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De OBLIGADA LECTURA Las verdaderas intenciones del BCE y las élites financieras


Las verdaderas intenciones del Banco Central Europeo y las élites financieras

16 enero 2012 | Categorías: Uncategorized | |

Eduardo Garzón – Saque de esquina

Tras la reforma fiscal propuesta por el equipo de Rajoy la semana pasada, legiones de analistas y periodistas se han lanzado de lleno a difundir mensajes apocalípticos sobre la evolución económica del país con motivo de estos nuevos recortes y estas nuevas subidas de impuestos.

Muchos de ellos lo harán motivados por razones de desgaste político, otros por razones ideológicas, y otros porque de verdad estén convencidos de ello. Sin embargo, independientemente de sus motivaciones personales lo cierto es que –lo sepan ellos o no– sus afirmaciones son correctas.

Ya en los primeros años de cualquier curso sobre Economía se estudia que una política económica basada en un aumento de los impuestos y simultáneamente una contracción del gasto público es conocida como una “política fiscal contractiva”.

Y una política fiscal contractiva no es más que eso: una serie de medidas que buscan la contracción de la actividad económica.

Su objetivo es enfriar la economía, provocando una ralentización en el crecimiento económico y colateralmente un aumento del desempleo. Este tipo de política económica es recomendada en épocas de boom económico, en el que un rápido crecimiento puede provocar serios problemas de inflación.

Sin embargo, a la vista está que no nos encontramos actualmente en una situación de crecimiento económico acentuado.

Entonces, ¿por qué se aplican estas medidas que ralentizan la economía y provocan un aumento del paro?

Pues porque la principal preocupación ahora no es el crecimiento económico ni la tasa de empleo, sino el déficit y la deuda pública.

Los gobernantes de los países europeos aplican medidas para reducir el déficit y la deuda pública acatando las imperiosas exigencias que provienen de las instituciones de la Unión EuropeaLa idea que quieren trasladar es que no puede existir crecimiento económico mientras no exista estabilidad fiscal; por lo tanto para generar riqueza a un ritmo adecuado primero es necesario reducir el déficit y la deuda de los países.

Pero esta reflexión es falsa. El desproporcionado déficit y la elevada deuda pública existentes no son la causa de que no haya crecimiento económico, sino que son la consecuencia.

Y demostrar esto último es bastante sencillo. Basta con analizar la evolución de la deuda pública y el déficit público de los países para observar que los desequilibrios graves empezaron a originarse a partir de 2007, justo con el estallido de la crisis financiera global. En los siguientes gráficos se expone la evolución de ambos indicadores como proporción del Producto Interior Bruto desde el año 1999 hasta el año 2010 para los países de la Eurozona.

Fuente: Eurostat

Fuente: Eurostat

Como se puede comprobar, tanto el aumento explosivo de la deuda pública como el vertiginoso descenso de los déficits se produjeron como consecuencia de la crisis económica (el inicio queda representado en el gráfico por la línea naranja).

Esto fue debido a una caída importante de los ingresos públicos como consecuencia de la ralentización de la actividad económica (a menor actividad económica, menor cantidad de impuestos que van a parar a las arcas públicas), y como consecuencia del aumento de gasto público (se aumentaron las partidas destinadas a proteger a los desempleados, se aumentó la inversión pública como intento de relanzar la economía, y se rescataron las instituciones financieras más dañadas por la crisis).

Por lo tanto, combatir el déficit y la deuda no solucionará el problema porque no son las causas del mismo. Más al contrario, combatir el déficit y la deuda mediante políticas fiscales contractivas sólo hará que el crecimiento económico se vea aún más dañado y que el desempleo aumente aún más.

Por otro lado, estas políticas fiscales o ajustes ni siquiera sirven para reducir exitosamente el déficit y la deuda, tal y comose ha comprobado en los países PIIGS durante los últimos meses, dado que estas medidas contraen la economía y con ella también los ingresos que obtienen los estados.

Pero si esto es así, ¿por qué son éstas las medidas que se recomiendan desde la Unión Europea? ¿Acaso ellos no han estudiado o no saben nada de economía?

¿O es que sencillamente son muy torpes? Pues ni una cosa ni otra. Ellos saben perfectamente cómo funciona la economía y también saben perfectamente qué es lo que están haciendo.

Las personas que dirigen las instituciones de la Unión Europea prefieren solucionar los problemas de deuda y déficit antes que los problemas de crecimiento económico porque desean ante todo una estabilidad financiera plena que no altere el particular mundo de las finanzas.

Durante los últimos años la Unión Europea ha dado prioridad al mundo financiero frente a cualquier otra dimensión económica, política o social en Europa.

Prueba fehaciente de ello es la definición del principal objetivo que tiene el Banco Central Europeo: mantener la estabilidad de precios, salvaguardando así el valor del euro.

Es decir, el banco central y más importante de Europa tiene como objetivo prioritario controlar la inflación y el valor del euro mucho antes que cualquier otro asunto. Merece la pena destacar que, por ejemplo, el banco central de Estados Unidos (la Reserva Federal) tiene dos objetivos principales con la misma importancia: controlar la inflación pero también fomentar el pleno empleo.

Otra prueba que demuestra el apego que tiene la Unión Europea por el mundo financiero es el artículo del Tratado de Maastricht en el cual se prohíbe expresamente que el BCE financie a los estados de la moneda única. El BCE no puede prestar dinero a los países europeos, pero sí puede prestárselo a los bancos privados.

En su origen, se buscó que el BCE fuese un organismo independiente. Se argumentaba que ésa iba a ser la forma más adecuada para desvincular un poder tan sobresaliente de los intereses particulares de los políticos europeos y así evitar favoritismos.

Y desde luego que lo ha sido. Los políticos o representantes públicos –aquellas personas elegidas por el pueblo mediante sufragio– no tienen acceso a las decisiones que en este organismo se adoptan, y además se ven obligados a cumplir las órdenes que de él provienen.

Sin embargo, no se puede olvidar que siguen siendo personas y no robots los que ostentan el poder en el BCE, y por lo tanto los favoritismos y los intereses particulares no están fuera de toda sospecha.

De los políticos se ha pasado a los banqueros y personas relacionadas con el mundo financiero: recordemos que el actual presidente del BCE –Mario Draghi – fue vicepresidente, por Europa, de Goldman Sachs, el cuarto banco de inversión más importante del planeta; o que el primer presidente del BCE, Wim Duisenberg, fue vicepresidente  del banco privado Rabobank, una de las entidades bancarias más fuertes de Europa.

Por lo tanto, si hemos de sospechar que las decisiones del BCE están favoreciendo a algún determinado sector, ya sabemos de qué sector estaremos hablando.

Y ya hace tiempo que las sospechas aparecieron. Desde que estalló la crisis hemos visto cómo se han rescatado instituciones financieras inyectando en torno a 880.000 millones de euros con dinero público mientras al resto de la población se le ha limitado el crédito (el crédito a las pequeñas y medianas empresas se ha reducido a la mitad en tan sólo cuatro años; y el crédito a los hogares ha caído hasta alcanzar un ritmo negativo del 4% en términos anuales y a precios reales).

Hemos vistocómo la estructura financiera de Europa permite a los especuladores financieros actuar a sus anchas incluso hasta poner contra la pared a economías tan importantes como Italia, Francia o Reino Unido; o cómo esta misma estructura ha permitido que los bancos comerciales abandonen poco a poco su actividad tradicional de conceder préstamos para pasar a especular en los casinos financieros. Hemos visto cómo desde la Unión Europea se ha obligado a los países integrantes a incluir en la Constitución que el pago a los acreedores financieros tiene que ser prioritario frente a otros pagos como salarios o pensiones.

Hemos visto cómo los dirigentes europeos fueron cómplices de la falsificación contable que el banco de inversión Goldman Sachs realizó con las cuentas de Grecia a pesar de los problemas que le acarrearía a la población griega y sólo para evitar desprestigiar a la moneda única.

Y hemos visto cómo el BCE concedió liquidez con condiciones históricamente favorables por valor de 489.000 millones de euros a la banca privada europea, y cómo estos mismos bancos en vez de prestar el dinero a familias o empresas los han vuelto a depositar en el propio BCE para obtener rentabilidades.

Demasiados “errores” cometidos por el BCE y la Unión Europea. Da la impresión de que las instituciones financieras le están tomando el pelo –y de forma muy exagerada– a los dirigentes europeos.

Pero la realidad es que ninguna persona con unas mínimas nociones de economía y dispuesta a solucionar los problemas pasaría por todo lo que están pasando los responsables de las instituciones de la Unión Europea. No se trata, por tanto, de errores en política económica. Se trata de decisiones meditadas que anteponen los intereses de los financieros a los intereses de los estados y, por ende, del resto de la ciudadanía.

Y no son pocas las personas que ya ven evidente esta alianza entre los altos círculos europeos y la élite financiera: Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía 2001) denuncia que “el BCE está anteponiendo el interés de los bancos al de los países y los ciudadanos”.

Otro experto economista como Mike Whitney resume este hecho así: “Draghi (presidente del BCE) quiere impulsar su llamado pacto fiscal que consagra por ley la disciplina presupuestaria y las medidas de austeridad contrarias a los trabajadores a fin de que los presupuestos nacionales sean controlados por las élites financieras (es decir, los “tecnócratas” designados por el BCE.)

Naturalmente, los países no van a entregar ese tipo de autoridad sin oponer resistencia, por lo que Draghi está dejando que la crisis se escape de la mano para tener menos resistencia.”

Por su parte, el economista Dean Baker sostiene que “la gente que nos trajo la crisis de la Eurozona está trabajando sin descanso para redefinirla a fin de beneficiarse políticamente”.

Además, añade: “la crisis de la eurozona, definitivamente, no es una historia de países con el gasto fuera de control que estén recibiendo su merecido en el mercado de bonos… Es una historia de países víctimas de la mala gestión del BCE…

La opinión pública debe reconocer este proceso como lo que es: guerra de clases. Los ricos están utilizando su control del BCE para desmantelar las protecciones del Estado de bienestar que disfrutan de un enorme apoyo popular”.

Corren tiempos difíciles. En épocas de prosperidad, los grupos de presión financieros podían realizar sus operaciones sin perjudicar demasiado la dinámica de los estados nacionales y sin perjudicar demasiado la vida de la mayoría de los ciudadanos.

Ahora, con la crisis, esta especie de equilibrio no es posible, y el coste de superar las dificultades económicas inevitablemente hará que la balanza se incline principalmente hacia uno de los dos lados.

Y en la toma de decisiones que diseñarán el curso de los acontecimientos los grupos que tienen el poder son aquellos que están estrechamente vinculados con el mundo financiero.

A estas personas del mundo de las finanzas, cuyas vidas y profesiones dependen de la salud de los mercados financieros, no les importa la situación social de sus países. No les importa el estado de la educación pública, de la sanidad pública, de las pensiones públicas, ni tampoco de los salarios.

Lo que les importa es seguir manteniendo un clima estable en las finanzas para poder seguir operando con la misma naturalidad con la que lo han hecho siempre.

Y en la medida en que puedan, influirán sobre las decisiones políticas para que nada cambie en los mercados financieros, sin importarles en absoluto el coste que ese camino pueda significar para otros segmentos de la población.

Saque de esquina

http://www.attac.es/2012/01/16/las-verdaderas-intenciones-del-banco-central-europeo-y-las-elites-financieras-2/

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OBLIGADA LECTURA Deudocracia. No habría deuda si hubiera impuestos justos


Deudocracia. No habría deuda si hubiera impuestos justos

6 enero 2012 | Categorías: El otoño europeoUnión Europea | |

 

Xavier Caño Tamayo – ATTAC Acordem

Ronald Reagan y Margaret Thatcher iniciaron hace tres décadas una sistemática rebaja de impuestos a los más ricos, personas y empresas. Desde entonces no ha cesado esa política de menos impuestos a los que más ganan y tienen.

Y de menos impuestos se pasó a más endeudamiento de los estados. Por eso un político español pudo decir cargado de razón que “a los gobiernos les cuesta menos pedir prestado que subir los impuestos”.

Aunque, para ser exacto, debería haber dicho que los gobiernos prefieren endeudarse antes que recuperar el sistema de impuestos más justo que había hace treinta años. No hay que molestar a los ricos.

La crisis de la deuda en Europa y sus feroces consecuencias sociales tienen todo que ver con el adelgazamiento progresivo de la fiscalidad (los impuestos) y con el fraude fiscal. Mucho más que con excesos o irresponsabilidad en el gasto público.

Como recuerda Sam Pizzigati, según el IRS (la agencia tributaria estadounidense), en 2008, quienes ganaron en Estados Unidos más de 200.000 dólares anuales pagaron al gobierno federal un tipo fiscal del 22% por sus ingresos.

Bastante menos de lo que pagaban los estadounidenses más ricos hace 50 años. En 1961, quienes ganaban más de 27.000 dólares anuales (equivalentes a 200.000 dólares de hoy) pagaron un tipo de algo más del 31% de sus ingresos.

Y los ingresos anuales por encima de 400.000 dólares al año (3 millones de hoy) pagaban un tipo fiscal del 91%. Hoy las rentas de más de 3 millones de dólares pagan un tipo del 35%.

En España, por ejemplo, las empresas apenas pagan un 10% de impuesto por sus beneficios. Un porcentaje muy alejado del tipo de impuesto por beneficios establecido que es 30% para grandes empresas y 25% para pequeñas y medianas. Las cifras de la Agencia Tributaria española muestran que las empresas eluden legalmente hasta dos tercios de los impuestos que les corresponden. Y lo pueden hacer porque hay complacencia y complicidad gubernamentales con quienes más ganan y más tienen. Los más ricos deducen y reducen lo que han de pagar con triquiñuelas legales varias. De hecho, las empresas pagan por beneficios menos que las familias, que aportan un 11,5% de su renta.

El resultado final es menos ingresos del Estado. Y eso sin contar con el fraude fiscal puro y duro.

Continuando con España, según un informe de Gestha (sindicato de técnicos de Hacienda) en 2005, último año con datos de fraude, éste fue de 88.617 millones de euros: 58.676 millones defraudados a la Agencia Tributaria y 29.941 ala Seguridad Social.

Las grandes empresas defraudan casi el 75% del total mientras el 97% de empresas restante defraudan un 17%. Y a eso habría que sumar otras evasiones fiscales de ricos y muy ricos (fraude en plusvalías, arrendamientos, rentas del capital…).

Si solo se evitara la mitad de fraude fiscal y se cobraran los impuestos correspondientes, España tendría un PIB como el de Reino Unido y superior a Italia. Y no tendría déficit público.

Rajoy, nuevo presidente de gobierno de España, pretende ahorrar el año que viene 16.500 millones de euros con recortes sociales, despidos, sangre, sudor y lágrimas. Gestha asegura que, si se redujera la economía sumergida española en 10 puntos, se recaudarían 38.500 millones de euros anuales. 

La economía sumergida en España supone 245.000 millones de euros: 23,3% del PIB español. Son muchos impuestos evadidos.

Pero es que quienes más ganan y poseen son los mimados por los gobiernos que comulgan con ruedas de molino neoliberales.

Como recuerda Ana Flores, “en lugar de ponerse de acuerdo los gobiernos para domesticar al capital, el mundo más desarrollado decide dejarlo circular con absoluta libertad. Atraer dinero es la obsesión de los gobiernos y compiten entre sí bajando impuestos”.

Como denuncia Paul Krugman, lo peor de esta servidumbre de los gobiernos con quienes más tienen, es que “la exigencia de austeridad cada vez más radical (para poder pagar la deuda) ha fracasado como política económica, al agravar el problema del paro sin restaurar la confianza. Y una recesión europea parece más probable cada día”.

Hay que exigir y hacer auditorías de la deuda para poner fin a la hemorragia social que su pago genera.

Y pelear para recuperar un sistema impositivo justo y redistributivo, contra las falsas tesis de la austeridad como camino y la limitación del déficit de deudas soberanas como objetivo por encima de todo. Por encima de todo solo han de estar la ciudadanía y sus derechos.

Artículo publicado en La Vanguardia

El origen de la deuda pública griega y razones para no pagarla


 

El origen de la deuda pública griega y razones para no pagarla

Ponencia de Leonidas Vatikiotis en el encuentro “Viviendo en deudocracia”, Quién debe a Quién, Madrid, 7 y 8 de octubre de 2011.
El gobierno de George Papandréu (quien es considerado por los griegos como un colaboracionista, siendo la persona más odiada) desde el primer día de su elección ha estado diciendo que la deuda pública ha alcanzado los niveles actuales debido a un generoso Estado del Bienestar.
El objetivo de esta gran mentira era que la ciudadanía griega aceptara la quimioterapia del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea (UE) sin reacciones sociales.
Por el contrario, nosotros intentamos demostrar que la mayor parte de la deuda griega ha sido creada por la clase dirigente y no por la gente que sufre ahora las medidas de austeridad impuestas por el FMI y la UE.
En particular, la deuda griega y el alto déficit presupuestario fueron causados por los siguientes hechos:
1. Recesión. Como ha ocurrido en todo el mundo, la recesión ha provocado una bajada de ingresos fiscales y un incremento del déficit.
2. Adicción de los capitalistas griegos a las subvenciones del Estado. Desde la década de los 80 (cuando el gobierno griego actuaba como una compañía de seguros, compensando a todos los capitalistas griegos por sus pérdidas por la crisis) hasta la actualidad, las élites dominantes han sido las mayores beneficiarias del presupuesto del Estado.
Del mismo modo que no podemos imaginar la élite económica italiana sin los ingresos provenientes de la Mafia, o las élites alemana y británica sin las ganancias del extranjero, tampoco se puede concebir la élite dominante griega sin las subvenciones estatales.
3. Enorme gasto militar. Por la amenaza real procedente de Turquía, pero en mayor medida por su participación en coaliciones imperialistas, como la OTAN, Grecia destina una gran parte de su presupuesto al gasto militar. En Europa, únicamente Alemania gasta más parte del PIB en armas que Grecia.
4. Participación de Grecia a la CEE en 1981 y en la eurozona en 2001.
Las raíces del déficit presupuestario se tienen que buscar en el colapso de la industria griega debido al mercado común. Más tarde, la Política Agrícola Común y la participación en la eurozona han llevado al extremo las contradicciones de l’economía griega. Los déficits de Grecia y el resto de países periféricos de la eurozona son la otra cara de los superávits de los países no periféricos.
5. Evasión oficial de impuestos de la clase dominante. A menudo se comenta que Grecia produce tres cosas: Iglesia Ortodoxa, que es la mayor terrateniente; barcos, porque Grecia participa de una buena parte del comercio mundial; y bancos. Ninguna de estas “entidades” paga impuestos.
Por medios oficiales han sido excluidas del sistema tributario (sólo los propietarios de barcos han blindado la evasión fiscal mediante 56 leyes constitucionales).
6. Gran parte del gasto se destina al pago de las tasas de interés. Según el presupuesto de 2012, se pagará por los intereses un 8.3 % del PIB (en 2011, un 7.4 %). Incluso las economías más estables, con el tiempo, se colapsarían si tuvieran que pagar estas cantidades a los acreedores.
Todos estos argumentos nos dan una sólida base para contraatacar e intentar parar las agresiones a nuestros derechos sociales y políticos
En Grecia nosotros decimos “no debemos, no pagamos”, como vosotros.
Pero también añadimos “no vendemos”, porque en Grecia se está llevando a cabo el mayor plan de privatizaciones de toda Europa favorecido por la Troika, que es como llamamos al grupo de expertos del FMI, la UE y el Banco Central Europeo (BCE).
En este contexto, el equipo de Debtocracy está dando los primeros pasos para hacer un segundo documental que analizará el tema de las privatizaciones.
En concreto, exigimos no pagar la deuda pública por las siguientes 8 razones:
1. Gran parte de la deuda griega es fruto de la corrupción. Como ejemplo podemos decir que nadie sabe todavía el coste real de los Juegos Olímpicos de 2004. Pagamos por el sistema de seguridad (el denominado C4I) 1.200 millones d’euros, pese a que nunca lo recibimos.
2. Desde la década de los 90 cuando España, Irlanda, Portugal, Italia y Grecia querían pedir dinero prestado para financiar sus necesidades, los mercados les prestaban dinero a unos tipos de interés 2, 3 e incluso 4 veces más elevados del que lo hacían a países como Alemania y Estados Unidos.
La excusa oficial para esta extorsión, para esta especulación, era que estos países tenían un riesgo muy alto de quiebra.
Ahora, nosotros argumentamos que ha llegado el momento de pagar el precio por esos altos rendimientos de la inversión. En esencia, no tendrían que haber costes adicionales, porque ya los hemos pagado en forma de altos tipos de interés.
3. Cómo hemos visto en el informe de la auditoría de Irlanda, una gran parte de estos bonos han sido comprados por hedge funds (fondos de alto riesgo) y por especuladores.
Lo mismo ha pasado con la deuda griega. En un análisis reciente en el New York Times se decía que desde el acuerdo firmado durante la cumbre de la UE de julio, un tercio de los bonos griegos han sido comprados por especuladores. Entonces, no hay obligación moral de acatar esa deuda.
4. Gran parte de esta deuda está en manos de bancos que han sido salvados con dinero del pueblo griego. El primer préstamo de rescate a Grecia era de 110.000 millones de euros y, hasta ahora, los bancos han cogido 108.000 millones del gobierno, tanto en forma de avales como en líquido.
Pero estos bancos, los bancos griegos que continúan vivos gracias al dinero del pueblo griego, poseen el 30-40% de la deuda. Por esta razón exigimos la nacionalización de los bancos griegos para abolir o reducir la deuda.
5. Exigimos no pagar esta deuda porque es inaceptable que en el siglo XXI los bancos impongan a la gente un genocidio como castigo para pagar la deuda. En Grecia, actualmente se está produciendo un genocidio social. Este año se van a cerrar 1.054 escuelas.
Tengo que decir que desde la creación del Estado griego el 1820 nunca se había cerrado ninguna escuela. También se han cerrado 54 hospitales y decenas de departamentos de universidades. Centenares de jóvenes griegos y griegas dejan Grecia cada mes para ir a trabajar al Reino Unido, Estados Unidos, Australia y Canadá, como pasaba en el primer periodo de posguerra. Esta es la actual tragedia griega.
6. Exigimos no pagar esta deuda porque ya la hemos pagado una y otra vez. En Grecia, y pienso que en la mayor parte de los países del hemisferio norte, si un prestamista va a los tribunales diciendo que yo le he pagado el 130 o 150 % de mi deuda con él, los tribunales le dirían que renunciara al resto de la deuda. Exactamente lo mismo exigimos para la deuda soberana.
7. Pedimos no reembolsar el primer préstamo de 110.000 millones de euros de la Troika (de los cuales solamente se han recibido 65.000) porque el acuerdo para aprobarlo no ha sido votado por el parlamento griego, como tendría que haber ocurrido de acuerdo con la Constitución.
El gobierno de Papandréu no dejó que se votara porque sabía que no tenía la mayoría cualificada que pide la Constitución en estos casos. Este acuerdo es ilegítimo y, por lo tanto, no tenemos la obligación de devolver el dinero.
8. Creemos que no debemos pagar la deuda porque se ha demostrado que el mayor incremento de la deuda pública se ha producido a partir del rescate de Grecia. En octubre de 2009, cuando fue elegido el gobierno socialdemócrata del PASOK, la deuda pública era del 115 % del PIB.
En 2012, de acuerdo con estimaciones del FMI publicadas hace unas pocas semanas, la deuda pública se incrementará hasta el 189 % del PIB. Nosotros pensamos que el alto nivel de deuda es una buena excusa para imponer el más sangrante programa d’austeridad, el mayor programa de redistribución de la riqueza social tras la Segunda Guerra Mundial
¿Cómo podemos lograr nuestro objetivo, que es no pagar la deuda o solamente pagar una pequeña parte?
La manera más sencilla que tenemos para hacerlo, instruyendo la población y siendo compatible con la legislación nacional e internacional, es formar una comisión de auditoría de la deuda.
Esto exactamente es lo que hemos hecho en Atenas, dejando claro desde el primer momento que no pedíamos una comisión de investigación del parlamento.
En este momento se ha creado una comisión ciudadana para la auditoría con la participación de centenares de personas corrientes, economistas y abogados para demostrar a la ciudadanía, a la prensa y a la clase política, que esta deuda no debe ser pagada.
En esta línea, hemos formado cerca de 20 grupos por examinar las diferentes caras de la deuda pública. Creemos que en breve obtendremos los primeros resultados.
¿Por qué decimos no a la reestructuración de la deuda propuesta por Alemania?
1. Porque se acompaña de nuevas medidas de austeridad y planes de privatizaciones.
2. Porque pretende dar a Grecia el formato de Zona Económica Especial, donde las empresas alemanas no pagarían impuestos y las leyes laborales no serían válidas, como ocurre a las maquiladoras de Guatemala, Honduras y México.
3. Los nuevos bonos no serán emitidos bajo la legislación griega, como los actuales, sino bajo el derecho internacional.
Sé muy bien que nuestra lucha es como una gota de agua en el Mediterráneo. Pero también se muy bien que el momento más oscuro del día es justo unos minutos antes del alba.

Leonidas Vatikiotis es periodista especializado en economía, miembro de la Comisión para la auditoría de la deuda pública griega y responsable de la investigación científica del documental Debtocracy. leovat@yahoo.com
Traducido por Pau Sanz

Decir eso de que ‘la culpa es de la deuda pública’ se demuestra como una completa mentira


La deuda de nunca acabar

Santiago Niño Becerra –  Viernes, 07 de Octubre

    • Hace unos días un lector me remitió un link verdaderamente interesante.

Con él se accede a un gráfico interactivo elaborado por Reuters que recoge la exposición de las entidades financieras de los países indicados a la deuda total de Grecia, España, Irlanda, Italia y Portugal.

Yo lo que he hecho es trabajar un poco los números que se obtienen del gráfico, y lo que sale son dos cuadros acongojantes. (El link lo tienen aquí).

 

En este cuadro, que llamaremos Cuadro 1, tienen la exposición total de las entidades financieras de los países que figuran a la izquierda a las deudas totales de los países cuyo nombre figura en la primera fila del cuadro, expresadas en miles de millones de dólares y a 31 de Marzo del año en curso.

En este otro, que denominaremos Cuadro 2, lo que tenemos es la exposición de las entidades financieras de los países de la columna de la izquierda a las deudas pública, de las entidades financieras y de familias más empresas de los países antes referidos, en las mismas unidades y a la misma fecha que dichas para el Cuadro 1.

¿Qué conclusiones pueden extraerse de ambos cuadros?.

De entrada, lo evidente: Cuadro 1: Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia deben a entidades financieras de los países señalados la friolera de más de dos billones de dólares: el PIB de España de dos años.

Pero eso puede leerse de otra manera, ¡no!, debe leerse de otra manera: entidades financieras de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Suiza, Estados Unidos, España y Japón tienen pendientes de cobro más de dos billones de dólares, a no ser que se los vendan a alguien. Una cifra mareante, sí.

Más. Del Cuadro 1 se deduce que de los cinco países emisores de deuda total contemplados, del que más deuda tiene Alemania es de España: el 34,1%; Francia de Italia: nada menos que el 61,1%; Reino Unido de Irlanda: 39,3%; Italia de España: 58,8%; USA de Irlanda: 33,6% y también de España: 33,1%; Suiza, de España: 37,9%; España, como ya era sabido, de Portugal: el 65,4%; y Japón de Italia: el 45,4%.

¿Qué quiere decir esto?, pues que muchas entidades bancarias están expuestas a la deuda de España, y que España tiene un problema gordo con Portugal y Francia con Italia.

Más aún. Como ven en el Cuadro 2 la exposición de las entidades financieras de los países relacionados se reparte entre deuda pública, deuda de entidades financieras y deuda de empresas no financieras y familias, pues bien esos más de dos billones que deben los PIIGS se reparten del modo siguiente: el 19,6% corresponde a la deuda pública, el 20,9% a la deuda de entidades financieras y el 59,5% al resto de deuda privada, resto del que, por otras informaciones, la deuda de las empresas se lleva la mayor parte.

Es decir eso de que ‘la culpa es de la deuda pública’ se demuestra un absoluto y completo mito.

Pero ese mito abre la puerta a una habitación en la que es la deuda privada la que sobresale muy mucho por encima de la pública.

En Grecia, el país que hoy está en el ojo de todos los huracanes, la deuda pública representa el 32,4% de la cantidad que de su deuda tienen las entidades financieras de los países indicados, mientras que la privada supone el 67,6%.

O en España, donde día sí y día también se nos está abrasando con la deuda pública: sólo es el 16,7% de ese total alcanzando la privada el 83,3%.

O Italia donde la primera representa el 29,1% y la privada el 70,9%.

¿Qué significa lo anterior?, pues que la cosa es mucho más grave de los que hasta ahora nos han contado.

Si el gran deudor fuese el Sector Público, tijeras-hacha-podadora al gasto público y punto final, y si tienen que cerrar hospitales y todas las carreteras han de ser de peaje, pues que la gente se aguante, con hacer un pacto de sangre entre los políticos y sacar al ejército a la calle a que se cargue al que proteste se acabó  el problema, y el Tribunal de Derechos Humanos que se vaya al cine; pero resulta que los endeudados son fundamentalmente las empresas y las entidades financieras y las familias: lo micro,lo que mantiene viva la llama, y es aquí donde se ha agotado la capacidad de endeudamiento, por lo que, teniendo en cuenta que el consumo-de-todo es el motor de nuestro modelo (aún lo es) el problemón que tenemos es mayúsculo.

Ya, ya: por eso esta es una crisis sistémica.

Más. De todos los países cuyas entidades financieras están expuestas y sobre el total de deuda contemplada -Cuadro 2-, las más pilladas son las entidades financieras francesas: tienen el 32,6%, a la zaga se hallan las alemanas con el 25,3%, a más distancia las británicas: el 16,9%.

Ya, este porcentaje sólo tiene significado si los deudores no pagan, claro, por eso lo digo: ese porcentaje marca los efectos del tortazo en caso de impago.

Separando por tipos de deuda, de los países contemplados Francia es la que tiene más deuda pública: el 40,2% del total, Alemania quien más deuda de entidades financieras acumula: el 38,3%, y nuevamente Francia acapara la mayor cantidad de deuda de familias y empresas: el 38,3%. Efectivamente: Francia se lleva la palma.

Los PIIGS deben a entidades financieras de ocho países más de dos billones, casi un billón y medio a tres: Alemania, Francia y Reino Unido, lo que es lógico: europeos debiendo a europeos; y de esos más de dos billones el 65,5% es debido por dos países: España e Italia.

Bien, ahora viene lo mejor: a Grecia, con todo el megafollón que ha liado, tan sólo le corresponde el 5,5% de esos más de dos billones. Si Grecia con ese ridículo 5,5% ha liado la que ha liado, ¿se imaginan la que pueden liar España e Italia?.

Otra cosa interesante que ponen los números de manifiesto es que bien cierto es lo de cardar la lana y llevar la fama.

Tomando como patrón a Grecia, el tamaño de la economía de Irlanda equivale al 0,54 veces la de aquella y la de Portugal a 0,78, sin embargo, el volumen de la deuda irlandesa en poder de las entidades financieras de los países enumerados es 3,51 veces la griega y la portuguesa 1,73 veces. Algo no cuadra, ¿verdad?, o sí.

¿Y qué pasa con España e Italia?, pues que la economía española es 4,3 veces mayor que la griega y la exposición a su deuda por las entidades financieras de los países referidos 4,95 la de aquella, bueno, existe una cierta relación, mucho mayor que en el caso de Italia: una economía 5,57 veces la griega pero con una deuda 6,91 veces superior.

Ya, todo lo anterior dice que las entidades financieras de Alemania, Francia y Reino Unido, fundamentalmente, tienen contraído un riesgo de narices con los PIIGS, y que estos deben la tira a las entidades financieras de aquellos, pero no dice lo principal: ¿podrán pagar los deudores a sus acreedores?. En cualquier caso eso no pueden responderlo estos cuadros.

Yo, si me lo permiten, me quedo con una cifra: ‘más de dos billones’: redonda, oronda, circular; la monda, vaya, sobre todo con la que está llegando.

(Si el FGDx3 va a nutrir al FROB habrá menos EUR para garantizar los sdos. de las ctas. de los cltes. de las entidades, ¿no?).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS. School of Management. Universidad Ramon Llull.

El mayor problema en España y en la Eurozona no es ni el déficit, ni la deuda pública


El mayor problema en España y en la Eurozona no es ni el déficit, ni la deuda pública

Vicenç Navarro | Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra
nuevatribuna.es | Actualizado 27 Julio 2011 –

Como he indicado en otro texto, los conceptos de déficit público y deuda pública son conceptos que se utilizan constantemente (en la literatura económica, así como en la popular) en términos alarmantes, como si el crecimiento del déficit y de la deuda pública representaran un problema gravísimo para nuestras economías en la Unión Europea (UE).

En realidad, frecuentemente ambas se presentan como las causas del estancamiento de las economías en la Unión Europea de los Quince (UE-15).

Estas afirmaciones, constantemente reproducidas no sólo en los medios de mayor difusión, sino también en revistas de información económica, no tienen ninguna base científica. El déficit público del estado estadounidense en 2010 fue del 10.6% del PIB, mayor que el promedio de los países de la Eurozona (6%).

Y dentro de EEUU hay un estado, California, que, tanto en términos absolutos, como proporcionales, tiene una deuda pública que es mayor que la de Grecia o cualquier otro país de la Eurozona.

Y a pesar de ello, el dólar es más estable que el euro y no es sujeto de campañas especulativas como está ocurriendo ahora con el euro.

El hecho de que esto ocurra no se debe ni a causas económicas, ni a causas monetarias, ni a causas financieras. Se debe única y exclusivamente a causas políticas, que son las que configuran los problemas económicos, monetarios y financieros.

No hay que confundir (aunque tal confusión ocurre constantemente) los síntomas (los problemas) con las causas de la enfermedad (la distribución del poder en cada sociedad).

El problema de la falta de estabilidad del euro se debe a que no hay un estado que le de soporte frente a las avalanchas especulativas.

El dólar, en cambio, tiene un estado federal que lo apoya (apoyando también a California). Que ello no ocurra en la Eurozona (y en la UE) se debe al excesivo poder del capital financiero en los países de la UE-15, poder que se lleva a cabo con la complicidad de las grandes corporaciones transnacionales, así como de las clases dominantes de cada país de la Eurozona.

Son estos grupos y clases los que crearon la estructura de la Eurozona con el objetivo de debilitar al mundo del trabajo. Hoy estamos viendo la aplicación de políticas de claro corte neoliberal (desregulación de los mercados laborales, con dilución y debilitamiento de los convenios colectivos y sindicatos, y reducción de la protección social y del estado del bienestar) que tienen el propósito de reducir los salarios y debilitar a las clases trabajadoras (erróneamente definidas como clases medias, término que se utiliza en EEUU para definir a las clases trabajadoras) de los países de la Eurozona.

Evidencia que apoya tal postura

Varios indicadores muestran la veracidad de tal postura, raramente visibles en los medios y/o en los forums de debate político dominantes. Uno de ellos es el énfasis en salir de la crisis a base de reducir el déficit público mediante recortes del gasto público.

El objetivo que se utiliza en la argumentación neoliberal en defensa de estas reducciones de gasto público (en transferencias y servicios públicos) es que hay que disminuir la deuda pública que el déficit genera. Pero el mayor problema que existe en España no es la deuda pública, sino la privada. La deuda pública representa sólo el 13% de toda la deuda. La gran parte de la deuda es deuda privada (87%). ¿Por qué, entonces, este énfasis en querer reducir la deuda pública?

En realidad, en este intento de reducir el déficit y la deuda pública, se están recortando también las pensiones públicas que no tienen nada que ver con el déficit público. La Seguridad Social no está incorporada en el presupuesto del estado, y la mayoría de las pensiones son las contributivas, que no se pagan con impuestos y que no afectan, por lo tanto, al déficit.

Pero el hecho de que se reduzcan las pensiones no tiene nada que ver con la reducción del déficit y de la deuda pública. Lo que en realidad se desea es disminuir la protección social (de la cual la Seguridad Social es un elemento clave) para debilitar al mundo del trabajo.

Un tanto parecido ocurre con el descenso de los salarios de los empleados públicos. El objetivo más importante de esta medida no es ahorrar fondos públicos (que podría conseguirse aumentando selectivamente los impuestos, tal como ha sugerido el sindicato de Inspectores de Hacienda del propio Ministerio de Economía del Estado español), sino presionar para bajar los salarios, tanto públicos como privados, resultado de la interconexión salarial entre el sector privado y el sector público.

En realidad, el endeudamiento público en España es hoy incluso bajo (en términos proporcionales), y ello es una de las causas del elevado endeudamiento privado, que es el mayor problema que tiene España. Y este endeudamiento privado se debe a varios factores. Uno de ellos es la mala distribución de las rentas en España, otro tema raramente citado en los medios y en el debate político.

Desde que España ha entrado en el euro, las rentas del trabajo como porcentaje de la renta total han ido disminuyendo en una proporción incluso mayor que en el promedio de la Eurozona. Y ello a pesar de que el porcentaje de la población que se ha ido incorporando al mercado de trabajo ha ido aumentando.

Lo que este dato indica es que –en contra de lo que muestra la argumentación neoliberal- los salarios han crecido menos que la productividad. ¿Cómo se explica, sino, que las rentas del capital hayan crecido más rápidamente que las rentas del trabajo durante este periodo?

Las causas del crecimiento del sector financiero

Esta pérdida de la capacidad adquisitiva ha forzado el enorme crecimiento del endeudamiento, el cual no tuvo un impacto negativo en la demanda (hasta que apareció la crisis en 2008), debido a la facilidad de conseguir créditos a bajos intereses, resultado de tener el euro como moneda.

Ello benefició, en particular, a los países periféricos de la Eurozona, incluida España, para los cuales el cambio de su moneda al euro significó un aumento de la estabilidad y acceso al crédito.

De ahí que la introducción del euro significara el crecimiento del endeudamiento y, por lo tanto, del sector financiero dentro de las economías, crecimiento que se hizo a costa de los sectores de la economía productiva. La burbuja inmobiliaria en España es un ejemplo de ello.

Este endeudamiento fue financiado por capital extranjero. De nuevo, este endeudamiento exterior fue predominantemente del sector privado (83%). Sólo una parte muy pequeña de la deuda externa procede del sector público (17%). Es sorprendente, pues, que toda, o casi toda, la atención se centre en la deuda exterior pública, cuando el mayor problema es la deuda exterior privada.

En realidad, todo el énfasis (que abarca la atención mediática y política) en la “presión de los mercados financieros” es claramente desorbitada. La mayoría de la deuda pública española es doméstica (54%), y sólo una minoría (44%) es extranjera (procediendo predominantemente de bancos alemanes y franceses).

Los desorbitados intereses que se imponen a la deuda pública (por parte de unas agencias de evaluación que son meros instrumentos de la banca) representan un enorme flujo de fondos públicos a la banca, de la cual la mayoría es la banca española (y otras entidades financieras).

Y ahí está el otro problema que raramente se cita. La banca y las entidades financieras reciben dinero prestado del Banco Central Europeo a unos intereses muy bajos (1%).Y con este dinero compran deuda pública a unos intereses de la deuda pública que van del 6% en España a un 12% en Portugal (los bancos españoles son los que poseen más deuda pública portuguesa) y 17% en Grecia.

Así se forran de dinero según el proceso que llaman de capitalización, sin que dediquen estos fondos a proveer crédito.

Y para colmo, según las reglas del juego, el Banco Central Europeo no puede prestar dinero directamente a los Estados. Últimamente, ante la gravedad de la crisis, ha comenzado a comprar bonos públicos de los Estados en situación difícil, pero, incluso ahora, no puede comprar bonos directamente al Estado, sino que tiene que comprar bonos públicos a los bancos (lo que se llaman mercados secundarios).

La mayoría de la deuda externa es la que deben las instituciones financieras a los bancos alemanes y franceses. En realidad, los bancos de los países centrales de la Eurozona han prestado 1.579 billones de euros a los países periféricos, de los cuales sólo el 17% son en deuda pública a los estados periféricos.

La enorme austeridad impuesta a los estados parece desproporcionada teniendo en cuenta que es una parte muy menor. Pero lo que es digno de mención es que cuando la banca entró en crisis, con graves problemas de insolvencia debido a la deuda externa, fueron los estados, incluyendo los estados periféricos, los que invirtieron enormes cantidades de fondos públicos para salvarla, ayuda que se hizo sin poner condiciones.

En realidad, parte de la deuda pública se debe al esfuerzo público para ayudar a la banca. Y la llamada ayuda de la “troika” (Consejo Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional) es, en realidad, ayuda a los estados para que paguen a los bancos, incluyendo los bancos de los países centrales.

¿Por qué se intenta debilitar al mundo del trabajo?

Según la argumentación neoliberal, la salida de la crisis en la Eurozona pasa por la aplicación del modelo alemán al resto de países. El modelo alemán es el modelo exportador, basado en unos salarios bajos (en relación con su productividad) que crean una plusvalía que genera una acumulación de euros.

Pero tal modelo es inviable, entre otras razones, porque un modelo exportador requiere países importadores.

Y puesto que los importadores son países de la Eurozona, la reducción salarial y los recortes de gasto público reducen la demanda. Es más, intentar salir de la crisis a base de reducir salarios y protección social es profundamente erróneo, pues ignora la historia económica, que muestra como las recesiones necesitan medidas expansivas para salir de ellas.

De ahí que las proyecciones de recuperación son inviables. Y la experiencia así lo demuestra. Desde que España entró en el euro, ha sido un alumno ejemplar de las enseñanzas neoliberales.

En realidad, redujo su déficit, y de hecho tuvo un superávit, incluso a pesar de reducir los impuestos, sobre todo de las rentas superiores. Ello no le sirvió de nada (repito, de nada) para evitar la enorme crisis.

En realidad, facilitó que la crisis fuera particularmente dañina, pues la reducción de impuestos significó que se creara un déficit estructural de su estado que explica que, una vez explotara la burbuja, el déficit del estado se disparara.

¿Cuáles son las alternativas?

La situación actual es insostenible. Quiere decir que los países periféricos estarán estancados durante muchos años. Sólo hay dos alternativas. Una de ellas es establecer una estructura federal europea, un Estados Unidos de Europa, comprometida en unas políticas expansivas de estímulo económico.

El desarrollo de instituciones financieras, económicas y fiscales a nivel europeo, que sean responsables a instituciones democráticas (escasamente desarrolladas a este nivel, donde el Parlamento Europeo es una institución con escasas competencias en las áreas económicas, financieras y fiscales) sería imperativo en esta alternativa. Esta vía es la que están presionando componentes de las izquierdas europeas y de los sindicatos.

La otra alternativa para los países de la periferia es salir del euro. Ahora bien, incluso esta opción depende de cómo se haría la salida del euro. Gran Bretaña no está en el euro y, sin embrago, es el país de la Unión Europea que está recortando más los gastos públicos. De ahí que una variable de enorme importancia, en caso de considerarse esta alternativa, sería discutir cómo se haría esta salida del euro y quien absorbería los costes de esta salida.

Es un indicador de la escasa cultura democrática existente en España que no se haya iniciado un debate sobre estas alternativas. El único debate visible mediáticamente es cómo, cuándo y cuánto debe reducirse el déficit y la deuda pública. Y así estamos.

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La falsa seguridad de la deuda pública a largo plazo


Inversión en valor

La falsa seguridad de la deuda pública

http://www.libremercado.com/2011-04-13/la-falsa-seguridad-de-la-deuda-publica-1276420359/

Mantener deuda pública durante largos plazos es una de las más inciertas y especulativas formas de invertir.

  • 2011-04-13   RAQUEL MERINO JARA

¿Es segura la deuda pública? Mejor dicho: ¿invertir en títulos de deuda pública es una forma segura de hacer crecer nuestro patrimonio en el largo plazo?

Hubo un tiempo en que las respuestas a ambas preguntas podían ser afirmativas… pero ese tiempo concluyó hace muchos años.

Mientras la guía de los gobernantes públicos fue la búsqueda de la ortodoxia presupuestaria (tanto ingreso, tanto gasto), todos podían fiarse de la capacidad del Estado de atender a sus deudas.

Se trataba de un pagador honesto. Entiéndase esto como la existencia de un fuerte compromiso por parte del gobernante de atender sus obligaciones.

Lo que es más, esa predisposición no sería pasajera, sino que permanecería en el largo plazo.

Se daba por supuesto que las políticas económicas se abstendrían de aventuras políticas de estímulo de la demanda a base de descuadres en las cuentas públicas.

Pero también se estimaba que estábamos ante un agente de gran solvencia.

Las cuentas estaban cuadradas y el patrón oro estabilizaba el valor de la moneda.

Con presupuestos saneados, la suficiencia de recursos para atender las deudas estaba garantizada.

Las viudas y los huérfanos podían estar tranquilos con sus consols (la deuda pública a perpetuidad que emitía Inglaterra), y podían estarlo –muy importante– en el largo plazo.

Los ahorros de toda una vida podían ser colocados con la seguridad de que el principal conservaría su poder adquisitivo y que la renta periódica obtenida no iría menguando con el transcurso del tiempo hasta llevar a la indigencia.

El mal llegó, como en otros ámbitos de la vida social y política de Occidente, con el trauma de la I Guerra Mundial.

Desde ese momento, empiezan a extenderse dos prácticas de carácter complementario en las finanzas públicas. Dos prácticas que, por otra parte, serían bendecidas por una academia económica oportunamente pervertida.

En primer lugar, el abandono del patrón oro. Primero, con la suspensión provisional de la convertibilidad durante la guerra.

Más tarde, con todo tipo de engendros monetarios en los que el oro fue pasando a desempeñar un papel cada vez menos determinante como ancla monetaria.

Y, finalmente, con la llegada del experimento actual de papel moneda inconvertible, sancionado legalmente por doquier y que ya va para cuatro decenios de duración.

En segundo lugar, el auge de la heterodoxia financiera en las cuentas públicas.

La ruptura con el patrón oro, que hasta entonces había tenido un efecto de control para aquellos que gestionaban las finanzas públicas, necesariamente sirvió de coartada y correa de transmisión para los desajustes presupuestarios y los sucesivos incrementos de emisiones de deuda pública.

De hecho, se pasó de desarrollar políticas económicas fiscales y monetarias neutras a otras deliberadamente activas.

El pretendido objetivo era el de impulsar la actividad económica.

Los resultados reales fueron los déficits públicos casi crónicos y la persistente inflación.

Los efectos que han tenido estas dos “innovaciones” sobre la idoneidad como vehículo de inversión a medio y largo plazo de la deuda pública han sido devastadores.

Aún hay más. La deuda pública, tal y como hoy es administrada, tiene otras peculiaridades que la diferencian del resto de activos financieros.

Cuando hablamos de títulos que evidencian deuda, el elemento clave es precisamente que quien los adquiere está “dando crédito” a quien lo emite.

Dar crédito a alguien es fiarse (fiar) de su solvencia y de su disposición a cumplir lo pactado (honestidad como pagador).

Pues bien, en el caso de la deuda soberana, las promesas de pago diferido que hacen los gobernantes se hacen por cuenta de otros distintos a ellos mismos; a menudo, de gente sin derecho a voto o que ni siquiera ha nacido.

Ni aquellos por cuenta de quien se emite –los súbditos de cada país– ni quienes deben pagarla –por ejemplo, futuros contribuyentes o futuros afectados por recortes– son en absoluto conscientes de ello.

De hecho, nadie sabe ni el momento ni la cantidad ni la identidad de los pagadores.

Añadamos a ello que al momento del vencimiento suele haberse olvidado la primera parte de la transacción.

No es realista por ello pretender que la capacidad de pago de la deuda coincida con la totalidad de riqueza de los contribuyentes.

Tanto la capacidad impositiva como la de realizar ajustes presupuestarios tiene límites.

Cuando el Gobierno es incapaz de atender a los pagos, es bastante frecuente que, olvidados los “buenos tiempos”, los votantes elijan a representantes que opten por el impago (vía devaluación o default), como tantas veces hemos visto en Latinoamérica.

Y es que la deuda pública, a diferencia de una deuda corporativa o hipotecaria, a menudo no representa riqueza existente en ninguna forma, sino certificados de gastos ya realizados.

Cuando la Administración se deja llevar por una borrachera de gasto (por ejemplo, durante un boom) y súbitamente se contrae la actividad, caen ingresos y se disparan gastos y, con ello, los déficits, lo más frecuente es que, al vencimiento de la deuda emitida en el pasado, el pago se haga mediante nuevas emisiones en forma piramidal hasta el colapso final.

Dicho de otra forma, un volumen significativo jamás es pagado sino mediante cancelación –inflación o impago/default–.

¿A quién, pues, podrá reclamarse el pago?;

¿a qué generación?,

¿a qué responsable político?

Cómo estar seguros de que se percibirá un principal e intereses sin pérdida:

¿la capacidad coactiva para gravar es infinita?;

¿podrá refrenar su gasto el Gobierno a tiempo?;

¿podrá hacer recortes ad infinitum o tiene un límite?

La situación pintará muy fea cuando esos mecanismos estén cerca de agotarse.

Seguramente los gobiernos acabarán recurriendo como tantas veces al envilecimiento monetario propiciado por la monetización de la deuda (inflación), o al default parcial (mejor llamada quita) que supone canjear la deuda antigua existente por nueva con un principal que es sólo una fracción de la deuda nominal anterior.

En resumen, si atendemos al pago real del principal y no al mero servicio nominal por intereses, mantener deuda pública durante largos plazos es una de las más inciertas y especulativas formas de invertir.

Recuperar la democracia


Recuperar la democracia

Artículo publicado por Vicenç Navarro en el diario PÚBLICO, 7 de abril de 2011

Este artículo señala que las políticas de austeridad del gasto público social (que están debilitando todavía más al subfinanciado estado del bienestar español) responden a los intereses del capital financiero y de las grandes empresas así como de las rentas superiores (que han sido los grupos más beneficiados de las políticas fiscales regresivas llevadas a cabo por el estado español).

El artículo señala que hay otras políticas alternativas posibles que ni siquiera se consideran como resultado de la enorme influencia que tales grupos tienen sobre el estado español (tanto central como autonómico), viciando y obstruyendo la democracia española ya en sí muy limitada.

El artículo concluye con la necesidad de que la ciudadanía se movilice para recuperar la democracia.

Hoy en día estamos viendo movilizaciones populares en muchas partes del mundo –desde los países árabes a Wisconsin (EEUU), pasando por la mayoría de países de la Unión Europea– que exigen cambios de las políticas llevadas a cabo por gobiernos y por estados que se perciben insensibles a los deseos de la mayoría de la población.

En estas manifestaciones –a pesar de la elevada diversidad de situaciones– hay un elemento común: la protesta frente a una enorme concentración de poder económico y político que obstaculiza la expresión democrática. Y un ejemplo de ello es España.

Estamos viendo en España la puesta en marcha, por parte del Estado (tanto central como autonómico), de recortes muy sustanciales del gasto público, incluyendo el gasto público social que financia las transferencias públicas –como las pensiones– y los servicios públicos del Estado del bienestar tales como sanidad, educación, servicios domiciliarios a las personas con dependencias, escuelas de infancia, servicios sociales y otros.

Estos recortes están afectando de una manera muy marcada a la calidad y cobertura de tales servicios empeorando la situación existente, que ya era insuficiente antes de que se iniciara la crisis.

España en 2008 estaba a la cola de la Unión Europea de los 15 (UE-15, el grupo de países de semejante desarrollo a España) en gasto público social. Nos gastábamos en el Estado del bienestar sólo el 19% del PIB (el más bajo de la UE-15, cuyo promedio era del 24%, mientras que el de Suecia era del 28%).

Una consecuencia de ello es que sólo el 9% de la población adulta trabajaba en los servicios públicos del Estado del bienestar (el promedio de la UE-15 era del 15%, y en Suecia, del 24%). Los recortes que están ocurriendo ahora están disminuyendo todavía más tal empleo.

La estructura de poder (que se basa en el 20-30% de la población, la de mayor renta) no parece consciente de este enorme retraso y subfinanciación, pues utiliza principalmente los servicios privados.

Envían a sus hijos a la escuela privada (que recibe los subsidios más altos existentes en la UE-15, llamado concierto) y cuando caen enfermos van a la sanidad privada.

Esta estructura de poder (que tiene enorme influencia política y mediática en España) promueve el mensaje de que no hay otra alternativa a tales políticas de recortes.

Argumentan que hay que recortar el gasto público para reducir el déficit del Estado y la deuda pública, a fin de calmar los mercados financieros y que así estos nos presten dinero a intereses razonables.

Esta explicación, que a base de repetirse miles de veces se ha convertido en un dogma, es profundamente errónea y se promueve porque sirve a los intereses de esta estructura de poder, que utiliza la presión de los mercados financieros como excusa para llevar a cabo lo que ha deseado hacer desde siempre.

Los datos muestran claramente que no es cierto que en España no existan recursos para financiar un Estado del bienestar de primera clase.

España no es pobre. El PIB per cápita es ya el 94% del promedio de la UE-15, pero el gasto público social por habitante es sólo el 74% del promedio del gasto público social promedio de la UE-15.

Si nos gastáramos lo que nos pertenece por el nivel de desarrollo económico que tenemos, es decir el 94%, nos gastaríamos 80.000 millones de euros más, con los cuales se podrían cubrir las enormes insuficiencias. España, pues, tiene los recursos.

 Lo que ocurre es que el Estado no los recoge. En lugar de ello, el Estado ha estado pidiendo préstamos a la banca extranjera, endeudándose y financiando escasamente su Estado del bienestar. España, como Grecia y Portugal, tiene unos ingresos al Estado muy bajos y un fraude fiscal muy elevado.

Como admitió sorprendentemente un dirigente del Deutsche Bank, uno de los banqueros más importantes de Alemania, “ha existido durante los años de boom una alianza entre las clases más pudientes de los países de la periferia de la UE, que no pagaron impuestos al Estado, y la banca, que se ha beneficiado de la baja carga impositiva al prestar dinero al Estado para financiar su dimensión social”.

Y ahí está la raíz del problema. La estructura de poder no está contribuyendo al Estado lo que debiera por su nivel de riqueza.

El trabajador de la manufactura en España paga el 74% de los impuestos del trabajador de la manufactura sueca. El empresario, sólo un 38%.

Y empeorando la situación, el Estado ha reducido más y más los impuestos, lo que ha beneficiado sobre todo a las rentas superiores.

Los propios inspectores de Hacienda han indicado que podrían recogerse más de 38.000 millones de euros, centrándose en estos sectores, sin afectar a la carga impositiva de la mayoría de la población.

El déficit del Estado podría reducirse a base de aumentar los impuestos de estos sectores en lugar de empobrecer todavía más al Estado del bienestar.

En realidad, durante la crisis la gran mayoría de las empresas del Ibex-35 han continuado teniendo grandes beneficios, siendo la banca española una de las que tienen más beneficios en Europa.

El Banco Santander ha conseguido 35.000 millones de euros de beneficios netos (es el banco que ha conseguido más beneficios en el mundo, después de dos bancos chinos).

Estos recortes de gasto público social se están haciendo a pesar de que la mayoría de la población está en contra.

Es una decisión más (otra es el retraso de la edad obligatoria de la jubilación) que muestra la enorme distancia entre los gobernantes y los gobernados.

De una manera creciente, los establishments políticos y mediáticos que dirigen el país están imponiendo medidas en contra del parecer de la ciudadanía.

 De ahí que las poblaciones, en su indignación –que ocurrirá si se le provee de información que cuestione el dogma de que no hay otra alternativa–, deben manifestarse y agitarse socialmente para recuperar la democracia en España.

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Los líderes del euro, contra las cuerdas


Los líderes del euro, contra las cuerdas

P.B. (Berlín) / T.B. (París) / G.V. (Milán) / I.R. (Madrid)/ A.L. (Bruselas)
10:01 – 7/03/2011
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Ilustración: Anthony Garner

Llega en marzo la hora de la verdad para intentar resolver de una vez por todas la crisis financiera y de la deuda pública que desestabiliza el euro.

Y llega en un momento en el que los dirigentes de las cuatro mayores economías de Eurolandia -la canciller alemana Angela Merkel, el presidente francés Nicolas Sarkozy, el jefe del Gobierno italiano Silvio Berlusconi , y el presidente español José Luis Rodríguez Zapatero- están al borde del abismo.

El desplome de su popularidad, la proximidad de citas electorales de alto riesgo, y las cuentas que reclama la Justicia italiana siembran la coyuntura de una incertidumbre que desagrada a los mercados.

¿Serán capaces de encajar los golpes?

¿Les temblará el pulso a Merkel y a Sarkozy cuando más necesario es que empuñen con firmeza el timón del euro?

¿Evitarán Zapatero y Berlusconi que se termine de deteriorar la coyuntura en sus países, demasiado grandes para dejarlos caer pero también demasiado grandes para rescatarlos?

Merkel, zarandeada

Pese a los tantos que se apunta Angela Merkel por el crecimiento económico, su política de austeridad no convence ni dentro ni fuera de sus fronteras.

Sus vecinos europeos la critican desde inicios de 2010 cuando, con el rescate a Grecia, comenzó la debacle de la Unión Europea.

Sus duras condiciones para aprobar el fondo de rescate de países al borde de la quiebra -límite de la deuda pública, mayores sanciones para los países con alto déficit, retrasar la jubilación a los 67 años, vincular el ajuste de salarios con la competitividad de las empresas, etcétera- son interpretadas por muchos como un mero intento de imponer la doctrina germana.

Y se la acusa de falta de liderazgo y determinación en asuntos como el rescate griego; o porque su poco oportuna propuesta de que el sector privado participe de los rescates provocó dramáticas turbulencias en los mercados.

En su país, desde que formó Gobierno con los liberales en 2009, su popularidad no deja de caer. Y acaba de encajar un duro golpe al perder las elecciones regionales de Hamburgo, donde sus cristianodemócratas apenas sacaron un 21,2 por ciento de los votos.

La mitad que en 2008, y su peor resultado en tiempos de paz. Ya en mayo de 2010 perdieron los comicios del mayor Land del país, Renania del Norte-Westfalia, y con ellos la mayoría en el Parlamento.

Podría ser el principio del fin. Merkel y su coalición deben afrontar este año un maratón electoral, con hasta seis citas más en las urnas, incluidas las decisivas del Estado de Baden-Württemberg (baluarte de la CDU de Merkel desde su formación, y cuna de sus socios liberales).

Cada comicio será una prueba de fuego para una CDU cada día más debilitada por las riñas internas con sus socios liberales, y por la inevitable pérdida de confianza de su electorado.

El auge de los socialdemócratas, un afloramiento de partidos hasta ahora minoritarios -La Izquierda y especialmente Los Verdes-, y la pérdida de hasta siete pesos pesados en sus filas el año pasado terminan de complicarle el panorama.

Y este año ya han rodado las cabezas de Axel Weber, presidente saliente del Bundesbank y candidato descartado a presidir el Banco Central Europeo (BCE); y de Karl-Theodor zu Guttenberg, ministro de Defensa y uno de los primeros espadas del Gobierno, tras destaparse sus plagios en su tesis doctoral.


Sarkozy, eclipsado

Para Nicolas Sarkozy, 2011 iba a ser el año de su comeback. Superada la crisis económica, Francia empieza a crecer, aunque el paro siga siendo alto.

En noviembre, ganó el pulso a los sindicatos y reformó las pensiones. Todo parecía indicar que tenía el terreno despejado para encarar el último tramo de su mandato y prepararse para la reelección en 2012.

Pero se le han aguado los planes.

Sarkozy contaba explotar al máximo la presidencia de turno francesa del G-20 para tallarse una figura de gran estadista internacional, el único capaz de trazar la vía hacia un nuevo orden económico global.

En enero, dio una multitudinaria y pomposa rueda de prensa en el palacio del Elíseo para presentar su ambiciosa agenda.

Apenas un mes después, durante la primera cita del G-20 en París, no fue él, sino su rival número uno quien acaparó el protagonismo del encuentro.

Dominique Strauss Kahn, director del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el socialista francés más popular, monopolizó todas las miradas, pendientes de si confirmaba su candidatura a las presidenciales. Desde hace meses, todas las encuestas le dan ganador sobre Nicolas Sarkozy.

Al mandatario galo le han surgido otras dificultades. Su Gobierno está bajo el fuego de las críticas por su actitud ante las revoluciones en el Magreb y los países árabes.

Varios ministros, entre ellos el primer ministro François Fillon, han tenido que dar la cara por sus estrechas relaciones con Zine El Abidine Ben Ali, Hosni Mubarak o Muamar el Gadafi.

Y un grupo anónimo de diplomáticos criticó duramente en Le Monde la improvisación de la política exterior de Sarkozy, lo que acaba de costarle la cabeza a su ministra de Exteriores.

No es el mejor contexto para afrontar las elecciones cantonales de finales de marzo, última cita electoral antes de las presidenciales de 2012.

Las encuestas no le dan respiro a Sarkozy: su popularidad ronda el 30 por ciento desde hace más de un año y no logra despuntar pese a sus esfuerzos. Aunque esos mismos sondeos le dan como el candidato preferido de la derecha.

No todo está perdido. Peor están sus rivales socialistas, que han evitado una guerra fraticida como la de 2007, pero cuyas divisiones y rivalidades siguen a flor de piel.

Berlusconi, en paños menores

Sólo le faltaba la crisis de Libia al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.

El Constitucional le ha recortado la inmunidad, y en las próximas semanas le esperan cuatro juicios: tres porque lleva tiempo acusado de corrupción y fraude fiscal (las audiencias fueron el 28 febrero y el 5 de marzo, y la próxima será el 11 de marzo); y un proceso inmediato por prostitución de menores y abuso de poder que empezará el 6 de abril.

Su imagen, desgastada por meses de escándalos sexuales, ha recibido otro golpe por sus fuertes vínculos personales con Gadafi. Desde que en 2008 Il Cavaliere y el Coronel firmaron el tratado de amistad entre Roma y Trípoli, el dictador libio tiene en el dirigente transalpino a su gran aliado occidental y a un socio comercial privilegiado.

Berlusconi el año pasado recibió en Roma al líder africano con un extravagante ceremonial que provocó tanto escándalo como el vídeo que le muestra mientras besa la mano a Gadafi.

Y acaban de salir en la prensa italiana cablegramas de Wikileaks con duros comentarios de los diplomáticos americanos: “Berlusconi se ha ganado una reputación cómica, dañando la imagen de Italia”.

El desgaste de su credibilidad internacional amenaza la economía italiana: en caso de tensión sobre los mercados de la deuda, el país (cuyo débito supera el 118 por ciento del PIB) está muy expuesto.

Según los últimos sondeos, más de la mitad de los italianos está convencida de que tiene que dimitir, y sólo tiene la confianza del 31 por ciento. Pero sus opositores -los centristas y la izquierda liderada por el Partido Demócrata- sólo lograrían una mayoría escasa en caso de elecciones anticipadas.

Un escenario que podría no revelarse tan hostil para Berlusconi, que en campaña electoral encuentra su entorno ideal: como comunicador, y por controlar un imperio televisivo y editorial, no tiene rival.

En vez de dimitir, prepara el contraataque: ha convencido a unos cuantos diputados de la oposición para que entren en su mayoría de Gobierno y así garantizar su estabilidad; piensa utilizar sus apoyos en el Parlamento para aprobar unas cuantas leyes que le vuelven a proteger de los fiscales; y, a través de sus televisiones y periódicos, está llevando adelante una campaña mediática que le retrata como perseguido por la magistratura.

Objetivo: sobrevivir a los escándalos y a la crisis para ser candidato en 2013 a presidente de la República.

Zapatero, amortizado

El caso español suma un debate abierto sobre la posible sucesión del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, a los batacazos electorales pasados y a las malas expectativas en los comicios autonómicos y locales del próximo 22 de mayo.

En esta legislatura, es decir, desde que empezara la crisis en 2008, el Ejecutivo socialista acarrea ya tres derrotas: en 2009 en las elecciones europeas y gallegas y, en 2010, en las catalanas. Pero en 2009, el PSE llegó a la lehendakaritza en el País Vasco con apoyo del PP.

A futuro, el panorama electoral no pinta mucho mejor para un Zapatero que se ha visto obligado a dar un giro de 180 grados en muchas de sus convicciones políticas.

A la reacción tardía a la crisis, se han sumado en los últimos meses el mayor ajuste social de la democracia para evitar que España fuera intervenida como Grecia e Irlanda, una reforma laboral que abarata el despido -que terminó en su primera huelga general- y una reforma de pensiones que retrasa la edad de jubilación hasta los 67 años.

Todas las encuestas desde el verano presentan diferencias incluso de dos dígitos entre el PP y el PSOE. En el barómetro del CIS de enero, la nota que los ciudadanos ponen a Zapatero es su peor calificación desde que llegó a la Moncloa en 2004: un 3,30. Consuelo: la valoración del presidente de la oposición, Mariano Rajoy, es peor.

El pasado otoño, Zapatero se vio ante un posible adelanto electoral. Pero sobrevivió pactando con el PNV y Coalición Canaria.

Ahora, los barones del PSOE debaten sobre su sucesión y los presuntos candidatos se preparan para unas posibles primarias.

Los dos nombres que más suenan: el vicepresidente Alfredo Pérez Rubalcaba, y la ministra de Defensa, Carme Chacón.

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