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Reino Unido: tocado y hundido

Por: José Ignacio Torreblanca | 07 de diciembre de 2011

La crisis del euro ya tiene una primera víctima: el Reino Unido.

El tren europeo se pone en marcha al silbato de Merkel y Sarkozy, que ha diseñado un Tratado a su medida, tan a su medida que para todos los demás es una camisa de fuerza:

unos la aceptarán porque no tienen más remedio, pero otros, como los británicos, no tienen más remedio que rechazarla ya que su diseño y objetivos son intrínsecamente incompatibles con el código genético de los conservadores británicos.

El objetivo histórico del Reino Unido, evitar una hegemonía en el continente pero, a la vez, mantener la independencia y margen de actuación del Reino Unido, se ha ido al traste: dos décadas después de la reunificación de Alemania, ya hay una hegemonía en Europa (la alemana), y la influencia del Reino Unido se acerca progresivamente a cero.

Los conservadores británicos ya hacía un tiempo que habían perdido los papeles (europeos), aunque habían conseguido disimularlo.

Antes de la llegada al poder de los conservadores, ya extrañó la absurda decisión de los conservadores británicos de abandonar el grupo parlamentario popular europeo y sumarse al grupo de euroescépticos capitaneados por el ODS del peculiar Vaclav Klaus, que tantos dolores de cabeza nos ofreció durante la presidencia checa de la UE y con motivo de la ratificación del Tratado de Lisboa, y al que se sumaban otras “joyas” del euroescepticismo europeo como el Partido polaco de la Ley y la Justicia de los inefables hermanos Kazcysnki y otros partidos menores en Lituania y otros países.

Las consecuencias de esa folclórica decisión no fueron muy evidentes entonces, pero lo serán hoy miércoles cuando en vísperas de una reunión crucial del Consejo Europeo, los líderes populares europeos (Merkel, Sarkozy, Rajoy etcétera), se reúnan a cenar en Marsella para hablar del futuro de Europa y, mientras, David Cameron cene solo en Downing Street.

Ahora, los designios de quiénes entonces nos avisaron de lo que se venía encima brillan con toda su intensidad. En una tribuna publicada en este periódico en abril de 2010, mis colegas Mark Leonard y Daniel Korski alertaban de que el cambio generacional en el Partido Conservador había convertido en irrelevante el término “euroescéptico” por la sencilla razón de que todos lo eran, y no de forma moderada, sino bastante radical: en una encuesta interna, nada menos que un 63% de los militantes del Partido Conservador eran partidarios de retirarse de Europa, léase bien, no de renegociar los Tratados o de repatriar poderes, sino directa y llanamente de retirarse.

Por eso, Leonard y Korski nos ofrecían algo así como una guía del naturalista de campo euroescéptico que nos permitiera distinguir entre euroescépticos de distintos pelajes.

Como en los buenos documentales del National Geographic, nos proponían estar atentos a los sonidos emitidos por: “euroescépticos corrientes”, “euro-obsesivos”, “realistas modernizados”, “neoconservadores”, “capitanes de Cameron” y “Little Englanders”.

Pero como señalaba el diputado británico, Denis McShane, este lunes en una seminario organizado por la Fundación FRIDE (abro este post con un pequeño vídeo, en inglés, de su intervención), todas estas tendencias, que habían coexistido hasta ahora bajo la llamada política de “las tres erres”: “referéndum, repatriación, renegociación”, ahora se han colapsado ante un acontecimiento tan inesperado como la crisis de la deuda y la puesta en marcha de un nuevo proceso de negociación de Tratados.

Así que, mientras los conservadores británicos barajaban sus opciones para mantener a Europa a raya con una agresiva táctica basada en las tres erres: (R) repatriar todos los poderes posibles; (R) renegociar los Tratados existentes en caso de que hubiera una nueva negociación de tratados y forzar un (R) referéndum para ratificar cualquier nuevo Tratado, resulta que es Europa la que se pone en marcha sin los británicos.

El desconsuelo de Cameron es enorme: cuando yo me iba a retirar de Europa, va y es Europa la que se retira de mí. Sorry guys.

http://blogs.elpais.com/cafe-steiner/

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