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Archivo para el día “mayo 14, 2011”

Los bancos centrales provocan subidas de precios y desempleo


Los bancos centrales provocan subidas de precios y desempleo

Jueves, 14 de Abril de 2011

Publicado en Sistema Digital el 15 de abril de 2011

La actividad económica es un conjunto de procesos y de relaciones entre sujetos, instituciones y entorno interconectados sistémicamente. Aunque haya actividades singulares, el conjunto no puede funcionar “a trozos”, como si la economía se tratase de una simple suma de compartimentos estancos. Y mucho menos, en una época de gran apertura e internacionalización de todas las economías.

Por eso es estúpido tratar de arreglar los problemas de índole general que puedan afectarle (que son los que generalmente requieren respuestas más eficaces) “trozeando” las soluciones. Por ejemplo, aplicando por un lado la política fiscal y por otra la monetaria, o la de empleo, o la industrial o la energética… sin procurar que todas contemplen la situación económica que tratan de solucionar en su conjunto y estén suficientemente coordinadas.

Por esta razón, la actual concepción del Banco Central Europeo, concebido como un simple ejecutor de medidas monetarias orientadas a combatir el único problema de la inflación (por muy importante que llegara a ser) con independencia de otros relativos al crecimiento de la actividad, del empleo o el bienestar, es un error de gran calibre y de fatales consecuencias.

Puede ocurrir, como voy a explicar enseguida que está ocurriendo ahora, que incluso tratando de frenar el alza de los precios con su política monetaria lo que termina produciendo, porque mira simplemente a ese objetivo sin tener en cuenta a la economía en su conjunto, es lo contrario, que los precios suban y se desestabilice la economía.

Hace unos días advertí que esta posibilidad iba a darse a propósito de la anunciada subida de tipos del Banco Central Europeo, lo que me llevó a calificar a los Bancos centrales como el brazo torpe de la lucha contra la inflación (Los Bancos centrales, el brazo torpe de la lucha contra la inflación).

Ahora quisiera referirme a otro efecto perverso del mismo tipo que están provocando algunos Bancos centrales al renunciar a controlar las condiciones de entorno en que se mueve la liquidez que inyectan en las economías y que viene creando serios problemas a la economía mundial.

Como es bien sabido, desde hace meses, los Bancos centrales de los países más poderosos vienen concediendo grandes cantidades de liquidez y a tipos muy bajos a los Bancos (en realidad con tipos reales negativos porque están por debajo de la inflación) al mismo tiempo que sigue proponiendo medidas restrictivas para frenar, según dicen, la posible subida de precios.

Teóricamente, llevan a cabo ese “estímulo monetario” para favorecer que los Bancos que reciben la liquidez la destinen a financiar a empresas y consumidores y así se recupere la actividad y el empleo.

Pero el problema es que los Bancos centrales llevan a cabo esta política como si fuesen un cajón estanco, es decir, sin tomar en cuenta otros factores económicos e institucionales que están influyendo en el uso que hacen los Bancos de la liquidez que reciben.

Así, resulta que los Bancos centrales se olvidan de establecer condiciones normativas que obliguen o al menos incentiven a que los Bancos se dediquen efectivamente a financiar a las economías y, al no hacerlo, resulta que los Bancos utilizan el dinero que reciben de la banca central para otros usos.

Y como además la liquidez que están proporcionando los Bancos centrales es a muy corto plazo resulta que se incentiva que los Bancos que la reciben la utilicen también a corto, lo que les lleva a la realización de operaciones puramente especulativas, porque las que implican creación de riqueza productiva lógicamente requieren un plazo más largo para proporcionar rentabilidad
Concretamente, lo que está pasando en los últimos tiempos es que la banca internacional utiliza la liquidez barata que le proporcionan los Bancos centrales de Europa, Japón, Inglaterra o Estados Unidos para practicar el llamado “carry trade”.

Esto último es simplemente una práctica normalmente realizada con operaciones a corto plazo consistente en financiarse con menos coste allí donde los tipos están bajos para invertir en donde los tipos están más altos.

¿Qué están haciendo los Bancos privados que reciben la liquidez barata de estos Bancos centrales?

Pues sencillamente, y en lugar de financiar a sus economías, destinarla a llevar a cabo operaciones financieras (compras a corto de divisas o de otros activos financieros) en los países donde los tipos son más altos porque la crisis ha hecho menos mella (los ahora llamados países emergentes, a quienes la entrada de estos capitales especulativos les provoca serios problemas) o a comprar deuda de países más afectados (como sabemos que ha pasado con los de la periferia europea), o a realizar inversiones especulativas en los mercados de materias primas, sobre todo en los de cereales, petróleo y metales preciosos.

La política monetaria que llevan a cabo los Bancos centrales prácticamente se limita a dar o quitar dinero a los Bancos pero sin limitar su capacidad de hacer lo que quieran con esos recursos.

Y así resulta que al no obligar y ni siquiera incentivar el uso productivo de la financiación que les presta, los Bancos centrales son los que están provocando que suban los precios de productos y recursos estratégicos que terminan por hacer que suba la inflación en los países que dependen de ellos sin que, al mismo tiempo, aumente allí la actividad y el empleo.

Los Bancos centrales crean inflación.

Y o solo eso sino que así dificultan también la recuperación económica, provocan ellos mismos las perturbaciones financieras ligadas a la especulación que deberían combatir, causan malestar social, escasez y hambre como consecuencia de la subida del precio de los alimentos.

Este es el resultado, en el mejor de los casos, de la equivocada concepción de la economía que mantienen los Bancos centrales y que les lleva pensar que pueden resolver algún problema actuando solo y por su cuenta y riesgo en los flujos monetarios sin preocuparse de los reales y que simplemente dando dinero a los Bancos van a lograr qué estos financien convenientemente a las economías.

Es un error porque mientras que haya plena libertad de movimientos de capital y ningún control sobre el tipo de operaciones que pueden llevar a cabo los Bancos y los grandes poseedores de liquidez, los recursos van a ir allí donde encuentren mayor rentabilidad y en menor plazo de tiempo, lo que es casi totalmente incompatible, como la experiencia viene demostrando, con garantizar a la economía productiva la financiación que necesita.

Eso en el mejor de los casos, porque en el peor, lo que ocurre no es simplemente que los banqueros centrales tengan esta concepción fragmentaria equivocada de la economía sino que sean en realidad socios y cómplices de los grandes inversores privados y que conscientemente se estén limitando a proporcionarles las mejores condiciones para que ganen dinero, con independencia de los problemas que eso pueda ocasionar al resto de la sociedad, a los empresarios que crean empleo, a los trabajadores y al conjunto de la población.

Y lo peor del caso es que cuando los Bancos centrales se encuentran con que los precios comienzan a subir, precisamente como consecuencia de que dejan que los capitales se muevan con plena libertad y de que renuncian a los incentivos y controles que permitirían que se dedicaran a financiar la creación de riqueza productiva, tal y como acabo de señalar, lo que hacen entonces es proponer medidas restrictivas de la actividad y no de la especulación, de modo que hunden aún más a las economías.

Y así es como los Bancos centrales dominados por estas ideas terminan por ser un verdadero cáncer que las corroe sin descanso.

Los poderes públicos representativos, los gobiernos y los parlamentos, deberían controlar y vigilar mucho más de cerca a los Bancos centrales.

Estos no pueden actuar sobre la economía con independencia de los objetivos que estos otros poderes establezcan en cada momento y no pueden someterla a la lógica del poder monetario privatizado que les domina.

No se puede consentir que se impongan a la sociedad, entre otras cosas, porque ni siquiera han sido capaces de demostrar su competencia.

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Comercio justo: la única salida


COMERCIO JUSTO: La única salidaercio justo: la única salida

  • Apostar por el Comercio Justo es dar la espalda a la economía depredadora
  • Su instauración en España es lenta pero progresiva

coercio Justo: la únicamenta

En su Día internacional toca reflexionar sobre este sistema comercial sostenible que va creciendo poco a poco y que supone la única opción de salir del atolladero para muchas comunidades empobrecidas del Sur.

El 14 de Mayo se celebra el Día Internacional del Comercio Justo. La web comerciojusto.org lo define como “un sistema comercial basado en el diálogo, la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad en el comercio internacional prestando especial atención a criterios sociales y medioambientales. Contribuye al desarrollo sostenible al ofrecer unas condiciones comerciales favorables y asegurar los derechos de productores y trabajadores, especialmente en comunidades empobrecidas del Sur. Por eso se considera una potente herramienta de cooperación al desarrollo”.

El Comercio Justo constituye una alternativa al comercio convencional, y su principal objetivo es la lucha contra la pobreza. En él los trabajadores reciben un salario adecuado, no existe explotación infantil y los procesos de producción sonrespetuosos con el medio ambiente y el entorno social y cultural en el que se realizan.

Su principal impulsor es Fairtrade Labelling OrganizationsInternational (FLO), establecida en 1997, una asociación de 24 organizaciones que trabajan para asegurar mejores condiciones a los productores del Sur. Las principales funciones de FLO son establecer los estándares internacionales para el sistema de comercio justo y prestar apoyo a los productores del Sur.

Para que el Comercio Justo sea considerado como tal, debe cumplir una serie de requisitos: salarios y condiciones laborales dignas, protección de los derechos fundamentales de las personas, igualdad entre hombres y mujeres, erradicar la explotación infantil y elaboración de artículos de calidad con prácticas favorables al medio ambiente.

Su expansión en España

La instauración de este nuevo modelo está resultando bastante ardua en nuestro país. Bien es cierto que poco a poco se van creando espacios de venta de determinados productos (ya podemos disfrutar de 130 puntos de venta oficiales en España), pero también que estamos a años luz de otros países, especialmente los nórdicos, donde la concienciación parece mucho mayor. Hasta tal punto que en muchas cadenas de supermercados existen grandes zonas específicas destinadas a la venta de este tipo de productos.

Este mercado alternativo llegó a España a mediados de los años 80. Dos tiendas en San Sebastián y Córdoba fueron las pioneras. En 1996, se forma la Coordinadora Estatal, formada hoy día por 34 organizaciones.

Apostar por el Comercio Justo es dar la espalda a una economía depredadora, cuyo único fin aparente es saciar las necesidades básicas de los ciudadanos del primer mundo, sin importar las penurias a las que se vean sometidas los encargados de su producción. Se trata de la única red comercial en la que los intermediarios están dispuestos areducir sus márgenes de beneficio para que el productor obtenga un mayor beneficio.

A pesar de las ventajas evidentes, siempre hay detractores. La oposición de los adalides del libre mercado es total. Consideran el Comercio Justo una falacia, puesto que las transacciones comerciales sólo pueden ocurrir si las partes implicadas las aceptan libremente, haciendo que sea intrínsecamente justo. Una visión simplista fácilmente rebatible en cuanto pensamos en sistemas de explotación abusivos con la mano de obra. Los que siempre han sido el eslabón más débil de la cadena. Y los que deberían dejar de serlo.

http://www.lasextanoticias.com/noticias/ver/comercio_justo__la_unica_salida/357453

AUDITAR LA DEUDA Y REPUDIAR LA ILEGÍTIMA


Economía

AUDITAR LA DEUDA Y REPUDIAR LA ILEGÍTIMA

AUDITAR LA DEUDA Y REPUDIAR LA ILEGÍTIMA

Cuando se habla del gran problema de deuda que se ha creado en Europa me parece que se hace de manera harto tendenciosa.

Así, es sospechoso que casi siempre que se subrayan su naturaleza indeseable y sus graves consecuencias se haga mención a la pública pero no a la privada.

Cuando la primera aumenta los bancos centrales y los políticos neoliberales claman enseguida al cielo para imponer disciplina presupuestaria y severas medidas de austeridad pero cuando la privada ha sido la que se disparaba nadie parecía que se sintiera en la necesidad de advertir sobre su peligrosidad ni de imponer cautelas para que no creciera, cuando en realidad es mucho más dañina puesto que generalmente está menos vinculada a la inversión y porque, por el contrario, suele responder a una gran pérdida de poder adquisitivo de consumidores y pequeños y medianos empresarios y no a la satisfacción de necesidades colectivas.

Por otro lado, cuando se habla en general de deuda no se suelen contemplar con rigor sus causas.

Lo normal es recurrir a frases manidas pero que a fuerza de repetirse calan en la opinión de la gente como si fuesen verdades indiscutibles: la deuda privada es consecuencia de que vivimos por encima de nuestras posibilidades y la pública el resultado de que los gobernantes son unos manirrotos cuando utilizan el dinero de los demás.

Por eso cuando ésta última ha crecido enseguida se obliga a reducir el gasto público y se difunde por todas las esquinas la idea de que es debida a un despilfarro maligno de los gobiernos que debe evitarse cuanto antes mejor.

Otra constante del planteamiento convencional del problema de la deuda es que a la hora de hacerle frente no se suele poner sobre la mesa la necesidad de aumentar los ingresos sino que casi siempre queda en primer plano la reducción del gasto para disminuirla o ir eliminándola.

Y esto último es más sorprendente si cabe porque la experiencia demuestra que cuando se aplican políticas de austeridad para hacer frente a situaciones problemáticas derivados de un incremento inadecuado de la deuda, como la actual, se termina por reducir la capacidad de generación de ingresos y, por tanto, aumentando la deuda misma y dando lugar incluso a problemas mayores de los que ésta hubiera provocado. No solo porque con menos gasto la economía tiene menos capacidad de generar actividad y empleo, es decir, de rentas, sino también porque al deteriorarse la economía el coste de financiar la deuda suele elevarse.

Pero lo que sin duda me parece más sospechoso es que al hacer referencia a la deuda prácticamente nunca se mencione lo que es en realidad: un negocio de la Banca.

Efectivamente, se nos quiere presentar siempre a la deuda (y sobre todo a la pública porque además eso permite combatir al Estado y a la política) como una especie de patología perversa que hay que erradicar pero nunca se pone de relieve y en primer plano que es gracias a la deuda que los bancos obtienen un beneficio privilegiado, no solo por su cuantía sino también, y quizá sobre todo, por el poder inmenso que les da sobre el resto de la sociedad.

Cada vez que se concede un crédito los bancos obtienen beneficio y más poder y en consecuencia, y lo mismo que un productor de sillas trata siempre de vender el mayor número posible de ellas, los bancos procuran que el volumen de deuda sea el más elevado posible en la economía porque en él le va su ganancia, su extraordinaria influencia política y el inmenso poder que obtienen al crearla.

Esto último se calla para no tener que poner de evidencia ante la gente el propósito final que tiene el endeudamiento generalizado y para no tener que desvelar la naturaleza parasitaria del negocio bancario.

Este, por el contrario, mueve todos los hilos que tiene a su disposición en los medios de comunicación, en la política o en la academia para convencerla de que lo único que explica que haya tanta deuda es la voracidad de los políticos.

Esto es lo que está ocurriendo hoy día en Europa. Nuestros gobernantes ha logrado hacer creer a la población que la explosión de la deuda es culpa de los gobiernos y que, por tanto, éstos deben asumir su financiación haciéndola descansar sobre las espaldas de la población en general.

Y de ahí deducen que la deuda se debe combatir, por lo tanto, mediante políticas de austeridad, recortando gastos sociales en educación, sanidad, políticas familiares o en pensiones públicas y, en general, reduciendo la presencia del sector público en la vida económica.

Lo que, casualmente, trae como consecuencia que se abra de par en par un nuevo y floreciente yacimiento de negocio privado para sustituir la oferta que antes realizaba el sector público, aunque ahora para ofrecerla a precio más elevado y por tanto al alcance de una menor parte de la sociedad.

La ocultación de las verdaderas causas que han originado la deuda y su utilización para combatir las políticas de bienestar que para financiarse necesitan la contribución de los sectores de renta más elevada pero que están cada vez menos dispuestos a darla, ha alcanzando hoy día el paroxismo y, en algunos casos, como los recientes de Grecia, Irlanda o Portugal además de otros en el este de Europa, tintes verdaderamente dramáticos.

El caso de Grecia es paradigmático. Los poderes europeos e internacionales le imponen severos programas de ajuste que reducen y deterioran drásticamente los ingresos y las condiciones de vida de la población de menor ingreso para hacer frente a la deuda acumulada pero lo hacen sin tener en cuenta su origen: la venalidad criminal de la los coroneles dictadores que hicieron subir cuando gobernaron, la corrupción con que se organizaron los juegos olímpicos (inicialmente presupuestados en 1.500 millones de dólares pero que terminaron costando posiblemente unos 20.000 millones debido a las ganancias extraordinarias y corruptas de las grandes empresas), los créditos multimillonarios vinculados a la compra de armamento a Francia y Alemania o las políticas que los bancos europeos impusieron en la última década para facilitar la constante inyección de crédito a la banca, a las empresas y a las familias griegas precisamente porque ese es, como he señalado más arriba, el negocio de la banca: multiplicar sin freno la deuda prestando dinero.

Y en particular, los grandes poderes europeos no están teniendo en cuenta que fueron las políticas impuestas en los últimos años para incrementar el beneficio del capital en detrimento de los salarios y de las rentas del sector público, las que han provocado una pérdida continuada de ingresos que ha obligado a recurrir constantemente al endeudamiento.

Esa y no otra ha sido la razón por la que los bancos y las grandes empresas han defendido las políticas neoliberales de los últimos años: los bancos porque al disminuir con ellas el poder adquisitivo aumentaba la demanda de créditos, y las grandes empresas porque con menos salario y con menos empleo no solo obtenían más beneficio sino también más poder de negociación frente a trabajadores constantemente amenazados por el paro y agobiados por la carga de la deuda.

Los gobernantes y los responsables europeos de las políticas de austeridad que están imponiendo a los pueblos para combatir la deuda, según dicen ellos para justificarlas, no se están haciendo una pregunta fundamental que habría que hacerse siempre que se aborda un problema de deuda: ¿quién se ha lucrado con ella? y si se han lucrado unos, ¿por qué tiene que pagarla luego otros?

La deuda de esta última naturaleza, la que se hubiera obligado a contraer a unos para que sean otros los que se beneficien de ella es una deuda inmoral, ilegítima u odiosa y, por tanto, que puede ser rechazada por aquellos a quien se impone cargar injustamente con su financiación, en este caso, los pueblos europeos.

Por eso una demanda de justicia elemental que debemos exigir con toda nuestra fuerza es que se audite la deuda europea de un modo independiente y veraz para determinar su origen y sus verdaderos beneficiarios.

Tanto la privada que se generó gracias a las políticas neoliberales fiscales y monetarias de los últimos años, como la pública que más recientemente se ha producido para hacer frente a la crisis o como consecuencia de la especulación criminal que se ha desarrollado, durante mucho tiempo ante la pasividad de nuestros gobernantes, contra las emisiones de deuda de varios estados.

Y, por supuesto, esa demanda debe ir acompañada de la exigencia del derecho correlativo a repudiar la deuda que solo ha beneficiado a la banca, a las grandes empresas y a los especuladores internacionales.

La experiencia ya acumulada nos permite saber que se puede ejercer ese derecho de forma ordenada y sin que eso provoque daños mayores que los que se pueden evitar, como dirían para oponerse al repudio de la deuda quienes durante todo este tiempo anterior han trabajado para los grandes beneficiarios de la deuda.

Todo lo contrario, solo así se lo podrá aliento y sostenibilidad a la actividad económica que de verdad satisface las necesidades sociales.

Juan Torres

Leído en http://www.fundacionsistema.com/

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