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EEUU, más de un siglo de autoatentados, mentiras y patrañas

EEUU, más de un siglo de autoatentados, mentiras y patrañas

Un incremento masivo del gasto militar solo podría producirse tras un evento catastrófico y catalizador, un nuevo Pearl Harbor
Opinión – 28/06/2005 0:00 – Autor: Antonio Guillermo García Danglades – Fuente: Rebelión
Ataque a Pearl Harbor en 1941 (Foto historiageneral.com)
Ataque a Pearl Harbor en 1941 (Foto historiageneral.com)

La política intervencionista de Washington ha estado plagada por mas de un siglo de autoatentados, mentiras y patrañas

En 1898, cuando Estados Unidos era el primer socio comercial de Cuba – para ese entonces colonia española – y sus inversiones en la isla ascendían a 50 millones de dólares, además de comprar el 95% de su azúcar y el 87% del resto de las exportaciones, una amenaza de boicot sobre la producción azucarera, las crecientes tensiones sociales y políticas con España, y el avance de la competencia hegemónica por parte de Inglaterra, Alemania y Francia que ponía en peligro sus “pertenencias” geoestratégicas en el Caribe, obligó al presidente MacKinley a enviar el buque “Maine” a Cuba para “proteger” a sus conciudadanos.

Luego de arribar el 25 de enero, el buque “Maine” explotó el 15 de febrero en el puerto de La Habana ocasionando la muerte de 226 personas. Inmediatamente, los principales medios estadounidenses bombardearon a la opinión pública con una campaña en la que se acusaba a España de estar detrás del atentado terrorista, mientras la oligarquía imperialista maniobraba para! provocar la intervención de Washington en el conflicto cubano-español.

Consecuentemente, Estados Unidos le declaró la guerra a España y la vence tras cuatro meses de batalla, arrebatandole todas sus colonias en las Antillas, incluyendo a Puerto Rico – que nunca ha podido ser independiente – las Filipinas y la isla de Guam, así como la administración de su “nueva” colonia cubana.

Años mas tarde, se comprobó que la explosión del “Maine” había ocurrido en el interior del barco, pero Estados Unidos se negó rotundamente a realizar cualquier investigación imparcial, toda vez que fue precisamente a través del autoatentado lo que le abrió las puertas a su prolongada intervención en América Latina y el Caribe.

Medio siglo mas tarde, el 9 de enero de 1952, dos carros bombas explotaron simultáneamente en el centro de Saigón – hoy Ciudad Ho Chi Minh – causando la muerte de decenas de civiles. Las imágenes de una calle sangrienta, niños descuartizados y cuerpos mutilados fueron capturadas inmediatamente por los medios estadounidenses para acusar a Ho Chi Minh, líder de la lucha independentista de Vietnam contra la colonización francesa, de ser el responsable del “abominable ataque terrorista”.

Sin embargo, el novelista británico Graham Greene (1904-1991), quien para la fecha se desempeñaba como reportero en Saigón, aseguró que la masacre fue en realidad una operación dirigida por la CIA a través del General Thé para erosionar la popularidad de Ho Chi Minh y lograr una mayor participación económica y militar de Estados Unidos en Vietnam.

En 1954, Francia es derrotada y acepta la independencia de Vietnam, Laos y Camboya, mientras Vietnam es dividida entre norte y sur hasta la celebración de elecciones democráticas, pero como la popularidad arrolladora de Ho Chi Minh presagiaba una derrota fulminante para Estados Unidos, el departamento de Estado rechazó el proceso electoral y en su lugar acordó respaldar al anti-comunista Ngo Dinh Diem en el sur desde donde se dirigió la guerra contra el norte, hasta que en 1975 el pueblo vietnamita logró la unificación tras vencer al acoso imperialista aun a costa de 3 millones de vidas.

A 100 años del autoatentado del “Maine” y después de medio siglo de las explosiones en el centro de Saigón, surgen claras y contundentes evidencias de que la administración Bush sabía con anterioridad sobre el ataque terrorista del 11-S en el que perdieron la vida 3 mil personas.

De acuerdo a la ex traductora oficial del FBI con acceso a documentos secretos, Sibel Edmonds (The Independent, 2 de Abril de 2004), funcionarios de alto rango sabían meses antes del 11-S que Al Qaeda preparaba ataques terroristas con aviones comerciales contra ciudades estadounidenses, y admitió haber visto documentos en los que se señalaban horarios, métodos y logística para cometer ataques contra rascacielos en grandes ciudades estadounidenses.

Esta misma evidencia fue reseñada por el ex jefe de la oficina anti-terrorismo de Washington, Richard Clark, quien además aseguró en una reunión con el FBI, la Agencia Federal de Aviación y el Servicio Nacional de Inmigración que“algo realmente espectacular va a ocurrir aquí, y va a ocurrir pronto”, refiriéndose a la proximidad de un ataque terrorista de grandes dimensiones contra Estados Unidos.

Asimismo, servicios de inteligencia alemanes le habrían comunicado a la CIA la eventualidad de secuestros de aviones comerciales para utilizarlos como armas en ataques terroristas contra “símbolos de la cultura norteamericana e israelí”(Frankfurter Allgemeine Zeitung, 14 de septiembre del 2001); el presidente ruso, Vladimir Putin, advirtió al gobierno estadounidense en agosto de 2001 sobre la inminencia de un ataque contra aeropuertos y edificios del gobierno estadounidense (MS-NBC); y los servicios secretos británicos e israelíes también habrían advertido sobre la existencia de un plan para secuestrar aviones comerciales y utilizarlos como“bombas voladoras”. (The Sunday Times, 9 de Junio de 2002)

Por si fuera poco, un informe de la CIA advirtió que “comandos suicidas pertenecientes al Batallón del Martirio de Al Qaeda pudieran lanzar aviones llenos de explosivos (C-4 y Semtex) contra el Pentágono, el cuartel general de la CIA o la Casa Blanca”, al tiempo que altos funcionarios del Departamento de Justicia estadounidense se negaron rotundamente a que agentes del FBI revisaran el disco duro del computador del presunto terrorista Zacarías Moussaoui cuando fue arrestado el 16 de agosto de 2001, donde las autoridades hubieran encontrado información clave sobre el ataque del 11-S.

En el proyecto “Reconstruyendo las defensas de Estados Unidos: para el nuevo siglo”, la logia neoconservadora de la administración Bush liderada por Cheney, Wolfowitz, Rumsfeld, Jeb Bush, Libby y demás miembros del reaccionario “Project for the New American Century”, se afirma – cual Nostradamus – que la transformación de las capacidades militares estadounidenses requería un incremento masivo del gasto militar, el cual solo podría producirse tras “un evento catastrófico y catalizador, – un nuevo Pearl Harbor”.

Efectivamente, el ataque del 11-S le abrió las puertas a Estados Unidos para intervenir militarmente en el Medio Oriente.

De acuerdo al “Memorando de Downign Street” (Sunday Times, 1 de Mayo de 2005), el cual contiene las minutas de una reunión secreta realizada el 23 de julio de 2002 entre el Primer Ministro Tony Blair y sus principales asesores de seguridad, se reconoce que la administración Bush manipuló sus informes de inteligencia para vincular a Saddam Hussein con el terrorismo internacional y la producción de armas de destrucción masiva como una forma de justificar la invasión y ocupación de Irak.

En dicho memo, el propio jefe de la seguridad británica, Sir Richard Dearlove, sostuvo que el presidente Bush ya había decidido ir a la guerra contra Irak, “pero que la inteligencia y pruebas [contra Hussein] estaban siendo fabricadas alrededor de la política exterior.”

En Venezuela, la campaña contra el gobierno democrático del presidente Chávez contiene los mismos elementos desestabilizadores que han caracterizado a la política intervencionista de Washington por mas de un siglo.

Además de su vinculación directa con el golpe de Estado del 11 de abril, el sabotaje petrolero y la serie de atentados terroristas que sacudieron al país durante 2003, la logia neoconservadora y anticastrista de la administración Bush ha venido ofreciendo pleno respaldo financiero y logístico a organizaciones ultraderechistas de la oposición para que desaten una campaña golpista de cara a las elecciones presidenciales de 2006.

La estrategia está centrada en desacreditar a las instituciones democráticas bolivarianas, en particular al Consejo Nacional Electoral con señalamientos de “fraude” y al propio ejecutivo por haber “secuestrado los poderes públicos” y“financiado grupos guerrilleros”, al tiempo que se atenta contra la tranquilidad de la ciudadanía para evitar que se pronuncie electoralmente mediante la detonación de explosivos y la ejecución de planes para asesinar al Presidente de la Republica.

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