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Digan lo que digan… Se llama MATRIMONIO


Se llama MATRIMONIO

Lunes, 05 de Diciembre de 2011 21:31 | Escrito por ManuelHuertas | PDF | Imprimir | E-mail

 

Los españoles nos levantamos el 21 de Noviembre pasado, victoria electoral del Partido Popular de por medio, sin saber si finalmente el partido de Mariano Rajoy derogaría o no, la Ley 13 /2.005 de Modificación del Código Civil, que el 30 de Junio de 2.005 se aprobó en el Parlamento con los votos de PSOE, ERC, Nafarroa Bai, IU-LV, PNV, BNG, CC, y CHA, y que por primera vez en nuestra historia permitía el matrimonio entre personas del mismo sexo.

Todos sabemos que dicha Ley fue recurrida ante el Tribunal Constitucional por el PP, y que previamente había sido vetada por el mismo en el Senado, aprovechando su mayoría de escaños en dicha Cámara, a la que se añadieron los votos de CDC y PAR.

A día de hoy, y 6 años después de la interposición del que ha dado en denominarse como “vergonzoso recurso”, nuestro máximo intérprete constitucional aún no se ha pronunciado al respecto, pesando como espada de Damocles, una eventual declaración de inconstitucionalidad, sobre los más de 22.000 matrimonios entre personas del mismo sexo que ya se han celebrado en España.

Durante la pasada campaña electoral, y preguntados al respecto, la respuesta de los populares no fue clara: Que si derogarían la Ley, que si no, que si –finalmente- esperarían a que el TC se pronunciase…

En lo que sí convinieron todos es en que no iban a retirar el recurso interpuesto pese a la demanda social que al respecto se producía, de forma masiva y desde muy diferentes ámbitos, que se expresaba sobre todo, de forma espontánea, a través de las redes sociales.

<<Yo estoy de acuerdo en que los homosexuales tengan los mismos derechos que los heterosexuales>> repetían a modo de mantra tirando del argumentario del partido, <<pero que no lo llamen matrimonio>>. Cuestión de nombre, decían, que en nada debería afectar al catálogo de derechos que el matrimonio, al que prefieren llamar “unión civil estable” cuando se refieren al contraído entre homosexuales, conferiría a las parejas que se vinculasen por dicha figura jurídica –que no existe, todo hay que decirlo-.

Acerca de la adopción, la postura, sin embargo, era diferente según a quién preguntásemos. A la mayoría de los dirigentes del PP se les cuestionaba al respecto y contestaban como una mosca que quedaba encerrada en un bote: daban vueltas sin parar para no llegar a ningún sitio. Parecía predominar, no obstante, la negación de dicho derecho, que es lo que parece estar detrás de este empecinamiento en llamar de forma diferente a lo que se regula, se celebra y se contrae, como lo que es por ley: Un matrimonio.

En el recurso de 72 páginas presentado en fecha 30 de Septiembre de 2.005 por 50 diputados del grupo parlamentario popular, QUE NO NOS ENGAÑEN, no se cuestiona la inconstitucionalidad SÓLO de la denominación de la figura jurídica nacida de la unión de dos personas del mismo sexo. El mismo, se dirigecontra LA TOTALIDAD de la Ley 13 / 2.005 de 1 de Julio (incluida, por tanto, la posibilidad de contraer matrimonio, el derecho de adopción, Y NO SÓLO SU DENOMINACIÓN).

Con una técnica, que como jurista me atrevo a calificar de “muy deficiente”, pues a falta de criterios  jurídicos de peso –que no los hay-, echa mano de conceptos de índole moral, y religiosa, que han de quedar fuera del Derecho (al menos en un país aconfesional como es España), el PP defiende “la concepción secular” del matrimonio. <<El legislador ordinario –dicen- da a una palabra –el matrimonio- un significado distinto del que la misma ha tenido siempre …, para regular lo que, en realidad, es una institución de nueva planta, cuyos perfiles son obviamente distintos a aquéllos por los que hasta ahora ha sido conocida>>. Y apuestan por <<un nuevo instrumento jurídico para las parejas formadas por personas del mismo sexo que se ajuste plenamente a la Constitución>>. Es decir, van más allá de un mero cambio en su nombre, para considerarlo una figura distinta, a regular de forma independiente y generadora de diferentes derechos. Para ellos no es lo mismo, según vemos.

<<Han preferido –continúan, en referencia al PSOE- la imposición legislativa (que yo sepa se presentó como propuesta en las Cortes, y los depositarios de la soberanía y la voluntad popular lo votaron mayoritariamente sin ningún tipo de imposición), provocando un innecesario y profundo desencuentro social (¿cuándo?, ¿dónde?, ¿entre quién y quién?) y un grave e igualmente innecesario conflicto jurídico de naturaleza constitucional (cuando han sido ellos, en solitario precisamente, quiénes con la interposición del recurso han acudido al TC)>>.

Retrotrayéndose al Derecho Romano, a las Decretales y a Las Partidas (cuerpos legales de especial vigencia, según vemos, dos mil o mil años después de que se promulgaren), se refieren al matrimonio como: <<De complementariedad creadora de lo masculino y lo femenino>>, <<Célula capital por su aptitud natural para la generación y educación de los hijos>>, y <<de importancia fundamental para la perpetuación de la especie y para la cadena familiar, ante el descenso alarmante de la natalidad>>. Como si una pareja heterosexual que no quisiese, o no pudiese tener hijos no pudiere contraer matrimonio, o como si después de 2.005 no hubieren seguido naciendo niños dentro, o fuera, de los matrimonios.

Siguen diciendo, que con la Ley 13 / 2.005, se hace del matrimonio una institución polisémica, borrosa y disponible, y que se cambia el significado del texto constitucional referido al mismoFALSO, según vemos, por cuanto éste sigue exactamente igual, y de igual forma se sigue entendiendo por los ciudadanos, juzgados y tribunales, sin que haya surgido ninguna controversia al respecto en los 6 años de vigencia que dicha Ley tiene ya.

Y rematan afirmando, que <<no es privando de derechos a quienes legítimamente los tienen para reconocer los nuevos derechos de otros como se respeta la Constitución y se progresa en nuestra democracia. Se avanza dando derechos a quiénes no los tenían –sin decir cuáles, ni en qué extensión-, PERO SIN PERTURBAR NI DISMINUIR A LOS QUE LA CONSTITUCIÓN SE LOS GARANTIZA>>. Argumento absurdo y que constituye un insulto a nuestra inteligencia, pues ya me dirán Vds. a qué heterosexual casado se ha privado de, o limitado en, sus derechos, por el hecho de que yo contrajese matrimonio el 1 de Septiembre de 2.007.

Afirman que la Constitución de 1.978 no lo prevé expresamente (Tampoco lo excluye, cabría responder), y podría poner mil y un ejemplos de situaciones y circunstancias que sin estar previstas inicialmente en nuestra Carta Magna (que no olvidemos es de hace 33 años) han ido encontrando acomodo en la misma, en virtud de la interpretación, unas veces extensiva, otras veces restrictiva, de sus preceptos, por Juzgados y Tribunales, para dar respuesta a los nuevos (e imprevisibles en su momento) retos y desafíos que una sociedad cambiante como la nuestra plantea a diario y seguirá planteando en el futuro.

Retorciendo por último, y sobre todo, la dicción literal de su art. 32, en una interesada y forzada interpretación del mismo, afirman que lo que este precepto consagra es el matrimonio como “unión entre hombre y mujer” cuando lo que realmente dice es que: “1.- El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica” (Sin que se añada  “entre sí”. Debiendo entenderse, por tanto, igualdad de derechos para acceder el mismo, y en las mismas condiciones, se sea hombre o mujer, sin discriminación alguna por razón del sexo). Y “2.- La ley regulará las formas de matrimonio, la edad y capacidad para contraerlo, los derechos y deberes de los cónyuges, las causas de separación y disolución y sus efectos”.

Cabe adivinar que el  constituyente o no lo tenía claro o lo dejó inespecificado, bien por olvido, bien intencionadamente, dejando la puerta abierta a futuras consideraciones del Tribunal Constitucional, cuyo cometido principal es interpretar los preceptos de nuestra Carta Magna conforme   a los principios y valores  mayoritarios en la sociedad en cada momento histórico, lo que produce la adaptación constitucional sin necesidad de llevar a cabo una reforma de la Constitución.

En todo caso, el Congreso aprobó la Ley por la que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio y esa Norma, con respecto al mandato contenido en el art. 32.2 de la Constitución, es plenamente constitucional pues viene a cumplir también con lo ordenado en el art. 9.2 de la misma y, por tanto, a profundizar y desarrollar la igualdad material (ante la Ley) contenida en dicho precepto, pues según prevé esa disposición, corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; y remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud (…).

El Código Civil español anterior a esta reforma no hacía real y efectiva las citadas igualdad y libertad de todos aquéllos que tenían una orientación sexual y afectiva diferente a la legalizada por el mismo. Orientación que, pese a la constatación histórica de su existencia desde que el hombre es hombre, nunca había alcanzado tratamiento de igualdad en las leyes frente a la orientación afectiva heterosexual. Fue con la evolución de las sociedades occidentales en su progresiva aceptación de la homosexualidad, a partir de la lucha del colectivo LGTB, que se ha ido reconociendo a éste la igualdad legal de su opción sexual, a fin de ir eliminando toda anterior discriminación en las normas jurídicas.

En este nuevo contexto social, nuestro Código Civil era una ley desigual, pues no todos los ciudadanos teníamos el mismo derecho a la plenitud jurídica que confiere el matrimonio civil a las relaciones afectivas. Por tanto, el legislador procedió a remover los obstáculos que impedían o dificultaban la plenitud de la misma, promoviendo a su vez, las condiciones para que la libertad y la igualdad de los individuos homosexuales fueran reales y efectivas, legislando en dicho sentido. Por tanto, en este importante aspecto, a la Ley recurrida no puede hacérsele tacha de inconstitucionalidad.

No se olvide que, como Derecho Fundamental en el art. 14 de la Constitución, se recoge el Derecho a la Igualdad, definido en la siguiente forma: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social”.

 

Si el PP afirma estar de acuerdo en que los homosexuales deben tener los mismos derechos que los heterosexuales, díganme Vds. cómo desde este prisma, desde el que debe interpretarse nuestro Ordenamiento Jurídico todo, se puede defender el NO derecho de los primeros a contraer matrimonio, pues éste está reservado a contrayentes de distinto sexo.

 

No es pues una cuestión de denominación del enlace entre dos personas del mismo sexo lo que está en cuestión (y como falsamente se nos pretende hacer creer) con el recurso interpuesto ante el TC. Es el derecho al acceso, en igualdad de condiciones de todos los ciudadanos, sin que exista discriminación alguna por razón de su sexualidad, a ese enlace, con todas las consecuencias jurídicas que el mismo conlleva, lo que niega el Partido Popular.

 

No se trata, insisto, en llamar “unión civil estable” al matrimonio contraído por dos homosexuales. Es privar a los homosexuales de la posibilidad de contraer matrimonio (que se quiere reservar para los heterosexuales), ofreciéndoles un sucedáneo de dicha figura jurídica, con otras formas, otro fondo, y otros derechos y deberes derivados de la misma. Legislar diferente lo que se considera diferente. Perpetuar una diferencia de trato basada, única y exclusivamente, en la condición sexual de los contrayentes. Mantener, en definitiva, la discriminación que el colectivo LGTB ha sufrido históricamente.

 

Con el acceso al matrimonio, alcanzábamos el derecho a tributar conjuntamente; al elenco de facultades que mil y una disposiciones legales conceden “al cónyuge”; a derechos hereditarios (legítima viudal, …); derecho de pensión (compensatoria y por viudedad); a la adopción conjunta o de los hijos del consorte (posibilidad que es la que realmente el Partido Popular quiere vetar, y sobre la que me pronunciaré en una entrada posterior); a un régimen de visitas respecto a los menores, o a la solicitud de una pensión por alimentos a favor de éstos, caso de separación o divorcio; a las indemnizaciones que en los contratos de seguro se prevén para caso de enfermedad o muerte a favor del cónyuge; a que tu pareja alcance la nacionalidad española si te casas con ella; a no tener que declarar contra tu esposa o marido en juicio, …; derechos por tanto vinculados al matrimonio, que sólo se alcanzan contrayendo éste.

 

No me valen tampoco las justificaciones etimológicas. Que se defienda que la institución está reservada a parejas heterosexuales porque su nombre proviene del latín “mater” “matris munium” u “oficio de madre” vinculado al engendramiento, deja de tener sentido cuando sin ningún problema se denomina así a parejas heterosexuales sin hijos. La posibilidad de tenerlos deja asimismo de ser determinante desde el mismo momento en que dos lesbianas pueden tener uno si una de ellas es inseminada artificialmente, o adopta a los hijos naturales de su cónyuge.

Aferrarse al significado que una palabra tenía hace más de dos mil años, supone el mismo sinsentido que defender hoy día que el “salario” deba cobrarse en sal, porque esto fue lo que significaba cuando nació dicho término. De igual forma, y por la misma regla de tres, las mujeres no deberían tener “patrimonio”, o los alumnos no podrían “matricularse”.

El Diccionario de la R.A.E., que aún hoy día define matrimonio como <<la unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales>> no puede erigirse en fuente de Derecho, por mucho que lo citen los populares en su recurso y sus argumentaciones, y queda obsoleto cuando no se adapta a los nuevos significados y realidades que la evolución de la sociedad plantea. Si no han tenido empacho alguno nuestros ilustres académicos en recoger novedosos términos como “pendrive” o añadir nuevos significados a la palabra “red”, ya se están demorando en acoger la nueva realidad social a la que alude la palabra“matrimonio”.

 

Consideraciones religiosas y/o morales tampoco deben determinar qué se entienda por tal. Como sacramento sí, qué duda cabe, para aquéllos que profesen la fe católica y a través de cuyas determinaciones quieran regir su vida. Mas no para el resto de la ciudadanía que puede perfectamente profesar una confesión distinta o no profesar ninguna. No se olvide que éste es un Estado aconfesional, y de lo que estamos hablando es del matrimonio “CIVIL” que es el que deben regular las leyes que nosotros los españoles nos demos, y no la Conferencia Episcopal.

 

Personalmente discrepo incluso del apellido “gay” u “homosexual” con el que se acompaña la palabra “matrimonio” cuando se refiere al contraído por dos personas del mismo sexo. Es un “matrimonio a secas”, que contraen dos personas que así, libre y voluntariamente lo han decidido, sean heterosexuales, bisexuales u homosexuales.

Como dice la activista Liz Feldman: <<Esta mañana comí, y no tomé una “comida gay”. Y aparqué mi coche, y no lo aparqué “de forma gay”>>.

 

Siempre defendí que la definición más acertada y apegada a la realidad de lo que fuera matrimonio fue la que en la Universidad me ofreció un catedrático de Derecho Civil: <<Una unión de techo, lecho y mesa>>.

Documentándome para este post, leí otra que me gustó mucho más: <<Llegar tarde del trabajo y ver una peli, levantarse tarde el fin de semana, esconder su regalo en el altillo, enviarle un SMS desde el móvil diciéndole “te quiero”, pelearse por quién lava los platos, una ducha en común, pedir su pizza sin aceitunas, elegir un sofá, planear un viaje, mejorar su día, compartir la manta del sofá, una sonrisa, perderse, ir a su trabajo por sorpresa, tener un hijo, hacer mudanza, caminar de la mano, su lado de la cama favorito, leer el periódico a la vez, mirar a los ojos, pintar la casa. Se llama matrimonio, y es el mismo para todos>> (del blog “www.nometoqueslashelveticas.com”).

Debiera tomar nota Mariano Rajoy y su partido de la postura que el primer ministro británico David Cameron ha adoptado al respecto, y con él el Partido Conservador que lidera. Sin ambigüedad alguna ha declarado:<<Sí, esto va sobre la igualdad, pero también va sobre otra cosa: el compromiso. Los conservadores creemos en los lazos que nos atan; que la sociedad es más fuerte cuando nos ofrecemos nuestros votos y nos apoyamos el uno al otro. Así que no apoyo el matrimonio gay “pese” a ser conservador. Apoyo el matrimonio gay “por” ser conservador>>.

Pues eso Sr. Rajoy, “por” ser conservador, como aquéllos que ya lo han hecho “por” ser progresistas, retire de una vez el vergonzoso recurso que tiene planteado ante el Tribunal Constitucional para que mi Libro de Familia, y el de tantos y tantos ciudadanos, siga siendo en el futuro, del mismo color que el suyo.

FUENTE http://manuelhuertas.es/index.php/component/content/article/41/109-se-llama-matrimonio.html

Adjunto enlace al texto íntegro del Recurso de Inconstitucionalidad interpuesto por el Partido Popular:

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Texto/integro/recurso/PP/elpepusoc/20051001elpepisoc_15/Tes

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