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21 horas Por qué una semana laboral más corta puede ayudarnos a todos a prosperar en el siglo XXI.


13 February 2010

21 horas

Por qué una semana laboral más corta puede ayudarnos a todos a prosperar en el siglo XXI.


Una semana laboral «normal» de 21 horas podría ayudar a abordar una serie de problemas urgentes e interrelacionados: exceso de trabajo, desempleo, consumo excesivo, altas emisiones de carbono, bajo bienestar, desigualdades consolidadas, así como la falta de tiempo para vivir de una forma sostenible, preocuparse por los demás, y simplemente disfrutar de la vida.

21 horas

Executive Summary

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Este informe presenta las razones a favor de una semana laboral mucho más corta. Propone un cambio radical en lo que se considera «normal» : bajar de 40 horas o más a 21 horas.

Aunque la gente puede elegir entre trabajar más horas o menos horas, nosotros proponemos que la semana laboral de 21 horas o su equivalente distribuido a lo largo del año debería convertirse en la norma que el gobierno, el empresariado, los sindicatos, los trabajadores, y todos los demás normalmente esperan.

La visión

Avanzar hacia un número de horas de trabajo remunerado mucho menor ofrece una nueva vía para salir de las múltiples crisis a las que nos enfrentamos en la actualidad.

Muchos de nosotros consumimos más allá de nuestras posibilidades económicas y más allá de los límites de los recursos naturales, aunque de formas que no mejoran en absoluto nuestro bienestar – entre tanto otros sufren la pobreza y el hambre.

El continuo crecimiento económico en los países de ingresos altos hará imposible lograr los objetivos urgentes de reducción de emisiones de carbono.

Las desigualdades cada vez mayores, una economía global que está fracasando, unos recursos naturales que se están viendo mermados de forma crítica, junto a la aceleración del cambio climático representan graves amenazas para el futuro de la civilización.

Una semana laboral «normal» de 21 horas podría ayudar a abordar una serie de problemas urgentes e interrelacionados: exceso de trabajo, desempleo, consumo excesivo, altas emisiones de carbono, bajo bienestar, desigualdades consolidadas, así como la falta de tiempo para vivir de una forma sostenible, preocuparse por los demás, y simplemente disfrutar de la vida.

21 horas, la nueva «norma»

Veintiuna horas es una cifra que se aproxima a la media de lo que la gente en edad de trabajar en Gran Bretaña pasa en el trabajo remunerado, y es un poco más de lo que de media se pasa en el trabajo no remunerado.

Los experimentos llevados a cabo con un número menor de horas de trabajo parecen indicar que, con unas condiciones estables y un salario favorable, esta nueva norma de 21 horas no sólo tendría éxito entre la gente, sino que además podría resultar coherente con la dinámica de una economía sin carbono.

No hay nada preestablecido en cuanto a lo que en la actualidad se considera «normal».

El tiempo, así como el trabajo, se han convertido en una mercancía, un legado reciente del capitalismo industrial.

No obstante, la lógica del tiempo de trabajo no lleva el paso de las condiciones actuales, donde las comunicaciones instantáneas y las tecnologías móviles nos proporcionan nuevos riesgos y presiones, así como oportunidades.

El reto al que nos enfrentamos es el de romper el poder del viejo reloj industrial sin añadir nuevas presiones, y liberar tiempo para vivir vidas sostenibles.

Para hacer frente al reto, debemos cambiar nuestra forma de valorar el trabajo remunerado y el no remunerado.

Por ejemplo, si el tiempo medio dedicado al trabajo doméstico no remunerado y al cuidado de la infancia en Gran Bretaña en 2005 fuera valorado en términos de salario mínimo, valdría el equivalente al 21 % del producto interior bruto del Reino Unido.

El planeta, la gente, y los mercados: razones para el cambio

Una semana laboral mucho más corta cambiaría el ritmo de nuestras vidas, reformaría nuestros hábitos y convencionalismos, y alteraría de forma considerable las culturas dominantes de la sociedad occidental.

Las razones por las que se proponen las 21 horas semanales se pueden clasificar en tres categorías, que reflejan tres «economías» interdependientes, o fuentes de riqueza, que derivan de los recursos naturales del planeta, de los recursos, bienes y relaciones humanas, inherentes a la vida de cada uno de nosotros, y por último, de los mercados.

Nuestras argumentaciones se basan en la premisa de que debemos reconocer y valorar esas tres economías y asegurarnos de que funcionan a la vez por el bien de una justicia social sostenible.

Proteger los recursos naturales del planeta.

Avanzar hacia una semana laboral mucho más corta ayudaría a romper el hábito de vivir para trabajar, trabajar para ganar, y ganar para consumir.

La gente podría llegar a estar menos atada al consumo intensivo en carbono y más apegada a las relaciones, al ocio, y a lugares que absorban menos dinero y más tiempo.

Ayudaría a que la sociedad se las arreglara sin un crecimiento tan intensivo en carbono, a dejar tiempo para que la gente viva de forma más sostenible, y a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Justicia social y bienestar para todo el mundo.

Una semana laboral «normal» de 21 horas podría ayudar a distribuir el trabajo remunerado de forma más homogénea entre la población, reduciendo el malestar asociado al desempleo, a las largas horas de trabajo y al escaso control sobre el tiempo.

Haría posible que tanto el trabajo remunerado como el no remunerado fuera distribuido de forma más igualitaria entre hombres y mujeres; que los padres y madres pudieran pasar más tiempo con sus hijos e hijas y que ese tiempo lo pasaran de forma diferente; que la gente pudiera retrasar su jubilación si así lo quisiera y, en definitiva, tener más tiempo para ocuparse de los demás, de participar en actividades locales, y de hacer otras cosas que sean de la elección de cada uno.

De forma crucial, permitiría que la economía «esencial» (core economy) prosperara gracias a un mayor y mejor uso de los recursos humanos no mercantilizados a la hora de definir y cubrir las necesidades individuales y compartidas.

Sería una forma de liberar tiempo para las personas y así poder actuar como compañeros iguales, junto con profesionales y otros trabajadores del servicio público, en la coproducción del bienestar.

Una economía fuerte y próspera.

Un número menor de horas de trabajo podría ayudar a que la economía se adaptara a las necesidades de la sociedad y el medio ambiente, en vez de que la sociedad y el medio ambiente se vean subyugados a las necesidades de la economía.

El mundo empresarial se beneficiaría de que cada vez más mujeres pudieran entrar en el mundo laboral; de que los hombres tuvieran una vida más completa y equilibrada; y de que hubiera un menor estrés en el lugar de trabajo asociado con los juegos malabares que supone compaginar el trabajo remunerado y las responsabilidades del hogar.

También podría ayudar a poner fin a un modelo de crecimiento económico basado en el crédito, a desarrollar una economía más elástica y adaptable, así como a salvaguardar los recursos públicos de inversión en una estrategia industrial baja en carbono, así como aquellas otras medidas que ayuden a una economía sostenible.

Problemas de la transición
Por supuesto, avanzar desde la situación actual hasta este futuro escenario no será una tarea sencilla.

El cambio propuesto hacia las 21 horas debe ser visto en términos de una transición amplia y gradual hacia una sostenibilidad social, económica y medioambiental.

Entre los problemas que probablemente surgirán en el curso de dicha transición se incluye el riesgo de que la pobreza aumente al reducir el poder adquisitivo de aquellos con salarios bajos; pocos puestos de trabajo nuevos ya que la gente que tiene trabajo acepta hacer horas extras; la resistencia del empresariado debido a un aumento de costes y a una falta de aptitudes; la resistencia de los trabajadores y sindicatos debido al impacto sobre los ingresos en todos los niveles; y una oposición política más general que podría surgir, por ejemplo, del paso hacia una puesta en vigor de un número menor de horas.

Condiciones necesarias para abordar los problemas de la transición

En nef se está comenzando a trabajar para desarrollar un nuevo modelo económico que ayude a fraguar una economía de «estado estacionario» y dirigir los problemas de la transición hacia las 21 horas.

Aún hay mucho trabajo por hacer y las sugerencias que exponemos en este informe queremos que sirvan para estimular el debate y la reflexión, más que para ofrecer soluciones definitivas.

Nuestras sugerencias se centran en la consecución de menos horas de trabajo, asegurando un salario justo para todos, mejorando las relaciones de género y la calidad de la vida de familia, así como un cambio en las normas y expectativas.

Lograr un menor número de horas de trabajo.

Entre las condiciones necesarias para reducir de forma exitosa las horas de trabajo remunerado se incluyen una reducción gradual de las horas a lo largo de una serie de años en consonancia con los incrementos salariales anuales;

un cambio en la forma en que se gestiona el trabajo para desincentivar las horas extras;

una formación activa para combatir la falta de aptitudes y para conseguir que las personas que llevan mucho tiempo sin trabajo vuelvan a formar parte del mercado laboral;

una gestión de las gastos del empresariado que sirva para recompensar más que para penalizar la contratación de más personal;

garantizar una distribución de los bienes más estable e igualitaria; la introducción de regulaciones para normalizar las horas que promuevan acuerdos flexibles a los trabajadores, como por ejemplo el trabajo compartido,

ampliaciones de excedencias por cuidados y años sabáticos;

así como una mayor y mejor protección para los autónomos contra los efectos de los salarios bajos, muchas horas de trabajo, e inseguridad en el trabajo.

Garantizar un salario justo.

Entre las opciones para resolver el impacto que una semana laboral más corta pueda tener sobre los salarios se incluyen

la distribución de los ingresos y de la riqueza por medio de mayores impuestos progresivos;

un salario mínimo más elevado;

una reestructuración radical de las prestaciones sociales;

un comercio de emisiones de carbono diseñado para la redistribución de la renta a los hogares necesitados;

más y mejores servicios públicos; e incentivar la actividad y el consumo no mercantilizados.

Mejorar las relaciones de género y la calidad de la vida familiar.

Entre las medidas que garanticen que el avance hacia las 21 horas tenga un impacto positivo en vez de negativo sobre las relaciones de género y la vida familiar se incluyen

unas condiciones de empleo flexible que animen a una distribución más igualitaria del trabajo no remunerado entre hombres y mujeres;

un sistema universal y de alta calidad de atención y cuidado infantil que encaje con el horario del trabajo remunerado;

un aumento del trabajo compartido y más límites a las horas extras;

jubilación flexible;

medidas más firmes que impongan la igualdad salarial y de oportunidades;

más empleos para hombres relacionados con el cuidado y la enseñanza en escuela primaria;

más cuidado infantil,

programas de ocio y tiempo libre,

así como de cuidado de adultos utilizando modelos producidos de forma conjunta de diseño y prestación;

así como el aumento de oportunidades para la acción local de forma que se puedan construir barrios en los que todo el mundo se sienta seguro y pueda disfrutar.

Cambiar las normas y las expectativas.

Hay muchos ejemplos de normas sociales aparentemente rígidas que cambian muy rápido: por ejemplo, la actitud hacia el comercio de esclavos y el voto de la mujer, el uso del cinturón de seguridad y el casco, y el no fumar en lugares públicos.

El peso de la opinión pública puede pasar de repente de la aversión a la aprobación como resultado de nuevas pruebas que se tengan, de una campaña de publicidad fuerte o de un cambio de las circunstancias, incluyendo una sensación de crisis.

Existen algunos signos de condiciones favorables que están empezando a emerger para cambiar las expectativas de lo que sería una semana laboral «normal».

Entre los cambios que podrían ayudar se incluyen el desarrollo de una cultura más igualitaria, una mayor concienciación del valor del trabajo no remunerado, un fuerte apoyo gubernamental para actividades no mercantilizadas, y un debate nacional sobre la forma en la que utilizamos, valoramos y distribuimos el trabajo y el tiempo.

Nos encontramos en el comienzo de un debate nacional. El siguiente paso sería realizar un examen en profundidad de los beneficios, retos, barreras y oportunidades asociadas con el cambio a una semana laboral de 21 horas en este primer cuarto del siglo XXI.

Esto debería formar parte de la Gran Transición hacia un futuro sostenible.

http://neweconomics.org/publications/21-horas

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