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RECOMENDADÍSIMO Periodistas de usar y tirar


Periodistas de usar y tirar

Escrito por: kikamondelo el 15 Feb 2012 – URL Permanente

 

A los periodistas que hoy tienen trabajo en las cadenas consideradas antes de la crisis como progresistas:

Dejen de mentir. Porque yo, que soy del gremio, sé que en las redacciones se maneja mucha, muchísima más información de la que se da. Y no les puedo dar el beneficio de la duda.

Dejen de mentir.

Por mucho que lo hagan, no engañan al personal que les escucha. Y por mentirosos y cómplices necesarios en el delito de mantener a la población desinformada, ya apenas les oímos por salud mental. Para no caer de los nervios irremediablemente.

Recuerden a Alfredo Urdazi y su Ce Ce O O.

Son de usar y tirar.

Les utilizan como cómplices necesarios, pero cuando ya no les valen, los tiran a la basura.

Piénsenlo.

Y dejen de mentir.

Los griegos no deben nada. Grecia no debe nada. Lo deben sus bancos a bancos alemanes y franceses.

Los griegos y Grecia no deben nada. Les debemos una mínima decencia el resto de europeos por haber permitido que se les vilipendie e injurie en nombre de la mentira más cruel e inhumana que enmascara a los verdaderos culpables de la mal llamada deuda griega y todos las no deudas, antes con el epíteto de externas cuando eran del Tercer Mundo, y ahora, el de soberanas.

Señores periodistas de usar y tirar: dejen de mentir.

Quien maquilló las deudas fue Lukas Papedemos en nombre de Lehman Brothers. Quebrada la entidad, sus hombres han encontrado su sitio al frente de la Europa del capital en vez de la de los ciudadanos.

Los bancos griegos que se financiaron con capital extranjero, lo hicieron para que tanto griegos como españoles, portugueses, irlandeses e italianos, compráramos bienes de consumo a Alemania, no a los alemanes.

Hay que distinguir bien claro. Una cosa es Alemania y otra los alemanes, tan manipulados y pobres como nosotros.

El milagro alemán son sueldos de doscientos euros.

Y, encima, gracias a la nunca bien ponderada ni loada Angelita, Alemania es una economía que vive sólo y exclusivamente de que le compremos.

No tiene demanda interna.

Los alemanes viven de pena. Su capital, hasta ahora, de maravilla.

Por eso, porque nos ahoga la Merkel y no podemos comprarles ni coches ni electrodomésticos, está en recesión. No sé si técnica o no, pero en recesión y cuesta abajo.

Porque vaya que le comprábamos durante la burbuja. Todos los PIIGS.

Por eso pudo reunificarse, saltándose dos veces la «regla de oro del déficit cero».

Por eso y por la penuria de vida que impuso a los alemanes la mujer que vino del Este.

Dejen de mentir. Los griegos no deben ni debían nada. Como aquí, quien no pagó fue embargado, echado de su casa y expulsado a la miseria.

No deben nada ni han tenido época dorada. Como aquí, en plena burbuja especulativa, los ricos se han hecho más ricos y los pobres más pobres.

Les han bajado los sueldos hasta la extenuación y subido los impuestos hasta el delirio. A las clases que viven de un sueldo.

Los navieron ni pagan. Los griegos millonarios no viven en Grecia y si lo hacen, no sus capitales que se fugan, como aquí, a paraísos fiscales.

Y eso que apenas pagan impuestos. Como en toda Europa, los impuestos a los especuladores y al capital puro y duro, han bajado frente a los incrementos que han padecido los más débiles.

No se si me repìto pero me da igual. Como los gestores político-económicos siguen todos el mismo manual, allí, en Grecia, tuvieron además un IBI especial de 600 euros pagaderos en el recibo de la luz. Quien no lo pagara se quedaba sin electricidad.

Periodistas de usar y tirar. ¿Son ignorantes o se lo hacen? No hemos ayudado a los griegos más que a hundirse.

Los sucesivos planes implantados en Grecia, cobaya del resto de Europa, han llevado al país a la ruina; una ruina que hubiera podido evitarse con un mínimo sentido común.

Conocemos la historia y sabemos quien es Keynes. Si ustedes no la saben, díganlo. «Somos unos indocumentados», al tiempo que vayan corriendo a leer un poco.

Si la saben, si saben algo más que ser bustos parlantes que leen el guión de una película neoliberal que se hunde camino a lo más profundo de abismo, les digo lo que a Zapatero: váyanse o son cómplices necesarios de este crimen de lesa humanidad que está cometiendo la banca genocida contra toda la ciudadanía griega, europea y planetaria.

Señores periodistas de usar y tirar, recuerden a Urdazi y dejen de mentir.

La no deuda griega sigue aumentando porque se le aplican intereses estratosféricos mientras cae el consumo y la actividad económica ,y la recaudación del estado cae también irremediablemente.

Como en España, vaya.

Y los evasores fiscales, los del 0’12 de la población mundial, siguen sin pagar impuestos y sacando el dinero del país.

Señores periodistas de usar y tirar, mienten y son cómplices necesarios del hambre infantil griega y española y europea y mundial.

Sin el cotarro desinformativo que hay gracias a poner su imagen, su voz y/o firma a sus mentiras, la ciudadanía sabría que son los mismos especuladores que hundieron sucesivamente una tras otra economías como, por ejemplo, la de Argentina, quienes quieren seguir sacando beneficios de la nada; los mismos que hacen balances virtuales y siguen contando beneficios que no existen en la realidad.

Y lo peor de todo es que quieren bajarlos de cielo y hacerlos contantes y sonantes.

Imposible porque no existen.

Reitero mi no rotundo a los eurobonos. A estos miserables ni un sólo papel que acredite cuentas falsas hechas con mala fe en detrimento de Grecia, Europa y toda la humanidad.

Que se vayan a su casa, de donde nunca tenían que haber salido, y sigan jugando a marcianitos. Esto es la vida real y aquí no tienen sitio.

Pero todas estas mentiras que desinforman y manipulan al personal, no serían posibles sin tener a voceros como ustedes contando un cuento de buenos y malos en la que los papeles están totalmente trastocados: los malos son los especuladores y los buenos los griegos, a quien encima acusan, como Cayetano de Alba a los andaluces, de vagos y de dudosa fiabilidad.

El alcalde Marinaleda le dijo cuatro verdades al de Alba, cuya posición, no cabe duda, se debe a su mérito y capacidad. Laboral entre otras.

Dejen de mentir porque no les va a salvar de ser quienes pusieron la voz, la cara o la firma, o todo a la vez, a la ignominia.

Dejen de mentir. Los periodistas nunca hemos tenido libertad de expresión: los amos de los medios son quienes sí la tienen.

Tengan la decencia de dimitir cuando les hacen mentir.

Yo he hecho muchas cosas en mi carrera profesional. Pero no he mentido, y menos a sabiendas.

Dejen de mentir. Les espera el destino de Urdazi, de quien nunca más se supo por creer que ser el más diligente servidor del amo le iba a dar inmunidad absoluta ante la realidad.

Como fui, años ha, amiga suya, y, aunque no sé nada de él desde que subió al olimpo, espero que no llegara a creerse tanto la historia como para comprarse una mansión y tener aún hipoteca.

Lo mismo digo de ustedes.

Les deseo que al menos, por prudencia, no se hayan creído la historia porque si tienen hipoteca elevada y por pagar, lo tienen crudo.

Porque el neoliberalismo a quien ponen escenario y guión se hunde.

Me recuerda a un chiste sobre la flema inglesa. Está inundándose Londres y el sir de turno apenas presta atención al mayordomo que le informa de la catástrofe; el sir sigue impávido leyendo el periódico a pesar de los cada vez más perentorios avisos de su sirviente. Hasta que por fin, el mayordomo le dice: «Señor. El Támesis».

Pues eso. Se puede estar leyendo tranquilamente el periódico. Pero al final, el Támesis entra en casa sin ser invitado.

http://lacomunidad.elpais.com/vaya-tropa/2012/2/16/periodistas-usar-y-tirar

Fallo del tribunal de la ONU sobre víctimas de crímenes de guerra nazis: “un revés a los derechos”


Fallo del tribunal de la ONU sobre víctimas de crímenes de guerra nazis: “un revés a los derechos”

El presidente de la CIJ, Hisashi Owada (centro), admitió que el fallo puede impedir que las víctimas reciban indemnizaciones.El presidente de la CIJ, Hisashi Owada (centro), admitió que el fallo puede impedir que las víctimas reciban indemnizaciones.© Gerald van Daalen/AFP/Getty Images

Es un fallo increíble. Hoy la CIJ ha dado un gran paso atrás en materia de derechos humanos y ha convertido el derecho a indemnización por crímenes de guerra en un derecho exento de reparación.

Widney Brown, directora general de Derecho Internacional y Política de Amnistía Internacional
Vie, 03/02/2012

La decisión del órgano judicial supremo de la ONU, que resuelve que Italia se equivocó al permitir que se emprendiesen acciones a través de sus tribunales para pedir indemnizaciones a Alemania por los crímenes de guerra cometidos durante la etapa nazi, es un revés a los derechos humanos, ha dicho hoy Amnistía Internacional.

El fallo de hoy de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) confirma que Alemania goza de inmunidad legal frente a demandas de reparaciones en tribunales extranjeros por parte de víctimas de crímenes de guerra nazis, lo que supone una violación de sus derechos humanos.

“Es un fallo increíble. Hoy la CIJ ha dado un gran paso atrás en materia de derechos humanos y ha convertido el derecho a indemnización por crímenes de guerra en un derecho exento de reparación”, ha expresado Widney Brown, directora general de Derecho Internacional y Política de Amnistía Internacional.

“Esta resolución hace caso omiso de la Convención de La Haya, que estipula que las víctimas de crímenes de guerra tienen derecho a emprender acciones legales contra el Estado responsable para obtener reparaciones”, ha afirmado.

“Lo que resulta especialmente preocupante es que otros tribunales nacionales puedan aplicar esta misma resolución, a pesar de que el fallo de la CIJ en este caso únicamente es vinculante para Alemania e Italia.”

La CIJ ha dicho que el Tribunal Supremo de Italia había violado en 2008 la soberanía de Alemania al dictaminar que un ciudadano civil italiano, Luigi Ferrini, tenía derecho a recibir reparaciones por su expulsión a Alemania en 1944 para realizar trabajos forzados en la industria armamentística.

Aunque Italia fue uno de los países aliados de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, muchos ciudadanos italianos corrieron la misma suerte que Ferrini.

Desde 2004, en los tribunales italianos se han emprendido numerosos procesos contra Alemania por parte de prisioneros de guerra que fueron utilizados como trabajadores forzados y por parte de familiares de víctimas de masacres -crímenes perpetrados por las fuerzas alemanas durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial-.

Desde la década de 1950, Alemania ha pagado decenas de miles de millones de dólares en reparaciones, y en 2008 apeló a la CIJ después de que el Tribunal Supremo de Italia apoyase la reclamación indemnizatoria de Luigi Ferrini.

Las autoridades alemanas han argumentado que si la CIJ respaldase a Italia, esto podría abrir las puertas a que personas de todo el mundo presentasen reclamaciones de indemnización.

El tribunal de Italia puntualizó con “sorpresa y pesar” que Alemania excluye de los planes actuales de reparación a los ciudadanos italianos recluidos por las fuerzas alemanas durante la guerra.

La CIJ ha afirmado que Alemania es responsable de los crímenes de guerra cometidos por sus fuerzas armadas durante la Segunda Guerra Mundial en Italia y Grecia, y ha admitido que este fallo puede impedir que las víctimas reciban indemnizaciones.

No obstante, se ha dicho que las reclamaciones “podrían someterse a nuevas negociaciones” entre Alemania e Italia “con el fin de resolver el conflicto”.

“La insinuación de que ‘nuevas negociaciones’ solucionarán el conflicto representa un desprecio hacia los derechos que están en juego”, ha manifestado Widney Brown.

“Llevan más de 60 años sin ofrecer reparaciones a las víctimas.”

“Aunque la resolución de la CIJ únicamente es vinculante para los países afectados en este caso, el resto de tribunales nacionales deben tener en cuenta que este fallo no es la última palabra sobre el derecho de las víctimas a recibir reparaciones, ni sobre las peticiones de inmunidad por parte de los Estados que se niegan a cumplir este derecho”, ha añadido.

http://www.amnesty.org/es/news/fallo-tribunal-onu-victimas-crimenes-guerra-nazis-reves-2012-02-03

Por qué Alemania dice ‘no’ a los eurobonos


REPORTAJE: Primer plano

Por qué Alemania dice ‘no’

Angela Merkel se niega a que el BCE ayude a los países del sur. Podría cambiar de opinión si la crisis empeora, pero se arriesga a que ya sea demasiado tarde

CLAUDI PÉREZ 18/12/2011

  • Las dos hileras de dientes afilados son la prueba de que los lobos no se alimentan de sueños.

Las mandíbulas afiladas de Berlín son la línea U-8 del metro, que recorre la ciudad de Norte a Sur, y el tren metropolitano S-Bahn, que atraviesa la capital alemana de Este a Oeste.

Si hay que pasar a la categoría (Alemania es rica y manda más que nunca; Berlín es menos rica, pero sexy), lo mejor es hacerlo sin perder la anécdota de vista: viendo la capital alemana desde el vagón, no parece que esta sea la tierra prometida.

Alemania

Alemania

A FONDO

Capital:
Berlín.
Gobierno:
República Federal.
Población:
82,369,552 (est. 2008)

La noticia en otros webs

El país hizo sus deberes: congeló sueldos y reformó el mercado laboral

“¿Y quién comprará los BMW en el sur de Europa?”, dice una experta

Para la oposición, los recortes son otra revolución conservadora

“Ahora les toca a otros apretarse el cinturón”, dice una señora en el metro

La obsesión por la austeridad se apoya en un miedo atávico a la inflación

El expediente tiene una mancha: la gran desigualdad entre ricos y pobres

Los mil matices paradójicos que forman el tejido de un país dejan en Alemania una fenomenal historia de éxito si se atiende a las grandes cifras.

Una economía que en plena debacle europea crecerá al 3% este año, una industria competitiva que exporta a manos llenas, cuyo paro está en mínimos históricos, cuyas empresas son la envidia del Atlántico norte, cuya deuda paga intereses misérrimos mientras en otros lugares el incendio fiscal es abrasador.

Esa especie de paraíso de la economía, la disciplina y el rigor tiene su contrapunto en la línea U-8: la capital alemana es fascinante -marca tendencia en moda, diseño, música-, pero a la vez basta un paseo en metro para quedarse con otro Berlín en la retina.

El de los barrios destartalados de esta ciudad eternamente inacabada; el de los pobres que aparecen y desaparecen en las estaciones; el paisaje de alcohol, drogas e inseguridad de algunos rincones anecdóticos, pero impactantes, a solo unas paradas del centro.

Aquí y allá, vislumbres de esos siete millones de alemanes que ganan 400 euros al mes con los denominados miniempleos: “Lo que en España o Italia son parados, en Alemania son subempleados”, apunta una mujer de mediana edad desde su asiento tras enterarse de que hay un periodista español en el vagón tratando de explicar qué diablos piensa Alemania de Europa. “Aquí no somos tan ricos.

Por eso estamos en contra de los rescates. Porque no somos tan ricos y porque mucha gente como yo teme por la pensión y los ahorros, porque llevamos 15 años apretándonos el cinturón y ahora les toca a otros”.

Les toca a otros: argumentos nacionalpopulistas que han brotado tras unos años en los que, efectivamente, Alemania hizo los deberes, activó duras reformas, congeló los sueldos, transformó el mercado laboral y puso los cimientos de la solidez económica que ahora muestra, solo manchada por la desigualdad galopante entre ricos y pobres.

Clichés, tópicos, gratuidades racionalizadoras y moralizadoras: de eso, entre otras cosas, está hecho el discurso en Alemania (los vagos del sur que llevan años viviendo por encima de sus posibilidades y han puesto en peligro el euro).

De la misma manera, esos lugares comunes se aplican en el resto de Europa para definir a Alemania (ese país espartano que quiere imponer disciplina, austeridad luterana y rigor fiscal a todo un continente de pecadores fiscales). Un discurso peligroso por ambos lados.

Pero un discurso que cala incluso en las élites: “Alemania se ha convertido en el acelerador de la regresión de la solidaridad que afecta a toda Europa”, ha dicho el filósofo de cabecera de Alemania, Jürgen Habermas.

“¿Por qué Europa?”, se preguntaba la canciller Angela Merkel en el Bundestag, cámara baja del Parlamento alemán, allá por 2006. La respuesta era relativamente sencilla antes de la madre de todas las crisis: Europa es el primer destino de las exportaciones alemanas, el euro ha sido una moneda estable y ha mantenido embridados los precios durante una década; Alemania, a pesar de todo, está teniendo una crisis estupenda, y ese sortilegio de la “Alemania europea” de los Adenauer, Kohl y compañía ha mantenido bajo control a los demonios tradicionales del país: el miedo a que resurjan extremismos de cuyo nombre nadie quiere acordarse.

Pero eso era antes. La crisis es una especie de gozne para esa historia de amor entre Alemania y Europa que ha caracterizado los últimos 60 años, los posteriores a la tierra quemada de la II Guerra Mundial.

Todo eso está cambiando. No hay desamor, pero quizá puede que haya algo de desencanto. “Europa es mi pasión, pero es una pasión a la Merkel”, ha dejado dicho la propia canciller: Europa se ve desde las calles de Berlín, y desde algún despacho oficial, con cierta desconfianza.

Y viceversa: la mecha de la germanofobia prende en toda Europa. “Alemania: es hora de que aprendas cuán implacablemente se te odia”, escribe el sociólogo Ulrich Beck en su último libro.

La Alemania europea ha dejado paso a una Europa más alemana que nunca. Los acuerdos de la última cumbre europea son una especie de diktat, algo que en Grecia algún periódico ha llegado a llamar, en un exceso propio de estos tiempos excesivos, IV Reich: austeridad, disciplina fiscal, sanciones para los incumplidores, reglas de déficit cero en las constituciones, cambios en los tratados y todo ese lenguaje de cartón piedra de esta época con el sello inconfundible del método alemán. Merkel ha conseguido todo lo que quería.

Pero, atención, “esta crisis es financiera y está provocada por los excesos de los últimos años, por la acumulación de deuda privada, por los graves desequilibrios comerciales europeos, de los que Alemania tiene parte de culpa. No es un problema de deuda pública, aunque Merkel se empeñe e imponga austeridad y dogmas.

No va a funcionar: vienen tiempos de depresión y todo eso volverá hacia Berlín como un bumerán: ¿quién va a comprar BMW dentro de un par de años en los tradicionales mercados alemanes del sur de Europa con esta cura draconiana?”, cuestiona Ulrike Guérot, del think tank CEPR.

Pero ese acuerdo es el que quería Merkel. El guion de Europa lo escribe Merkel, y como mucho lo explica Sarkozy: la canciller se ha hecho con las riendas de la UE y el mundo entero escruta cada uno de sus gestos para saber cuál va a ser su próximo paso.

Que nadie espere trucos: “Esta crisis no se puede resolver con una varita mágica”, dijo en agosto. Merkel no va a ejercer de hada madrina, pero el suyo es el asiento del conductor. La pregunta es qué liderazgo va a ejercer. Y para ello hay que bucear en su currículo.

El itinerario personal de la canciller es conocido: hija de un pastor protestante, creció en el Este, tiene formación científica y una vocación política tardía: el día en que cayó el Muro se quedó en la sauna, y solo al caer la noche se dio un corto paseo por el Oeste.

En medio de la deriva euroescéptica de Alemania, de Europa entera, su liderazgo está en perpetua crisis: la UE solo avanza a golpes, y ni los alemanes ni los europeos parecen cómodos con el liderazgo de Berlín.

Para entender a la democristiana Merkel hay que fijarse en la desconfianza que se ha granjeado en Bruselas, pero también en Atenas, Lisboa, Dublín, Madrid y Roma. Y hay que poner el oído en lo que dice la gente que va en el metro de Berlín.

Y quedarse con un par de anécdotas que puede que expliquen algunas cosas.

Una: conoció a su primer marido, Ulrich Merkel, en la universidad. Durante tres años compartieron un apartamento en Berlín mientras ella completaba su doctorado en Física. Un día, mientras Ulrich estaba fuera, simplemente se fue.

Sin previo aviso. De todo lo que compartían solo cogió la nevera. Su biógrafo cuenta que esa es Angela Merkel: una mujer que se va de casa con la nevera.

Y dos: cuando estaba en la escuela, en su primera clase de natación decidió quedarse tumbada en el trampolín, incapaz de saltar al agua. Mientras los demás chapoteaban, ella no acababa de lanzarse: solo cuando sonó el timbre que anunciaba el final de la clase decidió tirarse. A ultimísima hora, sobre la campana.

“Esa historia se anticipa varias décadas a lo que ha ido haciendo la canciller a lo largo de esta crisis: Merkel se ha negado a dar un solo paso hasta que ya no ha tenido más remedio; pero al final ha avanzado, rompiendo incluso algunos tabús”, apunta Joachim Bitterlich, exasesor de Helmut Kohl.

“Esa anécdota funciona incluso como un indicio de lo que puede ocurrir: la canciller ha impuesto sus ideas, pero se sigue negando a aceptar a cambio soluciones como los eurobonos o la compra masiva de deuda, que levantaría ampollas entre los alemanes, en el Bundesbank y en Karlsruhe [sede de un Tribunal Constitucional temido en Europa]”.

Merkel tiene que lidiar con el ala derecha de su partido y con los liberales, que no aceptan esas salidas por razones históricas, por el miedo a la inflación, porque la gente de la calle tampoco las quiere.

“Pero Europa está ante un momento muy difícil. Las decisiones que ahora se tomen marcarán el futuro de una generación. Para cambiar ese discurso euroescéptico que se impone hace falta liderazgo, visión de futuro, una narrativa clara de la Europa que queremos.

Merkel ha dado pasos en esa dirección, pero carece de esa visión: carece del tipo de liderazgo capaz de arrastrar a la ciudadanía”, sostiene Bitterlich en su despacho del grupo Veolia, a cuatro pasos de la Puerta de Brandeburgo.

Fuera de Alemania, las sensaciones son parecidas. El expresidente español Felipe González ha pasado por Berlín esta semana y deja sus impresiones en declaraciones a este periódico: “Es evidente que la Alemania europea que quería Kohl y la generación de líderes alemanes de esa época está desapareciendo. Merkel cree que el resto de Europa tiene que seguir pautas alemanas.

Es un error, en primer lugar político, pero también económico, con graves consecuencias para el conjunto de la Unión, incluida Alemania”. González deja un toque de atención: “Políticamente se están generando pulsiones nacionalistas en todos los países. El nacionalismo, con sus secuelas de populismo y rechazo al otro, ha sido el virus destructor de Europa durante un siglo”.

Y discute el recetario aprobado en Bruselas con el sello alemán: “Se está haciendo poco, tarde y mal. Se olvida que el problema del euro no es de solvencia, aunque haya que controlar rigurosamente y con ritmos adecuados los déficits y la deuda, sino de liquidez y crecimiento generador de empleo.

Esto es precisamente lo que estamos agravando con decisiones equivocadas, que nos llevarán a una contracción económica brutal: el efecto será más paro, más ajuste, más dificultad para reducir los desequilibrios que se pretenden combatir. Como se siga en esta deriva, vamos a provocar innecesariamente problemas de solvencia.

Alemania cree que será inmune a las consecuencias de la contracción de las economías de Italia, España, Francia y otros; no será así. He percibido que no hay una sola posición en Alemania, por eso tengo esperanza de que las cosas cambien. Aunque debo reconocer que será (una vez más) muy tarde y demasiado doloroso para los ciudadanos que no provocaron la crisis”.

Las razones de los alemanes son poderosas: pertenecen al ámbito de la historia económica, pero también al de la sociología económica. Alemania tiene un miedo atroz a las subidas de precios, pero no solo por las archicitadas razones históricas, la famosa hiperinflación de Weimar.

Los alemanes son grandes ahorradores, y la inflación funciona como un impuesto que se come los ahorros.

De ahí que no guste la compra de bonos por parte del banco central -que, salvo en Alemania, se percibe como la única salida del laberinto europeo a corto plazo- por sus efectos nocivos si la inflación aumenta. “No sé si queda claro: no a los eurobonos, no a la compra masiva de bonos”, reitera Merkel en cada una de sus comparecencias.

Aunque incluso Berlín empieza a abrir la mano: entre bastidores se considera que, en última instancia, si a Europa se le va de las manos la disciplina de mercado impuesta por Alemania, el BCE podría abrir fuego.

Pero no ahora: ni la situación es tan grave, sostienen varias fuentes en Berlín, ni se han hecho las reformas imprescindibles para que los alemanes se traguen esa píldora.

Un portavoz del Ejecutivo lo expresa así: “El problema básico al que se enfrenta la zona euro es la falta de confianza en la capacidad de algunos Estados para hacer frente a sus deudas. El camino a seguir es una unión fiscal: 26 países han decidido ir por este camino.

El Gobierno alemán cree que cualquier decisión a favor de los eurobonos ahora estaría enviando una señal equivocada, destruyendo cualquier incentivo para hacer lo que se tiene que hacer.

El desequilibrio entre una unión monetaria y las políticas fiscales todavía nacionales tiene que ser superado. Al final de todo, si ese proceso es un éxito, será posible volver a pensar en instrumentos de deuda comunes [eurobonos].

Pero solo después de haber establecido una verdadera unión fiscal”. Ese último matiz es importante. La traducción libre de esa doctrina es la negativa a las compras de bonos, la negativa a los eurobonos, el ya mítico nein merkeliano a todo. Pero solo por ahora: las cosas pueden cambiar y después del palo (en forma de recortes) vendrá la zanahoria (el bazuca del BCE, eurobonos).

Pero en Berlín hay voces disonantes. Achim Post, secretario internacional del socialdemócrata SPD, recuerda que los continuos palos en las ruedas de Merkel y su Gobierno a la solución al problema europeo “le han hecho perder elecciones en un landtras otro: eso demuestra que la respuesta que quiere la gente no es más nacionalismo, sino más Europa.

La austeridad es la vía equivocada: las desigualdades están creciendo en Europa, e incluso en Alemania, con estos programas de recortes que no son más que una segunda revolución conservadora. Las socialdemocracias europeas se suicidaron hace años cuando abrazaron ese ideario.

Es hora de cambiar“. Las elecciones se celebrarán en 2013: de momento, las encuestas muestran un empate virtual entre el partido de Merkel y los socialdemócratas, un desplome de los liberales y un rápido ascenso de los Verdes. La gestión de la crisis será fundamental. Y ahí Merkel, de momento, no las tiene todas consigo.

En la academia hay también voces que disparan en contra de la gestión del Gobierno. Sebastian Dullien, de la Universidad HTW, opina que Merkel “no ha entendido una sola palabra de qué va esto”. “Sigue convencida de que los excesos fiscales causaron la crisis y que hay que apretarse el cinturón.

No hay una sola voz en el Gobierno que reclame una estrategia de crecimiento para Europa, que pasa por aumentar el consumo interno en Alemania: por un plan de estímulos potente. A cada declaración desafortunada de Merkel, Alemania paga menos por su deuda y provoca aumentos de los tipos de interés en Italia, en España, incluso en Austria, Bélgica o Francia. Eso puede acabar trayendo problemas”.

El economista Joerg Bibow es aún más duro: “Merkel ha ido por detrás de los acontecimientos y sigue escuchando a asesores borrachos de ideología económica alemana: los viejos dogmas antiinflacionistas, esa locura de la disciplina de mercado que puede provocar una crisis existencial en Europa”. “Merkel solo ha dado un paso atrás, y muy suavemente, cuando ha visto que también a Alemania llegará la recesión en 2012”, declara.

Aunque quien más claro lo dice es uno de los sabios del comité de asesores económicos de Merkel, Peter Bofinger, un economista keynesiano en Alemania: “Mi impresión es que Berlín quiere una camisa de fuerza para sus socios basándose en la fe completamente equivocada en que la rectitud fiscal es la clave para estabilizar el euro. Pero confío en que al final el BCE se atreva a dar el paso”.

Pero Merkel no escucha esas críticas.

Al contrario: cierra filas con la austeridad y la disciplina. Su definición de unión fiscal supone un ajuste deflacionario y sin eurobonos. Alemania se ha atrincherado ahí, y no cabe esperar ni el bazuca del BCE ni los esquemas de garantía de deuda que serían los eurobonos a corto plazo, al menos hasta que vuelvan los líos -que volverán- a los mercados de deuda. Europa ha hecho todo, prácticamente todo lo que Alemania quería; cabe preguntarse qué más tendrá que pasar para que Berlín abra la mano.

Porque el drama no ha acabado.

España y sobre todo Italia tienen ante sí un 2012 peliagudo, una recesión profunda y multimillonarios vencimientos de su deuda. “Los mercados son los mercados”, decía hace unos días Jacques Delors en un remedo de aquel genial “fútbol es fútbol”, y están esperando esa señal para mostrar los colmillos.

Puede que Europa necesite ser más alemana, pero es seguro que necesita una Alemania menos alemana, una Merkel con un enfoque menos moralista ahora que la historia llama a su puerta.

Los lobos están cerca, y ya dijo el poeta que dos hileras de dientes afilados son la prueba irrebatible de que ni siquiera en esta Europa que se empeña en precarizar su identidad, su viejo modelo económico y social, se alimentan de sueños.

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‘Financial Times’ contra el Cuarto Reich de Angela Merkel


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OPINIÓN

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‘Financial Times’ contra el Cuarto Reich de Angela Merkel

Nacho Cardero.-  10/12/2011

“Me preguntaban sobre la crisis europea, pero de esa forma tan inglesa.

Cada palabra medida, con doble intención. Estaban interesados en conocer mi opinión de Europa, pero sobre todo en darle un capón a Alemania”, rememora Baldomero Falcones desde sus cuarteles de invierno en Torre Picasso.

El presidente y consejero delegado de FCC, un gentleman en los predios de Koplowitz, se zafaba con elegancia de las finas embestidas de los periodistas ingleses.

Primero, el miércoles 12 de octubre, minutos antes de la apertura de los mercados, en los estudios de la CNBC; al día siguiente en el debate posterior a la conferencia que pronunció en la London School of Economics con motivo del inicio del curso académico.

Entre los asistentes a este último, el corresponsal del Financial Times en España, Víctor Mallet, quien se encargó de moderar la mesa, y representantes de conocidos grupos de comunicación británicos tales que The Economist y Euromoney.

Foto de archivo de David Cameron y José Luis Rodríguez Zapatero (Reuters).

 

Acorde al british style, los plumillas evitaban asaetearlo con dardos explícitamente antieuropeos, pero sí dejaban entrever cierta germanofobia, como si en aquel preciso momento la Luftwaffe estuviera bombardeando las victorianas calles de Londres.

El parecer de Falcones (“la probabilidad de que se rompa el euro es muy pequeña porque el coste para toda Europa sería excesivo”) fue recogido por el FT en un artículo publicado el 30 de noviembre bajo el título Business and eurozone: looking for the exit (Empresas y eurozona: buscando una salida a la ruptura del euro), en el que, azuzados más por el deseo que por la realidad, se aseguraba que las mayorías de las grandes compañías disponía ya de una estrategia en caso de que la crisis de la deuda soberana acabara enterrando a la moneda única.

Pues bien, vistos los derroteros del Consejo Europeo del fin de semana, muchos de ellas han debido de desempolvar su Plan B.

“¿Qué diablos de Plan B? Cuando un avión explota en mitad del cielo no hay escape que valga”, dicen desde una de las entidades denominadas “sistémicas” por la European Banking Authority (EBA).

La gran banca española, a la que el supervisor europeo exige 26.170 millones de capital adicional para cumplir con los nuevos requisitos de Bruselas, también ha detectado cierto tufillo antieuropeo en Downing Street y aledaños.

La EBA tiene su sede central en Londres. Según ha dictaminado el supervisor, todos los grandes bancos europeos tendrán que salir al mercado a pescar capital. Todos menos los británicos. Las entidades de Reino Unido no requieren de necesidades adicionales, en opinión de la EBA.

La crisis de deuda ha destapado los instintos más bajos de Europa, los complejos y odios atávicos entre países, los mismos que han permanecido encerrados con candado de nueve llaves en los tiempos de bonanza

Todo lo cual recuerda a esa anécdota de Luis Lada con motivo de la presentación de la salida a bolsa de Telefónica Móviles en Londres, allá en el año 2000, cuando Hugo Dixon, entonces ideólogo del Lex Column del FT, levantó la mano para preguntar al otrora directivo de la operadora española por una acotación que aparecía en uno de los márgenes de una de las páginas del voluminoso folleto de la OPV.

-¿Pero se lo ha leído entero? –preguntó un asombrado Luis Lada.

-Por supuesto –respondió lacónico Dixon.

-Y bien, ¿qué le ha parecido?

-Una buena compañía. Pero ha de saber que nunca será top ten para los inversores, ni top ten para los medios. Básicamente porque no se trata de una compañía inglesa.

La crisis de deuda ha destapado los instintos más bajos de Europa, los complejos y odios atávicos, los mismos que han permanecido bajo candado de nueve llaves en los tiempos de bonanza. El aislacionismo británico, el nacionalismo alemán y la suficiencia francesa han quedado al descubierto con motivo del Consejo Europeo.

Lo llevan en la sangre, tal y como el escorpión confesó a la rana justo después de clavarle el aguijón. “Los términos del tratado eran inaceptables para el Reino Unido”, adujo el primer ministro británico, David Cameron, con un semblante que parecía confeccionado por un sastre inglés. El mandatario de las islas se negó a rubricar la refundación de Europa, básicamente porque Merkel y Sarkozy no aceptaron las salvaguardas especiales que exigía para su sistema financiero, esto es, para la City londinense, sus bancos, sus aseguradoras y similares.

El primer ministro británico se mostró “feliz” ante los periodistas de no pertenecer al euro. A lo que Merkel respondió con una virulencia infrecuente en la canciller: “No me sorprende. Desde el primer momento estuvieron fuera del euro.

Su ausencia no impedirá que Europa avance en otras materias importantes”. Hasta los medios británicos, conocidos en los ambientes por ser el machete afilado del que se ha valido el primer ministro para apuñalar en no pocas ocasiones a la maltrecha economía europea, se mostraban escépticos.

Algunos incluso mordazmente críticos: “Reino Unido queda peligrosamente aislado mientras la eurozona acuerda un nuevo tratado”. Daba la impresión de que Cameron se había pasado de frenada.

Los máuser dejan paso al Banco Central Europeo

El tablero en el que se juega la partida no está dibujado con casillas en blanco y negro, sino con libras y euros. La renacida R.A.F. de Cameron contra el Cuarto Reich de Angela Merkel

A nadie escapaba que, de librarse una nueva batalla en Europa, no sería armamentística sino comercial y financiera. Los máuser, pánzer y bazookas han dado paso al Banco Central Europeo, los eurobonos y ese fondo de rescate tan temido en la UE por ser capaz de engullir países enteros. Porque es de eso de lo que se trata: de ceder más competencias, de ceder soberanía.

Muchos países se resisten por ese chauvinismo innato a su carácter, pero no hay vuelta atrás. La crisis de deuda ha colocado a Europa en una delicada encrucijada: o se da un paso al frente o el invento estalla por los aires, tal y como visualizó Sarkozy en su discurso.

El tablero en el que se juega la partida no está dibujado con casillas en blanco y negro, sino con libras y euros. La renacida R.A.F. de Cameron contra el Cuarto Reich de Angela Merkel.

Y en este alambicado puzzle emerge el presidente electo de España, Mariano Rajoy, no se sabe si como salvador o mártir. Los dos sherpas que le acompañan en sus viajes, Jorge Moragas como diplomático, y Álvaro Nadal en el ámbito económico, le han puesto al corriente de lo que pasa en Europa tras patearse medio Viejo Continente y reunirse con unos y otros. “Mariano, tenemos dos noticias: una buena y una mala”.

La buena es que Rajoy, a diferencia de otros líderes europeos como Papademos o Monti, que han sido encumbrados por el método del “tú sí, tú no” y sin pasar por las urnas, está legitimado para acometer un plan de ajustes severo y sin demora, como reconoció ante los líderes de los partidos conservadores.

Su mayoría absoluta lo avala y sus homólogos europeos son conscientes del poder que tal circunstancia encierra. Es el caso de Sarkozy, que ha tratado de ganárselo para hacer frente común contra Reino Unido y Alemania (sí, también contra Merkel).

La noticia mala es que Rajoy se encuentra atado de pies y manos, con un país prácticamente intervenido desde el pasado mes de agosto, cuando Grecia estuvo a un paso de la bancarrota, la prima se desbocó hasta extremos nunca vistos, Trichet envió una misiva a Zapatero en tono amenazante y España tuvo que reformar su Carta Magna manu militari.

Nada es igual desde aquellos convulsos días de verano. Es la guerra y la infantería española se encuentra diezmada antes incluso de comenzar la batalla.

http://www.elconfidencial.com/opinion/caza-mayor/2011/12/10/financial-times-contra-el-cuarto-reich-de-angela-merkel-8395/

¿Tiene razón Alemania? por CARLOS CARNICERO


¿Tiene razón Alemania?

08 Dec 2011

Por Carlos CARNICERO

Antes de que apareciera la crisis, España tenía un superávit mayor del tres por ciento. Eso ocurría hace menos de tres años. Es cierto que el superávit se esfumó rápidamente ante una valoración equivocada e irresponsable de la situación económica. Aquellas alegrías del regalo fiscal de cuatrocientos euros. Aquella terca pretensión de que esto era una desaceleración económica.

También es cierto que Alemania y Francia fueron los primeros en salirse de la disciplina fiscal de Maastricht. Entonces no hubo sanciones; sencillamente nos tuvimos que conformar con el anticipo del matonismo franco-alemán que ahora se muestra con toda desnudez.

El excanciller Helmut Schmidt lo dijo hace unos días en el congreso del SPD alemán. Cada vez que Alemania ha querido imponer sus tesis en Europa ha habido un cataclismo; el veterano y venerado político alemán recordó la historia de la fundación de la Unión Europea y el papel que Alemania jugó hasta la llegada de la canciller Angela Merkel ha jugado en la construcción de Europa: cooperación, solidaridad y convencimiento.

Lo peor del directorio franco alemán es que ni siquiera se molesta en intentar disimulos para fingir voluntad de entendimiento y de pacto.

El trágala alemán con el papel de Sarkozy como monaguillo de esa ceremonia es difícilmente soportable desde el espíritu democrático europeo. Es un actitud autoritaria y prepotente, ofensiva desde el desprecio hacia el sur. El tiempo ha borrado los efectos telúricos del plan MarshallEntonces la política y la economía no castigaba a los pueblos en función de los errores de sus gobernantes. A los alemanes de la posguerra no se les declaró herederos universales de las calamidades del nazismo. Sencillamente se responsabilizó a los nazis por la tragedia generalizada de Europa y se ayudó a los supervivientes a reconstruir Alemania. Y, desde luego, aprovecharon la oportunidad.

Ahora, decretados como vagos los habitantes del Sur, que se han dejado las muelas en el camino de su intento de progreso, se somete a sus ciudadanos a una purga de Benito sin siquiera permitirles disimular la humillación de ser gobernados desde Berlín sin ningún miramiento.

Nuestra esperanza es que nos dejen sacrificarnos lo suficiente para ser admitidos de nuevo en la Europa de la primera velocidad. Y el miedo ha hecho el resto del trabajo. Estamos todos tan asustados que agradecemos los tormentos si nos perdonan la vida.

Es una especie de exorcismo de que pagando las culpas podremos ser admitidos de nuevo en la primera división. El miedo se masca en la calle. La desmovilización ciudadana ha sido tan eficaz que aplaudimos que no se proteste cada nuevo recorte que ni siquiera tiene la garantía de que será suficiente.

Alemania no tiene razón, ni siquiera pretende tenerla porque no necesita que se le reconozca. Sinceramente está recuperando su posición histórica de pretender mandar en Europa sin necesidad de convencer. Ahora no hacen falta acciones militares: se ha quedado con el control del Euro y estaría dispuesta a volver al Marco si le hiciera falta.

El proyecto europeo agoniza en la medida que Angela Merkel renueva los sueños de grandeza alemana.

http://ccarnicero.com/2011/12/08/%C2%BFtiene-razon-alemania/

En la actual crisis de la deuda, Alemania son los Estados Unidos de 1931 y no augura otra cosa que problemas en el futuro.


Austeridad europea: ¿de nuevo 1931?

Publicado en 08 diciembre 2011 por amalia

Fabian Lindner – Sin Permiso

En la actual crisis de la deuda, Alemania son los Estados Unidos de 1931. La historia alemana demuestra que forzar la caída de la economía de otros países no augura otra cosa que problemas en el futuro.

Un país se enfrenta a un abismo económico: el gobierno se encuentra al borde de la bancarrota y pone en práctica feroces medidas políticas de austeridad; los empleados sufren grandes recortes salariales y los impuestos aumentan de forma drástica; la economía se desploma y se disparan las tasas de desempleo; la gente se pelea en la calle mientras se derrumban los bancos y el capital internacional huye del país. ¿Grecia en 2011? No, Alemania en 1931.

El jefe del gobierno no se llama Lucas Papadimos sino Heinrich Brüning. El “canciller del hambre” recorta por decreto el gasto público, ignorando al Parlamento, mientras el PIB cae sin fondo.

Dos años más tarde Hitler llegará al poder, ocho años después comenzará la II Guerra Mundial. La situación política actual todavía es distinta, pero los paralelismos económicos son terroríficos.

Como en los actuales países de la crisis, el problema clave de Alemania radicaba en la deuda externa. Los EE. UU. eran el mayor acreedor de Alemania, las deudas alemanas se cifraban en dólares.

Desde mediados de los años 20, su gobierno había ido pidiendo prestadas grandes sumas en el exterior para hacer frente a los gastos de las reparaciones de guerra destinados a Francia y Gran Bretaña.

El crédito externo financió también los rugientes años veinte de Alemania, el boom económico posterior a la hiperinflación de 1923. Al igual que hoy España, Irlanda y Grecia, el auge de la década de 1920 se debió a una burbuja crediticia.

La burbuja reventó cuando los mercados financieros se hundieron en 1929. Los inversores y banqueros norteamericanos se vieron seriamente afectados, perdieron la confianza y redujeron sus riesgos, sobre todo sus inversiones en activos europeos.

El flujo crediticio hacia Alemania, Austria y Hungría se detuvo de súbito. Los inversores norteamericanos no querían reichsmarks – la divisa alemana – sino dólares, una moneda que el Reichsbank alemán no podía imprimir. La retirada del dólar de Alemania – sobre todo de los depósitos bancarios alemanes – llevó rápidamente al agotamiento de las reservas de divisas del Reichsbank.

Para poder ganar dólares, Alemania tenía que convertir en superávit su enorme déficit por cuenta corriente. Pero como hoy los países de la crisis, Alemania se encontraba atrapada en un sistema de divisas con tasas de cambio fijas, el patrón oro, y no podía devaluar su moneda. Sin embargo, aun abandonando el patrón oro, el canciller Brüning y sus asesores económicos temían los efectos inflacionarios de una devaluación y una repetición de la hiperinflación de 1923.

Sin liquidez en dólares del exterior, la única manera en que podían darle la vuelta a la cuenta corriente era una feroz deflación de salarios y costes.

En dos años, Brüning recortó el gasto público en un 30%. El canciller subió los impuestos y los gastos de seguridad social ante un desempleo y una pobreza crecientes. El PIB real cayó en un 8% en 1931 y en un 13% un año después, el paro subió hasta el 30% y el dinero siguió desparramándose fuera del país. La cuenta corriente pasó de un inmenso déficit a un pequeño superávit.

Pero no había suficientes dólares disponibles en los mercados del mundo. En 1939, el Congreso norteamericano había introducido el arancel Smoot-Hawley para impedir la entrada de importaciones. Los países con deuda en dólares quedaron aislados del mercado norteamericano y no pudieron seguir pagando sus deudas.

La situación no mejoró cuando el presidente Hoover propuso una moratoria de un año para toda la deuda externa de Alemania. A la moratoria se opusieron Francia – que insistía en el pago de las reparaciones de guerra alemanas – y el Congreso norteamericano. Cuando el Congreso aprobó finalmente la moratoria en diciembre de 1931 era demasiado reducida y llegó demasiado tarde.

En el verano de 1931, los bancos alemanes comenzaron a fallar, llevando tanto a la contracción del crédito como a los enormes paquetes de ayuda pública para salvar a los bancos más grandes. Los bancos tuvieron que cerrar y el gobierno declaró la suspensión de pagos sobre sus deudas.

La moratoria de Hoover y una política de expansión fiscal con Von Papen, sucesor de Brüning, llegaron demasiado tarde: las bancarrotas y el desempleo siguieron aumentando y los nazis ganaron terreno político.

Los paralelismos con la actual situación económica son aterradores: Grecia, Irlanda y Portugal tienen que aplicar feroces políticas de austeridad bajo presión de los países acreedores y los mercados financieros con el fin de transformar sus balances por cuenta corriente de déficit en superávit; el desempleo griego se encuentra en un 18%, el de Irlanda está en un 14% y el de Portugal en un 12%, el de España llega hasta el 22%.

Y los que podrían ayudar no hacen lo suficiente: Alemania y los banqueros centrales alemanes exigen una austeridad drástica y sólo ofrecen a cambio consejos y ayuda insuficiente, demasiado poco, demasiado tarde, hoy igual que entonces.

Mucho se habría hecho por Alemania en 1931 si los EE. UU. – y también Francia – hubieran proporcionado la liquidez necesaria a los bancos alemanes y a su gobierno. Tal vez se hubiera podido evitar la radicalización política. Pero los EE. UU. estaban volviéndose aislacionistas. No querían implicarse en los desordenados asuntos de Europa.

Hoy desempeña Alemania el papel de los EE. UU. Tanto el parlamento como el gobierno dudan en proporcionar la ayuda necesaria para los países de la crisis: en el seno del FESF, Alemania está dispuesta a garantizar sólo hasta 211.000 millones de préstamos a los países de la crisis. Con esto no es suficiente. En 2008 las garantías para el sistema bancario alemán fueron de 480.000 millones.

Alemania insiste todavía en sus actuales superávits de cuenta corriente. Estos son, por definición, los déficits de los países de la crisis. Por lo tanto, no dejan que estos países puedan conseguir el dinero necesario para cubrir su deuda.

Por ende, Alemania se opone ferozmente a créditos de liquidez por parte del BCE. Los economistas alemanes y los banqueros centrales justifican la pasividad del BCE por la amenaza de inflación. Pero mezclan las lecciones históricas de la hiperinflación de Alemania en 1923 con su crisis de deflación y desempleo de 1931.

Este error de juicio puede volverse fácilmente en contra: en toda Europa la reputación de Alemania va ya decayendo, aumentan de forma drástica las tensiones políticas en los países de la crisis con cifras inéditas de paro, y la ruptura cada vez más probable de la eurozona amenazaría la economía de Alemania, especialmente sus bancos y exportaciones.

Los EE. UU. aprendieron duramente la lección de que debían hacerse responsables de la estabilidad económica mundial. La II Guerra Mundial fue una de las consecuencias de la crisis de 1930 que podrían haberse evitado.

Después de haber fracasado a la hora de estabilizar el sistema económico mundial a principios de los años 30, para 1945 los EE. UU. habían aprendido que sólo la cooperación económica podía llevar a un mundo próspero y en paz.

Mediante el Plan Marshall y la apertura de sus mercados a las exportaciones europeas, permitieron a Europa reconstruir su destruida economía. Mientras tanto, los exportadores norteamericanos aprovecharon el ansia europea de inversiones y bienes de consumo.

Hasta principios de los años 70 del pasado siglo, los EE. UU. dirigieron el sistema de comercio y divisas internacionales – el sistema de Bretton Woods –, garantizando así la prosperidad económica, un libre mercado con equidad social y, de este modo, los requisitos económicos previos de la socialdemocracia.

Tanto la opinión pública como los políticos de Alemania deberían aprender de la historia. La solidaridad con los países de la crisis va a largo plazo en interés de Alemania. El gobierno alemán debería dejar de abusar de su poder de dictar el declive económico a otras naciones. La alternativa es el estancamiento económico y el aumento de las tensiones entre las naciones europeas. Aún resuena el veredicto: los que no aprenden de la historia están condenados a repetirla.

 

Traducción: Lucas Antón

http://www.attac.es/austeridad-europea-%C2%BFde-nuevo-1931/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

¿Por qué Italia y Berlusconi están en el ojo del huracán?


 

¿Por qué Italia y Berlusconi están en el ojo del huracán?

 

avatarMarco Antonio Moreno  6 de noviembre de 2011 | 11:00

Deuda Publica EU17

 

Ya en La Italia de Berlusconi se tambalea y la UE no tiene propuestas, advertíamos de la trampa en que han caído los países europeos con los planes de austeridad.

Como recordó Cristina Fernándezen la G20, han pasado más de tres años desde el estallido de la crisis y el tratamiento que se ha empleado para reanimar al paciente no ha tenido ninguna efectividad.

Esto es porque no ha habido ninguna política a favor del empleo y el crecimiento, y todos los esfuerzos se han concentrado en rescatar a la banca.

El gran problema es que la crisis sigue avanzando a un paso más firme que las decisiones de los líderes europeos.

Por eso, si fuera posible aceptar que la crisis de Grecia era producto de la borrachera y flojera del pueblo heleno; que la de Irlanda era por la incapacidad de los irlandeses para administrar su sistema bancario; y que la de España ha sido por tener todo tipo de demonios en bancos y cajas,

¿qué se podría decir de Italia?,

un país que ha tenido un comportamiento financiero ejemplar en los últimos años.

Mientras Alemania ha aumentado su relación deuda/PIB en más de 25%, Estados Unidos en 33% y Japón en 73%, Italia se ha mantenido casi sin cambios desde la formación del euro.

Su endeudamiento viene de mucho más atrás.

 

¿Por qué está Italia en el ojo del huracán?

 

Italia se encuentra en el ojo del huracán dado que su deuda pública como porcentaje del PIB llegó a 127% el año 2010, siendo la tercera a nivel mundial después de Japón y Grecia.

Y esta semana, la crisis de Italia pasó a encabezar el problema de la deuda europea, tal como advertimos en febrero, cuando señalamos que el verdadero problema del euro no estaba en Grecia, sino en Italia.

Durante décadas, los ayuntamientos recurrieron al financiamiento fácil de la banca para una de las principales economías europeas y con el euro el proceso se aceleró.

Ahora, ese nivel de deuda apunta a que en Italia se puede estar decidiendo el futuro del euro, y las presiones que se están realizando para la renuncia del primer ministro Silvio Berlusconi, son mucho más significativas para la moneda única que las que vive el presidente griego, Yorgos Papandreu.

PIB Italia

¿Qué llevó a Italia a convertirse en un desastre colosal en el último tiempo?

La respuesta está en esta gráfica del PIB de Italia desde 1980 a la fecha, que en un promedio a diez años ha ido en descenso y su promedio anual de la última década ha sino menor al 1%.

Lejos de crecer, la economía italiana en las últimas tres décadas ha vivido un permanente declive, una imparable tendencia a la baja que la moneda única no ayudó a revertir.

De ahí las necesidades de cubrir, vía deuda, lo que no podía hacer con la producción real.

El sistema financiero fue el comodín para tapar los agujeros, pero el agujero creció y creció hasta tragarse a todo el país. Por eso que ahora los planes de austeridad resultan una trampa para los países europeos, dado que lejos de ayudar a la recuperación, hunden aún más la economía y crean más desempleo mientras las deudas siguen creciendo.

Hay una lógica en la creación de desempleo, y es la de acelerar el proceso de deflación en la eurozona. En la actual guerra de divisas, todos los países devalúan sus monedas para hacerlas más competitivas, como lo hacen Japón y Estados Unidos.

Es la ventaja de tener una moneda soberana para manipularla y hacer más competitivas las exportaciones e impulsar la producción interna. Esta es una herramienta que no tienen los países de la zona euro.

De ahí la necesidad de hacer estos ajustes por la vía de los salarios. Y para ello, el primer paso es la existencia de un alto desempleo.

Cerca del punto de no retorno

Pero los mercados, además, han castigado fuertemente a Italia por la vía del rendimiento de los bonos de deuda soberana.

Como muestra esta gráfica, el rendimiento de los bonos italianos a diez años alcanzó el 6,4%, lo que indica 455 puntos por encima de los bonos de Alemania, es decir, un costo de financiamiento cuatro veces mayor al alemán, hecho que, por si solo, tiende a asfixiar la economía de cualquier país.

El punto de no retorno es como el círculo de acreción y está en torno al 7% de interés. Se conoce como punto de no retorno dado que en estas cercanías sucumbieron en su momento Grecia, Irlanda y Portugal, al ubicarse en el punto en que la deuda no se puede devolver.

CDS Italia

Es decir que mientras la economía se mantiene estancada, los costos de la financiación se elevan a las nubes. Este diferencial, lejos de ayudar a achicar la deuda italiana la presiona al alza, haciendo que la relación deuda/PIB aumente año a año.

A este ritmo, se calcula que para el año 2017 estará sobre el 150% del PIB.

Pero la economía italiana se mantiene tan anémica, que aunque este costo financiero disminuyera al 4%, la relación deuda/PIB llegaría al 123% el año 2018.

Esta es la forma en que los mercados estrangulan la economía ante la mirada fría e impasible del BCE y el FMI.

Lo que paga Italia para financiarse es mucho mayor a lo que pagan otros países más endeudados como son Japón y Estados Unidos. Esto demuestra la forma y profundidad en que la crisis ha avanzado en Europa ante la mirana atónita de Angela Merkel y Nicolas Sarkozy.

En otras palabras,Italia sufre las consecuencias de la falta de liderazgo europeo. Es una situación dramática para Italia y de ahí las presiones para la renuncia del Primer Ministro Silvio Berlusconi.

Otra razón aún más aterradora del naufragio de Italia, es que los inversores pueden estar comenzando a sacar cuentas bajo el supuesto de que el euro no va a sobrevivir.

Esto indica que las apuestas contra Italia no tienen nada que ver con las cuentas de Italia, sino con el temor asociado a un colapso del euro.

El colapso del euro obligaría a reintroducir monedas distintas en las cuales se restablecería la antigua distinción entre un Deutsche Mark fuerte y monedas de la periferia débiles. Parte de los diferenciales en el costo de la financiación responden a este concepto.

¿Qué hará Mario Draghi?

Por eso que es importante lo que pueda hacer Mario Draghi a la cabeza del BCE para contener la furia del mercado y restituir la confianza en el euro.

Cuando nació la moneda única su principal característica fue que todos los países accedieron a tener los mismos costos financieros. Es decir que Grecia, Portugal e Italia, pagaban el mismo interés por sus deudas que Alemania o Francia.

Sin embargo, apenas estalló la crisis en Estados Unidos, las diferencias intestinas de los países europeos tendieron a crear más fuerzas centrífugas que fuerzas de unidad.

Las debilidades manifiestas de Jean-Claude Trichet, su miopía para reconocer a tiempo la crisis y sus torpezas para subir la tasa de interés en momentos inoportunos, fueron los que hundieron al euro y excacerbaron la desconfianza.

Habrá que ver si Mario Draghi es capaz de poner la pistola sobre la mesa, para restituir la confianza en la moneda única, antes que toda Europa se haga pedazos.

En El Blog Salmón | ¿Pondrá “súper Mario” la pistola sobre la mesa para salvar al euro?Italia está intervenida de facto por el BCE y el FMI

Alemania no es como nos la pintan


Alemania no es como nos la pintan

Miguel Giribets (especial para ARGENPRESS.info)

La economía alemana depende exclusivamente de las exportaciones.

Desde los años 90 del siglo pasado, la economía alemana se basa en las exportaciones a países como China, India y, sobretodo, el resto de Europa. La existencia del euro le facilita el acceso al mercado europeo, tanto en el terreno de las exportaciones como en el de la financiación.
Pero los salarios de los trabajadores alemanes no se han movido en términos reales en los últimos 20 años.
Incluso, en la última década, los ingresos reales de los trabajadores han disminuido. Mientras, Angela Merkel gana más de 13.000 euros al mes y los banqueros y grandes ejecutivos tienen unos salarios absolutamente desmadrados.
Actualmente, el peso de los salarios en las exportaciones es de un ridículo 0,3%.
Las empresas exportadoras han podido acumular grandes beneficios.
La contrapartida a esto es que el mercado interno -sobretodo el consumo- va a la baja; en consecuencia, cualquier caída significativa de las exportaciones pasa factura a la economía alemana. Alemania se parece demasiado al Japón de los años 80 del siglo pasado.
Otro pilar de la economía alemana es la externalización de su producción a países del Este y países asiáticos.
“Alemania deslocaliza la fabricación de subconjuntos industriales en sus vecinos de Europa Central y no conserva más que el montaje final vendiendo a otros países subconjuntos y piezas obtenidas con buena productividad pero con costes de subcontratación” (1).
Con la externalización se chantajea a los trabajadores: en 2004 (en plena crisis que comenzó en 2001), Mercedes amenazó con trasladar su producción a Sudáfrica si los trabajadores alemanes no liquidan pluses de producción y prolongan gratis la jornada de trabajo; todo ello por un monto de 500 millones de euros.
Para poder competir en los mercados internacionales, desde los años 90 del siglo pasado la industria alemana ha hecho un esfuerzo descomunal de modernización.
“La industria alemana se fue adaptando a la revolución de las telecomunicaciones, bioingeniería y similares en las cuales Alemania iba por detrás de Estados Unidos y Japón” (1).
El esfuerzo de renovación tecnológica es muy grande: “La inversión en I+D oscilan entre 2,4% del PIB (año 2002) y 2,6% (año 2.008) y que el número de patentes triádicas por millón de habitantes, varían entre valores de 74,2 y 73,1 para los años 2002 y 2008 respectivamente. (…)
El número de investigadores trabajando en empresas por cada 10.000 empleos es de 74, solamente superado por Suecia y Japón.” (1)
La zona euro existe porque es una necesidad para Alemania para colocar sus productos.
Aquí van dirigidas gran parte de las exportaciones: “para el periodo 1996-2000 las exportaciones hacia la zona euro suponen el 11% del PIB alemán; las dirigidas a países europeos fuera de la eurozona constituyen el 3%; las dirigidas a los países de Europa Central, el 1,5%; las exportaciones dirigidas a Rusia y países emergentes, el 2,5%.” (1)
“En 2008 la balanza de mercancías y servicios ha supuesto un saldo positivo de 219.360 M de euros, constituyendo los productos manufacturados el 86% de sus exportaciones y siendo la Unión Europea la que recibe el 63% de las mismas.“ (1)
Como motivo de la crisis actual, las cifras están variando: se está pasando del 75% de las exportaciones alemanas en 2007 a la UE al 62% en 2010, mientras que las cifras con China y Rusia están creciendo.
El 50% de las exportaciones lo constituyen “sector del automóvil, equipamiento de transporte, maquinaria mecánica y eléctrica y el sector químico” (1)
“La dimensión exportadora alemana es creciente, pasando de 7.250 M de euros en el año 2000 a 170.970 M de euros en 2007.
Entre 2004-2007 el saldo neto de las exportaciones (restadas las importaciones) ha representado el 60% del crecimiento económico“ (1).
Las exportaciones superan a las importaciones en el 7% del PIB, más que cualquier otro país en el mundo. Mientras esta diferencia se mantenga, la economía alemana se mantendrá a flote.
En consecuencia, los vaivenes de la economía mundial influyen muy fuertemente sobre Alemania.
Después de un período de crecimiento muy débil de 2001 a 2004 (crisis por la burbuja informática y efectos del 11-S en el mercado mundial), ha habido un crecimiento mayor en 2004-2007, para volver al estancamiento a partir de la crisis de 2008.
“Las exportaciones alemanas, en 2009, han alcanzado la cifra de 1,12 billones de dólares, siendo la Unión Europea-15 la receptora del 62% de las mismas y los países de Europa Central y China absorben el 16 % del total.
Por ello el dinamismo de las exportaciones alemanas exteriores a la Unión Europea, hoy en día, no pueden compensar la disminución de exportaciones a la Unión Europea, dado el estancamiento económico existente.
Y todo ello unido al estancamiento del consumo privado en el mercado interno alemán.” (1)
La debilidad del mercado interno favorece la exportación de capitales. Los bancos tienen un exceso de crédito, si tenemos en cuenta la baja demanda interna.
De 2000 a 2007 más de 270.000 millones de euros alemanes invadieron Europa cada año, financiando todo de tipo de barbaridades especulativas (entre ellas, la burbuja inmobiliaria), muchas de ellas también en el mercado norteamericano y obteniendo beneficios descomunales.
En estos momentos, con una Europa endeudada con los bancos alemanes, la sra. Merkel exige a toda una serie de países (el caso más sangrante es el de Grecia) unas políticas de liquidación del gasto social y de la inversión pública que los están llevando a la bancarrota.
20 años de congelación salarial, recortes sociales, desempleo y pobreza
La congelación salarial durante 20 años, junto con amplios sectores sociales con bajos salarios y precariedad laboral hacen que el consumo interno no sea precisamente un motor de la economía del país.
“En el periodo 1990-1999 el crecimiento del PIB fue el 2,3%, como valor medio, y en cambio el crecimiento del comercio fue el 5,2% “ (1).
La propia Merkel señala que el éxito de la competitividad alemana se basa en la “moderación salarial”.
“La renta familiar, tomando como referencia 100 el año 2002, alcanza la cifra de 95 en 2006 y 97 en 2008, es decir se produce un estancamiento y ligera disminución del consumo familiar” (1).
Mientras el consumo familiar se estanca en 2001-2008, en la zona euro crece un 15%.
“En 1987 los directivos de las principales empresas (índice DAX) ganaban como media 14 veces más que sus empleados, hoy ganan 44 veces más. Incluso en Alemania, la clase media está descubriendo la precariedad” (2).
A modo de ejemplo, citemos el caso del presidente del Deutsch Bank, Josef Ackermann, que fue de 11.9 millones de euros en 2005 (un 17% más que el año anterior) y que los otros 4 mayores directivos del banco ganaron 28.7 millones de euros, con un incremento del 14,3% respecto al año anterior.
Las cifras oficiales de desempleo son altas: han ido oscilando entre los 3 y 5 millones de parados, según la coyuntura económica (tasa entre el 7 y el 12%).
La legislación laboral ha incidido en la precarización (subcontratas, trabajo temporal) con el pretexto de fomentar el empleo, pero sólo se ha conseguido que abunden los salarios bajos.
El 22% de los trabajadores tiene trabajos precarios. También ha empeorado la cobertura en caso de desempleo.
La crisis de 2001 fue el pretexto para realizar la mayor y más reaccionaria reforma laboral desde la II Guerra Mundial.
En la década de 1995 a 2005 el gobierno ha mantenido una política cuyo objetivo era liquidar 500.000 puestos de trabajo.
Gran parte de este ajuste de plantillas se ha producido en “empresas de toda la vida” en los sectores de la banca (Deutsche Bank, Dresdner Bank, Commerzbank, HypoVereinsbank, BayernLB), seguros (Allianz), automóviles (Volkswagen, Opel, DaimlerChrysler, GM, Man), viajes (Lufthansa, TUI, Deutsche Bahn AG, Airbus), telecomunicaciones (Siemens, Deutsche Telekom, Mobilcom), construcción, minería y otras empresas como Krupp, Epcos, Grundig, Axel Springer, Henkel, Kirchmedia o Babook Borsig
Pero los datos de desempleo no son reales: no se cuentan los mayores de 58 años, ni trabajadores en paro que asisten a cursillos de formación, ni los trabajadores que usan las agencias privadas de empleo para buscar trabajo, ni 1,2 trabajadores sin empleo no contabilizados como tales, ni 4,2 millones de personas con trabajos parciales.
Si los cálculos de desempleo se hicieran bien, la tasa de parados llegaría al 20%, es decir, unos 10 millones de trabajadores.
Tampoco los datos del desempleo son los mismos en el Este que en el Oeste.
En la exRDA la tasa de desempleo se ha mantenido alrededor del 16% en estos años (habiendo llegado al 20% en varios momentos), mientras que en la parte occidental ha estado en torno al 8%.
Si aplicamos las correcciones a las cifras de desempleo que indicamos más arriba, el paro en la exRDA estaría en torno al 30% y en la parte occidental en torno al 15%.
En los últimos tiempos se airea el hecho de que la economía alemana va tan bien que necesita técnicos extranjeros, pues no cubre la demanda interna.
Nada de eso es cierto. La relación entre ofertas de trabajo y parados (oficiales) es de 1 a 8; y si contamos el paro real, la relación es de 1 a 16.
La pobreza ha pasado del 6 al 13% de la población en los últimos años, con distinto reparto según se trate de la exRDA (20% de población pobre) o la parte occidental (4% de la población es pobre).
Otro 13% de la población de los subsidios del Estado.
Hay unas 6000.000 personas sin techo, que incluyen a 7.000 niños; de ellas, 20.000 personas viven en la calle.
Los recortes sociales se plantean ya en la década de los 90 del siglo pasado, para lograr los objetivos de Maastricht (máximo de un 3% de déficit público).
Así, en 1996 se plantea liquidar las subvenciones al carbón y gastos de personal de los funcionarios; en 1998 se sube el Iva del 15 al 16% para compensar la baja de las cotizaciones a la Seguridad Social, a partir de 2000 se rebajan las impuestos a las empresas al menos un 12%; en 2007 se rebaja el Impuesto de Sociedades del 39% al 30%.
Los pacientes pagan más por las medicinas, se ha hecho recortes en el subsidio de desempleo, se ha elevado la edad de jubilación de 65 a 67 años.
El plan de ahorro de la Merkel en 2010 no tiene desperdicio: recortes en subvención del desempleo y temas sociales e infraestructuras.
Nada de reforma fiscal.
Reducción de 10.000 funcionarios y rebaja el sueldo el 2,5% a este colectivo.
Hasta la ONU en su informe de 2010 advierte a Alemania de la grave brecha social que se está abriendo: “El informe de la Comisión Económico-Social de la ONU regresa a muchos de los puntos que ya mencionó hace cuatro años: se discrimina a los inmigrantes, deficiente atención a los ancianos, injusticias en el mercado de trabajo y en el régimen de la seguridad social” (3)
También es importante la economía sumergida: alcanza al menos el 15% de la actividad económica, según El Instituto de Investigación Económica Aplicada de Tubingen.
La economía en negro está en auge por el aumento del desempleo.
Más de 2,5 millones de niños viven de la beneficencia social. Estas cifras representan el 12% de los niños de la parte occidental y el 22% de la exRDA, que viven por debajo de la línea de pobreza.
También, según el informe de la Comisión Económico-Social de la ONU de 2010, el 25% de los niños acude al colegio sin haber desayunado.
Prostitución infantil: los niños son ofrecidos en supermercados y paradas de bus en la frontera con la República Checa.
Según el psicólogo criminalista alemán Adolf Gallwitz, “la República Checa se ha convertido en un mercado de descuento para el sexo con niños”.
Hay unos 100.000 clientes alemanes.
Los alemanes del Este
Con la unificación, un total de 1.6 millones de habitantes de la exRDA emigraron a la parte occidental.
En los años siguientes, el 25% de las mujeres entre 19 y 25 años de la exRDA habían emigrado a la otra parte de Alemania (en la RDA trabajaba el 92% de las mujeres, el porcentaje más alto del mundo).
En total, la exRDA ha pasado de 16 millones a 12.5 millones personas, y la tendencia es a ir bajando.
Los salarios son una media del 30% inferiores en el Este.
Al poco de la unificación, en Berlín la venta de carne disminuyó un 20% y la de mantequilla un 30%, los precios se triplicaron y los salarios se mantuvieron estancados.
Seis años después de la unificación sólo el 25% de los alemanes del Este trabajaban en las mismas empresas que cuando eran ciudadanos de la RDA. Wittemberge tenía la mayor fábrica de máquinas de coser de Europa, un gran puerto fluvial y una gran industria de la celulosa; hoy ya no hay ni industria ni puerto y la ciudad ha perdido 10.000 de sus 30.000 habitantes.
Hoyerswerde era la sede de la industria del lignito; ha perdido 6.000 puestos de trabajo y la mitad de su población.
El sector de la energía empleaba a 30.000 personas; hoy tiene 5.000 trabajadores. Han desaparecido 80 instalaciones químicas.
Desau ha perdido 5.000 puestos de trabajo en la industria, en Weisswasser 7000, en Görlitz más de 15.000, en Dresde 75.000, en Leipzig más de cien mil. Más del 70% de los puestos de trabajo industriales ya no existen.
Halle era un centro químico con 329.000 habitantes; ahora tiene 90.000 menos. Schwerin tenía 130.000 habitantes; ahora tiene 90.000.
En la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental se han cerrado 300 escuelas. La RDA tenía 9.7 millones de trabajadores; ahora sólo hay 6 millones. (fuente de estos datos: Rafael Poch)
El 21% de la población de la exRDA vivía con miedo a perder su trabajo o su vivienda ya a los 5 años de la unificación.
El 75% declaraba que la RDA fue un “intento de conseguir una sociedad mejor”.
Parecidas cifras se mantenían en 2010: el 76% de la población de la exRDA pensaba que “el socialismo es una idea buena que ha sido mal aplicada”.
Asimismo, más del 80% de los alemanes exRDA aceptarían vivir en un régimen socialista si le asegura “un empleo, la solidaridad y la seguridad”. La proporción en el oeste es nada menos que del 72%.
Para combatir estas ideas, se fomentan las tendencias xenófobas y de extrema derecha, pues en la democracia burguesa ya no cree nadie.
Acumulación de la riqueza, política fiscal regresiva y corrupción
“En cuanto a los beneficios (excluidos impuestos e intereses) han evolucionado pasando de ser el 7% del PIB en el año 2000 a alcanzar la cifra de 11% en 2.008.
No es extraño que la acumulación de riqueza se acreciente, de modo que el 1% de los más ricos acumula el 12% de la renta alemana” (1).
Desde 1998 el número de ricos se ha doblado y la clase media ha perdido 5 millones de personas.
“El 10% de los ciudadanos posee el 65% de los activos y unos 650.000 alemanes -cerca del 1% de la población activa-, el 25%.” (3)
Se ha reducido “la fiscalidad sobre los beneficios empresariales para favorecer la competitividad.
Por otra parte ha subido los impuestos indirectos (el IVA y los impuestos sobre combustibles y bebidas alcohólicas)“ (1)
“Desde 1990 hasta hoy, los impuestos a los más ricos bajaron un 10%, mientras que la imposición fiscal a la clase media subió un 13%.
En veinte años la clase media se ha reducido, pasando del 65% a englobar al 59% “ (2).
“Si Alemania hubiera mantenido los niveles de imposición fiscal de 1998, su Estado habría recaudado 75.000 M de euros más por año.“ (1)
Los casos de corrupción han sido de envergadura. Relataremos algunos de los más sonados:
– En el 2000 la revista Liberationen da a conocer que François Mitterrand financió a la CDU (derecha alemana) con 256 millones de francos (unos 40 millones de euros actuales) a cambio de que la empresa francesa Elf-Aquitaine se quedara con la refinería de Leuna, de la exRDA
– También en 2000 se descubren cuentas de la CDU en Suiza y Lichtenstein que sirven para que la empresa alemana Siemens financie ilegalmente a este partido. Se habla del equivalente actual a millones de euros. A cambio, Siemens podía hacer lo que quería en el saqueo de la economía de la exRDA. La fuente es el semanario Kapital.
– Sólo entre 2000 y 2007 la empresa Siemens ha empleado 2,25 billones de euros en sobornos en todo el mundo. Destacan los casos de Nigeria, Rusia y Libia. Cuatro exministros nigerianos fueron sobornados con 12 millones de euros; este es el país que recibió más sobornos.
– Cuando el socialista Schröeder pierde las elecciones, es recompensado por sus buenos servicios como lamebotas del capital: preside el Consejo de Vigilancia (asesoría y control de la Dirección de la Empresa) de la empresa de mayoría rusa Compañía del Gasoducto Noreuropeo (NEGP). El gasoducto transportará a partir de 2010 gas desde el Mar Báltico a Alemania.
También se convierte en consultor del banco alemán Rothschild (banca de inversiones), del grupo editorial suizo Ringier y de la agencia norteamericana Harry Walker.
Crisis a partir 2001, aunque el crecimiento económico de los 90 no es muy alto
Antes de la crisis el crecimiento de la economía no era muy elevado.
Así, en 1996 fue del 1.4%, con una tasa de paro del 10,4% -la mayor desde la II Guerra Mundial-; crecimiento del 2.77% en 1998; del 0.6% en 2000.
En este año se produjo una venta masiva de empresas públicas.
La recesión de 2001 es la primera desde 1993.
La caída de las exportaciones determina la caída de la economía alemana, mientras que la demanda interna baja un 1.3%.
Entra en crisis la empresa Opel y otras grandes empresas entran en suspensión de pagos: Herliz, del sector de la papelería, con 3.000 trabajadores; Fairchild Dornier, del sector aeronáutico, con 4.300 trabajadores; Philipp Holsmann, del sector de la construcción, con 23.000 trabajadores; problemas en Kirch, grupo meditático, con 23.000 trabajadores.
En 2001 hubo 32.000 suspensiones de pagos y aún más en 2002.
Munich, la ciudad alemana más próspera, se declara en bancarrota.
Como es la sede de grandes empresas que ya no pagan impuestos debido a la caída de ventas y las pérdidas, los ingresos de la ciudad están bajo mínimos.
En 2004 apunta una cierta recuperación, que durará hasta 2008. El crecimiento, no obstante, sólo es del 1.7%.
La crisis de 2008: mantener la especulación financiera a costa del nivel de vida de los pueblos y cómo Estados Unidos quiere salvarse hundiendo a Europa.
La crisis avisa cuando los beneficios de 2007 del Dresdner Bank se reducen a la mitad, aunque, las exportaciones siguen su ritmo ascendente, con un crecimiento del 9% respecto al año anterior.
Pero en el segundo trimestre de 2008 el PIB cae un 1%. Se inician los rescates bancarios: Hypo Real Estate, por 3.500 millones de euros.
A finales de año le toca el turno al banco público BayernLB, por 5.400 millones de euros, y al Commerzbank, por 10.00 millones de euros, que será nacionalizado en los meses siguientes.
“Además de los grandes bancos privados, sobre todo el Commerzbank y el H.R.E, y algunos bancos públicos-el Landesbanken- tuvieron que ser rescatados mediante garantías públicas de hasta 400.000 M de euros” (1).
Caen las exportaciones y Alemania entra en recesión con un crecimiento negativo del -5% en 2009.
No obstante, no hay que perder de vista que el crecimiento de la economía tan sólo fue del 1.3% en 2007 y del 2,5% en 2008.
Se pone en marcha un plan de estímulo de la economía por 50.000 millones de euros para 2009 y 2010 (el 2% del PIB), hay rebajas fiscales, reducción de cuotas a la Seguridad Social, ayudas a la compra de vehículos y fomento de la inversión.
Aflora de nuevo la crisis de Opel, que necesita 3.300 millones de euros para mantener su liquidez.
Al final, entrarán en su accionario una empresa canadiense y un banco ruso. Volkswagen y Porsche acuerdan la fusión a partir de 2011. Cierran los periódicos “20 Cent Lausitz” y “20 Cent Saar”, los grandes almacenes Woolworth, con 11.000 trabajadores, están en quiebra, Arcandor (turismo y comercio) se declara insolvente.
La actual directora del FMI y entonces ministra de Economía de Francia dice que Alemania tiene que estimular el consumo interno porque al reactivar la economía alemana se ayudaría el resto de la Europa a salir de la crisis (quizá habría que recordarle estas declaraciones en estos momentos).
La banca alemana es la que más créditos de riesgo tiene en Europa: 213.000 millones de euros. Esto explica muchas de las cosas que pasan en Grecia, Portugal, España, Irlanda e Italia.
Tampoco hay que olvidar el endeudamiento interno: “para 2006 las familias tenían un endeudamiento del 68% del PIB; las empresas, el 59% del PIB y las Administraciones Públicas el 67% del PIB“ (1). En 2010, la deuda pública era el 75,7% del PIB.
La situación financiera, es, pues, muy complicada.
“No es de extrañar la posición del gobierno alemán en la crisis griega de exigir solvencia y plan de austeridad al gobierno griego para que los bancos alemanes puedan cobrar los créditos pendientes” (1).
Según Joaquin Almunia, Comisario europeo de Competencia, la situación de los bancos alemanes es “la más difícil de la UE”.
En 2010 se observa un cierto repunte de la economía, pero sin alcanzar los niveles de 2008.
No obstante, el crecimiento ha sido el doble del resto de países de la eurozona: 3,6% del PIB.
Todo ello gracias a las exportaciones a las ”economías emergentes”, especialmente China, que ha puesto en marcha el mayor plan de expansión de su economía. Pero el consumo privado alemán ha bajado un 2% respeto a 2009.
Para 2011, aunque se mantienen las previsiones de crecimiento (basadas exclusivamente en las exportaciones, como señala el propio FMI), se vuelve a una situación de estancamiento.
Prácticamente en la actualidad está en un crecimiento cero.
A lo que hay que añadir que actualmente se está viviendo una batalla descomunal en el seno del capitalismo: la crisis financiera es también un pulso entre los Estados Unidos y Alemania.
No sólo se trata de recuperar los capitales invertidos por la banca alemana; tampoco se trata solamente de que la deuda pública sea lo más cara posible para que los bancos y los capitales especulativos saquen beneficios descomunales a cambio de la miseria de los pueblos.
Se trata, además, de desprestigiar al mundo financiero europeo para que masas de capitales salten al otro lado del Atlántico y financien a la maltrecha economía yanqui;
los Estados Unidos quieren mantenerse a flote a cambio de que Europa se hunda.
“La crisis del euro se desencadenó por el ataque concentrado de las agencias de calificación estadounidenses Standard & Poors, Moody’s y Fitch contra la deuda de Grecia, España y Portugal.
Esa ofensiva está destinada a devolver a EE UU los capitales extranjeros necesarios para cubrir el creciente déficit de su balanza financiera.
Es una señal de advertencia a países como China, que había empezado a reequilibrar sus reservas de divisas comprando euros en lugar de dólares.
Para EE UU, en efecto, es un asunto urgente.
Hasta 2009, la financiación de sus déficits y la defensa del dólar estaban garantizadas por el saldo positivo de sus flujos financieros, pero no logró compensar sus déficits en ese ejercicio y se convirtió en un saldo negativo de 398.000 millones de dólares.
En el ámbito puramente económico, la ofensiva contra el euro sigue el mismo sesgo que la lucha contra el fraude fiscal iniciada por Obama en 2009. Se trata de devolver los capitales al regazo de Estados Unidos.” (4)
Notas:
1) “¿MOTOR ECONÓMICO DURADERO DE EUROPA? REBELION, ESPAÑA 161210 Antón Borja.
2) ALEMANIA VA BIEN, LOS ALEMANES NO TANTO- REBELION, ESPAÑA 040411 Rafael Poch -La Vanguardia.
3) DEGRADACIÓN SOCIAL EN ALEMANIA, SEGÚN LA ONU- REBELION, ESPAÑA 060811 Rafael Poch -La Vanguardia
4) EL FACTOR ALEMANIA: LA CREACIÓN DE UN MERCADO COMÚN CON ESTADOS UNIDOS, REBELION, ESPAÑA 270910 Jean-Claude Paye –Diagonal

Fuente imagen: Severin Nowacki – WEF – SWISS IMAGE – FOTOPEDIA

FUENTE http://www.argenpress.info/2011/10/alemania-no-es-como-nos-la-pintan.html

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