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Las mentiras de Botín Los bancos y solo los bancos son los culpables de la crisis RECOMENDADO por JUAN TORRES


Las mentiras de Botín

Miércoles, 01 de Febrero de 2012

 

El título de este artículo puede parecer demasiado fuerte y yo mismo reconozco que lo es. Pero es que me resulta muy difícil creer que el dueño de uno de los bancos más grandes del mundo esté tan mal informado de lo que viene ocurriendo en la economía y las finanzas mundiales como para decir lo que acaba de decir sobre los culpables de la crisis.

Puede ser que le suceda lo que el Premio Nobel Stiglitz dice que le pasa a los banqueros centrales, que no ven la realidad porque están muy ideologizados y solo leen aquello que corrobora sus ideas.

Pero incluso así, suponiendo que las declaraciones públicas de Botín fueran simplemente el resultado de su ignorancia, lo cierto es que con ellas engaña a la gente. Y es por eso que me parece justo calificarlas como mentiras o patrañas.

Los culpables de la crisis son los bancos

Acaba de declarar Botín anunciando los resultados de su banco que los responsables de la crisis son los políticos porque “no han sabido manejar la situación” (Público, 31-01-2012, “Botín culpa a los políticos de la crisis mundial”.

Es mentira. Incluso alguien tan poco sospechoso de izquierdismo como Warren Buffet, uno de las tres o cuatro inversores más ricos del mundo, lo dijo claramente: “Los bancos se han expuesto demasiado, han asumido demasiados riesgos. Así que el problema es evidentemente de los bancos. Son quienes tienen la culpa. No hay por qué echársela a nadie más” (El País, 25-05-2008,“Los bancos tienen la culpa”.

Y esa es la verdad. Hoy día sabemos a ciencia cierta que los responsables últimos y directos de haber causado todo lo que ha pasado en la economía mundial han sido los bancos.

– Los bancos han provocado la crisis porque dejaron de cumplir su función de intermediarios entre el ahorro y la inversión productiva para destinar los recursos que recibían y creaban a la especulación improductiva.

– Los bancos han provocado la crisis porque, para ello, crearon y difundieron millones de productos financieros opacos y muy arriesgados, muy rentables inicialmente pero sumamente peligrosos a poco que cambiara la situación, como el tiempo demostró, es decir, pura basura financiera. La fueron acumulando en sus balances mientras traspasaban el riesgo a otros bancos o a los demás sujetos económicos y así dieron lugar a la crisis financiera.

– Los bancos han provocado la crisis porque para difundir esos productos basura recurrieron a todo tipo de artimañas, fraudes, engaños, estafas, mentiras y trampas ante su clientela. Solo en España los jueces han dictado ya más de 400 sentencia condenatorias contra los bancos por colocar a sus clientes “swaps”, permutas financieras o “clips”, entre otras denominaciones comerciales, como si fueran un seguro ante la variación en los tipos de interés cuando en realidad era productos muy arriesgados que solo favorecían a las entidades bancarias (El Economista.

Y esos 400 no son todos los casos porque la Asociación de Usuarios Afectados por Permutas y Derivados Financieros (Asuapedefin) calcula que en España existen entre 200.000 y 400.000 particulares y minoristas con este tipo de productos financieros (El Economista, 14-11-2011, La banca acumula más de 400 sentencias en contra por los ‘swaps’ hipotecarios).

Y hay también otros 700.000 ahorradores españoles afectados por la estafa de las llamadas participaciones preferentes que los bancos colocaron también engañosamente sus clientes por un volumen total de unos 12.000 millones de euros, (TVE, El fraude de las preferentes).

– Los bancos han provocado la crisis porque para ocultar y disimular todas esas estafas contrataron a las agencias de calificación que calificaron como de máxima solvencia a las hipotecas y los derivados que colocaban en el mercado, creando así el clima de engaño y de falsa seguridad necesario para  multiplicar la difusión de millones de productos financieros que en realidad eran pura basura financiera.

– Los bancos son culpables de la crisis porque ellos mismos y sus empresas de tasación han sido los responsables directos de la subida de precios de la vivienda y de las burbujas inmobiliarias, lo que les convenía para que así aumentara el volumen de créditos que ofrecían a sus clientes.

– Los bancos son culpables de la crisis porque han abusado de su capacidad de creación de dinero mediante la generación de crédito saltándose para ello a la torera todas las reglas de la prudencia bancaria, dando créditos hipotecarios a más del 100% del valor de las viviendas o a empresas por encima de los niveles aconsejables.

– Los bancos son culpables de haber provocado la crisis porque, para aumentar sus beneficios, disimularon mediante trampas contables el riesgo que acumulaban y no acumularon el volumen de reservas necesario para hacer frente a la morosidad que irremediablemente iba a producirse como consecuencia de su propia política de sobreendeudamiento.

– Los bancos son culpables de la crisis porque es evidente que durante los últimos años han hecho todo lo que ha estado en sus manos para que los gobiernos aplicaran las políticas que han producido la gran desigualdad que a ellos les conviene para que los niveles altos de renta les proporcionen grandes volúmenes de ahorro y los bajos tengan que endeudarse más.

– Los bancos son culpables de la crisis por haber utilizado los paraísos fiscales y por ser los instrumentos necesarios para que se pueda llevar a cabo el fraude y la evasión fiscal que se encuentra a niveles tan desorbitados. Los bancos se han convertido en cooperadores necesarios del engaño a Hacienda y ellos mismos en una fuente principal de evasión de ingresos, disminuyendo así la capacidad de actuación de los gobiernos.

– Los bancos son culpables de la crisis por haber financiado también a la clase política más corrupta para que llevara a cabo las medidas de desregulación y permisividad que han ido necesitando para salir adelante.

– Los bancos son culpables de la crisis porque su actuación irresponsable les ha llevado a la quiebra impidiendo así que las empresas y consumidores dispongan de la financiación que es imprescindible para poder funcionar y crear empleo.

– Los bancos son culpables de la crisis porque, cuando estalló, en lugar de asumir el daño que habían provocado engañaron a los gobiernos y a la sociedad haciendo creer que se trataba de una situación pasajera cuando en realidad habían perdido toda su solvencia.

Y porque reclamaron entonces y siguen reclamando ayudas y más ayudas como si fueran las últimas cuando saben perfectamente que todas las que reciban serán insuficientes puesto que su agujero patrimonial es gigantesco y los problemas que eso ha creado en el sistema bancario internacional es sencillamente irresoluble bajo las condiciones en que ha venido funcionando.

– Los bancos son culpables de la crisis por haber impuesto una política de retribuciones astronómicas a sus directivos para lograr así el aumento de sus beneficios con independencia de cualquier consideración ética o de los efectos de su actuación en el conjunto de la economía y la sociedad.

– Y, en fin, los bancos son culpables de la crisis porque es evidente que son ellos quienes están imponiendo las políticas que en lugar de permitirnos salir de la crisis es evidente que no llevan a una fase aún peor, de depresión, que sufriremos durante años.

La banca y la clase política

Miente también Botín cuando echa la culpa de la crisis a la clase política ocultando que la clase política no ha actuado motu proprio sino presionada constantemente por los bancos que se presentan ahora como los mercados.

Los bancos financian a los partidos, pagan a periodistas, son los dueños efectivos de los medios de comunicación, dominan incluso la decisión de los rectores universitarios y de los lideres de opinión. Son los que tienen el poder real en nuestras sociedades.

Así lo prueba mejor que nadie el propio Emilio Botín que solo gracias a que tiene más poder real que los gobiernos puede actuar con impunidad y cometer todo tipo de actos irregulares sin que sea condenado por ello.

Así, según informó El País, consiguió que la entonces Secretaria de Estado de Justicia y posteriormente Vicepresidenta del Gobierno cursara al Abogado del Estado “instrucciones sobre su actuación en el caso de las cesiones de crédito”, concretamente, pidiendo que no se dirigiera “acción penal alguna por presunto delito contra la Hacienda Pública, contra la citada entidad bancaria o sus representantes”.

Gracias a ello, ni siquiera fue juzgado por unas irregularidades financieras por las que la acusación solicitaba para el presidente del Banco de Santander “un total de 170 años de prisión y una multa de 46.242.233,92 euros (7.694.060.334 pesetas), además de una responsabilidad civil de 84.935.195,86 euros (14.132.027.499 pesetas), que es el perjuicio causado con su actuación a la Hacienda Pública”. (El País, 27-05-2008, “Rato atribuye la decisión de no perseguir a Botín en 1996 a De la Vega”).

Como también lo prueba el que Botín haya conseguido que el gobierno ya en funciones de Rodríguez Zapatero indultara de forma vergonzosa y vergonzante al consejero delegado del Banco de Santander condenado en firme por delinquir en el ejercicio de su actividad bancaria.

Las declaraciones de Botín ni siquiera se pueden considerar una verdad a medias.

Como he demostrado en otros artículos, es verdad que la gran estafa cometida por los bancos no habría sido posible sin la complicidad de la mayoría de las autoridades, de gobiernos y bancos centrales que modificaron las leyes para que pudieran llevar a cabo sus tropelía, que miraron a otro lado cuando engañaban a la gente y cuando generaban el riesgo tremendo que se sabía que antes o después estallaría llevándose por delante a la actividad de millones de empresas y empleos.

O que, ya en plena crisis, se han dedicado a salvar el bolsillo de los bancos y banqueros dándoles billones de euros a costa de los contribuyentes.

Pero eso ha sido y es así, como he señalado, porque el poder real no lo tienen esas autoridades sino porque los bancos están llevando a cabo, en palabras de Habermas referidas concretamente a Europa, “la demolición de la democracia” imponiéndose cada vez más sobre los poderes representativos e incluso, como está sucediendo recientemente, suplantándolos directamente.

Por eso no es nada de extrañar que Botín alabe al nuevo gobierno, es el suyo: un colega banquero, nada más y nada menos que procedente de Lehman Brothers, es el ministro de Economía y el director de la asesoría jurídica de su banco ha sido nombrado subsecretario de Presidencia (ver “Gobierno de España S.A.”, Público 29-01-2012)

Y también fabula Botín cuando afirma que la reforma laboral es urgente para crear empleo y para resolver los problemas que ha planteado la crisis. Pero de eso me ocuparé en otro artículo que publicaré en los próximos días.
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Los bancos centrales provocan subidas de precios y desempleo


Los bancos centrales provocan subidas de precios y desempleo

Jueves, 14 de Abril de 2011

Publicado en Sistema Digital el 15 de abril de 2011

La actividad económica es un conjunto de procesos y de relaciones entre sujetos, instituciones y entorno interconectados sistémicamente. Aunque haya actividades singulares, el conjunto no puede funcionar “a trozos”, como si la economía se tratase de una simple suma de compartimentos estancos. Y mucho menos, en una época de gran apertura e internacionalización de todas las economías.

Por eso es estúpido tratar de arreglar los problemas de índole general que puedan afectarle (que son los que generalmente requieren respuestas más eficaces) “trozeando” las soluciones. Por ejemplo, aplicando por un lado la política fiscal y por otra la monetaria, o la de empleo, o la industrial o la energética… sin procurar que todas contemplen la situación económica que tratan de solucionar en su conjunto y estén suficientemente coordinadas.

Por esta razón, la actual concepción del Banco Central Europeo, concebido como un simple ejecutor de medidas monetarias orientadas a combatir el único problema de la inflación (por muy importante que llegara a ser) con independencia de otros relativos al crecimiento de la actividad, del empleo o el bienestar, es un error de gran calibre y de fatales consecuencias.

Puede ocurrir, como voy a explicar enseguida que está ocurriendo ahora, que incluso tratando de frenar el alza de los precios con su política monetaria lo que termina produciendo, porque mira simplemente a ese objetivo sin tener en cuenta a la economía en su conjunto, es lo contrario, que los precios suban y se desestabilice la economía.

Hace unos días advertí que esta posibilidad iba a darse a propósito de la anunciada subida de tipos del Banco Central Europeo, lo que me llevó a calificar a los Bancos centrales como el brazo torpe de la lucha contra la inflación (Los Bancos centrales, el brazo torpe de la lucha contra la inflación).

Ahora quisiera referirme a otro efecto perverso del mismo tipo que están provocando algunos Bancos centrales al renunciar a controlar las condiciones de entorno en que se mueve la liquidez que inyectan en las economías y que viene creando serios problemas a la economía mundial.

Como es bien sabido, desde hace meses, los Bancos centrales de los países más poderosos vienen concediendo grandes cantidades de liquidez y a tipos muy bajos a los Bancos (en realidad con tipos reales negativos porque están por debajo de la inflación) al mismo tiempo que sigue proponiendo medidas restrictivas para frenar, según dicen, la posible subida de precios.

Teóricamente, llevan a cabo ese “estímulo monetario” para favorecer que los Bancos que reciben la liquidez la destinen a financiar a empresas y consumidores y así se recupere la actividad y el empleo.

Pero el problema es que los Bancos centrales llevan a cabo esta política como si fuesen un cajón estanco, es decir, sin tomar en cuenta otros factores económicos e institucionales que están influyendo en el uso que hacen los Bancos de la liquidez que reciben.

Así, resulta que los Bancos centrales se olvidan de establecer condiciones normativas que obliguen o al menos incentiven a que los Bancos se dediquen efectivamente a financiar a las economías y, al no hacerlo, resulta que los Bancos utilizan el dinero que reciben de la banca central para otros usos.

Y como además la liquidez que están proporcionando los Bancos centrales es a muy corto plazo resulta que se incentiva que los Bancos que la reciben la utilicen también a corto, lo que les lleva a la realización de operaciones puramente especulativas, porque las que implican creación de riqueza productiva lógicamente requieren un plazo más largo para proporcionar rentabilidad
Concretamente, lo que está pasando en los últimos tiempos es que la banca internacional utiliza la liquidez barata que le proporcionan los Bancos centrales de Europa, Japón, Inglaterra o Estados Unidos para practicar el llamado “carry trade”.

Esto último es simplemente una práctica normalmente realizada con operaciones a corto plazo consistente en financiarse con menos coste allí donde los tipos están bajos para invertir en donde los tipos están más altos.

¿Qué están haciendo los Bancos privados que reciben la liquidez barata de estos Bancos centrales?

Pues sencillamente, y en lugar de financiar a sus economías, destinarla a llevar a cabo operaciones financieras (compras a corto de divisas o de otros activos financieros) en los países donde los tipos son más altos porque la crisis ha hecho menos mella (los ahora llamados países emergentes, a quienes la entrada de estos capitales especulativos les provoca serios problemas) o a comprar deuda de países más afectados (como sabemos que ha pasado con los de la periferia europea), o a realizar inversiones especulativas en los mercados de materias primas, sobre todo en los de cereales, petróleo y metales preciosos.

La política monetaria que llevan a cabo los Bancos centrales prácticamente se limita a dar o quitar dinero a los Bancos pero sin limitar su capacidad de hacer lo que quieran con esos recursos.

Y así resulta que al no obligar y ni siquiera incentivar el uso productivo de la financiación que les presta, los Bancos centrales son los que están provocando que suban los precios de productos y recursos estratégicos que terminan por hacer que suba la inflación en los países que dependen de ellos sin que, al mismo tiempo, aumente allí la actividad y el empleo.

Los Bancos centrales crean inflación.

Y o solo eso sino que así dificultan también la recuperación económica, provocan ellos mismos las perturbaciones financieras ligadas a la especulación que deberían combatir, causan malestar social, escasez y hambre como consecuencia de la subida del precio de los alimentos.

Este es el resultado, en el mejor de los casos, de la equivocada concepción de la economía que mantienen los Bancos centrales y que les lleva pensar que pueden resolver algún problema actuando solo y por su cuenta y riesgo en los flujos monetarios sin preocuparse de los reales y que simplemente dando dinero a los Bancos van a lograr qué estos financien convenientemente a las economías.

Es un error porque mientras que haya plena libertad de movimientos de capital y ningún control sobre el tipo de operaciones que pueden llevar a cabo los Bancos y los grandes poseedores de liquidez, los recursos van a ir allí donde encuentren mayor rentabilidad y en menor plazo de tiempo, lo que es casi totalmente incompatible, como la experiencia viene demostrando, con garantizar a la economía productiva la financiación que necesita.

Eso en el mejor de los casos, porque en el peor, lo que ocurre no es simplemente que los banqueros centrales tengan esta concepción fragmentaria equivocada de la economía sino que sean en realidad socios y cómplices de los grandes inversores privados y que conscientemente se estén limitando a proporcionarles las mejores condiciones para que ganen dinero, con independencia de los problemas que eso pueda ocasionar al resto de la sociedad, a los empresarios que crean empleo, a los trabajadores y al conjunto de la población.

Y lo peor del caso es que cuando los Bancos centrales se encuentran con que los precios comienzan a subir, precisamente como consecuencia de que dejan que los capitales se muevan con plena libertad y de que renuncian a los incentivos y controles que permitirían que se dedicaran a financiar la creación de riqueza productiva, tal y como acabo de señalar, lo que hacen entonces es proponer medidas restrictivas de la actividad y no de la especulación, de modo que hunden aún más a las economías.

Y así es como los Bancos centrales dominados por estas ideas terminan por ser un verdadero cáncer que las corroe sin descanso.

Los poderes públicos representativos, los gobiernos y los parlamentos, deberían controlar y vigilar mucho más de cerca a los Bancos centrales.

Estos no pueden actuar sobre la economía con independencia de los objetivos que estos otros poderes establezcan en cada momento y no pueden someterla a la lógica del poder monetario privatizado que les domina.

No se puede consentir que se impongan a la sociedad, entre otras cosas, porque ni siquiera han sido capaces de demostrar su competencia.

LOS BANCOS SON CULPABLES Y DEBEN HACER FRENTE A SUS RESPONSABILIDADES


Los bancos son culpables y deben hacer frente a sus responsabilidades

23 Marzo 2011 | Categorías: Mercados Financieros |

Alberto GarzónJuan Torres – Consejo Científico de ATTAC

La reciente crisis financiera internacional emergió en verano de 2007 cuando los productos con los que negociaba y especulaba la banca demostraron carecer de valor.

Durante los años anteriores el sistema bancario estadounidense había hecho suculentos beneficios con un negocio basado en una burbuja especulativa que tarde o temprano tenía que estallar.

En efecto, los cinco grandes bancos de inversión estadounidenses tuvieron en 2006 beneficios por valor de 130.000 millones de dólares, sin contar bonus y complementos.

Pero todo el sistema financiero se benefició de la euforia financiera estadounidense y, gracias a los canales que permite la globalización, los bancos y entidades financieras de todos los países pudieron también inflar sus cuentas de beneficios.

Gracias a la desregulación financiera, y a la ceguera de los bancos centrales ante un riesgo creciente y sistémico se pudieron desarrollar innumerables instrumentos financieros complejos que permitían extender la burbuja financiera en el tiempo y globalizar tanto sus beneficios como el riesgo.

La banca no desperdició esa oportunidad, que por otra parte ella misma había promovido, y explotó todas las posibilidades para hacer más y más beneficios.

Sin embargo, y aunque no suele señalarse lo suficiente, la banca no sólo hizo beneficios aprovechando un contexto de desregulación y creando una burbuja financiera que nadie en los gobiernos supo prever sino que también necesitó basar su sistema piramidal de hipotecas en lo que algunos autores han llamado una auténtica explotación financiera.

En efecto, los bancos aprovecharon su desigual poder y cultura financiera ante los individuos para imponerles condiciones leoninas y realmente explotadoras, creando de esa forma el método de punción de riqueza que sustentó la burbuja financiera.

La banca creó nuevas formas para el pago de las hipotecas, con nuevos y complejos tipos de interés que confundían a quienes suscribirían nuevos contratos.

La gente, obligada en muchos casos por las circunstancias a tener que endeudarse (por los bajos salarios, la necesidad de una vivienda y la retracción de los servicios públicos) fue manipulada y engañada no sólo por los agentes bancarios sino también por los brokers o comisionistas, quienes eran contratados por los bancos para ampliar su cartera de hipotecas y cobraban en función del volumen total suscrito.

Grandes beneficios para la banca a costa del empobrecimiento generalizado de la población.

En España esas prácticas también han existido y en gran medida, y son decenas de miles los afectados por prácticas abusivas vinculadas a los contratos de derivados tipo swaps.

Estos productos financieros se vendían a las personas sin que ellos supieran realmente lo que estaban firmando, bien porque la letra pequeña se ocultaba o bien porque directamente confiaban en exceso en los agentes de sus sucursales bancarias.

Las protestas y demandas judiciales llevaron incluso al Banco de España a dar la razón a los afectados, obligando a la banca a dar marcha atrás con ese tipo de contratos.

Sin embargo, el Banco de España ya ha reculado y niega una responsabilidad que desde luego tiene precisamente por ser el encargado de supervisar la actividad bancaria.

La banca también tiene una gran responsabilidad en lo que se refiere a la expansión de la burbuja financiera. Y eso es así porque la gran mayoría de los fondos de inversión, de pensiones y otras fórmulas similares para la especulación son gestionados directa o indirectamente por los bancos.

De hecho, tras la reconfiguración económica neoliberal los bancos perdieron cuota de mercado en la financiación de las grandes empresas (que pasaron a financiarse directamente vía emisión de acciones o bonos y no mediante préstamos) y tuvieron que cambiar su fórmula de negocio.

Desplazaron entonces su actividad hacia las comisiones a las personas (retrayendo aún más riqueza de las cuentas corrientes y otros métodos de ahorro personal) y hacia la gestión de los fondos de inversión.

Gestionando estos fondos de inversión los bancos consiguen rentabilizar un ahorro ajeno (en muchos casos, como en los fondos de pensiones, el de aquellas personas que los suscriben por temor a quedarse sin jubilación como consecuencia de la retracción del Estado del Bienestar) y hacer inmensos beneficios a su costa, devolviendo sólo una ínfima parte como remuneración al prestamista original (el propietario del dinero).

Estos fondos, además, operan buscando la máxima rentabilidad posible y sin importar el mercado en el que se hace. Por eso, también la banca es responsable de la crisis alimentaria que se produjo en verano de 2008 como consecuencia de la especulación financiera en el mercado de materias primas.

Muchos de estos fondos y otras tantas entidades vinculadas a los bancos están registrados en paraísos fiscales, de forma que no pagan impuestos con los que financiar los servicios públicos.

Esto invierte el sentido de los sistemas fiscales, ya que al final los servicios públicos acaban financiándose por aquellos sectores que no pueden evadir impuestos (las clases populares) mientras que los bancos y las grandes fortunas apenas contribuyen. Esto repercute necesariamente en una peor calidad de los servicios públicos, lo que se utiliza a su vez como excusa y justificación de suprivatización .

La banca, o en un sentido más general las finanzas (que englobarían a todas las entidades financieras vinculadas directa o indirectamente con la banca así como a sus presidentes, directivos y gestores varios), es responsable también de la crisis económica por su fallido papel como intermediario financiero.

El objetivo teórico de la banca es la de poner a disposición de los empresarios que quieren invertir y de las familias que quieren consumir el dinero que otros han ahorrado, promoviendo de esta forma el crecimiento económico.

Sin embargo y aunque esos recursos sí existían, la banca prefirió dedicarlos a la especulación financiera en vez de canalizarlos hacia la economía real. De esa forma, el congelamiento de los créditos a empresas y familias agravó la crisis y dio origen a la recesión económica.

Los bancos también tuvieron un papel clave en la especulación contra la deuda pública. Cuando los Estados se vieron obligados a salvar a la banca y a desembolsar dinero público en diferentes programas de estímulo para evitar una catástrofe mayor tuvieron que incrementar sus niveles de deuda pública.

Y esta deuda fue financiada, paradójicamente, por la propia banca.

Así, mientras los estados estaban prestando dinero a la banca a bajos tipos de interés (con el objetivo de que la banca lo prestase a empresas y familias), ésta estaba dedicando ese dinero en comprar deuda pública. El resultado era la permanencia de la recesión, el incremento de la deuda pública y el crecimiento de los beneficios bancarios.

En definitiva, asistimos a un tipo de negocio, el bancario, que ha sido distorsionado desde los años ochenta debido a las reformas neoliberales.

Esta distorsión ha supuesto la carencia de instrumentos eficaces de intermediación financiera, algo agudizado además por la privatización de la banca pública, así como también ha significado el crecimiento de la especulación financiera en todos los niveles.

Pero también, como podemos comprobar día a día, supone el empobrecimiento de las personas de a pie que son engañadas y estafadas legalmente y sin que ninguna entidad responsable, bien sea el Banco de España, el Gobierno o el Banco Central Europeo, haya impedido que esto ocurra.

Y lo que es peor, no parece que vaya a hacer nada por evitarlo.

Por eso es necesario plantear propuestas concretas de transformación de este negocio, las cuales puedan ser asumidas por la ciudadanía como exigencias inexcusables.

En primer lugar, hay que investigar con total imparcialidad e incondicionalidad las prácticas bancarias en España, concretando la naturaleza y efectos reales de cada una de ellas para depurar las responsabilidades de cada entidad.

En segundo lugar, hay que investigar al Banco de España, el cual ha permitido todas estas actividades y cuya responsabilidad va mucho más allá que la simple dejación de sus funciones, al ser de hecho un cómplice más de las actividades destructivas y fraudulentas de la banca.

En tercer lugar, hay que realizar un informe exhaustivo con el número de personas afectadas por las prácticas ilegítimas de los bancos, con el objetivo de que sus pérdidas sean restituidas y las responsabilidades bancarias asumidas.

En cuarto lugar, hay que analizar de forma detenida todos los procedimientos de desahucio que se hayan producido, con especial atención a las condiciones de suscripción de los contratos.

En quinto lugar es necesario promulgar normas y generar fondos para garantizar la devolución de las viviendas a las personas que las han perdido por razones de disminución de ingresos.

En sexto lugar, hay que crear una jurisdicción especial para perseguir los abusos bancarios y promover ante las instituciones europeas el establecimiento de un código ético de inexcusable cumplimiento por parte de todas las entidades financieras.

 

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