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¡Abran paso al emprendedoriado!


Un nuevo grupo de superhombres ha llegado para salvar la patria. Ustedes les han visto por la tele y en los periódicos, también han leído aquel artículo en el dominical sobre los 50 mamíferos que más emprenden en España.  Son hombres y mujeres aparentemente normales, no hay un rasgo físico o sicológico común, pero ah, tienen el don de emprender, una potencia espiritual que, como el chi, está dentro de todos nosotros. No es un gen mutante, sólo hay que saber sacarlo afuera.

Como estupendamente explica Javier Adler en un artículo que aparece hoy aquí, en la prensa ha operado un cambio en los últimos 10 años. Se ha adoptado el vocablo emprendedor/a para referirse a un empresario/a. La verdad es que, puestos a escamotear connotaciones, es comprensible que opten por este cambio. “Plusvalorista” no hubiese agradado tanto a la sociedad. El único problema es que empresariado es una palabra más redonda que emprendedoriado.

Como comprenderán, si escribo sobre esto es porque me toca notablemente los cojones. Porque esta es la enésima vez que vienen a jodernos con el lenguaje, a intentar alterar nuestra precepción por medio del Palabro Novedoso. Oh, y no hay nada más tonto que un periodista junto a un Palabro Novedoso con ganas de agradar a su redactor jefe. Desde que descubrieron la palabreja no dejan de relamerse…

Además, hay que entender qué implica el cambio, cuáles son las causas por las que nos lo están colando tan salvajemente. Yo he llegado a deducir unas cuantas, pero imagino que habrá otras que se me escapen (ahí tienen los comments, si me dejo algo). En cualquier caso, estas son las notas que se me cruzan esta mañana por la cabeza:

1. Una nueva imagen

Lo primero es recordar el contexto de crisis financiera, deslocalización, recortes sociales y cambio de modelo económico. Este ya no es un sistema, son dos: la producción y el dinero titulizado. Aunque antes guardaban una relación estrecha, son ya dos mundos distintos.

Muchos empresarios ganan con el primero e invierten en el segundo, pero cada vez es más corriente ver a gente que vive y despliega toda su actividad en el plano abstracto del puro intercambio de títulos, en vista de que la gran masa de asalariados precarios cada vez pueden comprar menos cosas (lo cual hace de creciente antiestímulo para la producción).

En este círculo vicioso de acumulación por desposesión, que reclama nuevos recortes sociales (deuda pública) y salariales (deuda privada) para engordar el mundo separado del dinero titulizado, el nuevo empresario, si no quiere hacer el ridículo debe saltar al tatami con una nueva imagen y nuevas intenciones.

La idea es: hay que desgarrulizar al empresario, quitarle el puro y la cara de cerdo. Ya no sirve eso de “voy a poner un taller de arandelas galvanizadas para aparatos de riego” (que por cierto ¿de donde sacaban los empresarios de antaño estos propósitos tan concretos y tan poco estimulantes?). Eso lo pueden hacer los chinos. No interesa.

Ahora la cosa es más: tengo una idea de carácter lucrativo-espiritual -pongamos… mmmm… un “resort de autotortura para ejecutivos”-, y en el discurso, nada de números, nada de conceptos tan banales como “inversión” o “expansión”. No, no, no. Soy un “emprendedor” ha detectado una “oportunidad” y me dispongo a satisfacerla para crear riqueza social y ayudar a Las Personas (ya saben ustedes que, allá por donde se mueve el dinero, lo importante son Las Personas, ese individuo-institución-objeto-publicitario).

2. Un nuevo discurso

Por lo que he podido leer en las narraciones que está construyendo la prensa, el emprendedor surge del pozo de la miseria social y se alza frente a la adversidad para reinventarse –“trabajaba en la construcción, me quedé en paro, pero, eh, tuve una idea…”- y convertirse en hombre de éxito. Se formula así un discurso esperanzador.

La difusión y multiplicación de espacios y voces que dan cancha a este relato se ha disparado espectacularmente a raíz del 15M, porque aunque las recetas que han propuesto desde el movimiento han sido mayoritariamente reformistas,  el cuestionamiento del tinglado económico y financiero ha sido bastante radical, y frente al desencanto social respecto al capitalismo financiero que impera, qué mejor que otro puto american dream, otro palo con zanahoria, esta vez en forma de enterpreneurshipfeliz.

Cambia ligeramente el argumento, pero habíamos visto esta película muchas veces durante los ochenta y noventa, sólo que en una versión más descarnada e hipermasculinizada, con la figura del asalariado de éxito, yuppie follardín, aspirador infatigable de coca, jockey del NASDAQ y hándicap más que aceptable.

Hoy, ya saben, se trata de un señor de Salamanca que un día se tropezó con un trozo de madera en la finca de sus padres y, justo en ese momento, miró al cielo (mientras se daba de bruces) y vio claro que podía crear una empresa de packaging deluxe  a base de aglomerado.

El discurso es necesariamente más llano y menos suntuoso porque, en época de crisis, no se puede aparecer por la tele con aspecto de sujeto encorbatado esnifante hablando de cosas malignas como márgenes, previsiones y rentabilidades.

La nueva narración debe apelar al ingenio del hombre común, a la superación del hombre en apuros. Y si hay anécdota newtoniana mejor que mejor: la manzana que cae del árbol, el salmantino que tropieza con el leño… Así se matan dos pájaros de un tiro: se empatiza con la masa y se humaniza al empresario, que buena falta le hace.

3.  La precarización del empresariado

Esta tercera nota entronca con la primera: decía arriba que ya no hace falta producir aquí, porque cada vez se compra menos y porque además, más lejos es más barato. En consecuencia, el pleno empleo, aquel cenit de la socialdemocracia progresada estuvo vendiéndole a la sociedad, ya no termina de colar…

¿Acaso podemos poner a todo un país a producir servicios, intangibles e inutilidades varias?

El pleno empleo aún colea como premisa capta-votos en los discursos de los dos partidos políticos mayoritarios, pero en el fondo, todas las sociedades post-industriales están establecidas sobre lo que hace 20 años hubiese sido una tasa inaceptable de paro. A su manera, con un grado de exclusión altísimo -pero que arriba se considera perfectamente gestionable, sea por vías caritativas privadas o por la vía policial-, una sociedad con un 20% de desempleados, es una sociedad capitalista moderna normal.

Así pues ¿qué puede hacer ese desempleado “de larga duración”, sobre-formado (tres carreras, dos masters, un mba, siete idiomas y ocho lenguajes de programación) al que durante toda una vida se le educó para ocupar un estrato social alto? Pues no mucho: fundamentalmente lanzarlo a “emprender”. Hacerle buscar una nadería que se pueda colocar por ahí, endeudarse y rezar por que La Novedad que vende se consuma como tal.

Esta circunstancia revela un sinfín de miserias: la crisis del modelo productivo actual, la sobreoferta de imbecilidades, el inmenso desajuste del sistema formativo respecto a las oportunidades que ofrece el mercado, la distancia entre el discurso socialmente mayoritario (ve a la universidad, hijo, estudia, sé un hombre de provecho) y el mundo ahí afuera…

4.       No hay foto finish!

Claro que estas narraciones se construyen ad initium y sobre ellas nadie hace un seguimiento. A ver ¿Dónde están los doce catalanes que salieron en el dominical de la Vanguardia hace 14 meses con proyectos empresariales relativamente absurdos? Nadie lleva una estadística de los emprendedores que se la pegan: estoy seguro de que sería del todo escalofriante.

Oh, todas esas ilusiones, mi negocio de ligoteo on-line, mi franquicia de tiendas de regalos innecesarios para enamorados, mi pastelería macrobiótica… Me encantaría tener un estudio que cruzase los datos de emprendedores fracasados y opositores a funcionario municipal, seguro que encontraríamos un buen montón de nombres y apellidos coincidentes…

5.   Y a todo esto… ¿el enterpreneurship funciona?

Mjm, mjm. No tenemos estudios serios sobre el tema (si ustedes los tienen, compartan, por favor), de modo que esta última nota será puramente especulativa. Mi percepción es que esta vez no se las están colando a los inversores.

Hay mucha propaganda del enterpreneurship, pero el hecho es que, al no haber foto finish, no hay certeza ni indicio alguno de que la creación de empresas esté solucionando el escenario de crisis para un sector social que numéricamente sea digno de apreciación sociológica. Me temo que es más un intento de desmovilización. No perdáis la esperanza, chicos, aunque nadie os contrate, aunque todo se vaya a la mierda, aún podéis emprender.

Se trata de la creación de toda una conciencia social positiva sobre la base de unos hechos socialmente anecdóticos. Y es que por un emprendedor que da el gran golpe,  podemos imaginar que el emprendedor medio puede pasar años comiéndose los mocos, y que al final será poco más que un asalariado o un autónomo al uso, con el estrés añadido de tener que gestionar la escasa fuerza de trabajo que tenido que contratar para la aventura. De ahí que, en numerosas ocasiones, se observe poca fe y mucho escaparate en estas iniciativas.

Muchos emprendedores, se les ve venir de lejos, son hijos del concepto start-up que dio pie a una de las estafas sociales más divertidas de final de siglo: la crisis de las punto.com, el único episodio en los últimos dos mil años en que, felizmente, pringaron sólo los hijosdeputa.

El espíritu de la aventura es el mismo: ten una idea de apariencia innovadora y muévela con jerga espiritual, consigue un inversor y aprovecha para venderte como alto ejecutivo.

Si apareces en prensa mostrando tu talento innovador, alguien te fichará. Al final, la esperanza es la de siempre: el bendito ascensor social.

Pues me temo, señores, que la empresa de ascensores ha quebrado y los técnicos ascensoristas, después del ERE, están ocupados intentando emprender. No creo que les atiendan…

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Una respuesta para “¡Abran paso al emprendedoriado!”

  1. Pellicer Dijo:

    julio 28, 2011 en 2:24 pmEn los USA, el 85% de los “emprendimientos” (manda huevos) se mocha antes de los 12 primeros meses de funcionamiento.

    En ese bonito país se considera que un “emprendeor” no suele acertar con el “nicho” hasta su tercer “emprendimiento”. Es decir, 2 ruinas previas están casi aseguradas.

    La fuente: un articulito que leí en el Walt Street Journal hace cosa de un par de años (Y sí, despues me lavo los ojos; no soy tan guarro)

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