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La recesión llama a la puerta Estudios muestran q PIB caerá en 2012 un 1% lo q llevará desempleo hasta 5,7 millones de parados


 

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OPINIÓN

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Rajoy, recuerda que algún día ‘morirás’

 

Se cuenta que en la antigua Roma, cuando un general era agasajado por el pueblo tras una campaña victoriosa, un esclavo se situaba inmediatamente detrás suyo recordando al héroe de forma pertinaz: ‘Memento mori’; ‘Memento mori’

La expresión se puede traducir como ‘recuerda que morirás’, y lo que se pretendía con ella era recordar al héroe que era de carne y hueso y, por lo tanto, mortal. No había espacio para la soberbia o la arrogancia aunque el general hubiera salido victorioso de mil batallas.

No estaría de más que alguien le recordara el latinajo a Rajoy; y no porque haya sospechas fundadas de que el gallego sea uno de esos iluminados que, como dice Toxo, caen frecuentemente en el ‘vicio de Adán’, pensar que el mundo comienza cuando uno llega al poder.

Al contrario, Rajoy presume en privado de haber recibido más estopa que ningún otro político dentro y fuera de su partido. Y es más que probable que tenga razón. Sólo Adolfo Suárez puede acreditar un mayor maltrato político y mediático. Y sin duda que las derrotas antes de llegar al poder hacen a los líderes políticos más humanos. El caso de Zapatero -que se va de Moncloa sin haber perdido directamente ninguna elección- es de libro.

Pero también es verdad que hay un cierto riesgo de que Rajoy -mal aconsejado por algunos de sus asesores- caiga en la tentación de pensar que el voluntarismo político y el hecho de que Zapatero ya no esté en Moncloa, es suficiente bagaje para salir del pozo.

Y en este sentido, no estará de más echar mano de una reunión ‘secreta’ que se produjo el pasado jueves en la que participaron los principales servicios de estudios del país, incluido el del Banco de España. Se trata de un encuentro reservado que se celebra cada cuatro meses y en el que los mayores expertos de coyuntura reflexionan sobre el momento de la economía española.

Sin cámaras y sin micrófonos, lo que permite dar rienda suelta a sus opiniones. Por supuesto que nada se ha filtrado oficialmente de aquel encuentro, pero lo dicho allí pone negro sobre blanco tanto la dimensión de la crisis como los problemas que tendrá Rajoy para gobernar.

La recesión llama a la puerta

Los papeles que allí se manejaron muestran que la economía española –consenso de los allí presentes- puede caen en 2012 nada menos que un 1%, lo que llevará el desempleo hasta los 5,7 millones de parados. O lo que es lo mismo, es muy probable que la tasa de paro supere el 24% de la población activa.

Como sostiene uno de los asistentes a la reunión, las simulaciones macroeconómicas que allí se presentaron ‘asustan’.

Algunos servicios de estudios, incluso, no descartan que el PIB caiga un 2% o un 3% el año próximo. En otras palabras, una recesión en toda regla casi un quinquenio después del comienzo de la crisis.

Los papeles ‘secretos’ de los servicios de estudios muestran que el PIB caerá en 2012 nada menos que un 1%, lo que llevará el desempleo hasta los 5,7 millones de parados. O lo que es lo mismo, es muy probable que la tasa de paro supere el 24% de la población activa.

Como sostiene uno de los asistentes a la reunión, las simulaciones que allí se presentaron ‘asustan’.

No se trata, por lo tanto, de una simple recaída durante un par de trimestres, que es la versión cuasi oficial que se traslada a los medios de comunicación, sino de una contracción importante del PIB, lo que da idea de lo que se encontrará el nuevo Gobierno.

La causa de tan lúgubre escenario tiene que ver con cuatro factores que caen a plomo sobre la economía española:

el retroceso del consumo privado por el mal comportamiento del empleo y de los salarios;

la desaceleración del comercio mundial;

la contracción del crédito a familias y empresas derivada de los nuevos requerimientos de capital que Basilea III obliga a hacer a la banca y,

por último, el efecto del ajuste fiscal, que provocará una caída significativa de la inversión pública. Sin duda, muchos e intensos problemas para un Gobierno que, paradójicamente, tendrá su mejor aliado en la crisis.

Con más de cinco millones de parados y una economía sin aliento, la capacidad de sacrificio de la ciudadanía es grande, y en eso hay consenso. Por supuesto que los sindicatos no tienen fuerza alguna para doblar el pulso a un Gobierno elegido hace muy poco con mayoría absoluta gracias a la descomposición interna y externa del PSOE y a sus propios errores.

Como sostiene en privado un dirigente del PP, lo que ocurrió en 2002, cuando Aznar retiró su propia reforma laboral, fue un error y no volverá a repetirse. Rajoy, por lo tanto, seguirá adelante con las reformas y los recortes aunque se incendien las calles, lo cual no es previsible en un contexto como el actual.

Sobre todo cuando los inspectores de la UE y del FMI van a vigilar a España de cerca a cambio de una línea de crédito que permita al Tesoro Público zafarse de los mercados al menos durante algún tiempo. Dinero fresco a cambio de ajuste y de reformas liberalizadoras, las clásicas recetas del Fondo Monetario, como bien saben los países latinoamericanos.

Este escenario de paz social -en el mundo sindical una vieja sentencia sostiene que quien no negocia el conflicto social no existe-, no es, sin embargo, suficiente para sacar adelante el país.

La agenda internacional de Rajoy

Rajoy se la juega en los próximos días si el Consejo Europeo del próximo día 9 decide incluir la tasa de paro como una de las condiciones para estar en la primera velocidad del nuevo Tratado de la UE, que supone acabar -al menos sobre el papel y en un primer momento- con la soberanía fiscal de las naciones con problemas.

Si Rajoy no consigue convencer a Merkel y Sarkozy de que el desempleo quede fuera de los criterios para tener acceso a la primera velocidad, España está muerta.

O mejor dicho, tiene por delante un largo periodo de depresión económica que empobrecerá al país.

De ahí la importancia de los contactos exteriores que estos días está cultivando Rajoy, sin duda transcendentales.

Sin duda que Rajoy merece un amplio margen de confianza y hasta el beneficio de la duda, pero yerra si quiere convertir de la noche a la mañana a España en un país presidencialista en el que las grandes decisiones las toma el líder en su misma mismidad. Sólo por eso es bueno que alguien se lo recuerde cada mañana: ‘Memento mori’; ‘Memento Mori’…

Camina en la buena dirección, por lo tanto, el hecho de que Rajoy haya querido dar prioridad a su agenda internacional, sin duda uno de los mayores errores de Zapatero (y los hay a paladas).

Pero dicho esto, sus primeros movimientos desde la calle Génova dejan sentir un cierto modelo presidencialista que es extraño y hasta extemporáneo al sistema político español.

Rajoy y sus asesores están cultivando estos días un cierto culto al líder -el que reza por nosotros cada noche y en quien confiamos nuestras cuitas cada mañana- que sin duda conlleva riesgos.

La tradición presidencialista es propia de países como Francia o EEUU, pero no de España, y Rajoy se equivocaría si profundiza en esa dirección.

Lo dicho no es juicio de intenciones. Es una constatación tras hablar uno a uno con muchos de los probables altos cargos que están llamados a jugar algún papel en el próximo Gobierno, y que acompañaron a Rajoy en la travesía del desierto.

Ninguno sabe nada sobre su futuro político inmediato, y nadie osa preguntarlo no sea que el líder lo tome a mal. Todos –incluso los dirigentes más cercanos al gallego- están a la espera de un movimiento de la esfinge.

No parece una buena señal. Los problemas de este país son de tal envergadura que es necesario trabajar en equipo y de forma colegiada para sacarlo adelante.

De nuevo el ejemplo de Zapatero -un presidente caprichoso y zascandil que se creía llamado por la Historia-, está ahí para demostrarlo.

En el caso de Rajoy, su trayectoria no conduce precisamente al optimismo.

Su equipo de colaboradores más íntimos cabe en un taxi después de haber sido vicepresidente y ministro en varias ocasiones y tras una dilatadísima carrera política.

Sin duda que Rajoy merece un amplio margen de confianza y hasta el beneficio de la duda, pero yerra si quiere convertir de la noche a la mañana a España en un país presidencialista en el que las grandes decisiones las toma el líder en su misma mismidad.

Sólo por eso es bueno que alguien se lo recuerde cada mañana: ‘Memento mori’; ‘Memento Mori’…

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