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La crisis económica y el declive de los Estados Unidos

La crisis económica y el declive de los Estados Unidos

Gabriel HenríquezPor Gabriel Henríquez
Publicado el 8 Jul, 2011

    Barack ObamaLa crisis financiera que comenzó el 2007, y tuvo supeak el 2008 con la quiebra de Lehman Brothers y otras grandes instituciones financieras, no fue un fenómeno inesperado. Varios economistas habían mostrado su escepticismo en el boom del mercado inmobiliario y en las nuevas innovaciones financieras en Estados Unidos, que supuestamente tendían a reducir el riesgo aumentando la riqueza. Uno de ellos, el economista de la Universidad de Chicago, Raghuram Rajan, el 2005, en la despedida de la Reserva Federal del célebre Alan Greenspan en Jackson Hole (EE.UU.), presentó un controversial paper que se titulaba “Has Financial Development Made the World Riskier?”, su respuesta era afirmativa. Sin embargo, fue fuertemente criticado por los asistentes y rápidamente catalogado como un retrogrado anti mercado, deseoso de los viejos días de la regulación.

    Hoy, por el contrario, pocos estarían en desacuerdo con Rajan, mientras la reputación de Greenspan se ha deteriorado rápidamente en vista de las consecuencias de su dogmatismo anti regulatorio y haber hecho vista gorda a la excesiva toma de riesgos por parte de agentes financieros.

    La causa inmediata de la crisis se remonta a la burbuja inmobiliaria que llego a su peak entre el 2005-2006 en Estados Unidos – pero que se replicó en otros países como en España (recomiendo ver este ilustrativo video). Periodo que fue seguido de una alta tasa de moratoria en los préstamos subprime (categoría de quienes no calificaban para préstamos corrientes por factores de riesgo) y en hipotecas de tasa ajustable.

    En un principio, los hogares fueron incentivados a aumentar su endeudamiento en cómodos términos y un prometido patrón de aumento de precios en las viviendas,  que los llevaron a comprometerse en complicadas fórmulas de hipotecas, persuadidos de que podrían re-financiar posteriormente en términos más favorables. Además, se proveyeron los incentivos económicos a los prestamistas de créditos subprime, de modo que aumentó vertiginosamente este tipo de préstamos a consumidores que no hubiesen calificado para hipotecas normales.

    Sin embargo, una vez que las tasas de interés comenzaron a subir y los precios de las viviendas comenzaron a bajar moderadamente, entre el 2006 y 2007, en muchas partes de los Estados Unidos re-financiar las deudas se hizo difícil. Moratorias de pago y embargos se incrementaron dramáticamente cuando los términos iniciales expiraron. Los precios de las viviendas no subieron indefinidamente como se prometió, y los intereses de las hipotecas a tasa ajustable se elevaron. La caída de los precios tuvo como consecuencia que un 23% de los hogares en EE.UU. valiesen menos que la hipoteca contraída, en septiembre del 2010, incentivando a quienes se endeudaron a ejecutar sus hipotecas. El espiral de embargos fue un factor fundamental, pues quitó valor a los bienes de los consumidores y erosionó la solidez de las instituciones bancarias.

    El enorme acceso al crédito se debió a cantidades significantes de dinero proveniente desde el extranjero, en particular desde las dinámicas economías de Asia –que preferían, luego de las lecciones de la Crisis Asiática, ahorrar antes que endeudarse- y de los países petroleros. Estas masivas entradas de dinero, junto con las bajas tasas de interés desde el 2002 al 2004 contribuyeron a facilitar las condiciones de préstamos, que alimentaron la burbuja inmobiliaria y de crédito.

    Acompañando el boom inmobiliario, varias innovaciones financieras permitieron a instituciones e inversionistas invertir en el mercado inmobiliario norteamericano, por ejemplo, a través de títulos de crédito hipotecario (mortgage backed securities), que se derivan de los pagos hipotecarios y los precios de los inmuebles. Cuando los precios de las viviendas bajaron, instituciones internacionales globales que prestaron e invirtieron fuertemente en títulos de crédito hipotecario reportaron pérdidas significativas. Las pérdidas y liquidaciones se extendieron a otros tipos de préstamos cuando la crisis hipotecaria contagió a otros sectores de la economía.

    Las pérdidas hoy se estiman en trillones de dólares alrededor del mundo.

    Por otra parte, el programa de rescate diseñado por el gobierno de Bush y proseguido, en gran medida, por Barack Obama, ha sido tremendamente oneroso con el contribuyente y relativamente suave con los principales bancos e instituciones financieras involucradas en préstamos dudosos, actividades riesgosas, y abiertamente estafas. El bailout a los bancos en peligro, o el Emergency Economic Stabilization Act del 2008, contempló US$700 billones de dólares, agregando aun más presión a la deuda pública norteamericana que se viene expandiendo rápidamente desde los inicios de la guerra de Irak y Afganistán. El 2007, la deuda bruta de EE.UU. era de un 62% del PIB, mientras que la deuda rodea el 100% del PIB este año.

    Es irónico pensar que el tipo de crisis que se generó en Estados Unidos había sido varias veces vista en el mundo en desarrollo, burbujas especulativas y crecimiento impresionante del sector inmobiliario. Para el economista Joseph Stiglitz, ex director del Banco Mundial, había muchas similitudes entre la crisis Asiática de 1997 y la crisis del 2008.

    Por otra parte, la desregulación del sistema financiero norteamericano en nada ayudó a crear mayor estabilidad, muy por el contrario. Luego de la experiencia de la Gran Depresión de 1930, Estados Unidos puso en obra un sistema de fuerte regulación del mercado financiero, los bancos se dedicaban simplemente a prestar dinero bajo propios cálculos de riesgo. En parte gracias a aquello, los EE.UU. vivieron un período de enorme estabilidad financiera entre la década de 1940 y 1970. No obstante, todo comenzó a cambiar con el proceso de desregulación comenzado a mediados de la década de 1970, comenzando un período de series de crisis financieras, rescates del gobierno, y salarios record para Wall Street.

    Adicionalmente, hoy los EE.UU. tienen un debilitado sector manufacturero, a diferencia de los años 60 y 70. Desde el 2000 la situación ha empeorado. En enero del 2004, el número de empleos en el sector manufacturero era de 14.3 millones, menos 3.0 millones desde el 2000, y cerca de 5.2 millones menos desde 1979. Mientras la desigualdad se ha acrecentado desde fines de la década de 1970. En 1976, el 1% de los hogares capturaba sólo el 8.6% de los ingresos, pero la proporción creció a 23.5% del ingreso total de los EE.UU. el 2007. En otras palabras, por cada dólar del crecimiento real de los ingresos entre 1976 y 2007, 58 centavos iban al 1% de los hogares.

    En perspectiva, las debilidades de los Estados Unidos se han acrecentado rápidamente luego de la euforia del fin de la Guerra Fría. En menos de 20 años, dos guerras iniciadas han erosionado las finanzas norteamericanas –al 2010, Irak y Afganistán han costado US$1 trillón– y consumido oportunidades de innovación y mejoras educacionales tan necesarias a nivel secundario y básico.

    La crisis del 2008 ha sido probablemente el golpe de gracia a la economía norteamericana. Prácticamente se esfumó riqueza, y el peso del bailout y el estímulo ha sido puesto fuertemente sobre los contribuyentes. Es más, como menciona Stiglitz en Freefall los programas para disminuir las liquidaciones de hipotecas han sido débiles y la mayor parte de los recursos han ido a parar a los bancos, generando incluso millonarios bonos a los mismos directivos responsables de la debacle financiera.

    Con todo, los EE.UU. siguen siendo, sin lugar a dudas, la mayor potencia militar, pudiendo desplegar tropas en prácticamente cualquier lugar del mundo, y siendo aún una pieza clave en el concepto de seguridad internacional. Por otro lado,  la hegemonía norteamericana comienza a disminuir en términos económicos, en parte por el levantamiento de China y otras potencias emergentes, aunque el proceso ha sido más pronunciado aún por las guerras y crisis recientes. Es un lento declive, en el cual efectivamente las potencias emergentes están recién aprendiendo sus roles en la primera liga del Sistema Internacional, y donde las potencias tradicionales buscan maniobrar a la pérdida relativa de influencia. El mejor ejemplo de lo anterior, es que hoy claramente EE.UU. no conduce la orquesta en el G-20 (lea nuestra traducción de un notable artículo de Foreign Affairs). Pero lo que pareciera ser peor, nadie la conduce.

    Paul Kennedy en su clásico The Rise and Fall of the Great Powers subraya el importante papel de las variables económicas para explicar el surgimiento y ocaso de las potencias mundiales. La situación de EE.UU. no se asimila hoy a aquella de la España imperial, con enemigos en todos los frentes; ni a los Países Bajos, asediados por Francia e Inglaterra; aunque se parece a aquella de Gran Bretaña en el siglo XIX, con la aparición de varios nuevos competidores, los cuales son hoy China, India y Brasil.

    El mantenimiento de un status relativamente hegemónico está dado por el reconocimiento de los compromisos de la nación y su poder. Un enorme desfase entre ambos conceptos es pernicioso. Por tanto los recursos deben organizarse apropiadamente y deben asimilarse las limitaciones del poder. En este sentido, podríamos decir, sin grandes dificultades, que Irak y Afganistán han efectivamente sobre-extendidolas obligaciones norteamericanas, mientras que la crisis –la segunda más grande desde 1929- fue consecuencia de una mala asignación de recursos, resultando en una pérdida enorme en riqueza –y poder.

    Tales factores han afectado a la hegemonía norteamericana sustancialmente, además de otros síntomas que se arrastran desde décadas pasadas.  El intelectual Fareed Zakaria (Time.com) explica además que las prioridades no han estado bien asignadas en EE.UU. mientras el debate público, en la legislatura, se revuelve en un tit for tat interminable en temas muy puntuales o de lleno banales. La reflexión política en la cual los ‘padres fundadores’ como Thomas Jefferson y John Adams se interesaron ya no es asunto importante o incluso deseable.

    No por nada los EE.UU. han perdido el timón del G-20.

    Este artículo es una re-edición de uno publicado por el autor originalmente enhttp://balancepatriotico.cl

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