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Para dar y tomar

Los métodos buenrrollistas del #15M tan solo nos han traído un golpe de estado financiero, una reforma electoral que nos ahoga todavía más, una reforma laboral que perpetua la precariedad y el desmantelamiento por piezas de la sanidad y educación públicas. ACCION


El 15 M y el optimismo de la voluntad
El balance es incomprensiblemente optimista aunque los hechos demuestren lo contrario.
Nega (LCDM) | Para Kaos en la Red | Hoy a las 13:27 | 205 lecturas
www.kaosenlared.net/noticia/15-m-optimismo-de-la-voluntad

Me gustaría compartir el optimismo que derrochan algunos analistas respecto al 15-M, me gustaría de veras pero no puedo. Tengo la terrible sensación de que el citado movimiento se ha estancado (en el mejor de los casos) o ha llegado a un punto de no retorno (en el más dramático de los panoramas).  Transcurridos ya seis meses desde que se tomaron las plazas, es hora de hacer balance y ese balance no se vislumbra especialmente halagüeño.

Una de las principales reivindicaciones del movimiento (sino la principal) versaba en torno a una mayor participación ciudadana en política, en la exigencia de una democracia horizontal en la que los ciudadanos tuvieran voz más allá del voto cada cuatro años, un «queremos que se cuente con nosotros».

El baño de realidad se traduce en la reforma express   de la Constitución, un golpe de estado financiero ejecutado por el partido único (PPSOE) que subordina el gasto social a la deuda, maniobra perpetrada completamente a espaldas de la ciudadanía que impotente, mira como su principal reivindicación no sólo es ignorada sino invertida hasta el insulto.

¿Queríais café? Tomad dos plazas, que diga dos tazas.

Otro paradigma de las movilizaciones fue (y el pretérito no es inocente) la tan cacareada reforma electoral, esa misma que con su [des]proporcionalidad beneficia  al bipartidismo y ahoga a los partidos minoritarios, especialmente a aquellos a la izquierda del espectro político.

Nuestras plegarias (porque son plegarias y no exigencias) fueron escuchadas y sí, hubo reforma de la ley electoral… pero para ahogar más si cabe a los partidos minoritarios.

Reforma que se materializa en el patético escenario que nos dibuja a Izquierda Anticapitalista, Equo o PACMA, dando volteretas circenses en busca de los avales necesarios para poder presentarse a los próximos comicios. Gran victoria, igual es que no matizamos bien en qué dirección queríamos una reforma de la ley electoral…

Por último y no por ello la menos importante, las movilizaciones gritaron hasta desgañitarse en contra de una precariedad laboral insoportable y cruel, y mucho me temo que esta reivindicación también fue escuchada por nuestras autoridades: perpetuación del contrato temporal de forma indefinida y por ende, permanencia por los siglos de los siglos de la precariedad laboral.

Algún cabrón deslenguado podría apuntar que casi mejor que no reivindiquemos nada porque siempre conseguimos lo contrario a lo que pedimos, que mejor no darles ideas.

Y todo ello sin contar con la privatización de las aulas madrileñas, los recortes en sanidad catalanes o la colocación en Rota del escudo antimisiles de la OTAN, valorado en la nada desdeñable cifra de 100.000 millones de euros, es un número inabarcable.

Y mientras esto sucede, mientras nos cubren de mierda cada vez que pedimos por favor que no nos meen, en Torrelavega (Cantabria) se reprime a viejitos represaliados por llevar la bandera republicana el 15-O (bandera por la que lucharon muchos de los que todavía se encuentran enterrados en las cunetas) o en las páginas de esta web (sí, de Kaos, no de El País) se llama descerebrados a los jóvenes italianos que atacaban a los bancos y se enfrentaban con los carabinieri ya que claro, habían ensuciado nuestra protesta global multicolor y buenrrollista.

Sois unos miserables y unos malnacidos, sí, los del artículo citado.

Comentaba (con toda la razón del mundo) Íñigo Errejón en La Tuerka, que jamás un país ha salido de una crisis estructural mediante la receta neoliberal de recortes y más recortes en lo público, que nadie podía poner el ejemplo de un solo país que hubiera salido a flote recortando en lo público y en lo social, el argumento es históricamente irrebatible.

De hecho basta recordar el New Deal de Roosvelt de impulso y potenciación de lo público tras el crack del 29.

El planteamiento lo podemos extrapolar a la lucha y cerciorarnos de si algún país de verdad (caeros ya del burro de Islandia, ese país con cuatro gatos que carece de ejército armado) ha transformado su sociedad, ha avanzado en lo social y en lo político, repartiendo flores, haciendo sentadas pacíficas o sonoras batucadas. La inevitabilidad histórica de la respuesta es obvia.

Incluso Ghandi, siempre en la boca de los pacifistas fundamentalistas que reprimen banderas republicanas, callaba y no condenaba las acciones armadas de los distintos grupos armados indios de corte independentista que atentaban contra las tropas e intereses británicos, quizá porque Gandhi recordaba la palabras de Martí cuando afirmó «Aquellos que no tienen el valor de sacrificarse deben al menos tener el pudor de callarse ante los que se sacrifican».

Si la tragedia se materializa para el combativo pueblo griego, cabe preguntarse qué prepara el neoliberalismo para nosotros, siempre tan dóciles y cívicos y dispuestos a condenar a nuestros semejantes y pedir las cosas por favor, casi mejor no ponerse a imaginar.

Pero aunque soy pesimista también (o a consecuencia de) soy cabezón hasta extremos insospechados y por ello seguiré acudiendo a todas las convocatorias y manifestaciones, quizá con la esperanza de que los fundamentalista de las flores y los globos se percaten de que los métodos buenrrollistas nos han traído un golpe de estado financiero, una reforma electoral que nos ahoga todavía más, una reforma laboral que perpetua la precariedad y el desmantelamiento por piezas de la sanidad y educación públicas.

Y eso son los hechos objetivos, aunque duelan.

Quizá se planteen que hay que cambiar de método, que la gente en la calle no se puede convertir en un fin sino en un medio (como sucedió con las acampadas), que hay que ir más allá, que los derechos no se mendigan se conquistan, que nunca se pidió permiso para cambiar la Historia.

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