AQUI hay TOMATE

Para dar y tomar

Estados Unidos cae en la depravación


Estados Unidos cae en la depravación

Prof. John Cosí (GLOBAL RESEARCH)
Traducción del inglés por Umberto Mazzei (especial para ARGENPRESS.info)

La ética protestante, definió una vez el carácter americano. Sociólogos la proclamaron como responsable del éxito del capitalismo en el norte de Europa y América, pero la ética protestante y el capitalismo son incompatibles, y el capitalismo en última instancia, causó la el abandono de la ética protestante.

Hay un nuevo espíritu que la élite gobernante malentiende. El espíritu de la “gran oportunidad”, el “gran premio”, la “próxima gran idea”. El antiguo camino lento y pausado hacia el éxito es ahora anatema. Junto con la próxima gran idea comercial viene un nuevo modelo del sueño americano. Todo lo que importa es el dinero. Teniendo en cuenta esa actitud, algunos en Estados Unidos expresan preocupación moral.
La riqueza se ha vuelto la propia recompensa, que vale más aún que nuestra propia destrucción. Y si no ha aún sucedido, sucederá seguramente pronto.
Sospecho que la mayoría de la gente le gusta creer que las sociedades, no importa cuan bajos sus orígenes, se mejoran con el tiempo. Lamentablemente la historia desmiente esta idea, hay a menudo sociedades que empeoran con el tiempo. Los Estados Unidos de América no son una excepción.
Su origen no fue muy benigno y ahora desciende a una región de depravación rara vez igualada, aún por las peores naciones de la historia.
A pesar de que es imposible encontrar números sólidos para probar que la moral en los Estados Unidos ha disminuido, la evidencia anecdótica está en todas partes a la vista. Casi todo el mundo puede citar situaciones en las que se sacrificó el bienestar de la gente para beneficiar instituciones públicas o privadas, pero parece imposible citar un solo ejemplo de una institución pública o privada, sacrificada por el bien de la gente.
Si la moralidad tiene que ver con el trato entre las personas, es legítimo preguntarse si la moral juega un papel en lo que sucede en Estados Unidos? La respuesta parece ser: “En ninguna parte!” Que ha sucedido en los Estados Unidos para explicar la actual epidemia de acusaciones sobre que la moral en los Estados Unidos se ha derrumbado? Bueno, la cultura ha cambiado drásticamente en el último medio siglo, eso es lo que pasa.
Érase una vez en América, una definición del carácter norteamericano en términos de lo que se llamó la ética protestante. El sociólogo Max Weber, atribuyó a esa el éxito del capitalismo. Por desgracia Max se equivocó, totalmente. El capitalismo y la ética protestante son incompatibles entre sí. Ninguno puede ser responsable del otro.
La ética protestante (o puritana) se basa en la idea de que el trabajo duro yla frugalidad son dos importantes consecuencias de ser de los elegidos de la cristiandad. Si una persona es muy trabajador y frugal, ella/ él se le considera como uno de los elegidos.
Esos atributos benéficos, se creía, hicieron a los norteamericanos un pueblo más industrioso que los de otros lugares (los protestantes de Europa del Norte se consideraron en un cercano segundo lugar, mientras que los pueblos católicos del sur de Europa se les vio como negligentes.)
Algunos afirman que ahora estamos siendo testigos de la decadencia y caída de la ética protestante en las sociedades occidentales.
Como la ética protestante tiene una raíz religiosa, esa caída se atribuye a un aumento de la laicidad. Pero el argumento tiene más peso en Europa que en Estados Unidos, donde el fundamentalismo protestante aún tiene un gran número de seguidores.
Así que debe haber alguna otra explicación para el descenso. Sin embargo, la creciente secularización hace afirmar que el laicismo destruye los valores religiosos, junto con los valores morales que enseña la religión. Hay otra explicación.
En la América colonial del siglo 17, la economía era agraria.
El trabajo duro y la frugalidad se ajustaban perfectamente a ese tipo de economía.
Pero los Estados Unidos ya no son agrarios.
La economía estadounidense de hoy se define como capitalismo industrial.
Las economías agrarias rara vez producen más de lo que puede consumir, pero las economías industriales lo hacen todos los días.
Así que para mantener un funcionamiento una economía industrial, el consumo no sólo debe ser continuo, sino que debe aumentar continuamente.
Dudo que haya un lector que no haya escuchado que el 70% del resultado económico de los Estados Unidos proviene del consumo.
Pero el 70% de uno es 0,7, de dos, 1.4, de tres, 2.1, etc. Asi que cuando la economía crece a partir de una unidad de PIB hasta dos unidades, el consumo debe crecer de 0,7 unidades a 1,4 unidades.
Sin embargo, un continuo incremento del consumo no es compatible con la frugalidad. Una economía industrial exige que la gente gaste, gaste y gaste y gaste, mientras que la frugalidad requiere que la gente a ahorre y ahorre. La economía estadounidense destruyó la ética protestante y la referencia religiosa en que fue fundada. El consumo conspicuo sustituye el trabajo duro y al ahorro.
En su Riqueza de las Naciones, Adam Smith afirmó que el capitalismo beneficia a todo el mundo, mientras la gente actúa en el propio interés. Ahora se nos viene a decir que “Mas ahorro y menos deudas puede sonar como un buen plan para salir de la recesión.
Pero que si todos hacemos eso, sólo se empeoramos las cosas … que la economía necesita que los consumidores gasten liberalmente”.
La gran recesión le ha girado a Adam Smith sobre su cabeza, pero ningún economista lo quiere admitir.
Un ambiente en que todo el mundo quiere ahorrar, no puede ser propicio para el crecimiento. La producción necesita vender y para eso se necesitan clientes.”
El ahorro es (presumiblemente) bueno para las personas, pero es malo para una economía que requiere un continuo crecimiento del gasto.
Si un economista me hubiese dicho eso en mi cara, yo le habría dicho que eso dice claramente que hay algo fundamentalmente equivocado en la naturaleza de la economía; que eso significa que la economía no existe para satisfacer las necesidades de las personas, sino que existe para satisfacer las necesidades de la economía.
Aunque no lo parezca, es un tipo de economía que esclaviza a la gente que supuestamente sirven.
En efecto, el capitalismo industrial ha perpetuado la esclavitud; ha re-esclavizado a los que fueron una vez emancipados.
Cuando el consumo reemplazo la parsimonia en la mente de los norteamericanos, el resto de la moral se hundió en la depravación.
La necesidad de vender requiere “marketing”, que no es sino la guarida de mentirosos. Después de todo, toda esa actividad se basa en el libro de Edward L. Bernays en 1928, “Propaganda”. La cultura estadounidense se ha visto inundada por un tsunami de mentiras.
La comercialización es la actividad predominante de la cultura. No se puede aislar a sí mismo de ella. Es llevada a cabo por todas las empresas, todos los políticos y todos los medios de comunicación.
Nadie puede tener seguridad de que que cualquier persona le está diciendo la verdad.
Ningún código moral puede sobrevivir en una cultura de la deshonestidad, y ninguno lo ha hecho!
Después de haber subvertido la ética protestante, la economía destruyó cualquier ética que Estados Unidos haya alguna vez promovido.
El país se convirtió en una sociedad sin un ethos, una no- sociedad sin algún propósito humano.
Los estadounidenses se han convertido en corderos sacrificables en aras de las máquinas.
A continuación, hay un nuevo espíritu surgido del caos, que la élite gobernante entiende mal.
Con frecuencia se afirma que Washington ha perdido el contacto con los estadounidenses que gobierna, que ya no entiende a su gente y cómo funciona su cultura común.
Washington y la élite de la nación no se da cuenta, pero la cultura norteamericana ya no diferencia lo bueno de lo malo o el trabajo o duro y la frugalidad de la pereza y el despilfarro.
Los estadounidenses de hoy buscan la “gran oportunidad”, el “premio mayor”, la “próxima gran idea.”
El sueño americano se ha reducido ahora a “pegarla en grande!”
El camino lento y pausado hacia el éxito es un anatema.
Basta ver [películas como] “American Idol, The X Factor y America’s Got Talent Estados Unidos y mirar las hordas mongólicas que llegan para las audiciones.
Estas personas, en su mayor parte, no han trabajado duro para nada.
Cuente el número de personas que apuesta a la lotería con regularidad.
Tales apuestas no requieren trabajo en absoluto.
Toda esta gente quiere hacer es pegarla a lo grande.
Y que son nuestros hombres de negocios más exaltados? Los empresarios!
Los empresarios son, en su mayor parte, una luz que parpadea una vez, aunque haya notables excepciones.
El problema con la iniciativa empresarial, es la alta estima en que se tiene.
Sin embargo, el único valor que se le atribuye es la cantidad de dinero que hayan hecho.
Rara vez se oye algo sobre la forma nefasta en que lo han hecho.
Bill Gates y Mark Zuckerberg, por ejemplo, difícilmente representan gente con un carácter moral puro, pero en una economía sin escrúpulos morales, a nadie le importa, todo lo que cuenta es el dinero que hayan hecho.
Teniendo en cuenta esa actitud, ¿por qué alguien en esta sociedad, debería expresar sus preocupaciones morales?
Pocos en Estados Unidos lo hacen.
Así que, mientras la elite estadounidense todavía habla de la necesidad de producir una fuerza de trabajo adecuada a las necesidades de la industria, la gente no quiere nada de eso.
La élite lamenta a menudo el fracaso del sistema educativo americano y tratan de arreglarlo sin éxito desde hace varias décadas.
Pero si piensa que muchos de los empresarios más exitosos abandonaron la universidad, ¿cómo se va a convencer a los jóvenes de que una educación universitaria es un esfuerzo que vale la pena?
Como Bill Gates, Steve Jobs, y Mark Zuckerberg han demostrado, aprender a escribir software no requiere un título universitario.
Tampoco ganar la lotería o un obtener un lugar en American Idol.
Ser escogido por la NFL [Nacional Football Association] puede requerir una temporada en la universidad, pero no requiere un grado. Todo lo que lo empresarial requiere es una nueva idea comercial.
Entretenimiento y deportes, loterías y juegos, productos de consumo que la gente no ha necesitado por millones de años, son ahora la sustancia de la cultura americana.
Pero no son sustancia, son la pelusa, no pueden formar la base de una sociedad estable, próspera y humana. Se trata de una cultura regida por sólo un atributo. Riqueza, mal habida o no!
La capacidad humana para el autoengaño no tiene límites. Los americanos se han engañado al creer en la riqueza total, la suma total de la riqueza, en lugar del modo cómo se le distribuye, crea el derecho.
No importa cómo se consigue o lo que se hace con ella.
La riqueza agregada es su propia recompensa, aún cuando implique la destrucción de nosotros mismos. Algo que si no se ya ha hecho, seguramente, se hará pronto.
La historia describe muchas naciones que se han depravado.
Ninguna que se haya reformado a si misma.
No se puede contar con que vendrá algún hermoso niño que deshaga la catástrofe del toque de Midas.
El dinero, después de todo, no es de las cosas que los seres humanos necesitan para sobrevivir, y si el dinero no se usa para producir y distribuir las cosas que si son necesarias, la supervivencia humana es imposible, no importa cuánta riqueza agregada se acumule.
John Kozy es profesor jubilado de filosofía y lógica y escribe sobre temas sociales, políticos y económicos.
Sirvió en el ejército de EE.UU. durante la Guerra de Corea, pasó 20 años como profesor universitario y otros 20 años trabajando como escritor.
Escribió un libro de texto sobre lógica formal, escribe en revistas académicas, algunas revistas comerciales y editorialespara periódicos. Sus artículos en línea se pueden encontrar en
America’s Descent to Depravity

By Prof. John Kozy


Global Research, October 20, 2011

The Protestant ethic once defined the American character. It was held to be responsible for the success of Capitalism in Northern Europe and America by sociologists, but the Protestant ethic and Capitalism are incompatible, and Capitalism ultimately caused the Protestant ethic to be abandoned.

A new ethos emerged that the governing elite completely misunderstands. It is the ethos of the “big break,” the “jackpot,” the “next big idea.” The slow and deliberate road to success is now anathema. Coming up with the next big commercial idea is the new model of the American dream. All that matters is the money. Given that attitude, few in America express moral concerns. Wealth is its own reward; it’s even worth destroying ourselves for. And if we haven’t done it yet, we surely soon will.

I suspect that most people would like to believe that societies, no matter how base their origins, become better over time. Unfortunately history belies this notion; societies have often grown worse over time. The United States of America is no exception. It was not benign at its origin and has now descended to a region of depravity seldom matched by even the worst nations of history.
Although it is impossible to find hard numbers to prove that morality in America has declined, anecdotal evidence is everywhere to be seen. Almost everyone can cite situations in which the welfare of people was sacrificed for the sake of public or private institutions, but it seems impossible to cite a single instance of a public or private institution’s having been sacrificed for the sake of people. If morality has to do with how people are dealt with, one can legitimately ask where morality plays a role in what happens in America? The answer seems to be, “Nowhere!” So what has happened in America to account for the current epidemic of claims that morality in America has collapsed? Well the culture has changed drastically in the last half century, that’s what.
Once upon a time in America, the American character was defined in terms of what was called the Protestant Ethic. The sociologist, Max Weber, attributed Capitalism’s success to it. Unfortunately Max was lax; he got it wrong, completely wrong. Capitalism and the Protestant ethic are inconsistent with each other. Neither can have been responsible for the other.
The Protestant (or Puritan) ethic is based upon the notion that hard work and frugality are two important consequences of being one of Christianity’s elect. If a person is hard working and frugal, s/he is considered to be one of the elect. Those beneficent attributes, it was believed, made Americans a more industrious people than people elsewhere (although Europe’s Protestant societies were considered a close second while Southern Europe’s Catholic peoples were considered slothful.) Some now claim that we are witnessing the decline and fall of the Protestant ethic in Western societies. Since the Protestant ethic has a religious root, the decline is often attributed to a rise in secularism. But that case is considerably easier to make in Europe than in America where Protestant fundamentalism still has a huge following. So there must be some other explanation for the decline. Nevertheless, the increase in secularism has led many to claim that secularism has destroyed religious values along with the moral values religion teaches. There’s another explanation.
In 17th Century Colonial America, the economy was agrarian. Hard work and frugality fit that economy perfectly. But America is no longer agrarian. The American economy today is defined as industrial capitalism. Agrarian economies rarely produce more than can be consumed, but industrial economies do every day. So in order to keep an industrial economy functioning, consumption must not only be continuous, it must continually increase.
I doubt that there is a reader who has not heard that 70% of the American economy results from consumption. But 70% of one is 0.7, of two, 1.4, of three, 2.1, etc. As the economy grows from one unit of GNP to two units, consumption must grow from 0.7 units to 1.4 units. But continually increasing consumption is not compatible with frugality. An industrial economy requires people to spend and spend and spend while frugality requires people to save and save and save. The American economy destroyed the Protestant ethic and the religious views upon which it was founded. Conspicuous consumption replaced hard work and thrift.
In his Wealth of Nations, Adam Smith claims that Capitalism benefits everyone since acting in one’s own self-interest benefits others. Now we are being told that, “Saving more and cutting debt might sound like a good plan to deal with the recession. But if everyone does that, it’ll only make matters worse. . . . what the economy needs most is for consumers to be spending more freely.” The great recession has stood Adam Smith on his head, but no economist will admit it. “[A]n environment where everyone wants to save cannot be conducive to growth. Production needs to be sold and for that you need customers.”
Saving is (presumable) good for individuals but bad for the economy which requires continuously increasing spending. If an economist had told that to me to my face, I would have told him that that clearly means that there is something fundamentally wrong with the nature of the economy, that it means that the economy does not exist to provide for the needs of people but that people exist only to fulfill the needs of the economy. Although it may not look like it, such an economy enslaves the people it claims to serve. So in effect, industrial capitalism has perpetuated slavery; it has re-enslaved those who were once emancipated.
When consumption replaced thrift in the American psyche, the rest of morality sank into depravity with it. The need to sell requires marketing which is nothing but a liars lair. After all, the entire enterprise is founded on Edward L. Bernays 1928 book, Propaganda. The American culture has been inundated by a tsunami of lies. Marketing has become the culture’s predominant activity. No one can isolate her/himself from it. It’s carried on by businesses, politicians, and the media. No one can be certain s/he’s being told the truth by anyone. No moral code can survive in a culture of dishonesty, and none has!
Having subverted the Protestant ethic, the economy destroyed every ethic America has ever promoted. It became a society without an ethos, a nociety with no humane purpose. Americans have become lambs sacrificable for the sake of machines. Then a new ethos emerged from the chaos, one that the governing elite completely misunderstands.
It is often claimed that Washington has lost touch with the Americans it governs, that it no longer understands its people or how its common culture operates. Washington and the nation’s elite don’t realize it but the culture no longer values right over wrong or hard work and frugality over sloth and profligacy. Americans today are looking for the “big break,” the “jackpot,” the “next big idea.” The American Dream has now been reduced to “hitting it big!” The slow and deliberate road to success is anathema. Watch American Idol, The X Factor, and America’s Got Talent and survey the Mongolian hoards that show up for auditions. These people, for the most part, have not worked hard at anything. Count the number of people who wager on the Lotto regularly. Such wagering requires no work at all. All these people want to do is hit it big. And who are our most extolled businessmen? Entrepreneurs! Entrepreneurs are, for the most part, one time flashes in the pan although there are notable exceptions. The trouble with entrepreneurship, however, is the high regard in which it is held. But the only value attached to it is the amounts of money entrepreneurs have made. We rarely hear anything about the nefarious ways in which they have made it. Bill Gates and Mark Zuckerberg, for instance, hardly present images of people with sterling moral characters, but in an economy without moral scruples, no one cares; all that matters is the money. Given that attitude, why should anyone in this society express moral concerns? Few in America do. So while the American elite still talk about the need to produce a workforce suitable to the needs of industry, the people want none of it.
The elite often bemoan the American educational system’s failure and have been trying to fix it unsuccessfully for several decades. But if one remembers that many of America’s present, most successful entrepreneurs are college dropouts, how can the young be convinced that a college education is a worthwhile endeavor? As Bill Gates, Steve Jobs, and Mark Zuckerberg have shown, learning to write software does not require a college degree. Neither does winning the Lotto or a place on American Idol. Being drafted by the NFL may require a stint in college, but it doesn’t require a degree. All entrepreneurship requires is a new marketable idea.
Entertainment and sports, lotteries and game shows, consumer products that people have had no need for for billions of years are now the stuff of American culture. But they’re not stuff, they’re fluff; they cannot form the basis of a stable, prosperous, humane society. It is a culture governed by merely one attribute—wealth, ill gotten or not!
The human capacity for self-delusion is limitless. Americans have deluded themselves into believing that aggregate wealth, the sum total of wealth rather than how it is distributed, makes right. It matters not how it is gotten or what is done with it. Aggregate wealth is its own reward; it is even worth destroying ourselves for. And if we haven’t yet, we surely soon will.
History describes many nations that have become depraved. None that has has ever reformed itself. No beautiful boy can be counted on to come forth to undo the catastrophe of the Midas touch. Money, after all, is not one of the things human beings need to survive, and if money isn’t used to produce and distribute the things needed, human survival is impossible no matter how much aggregate wealth is accumulated.

John Kozy is a retired professor of philosophy and logic who writes on social, political, and economic issues. After serving in the U.S. Army during the Korean War, he spent 20 years as a university professor and another 20 years working as a writer. He has published a textbook in formal logic commercially, in academic journals and a small number of commercial magazines, and has written a number of guest editorials for newspapers. His on-line pieces can be found on http://www.jkozy.com/ and he can be emailed from that site’s homepage.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.

PUBLICADO POR ARGENPRESS EN 12:35:00 
Anuncios

Navegación en la entrada única

Un pensamiento en “Estados Unidos cae en la depravación

  1. Pingback: NOTICIAS ALTERNATIVAS 26 OCTUBRE 2011 « cibernoticias EXPRESS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: