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Archivo para el día “septiembre 19, 2011”

El problema no son los mercados financieros sino las políticas neoliberales que han dejado a los estados indefensos ante ellos


El problema no son los mercados financieros

Este artículo critica la interpretación de la crisis actual que la atribuye a la actitud especulativa de los mercados financieros.
Vicenç Navarro | Hoy a las 10:20 |
www.kaosenlared.net/noticia/problema-no-son-mercados-financieros


Este artículo critica la interpretación de la crisis actual que la atribuye a la actitud especulativa de los mercados financieros.

Esta explicación ignora que los mercados financieros siempre han sido especulativos, sin que ello haya causado crisis como las presentes.

El artículo señala que el problema no es tanto la especulación de los mercados, sino la falta de protección de los estados frente a tal especulación, y ello como consecuencia de la manera como se estableció el  euro que respondió  a una ideología neoliberal que tenía como objetivo debilitar a los estados y desmantelar su dimensión social.

De ahí que para “resolver” el mal llamado “problema de la deuda pública” se esté desmantelando el Estado del Bienestar, utilizando como excusa que los mercados así lo exigen.

Hoy se están haciendo en España, tanto por el Gobierno español como por los gobiernos de las Comunidades Autónomas, enormes recortes de derechos sociales adquiridos por la población española (como la congelación de las pensiones, así como la reducción de fondos públicos para la sanidad, la educación, los servicios sociales y otros servicios del Estado del Bienestar, que suponen una reducción de los derechos sociales, pues la evidencia muestra que tales recortes están afectando negativamente a la calidad de tales servicios), que se están realizando bajo la excusa (no hay otro término para definir la argumentación que se está utilizando para justificar tales reducciones) de que así lo exigen los mercados financieros.

La expresión “la presión de los mercados determina la necesidad de hacer tales recortes” es la más utilizada y promovida por los establishments políticos y mediáticos del país. Pero la evidencia muestra que ello no es cierto.

Es fácil de ver que los mercados no están pidiendo que se hagan los recortes en estas transferencias y servicios públicos.

Si leemos los Informes, por ejemplo, de las agencias de valoración de bonos públicos (que no son necesariamente santos de mi devoción), vemos que lo que señalan es la necesidad de que los Estados reduzcan el déficit y la deuda pública.

Y hay muchas maneras de reducir el déficit y la deuda pública. La reducción del gasto público social no es la única ni la más eficaz para reducirlo.

En lugar de congelar las pensiones, por ejemplo, a fin de obtener una reducción del gasto público de 1.500 millones de euros, se podrían haber alcanzado los mismos ahorros mediante la cancelación, por ejemplo, de nuevas inversiones del Estado en equipamiento militar que incluye, entre otras medidas, la compra de 24 helicópteros de combate llamados Tigre.

O en lugar de recortar 600 millones de euros para los servicios a las personas con dependencia se podría haber eliminado el pago a los profesores de religión católica en el sistema público de enseñanza, ahorrando la misma cantidad.

O en lugar de variar la orientación de los recortes dentro del presupuesto público, podría haberse aumentado el ingreso de fondos al Estado (tanto central, como autonómico), revirtiendo los recortes de impuestos que han beneficiado predominantemente a las rentas superiores.

Si se recuperara, por ejemplo, el nivel de imposición que tenía el impuesto de sociedades de las grandes empresas (que facturan más de 150 millones de euros al año y que representan sólo el 0,12% de todas las empresas de España), volviendo al nivel impositivo que tenían antes de que Aznar y Zapatero les redujeran tal nivel, el Estado ingresaría 5.300 millones de euros más de los que recibe.

Si el impuesto sobre las grandes riquezas (que ingresan más de 120.000 euros al año) recuperara el mismo nivel que tenía antes de que Aznar y Zapatero lo redujeran, el Estado también recogería 2.500 millones de euros más. Y si se recuperara el impuesto de sucesiones se obtendrían 2.552 millones de euros más.

Otra alternativa podría ser eliminar el fraude fiscal de las grandes familias, las grandes empresas y la banca, que representa el 71% de todo el fraude fiscal existente en España. Con ello, el Estado ingresaría 44.000 millones de euros más.

Y otra alternativa podría haber sido corregir la gran regresividad en la imposición de las empresas en que éstas tienen un nivel impositivo efectivo del 17%, mucho más bajo que el nivel impositivo de las medianas y pequeñas empresas, y mucho más bajo que el nivel impositivo de los empleados y trabajadores en nómina, 37% (para el salario medio de 22.802 euros en España).

Todos estos datos, procedentes en su mayoría del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda del Estado español, muestran que hay alternativas sobre cómo reducir el déficit que ni siquiera están siendo consideradas en los establishments políticos y mediáticos del país.

El hecho de que se estén reduciendo las transferencias y servicios públicos del Estado del Bienestar en lugar de recortar otros ítems menos populares o aumentar los ingresos al Estado (sin que afecte a lo que paga en impuestos la gran mayoría de la población), no tiene nada que ver (repito, nada que ver) con la presión de los mercados financieros.

Tiene que ver única y exclusivamente con el distinto grado de influencia sobre el Estado español de distintos colectivos y clases sociales que existen en España.

¿POR QUÉ SE HACEN LOS RECORTES EN LUGAR DE APLICAR OTRAS ALTERNATIVAS?

¿Por qué, pues, se hacen estos recortes?

Y la respuesta es fácil de ver, aunque raramente el lector lo verá en los mayores medios. Es el enorme dominio de las derechas neoliberales existentes en las instituciones europeas, el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (BCE) que, con la complicidad de los partidos socialdemócratas gobernantes, han construido el euro según el dogma neoliberal que intentaba reducir al máximo el papel del Estado.

De ahí que se eliminaran las medidas más importantes que los Estados (de lo que pasó a ser la Eurozona) tenían para protegerse de la especulación de los mercados financieros. Estas medidas consistían en tener bancos centrales que imprimieran dinero con el cual comprar deuda pública del Estado, forzando así la bajada de los intereses de tal deuda.

Pero ahora los Estados de la Eurozona no pueden hacer ni lo uno ni lo otro. Están totalmente desprotegidos, Y de ahí que la deuda pública de tales Estados (incluyendo ahora Francia y pasado mañana la misma Alemania, y si no se lo cree, espere unos meses) esté sujeta continuamente a la especulación. Y para reforzar esta vulnerabilidad, al Banco Central Europeo también se le prohibió que transfiriera moneda a los Estados y/o comprara su deuda pública.

Lo hizo recientemente a regañadientes en el caso de España e Italia, y los intereses de la deuda pública española e italiana bajaron. Pero hubo una protesta que forzó la interrupción de tal media. El BCE puede sólo ayudar a la Banca privada, pero no a los Estados.

EL PROBLEMA ES LA FALTA DE PROTECCIÓN DE LOS ESTADOS FRENTE A LA ESPECULACIÓN DE LOS MERCADOS

¿Y por qué las derechas neoliberales desean tal vulnerabilidad de los Estados? Porque, en realidad, tales derechas desean debilitar al Estado del Bienestar, eliminar la protección social y abaratar los salarios.

Los intereses financieros y la gran patronal quieren la privatización de las transferencias como pensiones públicas, y de los servicios públicos del Estado del Bienestar, como la Sanidad, prohibiéndoles a los Estados que se endeuden, forzándoles a tener el déficit cero o cercano a cero.

De nuevo, podría reducirse el déficit subiendo los impuestos. Pero esto no ocurrirá, pues el capital tiene mucho más poder que el mundo del trabajo.

Y los datos hablan por sí mismos. Las rentas del capital han ido aumentando a costa de que las rentas del trabajo han ido disminuyendo. Nada menos que Nouriel Roubini, el economista al que se le atribuye el haber predecido la crisis financiera, lo reconoció en las páginas del Wall Street Journal (15.09.11).

Decía tal economista que el fenómeno más llamativo de lo que ha estado ocurriendo ha sido “una radical redistribución del ingreso desde el trabajo al capital, desde los salarios hacia los beneficios”. Y añadía este autor que esta redistribución era una de las mayores causas del enorme problema de falta de demanda, causa de la Gran Recesión.

Las medidas adoptadas por los gobiernos de la Eurozona (y de la UE-15), incluyendo el gobierno español, encaminadas a reducir los salarios y la protección social, con el debilitamiento y reducción tan notable del estado del bienestar, siguen este objetivo, utilizándose como excusa (de nuevo, no hay otra manera de definir la argumentación utilizada para definir tales medidas) que tales medidas son necesarias para incrementar la competitividad (véanse mis artículos cuestionando esta tesis, en la sección Economía política de mi blog http://www.vnavarro.org) y para calmar a los mercados, argumentos que carecen de evidencia que los avale.

Los mercados financieros no son calmables, pues son especulativos por definición.

El problema no son los mercados, sino la falta de protección de los Estados frente a la especulación de los mercados, vulnerabilidad que ha sido diseñada para debilitarlos y debilitar la protección social, reducir el Estado del Bienestar y privatizarlo.

EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE INFORMACIÓN

Tal promoción de los intereses del capital a costa de los intereses del mundo del trabajo exige una complicidad mediática, que presenta a las políticas que se están desarrollando (que incluye recortes sociales y prohibición a los estados de que se endeuden) como inevitables y necesarias.

La presentación de la reforma de la Constitución y de la Ley Orgánica que la complementa en España siguen esta línea.

Las dos se han presentado como inevitables y necesarias, cuando la evidencia es contundente y robusta de que no sólo son innecesarias, sino que son incluso contraproducentes, pues serán utilizadas para reducir todavía más al Estado del Bienestar español, el más poco financiado de la Eurozona y de la UE-15.

España tiene el gasto público social por habitante más bajo de ambas comunidades. Y esta reducción del gasto público, incluyendo el gasto público social, contribuye a disminuir la demanda, causa de la gran recesión.

El argumento que machaconamente se utiliza por voces favorables a tales medidas es que la reducción del déficit a niveles tan bajos como las Cortes Españolas aprobaron hace unos días no tiene porque significar la reducción del gasto público social.

El candidato del PSOE a la Presidencia del Gobierno, el Sr. Rubalcaba ha estado subrayando este punto repetidamente.

Tal postura ignora que la única manera de que tal medida no signifique una reducción del gasto público (del cual, el gasto público social es el mayor porcentaje) sería mediante un enorme aumento de los ingresos al Estado (equivalente a un 7% del PIB), lo cual es difícil que ocurra, debido al enorme poder de los colectivos que no están contribuyendo al Estado en la medida que lo hacen sus homólogos en otros países.

Es este enorme poder que explica como, durante el periodo de gobierno socialista, no se ha llevado a cabo el desarrollo de las políticas alternativas a los recortes, detallada en la primera parte del artículo.

Y este mismo poder es el que causó que la entrada de España al euro (que exigía la reducción del déficit del Estado por debajo de un 3% del PIB) se hizo a base de reducir (primero en términos absolutos y después en términos relativos) el gasto público social, de manera que el déficit social de España ( que se mide por la diferencia de gasto público social por habitante entre España y el promedio de la UE-15) era mayor en 2007 que en 1993, año en el que se empezaron las políticas de austeridad conducentes a la entrada de España en el euro.

Una última observación referente al papel de los medios de información y su rol en promocionar las políticas que se están aplicando. El País acaba de publicar una encuesta de Metroscopia (12.09.11) en la que señala que hay más españoles (56%) que favorecen los recortes de gasto público social que la subida de impuestos (31%), hecho que El País parece interpretar como el apoyo de las políticas de recortes que se ha estado haciendo.

Tal dato es tendencioso y sesgado, carente de credibilidad, pues no tiene la especificidad que requiere. El término impuestos es demasiado genérico, pues no señala quien paga estos impuestos.

Si se preguntara en España, la pregunta ¿qué favorecería usted para reducir el déficit del Estado, reducir los fondos públicos para las pensiones, para la sanidad pública, para la escuela pública, para los servicios domiciliarios para las personas con dependencia, para las escuelas de infancia (entre otras transferencias y servicios públicos) o que se revirtieron las bajadas de impuestos de las grandes familias, grandes empresas y de la banca que han ido ocurriendo en los últimos quince años?, la respuesta sería abrumadora a favor de la segunda alternativa.

Tal pregunta no se ha hecho en España. Se ha hecho en EE.UU. y el porcentaje favorable a esta última alternativa ha sido de 82% (sí, repito 82%). Y ello en EE.UU. Creo que en España sería incluso mayor.

EL PROBLEMA NO ES NI FINANCIERO NI ECONÓMICO. ES POLÍTICO

Es un profundo error el que el PSOE, que jugó un papel determinante (apoyado por los partidos a su izquierda) en el establecimiento del Estado del Bienestar en España, haya aprobado la reforma constitucional y la Ley Orgánica que la complementa y que afectará negativamente al Estado del Bienestar, dificultando la corrección del enorme déficit social de España.

Y es incluso peor cuando se opone a que tal reforma se ponga a referéndum. He escrito extensamente el porque ambas decisiones son además de profundamente equivocadas, antidemocráticas. Y tengo que admitir que me ha sorprendido la falta de voces críticas a tales medidas dentro de tal partido.

Tal situación está reforzando la impresión de que el PSOE es un partido de cargos políticos, junto con otros miembros que están esperando ocupar cargos políticos.

Esta percepción puede que sea errónea, pero se está generalizando y está haciendo un enorme daño al socialismo español. La ausencia de voces críticas dentro de tal partido hará muy difícil la necesaria renovación y cambio profundo que el socialismo español necesita.

Estos últimos años hemos estado viendo el enorme descenso del apoyo electoral y de la militancia de los partidos socialdemócratas en la Unión Europea como resultado, no de la falta de atracción del socialismo en democracia, como las derechas maliciosamente interpretan el descenso electoral de tales partidos, sino del distanciamiento de tales partidos del socialismo, llevando a cabo políticas, como las realizadas por el Gobierno Zapatero en respuesta a la crisis, que significan una rotura con aquel proyecto, un proyecto que continua siendo tan válido hoy como ayer.

Según la última encuesta de valores de la Unión Europea, nada menos que el 68% de la población de los países de la UE estarían de acuerdo en vivir en sociedades en que los recursos se distribuyeran según la necesidad de los ciudadanos, y que estos se financiaran según la habilidad de cada uno. El distanciamiento de las élites gobernantes de estos partidos socialdemócratas gobernantes hacia los principios del socialismo explica su descenso electoral.

El hecho real de que el gobierno del PP sea incluso peor no es causa movilizadora suficiente para muchos electores socialistas que están indignados con las políticas llevadas a cabo por un partido al cual depositaron su voto. Esta es la realidad que las élites dirigentes ignoran a un coste elevadísimo para el socialismo en España.

Los partidos socialdemócratas están perdiendo rápidamente su capacidad de estimular cambios a favor de las clases populares. Y España es, por desgracia, un ejemplo más de lo que está ocurriendo en la Unión Europea. En lugar de ser parte de la solución, se han convertido en parte del problema. Así de claro.

http://www.vnavarro.org/?p=6252
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¿Qué son los mercados financieros y la especulación financiera?


¿Qué son los mercados financieros y la especulación financiera?

Alberto Garzón Espinosa (ATTAC)

Sobre estos temas: deuda pública, especulación financiera, mercados financieros, regulación financiera, ventas a corto.

De entre todos los conceptos que ahora pululan en todos los debates políticos, y que antes estaban prácticamente reservados para los debates técnicos entre economistas, hay uno de especial interés que conviene ayudar a clarificar: el de los mercados financieros.
En efecto, hoy los mercados financieros están en todas partes (televisión, prensa, e incluso en los bares), pero en general todavía hay un amplio desconocimiento acerca de lo que son realmente y cómo funcionan.
Por eso he decidido hacer unas breves anotaciones que puedan ayudar a resolver algunas dudas importantes.
¿Qué es un mercado?
En primer lugar conviene recordar que el término mercado hace referencia al espacio, físico o virtual, en el que se encuentran compradores y vendedores de algún bien o servicio.
Es decir, existe mercado allí donde se intercambien productos entre dos partes, la que los compra y la que los vende, y por ende cualquier producto tiene su mercado.
Eso significa que si nosotros queremos vender nuestro viejo libro de economía neoclásica, porque ya no nos sirve, lo que tenemos que hacer es ir a un mercado donde podamos encontrar compradores para el mismo.
Lógicamente no vamos a ir al banco a venderlo. Lo que hacemos es buscar un mercado de libros de segunda mano.
Cuando vamos directamente a la librería de segunda mano lo que estamos haciendo es ir a un mercado, el de los libros de segunda mano, porque sabemos que esa librería actuará de intermediario. La librería se encarga de reunir a compradores y vendedores y tratar de ir realizando transacciones a cambio de una comisión.
La librería te compra el libro a 5 euros y lo vende a 7 euros. Actúa como intermediario y como creador de mercado puesto que en sí misma la librería es el mercado. Puede haber muchas más librerías de ese tipo en la misma ciudad, e incluso librerías online, y al negocio completo lo llamamos en abstracto el “mercado de libros de segunda mano”.
La liquidez y el precio en un mercado
Cuanta más participación haya en un mercado mayor capacidad tendremos nosotros para poder comprar y vender nuestros bienes y servicios.
Si resulta que hay pocos vendedores y pocos compradores de libros el mercado será lento e ineficiente.
Si queremos vender nuestro manual de economía neoclásica y resulta que dentro de los pocos compradores potenciales de libros no hay ninguno al que le interese la economía no podremos realizar la venta. Eso significa que seguiremos esperando un comprador con nuestro libro en la mano.
Se dice entonces que el mercado es poco líquido, es decir, que la capacidad de convertir los bienes en dinero constante y sonante es muy reducida.
Si por el contrario hubiera muchos vendedores y muchos compradores sería mucho más sencillo encontrar otra persona que quisiera nuestro libro, por lo que quizás en muy poco tiempo obtendríamos el dinero.
Y de la relación entre el número de compradores y el número de vendedores surgen los precios.
A partir de la siguiente regla: a mayor demanda, mayor precio (y mayor oferta, menor precio).
Si, por ejemplo, vamos con nuestro libro de economía a una librería especializada en física es probable que no encontremos compradores y que el intermediario -sabedor de ello- no quiera comprarnos el libro o nos ofrezca por él un precio muy bajo, digamos de 1 euro.
Si en cambio nos dirigimos a una librería especializada en economía entonces allí sí habrá muchos compradores y, por lo tanto, demanda.
Si quisiéramos vender nuestro libro directamente a los compradores, éstos competirían entre sí por ofrecer el mejor precio con el que convencernos. Exactamente como en una subasta. Así que el intermediario -sabedor de ello también- nos ofrecerá por nuestro libro un precio mucho más alto, digamos de 5 euros.
Cada mercado tiene sus participantes
En el mercado de libros de segunda mano suelen participar únicamente individuos particulares que desean comprar y vender libros, pero no participan bancos, empresas o agentes económicos más grandes. Eso es porque cada mercado suele tener sus propios tipos de participantes.
El mercado inmobiliario, por ejemplo, hace referencia al espacio donde se encuentran compradores y vendedores de viviendas. Ahí ya no sólo encontramos a particulares sino que también encontramos en ambas partes (la del comprador y vendedor) a los bancos, a grandes empresas o incluso al Estado.
Todos esos agentes negocian los precios con los que comprarán y venderán las viviendas.
Y esto es muy importante porque todos esos agentes que no son individuos, y debido a su poderío económico, pueden modificar el mercado con facilidad.
Precisamente porque tienen la capacidad económica, ya que manejan grandes sumas de dinero, pueden comprar y vender de forma estratégica, buscando ser favorecidos en las transacciones.
Por ejemplo, los bancos actualmente tienen en España un gran stock de viviendas en venta pero que no consiguen vender. Pero en España también hay gente que quiere comprar viviendas.
La clave está en que los precios de oferta y los precios de demanda no coinciden, es decir, que por lo que los compradores están dispuestos a pagar es mucho menor que por lo que los vendedores están dispuestos a vender. Si los bancos bajaran los precios de las viviendas entonces los compradores podrían estar de acuerdo.
Los bancos, además, reducen artificialmente la oferta de viviendas al no poner en venta muchas de las viviendas que tienen y creando de esa forma una escasez aparente para mantener los precios altos.
Y esto es crucial.
Cuando hay pocos participantes en el mercado (en una de las partes) o un participante es muy poderoso económicamente puede influir mucho en cómo evolucionan las transacciones. Digamos que puede influir en la oferta y en la demanda, y por lo tanto en los precios.
Los tres o cuatro bancos más grandes pueden ponerse de acuerdo para no bajar los precios de las viviendas y mantenerse esperando que los compradores se atrevan a ofrecer más, o bien pueden también comprar masivamente casas para elevar artificialmente el precio (ya que sube la demanda).
El mercado de deuda pública
Todos los mercados a los que antes hemos hecho referencia son mercados de bienes físicos. Ahora vamos a adentrarnos en los mercados financieros, es decir, en aquellos en los que se negocian títulos que conllevan compromisos futuros de pago.
El más conocido por su radiante actualidad es el mercado de deuda pública.
El mercado de deuda pública es el mercado donde se encuentran por una parte los países que necesitan financiación y, por otra, los inversores que están dispuestos a proporcionarles esa financiación. Ya sabemos que cuando un Estado tiene déficit (menores ingresos que gastos) necesita pedir prestado, y una de las formas para hacerlo es emitiendo títulos de deuda pública.
Esos títulos que emite son comprados por inversores que lo que están haciendo en realidad es prestar al Estado ese dinero a cambio de que en un plazo de tiempo determinado el Estado les devuelva ese dinero junto con un porcentaje de intereses. Al porcentaje de intereses se le llama rentabilidad.
Como todos los Estados tienen necesidad de endeudarse el mercado de deuda pública está siempre muy activo, especialmente en tiempos de crisis. Hay mucha oferta (títulos de deuda pública de diferentes países) y mucha demanda (inversores que buscan rentabilidad segura, puesto que se supone que los títulos de deuda pública son los más seguros; si no paga el Estado es que la cosa está verdaderamente mal).
Y en este mercado los participantes son fundamentalmente los grandes inversores financieros (banca y fondos de inversión gestionados por ellos), y no ya tanto los particulares (que en cualquier caso pueden participar).
Si nosotros somos el gestor de un fondo de inversión de un banco, es decir, una persona que tiene a su cargo una gran cantidad de dinero que quiere revalorizar, esto es, convertir en más dinero, tendremos que valorar si nos conviene invertir en el mercado de deuda pública.
Y si decidimos que sí debemos también decidir qué títulos concretos de deuda pública comprar. Por eso vamos al mercado de deuda pública y vemos qué ofrecen los diferentes países.
El sistema de venta de títulos es por subastas, aunque hay varios tipos de subastas así como también hay varios tipos de títulos y vencimientos (plazos de devolución), así que cada país ofrece un precio por sus títulos de deuda. Los inversores buscan siempre los títulos más baratos porque son los que ofrecen más rentabilidad.
Se sigue el siguiente razonamiento: menor precio refleja más inseguridad y mayor rentabilidad. Si el precio es bajo significa que hay pocos compradores y eso significa que la gente no se fía suficiente de que se les devuelva el dinero, por lo que esos compradores exigen una rentabilidad más alta.
Si un país, por ejemplo España, ofrece títulos y en la subasta van pocos compradores entonces tendrá que bajar el precio de sus títulos y, por ende, subirá la rentabilidad de los mismos, es decir, pagará más en concepto de intereses por cada título que venda a los inversores.
En realidad cada país está haciendo sus subastas y llamando de esa forma a los inversores.
Y los resultados de esas subastas son diferentes según los países, diferencias de las cuales nacen conceptos como el de “prima de riesgo” (que cuantifica la diferencia de rentabilidad ofrecida por los países respecto de Alemania, que es el país con una economía más sólida).
Se supone entonces que los precios de los títulos reflejan los fundamentos de la economía o, más concretamente, la capacidad que cada país tiene para devolver el dinero. Pero en realidad no sólo depende de eso.
La especulación en el mercado de deuda pública
Sabemos entonces que por un lado tenemos a la oferta (países) y por otro lado a la demanda (los inversores), que se reúnen en el mercado de deuda pública para negociar.
Unos buscan financiación y otros la ofrecen a cambio de un porcentaje en intereses y el compromiso de devolución del dinero prestado. Y como en todo mercado también se puede influir en él para crear unas mejores condiciones que te favorezcan.
Supongamos ahora que soy un inversor. Concretamente soy Jorge Soros, gestor de un fondo de inversión multimillonario. Me levanto por la mañana y miro en las pantallas de mi oficina cómo están los indicadores fundamentales de la economía (crecimiento, inflación, etc.), las noticias de última hora (las declaraciones de los gobiernos, por ejemplo), las subastas de deuda pública programadas para hoy y también los mercados secundarios de deuda pública (que son los lugares donde se compran y venden los títulos de deuda pública por segunda y más veces; como los libros de segunda mano pero en títulos).
Entonces planeo mi estrategia. Como gestiono un fondo multimillonario tengo capacidad para mover el mercado, es decir, mi oferta de compra o venta es tan cuantiosa que es prácticamente la totalidad del mercado. Si decido comprar títulos de deuda pública de España eso incrementará la demanda y eso mandará una señal al resto de inversores: la gente está comprando títulos de España, lo que quiere decir que se fían de ellos y por lo tanto son más seguros.
En consecuencia el precio subirá y la rentabilidad caerá. España podrá conseguir dinero más barato (pagará menos en concepto de intereses). Pero claro, ¿para qué yo, Jorge Soros, voy a querer comprar títulos que me den poca rentabilidad? Tengo mejores planes, concretamente imitar la estrategia que un tal George Soros hizo en el Reino Unido en los noventa y que hizo a un país entero ceder ante él (ver aquí).
Lo que hago como inversor es lo siguiente. Voy al mercado secundario de deuda pública y pido prestados muchos bonos, una gran cantidad.
Cuando tengo todos esos bonos voy preparando el terreno para el ataque, lo que consigo gracias a la publicación de rumores y exageraciones (“España va mal”, “sus cuentas no salen”, “los planes no funcionan”, “se necesitan más recortes”, etc.) y cuando los tambores de guerra han sonado suficiente… en ese momento vendo masivamente todos los títulos que me han prestado a un precio de 1.000 euros el título.
Entonces el resto de inversores que están también mirando sus pantallas ven lo siguiente: noticias de desconfianza en España y un número bestial de venta de títulos de deuda pública.
Esos inversores razonan pensando que los inversores están vendiendo títulos de deuda pública porque no se fían, y entonces todos hacen lo mismo. Se produce una estampida con muchas decisiones de venta que hacen bajar los precios. Y cuando los precios han bajado mucho aparezco yo otra vez, Jorge Soros, y los compro masivamente a 200 euros el título.
Consecuencias de todo el proceso: yo vendí los títulos a 1.000 euros y los compré a 200 euros. Como eran prestados también tendré que pagar un poco en concepto de intereses a la hora de devolverlo, pero seguiré ganando.
Y la otra consecuencia es que España está bajo ataque permanente y en la próxima subasta que haga los inversores le exigirán mucha mayor rentabilidad porque en teoría el mercado (secundario de títulos) está reflejando que no garantiza bien la devolución de los títulos, es decir, que su política económica debe cambiar para asegurar más confianza.
Es entonces cuando llegan los planes de ajuste “impuestos” por los mercados financieros y el ya conocido “chantaje de los mercados“.
Los agentes financieros y las operaciones especulativas
Como nuestro yo del ejemplo, Jorge Soros, está repleto el sistema financiero. Y no es para menos puesto que la única lógica del capital financiero (ese dinero que busca transformarse en más dinero) es ni más ni menos que buscar las oportunidades de mayor rentabilidad y, si es posible, crearlas.
Los especuladores son en realidad los propios inversores, no son una figura distinta, ya que su lógica es lo único que cuenta. Y como tales operan como los tiburones: huelen sangre (por ejemplo cualquier noticia real de una economía, tal como las trampas contables de Grecia) y atacan sin piedad extorsionando hasta el límite.
No hay inversores buenos ni inversores malos: son todos inversores operando con sus propias reglas, por supuesto inmorales y antisociales (pues sólo responden ante la rentabilidad). Es un capitalismo de hipercompetencia (leer esto para ver ejemplos y entender la lógica) y sólo los más “listos” ganan.
Los mercados financieros no son entes abstractos como nos hacen creer, y tampoco son entidades divinas que nos dicen lo que está bien y lo que está mal. Son simples jugadores de casino aprovechando su inmenso poder para hacer y deshacer la economía mundial, sin atender a las consecuencias.
Durante más de treinta años de hegemonía del neoliberalismo estos agentes (bancos, fondos de inversión, grandes empresas, etc.) han creado las condiciones para explotar mucho más este negocio.
Han desregulado los mercados, permitiendo su expansión a todos los niveles y eliminando casi todas las normas que limitaban diferentes prácticas, y han creado productos financieros complejos con los que seguir jugando más y más para seguir respondiendo al mismo objetivo.
El ejemplo de Jorge Soros es uno más entre tantas otras formas de manipular un mercado cualquiera. Y las conspiraciones no hacen falta cuando todos los inversores se aprovechan de esas situaciones en las que quien paga al final es el Estado.
Por todo esto, y por mucho más, estamos completamente legitimados cuando decimos que en este mundo, nuestro mundo de hoy y no el del siglo XIX, la clase dominante que se parapeta tras los bancos y fondos de inversión, está explotando y desplumando a las clases populares.
Y como dijo el multimillonario Warren Buffet “la lucha de clases sigue existiendo, pero es la mía la que va ganando”. Para cambiar ese hecho creo que necesitamos empezar a comprender la esencia de los fenómenos que están detrás de cada paso de regresión social.

PUBLICADO POR ARGENPRESS EN 13:54:00
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