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Los banqueros son los dictadores de Occidente y los medios los hacen intocables


Los banqueros, los dictadores de Occidente

Robert Fisk
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Una indignada afirma en un cartel que las ideas no pueden ser desalojadas, fuera del campamento Ocupa en San Francisco, clausurado por las autoridades de la ciudadFoto Ap

D

ebido a que debo escribir desde la región que produce más frases hechas por metro cuadrado que cualquier otrotema, quizá debería hacer una pausa antes de lamentarme por toda la basura y estupideces que he leído sobre la crisis financiera mundial. Pero voy a abrir fuego.

Opino que los reportes sobre el colapso han caído más bajo que nunca, al grado de que ni la información de Medio Oriente se difunde con la clara obediencia que se rinde a las mismas instituciones y a los expertos de Harvard que colaboraron para crear este desastre criminal mundial.

Iniciemos con la llamada primavera árabe, que es en sí una grotesca distorsión verbal de lo que en realidad es un despertar árabe-musulmán que está sacudiendo a Medio Oriente; y los sucios paralelismos que se establecen entre estos movimientos y las protestas sociales en las capitales occidentales.

Se nos ha engañado con los reportes de los pobres y los que no tienen que han tomado una página del libro de laprimavera árabe, sobre la forma en que fueron derrocados los regímenes de Egipto, Túnez y, hasta cierto punto, Libia, y de cómo esto inspiró a estadunidenses, canadienses, británicos, españoles y griegos a manifestarse masivamente. Pero todo esto es absurdo.

La verdadera comparación ha sido inventada por los periodistas occidentales, siempre ansiosos por exaltar las rebeliones contra los dictadores árabes mientras ignoran las protestas contra los gobiernosdemocráticos de Occidente.

Siempre desesperados por sacar de contexto las manifestaciones para sugerir que simplemente se deben a una moda originada en el mundo árabe. La verdad es algo distinta.

Lo que llevó a decenas de miles de árabes a las calles, y que después se volvieron millones en las capitales de Medio Oriente, fue la demanda de dignidad y la negativa a aceptar a las dictaduras de familias locales que son, de hecho, dueñas de estos países.

Los Mubarak, los Ben Alí, los Kadafi, los reyes y emires del golfo y Jordania, y los Assad, todos ellos creían tener derecho de propiedad sobre naciones enteras. Egipto pertenecía a Mubarak Inc., Túnez a Bel Alí Inc. (y a la familia Traboulsi), Libia a Kadafi Inc. Los mártires de las dictaduras murieron para constatar que sus países pertenecían a los pueblos.

Este es el verdadero paralelismo con Occidente. Ciertamente los movimientos de protesta son contra las grandes corporaciones, en una causa perfectamente justificada, y contra los gobiernos.

Lo que han descubierto los manifestantes, de manera algo tardía, es que durante décadas han sido engañados por democracias fraudulentas, que votan abnegadamente por partidos políticos que, después de triunfar en las urnas, entregan el mandato democrático y el poder popular a bancos, comerciantes y agencias calificadoras, todas ellas respaldadas por un coto de negligentes y deshonestos expertos de las más costosas universidades estadunidenses ythink-tanks, que mantienen la ficción de que existe una crisis globalizada, en vez de una treta masiva contra los electores.

Los bancos y agencias calificadoras se han vuelto los dictadores de Occidente. Igual que los Mubarak y los Ben Alí, los bancos creyeron –y siguen creyendo– que son dueños de sus países.

Las elecciones que les han dado poder, gracias a la cobardía y complicidad de los gobiernos, se vuelven tan falsas como los comicios en los que los árabes eran obligados a participar, década tras década, para ungir como gobernantes a los propietarios de sus países.

Goldman Sachs y el Banco Real de Escocia son los Mubarak y Ben Alí de Estados Unidos y Gran Bretaña, que devoraron la riqueza de los pueblos mediante tramposas recompensas y bonos para sus jefes sin escrúpulos a una dimensión infinitamente más rapaz que la pudieron imaginar los codiciosos dictadores árabes.

No fue necesario, aunque me fue útil, ver el programa Inside Job de Charles Ferguson transmitido esta semana por la BBC para demostrarme que las agencias calificadoras y los bancos estadunidenses son intercambiables, que el personal de ambas instituciones se mueve sin trámites entre las agencias, los bancos y el gobierno de Estados Unidos. Los mismos muchachos calificadores (casi siempre varones, claro) que calificaron con triple A préstamos devaluados y sus derivados en Estados Unidos ahora atacan a zarpazos a los pueblos de Europa –mediante su venenosa influencia en los mercados– y los amenazan con disminuir o retirar las mismas calificaciones a naciones europeas, que alguna vez otorgaron a criminales, antes del colapso financiero estadunidense.

Siempre he creído que los argumentos mesurados tienden a ganar las discusiones. Pero perdónenme, ¿quiénes son estas criaturas cuyas agencias calificadoras ahora espantan más a Francia de lo que Rommel lo hizo en 1940?

¿Por qué no me lo dicen mis colegas periodistas en Wall Street?

¿Por qué la BBC, CNN y –ay, Dios– hasta Al Jazeera, tratan a estas comunidades criminales como incuestionables instituciones de poder?

¿Por qué nadie investiga, como ha comenzado a hacerloInside Job, estos escandalosos tratos sucios?

Todo esto me recuerda la manera igualmente cobarde en que los reporteros estadunidenses cubren Medio Oriente, la forma tenebrosa en que siempre evitan hacer críticas directas a Israel, siempre bajo el poder de un ejército de cabildos pro Likud que explican a los televidentes que la labor de paz de Estados Unidos en el conflicto israelí-palestino merece nuestra confianza; y por qué los buenos son losmoderados y los malos son losterroristas.

Al menos los árabes han empezado a ignorar estas tonterías. Pero cuando los que protestan contra Wall Street hagan lo mismo, se convertirán en anarquistas,terroristas sociales en las calles de Estados Unidos que exigen que los Bernanke y Gethner enfrenten un juicio como al que se ha sometido a Hosni Mubarak.

Nosotros, en Occidente, hemos creado a nuestros propios dictadores, pero a diferencia de los árabes los volvimos intocables.

El primer ministro de Irlanda, Enda Kenny, informó solemnemente a sus compatriotas esta semana que ellos no son responsables de la crisis en la que se encuentran. Ellos ya lo sabían, desde luego. ¿Por qué no les dijo de quién es la culpa? ¿No va siendo hora de que él y los otros primeros ministros europeos nos lo digan, y también de que los reporteros nos lo informen?

© The Independent

Traducción: Gabriela Fonseca

http://www.jornada.unam.mx/2011/12/11/mundo/024a1mun

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La ira se expande dentro del mundo árabe : Entrevista con Michel Chossudovsky


La ira se expande dentro del mundo árabe : Entrevista con Michel Chossudovsky

Las manifestaciones en demanda de un cambio político en Bahrein, Libia, Argelia y Yemen fueron ayer duramente reprimidas
by Carmen Álvarez

CIUDAD DE MÉXICO, 20 de febrero.- Como dijo Gabriel García Márquez, procuran verse al espejo lo menos posible para no encontrarse con sus propios ojos. Pasan sus últimos días temerosos de su propia sombra, cercados por el odio; les llaman dictadores.

Algunos están aislados de la comunidad internacional como Kim Jong-Il, de Corea del Norte que no escucha a nadie y envía a prisión a quienes no lo adoran como su Amado Líder, otros son tolerados por las grandes potencias a cambio de explotar sus recursos naturales o su estratégica posición militar.

Pero muchos más se endeudan a nombre de sus conciudadanos y quedan a merced de los organismos acreedores multilaterales. Uno de ellos fue Hosni Mubarak, quien fue defenestrado por su pueblo el 11 de febrero, otro fue Ben Alí de Túnez, quien aceleró su caída en medio de una crisis alimentada por el alza de precios de los alimentos básicos que le impusieron el Fondo Monetario Internacional y Wall Street.

Michel Chossudovsky, el editor de Global Research.ca considerado como uno de los grandes expertos en globalización, comentó a Excélsior que fue testigo del sometimiento de Mubarak a sus acreedores, pues no tuvo ni voz ni voto en la aplicación de políticas totalmente opuestas a los intereses de sus conciudadanos.

“Yo estuve en Egipto, invitado por el ministro de Hacienda, cuando le impusieron el devastador programa de ajuste del Fondo Monetario Internacional, y la participación de Egipto en la Guerra del Golfo en 1991. Bueno, ni siquiera chistó”, dijo vía telefónica desde Kuala Lumpur, la capital de Malasia, donde es miembro de la Comisión de los Crímenes de Guerra en Irak.

Este economista de la Universidad de Ottawa explicó que las masivas medidas de austeridad, la desregulación de los precios de los alimentos y la fiebre privatizadora, empobrecieron a la población egipcia y desestabilizaron su economía.

Sin embargo, Mubarak era alabado entonces, dijo, como un “alumno modelo” del FMI.

Un esquema similar de imposiciones aceleró también la caída, a fines de enero, del también defenestrado Ben Alí de Túnez, el pasado 14 de enero, tras 24 años en la presidencia, pues aceptó el alza de precios en los alimentos básicos que le impusieron el FMI y Wall Street.

El acento ligeramente costeño al hablar español de Chossudovsky, autor de numerosos libros entre los que figura The Globalization of Poverty: Impacts of IMF and World Bank Reforms, resonaba desde la capital malasia horas antes de que Mubarak fuera sustituido por el líder del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, Mohamed Hussein Tantawi, y por el controvertido general Omar Suleiman, en la vicepresidencia.

Lo que, en estricto sentido, es para Chossudovsky el remplazo del viejo dictador u “obedecedor”  de las grandes potencias, por uno nuevo en el estratégico enclave africano cuyo territorio se extiende hasta el continente asiático a través de su península del Sinaí.

“Egipto es prácticamente una colonia, su situación es mucho peor que la de América Latina donde históricamente las dictaduras han tenido ciertos márgenes de decisión. Otra dimensión del problema es que a lo largo del gobierno de Mubarak, fundaciones de EU que mantienen lazos con el Departamento de Estado y el Pentágono, se dedicaron a apoyar a grupos de oposición para que también sirvan a sus intereses”, dijo.

Chossudovsky señaló que poco antes de la caída de Mubarak, entró en acción un personaje que movió los hilos de la política egipcia tras el telón:

Se trata de un misterioso diplomático retirado, Frank G. Wisner II, enviado a toda prisa por la administración Obama a El Cairo, el 31 de enero, a negociar una solución a las protestas callejeras. Era el hijo de Frank Gardiner Wisner (1909-1965), uno de los más destacados agentes de inteligencia de EU, que en 1953 articuló la caída del gobierno de Mohammed Mossadegh en Irán.

“Ése es nuestro mensaje al movimiento de protesta. Echen de la silla (de gobierno) a las marionetas políticas pero no se olviden de quiénes son los verdaderos dictadores”, escribió Chossudovsky el 29 de enero desde Siria para Global Research.ca.

Tom Ferguson, académico de la Universidad de Massachusetts en Boston conocido por sus estudios sobre el dinero en las elecciones, dijo a Excélsior vía telefónica desde Boston, que cuando estallaron las protestas en Egipto, se realizaba en Munich, Alemania, la Conferencia de Seguridad de la OTAN, que reúne a los líderes de la Unión Europea, quienes allí mismo tomaron decisiones clave para el destino de ese país.

“Algunos expertos evaden el tema de la instalación/o apoyo de EU a abyectos dictadores criminales en todo el planeta, justificándolo como la bobalicona torpeza de unos chicos bien intencionados. Pero otros reconocen que esas políticas son elaboradas deliberadamente para apoyar los intereses –léase corporativos– de EU”, escribió Ferguson para Like the Dew, A Journal of Southern Culture and Politics.

Les llaman dictadores

Para el historiador William Engdahl, el mundo vive un proceso de sustitución o “Destrucción Creativa” de viejos tiranos en esa región, impulsado por “el G-8”, el grupo de ocho países más industrializados del planeta.

Una serie de revoluciones suaves que Engdahl enmarca dentro del llamado “Proyecto Mayor para Oriente Medio” de Washington. Sin embargo, Hosni Mubarak se erigió como  un acérrimo opositor a las políticas del presidente estadunidense, Barack Obama, hacia Irán y su programa nuclear, hacia Siria, hacia Líbano y hacia el pueblo palestino.

Engdahl escribió para Global Research.ca y lemetropolecafe.com, entre otros medios, que Túnez y Egipto estaban en la lista del proyecto de Oriente Medio para llevar democracia y reformas económicas “liberales de libre mercado” a países donde opera el National Endowment for Democracy, una ONG financiada por el Congreso estadunidense.

En la lista de ese proyecto también figuran Jordania, Kuwait, Libia, Siria, Yemen, Sudán e incluso Israel.

Pero en el hit parade de los Peores Dictadores del Mundo convergen tiranos avalados por las potencias industrializadas a cambio de la instalación de enclaves militares o de la explotación de riquezas naturales.

Son tiranos que terminan sus días temiendo hasta de su propia sombra, como los describió Platón en su Libro VIII de La República hace más de 2 mil 380 años, dijo a Excélsior Bill Caspary de la Universidad de Nueva York

Global Research Articles by Carmen Álvarez

 

 

¿ Qué pasa con las fortunas congeladas a los dictadores?


El dinero congelado de los ‘cleptócratas’
La nueva edad de hielo

 
AHMED JADALLAH / REUTERS

Gadafi, Mubarak, Ben Alí… cuando los déspotas pierden el poder, los bancos internacionales se apresuran a congelar sus cuentas en el extranjero.

¿Pero qué significa exactamente ‘congelar’? ¿Y qué pasa después con esas fortunas? ¿Sirve de algo o solo se trata de una medida cosmética?

En plena convulsión del mundo árabe, le contamos la trastienda del dinero más sucio.

Se calcula que, en estos momentos, hay congelados en todo el mundo unos 360 millones de euros en cuentas a nombre de tiranos, o bien de sus parientes y colaboradores. Y puede que sea solo la punta del iceberg. Para organizaciones como Transparencia Internacional, el iceberg ronda los 90.000 millones de euros. Y no deja de crecer. El Banco Mundial estima que, solo de África, cada año se desvía a canales oscuros la cuarta parte del dinero público del continente. Es una sangría.

Repasemos los últimos acontecimientos.

 Empezando por Túnez. Karly Curcio, economista de Global Financial Integrity, estima que el dinero que se ha volatilizado en ese país debido a la corrupción y los sobornos supera los 840 millones de euros anuales.

En enero, cinco días después de la caída de Zine el Abidine Ben Alí, el Gobierno suizo congeló todas las cuentas del ex presidente tunecino e hizo lo mismo con los bienes de su esposa y de otros 48 parientes y amigos; entre ellos, su hombre de confianza, Azid Miled. En Francia, sin embargo, no se tomó ninguna medida contra Azid Miled, porque la ministra gala de Asuntos Exteriores consideraba que no formaba parte de la familia Ben Alí. Claro que a la ministra su relación con Miled -de quien era invitada de lujo- le ha costado el cargo.

La siguiente ficha del dominó en caer fue Mubarak. El presidente egipcio podría haberle robado a su pueblo 30.000 millones de euros. ¿Cómo es posible apropiarse de una suma tan fabulosa?

«Olvídense de maletines repletos de billetes que salen del país. Ya no se hace así. Es más sencillo aprovecharse de las transacciones comerciales. Pongamos que un ministerio compra maquinaria al extranjero por un millón de dólares.

 En lugar de uno se pagan dos y se acuerda con el proveedor que coloque ese millón en una cuenta bancaria en un paraíso fiscal en Bahamas, Jersey o la isla de Man», explica Nicholas Shaxson, analista de la Chatham House londinense. «Mubarak, además, tiene fincas, mansiones, yates y negocios en Londres, Singapur y Dubái, además de en Los Ángeles y Suiza. El problema para los investigadores es que la titularidad de estos bienes está oculta por un cinturón de seguridad de testaferros, empresas tapadera, fundaciones, y cuentas de custodia de, como mínimo, cinco niveles.»

«Pero lo que no podemos perder de vista -subraya Shaxson– es que estamos hablando del expolio de naciones enteras. Y, por el hecho de congelar unos pocos cientos de millones, Suiza, Wall Street y la City de Londres, que son los principales centros de blanqueo de capitales, no deberían desviar la atención del verdadero asunto: la complicidad de los gobiernos occidentales con el saqueo de los países en vías de desarrollo por parte de sus propias élites. Esas cuentas congeladas son solo unas gotas en el océano. Lo importante es que cambie el clima de tolerancia hacia ese pillaje, sobre todo en el Reino Unido, cuya influencia en los paraísos fiscales es enorme.» Así, mientras Suiza anunciaba que congelaba las cuentas de Mubarak nada más ser depuesto, Reino Unido y Estados Unidos -donde los Mubarak concentran la mayoría de sus propiedades- decidieron esperar a que un nuevo gobierno egipcio reclamase los fondos.

Suiza también ha sido muy rápida a la hora de bloquear las cuentas de Muamar Gadafi, alrededor de 435 millones de euros. Pero otra vez conviene mirar la letra pequeña. El clan Gadafi tenía depositados unos 4400 millones en el Banco Nacional Suizo en 2008, pero la crisis diplomática entre los dos países a raíz del arresto en Ginebra de Hannibal, uno de los hijos del líder libio, provocó una frenética actividad de transferencias hacia otros países, entre ellos, Italia, por la amistad de Gadafi con Silvio Berlusconi. La fortuna total de los Gadafi, amasada a lo largo de más de 40 años en el poder de un país que es el cuarto productor de petróleo del mundo, rondaría los 87.000 millones de euros.

En cualquier caso, Suiza parece dispuesta a lavar menos dinero y limpiar así su reputación. Hasta hace no demasiado tiempo, los dictadores podían sentirse tranquilos en Ginebra y Zúrich. Unos jóvenes, parientes del clan de Sani Abacha, antiguo dictador militar de Nigeria, se presentaron una vez en un banco suizo para ingresar alrededor de 215 millones de euros. Cuando se les preguntó por el origen del dinero, se limitaron a contestar que procedían del comercio de hollín… y se quedaron tan anchos.

Pero en los últimos tiempos ha empezado a cambiar. Suiza ha congelado desde mediados de los años 90 unos 1350 millones de euros en cuentas de potentados extranjeros y ha transferido el dinero a los respectivos gobiernos de origen en Perú, Filipinas, Nigeria, Angola, Kazajistán o México. Y hace pocas semanas aprobó una ley histórica, llamada ‘Lex Duvalier’, para acelerar el proceso y que rompe con su tradicional secretismo bancario.

Antes de que entrase en vigor, las autoridades extranjeras que reclamaban el dinero estaban obligadas a demostrar el origen ilegal de los fondos depositados en territorio helvético, tarea harto complicada en países Haití o el Congo, cuyos sistemas judiciales se habían hundido durante la dictadura.

En teoría, el resto del mundo también dispone de instrumentos legales para arruinarle la jubilación a los ‘cleptócratas’. Naciones Unidas aprobó en 2003 la Convención contra la Corrupción. En ella se estipulaba la congelación de la cuentas de los líderes políticos con fortunas sospechosas. Por ahora han ratificado la convención de la ONU 148 naciones… para alegría de Stuart Gilman, experto en corrupción del Banco Mundial.

Con 30 años de experiencia, puede contar muchas historias. Una de ellas es la de un antiguo dictador africano que fue condenado a diez años de cárcel en su país. Empezó a cumplir su pena por la mañana, por la tarde salió tranquilamente de la prisión para pasar el resto de su vida en la Riviera francesa.

Los viejos contactos funcionaron. «A esta gente no le importan las penas de cárcel -dice Gilman-, pero, si se actúa contra sus cuentas en el extranjero, entonces sí que se ponen muy nerviosos.»

Pero en la práctica no es nada sencillo echarle el guante al dinero sucio. Y menos aún devolverlo.

Un ejemplo sangrante. En 1997, Suiza congeló 6,2 millones de euros del recientemente fallecido dictador congoleño Mobutu.

Las negociaciones para su devolución con el nuevo gobierno, del que formaba parte un hijo de Mobutu, fueron rocambolescas.

El Gobierno congoleño le había prometido a miembros del clan Mobutu entregarles el dinero tan pronto como Suiza lo hubiese transferido. Tras 12 años de gestiones infructuosas, a Suiza no le quedó más remedio que entregar el dinero a la familia del antiguo dictador, un desastre de imagen.

En cualquier caso, los suizos intentaron negociar, algo que no se puede decir de todos los países:

 Francia ha tenido que ser obligada por dos ONG a emprender acciones penales contra los jefes de Estado de tres antiguas colonias europeas:

Omar Bongo, presidente de Gabón hasta su muerte, hace dos años;

Denis Sassou-Nguesso, de la República del Congo;

 y Teodoro Obiang, de Guinea Ecuatorial.

El clan Bongo posee en Francia 70 cuentas bancarias y 39 inmuebles por valor de 22 millones de euros.

El congoleño Nguesso y seis de sus parientes tienen 112 cuentas localizadas a su nombre.

¿Por qué las autoridades francesas no investigaron por iniciativa propia? «La respuesta es sencilla: ¡petróleo!», dice la abogada Maud Pedriele-Vaissaière, de la organización Sherpa, dedicada a luchar contra la corrupción.

 Los dictadores Bongo y Nguesso mantuvieron relaciones muy estrechas con la petrolífera francesa Elf Aquitaine.

Alemania apenas se ha interesado por el tema y ni siquiera ha firmado la convención de la ONU, al igual que Siria y Arabia Saudí. Familiares del clan Suharto, de Indonesia, depositaron dinero en Alemania.

El dinero sigue intacto a día de hoy, pues nadie lo ha reclamado. Suharto estaba considerado como el líder político más corrupto de la historia contemporánea hasta la caída de Mubarak. Estafó a su país alrededor de 25.000 millones de euros.

En cuanto a Estados Unidos, su obsesión es la seguridad nacional. Y sus actuaciones suelen realizarse en el marco de su guerra contra el terrorismo o el narcotráfico. Tras el 11-S, la comunidad internacional adoptó la misma estrategia para ahogar financieramente a posibles terroristas, sin mucho éxito. La Unión Europea elaboró a finales de 2001 una lista de 75 páginas con nombres de personas y organizaciones sospechosas cuyas cuentas había que congelar. A principios de 2010, un parlamentario alemán se interesó por la cantidad de dinero de organizaciones terroristas que se había congelado; la respuesta: 203 euros y 93 céntimos.

Carlos Manuel Sánchez

   
  A FONDO
 
ALBERTO FUJIMORI
‘Rasputín’ y yo

  • Presidente de Perú: 1990 a 2000
  • Fortuna: 434 millones de euros
  • Congelados: 35 millones
  • Repatriados: 35 millones
  • Salario del país: 360 euros/mes
  • Un dato: se le condenó por homicidio y secuestro
  • Final: él y su jefe de espionaje, Vladimiro Montesinos, están en la cárcel. 
  •  

  • FERDINAND MARCOS
    No, sin Imelda
  • Presidente de Filipinas: 1972 a 1986
  • Fortuna: 7200 millones de euros
  • Congelados: 495 millones
  • Repatriados: 495 millones
  • Salario medio del país: 112 euros/mes
  • Un dato: costó 17 años repatriar una parte de su patrimonio en EE.UU. y Suiza.
  • Final: murió en Hawái en 1989.
  •  
    SUHARTO
    El número uno

  • Presidente de Indonesia: 1967 a 1998 
  • Fortuna: 25.000 millones de euros
  • Congelados: 79 millones
  • Repatriados: 79 millones
  • Salario medio del país: 135 euros/mes
  • Un dato: es el Gobernante más corrupto de la historia.
  • Final: no fue juzgado. Alegó mala salud. Murió en 2008 en Yakarta.
  •  
  • SANI ABACHA
    El ‘diezmo’

  • Presidente de Nigeria: 1993 a 1998
  • Fortuna: 3620 millones de euros
  • Congelados: 506 millones
  • Repatriados: 506 millones
  • Salario del país: 88 euros/mes
  • Un dato: se llevaba el 10 por ciento de los ingresos por petróleo
  • Final: murió de un infarto en su palacio presidencial.

  • MOBUTU
    El caprichoso

  • Presidente de Zaire (Congo): 1965 a 1997
  • Fortuna: 3600 millones de euros
  • Congelados: 4,7 millones 
  • Repatriados: 0 euros 
  • Salario del país: 11 euros/mes 
  • Un dato: iba de compras a París y Nueva York en Concorde 
  • Final: murió de cáncer, exiliado en Marruecos, en 1997.
  • Nueve errores de los dictadores del siglo XXI


    REVOLUCIONES

    Nueve errores de los dictadores del siglo XXI

    09/03/2011 | Carlos Salas, María Torrens

    Los recientes acontecimientos en el norte de África y Oriente Medio, especialmente las caídas de los regímenes dictatoriales y la guerra en Libia, ponen en evidencia los prejuicios de algunos dirigentes que no han entendido el progreso de la historia en el siglo XXI.

    [ 24 ] 9 errores de los dictadores del siglo XXI (cito el 1º: paro, falta de …
    1. Paz no significa bienestar. TúnezEgipto y Libia disfrutaban de situaciones sociales pacíficas que escondían un gran malestar: paro, falta de salidas profesionales, bajos ingresos.Es el caldo de cultivo de las rebeliones.
    2. Los jóvenes saben más de lo que piensas. Conectados a internet, los jóvenes de las grandes ciudades eran la parte de la población más y mejor informada. Cuando ven que tus policías matan a golpes a un ciudadano (Túnez), leen la corrupción de tu gobierno –que ya sospechaban- gracias a los cables de EEUU filtrados por WikiLeaks (Egipto) y cuando ven que los demás pueden rebelarse (Libia, JordaniaBahréin, Argelia, Marruecos), también comienzan a rebelarse.
    3. Las redes sociales son más poderosas que tu censura. Organizados en torno a redes sociales como Facebook, o intercambiando mensajes por móviles o Twitter, tu pueblo ha logrado saltarse los controles, intercambiar información y agrupar el descontento.
    4. El contagio del virus de la libertad es inevitable. Ningún país puede aislarse totalmente en el siglo XXI. Todos los pueblos saben cómo se vive en Occidente, en el norte de África o en China. Gracias a las telecomunicaciones, hay demasiadas formas de conocer lo que pasa en el mundo, y todas ellas, por comparación, tendrán un efecto en la forma de vida de tu país.
    5. Tu mayor enemigo no es la prensa occidental, sino las cadenas árabes internacionales e independientes. Gracias a las antenas parabólicas, Al Jazeera, Middle East Broadcasting Channel o Al Arabiya, han estado mostrando durante los últimos años al mundo árabe otra realidad de tu país, y además en un lenguaje comprensible para todos: árabe clásico.
    6. La presión internacional crece cuando cierras el paso a la prensa. Pocas cosas hay que molesten más a Occidente que impedir la libertad de expresión y de comunicación. Si te cargas uno de los pilares básicos de las democracias, éstas y sus medios de comunicación prestarán más atención a lo que haces.
    7. Suiza ya no es el refugio del dinero que expoliaste. Desde que se aprobó que Suiza no podía esconder ni salvaguardar fortunas ilícitas de dictadores, ya no puedes confiar en este pequeño país para huir con el dinero que posiblemente has robado a tu pueblo. Tus viejos aliados solo se aprovechaban de ti.
    8. Hacerse fotos y darse la mano con los líderes de Europa y EEUU no significa que te vayan a sostener hasta la muerte. Lo hacen por conveniencia, igual que tú, porque prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer. Así preservan los beneficios económicos y estratégicos que les reportan los acuerdos que cierran contigo. Cuando tu régimen se tambalee, pueden retirarte la mano más rápido de lo que piensas.
    9. Tus amenazas solo sirven para encender más el odio. Si dices que no tienes intención de dimitir cuando la población te está pidiendo a gritos que lo hagas; si dices que morirás en tu país pese a quien pese; o si te empeñas en que tú representas la voluntad de tu pueblo y no cedes, estás poniendo todos los ingredientes para acabar perdiendo tu poder.

    (Si quieres saber más sobre las revueltas en el mundo árabe, puedes consultar nuestro especial).

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