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Paradojas de la vida: los americanos se vuelven anticapitalistas, los chinos, supercapitalistas


Paradojas de la vida: los americanos se vuelven anticapitalistas, los chinos, supercapitalistas

17 Abril 2011

Por Juan Llobell

La crisis financiera que nos asfixia desde hace tres años nos está llenado la existencia de problemas –la colosal deuda de los estados, el rampante desempleo, el estancamiento económico…- y se está cargando algunos mitos –que los estados no quiebran, que los gobiernos y los bancos centrales habían aprendido a manejar los ciclos económicos para que no estallasen…–.

Pero hay un damnificado inesperado: el capitalismo.

El capitalismo como sistema económico y social de vida.

Un sondeo de la consultora Globalscan revela un estrepitoso descenso del apoyo público de los norteamericanos a la economía de libre  mercado.

Cae unos 15 puntos porcentuales, hasta el 59%, cuando en 2002, cuando se empezaron a elaborar estos sondeos, el apoyo era del 80%.

El dato es tremendamente sorprendente viniendo de un país que simboliza el capitalismo moderno, las bondades de la oferta y la demanda, y el amor a los  emprendedores y a la iniciativa privada.

Cierto es que allí la tasa de paro ha escalado hasta el 10%, una cifra insólita para ellos desde hace décadas, que la desigualdad salarial es creciente, que las clases medias y bajas hace lustros que no ven aumentar su renta disponible, y que los bancos  de Wall Street han cometido numerosas locuras que luego ha habido que curar con el dinero de los contribuyentes.

Pero bueno, hasta los estadounidenses pierden la fe en la economía de Adam Smith.

Curiosamente, son los chinos y los brasileños  los más entusiastas con el libre mercado al valorar positivamente el mercado en un 67% (un nivel alto que viene siendo habitual en los últimos años).

Claramente, el boom que están experimentado los mercados emergentes, que han pasado de puntillas por la crisis y que les está sacando de los niveles históricos de pobreza, explica el entusiasmo.

Pero no deja de ser llamativo que en una China dominada por el Partido Comunista y el ideario comunista, los chinos sean más americanos que los americanos.

La encuesta de opinión pública, que se ha hecho sobre una muestra unas 13.000 personas en 20 países, también depara otras sorpresas.

En España, la crisis también nos ha hecho menos crédulos con respecto a la economía de mercado. Hemos caído del 63% de entusiasmo por las bondades del capitalismo en 2006 al 51%.

No obstante, estamos muy arriba del 37% de aprobación del año 2002 (la fase de bonanza nos hizo más ‘capitalistas’; cuando a uno le va bien la feria, el sistema capitalista aparece como el mejor de los mundos posibles).

Finalmente, llaman la atención otros dos datos.

¿Saben cuál es el país en el que los ciudadanos creen que el capitalismo no es el mejor sistema? Entre los occidentales, Francia (sólo un 31% lo defienden); y entre los emergentes, Turquía (un 27% de apoyo).

Y ¿cuál es el más capitalista? Pues Alemania. Los alemanes están encantados con la economía de mercado en un 69% de los casos.

¿Será porque la feria le está yendo tan bien después del batacazo estrepitoso de 2009?

http://www.capital.es/2011/04/17/paradojas-de-la-vida-los-americanos-se-vuelven-anticapitalistas-los-chinos-supercapitalistas/

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REVIVIR LA UTOPIA


MIÉRCOLES 6 DE ABRIL DE 2011

REVIVIR LA UTOPIA

REVIVIR LA UTOPÍA

Popayán, 6 de abril de 2011

¿Por qué los críticos del capitalismo no logramos convencer a las mayorías mundiales con nuestra verdad? ¿Acaso no es un sistema social que muestra a diario su total inviabilidad económica, social, ambiental y cultural? ¿Tenemos problemas de enfoque o de actitud que nos impiden ser protagonistas de las soluciones y no ser simplemente críticos?

Son preguntas necesarias. Debemos plantearnos este tipo de interrogantes fundamentales para poder responder a las tareas inmediatas. No son ganas de filosofar ni de especular. Los últimos y trascendentales acontecimientos que ocurren en el mundo han mostrado graves falencias en el campo de los revolucionarios. No podemos ocultarlas.

¿Cómo explicar que ante un movimiento social y político de las dimensiones como el que se desarrolla en el Norte de África y el Medio Oriente, estemos enfrascados en el dilema de si apoyamos o no a un dictador como Kadaffi? ¿Cómo se concibe que los revolucionarios quedemos a la cola de los imperialistas en la lucha por la democracia? ¿Cómo justificar ante los pueblos y los trabajadores las vacilaciones que han llevado a importantes teóricos y actores de la revolución a enredarse con las “teorías del complot” o a distraerse con discusiones bizantinas sobre si son revoluciones o simples rebeliones?

Además, lo ocurrido en la central nuclear de Fukushima en Japón y la incertidumbre creciente que sienten amplios sectores de la humanidad frente al desequilibrio ambiental – que ya lo vivimos en carne propia –, ha vuelto a revivir la discusión sobre los “límites del desarrollo humano”. Algunos intelectuales quieren reducir el debate a los “límites del crecimiento económico” para no tener que enfrentar sus propios dilemas y vacíos.

Se aduce que los capitalistas tienen todo a su favor. Que son dueños de los medios de comunicación y/o cuentan con el capital para ponerlos a su servicio. Que la gente está narcotizada por el consumismo y obnubilada por el fetichismo de la mercancía. Así, pareciera que vamos hacia un inevitable cataclismo y que el exterminio de la vida orgánica en la tierra provocada por la irracionalidad humana sería sólo cuestión de décadas.

Capacidades humanas, recursos naturales, límites

El interrogante que está planteado es: ¿Los seres humanos seremos capaces de desarrollar a plenitud nuestras capacidades preservando – a la vez –, un ambiente que garantice la satisfacción plena de las necesidades humanas y la supervivencia de la vida orgánica en la tierra? O… ¿Estaremos condenados a repetir experiencias de civilizaciones que agotaron sus recursos y desaparecieron de la faz de la tierra como sociedades específicas?

Hace pocos días en la presentación del libro “¿Economistas o criminales?” del joven profesor universitario colombiano Renán Vega Cantor, se planteaba que una de las falacias de los teóricos del neoliberalismo se basa en la certeza de que los recursos aprovechables por el ser humano son inagotables, infinitos, sin límite. Que el agotamiento de los recursos terrestres según ellos no era un problema: los substituirían con los de Marte u otro planeta.

¿Qué pensamos los revolucionarios sobre este tema? Por lo que hemos observado hay tres tendencias reconocidas:

Una, acepta que los recursos de la naturaleza son infinitos. Los límites están en nuestras capacidades para explotarlos. La causa principal de esa limitación está en la economía crematística que lleva a la irracionalidad del sistema productivo y a la depredación insensata de la naturaleza. De acuerdo a este pensamiento, si la sociedad “se conquista a sí misma” se abrirá a posibilidades inimaginadas en cuanto al aprovechamiento de esos recursos y al desarrollo de sus inmensas capacidades. Le llamo la posición “optimista”.

La otra posición o tendencia se plantea el problema en el terreno de cuestionar el paradigma del desarrollo y el crecimiento. Nos dice: “Conformémonos con lo que somos y tenemos”. Es la filosofía del “Buen vivir”, elaborada a partir de lecturas parciales de las teorías de la “Decolonialidad del poder”. Su planteamiento principal es que no podemos “jugar a ser dioses” y que la naturaleza – el “Pachamama” –, nos castigará por violentar sus leyes y traspasar los límites. Le llamo la actitud naturalista y ambientalista.

Una tercera posición se plantea dentro del campo del pragmatismo. Como no hemos podido derrotar el capitalismo ni construir la sociedad socialista y/o comunista, es necesario – para preservar la existencia de la vida humana en la tierra – impulsar políticas y acciones dirigidas al “decrecimiento” de las áreas productivas más dañinas a fin de mantenernos dentro de los límites que el planeta tierra nos impone, y paralelamente ir construyendo alternativas hacia el futuro.

Dichas posiciones no son absolutamente contradictorias. Surgen de contextos y miradas diversas. Existen multiplicidad de variantes o combinaciones que van desde los optimistas radicales o “esotéricos cósmicos” hasta los pesimistas obsesivos o “fatalistas apocalípticos” que ya deben estar en el centro de la Amazonía o en algún otro lugar inaccesible esperando el fin del mundo. Entre los neoliberales y creyentes religiosos también existen múltiples variantes.

Posición revolucionaria “clásica”

Si la riqueza social (conocimiento, tecnología, producción), que actualmente crea la humanidad se dedicara a fortalecer las capacidades humanas – no de una minoría sino de todos los seres humanos –, la liberación de creatividad nos proyectaría hacia la generación y utilización de nuevas y poderosas fuentes de energía que podrían satisfacer las necesidades vitales de toda la población y promoverían la exploración, el conocimiento y el uso racional de los inmensos recursos que existen en el planeta y en el universo.

Es cierto que los recursos existentes en la tierra son limitados. Son insuficientes – en lo fundamental –, debido a la cultura irracional que nos ha impuesto el sistema capitalista. Un solo ejemplo sirve de demostración: los cereales que produce la humanidad son suficientes para alimentar diez (10) veces a toda la población mundial en un año. El problema consiste en que el 90% de la producción cerealística se utiliza para alimentar a miles de millones de animales bovinos, porcinos, ovinos, caballares, aves y demás, que satisfacen la necesidad de productos cárnicos de sólo el 10% de los humanos. Es un extremo de absurda inequidad y desperdicio.

Igual pasa con los recursos energéticos no alimentarios. Si la humanidad se “conquistara” a sí misma, superando la organización social existente que estimula el poder de la fuerza (ley animal), la utilización de fuentes de energía fósil (carbón, petróleo), y la economía crematística basada en la apropiación monopólica y privada del trabajo social, en pocos años se generarían proyectos para explotar fuentes de energía alternativas, no contaminantes, como la geotérmica, eólica, hidráulica, de las mareas, y muchas más aún en experimentación o completamente desconocidas. Es casi seguro que ya existen esas fuentes de energía en laboratorio o a pequeña escala. Sin embargo, los todopoderosos consorcios capitalistas que basan su poder en la industria automovilística, la química del petróleo y la guerra, no están interesados en una revolución cultural y tecnológica que ponga en riesgo sus inmensos monopolios.

Todo apunta a que el entorno de los capitalistas no tiene capacidad de reacción. El tren capitalista rueda sin freno. Si los trabajadores, los pueblos y los sectores democráticos del mundo no reaccionamos a tiempo, el capitalismo nos arrastrará a desastres “naturales”, “ambientales”, nucleares o bélicos que nos colocan en grave riesgo de extinción. La alerta está cantada y las señales en rojo.

Tal situación obliga a los críticos del sistema capitalista a replantear la actitud. Además de denunciar los crímenes del capitalismo y las falacias de los teóricos neoliberales – cuyo mayor crimen es querer justificar lo injustificable –, debemos superar nuestra posición defensiva y defensista. Dicha postura nos han convertido en una especie de “agoreros de la infelicidad”, “futurólogos de la desgracia” o “casandras del apocalipsis”. Esa es la principal razón por la cual nuestro mensaje y acción revolucionaria no es suficientemente efectiva. No tiene – en principio – buen recibo.

Tenemos que reconquistar la esencia de la Utopía. Ninguna revolución puede hacerse mirando hacia atrás. Hay que rescatar la capacidad de soñar despiertos. Los pueblos, los trabajadores y la misma naturaleza nos están pidiendo un cambio de actitud. No les dejemos el campo abierto a los propagandistas del capitalismo. Tampoco les ayudemos a los sumos sacerdotes de las religiones punitivas que predican el castigo divino usando el miedo al futuro. Recuperemos la iniciativa revolucionaria.

Es obligatorio retomar el camino que nos dejó trazado el “viejo moro”. Claro, caminando con nuestros propios pies y descubriendo con ojos universales. Hay que hacerlo – ahora – no sólo con la razón y la conciencia sino con el corazón y el sentimiento. ¿Es posible?

Recuperar la democracia


Recuperar la democracia

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 7 de abril de 2011

Este artículo señala que las políticas de austeridad del gasto público social (que están debilitando todavía más al subfinanciado estado del bienestar español) responden a los intereses del capital financiero y de las grandes empresas así como de las rentas superiores (que han sido los grupos más beneficiados de las políticas fiscales regresivas llevadas a cabo por el estado español).

El artículo señala que hay otras políticas alternativas posibles que ni siquiera se consideran como resultado de la enorme influencia que tales grupos tienen sobre el estado español (tanto central como autonómico), viciando y obstruyendo la democracia española ya en sí muy limitada.

El artículo concluye con la necesidad de que la ciudadanía se movilice para recuperar la democracia.

Hoy en día estamos viendo movilizaciones populares en muchas partes del mundo –desde los países árabes a Wisconsin (EEUU), pasando por la mayoría de países de la Unión Europea– que exigen cambios de las políticas llevadas a cabo por gobiernos y por estados que se perciben insensibles a los deseos de la mayoría de la población.

En estas manifestaciones –a pesar de la elevada diversidad de situaciones– hay un elemento común: la protesta frente a una enorme concentración de poder económico y político que obstaculiza la expresión democrática. Y un ejemplo de ello es España.

Estamos viendo en España la puesta en marcha, por parte del Estado (tanto central como autonómico), de recortes muy sustanciales del gasto público, incluyendo el gasto público social que financia las transferencias públicas –como las pensiones– y los servicios públicos del Estado del bienestar tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios a las personas con dependencias, escuelas de infancia, servicios sociales y otros.

Estos recortes están afectando de una manera muy marcada a la calidad y cobertura de tales servicios empeorando la situación existente, que ya era insuficiente antes de que se iniciara la crisis.

España en 2008 estaba a la cola de la Unión Europea de los 15 (UE-15, el grupo de países de semejante desarrollo a España) en gasto público social. Nos gastábamos en el Estado del bienestar sólo el 19% del PIB (el más bajo de la UE-15, cuyo promedio era del 24%, mientras que el de Suecia era del 28%).

Una consecuencia de ello es que sólo el 9% de la población adulta trabajaba en los servicios públicos del Estado del bienestar (el promedio de la UE-15 era del 15%, y en Suecia, del 24%). Los recortes que están ocurriendo ahora están disminuyendo todavía más tal empleo.

La estructura de poder (que se basa en el 20-30% de la población, la de mayor renta) no parece consciente de este enorme retraso y subfinanciación, pues utiliza principalmente los servicios privados.

Envían a sus hijos a la escuela privada (que recibe los subsidios más altos existentes en la UE-15, llamado concierto) y cuando caen enfermos van a la sanidad privada.

Esta estructura de poder (que tiene enorme influencia política y mediática en España) promueve el mensaje de que no hay otra alternativa a tales políticas de recortes.

Argumentan que hay que recortar el gasto público para reducir el déficit del Estado y la deuda pública, a fin de calmar los mercados financieros y que así estos nos presten dinero a intereses razonables.

Esta explicación, que a base de repetirse miles de veces se ha convertido en un dogma, es profundamente errónea y se promueve porque sirve a los intereses de esta estructura de poder, que utiliza la presión de los mercados financieros como excusa para llevar a cabo lo que ha deseado hacer desde siempre.

Los datos muestran claramente que no es cierto que en España no existan recursos para financiar un Estado del bienestar de primera clase.

España no es pobre. El PIB per cápita es ya el 94% del promedio de la UE-15, pero el gasto público social por habitante es sólo el 74% del promedio del gasto público social promedio de la UE-15.

Si nos gastáramos lo que nos pertenece por el nivel de desarrollo económico que tenemos, es decir el 94%, nos gastaríamos 80.000 millones de euros más, con los cuales se podrían cubrir las enormes insuficiencias. España, pues, tiene los recursos.

 Lo que ocurre es que el Estado no los recoge. En lugar de ello, el Estado ha estado pidiendo préstamos a la banca extranjera, endeudándose y financiando escasamente su Estado del bienestar. España, como Grecia y Portugal, tiene unos ingresos al Estado muy bajos y un fraude fiscal muy elevado.

Como admitió sorprendentemente un dirigente del Deutsche Bank, uno de los banqueros más importantes de Alemania, “ha existido durante los años de boom una alianza entre las clases más pudientes de los países de la periferia de la UE, que no pagaron impuestos al Estado, y la banca, que se ha beneficiado de la baja carga impositiva al prestar dinero al Estado para financiar su dimensión social”.

Y ahí está la raíz del problema. La estructura de poder no está contribuyendo al Estado lo que debiera por su nivel de riqueza.

El trabajador de la manufactura en España paga el 74% de los impuestos del trabajador de la manufactura sueca. El empresario, sólo un 38%.

Y empeorando la situación, el Estado ha reducido más y más los impuestos, lo que ha beneficiado sobre todo a las rentas superiores.

Los propios inspectores de Hacienda han indicado que podrían recogerse más de 38.000 millones de euros, centrándose en estos sectores, sin afectar a la carga impositiva de la mayoría de la población.

El déficit del Estado podría reducirse a base de aumentar los impuestos de estos sectores en lugar de empobrecer todavía más al Estado del bienestar.

En realidad, durante la crisis la gran mayoría de las empresas del Ibex-35 han continuado teniendo grandes beneficios, siendo la banca española una de las que tienen más beneficios en Europa.

El Banco Santander ha conseguido 35.000 millones de euros de beneficios netos (es el banco que ha conseguido más beneficios en el mundo, después de dos bancos chinos).

Estos recortes de gasto público social se están haciendo a pesar de que la mayoría de la población está en contra.

Es una decisión más (otra es el retraso de la edad obligatoria de la jubilación) que muestra la enorme distancia entre los gobernantes y los gobernados.

De una manera creciente, los establishments políticos y mediáticos que dirigen el país están imponiendo medidas en contra del parecer de la ciudadanía.

 De ahí que las poblaciones, en su indignación –que ocurrirá si se le provee de información que cuestione el dogma de que no hay otra alternativa–, deben manifestarse y agitarse socialmente para recuperar la democracia en España.

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La miseria del antiimperialismo


“En efecto. Vivimos una crisis del sistema donde todo está interconectado. La crisis es financiera, económica, climática, alimentaria, migratoria. Una crisis que toca la gestión mundial, porque no hay ninguna institución mundial que goce de real credibilidad. El G20 no es más legítimo que el G8. Y las Naciones Unidas no logran jugar el rol previsto por su Carta.

Es verdad que esta crisis es el producto del avance de la desregulación, pero está también ligada al mismo sistema. El mensaje del FSM deberá ser aún más claro que cuando nació hace 10 años. Subrayar la necesidad de la globalización de la resistencia y de las alternativas para proponer un sistema alternativo al sistema capitalista patriarcal globalizado.

Los que se reúnen en Davos siguen por el momento con la capacidad de lanzar ofensivas contra los “de abajo”.

Estos, están poco a poco superando su fragmentación –aunque con dificultades- para progresar en la dirección de ofrecer una alternativa global que es más que necesaria. Y pienso que la solución no pasa por reformar el actual sistema sino claramente contra éste.”

Eric Toussaint, presidente del Comité por la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo. Foro Social Mundial (FSM)

La miseria del antiimperialismo (al menos el uso actual del término)

La rebelión Libia nos está obligando a posicionarnos, y por lo tanto, algunas máscaras empiezan a caerse para desvelar realmente cuales son los planteamientos ideológicos de unos y otros.
Ya no valen titubeos, posiciones equidistantes y silencios.
Libia obliga a estar o no estar.
Me llama profundamente la atención como se está usando el término antiimperialismo como única defensa de posiciones pro Gadafi, o al menos, condescendientes con Gadafi y no claramente a favor de la rebelión Libia.
Comprobado que en el centro y fondo de la discusión actual se encuentra lo que entendemos por antiimperialismo, cabe entonces preguntarse qué es eso del antiimperialismo y preguntarnos cuál es el uso actual del término.
Yendo al origen de la idea desde un punto de vista marxista, es necesario citar a Lenin.
(…) Pero las definiciones excesivamente breves, si bien son cómodas, pues resumen lo principal, son, no obstante, insuficientes, ya que es necesario deducir de ellas especialmente rasgos muy esenciales del fenómeno que hay que definir.
Por eso, sin olvidar la significación condicional y relativa de todas las definiciones en general, las cuales no pueden nunca abarcar en todos sus aspectos las relaciones del fenómeno en su desarrollo completo, conviene dar una definición del imperialismo que contenga sus cinco rasgos fundamentales siguientes, a saber:
1) la concentración de la producción y del capital llegada hasta un grado tan elevado de desarrollo que ha creado los monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica;
2) la fusión del capital bancario con el industrial y la creación, sobre la base de este “capital financiero”, de la oligarquía financiera;
3) la exportación de capital, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere una importancia particular;
4) la formación de asociaciones internacionales monopolistas de capitalistas, las cuales se reparten el mundo,
y 5) la terminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.
El imperialismo es el capitalismo en la fase de desarrollo en la cual ha tomado cuerpo la dominación de los monopolios y del capital financiero, ha adquirido una importancia de primer orden la exportación de capital, ha empezado el reparto del mundo por los trusts internacionales y ha terminado el reparto de todo el territorio del mismo entre los países capitalistas más importantes. (…)” [1]
Entiendo que todos podemos reconocer en la cita de Lenin la situación actual.
La globalización o el desarrollo global del capitalismo ha traído consigo términos como la dictadura de los mercados y el aumento del poder de organizaciones supranacionales capitalistas como el Fondo Monetario Internacional (FMI), Organización Mundial del Comercio (OMC), agencias de calificación, multinacionales, etcétera.
En todas estas organizaciones supranacionales no legitimadas por la ciudadanía reconocemos los puntos del 1 al 4 de la cita de Lenin, que podemos resumir en el control de las políticas nacionales a través de las presiones financieras y de los mercados.
Cabe pararse a analizar el punto número 5, el reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes.
Distingo dos concepciones diferentes del control del territorio por parte de las potencias capitalistas.
  • La concepción del imperialismo británico.
    El imperialismo británico comprendido entre los siglos XVI al XX se basaba en el control militar del territorio.
    A través de la acción militar se controlaba la vida pública, política y comercial de los territorios ocupados en beneficio de la metrópoli.
  • La concepción del imperialismo estadounidense.
    El imperialismo estadounidense es más sutil aunque actualmente, con la crisis financiera, es más visible.
    Es el control comercial de los territorios con la continúa amenaza de la fuerza.
    Este control comercial se hace de varias maneras o una combinación de ellas, a saber, a través de presiones de organismos supranacionales como el FMI o la OMC, implantación de multinacionales en el territorio, control político de las dictaduras o democracias a través de la corrupción, golpes de estado.
    Detrás de este control comercial siempre está presente la amenaza del uso de la fuerza, de la capacidad armamentística, por parte de las potencias capitalistas más importantes.
    Hay que destacar que la forma más habitual que usa el imperialismo estadounidense para controlar un territorio del cual ha perdido el control es el golpe de estado usando fuerzas militares internas del país en cuestión, casos Venezuela 2002 y Honduras 2009.
Aunque he usado dos países concretos para definir las diferentes concepciones que encuentro en el control de los territorios, esto no excluye que EE.UU use en ocasiones la forma imperialismo británico, casos de Vietnam, Afganistán e Irak entre otros.
Volvamos a Libia.
Bajo el prisma imperialismo/antiimperialismo que se deriva de este análisis y más allá de otros análisis de la situación económica y social de Libia, se pueden distinguir dos constataciones:
  • En Libia existe una rebelión popular, no es un golpe de estado militar al uso.
  • Libia ya era un territorio controlado por el imperialismo, las multinacionales del petróleo ya se encontraban en territorio Libio y el FMI aplaudía las políticas económicas libias [2].
Llegamos a la conclusión pues, de que realmente estamos ante una rebelión en contra del régimen Libio y su deriva pro imperialista y pro capitalista por razones en su mayoría globales más allá del propio contexto libio.
Es una rebelión árabe en contra del imperialismo dominante en la región, incluido el territorio de Libia.
Y sin embargo la izquierda europea y latinoamericana duda en que posición adoptar, pues el significado del término antiimperialismo ha sido secuestrado para definir solamente posturas anti-estadounidenses, y EE.UU se ha posicionado en contra de Gadafi.
Esta concepción del antiimperialismo, esta concepción que no conlleva más análisis que colocarse en frente de la política adoptada de EE.UU, es la que califico de mísera y pobre.
De las recientes palabras de Fidel Castro, deduzco que reconoce en cierta manera que la rebelión en Libia no ha sido provocada por el imperialismo estadounidense, aunque obviamente el imperialismo intenta sacar partido de la situación actual.
“(…) El imperialismo y la OTAN seriamente preocupados por la ola revolucionaria desatada en el mundo árabe, donde se genera gran parte del petróleo que sostiene la economía de consumo de los países desarrollados y ricos no podían dejar de aprovechar el conflicto interno surgido en Libia para promover la intervención militar. (…)” [3]
Aún así, es un claro ejemplo de concepción del antiimperialismo simplemente como la postura contraria a la política adoptada por EE.UU; cuando la postura antiimperialista, en mi opinión, debería ser la de apoyo y sustento a los que luchan en contra de un régimen pro imperialista y pro capitalista por muchos avances sociales que en teoría haya realizado en el país y por muchas incertidumbres que tengamos sobre el resultado final de esta lucha o del carácter de la rebelión.
Por otra parte, el presidente venezolano Hugo Chavez promueve una mediación internacional, promueve en otras palabras una salida airosa de Gadafi, un no-cambio, un frenazo a la rebelión.
Si entendemos la revolución como un proceso de cambio, incluso si entendemos el comunismo como “el “movimiento real”, al decir del propio Marx, que refuta y supera el estado de cosas actual” [4]; proponer un no-movimiento, un no-cambio, es equivalente a hacer una propuesta contrarrevolucionaria.
Y si cabe alguna duda de la alineación de Chavez con Gadafi, el propio Gadafi en estas últimas horas está solicitando la entrada de una delegación de la ONU en la zona [5], en contra de lo declarado por los rebeldes que no desean ningún tipo de intervención extranjera en Libia.
Si hacemos un poco de memoria, la declaración del carácter socialista de la revolución cubana se fecha el 16 de abril de 1961, algo más de dos años después del triunfo de la revolución y cuatro años después del inicio de la misma. ¿
Alguien se imagina a algún sector de la izquierda de aquel entonces proponer en ese periodo de cuatro años una mediación internacional al conflicto cubano?
La concepción actual del antiimperialismo nos lleva a centrar el análisis sobre el peligro de la intervención de la OTAN en Libia, evitando así (intencionadamente o no) cualquier análisis sobre el carácter de la rebelión Libia en concreto, y de la rebelión árabe en general.
Estamos tan obsesionados con EE.UU que aún no hemos analizado el papel de contrapoder que está ejerciendo China en este asunto. Del imperialismo burocrático chino, si se me permite la expresión.
Sin embargo, y en contraposición a la actitud conservadora y equidistante de los líderes socialistas latinoamericanos y europeos (por ejemplo del Partido Comunista de España [6]); encontramos apoyos a la rebelión libia de parte del Partido Socialista de los Trabajadores de Argelia [7], partido tunecino de Izquierda Renovación [8] y Partido Comunista de Egipto [9]; por citar algunos. También el Secretariado Unificado de la IV Internacional se posiciona al lado de los rebeldes libios [10].
El uso del término antiimperialismo en la actualidad, en cuanto posición contraria a la de EE.UU, nos lleva a la conclusión de que la OTAN no debe entrar pues derrocaría a Gadafi para poner un dictador o una democracia controlada.
Pero un análisis más profundo debería llevarnos a la conclusión de que la entrada de la OTAN es peligrosa porque desarmaría al pueblo armado que se ha levantado contra su tirano.
Y la diferencia no es banal, pues mientras en el primer caso nos lleva a posicionarnos junto a Gadafi, en el segundo caso nos estamos posicionando junto a los que se han alzado en armas.
¿Y qué es la revolución sino el pueblo armado que se alza en contra del poder establecido?
En la actualidad, la causa antiimperialista es mísera en su tercera acepción, “pobreza extremada” [11], en cuanto simple y falta de raciocinio, pero también es mísera en su cuarta acepción, “plaga pedicular, producida de ordinario por el sumo desaseo de quien la padece” [11], porque se extiende como una plaga de piojos que chupa la sangre y debilita cualquier análisis razonado, socialista y marxista de las realidades a las cuáles nos enfrentamos.
Evitemos, pues, que el antiimperialismo nos impida adoptar una posición anticapitalista.
[1] V. I. Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo, Ediciones en lenguas extranjeras, Pekin 1975, páginas 113 – 114
[2] Telesur, FMI felicitó a Libia por logros macroeconómicos, http://multimedia.telesurtv.net/23/2/2011/27624/fmi-felicito-a-libia-por-logros-macroeconomicos/
[4] Carlos Rivera Lugo, El comunismo jurídico, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=117096
[5] Diario Público, Gadafi invita a la ONU a inspeccionar Libia, http://www.publico.es/internacional/364755/gadafi-invita-a-la-onu-a-inspeccionar-libia
[6] Partido Comunista de España, Ante los asesinatos de manifestantes en Libia, http://www.pce.es/secretarias/secinternacional/pl.php?id=4460
[7] Parti Socialiste des travailleurs, Non au massacre du peuple libyen! Solidarité!, http://membres.multimania.fr/pstdz/position.htm#Libye
[8] Mouvement Ettajdid, Solidarité avec la Révolution du People Libyen, http://ettajdid.org/spip.php?article613
[9] Communist Party of Egypt, http://egyptian.wordpress.com/
[10] Buró Ejecutivo de la IV Internacional, ¡Apoyo a la revolución libia! ¡Fuera Gaddafi!, http://puntodevistainternacional.org/spip.php?article350
[11] Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española, definición de miseria, vigésima segunda edición, http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=miseria

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