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PARAÍSOS FISCALES EN LA GLOBALIZACIÓN por Alberto Garzón Espinosa.


HAOL, Núm. 26 (Otoño, 2011), 141-153 ISSN 1696-2060
© Historia Actual Online 2011 141

PARAÍSOS FISCALES EN LA GLOBALIZACIÓN
FINANCIERA.
Alberto Garzón Espinosa.

Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. E-mail: agarzon@agarzon.net
Recibido: 20 Mayo 2011 / Revisado: 3 Junio 2011 / Aceptado: 22 Junio 2011 /
 Publicación Online: 15 Octubre 2011
http://www.historia-actual.org/
Resumen: Los paraísos fiscales son espacios
financieros caracterizados ante todo por su baja
o nula tributación. 
En este artículo
examinaremos con detalle el uso de los mismos
por parte de los agentes económicos,
centrándonos especialmente en los bancos y los
fondos de inversión colectiva. No obstante,
como elementos clave de un nuevo contexto
financiero los paraísos fiscales han tenido un
papel fundamental en la gestación y expansión
de todas las crisis financieras recientes, razón
por la cual también estudiaremos las
consecuencias que la existencia misma de los
paraísos fiscales tiene sobre la economía y el
sistema financiero.
Palabras clave: Paraísos fiscales, globalización
financiera, neoliberalismo
______________________
INTRODUCCIÓN.
Soy en día, y especialmente desde la
reciente crisis financiera prácticamente
todo el mundo ha oído hablar de los
paraísos fiscales. Su nombre suele estar asociado
a la corrupción o a la evasión fiscal, y
normalmente son entendidos como instrumentos
utilizados para bien ocultar ingresos procedentes
de actividades ilegales o bien ocultar ingresos
que siendo legales deberían haber sido
declarados ante el Estado. Sin embargo, su
extensión y trascendencia va mucho más allá de
esta simple descripción. No en vano, y como
veremos más adelante, los paraísos fiscales
también agravan las crisis financieras y
contribuyen a su gestación, son un canal que
agudiza las desigualdades y la pobreza, permiten
y protegen la delincuencia financiera y socavan
las democracias al condicionar el
comportamiento de los países en materia fiscal y
de política económica.
El presente documento está estructurado como
sigue. En el epígrafe segundo
contextualizaremos el fenómeno de los paraísos
fiscales para entenderlos como un elemento más
en el marco de una nueva configuración
económica y financiera que se hace dominante
desde los años ochenta. En el epígrafe tercero
analizaremos la problemática de la definición de
los paraísos fiscales y sus características. En el
epígrafe cuarto estudiaremos en detalle los
sujetos económicos que utilizan los paraísos
fiscales, con especial atención a los bancos y los
fondos de inversión colectiva pero sin dejar de
lado a las empresas transnacionales y a las
grandes fortunas. En el mismo epígrafe
mostraremos también ejemplos del uso de los
paraísos fiscales. En el epígrafe quinto veremos
cuáles son las consecuencias que sobre la
economía real tiene la existencia de los paraísos
fiscales. Y finalmente en el último epígrafe, el
sexto, estableceremos las conclusiones.

1. GLOBALIZACIÓN FINANCIERA Y
NEOLIBERALISMO
No puede entenderse el papel que juegan los
paraísos fiscales en la economía contemporánea
sin atender en primer lugar a las
transformaciones que en la economía mundial
han tenido lugar en las últimas décadas. Dichas
transformaciones no sólo han modificado la
forma en la que se relacionan los sujetos
económicos sino que también han dado lugar al
nacimiento de nuevas formas de negocio y de
nuevos productos financieros cuya existencia es
pareja a la de los paraísos fiscales. Por esa razón
comenzaremos el presente documento
contextualizando el fenómeno que vamos a
H
Paraísos fiscales en la globalización financiera Alberto Garzón Espinosa
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estudiar, y lo haremos estableciendo como punto
de inicio la crisis estructural que asoló al mundo
desarrollado a lo largo de los años setenta.
En efecto, dicha crisis tiene su reflejo en el
estancamiento de la producción, de la inversión
y de la productividad, el aumento de la
inflación, el incremento del desempleo y una
agudización de los desequilibrios
internacionales, entre otros (Arrizabalo, 1997:
75). Hay muchos factores que desencadenaron la
crisis estructural de los años setenta, pero baste
señalar sólo unos cuantos (Palazuelos, 1998): la
desaparición del sistema monetario
internacional, dando paso a un nuevo escenario
internacional sin normas; el reciclaje de los
petrodólares, que proporcionó una ingente
liquidez a los grandes bancos de los países
desarrollados; la desorganización de los
mercados de materias primas, estimulando los
mercados de futuros y nuevas formas financieras
especulativas; la posición privilegiada de las
corporaciones transnacionales, presionando cada
vez más por la liberalización de los movimientos
financieros; y los déficits presupuestarios,
resultado de la crisis y causa de la creciente
emisión de deuda pública.
En todo caso, con esta crisis se rompía un
modelo de crecimiento que desde los años de
posguerra había proporcionado un crecimiento
económico elevado y sostenido en el tiempo, y
cuya consecuencia principal residía en el
deterioro de la rentabilidad empresarial. En
efecto, la crisis había deteriorado las
oportunidades de ganancia de las empresas y se
hacía necesario restaurar esos espacios para que
la economía siguiese funcionado correctamente.
Y esa recomposición tenía que realizarse por
medio de reformas legislativas en materia
económica.
Esas medidas, que de forma amplia vinieron a
denominarse ‘políticas de ajuste’ y cuyo
objetivo central era la recomposición del espacio
de ganancia perdido, fueron legitimadas a partir
de las bases teóricas del neoliberalismo, una
ideología nacida sobre los escritos de F. Hayek y
M. Friedman (Tablas, 2007b: 205). El
neoliberalismo se convirtió en dominante en las
décadas posteriores, especialmente tras el
ascenso al poder de gobiernos que, como el de
Thatcher en Reino Unido y Reagan en Estados
Unidos, se inspiraron en tales principios para su
política económica.
La conceptualización del neoliberalismo no es
sencilla, pero aquí seguimos la definición según
la cual el mismo, amén de ser una ideología,
“representa una revuelta contra el rumbo del
capitalismo en el siglo XX y muy especialmente
contra el que adopta en su segunda mitad, bajo
el modelo de desarrollo fordista” (Tablas,
2007b: 202). Se trata, además, de un proyecto
“proyecto político para restaurar las condiciones
para la acumulación capitalista y el poder de las
élites económicas”, sin que ello signifique
necesariamente perseguir la reducción del peso
y el papel del Estado (Harvey, 2009: 19).
Si bien la recuperación de la tasa de ganancia
era el objetivo básico, los mecanismos por los
cuales los gobiernos neoliberales trataron de
alcanzar sus objetivos fueron, por un lado, el de
la “ampliación de espacios de acumulación y
ganancia a costa del sector público” y de la
“ruptura de los marcos regulatorios nacionales”
y, por otro lado, el “ensanchamiento de los
márgenes de ganancia en todos los sectores
(recortes sociales, desregulación…)”
(Arrizabalo, 1997:85). De forma más precisa,
sin embargo, puede caracterizarse al
neoliberalismo de la siguiente forma (Kotz,
2008b):
1. La desregulación del comercio y de las
finanzas, tanto en su nivel nacional como
internacional.
2. La privatización de muchos servicios
ofrecidos por el Estado hasta entonces.
3. El cese de la regulación activa del Estado en
el plano macroeconómico.
4. Una fuerte reducción del gasto social estatal.
5. La reducción de impuestos a negocios y
riqueza individual.
6. El ataque de las grandes empresas y Estados a
los sindicatos.
7. El desplazamiento desde el dominio de los
empleos fijos hacia los empleos temporales.
8. La competencia desenfrenada y despiadada
reemplazó el comportamiento “co-respective”
practicado hasta entonces.
9. La introducción de principios de mercado
dentro de las grandes empresas, en particular en
lo referente a la contratación de directivos.
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El propio desarrollo post-crisis en conjunción
con la aplicación de las políticas de naturaleza
neoliberal provocaron cambios de notable
importancia en la configuración económica
mundial. Además, y como apunta Torres (2010:
26) se introdujeron “nuevos valores sociales y
condiciones de socialización que fomentaran el
individualismo, la fragmentación social y la
banalización de las relaciones sociales como
fuentes de la sumisión y la desmovilización
política”. Asimismo, se aceleró la globalización
financiera y se transformaron tanto las
relaciones entre agentes económicos como
entre el sector productivo y el sector
financiero.
En este nuevo marco se produjo la expansión
de los paraísos fiscales y la generalización de
su uso, debido a que institucionalmente y de
facto quedaron legalizados.
2. LOS PARAISOS FISCALES.
Lo primero que debe tenerse en cuenta es que
no existe una definición precisa de lo que se
entiende por paraíso fiscal. El fenómeno es de
una complejidad tal que las instituciones
internacionales que lo han estudiado (Fondo
Monetario Internacional, Organización para la
Cooperación y el Desarrollo Económico, etc.)
no han llegado a ningún consenso acerca de lo
que son realmente los paraísos fiscales. Una
muestra de ello es la inmensa cantidad de
formas que existen para hacer referencia a
ellos: jurisdicción o enclave offshore,
jurisdicción o enclave de baja tributación,
enclave extraterritorial, oasis fiscal, tax havens
(refugios de impuestos), centros
extraterritoriales, etc.
No obstante, y para el propósito que aquí
tenemos, hemos optado por quedarnos con la
siguiente definición:
“[Son paraísos fiscales] todos los centros
financieros que desarrollan una actividad
desregulada, descontrolada y ajena a las
regulaciones comunes a los demás países con
los que se relacionan, por estar destinados de
modo especial a las empresas o a los
particulares no residentes, actividad
incentivada por la escasa o nula tributación”.
(Vigueras, 2000)
Se trata pues de territorios cuyas regulaciones,
fundamentalmente fiscales y financieras, son
establecidas con el fin de atraer dinero
procedente del exterior que no tendrá como
destino la actividad productiva del país
receptor. Hablamos entonces de paraísos
fiscales sólo para extranjeros, ya que para los
residentes las regulaciones suelen ser mucho
más estrictas. Es la razón por la que se habla
también de sistemas duales: un sistema de
juego muy flexible y laxo para los extranjeros
que convive con un sistema fuertemente
regulado y supervisado para los residentes.
2.1. La lista de los paraísos fiscales.
Los organismos internacionales establecen una
serie de características que serían comunes a
todos los paraísos fiscales, y a partir de ellas
elaboran sus listas. Y, como hemos dicho,
todos los organismos difieren al considerar si
algunos territorios son o no verdaderos
paraísos fiscales precisamente por diferencias
en el criterio de asignación. Además, tales
criterios pueden cambiar a lo largo del tiempo
tal y como perfectamente refleja la cambiante
lista de paraísos fiscales ofrecida por la OCDE.
Tabla 1: Número de paraísos fiscales según distintas organizaciones internacionales
Organismo Número de Paraísos fiscales reconocidos
Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), año 2000. 62*
Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), año 2009. 42*
Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo (OCDE), año 2011. 8*
Fondo Monetario Internacional (FMI) 42
Senado de Estados Unidos 35
Tax Justice Networrk (TJN) 72
* Se suman los territorios considerados por la OCDE como paraísos fiscales, otros centros financieros y
jurisdicciones no cooperativas.
Fuentes: TJN (2007), TJN (2010), Vigueras (2000), Vigueras (2010)
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La OCDE inició un ambicioso programa de
reconocimiento y estudios de paraísos fiscales
entre los años 1998 y 2000, resultado del cual
se señalaron un total de 41 paraísos fiscales y
21 territorios con potencial dañino en el ámbito
fiscal. Tras la reciente crisis financiera el G-20
se reunió en Londres en 2009 y elaboró una
serie de listas en las que ubicó a los diferentes
territorios susceptibles de ser paraísos fiscales.
El criterio seguido, sin embargo, fue muy
ambiguo y poco riguroso puesto que se basaba
en la aplicación o incluso únicamente
compromiso de que los territorios suscribieran
un mínimo de 12 convenios bilaterales para el
intercambio de información fiscal a petición. Y
esos convenios serían válidos aunque ambas
partes fuesen “paraísos fiscales”.
Así, tras la cumbre del G-20 de Londres
quedaron 38 territorios en la lista gris
(jurisdicciones comprometidas con los
estándares de la OCDE) y 4 territorios en la
lista negra (jurisdicciones que no se habían
comprometido en nada). Debido a que salir de
tales listas implicaba “limpiar” el nombre del
territorio y que además no había que asumir un
coste demasiado excesivo, ya que la firma final
del convenio bilateral ni siquiera era necesaria,
para 2011 la OCDE ya no reconocía ningún
territorio en la lista negra y sólo a 8 en la lista
gris (OCDE, 2011)
2.2. Características de los paraísos fiscales.
Dicho esto, y teniendo siempre presente que
pueden diferir mucho entre un paraíso fiscal y
otro, vamos a ver algunas de las características
más importantes.
La primera de todas es su fiscalidad nula o
reducida, que es utilizada para atraer el dinero.
Hay que tener en cuenta que el dinero se
mueve por el sistema financiero global
buscando revalorizarse, es decir, aumentar de
valor. Para las empresas, bancos y otros
agentes que mueven ese dinero los impuestos
son entendidos como un coste que reduce sus
beneficios y, por lo tanto, su rentabilidad. La
lógica de estos agentes será, en consecuencia,
la de reducir sus cargas impositivas utilizando
todo tipo de mecanismos y uno de ellos, el que
aquí nos ocupa, es el uso de los paraísos
fiscales. Por ese motivo los territorios
considerados como paraísos fiscales reducen la
presión fiscal hasta incluso hacerla
desaparecer, bien en general o bien la que
afecta a sectores o entidades específicas, en un
intento de atraer de ese modo capital
internacional. No obstante, esto mismo no sólo
ocurre en los llamados paraísos fiscales sino
también en los países desarrollados y países en
desarrollo, los cuales están sometidos a una
intensa competición fiscal.
Los paraísos fiscales son usados para dos tipos
de actividades generales vinculadas a los
impuestos: la elusión fiscal y la evasión fiscal.
La elusión fiscal es la práctica según la cual las
empresas diversifican los territorios donde
pagan impuestos buscando que para el
conjunto de la empresa la carga fiscal sea
menor que si pagara en un único territorio. La
elusión fiscal es una práctica legal. Por otra
parte, la evasión fiscal es una práctica ilegal
que consiste en no registrar ganancias que
deberían ser gravadas con algún tipo de
impuesto.
Una segunda característica es la laxa normativa
financiera. Es posible hacer prácticamente todo
en el ámbito financiero de un paraíso fiscal:
desde crear nuevas instituciones financieras
(bancos o entidades para los bancos) en unos
instantes y sin apenas requerimientos hasta
constituir empresas enteras o holdings
(conglomerados de empresas), pasando por el
secreto bancario (la discreción y reserva
profesional que tienen los bancos y sus
empleados para no revelar el verdadero
propietario de las cuentas o activos materiales).
Una tercera característica es la ya mencionada
naturaleza de enclave, esto es, de territorio con
un sistema regulatorio dual: diferente para
residentes y para extranjeros. A las entidades
que se establecen en los paraísos fiscales,
especialmente si son entidades financieras, no
se les aplica prácticamente ninguna regulación
(cosa que sí ocurriría en caso de estar
establecidas en el país de origen1). Por esta
misma razón se suele dar una relación
desproporcionada entre el nivel de actividad
financiera y la economía real del territorio en
cuestión. Un ejemplo significativo es el de la
isla de Sark, que en el año 2005 tenía 575
habitantes, 15.000 empresas y un único
residente era director de 2.400 empresas
(Vigueras, 2000).
Una cuarta característica es su condición de
territorios con autogobierno suficiente para
determinar su propia regulación en materia
fiscal y económica, sin que ello signifique que
tengan que tener la condición de países. A
veces se entiende también que algunos
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territorios dentro de los propios Estados
también pueden ser paraísos fiscales debido
precisamente a esta capacidad. Por otra parte, y
debido a que los paraísos fiscales también
compiten entre ellos, muchos de ellos se han
especializado en algún tipo de servicio
(especulación con títulos, registro de buques,
etc.). En todo caso, y merece la pena reseñarlo,
toda la actividad económica en los paraísos
fiscales es muy poco transparente. No existen
datos precisos del movimiento real de dinero
por dichos territorios, y de forma oficial sólo
podemos contar con datos parciales y con
estimaciones.
Cantidades estimadas que son gestionadas en paraísos fiscales o pérdidas provocadas por su
falta de tributación en los países de origen:
Organización Cantidad
Tax Justice Network (TJN), 2005 11’5 billones de dólares sólo por los HWNI. 250 mil millones de pérdidas de ingresos.
Tax Justice Network (TJN) 9’2 billones de euros en paraísos fiscales
Global Financial Integrity (GFI),
2010 1,06 billones de dólares en pérdidas de ingresos por flujos financieros ilícitos
Global Financial Integrity (GFI),
2010 106 mil millones de pérdidas anuales en los países en desarrollo por prácticas de evasión fiscal
Global Financial Integrity (GFI),
2010 10 billones de dólares en cuentas corrientes en paraísos fiscales
Oxfam, 2009 64-124 mil millones de dólares anuales de pérdidas de ingresos en países en desarrollo
CEPAL 35 mil millones de dólares en pérdidas de ingresos por elusión fiscal
Christian Aid 160 mil millones de dólares de pérdidas en países en desarrollos
Fuente: Escario (2011), Vigueras (2009), DPRN (2010), TJN (2011).
2.3. ¿Quiénes y cómo utilizan los paraísos
fiscales?
El uso de los paraísos fiscales corre
fundamentalmente por parte de tres tipos de
agentes diferentes: bancos, empresas
transnacionales e individuos de grandes
patrimonios. Si bien todos estos agentes se
aprovechan de los paraísos fiscales en
beneficio propio, sus fines concretos y sus
mecanismos difieren de unos a otros. Hay que
hacer notar que cuando hablamos de bancos
nos estamos refiriendo a las entidades
financieras en general y no sólo la banca
comercial, y asimismo advertimos que a pesar
de que también son empresas transnacionales
los analizamos por separado por su papel
específico en la gestión de los fondos de
inversión colectiva.
Empresas financieras
Agentes financieros y Paraísos Fiscales
Hogares
Empresas transnacionales
Bancos de Inversión
Entidades vinculadas
H. Renta Alta
Resto Hogares
Fondos de
inversión
colectiva
Paraísos Fiscales
Bancos comerciales
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2.4. Los bancos y la gestión de fondos de
inversión colectiva.
Los bancos tienen un papel clave en las
economías de nuestro tiempo.
Tradicionalmente, y desde la existencia del
capitalismo, los bancos han tenido un rol
crucial como intermediarios financieros. El
dinero que se depositaba en ellos (por ejemplo
por los trabajadores) era prestado a empresas
que lo necesitaban para llevar a cabo su
actividad (por ejemplo para comprar
maquinaria y pagar salarios). Los bancos
ganaban porque prestaban más caro que lo que
pagaban a los depósitos.
Sin embargo, hoy esa función ha perdido
importancia, y los bancos destinan ese dinero
no tanto a prestarlo a las empresas sino a
invertir en los mercados financieros. Ese
dinero se invierte en acciones, bonos,
obligaciones, etc. para poder revalorizarlo, y la
forma habitual de hacerlo es constituyendo
fondos de inversión colectiva. Estos fondos no
son más que “entidades” creadas por los
bancos que recogen dinero de muchas fuentes
(personas individuales, ahorro empresarial o
incluso de otros fondos) y sumados se
invierten en cualquier producto financiero
(acciones, por ejemplo). Al cabo de un tiempo,
cuando se han revalorizado, se devuelve a los
propietarios últimos el nominal (el dinero
invertido) más los intereses, quedándose el
banco con una importante comisión.
Dentro de los fondos de inversión podemos
distinguir tres formas generales. En primer
lugar están los inversores institucionales, que a
su vez están conformados por los fondos de
pensiones, los fondos de inversión y las
compañías de seguro. En segundo lugar están
los fondos alternativos, conformados por los
fondos soberanos, los fondos de cobertura o
hedge funds, los fondos de capital riesgo y
otros fondos especiales. Y en tercer y último
lugar tenemos los fondos de riqueza privada,
que gestionan grandes fortunas. Las anteriores
son las formas en abstracto que toman los
fondos de inversión colectiva, pero luego cada
país clasifica y regula cada tipo aquí expuesto
de forma distinta.
Un tipo de fondo muy agresivo y nada
regulado son los llamados fondos de cobertura
o hedge funds, que se constituyen en su
mayoría en paraísos fiscales. Son gestionados
por profesionales y tienen barreras de entrada
muy altas para los inversores, alcanzando en
muchos casos el millón de dólares, aunque en
todo caso depende de la regulación concreta
del territorio en el que se constituye2.
El primer hedge fund reconocido como tal se
constituyó en 1949 en EEUU, pero su
expansión más importante ha tenido lugar
desde la segunda mitad de los años noventa.
Los hedge funds se distinguen del resto de
fondos de inversión colectiva precisamente en
su agresividad y exposición al riesgo. Por un
lado no tienen limitaciones regulatorias de
ningún tipo, y por otro lado suelen revelar
posiciones muy elevadas de apalancamiento
(operaciones realizadas con fondos ajenos, por
Fondos de inversión
colectiva
Inversores
Institucionales
Fondos
Alternativos
Fondos de
Riqueza Privada
Fondos de Pensiones, Fondos de
Inversión, Compañías de Seguros.
Fondos Soberanos, Fondos de
Cobertura (Hedge Funds), Fondos
de Capital Riesgo…
Fondos High Net Worth
Individual (HNWI)
Tipología fondos de inversión colectiva
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ejemplo préstamos). Esto significa que
cualquier fondo de inversión puede realizar
operaciones no con su dinero sino con tanto
dinero prestado como quiera. En caso de
beneficio, la rentabilidad es mucho más alta,
pero en caso de pérdida el problema es
gravísimo y muy contagioso (los impagos se
suceden unos a otros). Los hedge funds además
son gestionados por profesionales que en gran
parte vuelcan sus ganancias como inversión en
el mismo hedge funds, comprometiéndose de
forma más intensa con el futuro del fondo.
Como consecuencia de todas estas
características los hedge funds suelen arrojar
altos niveles de rentabilidad.
El caso más conocido de un hedge funds es el
del Long-Term Capital Management (LTCM),
gestionado por un equipo de profesionales que
incluía a dos premios nobel de economía, y
entre sus inversores incluso había bancos
centrales (Vilariño, 2009). Las rentabilidades
netas fueron del 42’8% en 1995, del 40’8% en
1996 y del 17’1% en 1997, y el
apalancamiento era de 30 a 1. En 1998 las
arriesgadas y complejas operaciones del hedge
fund se encontraron con la moratoria de la
deuda rusa, y las pérdidas fueron muy severas.
Finalmente la acción del Banco la Reserva
Federal de Nueva York, que presionó a un
conjunto de grandes inversores para salvar al
banco, evitó males mayores. No obstante, los
hedge funds han estado presentes en todas las
crisis financieras desde los años ochenta.
Pero otros casos son también espectaculares y
reflejan igualmente el signo de los tiempos. El
primero que merece la pena apuntar es el de
George Soros, quien utilizó su hedge fund para
especular contra la libra esterlina. Primero
George Soros pidió prestado 15.000 millones
de libras esterlinas, y las cambió sigilosamente
a dólares. El objetivo de Soros era apostar a
corto con las libras, es decir, apostar a que
perderían valor. Cuando tenía todo preparado y
quiso atacar se las arregló para que fuera muy
sonado: convocó a los medios y anunció que
estaba convencido de que la libra caería.
Entonces vendió masivamente sus libras
prestadas y envió así la señal al mercado de
que la libra caía de verdad (en efecto, la venta
masiva, sumada al miedo del resto de
tenedores de libras, hizo que cayera). El
gobierno británico respondió con todas sus
armas de política monetaria, pero tras gastar
más de 50.000 millones de dólares tuvo que
rendirse: los especuladores le habían vencido.
Con la libra por los suelos Soros compró
15.000 millones de libras (que ahora valían
muchos menos dólares) y las devolvió (era un
préstamo). Las ganancias fueron
descomunales, y la enseñanza más: un
especulador, uno solo, podía hundir a un país
entero.
El territorio de ubicación de los hedge funds
suele ser distinto del territorio de gestión. En
efecto, el 60% de los Hedge Funds en 2010
estaban localizados en paraísos fiscales (de
hecho el 37% del total de hedge funds están en
las Islas Caimán y el 27% en Delaware, es
decir, Estados Unidos). La constitución en un
paraíso fiscal también incrementa la
rentabilidad porque disminuye los costes de las
operaciones (intereses, registros, etc.). En
cuanto a la gestión el 80% está en territorio
estadounidense (concretamente el 41% está en
Nueva York), y la gran mayoría del resto está
en Londres. Los gestores de estos fondos son,
insistimos, los bancos, y además también son
ellos quienes ofrecen servicios especializados a
los hedge funds.
Por otra parte, por la importancia que tienen
los bancos en nuestra economía (basta ver los
recientes y millonarios rescates financieros
como consecuencia de la crisis), suelen estar
sometidos a supervisión estatal. Se les
imponen normas financieras que intentan
mitigar su exposición al riesgo y su actividad
perjudicial, algo que se consigue examinando
los balances contables de los bancos. Sin
embargo, los paraísos fiscales funcionan en
este caso como válvulas de escape. Los bancos
pueden crear sucursales, filiales o incluso otras
entidades independientes en los paraísos
fiscales para evitar estas regulaciones. Así,
aunque en realidad el riesgo está asumido en
última instancia por el banco matriz (el que
está en el país que sí tiene regulación) puede
disponer de un enorme entramado de otras
empresas de su propiedad que están operando
desde los paraísos fiscales y que están
asumiendo riesgos imperceptibles para los
reguladores.
Cuando ocurre un evento como una quiebra en
el paraíso fiscal o una crisis financiera
generalizada los bancos tienen que asumir
todas las pérdidas de sus entidades,
trasladándose de forma inmediata a los países.
Eso es exactamente lo que pasó a muchos
bancos en la reciente crisis de las hipotecas
subprime, ya que los fondos de inversión
colectiva que gestionaban tuvieron importantes
Paraísos fiscales en la globalización financiera Alberto Garzón Espinosa
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pérdidas derivadas de los activos que ahora ya
no valían casi nada. Los bancos tuvieron que
asumir las pérdidas y muchos entraron
directamente en quiebra.
Precisamente es importante hacer notar que los
paraísos fiscales jugaron un papel crucial en la
gestación de la crisis financiera, ya que
posibilitaron la expansión y diseminación de
activos tóxicos por todo el sistema financiero.
Los bancos creaban fondos de inversión en los
paraísos fiscales para realizar allí la
titulización, es decir, para crear nuevos títulos
financieros compuestos por la suma de otros
productos financieros derivados de las
hipotecas subprime. De esa forma los fondos
de inversión servían para atraer inversores y
proporcionar capital al banco matriz, con todas
las ganancias en término de ahorro impositivo
que ello conllevaba.
2. 5. Las empresas transnacionales.
Las empresas multinacionales o
transnacionales (ETN) son agentes que
también utilizan los paraísos fiscales para sus
actividades. Sabido es que las ETN fragmentan
sus actividades buscando maximizar sus
beneficios. Así, pueden tener sus oficinas
administrativas en España, sus fábricas en
Rumanía, sus servicios de teleasistencia en
Argentina y su sede en algún paraíso fiscal. Se
trata de minimizar costes en cada campo, allí
donde la mano de obra es más barata, los
costes medioambientales y los impuestos más
bajos, o los requisitos legales sean menores.
El uso de los holdings o conglomerados
empresariales es muy habitual. Se trata de
entidades creadas para ser propietarias de un
grupo de empresas independientes entre sí, y al
estar registrado el holding en un paraíso fiscal
tendrá que pagar menos impuestos y, en
muchos casos, los dividendos e intereses
cobrados estarán exentos.
Desde los paraísos fiscales las empresas o
filiales de las ETN también pueden obtener
financiación (dinero para llevar a cabo sus
actividades) vía préstamos o emisión de títulos
de forma mucho más barata. La empresa
estadounidense Enron, conocida por su
escándalo contable, utilizó casi 900 sociedades
en paraísos fiscales. Enron utilizó unos fondos
de inversión denominados Special Purpose
Vehicles (SPV), a los que denominó Raptor,
para realizar transacciones consigo misma y
retirar aparentemente riesgos de su balance.
Con esta fórmula, Enron podía anotar ingresos
por venta de gas a Raptor, recomprando el gas
posteriormente, y sin anotar los gastos
consecuentes. Si además Raptor compraba el
gas con el dinero obtenido de un préstamo
concedido por un banco, podía proporcionar
fondos líquidos a Enron sin necesidad de que
éste tuviera que acudir directamente a un
banco. En realidad lo que estaba sucediendo es
que aunque Enron estaba, de hecho, recibiendo
un préstamo, éste no se estaba registrando
como tal en el balance y, por lo tanto, las
cuentas aparecían desvirtuadas.
Otro mecanismo utilizado es la transferencia
de precios. Las ETN pueden manipular los
precios de las mercancías de tal forma que a
través de diversas combinaciones acaben
pagando muy pocos impuestos. Una ETN en
un país normal puede exportar a una filial en
un paraíso fiscal unos productos a un bajo
precio (bajo beneficio, lo que supone un bajo
impuesto) para que luego la filial pueda
venderlo mucho más caro (alto beneficio, sin
impuesto por estar en paraíso fiscal); todo ello,
por supuesto, sin que la mercancía se haya
movido realmente de sitio.
En otros casos las ETN registran una gran
cantidad de empresas en paraísos fiscales para
poder llevar a cabo actividades marítimas. Es
el tema de las banderas de conveniencia: cada
buque está registrado en un paraíso fiscal como
una empresa en sí misma, con el objetivo de
reducir riesgos. Pero además, entran en juego
otros actores como el armador y el propietario
de la carga, todos ellos siempre ocultos tras un
entramado complejísimo de entidades
registradas en paraísos fiscales. El caso del
Prestige es sin duda representativo. El Prestige
navegaba bajo pabellón de Las Bahamas, y era
propiedad de una sociedad registrada en
Liberia, que a su vez era propiedad de una
familia griega. El armador o gestor del buque
era una sociedad griega que había contratado
una tripulación de trabajadores filipinos y
rumanos y a un capitán griego. Y la carga era
propiedad de una sociedad de Suiza que era a
su vez propiedad de un holding (entramado de
empresas) ruso que estaba registrado en
Liechenstein.
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© Historia Actual Online 2011 149
2.6. Las personas de grandes patrimonios.
Las personas de grandes patrimonios (High net
worth individual) son aquellas que tienen
activos líquidos (no propiedades, sino valores
que se pueden transformar en dinero contante y
sonante con facilidad) por valor superior al
millón de dólares. Debido a la reducción de
impuestos generalizada en el mundo desde los
años setenta y, entre otras cosas, también a la
existencia de los paraísos fiscales estas
personas han incrementado sus fortunas de
forma espectacular en los últimos decenios.
Operan fundamentalmente en paraísos fiscales
y a través de gestores que muchas veces son
bancos (normalmente es la Banca Privada, es
decir, una sección empresarial de los grandes
bancos que está especializada en la gestión de
las grandes fortunas). Estas grandes sumas de
dinero de estos individuos se canalizan a través
de diversas formas (todo tipo de fondos) para
revalorizarse, utilizando los paraísos fiscales
de forma preferente.
Los paraísos fiscales, no en vano, sirven
especialmente para la protección de todo tipo
activos. A través de mecanismos como los
fideicomisos (personas que detentan la
propiedad de algo sólo virtualmente) las
grandes fortunas pueden esquivar las
regulaciones fiscales de sus propios países e
incluso las leyes sobre herencia y sucesiones.
La Banca Privada asesora a estas grandes
fortunas creando unos complejos entramados
de empresas y entidades que ocultan la
propiedad de las mismas, evitando así las
posibles inspecciones fiscales.
Hay muchos mecanismos a través de los cuales
todo ello se puede conseguir pero algunos son
tan sencillos como abrir cuentas anónimas o
numeradas en paraísos fiscales y gastar el
dinero de las mismas mediante tarjetas de
crédito. Hoy en día existe libertad plena de
movimientos financieros y es posible pagar
con una tarjeta cualquiera en cualquier
establecimiento (o sacar dinero de un cajero) y
con cargo a una cuenta en un paraíso fiscal.
Hay también otras formas que se usan para
evadir impuestos o hacer fraude fiscal. Son
habituales en deportistas de élites que ubican
su residencia en algún paraíso fiscal, pero
también por otros profesionales (médicos,
consultores, etc.). A veces, algunos de estos
profesionales crean empresas en paraísos
fiscales para que sean éstas las propietarias de
sus activos (coches, casas, etc.) y las que sean
contratadas para efectuar servicios (atención
médica, por ejemplo), de forma que evitan así
la tributación.
El blanqueo de dinero también se realiza
utilizando los paraísos fiscales. En una primera
fase, llamada de prelavado, el dinero sucio
(procedente de la corrupción o de cualquier
otro tipo de delito) se fragmenta en muchas
partes pequeñas y se va introduciendo en
cuentas corrientes de los bancos. En una
segunda fase, llamada de lavado, ese dinero se
dispersa en los mercados financieros para que
en una tercera fase, de reciclado, se utilice
después en la compra de viviendas, la creación
de empresas o en inversiones productivas.
3. LA ECONOMÍA REAL.
Pudiera parecer que la problemática de los
paraísos fiscales es un fenómeno apartado de la
existencia real de las personas, más allá de
alguna que otra anécdota cada cierto tiempo.
La mayoría de la ciudadanía ignora la
funcionalidad de los paraísos fiscales y las
consecuencias que se derivan de su simple
existencia, lo que contrasta con la importancia
vital que tienen sobre el nivel y calidad de vida
de las sociedades modernas.
3.1. Crisis financiera.
Como ya hemos adelantado, los paraísos
fiscales han jugado un papel clave en la
gestación y gravedad de la crisis financiera
reciente. Su existencia ha servido para
distribuir los llamados “activos tóxicos” por
todo el sistema financiero, haciendo que el
contagio de las pérdidas fuera mucho más
severo y rápido de lo normal. Pero también
sirvió para que los bancos pudieran esquivar
las regulaciones bancarias propias de los países
“normales”, ya que utilizaron sus fondos de
inversión en los paraísos fiscales para poder
titulizar sus hipotecas subprime y poder
obtener así financiación para continuar
suscribiendo nuevas hipotecas. De esa forma
estaban asumiendo un riesgo que no aparecía
reflejado en los balances contables y que por lo
tanto no era perceptible por los reguladores.
El caso más paradigmático es el del banco de
inversión Bear Stearns, cuyos dos hedge funds
ubicados en paraísos fiscales fueron los
primeros en declararse en quiebra. Dicha
quiebra obligó al banco matriz a tener que
Paraísos fiscales en la globalización financiera Alberto Garzón Espinosa
150 © Historia Actual Online 2011
asumir las pérdidas y eso le condujo a su
propia quiebra. Finalmente el banco tuvo que
ser comprado por la competencia a precio de
saldo. Uno tras otro la mayoría de los bancos
que tuvieron que ser rescatados fueron
revelando que tenían importantes cantidades de
dinero invertidas en paraísos fiscales
(Vigueras, 2009), lo que llevó a las autoridades
a replantearse la regulación de los paraísos
fiscales. No obstante, a pesar de las
declaraciones y como hemos podido ver en el
segundo epígrafe no ha habido grandes
avances en la regulación o prohibición de
transacciones con los paraísos fiscales.
3.2. Competición fiscal.
En un entorno de globalización financiera y
libre circulación de capitales los paraísos
fiscales empujan a la baja la presión fiscal de
todos los países desarrollados. Debido a que
los capitales se mueven por el sistema
financiero intentando maximizar rentabilidades
los Estados temen gravar las rentas
provenientes del capital por si eso puede
provocar una fuga inmediata, de esos mismos
capitales, hacia terceros países donde tales
rentas no están gravadas. Como consecuencia,
los sistemas impositivos de los países se
distorsionan y acaban por hacer recaer la
presión fiscal sobre los agentes que no pueden
eludir el pago de impuestos, es decir,
normalmente las rentas salariales de las clases
medias y bajas. El Estado del Bienestar y las
políticas de redistribución, cuya fuente de
financiación es fundamentalmente el sistema
impositivo estatal, acaba por ser financiado
entonces por las clases sociales que deberían
ser, en el diseño original, las que menos
tendrían que contribuir a su sostenibilidad.
Lógicamente esa situación no es perdurable en
el tiempo y los diferentes elementos del Estado
del Bienestar comienzan a ser deteriorados.
En los países en desarrollo esta lógica opera
también, pero aquí son dominantes otros
fenómenos. En la búsqueda por atraer capitales
extranjeros los países en desarrollo compiten
actualmente entre sí rebajando la presión fiscal
que se ejerce sobre determinados sectores o
actividades económicas, o incluso sobre
entidades concretas. No siempre se trata de
reducir el tipo impositivo al que gravan las
actividades o empresas, sino que a veces
consiste en algún sistema de incentivos que
combina diferentes formas de atracción de
capitales. En general se acometen medidas que
incluyen la liberalización, las privatizaciones,
la desregulación laboral y la ya mencionada
estructura de impuestos. El resultado es que el
Estado ingresa mucho menos en concepto de
impuestos y de esa forma no puede disponer de
herramientas para consolidar servicios públicos
eficientes, agudizándose por lo tanto la
desigualdad nacional.
Muchos movimientos sociales y
organizaciones no gubernamentales buscan
continuamente implantar algún tipo de
impuesto a las transacciones financieras o
mejorar la ayuda oficial al desarrollo para
mejorar el nivel de vida de los países en
desarrollo. Sin embargo, una estrategia más
directa y eficiente es acabar con los paraísos
fiscales y coordinar las políticas fiscales a
nivel global para así permitir que los países en
desarrollo dispongan de ingresos propios.
3.3. Fondos de capital riesgo.
Como ya explicamos, todos los fondos de
inversión colectiva invierten buscando
revalorizar el capital invertido al inicio. Los
distintos fondos de inversión se diferencian en
los mercados en los que invierten, de modo
que mientras algunos se especializan en la
inversión de derivados otros se especializan en
la inversión en el mercado de acciones. La
estrategia de los fondos de capital riesgo
(prívate equity) es esta última.
Los fondos de capital riesgo, que como los
hedge funds se ubican en paraísos fiscales y se
gestionan desde territorios distintos, compran
empresas que o bien no cotizan en bolsa o bien
si cotizan son retiradas de la misma. Una vez
en su propiedad las empresas son
reestructuradas a través de ajustes de personal,
externalizaciones, disminución de prestaciones
sociales, deterioro de las condiciones laborales,
etc. con el fin de hacer a la empresa más
rentable y atractiva para futuros compradores.
Una vez realizado el proceso, que suele
demorarse unos cuantos años, el fondo de
capital riesgo vende la empresa a terceros a un
precio más alto y obtiene de esa forma el
beneficio económico.
A veces se trata de una modernización de la
empresa, pero en otros muchos casos se trata
de simples estrategias de marketing (Wahl,
2007). En cualquier caso debe hacerse notar
que el alto coste de tales procesos recae sobre
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los trabajadores e incluso sobre la inversión
productiva y la economía real en su conjunto.
3.4. Financiarización y bajo crecimiento
económico.
El nuevo contexto financiero que emerge tras
los años ochenta y noventa y los cambios que
ha producido en la forma en la que se
interrelacionan los diferentes agentes
económicos ha llevado a los autores a hablar
de financiarización de la economía mundial.
En efecto, algunos autores como Stockhammer
(2008) han reconocido que la noción de
financiarización cubre un amplio rango de
fenómenos, tales como la desregulación
financiera y la proliferación de nuevos
instrumentos financieros, el cambio en la
naturaleza de los sistemas financieros, la
emergencia de los inversores institucionales, la
liberalización de los flujos de capital
internacionales y el incremento de la
inestabilidad en los mercados de tipo de
cambio, el incremento de la importancia de la
financiación basada en los mercados en
relación a la basada en los bancos, el
incremento de la actividad no crediticia de los
bancos comerciales o el creciente poder de los
accionistas en relación a los directivos y
trabajadores, entre otros.
Como consecuencia de este nuevo escenario
financiero internacional, en el que debemos
situar la existencia de los paraísos fiscales,
gran parte de la inversión que antes se
destinaba a la economía productiva ahora se
destina a la inversión financiera, no creadora
de empleos ni de riqueza. Por eso algunos
autores hablan de “punción financiera” y de
ralentización del crecimiento económico
producido por las finanzas. Debido a que a las
empresas y bancos les resulta más rentable
invertir en los mercados financieros que en la
economía real los niveles de inversión se
reducen y de esa forma también el crecimiento
económico.
3.5. Desigualdad, democracia y corrupción.
La ya citada competencia fiscal producida por
el nuevo contexto financiero y muy
especialmente por la existencia de los paraísos
fiscales se suma al hecho objetivo de que
quienes más se benefician de la actividad
financiera, y por tanto más beneficios
económicos obtienen, son precisamente las
capas sociales más adineradas y que cuentan
con los recursos suficientes para participar en
el juego financiero. Todo ello contribuye a que
la desigualdad de ingresos se esté disparando y
a que los mecanismos de redistribución del
Estado pierdan eficacia.
Asimismo, el enorme poder que tienen los
bancos y los fondos de inversión colectiva
lleva a que incluso puedan determinar las
políticas económicas de los diferentes
gobiernos. Como ha ocurrido recientemente en
el caso de la crisis de deuda pública,
finalmente son los agentes económicos que
operan en el mercado los que deciden las
políticas económicas que deben llevar a cabo
los gobiernos y los que imponen las políticas
antisociales que ahora se extienden por toda
Europa a pesar de que la inmensa mayoría de
la población las rechaza.
Simultáneamente los paraísos fiscales son
usados como instrumentos para esconder y
hacer más rentable la corrupción política,
degenerando así el sistema político. Todo ello
no hace sino deteriorar lenta pero muy
profundamente el sistema democrático de los
países desarrollados y en desarrollo.
CONCLUSIONES.
Los paraísos fiscales no son un fenómeno
reciente, pero como tantos otros instrumentos
financieros han vivido una expansión desde los
años ochenta y noventa. Esos años de
expansión han sido posibles debido a las
políticas económicas aplicadas por gobiernos
de inspiración neoliberal, todo lo cual ha
llevado a la economía mundial a una nueva
configuración económica y financiera.
Esa nueva configuración económica ha
liberado casi por completo al capital de las
trabas a las que estuvo sometido desde el final
de la II Guerra Mundial hasta el ascenso del
neoliberalismo, lo que ha agudizado la lógica
financiera de competencia desenfrenada.
No podemos olvidar que bajo este sistema
económico el motor de la actividad económica
es la ganancia. Cualquier entidad, ya sea un
banco, empresa transnacional o fondo de
inversión invierte únicamente con el objetivo
de revalorizar lo invertido, es decir, de obtener
tras la operación una cantidad mayor de dinero
que la que tenía antes de la misma. Y eso es
independiente del sector en el que se realiza
esa operación, porque el dinero “se moverá”
Paraísos fiscales en la globalización financiera Alberto Garzón Espinosa
152 © Historia Actual Online 2011
hacia aquellos espacios y sectores que ofrezcan
mayores rentabilidades. Por eso se dice que el
criterio que utiliza este sistema es el de la
rentabilidad y no algún criterio social. Además,
hay que tener presente que todos esos bancos,
empresas y fondos compiten entre sí, de modo
que intentan siempre obtener mayores
rentabilidades que sus adversarios.
La desregulación generalizada que llevó a cabo
el neoliberalismo lo que hizo fue ampliar los
espacios de negocio de todos los agentes
económicos, sumiendo a todos ellos a una
competencia mucho más intensa. Y la
competencia se realiza siempre en la frontera
de la legalidad, razón por la cual siempre se
promueve desplazar esa frontera un poco más
para poder seguir haciendo negocio. Otras
veces, tal y como hemos visto en este
documento, también se sobrepasa dicha
frontera en un intento por vencer al adversario.
Y eso es precisamente lo que ocurre con los
paraísos fiscales. En cuanto una entidad
financiera los utiliza y obtiene así mejores
rentabilidades el resto tiene que hacer lo
mismo si quiere evitar ser eliminado del
mercado por el competidor. No hablamos pues
de entidades malvadas o maliciosas sino
sencillamente de la lógica del capital y sus
regulaciones.
El perjuicio que los paraísos fiscales producen
a la sociedad ha quedado en evidencia a lo
largo de estas páginas, de lo que se puede
deducir la imperiosa necesidad de tomar
medidas para evitar que los paraísos fiscales
sigan existiendo. Esto, sin embargo, contrasta
con la actual configuración institucional
dominante. Hay que recordar que la Unión
Europea en su Tratado de Lisboa prohíbe
explícitamente el establecimiento de
restricciones a las transacciones financieras
con terceros países. Y que como
detalladamente puede verse en Vigueras
(2009) las cumbres del G-20 y otras reuniones
de los organismos internacionales no han
tenido un efecto real y palpable en la existencia
de los paraísos fiscales ya que, en última
instancia, el contexto financiero sigue siendo el
mismo.
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Notas.
1 Cuando hablamos de países de origen nos estamos
refiriendo a países con tributación normal, esto es,
países que no son paraísos fiscales y desde los que
se desplazan los agentes (bancos, empresas, etc.)
para reducir costes.
2 Estas barreras de entrada son muy altas
precisamente a causa del también alto riesgo que
conllevan las operaciones financieras que realizan
los hedge funds. Los reguladores buscan proteger a
los pequeños inversores y consideran que la mejor
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forma es elevando las barreras, mientras que desde
la órbita más liberal (p.e. Shadab, 2007) se
considera que hay que rebajar esas barreras para
hacer partícipe a la mayor población posible del
beneficio de los hedge funds.
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