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De OBLIGADÍSIMA LECTURA ¿Salirse del euro es de izquierdas? PASALO


¿Salirse del euro es de izquierdas?

El capitalismo neoliberal parece triunfar hasta en las derrota, porque nosotros nos sometemos.

Aceptar los presupuestos del sistema, en las simas y en las cimas, es la condición del vencido convencido.

De ahí a metabolizar como propias sus mismas señas de identidad hay un paso. “Bajar los impuestos es de izquierdas”, dijo uno de sus acólitos en ensordecerá genuflexión que marca tendencia.

Rafael Cid
Enviado por redaccion ryn el Sáb, 03/12/2011

Y ahora estamos en otra de esas coyunturas históricas que pintan mal, aunque aún queda mus por pelear. Me refiero a todo lo que circula alrededor de la crisis sistémica y en especial a ese final de fiesta o traca que nos tiene en vilo: dentro del euro o el abismo. A

lgo que se va pareciendo al trascendental “ser o no ser”, pero más que shakesperiano jeremíaco

Porque esa la cuestión a la que no damos respuesta y ni siquiera nos atrevemos a plantear desde la izquierda.

Téngase en cuenta que durante la pasada campaña electoral no hubo ningún partido que sacara el debate, al menos como reflexión intelectual, sobre si hay vida después del euro.

Con lo que todas las ideologías concurrentes el 20-N han estado imbuidas del mismo yugo: aceptación del euro y por tanto aceptación del modelo económico hegemónico.

Ya digo, nadie, nunca, aquí y ahora. Ni la derecha terca, formalmente antieuropeista, ni la izquierda, electoral o radical, han mentado en sus debates públicos la bicha.

Con lo cual hay que partir de que el asunto era de suyo impopular, mejor no meneallo. Lo que nos lleva a aquello tan manoseado de la “ideología dominante es la ideología de la clase dominante”, que aunque pasado de rosca sigue cumpliendo su función.

La gente, el pueblo, la ciudadanía podría no comprender que los “líderes” cuestionaran la probidad de la moneda comunitaria (que no común, es de los que poseen dinero; ni genera comunidad, media y condiciona).

Ergo, de partida el sistema salía ganador porque su ADN fundacional nadie lo problematizaba.

De esta forma tan atrabiliaria salió la izquierda concursante a batirse en duelo: ganara quien ganaba el régimen no peligraba.

Y ello porque los electores, que cada vez se identifican más con la cohorte social de los consumidores y los ciudadanos con empleo (lo excluidos, parados y jubilados, cuentan menos, son bocas improductivas), constituyen una clase aparte que ha “prosperado” dentro del sistema-cucaña.

Sienten el vértigo de perderlo todo: el empleo, la casa apalancada en una suculenta hipoteca, los viajes de vacaciones, el coche, la seguridad, los telediarios, etc.

Creemos tener algo en propiedad sin darnos cuenta que es la propiedad quien nos tiene a nosotros. Y así se escribe la historia, de tumbo en tumba, expropiados a perpetuidad el casero nos domina.

Pero sí concurrir a una competición electoral donde las reglas del juego están ya dadas (la Constitución) por unos anfitriones que además se reservan cartas marcadas como comodines (Ley Electoral) es un empeño vano, ir de esa guisa, con la divisa (en su doble aceptación) de “el euro va a misa”, significa aceptar la claudicación como barrera de entrada y la capitulación como espita de salida.

Cambiar algo para que todo siga mejor para los de siempre. Conjurar cualquier atisbo de transformación real. Aceptar el statu quo. Consagrar que hay otros mundos políticos pero que están en este sistema. Pocos, muy pocos, llevan realmente un mundo nuevo en sus corazones.

La fetichización del euro por parte de la sedicente izquierda competitiva tendrá serias consecuencias en el devenir social.

Resulta difícil movilizar a una población contra un sistema injusto, criminal y ecocida cuando una parte significativa de esa misma ciudadanía contempla la ruptura del euro como un desastre bíblico, y sus dirigentes son incapaces de marcar un escenario alternativo ex ante.

Así las cosas, lo lógico es que, visto que los desbordamientos por el flanco izquierdo son harto improbables, sean los mismos falaces protagonistas de la crisis quienes nos diseñen los caminos de servidumbre, con sus sacrificios sin cuento, que nos harán salir del túnel…y nos harán más ciegos.

Para los asalariados de los países de la periferia, prePIGS, la introducción del euro y las paridades cambiarias establecidas con sus monedas significó un notable encarecimiento de la capacidad adquisitiva, un robo de Estado.

Ahora, una vez encumbrado el euro como el fetiche que todo el mundo teme perder, la solución correctora vendrá de los mismos que impusieron las condiciones que abonaron el holocausto social vigente.

Una Europa a dos velocidades o de tres tocinos, tanto da.

Entre tantas idas y venidas, con el alma en vilo por el trauma de un euro en fuga premeditada, la soberanía popular reside más que nunca en los mercados de capital.

Los verdugos han tomado el poder con nuestra bendición.

Y la izquierda electoral anda templando gaitas.

¡Como si la idea y el destino de Europa se fosilizara en una convención de curso legal!

Rafael Cid

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