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Los buenos bancos malos… y los desguaces de Montoro


Los buenos bancos malos… y los desguaces de Montoro

Manuel Pascua Mejía 15/11/2011
            Ahora el catedrático de hacienda pública Cristóbal Montoro se descuelga en la Asociación de promotores inmobiliarios de Barcelona (APCE) con la idea de crear un Banco Malo en el que el “Estado y los privados compartan los riesgos y que sirva para movilizar todos los excedentes de vivienda de la banca”.

Dicho así hasta suena bien y dado que al presidente de APCE Sr. Joaquim Reyna le ha parecido de perlas, mucho me temo que estamos ante una más de las múltiples ocurrencias hispánicas en las que llamamos de una manera a lo que es otra.

El término bad bank se lo debemos al brillante analista David Roche que lo define claramente como un pseudo-banco al que se trasladan los activos tóxicos de un banco ordinario determinado. ¿Y ya está? No, claro.

La idea es que la toxicidad de una entidad financiera no recaiga sobre sus clientes con depósitos, sino sobre los accionistas y dueños del banco. No basta, pues, con hacer lo que sugiere Montoro, esto es, traspasar los activos inmobiliarios a una cosa a la que se le llama banco malo.

Eso, de nuevo, es hacer trampas al solitario porque, simplemente, se estaría creando un “parking” para activos tóxicos cuya toxicidad no se quiere reconocer. En cierta manera sería como si a un desguace de coches lo llamáramos “Mal concesionario” y nos creyéramos que lo que contiene son, efectivamente, coches… vendibles a precio nuevo.

La figura del “Buen Banco Malo” busca limpiar los balances de los bancos que están “cargados” con activos tóxicos sobrevalorados y permitirles volver al negocio crediticio que les es propio sin que lo paguemos ni sus clientes ni los contribuyentes.

Para ello, se traspasan los activos infectados al banco malo A PRECIOS DE MERCADO y no al precio contabilizado y se define legalmente un plazo lógico de amortización de la depreciación o pérdida, unos 5 años máximo dada la velocidad de los mercados financieros. De esta manera, la pérdida contable la asumen los accionistas del banco y no sus depositantes y clientes y el banco puede, ya limpio de polvo, paja y mala imagen, volver a su negocio crediticio.

Lo que propone Montoro es traspasar los activos a precio contable, lo que resulta un engaño pues el mercado ya ha dicho desde hace 30 meses que ése no es el valor real (recordemos, solo el necio confunde valor con precio) y, de hacerse semejante patochada, los activos tóxicos seguirán chupando recursos del sistema y no habremos ganado nada, al contrario.

¿Y qué pasa si los accionistas de los bancos, una vez limpiados, no pueden asumir la depreciación por más que la amorticen en cinco años? Pues lo que pasa en cualquier otra empresa: o se liquidan, o se recapitalizan o se nacionalizan así sea temporalmente.

NGB, el engendro financiero nacido de la fusión de Caixa Galiza y Caixanova, acaba de marcarse un banco malo al que ha bautizado UGAS, Unidad de Gestión de Activos Singulares, que ya es jeta, a la espera de lo que pase el domingo en las urnas, según declaración de su presidente.

Desconocemos el monto de los tóxicos “singulares”, pero podemos hablar de entre los 11.500 millones que reconoce NGB hasta los 18.000 largos que les atribuyen algunas fuentes y cuya valoración real está en torno a los 4.200 millones. O sea, una toxicidad de entre 11.300 y 17.000 millones que NGB debería amortizar en 5 años.

En román paladino, entre 2.260 y 3.400 millones que cada año durante cinco años deberían absorber sus accionistas. ¿Alguien quiere apostar conmigo a que los accionistas siguen cobrando sus dividendos sin absorción alguna? Quedémonos con las palabras de David Roche en el WSJ hace dos años:

“Desesperados por preservar el valor de unos activos inflados por esta enorme burbuja de liquidez, los políticos han rechazado la solución dolorosa.

Las inyecciones de liquidez, los planes de rescate, la garantía de los depósitos y los paquetes de estímulo fiscal intentan sostener los precios de los activos, cuando lo que hace falta es que caigan hasta su valor real para que puedan ser limpiados. Los políticos sólo han prolongado la crisis.”

 

Más textos de: Manuel Pascua
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