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Para dar y tomar

De OBLIGADA LECTURA El ajedrez global de la crisis I y II


El ajedrez global de la crisis
Claudio Katz1

Una nueva fase recesiva de la crisis iniciada en el 2007 se vislumbra en las
economías desarrolladas. El rebote logrado con desembolsos estatales se está agotando y la
próxima recaída incluirá un alto piso de desempleo.

Sólo para retomar el nivel de ocupación vigente al comienzo del temblor se necesitarían crear en el mundo 17 millones de puestos de trabajo y las tesorerías están exhaustas por el socorro brindado a los bancos.

En el debut de la convulsión hubo dos interpretaciones económicas predominantes.

Los neoliberales subrayaron la culpabilidad de los deudores, que tomaron préstamos sin
capacidad de repago y la irresponsabilidad de los estados, que asumieron pasivos
inmanejables.

Los keynesianos remarcaron, en cambio, la falta de regulación financiera y
los excesos de especulación. También subrayaron el deterioro de la demanda solvente por
el estancamiento de los salarios y la polarización social. Ambas corrientes enfatizaron
distintos desaciertos de la política económica que condujo al colapso actual.

Pero esta atención inicial en el origen de la crisis se ha desplazado posteriormente
hacia otro problema: el impacto regional diferenciado de la convulsión y los consiguientes
cambios en el tablero geopolítico. Esta mirada realza el viraje hacia la multipolaridad, la
pérdida de hegemonía estadounidense, al ascenso de China y la gravitación de las
economías emergentes.

¿Cómo se desenvuelve la crisis económica en cada región? ¿Cuáles son las
estrategias en juego de las clases dominantes? ¿Qué tipo escenarios están despuntando a
nivel global?

FRACTURA DE LA ECONOMIA ESTADOUNIDENSE

El desplome inmobiliario desató la crisis en Estados Unidos, cuando los deudores
insolventes (subprime) no pudieron afrontar el pago de sus cuotas. Los bancos afrontaron
un gran bache de cobranza frente a 11 millones de viviendas valuadas por debajo de sus
hipotecas y un quinto de los propietarios asfixiados por créditos impagables.

Posteriormente salió a flote el mismo endeudamiento en otros terrenos. Las familias
soportan pasivos equivalentes al 112% de sus ingresos y obligaciones financieras 37%
superiores a la década pasada.

Toda la cadena de financiación está afectada por una
morosidad que induce a los bancos a retacear los préstamos y a crear un círculo vicioso de
recesión y mayor fragilidad financiera.

Los economistas ortodoxos acusan a los deudores y sus adversarios a los bancos.

Pero ambos olvidan que la bola de nieve de consumos financiados sin respaldo se arrastra
desde hace varias décadas, como consecuencia de la reorganización capitalista que impuso
la mundialización neoliberal.

Esta transformación introdujo un deterioro en las condiciones
laborales (precarización, estancamiento de los salarios, segmentación de las calificaciones),que retrajo los ingresos populares e impulsó a mantener el consumo con el auxilio crediticio.

Con grandes préstamos a las familias se sostuvo la demanda frente a un desempleo
que ya bordea los dos dígitos, una pobreza que afecta al 15% de la población, sueldos
retraídos al nivel vigente hace 15 años y una concentración escandalosa de la riqueza2.

La reestructuración neoliberal también incluyó una significativa deslocalización de
las firmas, que lucran en el exterior con menores costos salariales acentuando la pérdida de
puestos de trabajo. Las empresas estadounidenses crean fuera del país, los empleos que
destruyen internamente y por esta razón, la recesión local coexiste con el aumento de las
utilidades foráneas que obtienen las principales 500 firmas3

En las últimas décadas el enorme consumo norteamericano persistió sobre endebles
cimientos de endeudamiento, en un contexto de regresión industrial interna, aumento de la
explotación, déficit comercial y emigración de firmas. Este crítico escenario fue un
resultado de la presión competitiva que impuso el neoliberalismo.

Los desequilibrios generados por esta remodelación salieron a flote con el estallido
de la deuda hipotecaria. Pero la magnitud de los desajustes se tornó visible a partir de la
bancarrota de Lehman Brothers (2008) y la erosión de todo el sistema financiero (2009).

El socorro posterior ha creado finalmente la actual pesadilla de insolvencia fiscal y
bancaria, que hace temblar a los mercados. Las entidades permanecen en terapia intensiva y
la deuda estatal se elevó del 62 % (2007) al 100% del PBI (2011)4

El gobierno gestiona el agujero fiscal sin ninguna coherencia. Un día acepta la
presión de los republicanos para recortar el gasto y a la jornada siguiente lanza un programa
de inversión con grandes recortes fiscales. Obama está paralizado entre la presión de la
derecha que copó el Congreso y un electorado que sigue esperando el cumplimiento de sus
promesas.

REACCION EXTERNA NORTEAMERICANA

Estados Unidos ha intentado ordenar la gestión global de la crisis, mediante la
organización del G 20 y la intervención conjunta de los Bancos Centrales.

Pero desenvuelve, además, varias estrategias utilizando sus principales instrumentos económicos.

El primer recurso es el dólar que concentra el 85% de las transacciones en divisas, el
65% del comercio global y un porcentaje semejante de las reservas mundiales. Este signo
nomina la mitad de la deuda internacional y el grueso de las operaciones con petróleo o
materias primas.

El dólar ha perdido el reinado indiscutible que tenía en la posguerra, pero mantiene
su primacía ante la ausencia de reemplazo. El euro no logró la influencia requerida para
actuar como moneda global, el yen ha perdido influencia y el yuan no se ha
internacionalizado como signo convertible.

Esta carencia de sustituto le permite al dólar mantener una intervención
predominante, que podría anticipar la futura convivencia de tres monedas (dólar, euro,
yuan), el retorno a los tipos de cambio fijo o la negociación de una nueva canasta de varios
signos5.

En cualquiera de estas alternativas el dólar podría mantener la incidencia que ha
conservado desde su in-convertibilidad, en sucesivas etapas de revalorización y
desvalorización de su cotización. El margen para administrar tipos de cambios altos (que
atraigan capitales) y bajos (que fomenten las exportaciones) se ha estrechado, pero no ha
desaparecido.

La influencia norteamericana es también significativa en la reforma del sistema
financiero mundial (Basilea III). Este cambio se tramita para incrementar el patrimonio de
los bancos, mediante negociaciones sobre el monto que deberían aportar las entidades.

También se discute como regular los nuevos mecanismos de especulación (derivados, CDS,
Hedge Funds) y las operaciones financieras que las empresas desenvuelven en forma
directa.

La internacionalización de las finanzas y la interconexión de las Bolsas tornan
imperioso este ajuste normativo, que se procesa a través de una reorganización previa de las
entidades norteamericanas. Un reconocido jefe del clan bancario (Paul Volcker) está
comandando esa remodelación.

Wall Street actúa en este terreno en estrecha sociedad con la City Londinense.
Ambas comparten el manejo de las cúspides financieras y pretenden restringir todas las
regulaciones al mínimo compatible con sus negocios.

Los próceres del neoliberalismo (Greenspan y Bernanke) se encuentran a la
defensiva para comandar esta reorganización. Ya no ponderan en público la eficiencia
suprema de los mercados para auto-contener las burbujas. Pero sus oponentes keynesianos
(como William Dudley), tampoco logran apoyo para implementar un mayor control previo
de las oleadas especulativas.

En ambas variantes la dirección de los cambios se define enEstados Unidos6.

La influencia norteamericana es también decisiva dentro del FMI. A pesar de las
crecientes atribuciones obtenidas por los nuevos participantes del Fondo, Washington
marca la pauta del organismo.

En los últimos cónclaves del G 20 logró duplicar los fondos
de la entidad, otorgarle mayores facultades como auditora y asignarle crecientes potestades
de intervención nacional.

El FMI define actualmente en Europa las sanciones contra cualquier obstrucción del
apriete. Suspendió créditos a Ucrania cuando se dispusieron aumentos del salario mínimo,
impuso la reducción de los sueldos en Letonia, exigió privatizaciones en Grecia y objetó el
referéndum de Islandia contra los acreedores. Ya no actúa sólo en las economías menores,
sino que supervisa el rescate de Italia7.

Partiendo de estas acciones el establishment norteamericano evalúa estrategias de
salida de la crisis, tanteando las opciones inflacionistas.

Desde el 2008 la Reserva Federal
(FED) inyectó 2 billones de dólares, mediante políticas ultra-expansivas (conocidas como
“relajamiento cuantitativo”). Instrumentó emisiones monetarias que inundan de dólares el
planeta y facilitan la exportación de los desequilibrios estadounidenses.

Esta política apunta
a licuar la deuda pública con inflación, repitiendo un mecanismo ya utilizado por Estados
Unidos para achicar sus pasivos estatales, empapelando al resto del mundo.

Pero esta reiteración presenta mayores dificultades, no sólo por la resistencia que
oponen los economistas ortodoxos. La reducción inflacionaria de la deuda se consumó en el
pasado en contextos de alto crecimiento, que permitían achicar la proporción total de esa
carga en comparación al PBI. Nadie avizora esos escenarios de prosperidad en los próximos
años8.

EL DESCALABRO EUROPEO

Muchos analistas europeos caracterizaron inicialmente la crisis del Viejo Continente
como un simple eco del temblor norteamericano. Pero esa visión quedó desmentida por la
impresionante dimensión del tsunami europeo9.

La magnitud de ese desplome se explica por los desequilibrios específicos que
generó la formación de la Unión Europea (27 países) y la Eurozona (17 naciones).

Ambas
iniciativas buscaron amoldar la región a las reglas neoliberales de la competitividad global,
sustituyendo la antigua diversidad de economías por un bloque liderado por la locomotora alemana y la diplomacia francesa.

El comando económico germano se consolidó con la anexión del territorio oriental
(ex RDA). Las clases dominantes utilizaron el poderío tecnológico y la alta productividad
de la industria, para reforzar la disciplina salarial y transformar al país en la gran potencia
exportadora de la zona euro.

Pero la crisis actual ha demostrado el carácter inacabado de ese bloque. La moneda
común fue introducida para asegurar la colocación de los excedentes germanos, mientras se
posponía la organización del presupuesto y la fiscalidad compartida. Esa carencia ha sido
letal.

La ausencia de instituciones estatales comunes para respaldar el signo monetario
socavó la cohesión del proyecto y potenció la heterogeneidad de la comunidad. En lugar de
consolidar la estructura en gestación acrecentó la distancia que separa a las economías
pujantes de los países rezagados.

Inicialmente se esperaba acortar esas brechas mediante el desarrollo de un mercado
compartido y la instrumentación de transferencias hacia las zonas relegadas.

Pero terminó
prevaleciendo un proceso inverso, de sistemática pérdida de posiciones de los países con
mayores tasas inflación y menores índices de productividad.

Esta fractura condujo a
desequilibrios comerciales que fueron compensados con endeudamiento. Al final,
sobrevino el pase de facturas de las economías excedentarias (Alemania, Holanda, Austria)
a los países deficitarios (Grecia, Portugal, Irlanda)10

El endeudamiento público y el quebranto de los bancos acentuaron esta brecha entre
el centro y la periferia de la Eurozona.

Primero colapsaron las pequeñas economías
agobiadas por el desbalance comercial (Grecia), la inversión extranjera sesgada (Irlanda) y
la financiación foránea especulativa (Islandia, Chipre).

Luego el desplome fiscal se
expandió a Italia (tercer país la zona) y ahora amenaza a España (que afronta una enorme
morosidad hipotecaria).

Todos los bancos tienen repletas sus carteras de títulos públicos insolventes. Las
frágiles entidades de Grecia, Irlanda o Islandia ya colapsaron y hay pavor por la situación
de grandes instituciones de Francia, Alemania, Austria o Italia.

Las transacciones interbancarias
se han encogido, crece el temor por la toxicidad de los balances y hay salidas de
fondos hacia lugares más seguros11.

LA ESTRATEGIA GERMANA

Alemania no puede intentar las respuestas globales que tantea Estados Unidos.
Carece de los recursos imperiales que conserva la primera potencia y ha optado por una
estrategia deflacionaria defensiva, que ese ubica en las antípodas de la opción inflacionaria
norteamericana. Mientras que la FED ha impulsado reducciones sistemáticas de las tasas deinterés, el Banco Central Europeo (BCE) ha encarecido el costo del dinero.

Frecuentemente se explica esta diferencia por un cruce de tradiciones. La memoria
de Weimar es contrastada con el recuerdo del New Deal. Este contrapunto entre temores
europeos a la hiperinflación y recuerdos norteamericanos de la Gran Depresión ilustra la
brecha de influencia que existe entre ambos países, en la gestión internacional de la crisis12.

Alemania actúa a nivel europeo con una política de atropello para descargar sobre
los trabajadores el costo de la crisis. Esta embestida no implica un ajuste más. Supone
demoler el estado de bienestar construido desde la posguerra y barrer con conquistas
sociales nunca alcanzadas por los asalariados de otros continentes.

Las tasas de desempleo
europeo ya promedian el 20 % y bajo el impacto de la precarización laboral, la pobreza se
ha extendido a un cuarto de la población13.

El otro cimiento de la política germana es el apriete fiscal para sostener el euro. En
los últimos meses la continuidad de este signo quedó en la cornisa y se ha especulado con
su reorganización, fractura o desaparición. Pero esa moneda ha sido la llave de un dominio
exportador alemán basado en la unificación de los mercados y la eliminación de las barreras
proteccionistas.

Para preservar el euro se impuso la suscripción del reciente pacto fiscal. Se fija un
plazo para restaurar reglas de déficit y deuda pública, con sanciones automáticas para los
países que violen esos límites.

Tendrán que incorporar ese principio presupuestario como
una norma constitucional y someterse al control de cortes supra-nacionales. Estos poderes
supervisarán el gasto, imponiendo recortes en cualquier momento del año y colocando a los
pueblos entre la espada y la pared. Quienes incumplan el cronograma serán
automáticamente excluidos de la Eurozona.

Este endurecimiento es congruente con la estrategia alemana de reforzar su patrón
exportador sin emitir dinero. Busca afianzar el rol de la periferia europea como proveedora
de insumos a costos decrecientes. La poda de los salarios griegos, la pulverización de la
seguridad social irlandesa y el generalizado aumento de la edad de jubilación anticipan las
consecuencias de esta reorganización14.

Alemania impone esta estrategia deflacionaria, vetando todas las iniciativas
financieras que amenazan su competitividad.

Bloqueó la creación de los Eurobonos y la
mutualización de las deudas. Obstruyó la ampliación del fondo de rescate bancario (FEEFMEE),
impidió la compra de bonos en los mercados secundarios y reforzó las prohibiciones
de financiamiento directo del BCE a los estados.

Este rigor no implica abandonar a los bancos en quiebra. Alemania aprueba el
auxilio, pero buscando preservar su potencial industrial. No renuncia a la financiación
futura de la Eurozona con los mecanismos federales que rigen en Estados Unidos, pero
quiere garantizar su control fiscal previo.

Aceleró esta supervisión ante la vulnerabilidad de
los bancos y la imposibilidad de de repetir la paulatina absorción de acreencias, que
implementó por ejemplo Estados Unidos hace dos décadas, frente a las acreencias latinoamericanas15.

Pero el nuevo cuadro fiscal abre otra gama de conflictos en las cúpulas de la Unión
Europea (UE). Gran Bretaña rechazó el pacto franco-alemán y decidió mantenerse al
margen para proteger la autonomía de la City.

Objetó someter sus bancos a la supervisión
de Bruselas y no consiguió el poder de veto para resguardar sus negocios. A los capitalistas
ingleses les interesa participar en el mercado continental, pero preservando la
internacionalización de sus finanzas.

La alianza Merkel-Sarkozy emergió como ganadora del reciente round, pero sólo el
tiempo permitirá evaluar la consistencia de esa victoria. La crisis devora los liderazgos
políticos y cada elección consagra algún castigo al gobernante de turno. Esta sanción afecta
por igual a los socialdemócratas (Irlanda, Portugal, España) y a los conservadores (Francia,
Italia, Alemania)16.

INTERROGANTES SOBRE CHINA

El continuado crecimiento de China a tasas del 9-10% anual constituye una
importante novedad de la crisis en curso. En la última década las exportaciones del gigante
oriental se multiplicaron a un ritmo desenfrenado. China captura recursos naturales en
África, afianza los intercambios comerciales con América Latina y ya destronó a Japón
como segunda economía del mundo.

Este avance confirma la profundidad de los cambios registrados durante la etapa
neoliberal. China se integró a la mundialización utilizando la baratura de su fuerza de
trabajo, sin repetir la vieja trayectoria de debut proteccionista, gestación de una burguesía
nacional y despliegue de rivalidades internacionales. Se insertó directamente en la
acumulación global del capitalismo.

Al comienzo de la crisis muchos economistas suponían que el crecimiento chino
contrarrestaría la retracción de las economías avanzadas. En los hechos se registró tan sólo
un contrapeso parcial.

El gigante asiático ha sostenido financieramente a Estados Unidos y
a Europa en los picos de la crisis, para asegurar la continuidad de sus ventas externas,
preservando la demanda interna y motorizando la adquisición internacional de materias
primas.

Con estas acciones frenó la depresión general y acotó el alcance geográfico de la recesión, aunque sin reemplazar a las locomotoras del mundo desarrollado. ¿Mantendrá este rol?

Quiénes apuestan a esa continuidad esperan un fuerte auxilio del yuan al Viejo
Continente, mediante enormes adquisiciones de títulos públicos nominados en euros.

Pero China ya compró grandes sumas de la deuda italiana, española o portuguesa y tiene un
cuarto de sus reservas en esa moneda. El incremento de esas adquisiciones suscita
divergencias en la dirigencia oriental.

El sector más asociado con negocios globales (“elite de la costa”) acepta participar
en el nuevo rescate, a cambio de fuertes contrapartidas. Busca aminorar las sanciones por
dumping, obtener el status de “economía de mercado” e ingresar en la inversión de la
infraestructura europea.

Esta fracción también intenta posicionar a China en el futuro diseño de una moneda
mundial. Por eso reclama que una porción de cualquier auxilio quede nominado en yuanes.

Pero esa inserción monetaria también valorizaría el tipo de cambio y deterioraría el modelo
exportador.

China ha resistido numerosas presiones para revaluar el yuan y no aceptó las
exigencias, que en la década pasada Estados Unidos le impuso a Japón. Sin embargo, la
propia internacionalización del yuan podría generar ese debilitamiento de la autonomía que
mantiene la principal economía asiática17.

Los fondos de inversión chinos han participado activamente en el sostén del dólar y
los bonos del tesoro. Compraron acciones de General Motors y porciones del banco
Morgan Stanley.

Pero otra escala de estas adquisiciones (especialmente en Europa)
introduciría al país en una riesgosa política imperial. Para defender lo obtenido en el
extranjero se necesita una presencia geopolítica que la dirigencia china rehúye.

Por esta razón muchos sectores de la conducción (“elite del interior”). Cuestionan el
desmedido aumento de las inversiones foráneas y destacan la necesidad de incrementar
primero la bajísima proporción del consumo interno en el producto total.

La oleada de
internautas que objetó el reciente financiamiento del Viejo Continente refleja esta
preocupación. Conviene recordar que el ingreso per capita de los chinos es aún 10 veces
inferior al promedio de los europeos.

El dilema de sostener el modelo exportador o procesar un giro hacia el consumo
interno persiste sin resolución. Existe una fuerte presión para apuntalar el segundo curso,
pero sin resultados significativos. Este giro no se consuma, ante la magnitud de los
desequilibrios que podría desatar.

Para aumentar sustancialmente el poder adquisitivo interno habría que subir el
salario e introducir prestaciones sociales generalizadas. Estas medidas chocarían con el
costo laboral reducido que permitió el ascenso capitalista del país. Un anticipo de este
problema se observa en las corrientes de inversión, que fluyen hacia las economías asiáticas
con sueldos inferiores a China.

El curso económico a seguir está sujeto a múltiples tensiones. La burbuja
inmobiliaria es el desequilibrio más inmediato.

En las 30 principales ciudades los precios
de las viviendas subieron 50% en los últimos dos años, repitiendo el ciclo de
endeudamiento dudoso que afectó a Estados Unidos y España. Como el 25% de la
economía está vinculada a la construcción, una brusca reversión de esa valorización podría
afectar al PBI.

También existen graves problemas financieros. Aunque el estado mantiene el
control del crédito se ha gestado un enorme mercado de préstanos clandestinos, que
solventa el consumo de la clase media y la oscura administración de los gobiernos locales.
Estos desajustes explican la inflación, que durante la década pasada osciló en torno al 2%
anual y actualmente ha trepado al 6,2%.

La inestabilidad de los negocios también obedece a la magnitud de los beneficios
acumulados por los segmentos privilegiados. Los ingresos del 10% más rico de la
población son 23 veces más elevados que el 10% más pobre y la crema de los ejecutivos
percibe salarios 128 veces superiores al promedio general18.

Esta fractura social coexiste con problemas estructurales de sobre-inversión, que ya
alcanzó una tasa anual del 45% del PBI. Este ritmo de actividad exige abrir nuevos
mercados en un escenario internacional recesivo, mientras se acrecientan los peligros de un
descontrol ecológico.

Nadie sabe como impactará la recaída de la economía global sobre China. Algunos
economistas estiman que ese efecto será digerible (Stiglitz) y otros pronostican duras
consecuencias (Roubini). Pero todos coinciden en la centralidad de este dato para el devenir
inmediato de la coyuntura mundial19.

BRICS, EAGLES Y EMERGENTES

No sólo China ha podido sustraerse de la crisis global. También un grupo de
economías intermedias (denominadas emergentes, ascendentes o BRICS) ha logrado capear
el temporal. Este núcleo de países conforma el conglomerado semiperiférico actual de la
estratificación mundial.

Este sector mantuvo su crecimiento el año pasado, incrementó significativamente la
tasa de inversión y aumentó su participación en el PBI global. Si estas tendencias perduran,
la localización de la producción y el empleo sufrirá un importante desplazamiento en el
próximo período. Estos cambios son congruentes con la nueva división internacional del
trabajo que privilegia la región asiática.
Las economías ascendentes son las niñas mimadas del capitalismo. Reciben elogios
del FMI y fueron las estrellas de los últimos foros empresarios de Davos. Los nuevos
multimillonarios de China, Rusia o India se integran rápidamente al club de los poderosos.
Otro indicador de las modificaciones en curso es la distribución de las reservas
mundiales.

Estos reaseguros suman 6,5 billones dólares en las economías ascendentes y
sólo 3,2 billones de los países del Norte. El endeudamiento externo del primer grupo ha
caído y algunos integrantes de esa membrecía ya son acreedores. En el otro polo ha
irrumpido la nueva categoría de “Países Ricos Altamente Endeudados”.

Pero es muy frecuente extraer conclusiones engañosas de estas mutaciones. La
principal confusión surge de la indiscriminada clasificación de todo el grupo ascendente, en
un mismo rubro de BRIC.

Esta denominación (Brasil, Rusia, India, China) fue primero
extendida a BRICS (con Sudáfrica) y luego a BRIIC-K (con Indonesia y Corea). Otra
ampliación reciente habla de EAGLES (con México, Egipto, Taiwán y Turquía) 20.

Los creadores de estas marcas son operadores bancarios (Goldman Sachs, BBVA)
que incluyen o excluyen a los países de su lista, en función de las oportunidades de
inversión financiera. El carácter coyuntural de esta evaluación salta a la vista.

Pero su
principal inconveniente radica en equiparar bajo una misma sombrilla, a un país que avanza
hacia un status de potencia central (China), con economías intermedias de incierta
evolución.

La distancia que mantiene el gigante asiático con cualquiera de sus seguidores es
abismal en cualquier terreno de la producción, las exportaciones o las reservas. Esta brecha
es particularmente visible frente a otra economía de gran crecimiento reciente (India) o en
comparación a un vecino que precedió al avance chino y se estancó frente a esa irrupción
(Corea del Sur)21.

Al ubicar a todo el grupo en la misma canasta se olvida que muchos países del
pelotón han ascendido como proveedores de los insumos básicos demandados por China.

Más que impulsar el crecimiento global, estas economías han sido arrastradas por ese
avance. Es importante también notar la línea divisoria que separa a los protagonistas de un
desarrollo industrial de los actores que se expanden por el repunte de la renta petrolera
(Rusia) o agrícola (Brasil). Estas diferencias definen grados de consistencia muy disímiles
del crecimiento.

Las distinciones entre los emergentes presentan contornos más categóricos en el
plano geopolítico. La autonomía de las políticas imperiales que tienen Rusia o China, no se
extiende a la India, Brasil o Sudáfrica. Estos países mantienen estrechos vínculos de
asociación o dependencia con las potencias que regulan el orden mundial.

Por esta razón, el propio funcionamiento de los BRICS no ha incluido la adopción de estrategias comunes.

Es cierto que la mayor estabilidad política de todo el grupo contrasta
coyunturalmente con el generalizado desarreglo que impera en las potencias centrales. Pero
tampoco este rasgo determina patrones de acción internacional conjunta.

Las nuevas alianzas Sur-Sur en desmedro de las viejas conexiones con los centros
metropolitanos presentan un alcance limitado y no anticipan la “segunda globalización”
comandada por los emergentes que pronostican algunos analistas.

Hasta ahora el dato más
relevante ha sido la integración de los emergentes al G 20, para ampliar el sostén del
capitalismo en crisis22.

LOS PADECIMIENTOS DE LA PERIFERIA

El alivio de los países intermedios no se extiende al resto de la periferia. La crisis
golpea nuevamente con mayor virulencia a las economías más empobrecidas, reiterando
una norma de las convulsiones capitalistas.

Este impacto se verifica en cualquier terreno del empleo o los ingresos. Los emigrantes enfrentan mayores obstáculos para ingresar al Primer Mundo, las remesas se recortan y las oleadas de refugiados se multiplican.

Mientras la prensa sólo habla de economías centrales y emergentes, la inmensa
mayoría de los países se encuentra fuera del G 20, soportando el drama cotidiano de la
miseria. Allí se localizan los 2050 millones de personas sin acceso a la sanidad básica y los
884 millones carentes de servicios de agua potable.

Pero lo más novedoso del tsunami actual es la convergencia de estos sufrimientos
con una tragedia de hambre. El aumento de los precios de los alimentos que precedió a la
crisis no fue revertido por la recesión y en muchas zonas se acentúa el drama de la
desnutrición. En Somalia, por ejemplo, ya se observan todos los síntomas de una catástrofe
alimentaria.

La cifra total de hambrientos se ubica en torno a los 1020 millones de personas,
pero la amenaza se extiende a los 2.500 millones que subsisten en condiciones de pobreza.

Este flagelo aumenta al compás del encarecimiento de los cereales, que obedece a la
consolidación de un esquema neoliberal de agricultura exportadora, que destruye la
pequeña propiedad, aniquila el abastecimiento local tradicional, generaliza la desposesión
de los campesinos y multiplica la emigración rural.

Esta reorganización capitalista del agro determina la falta de comida que agobia a
una sexta parte de la humanidad, cuando la producción total alcanzaría para satisfacer esa
nutrición. El reinado de la rentabilidad y el manejo oligopólico del comercio agrícola por
parte de un puñado de transnacionales (ADM, Bunge, Cargill y Dreyfus) potencian la
tragedia del hambre.

Las expectativas de atenuar el problema por el efecto deflacionario de la
desaceleración económica global no se están cumpliendo. El ascenso de los precios
alimenticios que comenzó en 2003 persiste sin grandes modificaciones.

Muchos autores estiman que ese comportamiento alcista obedece a la formación
otra burbuja. Especular con los precios a futuro de los cereales se ha convertido en una
operación muy redituable. Permite canalizar los excedentes de liquidez que genera la
pérdida de oportunidades de inversión en los países desarrollados23.

Otros analistas consideran que el encarecimiento de los alimentos es un problema
más estructural y derivado de la creciente demanda ejercida por los nuevos consumidores
asiáticos. También destacan la presencia de costos crecientes de producción y
productividades declinantes en el sector agrícola24.

Ambos enfoques subrayan explicaciones complementarias (de corto y largo plazo)
del mismo fenómeno. Pero en cualquier caso, las maniobras financieras y las brechas
estructurales entre la oferta y la demanda presagian el agravamiento de la crisis alimentaria,
que auguran todos los expertos de la FAO.

Este padecimiento se intensificará además por las presiones del agro-negocio, que
bloquea en los cónclaves del G 20 cualquier regulación internacional de los precios. En ese
ámbito actúan los países que producen el 77% de los cereales y manejan el 80% del
comercio agrícola. El hambre de los desamparados aporta un buen negocio para varios
integrantes de esa asociación.

MUILTIPOLARIDAD Y HEGEMONÍA

La diversidad de situaciones regionales que rodea a la crisis actual ha generalizado
las predicciones de un viraje hacia la multipolaridad. Este contexto es diferenciado de la
bipolaridad de posguerra (Estados Unidos versus la URSS) y de la unipolaridad de los años
90 (supremacía norteamericana).

La declinación estadounidense es asociada al avance de
China y los emergentes. Algunos enfoques también resaltan el agotamiento del
neoliberalismo y pronostican un crecimiento desarrollista de la periferia, asentado en la
intervención estatal y el intercambio entre las economías del Sur25.

Pero estas miradas omiten las significativas continuidades que vinculan al actual
período con su precedente.

La multipolaridad podría modificar las relaciones de poder entre
las potencias, pero no altera los pilares de la mundialización neoliberal. El protagonismo de
las empresas transnacionales persiste, junto a la competencia global por lucrar con la
explotación de la fuerza de trabajo.

Esta internacionalización del capital determina, además, la continuidad del libre
comercio y los flujos financieros transfronterizos. A diferencia de lo ocurrido durante la
entre-guerra, la multipolaridad actual no anticipa el surgimiento de bloques proteccionistas,
dispuestos a batallar por la conquista de los mercados a través de la guerra.

El estancamiento del centro determina efectivamente una mayor interacción entre
las economías intermedias. Pero estos enlaces se desenvuelven en estrecha asociación con
empresas del Primer Mundo.

Esta colaboración no es un imperativo tecnológico, ni obedece
a necesidades de financiación. Las burguesías emergentes ampliaron su radio de acción
junto al capital extranjero y continúan reforzando esos vínculos.

Sus estrategias no incluyen propósitos antiimperialistas o iniciativas de “No
Alineados”. Tampoco incentivan planificaciones para-mercantiles del comercio
(Comecon) o proyectos de solidaridad (Bandung). Actúan siguiendo criterios de
rentabilidad, que tienden a recrear los viejos desniveles de la relación centro-periferiasemi-
periferia.

La mundialización ha modificado los patrones geográficos de esos lazos. Ya no se
requiere cercanía territorial entre las economías dominantes y sus abastecedores de
insumos. Las relaciones de dependencia comienzan a desbordar su radio tradicional.

Resulta imposible predecir el ordenamiento final de esta mutación, pero es evidente
que no saldrán airosos todos los jugadores. La acumulación exige equilibrar los avances de
un polo con las pérdidas del segmento opuesto.

Si una región prospera otra debe decaer,
para que el enriquecimiento de los capitalistas ganadores sea solventado por la población de
las zonas perdedoras.

La multipolaridad no altera este principio selectivo del desarrollo burgués. El
capitalismo excluye crecimientos compartidos en el largo plazo o eliminaciones progresivas
de todas las desigualdades socio-regionales. Los admiradores del nuevo escenario ignoran
esta extensión de brechas de distinto signo.

Frecuentemente visualizan a la multipolaridad como un cambio de hegemonía
política a favor de China y en desmedro de Estados Unidos. Pero nunca aclaran qué
significado le asignan al concepto de hegemonía.

Esta noción puede ser identificada con la
supremacía imperial o con formas de gestión consensuadas opuestas a la coerción bélica.

En el primer caso se sugiere que el expansionismo chino reemplazaría al dominador
estadounidense. En la segunda variante se supone que esa sustitución será pacífica y
resultante de una avasalladora primacía económica. Los desaciertos de ambas hipótesis
saltan a la vista

Desde la posguerra Estados Unidos ha ejercido una explícita dirección imperialista.
Actúa como garante militar de la reproducción de capital y brinda protección a todas las
clases dominantes, frente a la insurgencia popular y la inestabilidad del sistema.

Los dirigentes chinos no se imaginan a sí mismos cumpliendo ese rol, en ningún momento del
futuro.

Quiénes suponen que la sustitución coercitiva será innecesaria por el simple efecto
de la pujanza económica oriental, no explican cómo funcionaría el capitalismo global sin
garantes militares de ninguna especie.

Esta visión olvida que un sistema de competencia
por beneficios surgidos de la explotación, no puede desenvolverse sin el uso de la fuerza.

La identificación de la multipolaridad con el repliegue bélico de Estados Unidos o
sus socios europeos es una hipótesis ingenua. En cualquier “des-occidentalización” de la
economía mundial, el gendarme norteamericano continuará supervisando invasiones,
ocupaciones y matanzas.

Ciertamente la primera potencia ya no actúa con la omnipotencia
de los años 90, pero dirige la OTAN, concentra la mitad del gasto bélico mundial y
mantiene una estrecha asociación con todos los países que alineó durante la guerra fría.

Los principales integrantes de esa alianza no suelen quebrantar esta familiaridad
cuando expanden su poder económico. La invariable lealtad de las burguesías petroleras del
Golfo al liderazgo norteamericano es un ejemplo de esa actitud.

El sometimiento de Japón
es más sintomático, puesto que no ha buscado caminos de autonomía político-militar para
contrarrestar su estancamiento. La regresión económica nipona se profundiza con el
endeudamiento público más elevado del mundo desarrollado y con el fracaso de los planes
pos-terremoto de reactivación26.

El rol central de Estados Unidos se ha verificado nuevamente en la ampliación del
G 7, la cooptación de los países intermedios y el resurgimiento de FMI para preservar el
orden imperial vigente. El gendarme global utilizará también su poder para intentar la
recuperación del terreno que ha perdido.

Ya insinúa formas de presión sobre su rival chinocon maniobras navales en Corea del Sur, ejercicios en Mongolia e instalaciones bélicas enAustralia. Incluso tantea la reacción de su oponente en los litigios con Taiwán, las disputascon la India y la resolución del status de Tíbet. Pero estas tensiones no quebrantaron hastaahora el marco asociativo vigente con China desde hace varias décadas.

También el gigante asiático ha jerarquizado la solidaridad capitalista. En lugar de
propiciar la caída de los bancos occidentales socorrió a los quebrados.

En el reciente
desplome europeo reforzó incluso su convergencia con el FMI y ha condicionado los
préstamos futuros a las auditorias del Fondo. Esta integración refuerza la hostilidad de los
dirigentes chinos frente a cualquier protesta local o internacional contra el neoliberalismo27.

NEOLIBERALES Y KEYNESIANOS

El debate económico sobre la crisis continúa centrado en la oposición entre visiones
ortodoxas y heterodoxas.

Los neoliberales atribuyen la crisis a la “irresponsabilidad fiscal”
y despotrican contra los gobiernos que despilfarraron dinero en gastos improductivos.

Pero
omiten recordar que estos desembolsos sostuvieron inicialmente la expansión de las
economías industrializadas y que el descontrol posterior obedeció al rescate de los bancos.
Antes del 2007 había, por ejemplo, en Europa superávit fiscal en la mayoría de los países.

El discurso neoliberal oculta este auxilio y atribuye el descalabro actual a “los
pueblos que vivieron por encima de sus posibilidades”, como si fuera un pecado mejorar el
nivel de vida. Tampoco explica por qué razón se exime a los acaudalados de cualquier
sacrificio.

El carácter duradero de la crisis es incluso utilizado para justificar los atropellos.
Ya nadie presenta la flexibilización laboral como un pasaporte a la prosperidad. Hay que
apretarse el cinturón como una necesidad de supervivencia28.

En Estados Unidos los mismos argumentos son esgrimidos por los republicanos
para exigir mayores reducciones del gasto social, manteniendo los privilegios de los
banqueros, el gasto militar y las rebajas impositivas a los ricos.

Reclaman fijar un estricto
techo al endeudamiento supervisado por los popes del establishment y eluden mencionar
que el socorro otorgado a los financistas contradice todos los principios del libre-mercado.

Los keynesianos estiman, en cambio, que la crisis obedece a la persistencia de la
desregulación financiera y a la contracción de la demanda. Por eso Krugman propone
gravar a los acaudalados, relanzar la inversión pública y recomponer los ingresos.

En la misma sintonía, Stiglitz convoca a condonar las hipotecas y a penalizar a los bancos29.

Estos autores ilustran acertadamente como el descontrol del riesgo, los
malabarismos contables, los títulos empaquetados y las operaciones con derivados
desencadenaron el tsunami actual.

Pero omiten registrar que ese des-manejo irrumpió por la
propia competencia que impone el capitalismo en la gestión del crédito. Lo mismo ocurre
con el endeudamiento familiar y la exclusión social, que no irrumpieron sólo como
consecuencia de errores en la política económica.

Los teóricos heterodoxos olvidan que la propia acumulación genera divorcios entre
el consumo y la producción, junto a incrementos de la productividad desgajados del poder
compra. Estas contradicciones fueron exacerbadas por la rivalidad que introdujo a escala
global la mundialización neoliberal.

Los economistas keynesianos estiman que resulta igualmente factible atenuar estos
desequilibrios, a través de un reparto equitativo de la crisis. Proponen una distribución
pareja de las pérdidas financieras entre deudores y acreedores.

Pero basta observar la
reacción que tuvieron los banqueros ante una quita de las acreencias griegas, para notar
cuán dura sería esa batalla.

Ese anuncio desató una tormenta entre las calificadoras de
riesgo y precipitó el ajuste fiscal de la Unión Europea. La misma virulencia tuvo la reacción
precedente de los financistas, ante iniciativas de suprimir los paraísos bancarios, o anular
las bonificaciones de los ejecutivos.

Neutralizar esa resistencia de los banqueros requeriría la adopción de medidas más
contundentes, como la suspensión del pago de la deuda, la auditoría de los pasivos y la
nacionalización del sistema bancario.

Lo mismo ocurre con el relanzamiento del
crecimiento y la creación de empleos. El logro de estas metas exige cerrar la canilla de
pagos a los acreedores, controlar los movimientos de capital e introducir drásticos
impuestos progresivos30.

En la coyuntura actual se ha estrechado el espacio para ejecutar reformas sociales
sin acciones anti-capitalistas. Hay un clima de sálvese quien pueda, con escaso margen para
políticas de “capitalismo humanitario”. Prevalece la presión para procesar las quiebras
bancarias, depurar las empresas y desvalorizar la fuerza de trabajo.

Estas tendencias no obedecen sólo a la ideología derechista imperante o a la
influencia preeminente de los financistas. Todas las clases dominantes sostienen el ajuste
junto a los banqueros.

Esta coincidencia se refleja también en el comportamiento de los
socialdemócratas europeos. A la hora de aplicar el torniquete no se han diferenciado de sus
adversarios derechistas y aceptan la verticalidad autoritaria que imponen Merkel y Sarkozy.

Esta cúpula dispuso, por ejemplo, el desplazamiento de Papendreu ante su atrevimiento de
solicitar una consulta popular y envió un contundente mensaje de intervención neocolonial a Grecia31.

La misma tendencia se verifica en la indiferencia del gobierno estadounidense ante a
las peticiones de los liberales. Esta actitud contrasta con la permeabilidad reformista que
imperaba en los años 30 bajo el mandato de Roosvelt.

Muchos keynesianos reconocen la adversidad de estos escenarios. Pero consideran
viable generalizar a escala internacional, las soluciones intermedias que aplicó Argentina a
partir del default y los canjes de la deuda32.

Pero omiten registrar las causas específicas que permitieron esa experiencia.

Argentina pudo permanecer relativamente desconectada de la financiación internacional,
porque está inserta en el comercio mundial como gran exportadora de alimentos. Ha gozado
de altos precios internacionales y se convirtió en proveedora privilegiada de las ascendentes
economías asiáticas.

Utilizó, además, las enormes rentas de exportación para reanimar la
demanda interna, luego de una brutal devaluación que depuró capitales, abarató salarios y
facilitó la recomposición cíclica de la tasa de ganancia.

Es evidente que el grueso de las economías dependientes afectadas por la crisis no
cuenta con los recursos y las condiciones que permitieron esa recuperación. Podrían
efectivamente adoptar ciertas iniciativas de Argentina, pero sólo como punto de partida de
medidas más radicales y audaces33.

La intensidad de la crisis exige asumir un horizonte anticapitalista, alejado de la
atadura actual a distintas variantes del mismo régimen social. El pensamiento dominante
impone esta restricción, obligando a optar entre el modelo anglosajón, el esquema alemán o
la opción china34.

Ese enfoque niega las raíces intrínsecamente capitalistas de la crisis actual y oculta
las contradicciones, que el proceso de acumulación genera en forma periódica y extiende de
manera itinerante.

Un sistema basado en la rivalidad por la apropiación de beneficios
surgidos de la explotación necesariamente produce el tipo de conmociones, que se observa
en la actualidad.

Si se reconoce que el capitalismo no es el único, ni el mejor sistema posible resulta
factible concebir otra gama de alternativas para resolver la crisis. Esta apertura permite
superar la resignación, consolidar la voluntad de lucha e imaginar salidas provechosas para
la mayoría de la población.

RESISTENCIAS SOCIALES

El devenir de la crisis puede ser abruptamente transformado por las acciones
populares que cobraron impulso en los últimos meses. Los análisis que omiten esta reacción
razonan los procesos económicos en un vacío social, que a lo sumo es ocupado por
funcionarios y financistas.

El debut de la crisis provocó inicialmente un gran desconcierto, entre poblaciones
acostumbradas a identificar los desastres económicos con el Tercer Mundo. Ese estupor
estuvo también signado por el temor al desempleo.

Pero a fin del 2010 los levantamientos
del mundo árabe introdujeron una bisagra en esta conducta. Ilustraron como se pueden
conquistar grandes victorias democráticas.

Este impulso profundizó la resistencia en Grecia, que se ha transformado el
principal bastión de la respuesta popular. Hay un estado de sublevación entre los
manifestantes que ocupan plazas y cercan el Parlamento.

Estas protestas alentaron a su vez a los indignados españoles, que cuestionan el socorro a los banqueros y demandan “democracia de verdad”. Este movimiento ya conquistó legitimidad, acompañamiento y presencia nacional.

Otro tipo de reacciones sociales se verifican en Inglaterra, tanto entre los jóvenes
desempleados y hostigados por la policía, como entre los trabajadores sindicalizados.

En Italia despuntan las huelgas y en Portugal hay movilizaciones. Estas luchas comienzan a
extenderse junto al desmoronamiento de la imagen benevolente que tenía la Unión
Europea. Una victoria impuesta desde abajo permitiría actualizar el gran legado de
rebeliones que acumula el Viejo Continente

Pero el dato más llamativo del año se registró al otro costado del Atlántico, con el
surgimiento del movimiento “Ocupar Wall Street”.

Esta organización ya tiene alcance nacional, simpatía popular, solidaridad intelectual y sostén sindical.

Por primera vez en décadas ha reintroducido las manifestaciones masivas en el corazón del capitalismo.

Menor difusión internacional han logrado los movimientos de lucha que conmueven
a China.

El año pasado se registraron 180.000 protestas, en su mayoría inspiradas en
demandas contra la explotación fabril. Una nueva generación de obreros –ya emancipada
de la migración rural- recuperó confianza y obtiene conquistas en enfrentamientos directos
con los patrones35.

En todos los continentes se verifica el mismo protagonismo juvenil, en movimientos
que utilizan las redes sociales para informarse y organizarse. El primer embrión de un
empalme internacional se produjo el 15 de octubre pasado, en la marcha global que
congregó multitudes en 950 ciudades de 80 países.

Una acción coordinada de esta magnitud
no se registraba desde las movilizaciones contra la guerra en Irak (2003).

Si la convergencia regional e internacional de estas resistencias se afianza, podría
gestarse una respuesta al intento burgués de enfrentar a los trabajadores de distintas
nacionalidades.

Los dominadores de Alemania encabezan esa estrategia, divulgando la
creencia que los obreros germanos “ya hicieron su sacrificio” y no deben pagar la cuenta de
los ociosos del sur.

Este mensaje busca oponer a un asalariado contra otro, ocultando los
beneficios que obtienen los capitalistas de esa división. El mismo propósito persiguen las
campañas de la derecha contra los inmigrantes36.

Una salida progresista de la crisis exige contrarrestar esta fractura entre hermanos de
clase. Las tensiones entre asalariados alemanes y griegos, estadounidense y chinos o
españoles y marroquíes conducen a descargar todas las consecuencias del desastre actual
sobre los pueblos.

Las respuestas internacionalistas neutralizarían esa amenaza y
permitirían un reencuentro de la juventud con los sectores de la clase obrera, que no se han
recompuesto de la andanada neoliberal.

El año 2012 ofrece la oportunidad de cambiar el
escenario de la crisis a favor de los trabajadores.
21-12-11
_________________________
TITULO: EL AJEDREZ GLOBAL DE LA CRISIS
AUTOR: Claudio Katz
RESUMEN: Se vislumbra una nueva fase recesiva con impactos regionales muy diferenciados.
En Estados Unidos se expande el empobrecimiento con ajustes e inacción del gobierno.

Pero la primera potencia interviene activamente a escala global a través del dólar, la reforma bancaria y el FMI,tanteando una opción inflacionaria.

En Europa se destruyen conquistas sociales históricas bajo el comando de Alemania, que amplió
su dominio exportador pero gestó un bloque inacabado.

El pacto fiscal intenta una centralización ultraliberal,para amoldar la periferia del Viejo Continente a la competitividad germana. Los derechistas ya no prometen prosperidad, sino tan sólo supervivencia. Su reorganización regional abre grandes fisuras e introduce políticas autoritarias.

El crecimiento de China limita la recesión global, pero fractura el ciclo mundial e ilustra las
transformaciones del período neoliberal. Múltiples desequilibrios obstruyen la internacionalización del yuan y el esperado viraje hacia el mercado interno.

Es erróneo clasificar a China junto a economías semiperiféricas de incierta evolución.

Las diferencias de status geopolítico y el sustento industrial o rentista determinan enormes diferencias dentro de los BRICS.

El encarecimiento de los alimentos que agobia a la periferia empobrecida persiste en la recesión, por maniobras financieras y desequilibrios acentuados por la especialización exportadora.

Las tendencias a la multipolaridad alteran las relaciones entre las potencias al interior de la
mundialización neoliberal. Las burguesías ascendentes carecen de propósitos antiimperialistas y los cambios de hegemonía no implican atenuación del militarismo norteamericano.

Los socialdemócratas gestionan los atropellos demostrando la reducción del espacio para políticas reformistas. Los keynesianos soslayan la confrontación requerida para frenar la agresión social y generalizan en forma abusiva la experiencia argentina.

Una salida progresista exige concebir horizontes anticapitalistas. La resistencia social ha
comenzado después del estupor creado por un estallido en el Primer Mundo.

Las rebeliones árabes impulsaron esta reacción, que afronta presiones de los dominadores para oponer a los trabajadores de las distintas nacionalidades.

http://www.lahaine.org/b2-img11/katz_ajedrez.pdf

1Economista, Investigador, Profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda). Su
página web es: http://www.lahaine.org/katz

2 El 1% más rico 1979 percibía el 9% de la renta nacional en 1979y actualmente obtiene el
24%. Cuando los ocupantes de Wall Street afirman que “somos el 99% de la ciudadanía”,
saben muy bien de que están hablando. Roberts Paul Craig, “Las pérdidas de puestos de
trabajo en Estados Unidos son permanentes”, Rebelión, 9-10- 20.
3 Wall Street Journal, “La recuperación de EEUU es una de las más decepcionantes”, La
Nación, 31-12-10.
4Aunque alguno bancos mejoraron últimamente su patrimonio y liquidez, el reciente
desplome de la octava firma de inversión (MF Global) es muy ilustrativo de los peligros en
ciernes. Se derrumbó por su exposición con bonos de la deuda europea, que se encuentran
asegurados en grandes proporciones por financistas norteamericanos. Montero Alberto,
“Cuando la democracia entra por la puerta”, Rebelión, 2-11-11.

5 Kennedy Paul, “Un mundo de tres monedas”, Clarín, 8-6-11, Robert Mundell, “El
futuro de las monedas de reserva luego de la crisis”, El País, 18-1-10, Michel Crittenden,
“Puede el dólar ser destronado”, online.wsj, 1.3-11. Ver también: Wallerstein Inmanuel
“Guerra de divisas, La Jornada, 6-11-10, Eichengreen Barry, “El reinado del dólar llega a
su fin”, La Nación, 2-3-11

6 Ocampo Emilio, “Brujas y burbujas”, Ámbito Financiero, 2-9-10. También La Nación,
13-9-10 y 30-8-10 y Financial Times, 20-9-10.
7 Estados Unidos también apostó muy fuerte para neutralizar la crisis de legitimidad que
afectaba al Fondo y todavía se desconoce su rol en el escándalo montado contra el ex
directivo Dominique Strauss Kahn. CADTM, “El FMI lamentable símbolo de un sistema”,
www . cadtm .org/ 18-5-11.
8 Fiori José Luis, “Muy lejos del equilibrio”, Sin Permiso, 19-12-10, Cantelmi Marcelo, “El
G 20 en las puertas”, Clarín, 23-10-10.
9 La mirada inicial en Pasquino Gianfranco, “La UE aún representa el progreso”, Clarín,
31-8-10.

10 Husson Michel, “Euro: en sortir ou pas”, Inprecor 575-576, 7-8-9-2011. Samary
Catherine, “The Eastern periphery”, http://www.attac, 31-10-11.
11 Desde la caída de la principal entidad belga (Deixa) sobrevuelan muchas hipótesis
de repetición de lo ocurrido con Lehman Brothers. Las “pruebas de resistencia” realizadas a
los bancos europeos dejaron muy intranquilos a los expertos, cuando las entidades
necesitan recapitalizarse y recaudar dinero. Esta exigencia contrae, a su vez. el crédito y
agrava la recesión.

12 Llach Juan, “Pulseadas en el palacio global”, La Nación, 30-6-10.
13 La Nación, 16-1-10.
14Husson Michel, “Una crisis sin fondo”, http://www.vientosur, 19-7-11 Louca Franciso, “La
izquierda contra la dictadura de la deuda”, http://www.sinpermiso, 17-10-11

15 No hay tiempo suficiente para transferir los títulos a los tenedores marginales, limpiar los
balances o crear mercados paralelos para los papeles incobrables. La crisis actual golpea en
una coyuntura muy turbulenta, a economías entrelazadas y localizadas en el centro del
capitalismo. Arceo Enrique, Página 12, 9-12. Toussaint Eric, “Crash do Deixa”,
http://www.CDTM, 7-10-11
16 La reorganización de la eurozona prepara la introducción de formas federativas en la UE,
que someterían las atribuciones locales a una mayor centralización estatal. Este cambio
introduce enormes fisuras y puede potenciar el secesionismo en los países con fracciones
separatistas influyentes (Bélgica, España o Italia).Estos sectores podrían reforzar sus

demandas de integración directa a la Eurozona, puenteando las estructuras estatales
existentes para desembarazarse de las regiones empobrecidas.

17 Shujie Yao, “Los límites del modelo China”, Cash-Pagina 12, 7-8-11. También Wall
Street Journal, La Nación,17-11-11)

18 La Nación, 5-6-10.
19 Roubini, Nouriel, “El boom de China tiene fecha de vencimiento”, La Nación, 24-
4-11. Stigtiz Joseph, http://www.elperiodico.com, 9-8-11

20 Bocco Arnaldo, “De los Brics a las Eagles” Página 12, 10-1-11. Abeledo Anahí, “El
desafío para los emergentes es tener crecimiento”, Clarín, 10-7-11
21 Beckett Paul, “Pese al crecimiento, aumentan las dudas sobre el milagro indio”, La
Nación, 30-3-11. Nye Jospeh, “La carrera de fondo, Clarín, 2-2-11, Ramstad Evan, “El
milagro coreano”, La Nación, 8-11-10.
22 Un cuestionable enfoque en: Kateb Alexander, “Los países BRICS dan una lección”,
Página 12, 20-9-11

23 Halevi Jospeh “Se avecina una nueva crisis”, Il Manifesto 8-6-11.
24 Krugman Paul, “Las limitaciones que nos impone un mundo finito”, La Nación, 29-12-10. Blejer Mario, “Argentina y la seguridad alimentaria” La Nación, 4-12-11.

25 Distintas visiones en De La Balze Felipe, “La crisis acelera el curso de la historia”, Clarín

26Belson K, Onishi N, “Una falta de liderazgo que agudiza la crisis”, La Nación, 17-2-11.
27-11-11 Turzi Mariano, “La nueva divisoria global: emergentes y declinantes”, 18-8-11.
Tokatlian Gabriel, “El año de la encrucijada”, La Nación, 11-1-11. Cufré David, “Con la
vieja receta”, Pagina 12, 26-6-10.

27 Hemos desarrollado los temas de este capítulo en nuestro reciente libro, Katz Claudio,
Bajo el imperio del capital, Espacio Crítico Ediciones, Bogotá 2011. Próxima edición
Luxemburg, Buenos Aires.

28 Estas visiones en: Gros Daniel, Eco “En defensa de la austeridad para Europa”, Clarín, 4-
12-11, Pagni Carlos, “La crisis del estatismo”, La Nación, 19-7-10, Schauble Wolfang y
MacFadden Daniel, Página 12, 28-8-2011.
29 Krugman Paul, Clarín, (11-7-10, 13-7-10, 22.5-10, 10-8-10, 6-11-2010, 28-8-2010, 14-8-
10). Stigliz Joseph, “Qué puede salvar el Euro”, El País, 8-12-11, “El mercado
hipotecario”, Clarín, 6-11-201, “La austeridad es camino suicida”, Página 12, 7-12-11, “Un
contagio de malas ideas”, Sin Permiso, 14-8-11. También, Skidlesky Robert, “El mundo para volver a leer a Keynes”, Página 12, 2-8-11, Mitchell. William, “Entrevista”, Página 12,

10-10-11.

30 Wolff Rick “Krugman frustrado”, Monthly Review 10-3-10. Onaran Ozlem, “An
internationalist transitional program towards an anti-capitalist Europe”, April 2011.
http://www.internationalviewpoint. Lapavitsas Costas “A Left Strategy for Europe”, April 2011,
http://www.internationalviewpoint. Albarracín Daniel, “Sobre el debate del euro. Una estrategia”,
http://www.economiacritica.net, 10-10-11

31 Esta reacción fue coronada con la instalación de un gobierno directo de los banqueros
(Papademos). La misma sustitución se impuso en Italia (Berlusconi por Monti) con
tecnócratas que postulan una ideología derechista para sortear al parlamento, impugnando a
los políticos y menospreciando a los partidos. Stathis Kuvelakis, “Golpe de Estado europeo
frente al levantamiento popular”, http://www.vientosur 11-11-11. John Brown, “El capital
financiero castiga a sus devotos partidarios”, http://www.rebelion 23-11-11.

32 Stiglitz Joseph, “Europa no aprendió la lección de Argentina” Página 12. 10-12-11.
33 Nuestra visión en: Claudio Katz, “Lecciones de Argentina para Grecia” http://www.cadtm.org,
25-10-2011.
34Es la visión de Rogoff Kenneth, “El capitalismo está lejos de encontrar su sucesor”, La
Nación, 11-12-11.

35 Li Minqi, “El ascenso de la clase obrera y el futuro de la revolución en China”,
http://www.lahaine.org/index.php?p=55046, 14-7-11. Bello Walden, “O capital e um amante
caprichoso” http://www.outroladodanoticia.com.br, 22-7-11

36 Vicens Navarro, “Habermas y la sabiduría”, http://www.sinpermiso, 13-6-10.

El ajedrez global de la crisis (Parte II): El descalabro europeo

 

Claudio Katz (especial para ARGENPRESS.info)
 

Muchos analistas europeos caracterizaron inicialmente la crisis del Viejo Continente como un simple eco del temblor norteamericano. Pero esa visión quedó desmentida por la impresionante dimensión del tsunami europeo. (1)

La magnitud de ese desplome se explica por los desequilibrios específicos que generó la formación de la Unión Europea (27 países) y la Eurozona (17 naciones). Ambas iniciativas buscaron amoldar la región a las reglas neoliberales de la competitividad global, sustituyendo la antigua diversidad de economías por un bloque liderado por la locomotora alemana y la diplomacia francesa.
 
El comando económico germano se consolidó con la anexión del territorio oriental (ex RDA). Las clases dominantes utilizaron el poderío tecnológico y la alta productividad de la industria, para reforzar la disciplina salarial y transformar al país en la gran potencia exportadora de la zona euro.
 
Pero la crisis actual ha demostrado el carácter inacabado de ese bloque. La moneda común fue introducida para asegurar la colocación de los excedentes germanos, mientras se posponía la organización del presupuesto y la fiscalidad compartida. Esa carencia ha sido letal. La ausencia de instituciones estatales comunes para respaldar el signo monetario socavó la cohesión del proyecto y potenció la heterogeneidad de la comunidad. En lugar de consolidar la estructura en gestación acrecentó la distancia que separa a las economías pujantes de los países rezagados.
 
Inicialmente se esperaba acortar esas brechas mediante el desarrollo de un mercado compartido y la instrumentación de transferencias hacia las zonas relegadas. Pero terminó prevaleciendo un proceso inverso, de sistemática pérdida de posiciones de los países con mayores tasas inflación y menores índices de productividad. Esta fractura condujo a desequilibrios comerciales que fueron compensados con endeudamiento. Al final, sobrevino el pase de facturas de las economías excedentarias (Alemania, Holanda, Austria) a los países deficitarios (Grecia, Portugal, Irlanda). (2)
 
El endeudamiento público y el quebranto de los bancos acentuaron esta brecha entre el centro y la periferia de la Eurozona. Primero colapsaron las pequeñas economías agobiadas por el desbalance comercial (Grecia), la inversión extranjera sesgada (Irlanda) y la financiación foránea especulativa (Islandia, Chipre). Luego el desplome fiscal se expandió a Italia (tercer país la zona) y ahora amenaza a España (que afronta una enorme morosidad hipotecaria).
 
Todos los bancos tienen repletas sus carteras de títulos públicos insolventes. Las frágiles entidades de Grecia, Irlanda o Islandia ya colapsaron y hay pavor por la situación de grandes instituciones de Francia, Alemania, Austria o Italia. Las transacciones inter-bancarias se han encogido, crece el temor por la toxicidad de los balances y hay salidas de fondos hacia lugares más seguros. (3)
 
La estrategia germana
 
Alemania no puede intentar las respuestas globales que tantea Estados Unidos. Carece de los recursos imperiales que conserva la primera potencia y ha optado por una estrategia deflacionaria defensiva, que ese ubica en las antípodas de la opción inflacionaria norteamericana. Mientras que la FED ha impulsado reducciones sistemáticas de las tasas de interés, el Banco Central Europeo (BCE) ha encarecido el costo del dinero.
 
Frecuentemente se explica esta diferencia por un cruce de tradiciones. La memoria de Weimar es contrastada con el recuerdo del New Deal. Este contrapunto entre temores europeos a la hiperinflación y recuerdos norteamericanos de la Gran Depresión ilustra la brecha de influencia que existe entre ambos países, en la gestión internacional de la crisis. (4)
 
Alemania actúa a nivel europeo con una política de atropello para descargar sobre los trabajadores el costo de la crisis. Esta embestida no implica un ajuste más. Supone demoler el estado de bienestar construido desde la posguerra y barrer con conquistas sociales nunca alcanzadas por los asalariados de otros continentes. Las tasas de desempleo europeo ya promedian el 20 % y bajo el impacto de la precarización laboral, la pobreza se ha extendido a un cuarto de la población. (5)
 
El otro cimiento de la política germana es el apriete fiscal para sostener el euro. En los últimos meses la continuidad de este signo quedó en la cornisa y se ha especulado con su reorganización, fractura o desaparición. Pero esa moneda ha sido la llave de un dominio exportador alemán basado en la unificación de los mercados y la eliminación de las barreras proteccionistas.
 
Para preservar el euro se impuso la suscripción del reciente pacto fiscal. Se fija un plazo para restaurar reglas de déficit y deuda pública, con sanciones automáticas para los países que violen esos límites. Tendrán que incorporar ese principio presupuestario como una norma constitucional y someterse al control de cortes supra-nacionales. Estos poderes supervisarán el gasto, imponiendo recortes en cualquier momento del año y colocando a los pueblos entre la espada y la pared. Quienes incumplan el cronograma serán automáticamente excluidos de la Eurozona.
 
Este endurecimiento es congruente con la estrategia alemana de reforzar su patrón exportador sin emitir dinero. Busca afianzar el rol de la periferia europea como proveedora de insumos a costos decrecientes. La poda de los salarios griegos, la pulverización de la seguridad social irlandesa y el generalizado aumento de la edad de jubilación anticipan las consecuencias de esta reorganización. (6)
 
Alemania impone esta estrategia deflacionaria, vetando todas las iniciativas financieras que amenazan su competitividad. Bloqueó la creación de los Eurobonos y la mutualización de las deudas. Obstruyó la ampliación del fondo de rescate bancario (FEEF- MEE), impidió la compra de bonos en los mercados secundarios y reforzó las prohibiciones de financiamiento directo del BCE a los estados.
 
Este rigor no implica abandonar a los bancos en quiebra. Alemania aprueba el auxilio, pero buscando preservar su potencial industrial. No renuncia a la financiación futura de la Eurozona con los mecanismos federales que rigen en Estados Unidos, pero quiere garantizar su control fiscal previo. Aceleró esta supervisión ante la vulnerabilidad de los bancos y la imposibilidad de de repetir la paulatina absorción de acreencias, que implementó por ejemplo Estados Unidos hace dos décadas, frente a las acreencias latinoamericanas. (7)
 
Pero el nuevo cuadro fiscal abre otra gama de conflictos en las cúpulas de la Unión Europea (UE). Gran Bretaña rechazó el pacto franco-alemán y decidió mantenerse al margen para proteger la autonomía de la City. Objetó someter sus bancos a la supervisión de Bruselas y no consiguió el poder de veto para resguardar sus negocios. A los capitalistas ingleses les interesa participar en el mercado continental, pero preservando la internacionalización de sus finanzas.
 
La alianza Merkel-Sarkozy emergió como ganadora del reciente round, pero sólo el tiempo permitirá evaluar la consistencia de esa victoria. La crisis devora los liderazgos políticos y cada elección consagra algún castigo al gobernante de turno. Esta sanción afecta por igual a los socialdemócratas (Irlanda, Portugal, España) y a los conservadores (Francia, Italia, Alemania). (8)
 
Interrogantes sobre China
 
El continuado crecimiento de China a tasas del 9-10% anual constituye una importante novedad de la crisis en curso. En la última década las exportaciones del gigante oriental se multiplicaron a un ritmo desenfrenado. China captura recursos naturales en África, afianza los intercambios comerciales con América Latina y ya destronó a Japón como segunda economía del mundo.
 
Este avance confirma la profundidad de los cambios registrados durante la etapa neoliberal. China se integró a la mundialización utilizando la baratura de su fuerza de trabajo, sin repetir la vieja trayectoria de debut proteccionista, gestación de una burguesía nacional y despliegue de rivalidades internacionales. Se insertó directamente en la acumulación global del capitalismo.
 
Al comienzo de la crisis muchos economistas suponían que el crecimiento chino contrarrestaría la retracción de las economías avanzadas. En los hechos se registró tan sólo un contrapeso parcial. El gigante asiático ha sostenido financieramente a Estados Unidos y a Europa en los picos de la crisis, para asegurar la continuidad de sus ventas externas, preservando la demanda interna y motorizando la adquisición internacional de materias primas. Con estas acciones frenó la depresión general y acotó el alcance geográfico de la recesión, aunque sin reemplazar a las locomotoras del mundo desarrollado. ¿Mantendrá este rol?
 
Quiénes apuestan a esa continuidad esperan un fuerte auxilio del yuan al Viejo Continente, mediante enormes adquisiciones de títulos públicos nominados en euros. Pero China ya compró grandes sumas de la deuda italiana, española o portuguesa y tiene un cuarto de sus reservas en esa moneda. El incremento de esas adquisiciones suscita divergencias en la dirigencia oriental.
 
El sector más asociado con negocios globales (“elite de la costa”) acepta participar en el nuevo rescate, a cambio de fuertes contrapartidas. Busca aminorar las sanciones por dumping, obtener el status de “economía de mercado” e ingresar en la inversión de la infraestructura europea.
 
Esta fracción también intenta posicionar a China en el futuro diseño de una moneda mundial. Por eso reclama que una porción de cualquier auxilio quede nominado en yuanes. Pero esa inserción monetaria también valorizaría el tipo de cambio y deterioraría el modelo exportador. China ha resistido numerosas presiones para revaluar el yuan y no aceptó las exigencias, que en la década pasada Estados Unidos le impuso a Japón. Sin embargo, la propia internacionalización del yuan podría generar ese debilitamiento de la autonomía que mantiene la principal economía asiática. (9)
 
Los fondos de inversión chinos han participado activamente en el sostén del dólar y los bonos del tesoro. Compraron acciones de General Motors y porciones del banco Morgan Stanley. Pero otra escala de estas adquisiciones (especialmente en Europa) introduciría al país en una riesgosa política imperial. Para defender lo obtenido en el extranjero se necesita una presencia geopolítica que la dirigencia china rehúye.
 
Por esta razón muchos sectores de la conducción (“elite del interior”). Cuestionan el desmedido aumento de las inversiones foráneas y destacan la necesidad de incrementar primero la bajísima proporción del consumo interno en el producto total. La oleada de internautas que objetó el reciente financiamiento del Viejo Continente refleja esta preocupación. Conviene recordar que el ingreso per capita de los chinos es aún 10 veces inferior al promedio de los europeos.
 
El dilema de sostener el modelo exportador o procesar un giro hacia el consumo interno persiste sin resolución. Existe una fuerte presión para apuntalar el segundo curso, pero sin resultados significativos. Este giro no se consuma, ante la magnitud de los desequilibrios que podría desatar.
 
Para aumentar sustancialmente el poder adquisitivo interno habría que subir el salario e introducir prestaciones sociales generalizadas. Estas medidas chocarían con el costo laboral reducido que permitió el ascenso capitalista del país. Un anticipo de este problema se observa en las corrientes de inversión, que fluyen hacia las economías asiáticas con sueldos inferiores a China.
 
El curso económico a seguir está sujeto a múltiples tensiones. La burbuja inmobiliaria es el desequilibrio más inmediato. En las 30 principales ciudades los precios de las viviendas subieron 50% en los últimos dos años, repitiendo el ciclo de endeudamiento dudoso que afectó a Estados Unidos y España. Como el 25% de la economía está vinculada a la construcción, una brusca reversión de esa valorización podría afectar al PBI.
 
También existen graves problemas financieros. Aunque el estado mantiene el control del crédito se ha gestado un enorme mercado de préstanos clandestinos, que solventa el consumo de la clase media y la oscura administración de los gobiernos locales. Estos desajustes explican la inflación, que durante la década pasada osciló en torno al 2% anual y actualmente ha trepado al 6,2%.
 
La inestabilidad de los negocios también obedece a la magnitud de los beneficios acumulados por los segmentos privilegiados. Los ingresos del 10% más rico de la población son 23 veces más elevados que el 10% más pobre y la crema de los ejecutivos percibe salarios 128 veces superiores al promedio general. (10)
 
Esta fractura social coexiste con problemas estructurales de sobre-inversión, que ya alcanzó una tasa anual del 45% del PBI. Este ritmo de actividad exige abrir nuevos mercados en un escenario internacional recesivo, mientras se acrecientan los peligros de un descontrol ecológico.
 
Nadie sabe como impactará la recaída de la economía global sobre China. Algunos economistas estiman que ese efecto será digerible (Stiglitz) y otros pronostican duras consecuencias (Roubini). Pero todos coinciden en la centralidad de este dato para el devenir inmediato de la coyuntura mundial. (11)
 
Continua.
 
Ver también:
 
Claudio Katz es economista, investigador, profesor. Miembro del EDI (Economistas de Izquierda).
 
Notas:
1) La mirada inicial en Pasquino Gianfranco, “La UE aún representa el progreso”, Clarín, 31-8-10.
 
2) Husson Michel, “Euro: en sortir ou pas”, Inprecor 575-576, 7-8-9-2011. Samary Catherine, “The Eastern periphery”, http://www.attac, 31-10-11.
 
3) Desde la caída de la principal entidad belga (Deixa) sobrevuelan muchas hipótesis de repetición de lo ocurrido con Lehman Brothers. Las “pruebas de resistencia” realizadas a los bancos europeos dejaron muy intranquilos a los expertos, cuando las entidades necesitan recapitalizarse y recaudar dinero. Esta exigencia contrae, a su vez. el crédito y agrava la recesión.
 
4) Llach Juan, “Pulseadas en el palacio global”, La Nación, 30-6-10.
 
5) La Nación, 16-1-10.
 
6) Husson Michel, “Una crisis sin fondo”, http://www.vientosur, 19-7-11 Louca Franciso, “La izquierda contra la dictadura de la deuda”, http://www.sinpermiso, 17-10-11
 
7) No hay tiempo suficiente para transferir los títulos a los tenedores marginales, limpiar los balances o crear mercados paralelos para los papeles incobrables. La crisis actual golpea en una coyuntura muy turbulenta, a economías entrelazadas y localizadas en el centro del capitalismo. Arceo Enrique, Página 12, 9-12. Toussaint Eric, “Crash do Deixa”, http://www.CDTM, 7-10-11
 
8) La reorganización de la eurozona prepara la introducción de formas federativas en la UE, que someterían las atribuciones locales a una mayor centralización estatal. Este cambio introduce enormes fisuras y puede potenciar el secesionismo en los países con fracciones separatistas influyentes (Bélgica, España o Italia). Estos sectores podrían reforzar sus demandas de integración directa a la Eurozona, puenteando las estructuras estatales existentes para desembarazarse de las regiones empobrecidas.
 
9) Shujie Yao, “Los límites del modelo China”, Cash-Pagina 12, 7-8-11. También Wall Street Journal, La Nación,17-11-11)
 
10) La Nación, 5-6-10.
 

11) Roubini, Nouriel, “El boom de China tiene fecha de vencimiento”, La Nación, 24-4-11. Stigtiz Joseph, http://www.elperiodico.com, 9-8-11

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