragua era suya, su hacienda particular -no como el hispano Fraga que solo llegó a poseer las calles franquistas- también aclaraba, poniendo su hipotética barba a remojar, que “Pienso gobernar 40 años, pero si los Estados Unidos me dicen que me vaya, lo haría inmediatamente solo con que me garanticen mi seguridad personal”.
Hoy esta cuestión de la relación del imperio con sus hijos de puta ha cambiado y, como decía Seño Nené León, un viejo pescador del Pris tacorontero, va “mejorando pa’pior”. Ahora el imperio los echa cuando necesita recambiarlos pero, a veces, les sale un protestón y entonces se impone el aplastarlo.

Un muestrario de esa relación puesto al día lo tenemos en el arco Maghreb (Marruecos, Mauritania, Sahara Occ., Argelia, Túnez y Libia)/ Màshrek (Egipto, Sudan, Siria, Líbano, Israel, Palestina, Irak y Jordania) / Al-Jalish (Arabia Saudí, Yemen, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin) que podemos ampliar al Asia Central con Irán, Afganistán y Pakistán.

Es el “arco del petróleo”, con prácticamente el 80% de las reservas mundiales y el 40% de la exportación, arco en el que, salvo los citados del Asia Central, predomina la cultura y el pensamiento árabe, incluso sobre la artificial creación de Israel o las poblaciones imazighen del Maghreb que se prolongan hasta Siwa en la frontera egipcia con el Gran Desierto Líbico en la Cirenaica.

En este “arco del petróleo” predominan globalmente –incluyendo los asiáticos- las variantes del Islam como religión, con las islas que significan los cristianos (maronitas, coptos, católicos y ortodoxos) en Líbano, Siria, Irak, Israel y Egipto y los judíos en Israel y el Maghreb más occidental.

Todos ellos son estados recientes, antiguas colonias europeas fundamentalmente de Francia y Gran Bretaña, menos de Italia y en una mínima parte de España, potencias colonizadoras que se preocuparon de establecer diferenciaciones que impidieran una estructura unificada en base a sus especificidades unitarias (lengua, religión y cultura).

En todas ellas había sin embargo un sentido de pertenencia a una unidad superior, una umma o comunidad de individuos. A ese sentido de unidad contribuyo mucho la expansión de las “cofradías” sufíes con sus diferentes tariqas, además de la salafía que propugnaba un regreso a las primitivas fuentes del Islamcontenidas en el Corán y la Sunnahsegún la interpretación de las 3 primeras generaciones tras Mahoma (la palabra árabe salafdesigna a los primeros antecesores) y la wahhabía, más restrictiva aún en su interpretación, que a lo largo del XVIII predicó Ibn’Abd al Wahhab apoyado por Ibn Sa’ud, origen de la actual dinastía gobernante en Arabia Saudí, donde alcanza por ello su mayor difusión.

Ese sentido de la umma significaba un apoyo moral para un campesinado desestructurado, con su sistema social roto y sus mejores tierras arrebatadas por el colonialismo. Esta es una de las razones claves para que el árabe, la lengua del Corán, se impusiera por su trasfondo religioso sobre las lenguas autóctonas, como la tamazigh o el copto.

Así, en la Argelia colonial, región berberófona por excelencia, en el período entreguerras, en las madrasas se impuso el lema de “El Islam es mi religión, el árabe mi lengua y Argelia mi patria”, expresión casi idéntica a la que encontramos en la Ley 24 de 1369 de la Héjira (1991 d.c.) de Libia, que prohíbe el uso de otras lenguas que no sea el árabe en los documentos y publicaciones oficiales y espacios públicos y que incluso, en su Art. 3, prohíbe el uso de nombres personales “no-árabes y no-musulmanes”.

Es esta Ley 24-1369 la que invoca el Comité Popular General Libio cuando, ante las protestas del Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de Amnistía Internacional del pasado 19 de enero por las detenciones un mes antes de los activistas imazighen libios, los hermanos Mazigh y Madghis Bozkar, y los imazighen marroquíes Al-Mahfouz Asmhari y Hassan Ramou que permanecían en prisión, explicita que “All the Lybian are of a common racial origin, all profess Islam and speak Arabic”.

La influencia sufí, salafista y wahhabista con su visión de un Islam anquilosado, con meta única en el tawhid o “unión con Dios”, fatalista y sin carácter político, y con una idea de gobierno herencia de la autoridad califal central, impedía cualquier desarrollo político.

Por eso los esfuerzos de los primeros reformadoresdel Islam moderno que se desarrollan en Egipto tienen como objetivo compaginar Islam con desarrollo en todas sus facetas, sobre todo de la interpretación de la doctrina y sus consecuencias jurídicas para poder oponerse con éxito al empuje colonial europeo.

La plasmación política de las tesis reformadoras la ejecuta Arabí Pasha que en 1881 se rebela contra el dominio absoluto que franceses y británicos ejercían sobre Egipto incrementado a partir de la construcción del Canal de Suez. La rebelión es sofocada tras el bombardeo en 1882 de Alejandría por la flota inglesa y Egipto se convierte en un protectorado británico, protectorado que durará hasta el Tratado Anglo-Egipcio de 1936, pero no termina con él la injerencia inglesa en la política egipcia.

El imperio se encuentra con que en todo el mundo musulmán van asentándose los sentimientos anticoloniales que producen, por un lado movimientos como el de los “Hermanos Musulmanes” mientras que, por otro, la influencia de las ideas de izquierda, socialistas y comunistas conduce a nuevos planteamientos políticos con los que el mundo colonialista y neocolonialista tendrá que acabar para imponer sus tesis neoliberales.

Un adelantado de esos nuevos planteamientos que bautiza con el nombre de “socialismo árabe” es Michel’ Aflaq, cofundador con Salah al-Bitar del “Partido Baas” en la Siria de los años 30,. El Baas –“Partido del Renacimiento Árabe” que añade a ese nombre el de “Socialista” en 1954- se extiende por las colonias franco-británicas del Màshrek aunque su influencia ideológica abarca a todo el mundo árabe.

En 1947, delegados de Jordania, Líbano, Irak, Palestina y Siria fijan en Bagdad la ideología baasista como “panarabista, antiimperialista y socialista”, ideas que van a tener su reflejo en la fundación en Egipto del “Movimiento de los Oficiales Libres” tras la derrota egipcia ante Israel en 1948.

La rebelión del Movimiento de los Oficiales Libres en 1952 acaba con la monarquía. El rey Faruk I abdica y llega al poder Gamal Abdel Nasser que implanta en Egipto un modelo de socialismo, diferente del europeo y adaptado a un mundo a descolonizar. Nasser, con Tito, Ho Chi Min y Nehru serán los artífices principales de la expansión de ese socialismo que, por su decidido empeño descolonizador, podríamos llamar “de liberación nacional” que se plasma en la “Conferencia de Bandung” en 1955.

El socialismo panarabista y al tiempo nacionalista nasseriano se va a exportar, en plena Guerra Fría, al conjunto del Maghreb, del Màshrek y de Al Jalish a raíz de la nacionalización del Canal de Suez por el sentimiento que produjo la derrota de los ejércitos franco-británicos desembarcados en Egipto y del israelí que ocupo la península del Sinaí.

Así, en Túnez, Habib Burguiba destituye al bey profrancés y proclama la República Tunecina de carácter socialista en 1957; en Marruecos, los planteamientos de Mehdi Ben Barka y Mohamed Basri conducen a la izquierda en 1959 a separarse del “Partido de la Independencia” (Istiqlal) y fundar la “Unión Nacional de Fuerzas Populares” que se convertirá en la actual “Unión Socialista de Fuerzas Populares”.

En Argelia, en 1952 Ahmed Ben Bella logra huir de una prisión francesa y, con la ayuda de Nasser, reconstruye en El Cairo la “Organización Especial” (O.S.) que había fundado conHocine Aït Ahmed desde 1947 para llevar a cabo la lucha armada contra la colonización francesa.

Es uno de los 9 integrantes del Comité Revolucionario de Unión y Acción (CRUA) que prepara el levantamiento armado del 1º de Noviembre de 1954 y dirige al FLN en cuya ala izquierda se integra junto a MohamedBudiaf, y Hoari Boumédiàn frente a la derecha de Ferhat Abbas

En Siria, con independencia reconocida por la o nU tras la 2ª Guerra Mundial y evacuada por las tropas francesas en 1946, tras sucesivas revueltas y golpes de estado, eligió en 1955 al nasserista Chukri el-Kuatli como Presidente de la República, derribado en 1963 por un golpe de estado protagonizado por el Baas cuyas diversas facciones se han mantenido en el poder hasta la fecha.

En Irak, mandato británico desde 1917 tras la 1ª Guerra Mundial, los ingleses imponen el sistema monárquico, con una Monarquía Hachemita, con el emir Faisal Ibn Hussein –tío del rey Abdalla de Jordania y expulsado de Siria por los franceses-nombrado en 1921 como rey con el nombre de Faisal I, plegado totalmente a los intereses británicos,hasta el punto que el tratado angloiraquí, que ponía fin al mandato británico en 1930, concedía el control y explotación del petróleo iraquí a la “Irak Petroleum Company”, control que conservó con Faisal II que renovó los acuerdos en 1954.

Irak entra en el “Pacto de Bagdad” con Irán, Turquía y Gran Bretaña –más tarde entraría también Pakistán- para alinearse con USA en el Bloque Capitalista en la Guerra Fría, donde permanecerá hasta la Revolución de 1958 que proclama la República.

En la revolución, con una carácter nacionalista y de izquierda,intervienen dos bloques, el formado por los nasseristas y comunistas con apoyo de musulmanes chiitas y kurdos y el del Baas con el apoyo de los musulmanes sunís y cristianos maronitas.

Por último, en Libia, territorio intermedio entre el Maghreb y el Màshrek y bajalato otomano desde 1830, con Turquía enfrascada en la Guerra de los Balcanes y con el resto del norte africano repartido entre Francia y Gran Bretaña, fue invadida por los italianos en 1912 para incorporarse así al imperialismo europeo.

Con la llegada, diez años más tarde, del fascismo a Italia, el gobierno de Mussolini incremento la emigración desde el empobrecido y explotado sur italiano y de Siciliaa la nueva colonia con la promesa de tierras para cultivar, para lo que hubo que desplazar a la población libia a las zonas improductivas y desérticas.

Mussolini unió las dos colonias iniciales de Cirenaica y Tripolitania que con el Fezzan formaron la “Libia Italiana” con unos 120.000 colonos al inicio de la 2ª Guerra. Contra la colonización se enfrentaron los libios, en una sangrienta guerra de guerrillas con Omar al-Mukhtar, “El León del Desierto”, como máximo exponente popular de esa lucha y con la poderosa tariqa sufí de los sanusí como soporte principal.

La tariqa sanusí estaba liderada por Idris al-Senussi, nieto del fundador de la cofradía y emir de la Cirenaica, que tras ser derrotado el Eje y los italianos desposeídos de sus colonias africanas, declara la independencia de Cirenaica en 1949 ,y que un año más tarde es proclamado como primer y último rey del Reino Federal de Libia (Cirenaica, Tripolitania y Fezzan).

La política pro-occidental de Idris y la venta a las potencias europeas hacen aumentar el malestar popular hasta que en septiembre de 1969 oficiales del ejército libio pronasseristas encabezados por Muammar al-Gaddafi destronan a Idris y proclaman la República que ya desde 1970 nacionaliza algunas empresas petroleras, impulsa la agricultura, proclama la igualdad de mujer en contra de la posición tradicional islámica y suprime las bases extranjeras del territorio libio.

En 1975 publica el conocido “Libro Verde” y en cumplimiento de sus teorías en 1977 proclama la “Yamahiriya”, modalidad de estado socialista de control popular que puede traducirse por “gobierno –estado- de las masas”, pero esto ya es parte de lo que hoy estamos viviendo y será el objeto de la tercera parte de este artículo.

Llegó el momento de recambiar las piezas gastadas, y tras la experiencia de Irak, la inteligencia gringa comenzó por la pieza más débil del puzle: Túnez, en que Zine Ben Alí, a cuyo cargo estuvo la represión contra los sindicatos en 1978 y la sangrienta represión de las manifestaciones antirégimende 1984, y que sucedió a Burguiba en un golpe palaciego, había ya abandonado sus posiciones de apoyo a la OLP y cualquier postura antiimperialista, prohibido los partidos y privatizado a favor de su familia las empresas y servicios públicos. Enfermo también de la cleptomanía de los sátrapas, cayó empujado por la revuelta popular alimentada por la pobreza generalizada y aun el imperio no ha decidido la pieza de recambio.

El nasserismo socialista egipcio vio su fin con Anuar el-Sadat que, en función de un acercamiento a USA y a Israel acabó con cualquier aspiración socialista o arabista, introdujo en Egipto la política económica liberal y fue, con Jimmy Carter y Menahem Beguin el actor principal de los “Acuerdos de Camp David”, políticas en las que incidiría, tras su asesinato, su vicepresidente Hosni Mubarak en los siguientes 30 años hasta que las manifestaciones del pasado febrero, perfectamente organizadas,lo sustituyen en el poder por una Junta Militar en una maniobra de cambiar la cabeza para que nada cambie.

Fue fácil para la CIA incitar al recambio si tenemos en cuenta que frente a la fortuna personal que había acumulado el sátrapa Mubarak de más de 70.000 millones de $ la mitad del pueblo egipcio malvivía con menos de 60$ al mes.

Ahora les queda el diablo con cuernos y rabo, último vestigio del “eje del mal” y enemigo público número uno, el proclamado por el imperio como el asesino cruel de su pueblo –por cierto el de mayor PIB y de Índice de Desarrollo Humano de todo nuestro continente.-: El-Gaddafi y su Yamahiriya, pero esto, como en “Las Mil y Una Noches” será el objetivo de la próxima entrega, aunque en el ínterin los gringos hayan asesinado a uno de sus hijos y sus nietos, como ya había hecho con otra hija adoptiva en los bombardeos de Trípoli y Benghasi de abril de 1986.

1º de mayo de 2011. Día especial para la lucha de los trabajadores en una Canarias que sigue dormida.

Francisco Javier González

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