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En la “única democracia de Oriente Medio” la serpiente del fascismo incuba sus huevos sin cortapisas Los ayatolás judíos


En la “única democracia de Oriente Medio” la serpiente del fascismo incuba sus huevos sin cortapisas
Los ayatolás judíos

 

zope.gush-shalom.org

 

Traducido para Rebelión por LB

 

El arzobispo de Nueva York ha anunciado que todo católico que alquile un apartamento a un judío comete pecado mortal y se expone a ser excomulgado.Un sacerdote protestante de Berlín ha decretado que todo cristiano que contrate como trabajador a un judío será expulsado de su parroquia.

¿Imposible? Ciertamente. Salvo en Israel, pero en sentido inverso, naturalmente.

El rabino de Safed –un funcionario del gobierno– ha decretado que está estrictamente prohibido alquilar apartamentos a los árabes, incluidos los estudiantes árabes de la escuela de medicina local. Otros veinte rabinos de otras tantas ciudades –que cobran su salario del dinero de los contribuyentes, en su mayoría laicos, ciudadanos árabes incluídos– han apoyado públicamente este edicto.

Un grupo de intelectuales israelíes presentó una denuncia ante el Fiscal General, argumentando que se trata de un caso de incitación criminal. El Fiscal General se comprometió a investigar el asunto con la debida celeridad. Eso fue hace medio año. La “debida celeridad” sigue sin dar ningún fruto.

Lo mismo ocurre con otro grupo de rabinos que prohibieron contratar como trabajadores a goyim (en hebreo antiguo la palabra “goy” simplemente significaba ‘gente’, cualquier gente. En la Biblia los israelitas fueron llamados “santos Goy”. Sin embargo, en los últimos siglos el término ha acabado expresando la idea de ‘no judío’, con connotaciones marcadamente peyorativas).

Esta semana se ha desatado una auténtica tormenta en Israel. La turbulencia la provocó la detención del rabino Dov Lior.

El asunto se remonta a un libro publicado hace más de un año por el rabino Yitzhak Shapira. Shapira es probablemente el habitante más extremista de Yitzhar, que es a su vez probablemente el asentamiento más extremista de toda Cisjordania. Sus miembros son frecuentemente acusados ​​de perpetrar pogromos en las aldeas palestinas vecinas, normalmente como “represalia” por las acciones del ejército [israelí] contra estructuras construidas por ellos sin consentimiento oficial.

El libro, tituado Torat ha-Melekh (“La enseñanza del rey”), versa sobre el asesinato de los goyim. En él se sostiene que en tiempos de paz normalmente no hay por qué matar a los gentiles, no por respeto al mandamiento “No matarás”, el cual, según el libro, se aplica exclusivamente a los judíos, sino en razón del mandato de Dios tras el diluvio (Génesis 9:6): “Quien derramare sangre del hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios es hecho el hombre”. Esto se aplica a todos los gentiles que cumplen con algunos preceptos básicos.

Sin embargo, la situación es totalmente diferente en tiempos de guerra. Y según los rabinos Israel ha estado en guerra desde su fundación, y probablemente seguirá estándolo por siempre jamás.

En tiempos de guerra, en cualquier lugar donde la presencia de un goy ponga en peligro la vida de un judío está permitido matar a aquel, aunque sea un goy justo exento de toda responsabilidad por la situación. Está permitido –en realidad, se recomienda– matar no sólo a los combatientes enemigos, sino también a aquellos que los “apoyen” o “animen”. Está permitido matar a civiles enemigos si hacerlo favorece el resultado de la guerra.

(Intencionalmente o no, esta filosofía refleja las tácticas empleadas por nuestro ejército en la operación “Plomo Fundido”: para proteger la vida de un solo soldado israelí está permitido matar a tantos palestinos como sea necesario. Resultado: cerca de 1.300 muertos palestinos, la mitad de ellos no combatientes, frente a cinco soldados muertos por acciones hostiles -otros seis murieron por “fuego amigo).

Lo que realmente hizo estallar el escándalo fue un pasaje del libro donde se afirma que está permitido matar niños cuando sea evidente que de mayores pueden resultar “dañinos”.

Es habitual que un libro escrito por un rabino interpretando la ley judía lleve la aprobación –llamada ‘haskama’– de otros prominentes rabinos. Esta obra maestra en particular venía refrendada con la “haskama” de cuatro rabinos prominentes. Uno de ellos es Dov Lior.

El rabino Lior (el nombre puede ser traducido como “Tengo la luz” o “Se me ha dado la luz”) destaca como uno de los rabinos más extremistas de los asentamientos de Cisjordania, lo cual tiene su mérito en un territorio saturado de rabinos extremistas, la mayoría de los cuales en cualquier otro país recibirían directamente el calificativo de fascistas. Lior es el rabino de Kiryat Arba, el asentamiento judío construido a las afueras de Hebrón donde se cultivan las enseñanzas de Meir Kahane y de donde surgió el asesino de masas Baruch Goldstein(1) .

Lior es también el jefe de una yeshiva Hesder, una escuela religiosa adscrita al ejército cuyos alumnos combinan sus estudios (puramente religiosos) con un servicio militar privilegiado.

Cuando el libro –actualmente en su tercera edición– apareció por primera vez se abrió la caja de los truenos. Ningún rabino protestó, aunque un buen número de ellos rechazaron su argumentación religiosa. Los ortodoxos se distanciaron de él, pero solo porque el libro viola el precepto religioso que prohíbe “provocar a los gentiles”.

A instancias del público el Fiscal General inició una investigación penal contra el autor y contra los cuatro firmantes de la “haskama”. Fueron llamados a declarar y la mayoría compareció y se defendió argumentando que no habían tenido tiempo de leer el libro.

Lior, el texto de cuya “haskama” demostraba que él sí se había leído el libro de cabo a rabo, desobedeció reiteradamente las citaciones judiciales para presentarse en la comisaría de policía. Las ignoró abiertamente y con desprecio. Esta semana la policía reaccionó al insulto: emboscaron al rabino en la llamada “carretera del túnel” –una carretera solo para judíos que tiene varios túneles y que discurre entre Jerusalén y Hebrón– y lo arrestaron. No lo esposan ni lo introdujeron en un vehículo policial, como harían normalmente con cualquier otra persona, sino que hicieron salir a su chófer y colocaron en su lugar a un oficial de policía que lo llevó directamente a una comisaría. Allí fue interrogado cortésmente durante una hora y luego puesto en libertad.

La noticia de la detención del rabino Lior corrió por los asentamientos como un reguero de pólvora. Cientos de “jóvenes de las colinas” –grupos de jóvenes colonos especialistas en perpetrar pogromos y pisotear la ley– se reunieron en la entrada de Jerusalén, se enfrentaron con la policía y cortaron la principal carretera de acceso a la ciudad.

(Realmente no estoy en condiciones de recriminárselo, pues fui el primero en hacer lo mismo. En 1965 fui elegido para el Knesset y Teddy Kollek salió elegido como alcalde de Jerusalén. Una de las primeras cosas que hizo fue complacer a los ortodoxos y cerrar barrios enteros durante el Shabat. Una de las primeras cosas que hice fue convocar a mis seguidores y protestar. Cortamos durante horas la entrada a Jerusalén hasta que nos desalojaron por la fuerza).

Pero cortar carreteras y pasear triunfalmente a hombros a Lior no fue lo único que hicieron los jóvenes fanáticos. También intentaron asaltar el edificio de el Tribunal Superior de Justicia. ¿Por qué este edificio en particular? Eso requiere una explicación.

La derecha israelí, y especialmente los colonos y sus rabinos, tienen largas listas de cosas y personas a las que profesan un odio visceral. Algunas de ellas han sido publicadas. Tengo el honor de figurar en la mayoría de ellas. Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia ocupa un lugar preferente, si no el principal, en la jerarquía de sus odios.

¿Por qué? El tribunal no es que se haya cubierto de gloria precisamente cuando se trata de los territorios ocupados. Ha permitido la destrucción de muchos hogares palestinos en represalia por actos “terroristas”, ha aprobado la tortura “moderada”, ha aprobado el “muro de separación” (que fue condenado por el Tribunal Internacional [de Justicia de La Haya]), y por regla general ha actuado siempre como un brazo de la ocupación.

Sin embargo, en algunos casos la ley no ha permitido al Tribunal zafarse de sus responsabilidades. El Tribunal ha pedido la demolición de los “puestos de avanzada” instalados en terrenos palestinos de propiedad privada. Ha prohibido los “asesinatos selectivos” en los casos en que la persona puede ser detenida sin peligro, ha sentenciado que es ilegal impedir a un ciudadano árabe residir en una población construida en tierras de propiedad estatal, y así sucesivamente.

Cada una de esas decisiones desató un rugido de rabia entre los derechistas. Pero hay una razón más profunda que explica el antagonismo extremo.

A diferencia del cristianismo moderno, pero de forma muy similar al Islam, la religión judía no es sólo una cuestión entre el hombre y Dios, sino también un asunto entre hombre y hombre. No vive guarecida en un tranquilo rincón de la vida pública. La ley religiosa abarca todos los aspectos de la vida pública y privada. Por lo tanto, para un judío –o un musulmán- piadoso, la idea europea de separación entre Estado y religión es anatema.

La Halajá judía, igual que la ley islámica, regula todos los aspectos de la vida. Cuando la ley judía entra en conflicto con la ley israelí, ¿cuál de las dos debe prevalecer? ¿La ley promulgada por el parlamento democráticamente elegido y que se puede modificar en cualquier momento si la gente así lo desea, o la ley dictada por Dios en el Monte Sinaí para toda la eternidad y que no siempre se puede cambiar (a lo sumo puede ser interpretada de manera diferente)?

Los fanáticos religiosos de Israel insisten en que la ley religiosa está por encima de la ley secular (como en varios países árabes), y que los tribunales del Estado no tienen jurisdicción sobre el clero en asuntos que atañen a la religión (como en Irán). Cuando el Tribunal Supremo dictaminó lo contrario, el rabino ortodoxo no tuvo la más mínima dificultad para movilizar inmediatamente a 100.000 manifestantes en Jerusalén. Desde hace varios años, ministros religiosos del gabinete, profesores de derecho y políticos, así como sus partidarios políticos, han estado muy ocupados minando la integridad, independencia y competencia del Tribunal Superior de Justicia.

Este es el quid de la cuestión. El Fiscal General considera que un libro que aboga por matar a niños inocentes constituye un acto de instigación al delito. Los rabinos y sus partidarios consideran [el pronunciamiento del Fiscal General] como una impertinente interferencia en un sesudo debate religioso. Resulta imposible conciliar esos dos puntos de vista.

Para los israelíes no se trata de una cuestión puramente académica. Toda la comunidad religiosa, con todas sus diversas facciones, pertenece ahora al campo derechista ultra-nacionalista (exceptuando algunos lamentables puestos de avanzada como el judaísmo Reformista y Conservador, mayoritario entre los judíos estadounidenses). Transformar Israel en un Estado Halajá significa castrar el sistema democrático y convertir a Israel en un segundo Irán gobernado por ayatolás judíos.

También hará que la paz sea imposible per saeculam saeculorum, ya que según los rabinos toda la Tierra Santa comprendida entre el mar Mediterráneo y el río Jordán pertenece exclusivamente a los judíos, y entregar a los gentiles un solo centímetro de ese territorio es pecado mortal, penado con la muerte. Por ese pecado Yitzhak Rabin fue ejecutado por un estudiante de una universidad religiosa y antiguo colono.

No todo el campo religioso suscribe el implacable extremismo del rabino Lior y sus secuaces. Hay muchas otras corrientes, pero todas guardan silencio. Es Lior, el rabino imbuido de luz, junto con sus colegas de ideas afines, quien está marcando la ruta.

NOTA:

(1) Baruch Goldstein: Fundamentalista judío ultraortodoxo que el 25 de febrero de 1994 irrumpió en la mezquita de Ibrahim (Tumba de los Patriarcas, Hebrón) y asesinó a tiros a 29 palestinos que oraban en el recinto e hirió a más de 120 antes de morir linchado cuando se le acabó la munición. Su tumba, erigida en la colonia judía de Kyriat Arba, es actualmente un lugar de peregrinación para muchos judíos que veneran a Goldstein como mártir del sionismo.

Fuente: http://zope.gush-shalom.org/home/en/channels/avnery/1309538748/

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