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Siria. Punto de no retorno


Siria.
Punto de no retorno
VS 0 | | sección: web | 06/02/2012
Charles-André Udry

El pasado 1 de febrero Robert Fisk terminaba así su artículo en el periódico The Independent: “Pero hay una cuestión que no está planteada.
Suponed que el régimen (de Bachar el-Assad) sobreviva. ¿sobre qué Siria ejercería su poder?”.
Dicho de otra forma: la revuelta ha alcanzado un punto de no retorno.
El registro, bajo todas las formas, por las fuerzas policiales y militares, de decenas de miles de manifestantes y de opositores –cada semana, cada día- en las diferentes ciudades y aldeas del país haría mañana muertos y encarcelados, torturados, suplementarios,  si el combate se detuviera. Y si el régimen de la camarilla de Assad permaneciera.
El terrible precio humano de este combate popular es conforme a la naturaleza odiosa e implacable del régimen, con el que ninguna negociación es posible y aceptable por los combatientes antidictatoriales.

El 4 de febrero de 2012, Khaled al-Arabi, miembro de la Organización Árabe de los Derechos Humanos, declaraba: “El ejército sirio bombardea con cohetes y morteros. Está cometiendo un baño de sangre de un horror jamás visto hasta ahora en la ciudad de Homs…”. Radio France Internationale (FRI), en la misma fecha, afirmaba: En Homs, son cerca de 300 las personas  muertas sólo la jornada de ayer, viernes 3 de febrero de 2012, afirma el Consejo Nacional Sirio (CNS).

Incluso si es difícil saber con precisión lo que ocurre en ese país cerrado a la prensa y sometido a un estricto control, las imágenes difundidas por las televisiones árabes y los testimonios recogidos evocan una violencia creciente y ciega. Los testimonios describen un bombardeo despiadado, una ciudad transformada en zona de guerra. Nadie, ni ningún barrio se ha librado de una “verdadera lluvia de bombas”. Y es un verdadero baño de sangre lo que se describe.
El bombardeo de la ciudad ha comenzado ayer, viernes 3 de febrero hacia las 17 horas, hora local, y ha proseguido hasta el alba. Los testigos declaran que los primeros bombardeos se han concentrado sobre todo en el barrio de al-Khalidiya, donde numerosas casas se han hundido sobre sus ocupantes y donde se cuentan la mayoría de las víctimas. A lo largo de toda la noche, los balances no han dejado de crecer. Según los opositores del Consejo Nacional Sirio, es “una de las masacres más horribles desde el comienzo (el pasado marzo) del levantamiento en Siria”. La oposición estima que se trata de represalias tras nuevas deserciones registradas en el seno de las fuerzas armadas”.

Dos elementos destacan entre las diversas fuentes que se pueden recoger. En primer lugar, la revuelta contra el régimen dictatorial se ha ampliado desde noviembre de 2011. Alcanza las zonas urbanas más importantes. Por tanto, ha tomado forma y fortalecido un movimiento de la periferia hacia el centro durante estos últimos once meses. En el plano social, las capas que participan en la movilización contra la dictadura –el término revolución debe ser entendido en este sentido- se han ampliado también.

Solo la existencia de tal “frente social” permite comprender el mantenimiento y el refuerzo de una organización que asegura: los días sucesivos de movilización; las consignas que dan su sentido a cada “viernes” de lucha contra el poder del clan Assad; la amplitud de los funerales, a menudo colocados bajo la protección de soldados que han desertado; los cuidados –ciertamente administrados en condiciones dramáticas- aportados a los centenares de heridos que no pueden ser cuidados en los hospitales, pues la llamadas fuerzas de seguridad vienen a secuestrarles para torturarles y matarles; la puesta en pie de redes de comunicación y de transporte en un contexto de guerra.
Es sobre esta base social sobre la se basan las actividades de los comités Locales de Coordinación. La población en revuelta recibe una ayuda de la diáspora siria que dispone de recursos materiales. Pero el hecho de que no dependa de una fuerza “extranjera” ha reafirmado el sentimiento de que debe contar con sus propias fuerzas. Lo que dinamiza –a pesar de los suplicios y los dolores encajados- las múltiples ayudas mutuas y las formas de autoorganización.

Luego, las masacres, las torturas de niños, las violaciones de mujeres, el número de familias ofendidas, martirizadas, han conducido, inevitablemente a la aparición de formas de autodefensa. Las deserciones se multiplican: las que provienen del ejército del régimen que rechazan ser el brazo asesino de Assad; las de jóvenes que rechazan el reclutamiento forzoso. Estos soldados de la revuelta –conocidos bajo el nombre de miembros del Ejército Sirio Libre- disponen de un armamento ligero.

En este sentido, no hay una verdadera militarización del combate antidictatorial, aunque enfrentamientos directos, relativamente limitados, se hayan producido y podrían ampliarse como consecuencia de la masacre cometida en Homs.
Estas deserciones ilustran fallas en el régimen. Más exactamente, frente a la extensión y la duración de la revuelta, un régimen así no puede evitar los procesos de autonomización relativa de sus diversos centros de poder; esto tanto más en la medida en que ya tiene más de 40 años. Episodios de luchas análogas en la historia demuestran que –a medida que perdura la movilización, se refuerza y ya no puede retroceder- los procesos de tomas de decisión se hacen más difíciles.
Traducen las dudas de los sectores que no están en el círculo restringido de las pocas “familias” que monopolizan el poder y todos los privilegios corruptores que derivan de ello. Una dinámica errática se instala pues en la gestión misma de las operaciones represivas y políticas.
Y las incertidumbres sobre su futuro económica inquietan a las capas de negociantes, de comerciantes, de importadores y exportadores, así como los medios ligados al turismo. Las sanciones aumentan la dependencia de Irán; lo que no es considerado como una solución atractiva por diversas fracciones de la media burguesía.

Ciertamente, la Guardia Republicana y la IV División de Maher el-Assad (el hermano de Bachar) son instrumentos de terror en manos del régimen. Pero un signo, según diversos reportajes, no engaña. ¿Por qué el poder debe dedicar tantos recursos para comenzar a vigilar, a amenazar con sus esbirros, a los medios cristianos y alauitas que constituían (y siguen constituyendo) su base “oficializada”?

Tomar como rehenes a las minorías confesionales forma parte de la política del régimen. No deja de blandir la amenaza de un amplio arreglo de cuentas –en el que los “sunitas” serían los “futuros dueños”- en caso de caída del régimen. Y el clan Assad hará todo lo posible –y ya lo ha hecho- para que se produzcan enfrentamientos confesionales, comunitarios.
Es importante pues para las diversas fuerzas comprometidas en este titánico combate antidictatorial lanzar un mensaje: a pesar de los sufrimientos y las humillaciones soportadas, los actos de venganza indiscriminados están excluidos de todas las opciones de las fuerzas que luchan por el derrocamiento del tirano. Es una de las dimensiones de una orientación que tenga por objetivo ampliar el frente social y político, neutralizar ciertos sectores y debilitar la base, frágil ya, del régimen.

El cinismo de la llamada comunidad internacional no tiene límites. Los medios no dejan de disertar sobre los proyectos de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU. ¡Son bloqueados por Rusia (de hecho, el poder del kgbista Putin) y China (del “partido comunista” de China a quien se han presentado peticiones de ayuda para las economías occidentales)! Son numerosos los gobernantes que derraman lágrimas de cocodrilo sobre el “pobre pueblo sirio” y denuncian al “cruel déspota” Bachar al-Assad, tras haberle recibido con gran pompa o haber apreciado su papel en la región, al menos como un mal menor.

El lugar de la Siria de Assad en el “arreglo regional” plantea un problema diferente del de la Libia de Gadafi. Una gran parte de la puesta en escena diplomática oculta la dificultad para los diversos “actores” regionales e internacionales –en el contexto actual de crisis socioeconómica y de disturbios mundializados propios de un sistema de hegemonía política con fallas visibles- de definir las “vías de un cambio” que no conduzca a una pérdida de control y a procesos centrífugos en una región tan estratégica.

Estados Unidos parecen decididos. De hecho, la irresolución de las resoluciones escritas y reescritas –que deben ser presentadas en el Consejo de Seguridad- no les molesta demasiado. Ganar tiempo y poder dar conferencias de prensa “humanitarias” conviene perfectamente a la administración Obama.

La caída de Mubarak y la presente situación en Egipto han modificado el puzzle construido por los Estados Unidos e Israel, desde al menos 1979. Las relaciones entre el Líbano de Hezbolá e Israel no son de una tranquilidad a toda prueba, lo que hace de la Siria de Assad una frontera más “segura” que la de un nuevo régimen sirio del que es difícil decir quien le “dirigirá” o tendrá la posibilidad de dirigirle.
Las tensiones con Irán son un factor más, a fin de conservar, por el momento, un gángster que se conoce –Assad- o, mejor, piezas importantes, revisadas, de su máquina politico-securitaria. Lo que necesita tiempo para la maniobra. Pues debe ser efectuada de forma conjunta con diversos gobiernos que son recién llegados a esta arena regional. Qatar puede ciertamente financiar a los Hermanos Musulmanes en Túnez y en Egipto; añadir hoy a la lista los de Siria es una tarea políticamente delicada, incluso con apoyos externos.
El despido, el 4 de febrero, del embajador de Siria en Túnez refleja –igual que la ocupación en El Cairo de la embajada siria, sin embargo relocalizada en “lugar seguro”, pero no protegida (!)- que la “revolución árabe” es un intérprete suplementario de los guiones que están escribiéndose en este año 2012.

Esto tanto más cuanto que Turquía querría también su parte del pastel y es capaz de obtenerlo. El poder ruso quiere estar seguro de conservar sus posiciones (instalaciones portuarias, entre otras), pero no puede jugar una carta ofensiva. Así pues, no puede más que bloquear una decisión del Consejo de Seguridad… que los occidentales no están tan apresurados a tomar –a pesar de que no sea más que un sencillo pedazo de papel- más allá de las sanciones económicas.

El juego complejo de injerencias –que ha hecho una gran parte de la historia de esta región- se efectúa pues, hoy, en un marco en que el dibujo del puzzle pasado está siendo parcialmente borrado, mientras que los contornos del nuevo dibujo no están aún definidos.

De ahí la importancia de dar apoyo político a la lucha de ese pueblo en revuelta que cuenta con sus propias fuerzas y con la solidaridad; y también de oponerse a todas las intervenciones militares extranjeras.

4/02/2012

http://alencontre.org/laune/syrie-le-point-de-non-retour.html

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

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De cómo el asesinato de Osama Bin Laden complica el panorama político en Egipto y Palestina


El pueblo egipcio avanza en su conciencia política

De cómo el asesinato de Osama Bin Laden complica el panorama político en Egipto y Palestina
Geopolítica – 07/05/2011 8:40 – Autor: Abel Samir Walter – Fuente: Webislam
Enfrentamiento entre manifestantes y policías en El Cairo antes de la caída de Mubarak.
Enfrentamiento entre manifestantes y policías en El Cairo antes de la caída de Mubarak.

Lo que muchos esperábamos que ocurriese a partir de la primavera de los pueblos árabes parece que de todas maneras va en camino en Egipto, como en Túnez. Es algo que era impensable: la toma de consciencia de la clase trabajadora. Algo de eso está sucediendo ahora en estos dos países.

Pero antes de entrar en materia, es importante describir toda la complejidad histórica de Egipto en estos últimos 40 años. Y debe ser así porque la historia y los hechos de hoy no han caído del cielo. Hay una historia que tiene influencia en los hechos de hoy.

Estos últimos hechos, motivados por la revolución tunecina empezó en la plaza Tahrir de la ciudad El Cairo el día 25 de enero.

Decenas de miles de manifestantes se estaban dando cita en esta plaza y en otras ciudades del país, jornada que fue bautizada como el día de la ira, para pedir el fin de la dictadura de Hosni Mubarak, que desvergonzadamente se hacía llamar presidente, por ser elegido para ese cargo por sus connacionales, cuando en verdad eran elecciones fraudulentas que era vox populi en todas partes del mundo.

Desde luego el gobierno de USA lo sabía, como sabía ya de la falta de democracia en todos los países árabes y, para no irritar a Mubarak, se pronunciaba débilmente, llamando a su gobierno y a los otros países árabes a practicar la democracia.

En el caso de Egipto, no se pronunciaba con fuerza porque éste era un aliado vital para su estrategia de dominio del Oriente Medio y para la existencia de su principal aliado en esa zona: Israel. La situación de Túnez y de otros países del Magreb era ya un indicativo de que se acercaban tiempos difíciles.

Al final del día la represión policial dejó un saldo de 5 muertos y decenas de heridos. El día siguiente y el subsiguiente se libran combates entre las fuerzas policiales y los manifestantes armados sólo de piedras especialmente en El Cairo.

La estrategia de USA de dominio del Oriente Medio y del Magreb se había estrellado contra la actitud independista y pro árabe de Gamal Abdel Nasser, el líder egipcio que tomó las riendas del poder en 1953, después de que el general Naguib fuese derrocado por los que lo habían apoyado contra la monarquía de Farouk que, como lo hacen todas las monarquías, vivía de la corrupción y de la miseria de su pueblo. Nasser nacionalizó el canal de Suez en 1956 para obtener fondos para construir la represa de Asuán, tan útil para la agricultura de ese país árabe.

Este líder tenía como meta la unidad del mundo árabe y logró por un tiempo la unión con Siria, en lo que se llamó: la República Árabe Unida, que duró hasta septiembre de 1961.

Gadafi, como otros líderes árabes se sintieron en su tiempo inspirados por Nasser, el cual terminó por declinar con la derrota militar sufrida a manos de los israelíes, durante lo que se llamó la Guerra de los Seis Días. A su muerte, ocurrida por un infarto cardíaco en el mes de septiembre de 1970, le sucedió Anwar El-Sadat.

El-Sadat no era ni de cerca de la madera de Nasser, aunque en su juventud había sido un idealista simpatizante de los Hermanos Musulmanes y, más tarde, se destacó participando en el movimiento de los oficiales del ejército egipcio que derrocaron a Farouk.

En 1973, junto a Siria, intentó una guerra sorpresiva contra Israel, que fracasó rotundamente por la escasa preparación de su ejército y por la mala conducción de sus oficiales, amén de tener una estrategia equivocada, en la que no le dieron la importancia requerida a la aviación y su rol en la sorpresa estratégica, que sí, utilizó Israel para destruir los aeropuertos egipcios y después de eso las formaciones blindadas, las que carentes del techo aéreo, perdieron casi todo su material y la vida de miles de soldados en el desierto del Naguib.

Desde luego que uno de los responsables de la mala estrategia adoptada en la Guerra de los Seis Días fue el mismo El-Sadat, como también todos los oficiales de alto rango que ocupaban cargos de gran responsabilidad.

En aquella época, la Guerra Fría entre USA, la OTAN y otras organizaciones afines y sometidas a USA contra la URSS y sus aliados, se encontraba en pleno apogeo. Una gran parte de los países árabes, sobre todo los de Oriente Medio, se abastecían de armas desde la URSS y esta potencia además entrenaba a la oficialidad de esos países, conforme a la doctrina militar que la URSS impulsaba y que le era propia.

Tanto Stalin como sus sucesores creían poder llevar al camino de la revolución socialista a los oficiales de los pueblos árabes, mostrándoles su organización, su disciplina y su poderío militar, haciendo abstracción de la ideología de éstos y de la lucha de clases. Estaba en boga, todavía, la política de los frentes populares.

Era un período, en que las guerras en general, no empezaban hasta que no se rompiese las relaciones diplomáticas, aun cuando eso no había ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial.

Claro está que, existían otras excepciones, como la Guerra de Vietnam, Laos y Camboya contra los colonialistas europeos y norteamericanos. El ataque sorpresivo de la aviación israelí a los aeropuertos de Egipto fue el golpe decisivo en esa contienda.La insistencia de enviar blindados sin la protección aérea fue una gran estupidez del mando egipcio.

En aquella época las dos grandes potencias, USA y la URSS disputaban la influencia en las distintas regiones del mundo y, en especial, aquellas como el Oriente Medio que era y es una zona de mucha importancia geoestratégica. Por esa razón USA hábilmente conquistó a El-Sadat con ayudas económicas, siguiendo con una estrategia de conquistar aliados en los que hasta esa época eran sus enemigos en potencia.

Así fue como Egipto dejó la esfera de influencia de la URSS y entró en la esfera de USA y, también, aunque no en el papel, renunció a la defensa de los Palestinos, aunque se hiciesen declaraciones muy bonitas, llegando a acuerdos de paz y económicos con Israel, en lo que se llamó los Acuerdos de paz de Camp David que fue una victoria política del presidente Carter y del premier israelí, Begin. Por ese acuerdo Israel se comprometió a hacer abandono de la península de Sinaí y en la práctica Egipto se desentendió de la causa palestina y pasó a proveer de petróleo a su ex enemigo, Israel.

Además, el canal de Suez pasó al área de influencia de USA, lo que fue un golpe duro para la URSS. La traición de El-Sadat le costó muy caro: en 1981 fue asesinado por oficiales y tropa egipcios que simpatizaban con la organización de los Hermanos Musulmanes.

Los complotados aprovecharon un desfile militar en que El-Sadat estaba observando desde el palco de una galería junto a sus oficiales más cercanos. Era en un estadio repleto de público en el que no había menos de 100.000 personas.

El vicepresidente de eses momento, Mubarak, asumió la presidencia y anunció elecciones a 60 días de este hecho. Éste fue elegido prácticamente por el parlamento (a su vez elegido en forma fraudulenta) para seguir los pasos de El-Sadat. Con la muerte de El-Sadat la guerra quedó declarada entre este ejército pasado a USA y los Hermanos Musulmanes.

La ejecución de Anuar El-Sadat fue rechazada por una gran parte de la oficialidad de las FFAA egipcias, que ya formaban una elite que se alejaba cada vez más de la masa trabajadora. Ellos habían empezado a tener sus propios intereses que no eran los mismos que planteaba el panarabismo.

Así fue como llegó al poder Mubarak. Y dentro de esa elite había muchos que no simpatizaban con la URSS y el llamado campo socialista, eran pro capitalista, lo que permitió el acercamiento hacia USA.

Esta ejecución fue achacada en ese momento a “La Hermandad Musulmana”, aunque no existen pruebas de así fuese. Esta organización siempre fue partidaria de la democracia y no de la violencia para tomar el poder del Estado. La Hermandad predica que el camino para cumplir con el mandato de Allah es de manera pacífica, usando de las elecciones y de las instituciones que permiten la Constitución y las leyes.

Aun cuando existen grupos, partidos u organizaciones afines a “La Hermandad” que han usado de la violencia para obtener sus fines y objetivos políticos y sociales, como es el caso de Hamás en Palestina.

Aunque en este caso, la situación de corrupción y de engaño de Fatah obligó a Hamás a recurrir a las armas para defender sus derechos.

Sin embargo, “La Hermandad” plantea que la Yihad (la guerra santa) contra los infieles (los que no son musulmanes o no creyentes) es un principio defendido por esa organización. Hay, desde luego, muchas interpretaciones sobre la Yihad.

Desde los más extremos hasta los que la ven sólo como un camino extremo. “La Hermandad Musulmana” de Egipto aspira a un Estado en que la base sea el Islam y que incluya la sharia (la ley musulmana dimanada del Corán). Manifiesta el doctor Abdel Ghaffar, uno de sus actuales dirigentes, que ellos quieren un país en donde haya libertad e igualdad para todos, sin excluir a los que profesan otra religión.

Esta organización a la cual le teme Israel y también USA, cuenta con cerca del 30% del electorado y puede ser que esta cifra aumente producto de la caída de Mubarak. En las elecciones no pudieron obtener suficiente votación por varias razones, entre ellas porque muchos de sus candidatos estaban en prisión y la organización prácticamente fuera de la ley.

Las condiciones políticas y sociales que llevaron a la revuelta contra el régimen de Mubarak estaban presentes desde hacía ya muchas décadas. El régimen “presidencial” de Mubarak camuflaba una sociedad autocrática y pro norteamericana en un mundo en donde los árabes se oponen a la existencia del Estado de Israel, hoy por hoy el principal aliado del Imperio. Mientras una clase social vivía en el extremo lujo, la gran mayoría vivía y vive hoy en la extrema pobreza.

Y la falta de libertad y de democracia, enfermedades sociales de todo el mundo árabe. El día 10 de febrero miles de obreros de las empresas, tanto privadas como del Estado, incluso aquellas de carácter estratégicas de la capital El Cairo fueron a la huelga exigiendo la renuncia de Mubarak. La protesta egipcia que hasta ese momento sólo se había circunscribido a la plaza Tahir se extendió a varias ciudades y llegó hasta el Canal de Suez. El ejército no intervino cuando los miles de manifestantes llegaron al edificio del parlamento y lo rodearon cantando canciones patrióticas.

El ejército empezaba a hacer causa común con los rebeldes, no así la policía que empleaba la fuerza y las balas por orden de Mubarak.

Pero la actitud del ejército en lo estratégico era decisiva porque le restaba a Mubarak el apoyo de las fuerzas principales del Estado para la represión y el mantenimiento del orden público. Esta actitud de los militares fue analizada por la Casa Blanca la que vio el peligro de que esta revolución se radicalizase y que de una simple revuelta por la libertad y la democracia se transformase en una revolución anticapitalista y antinorteamericana.

Claro está que todavía había oficiales que estaban a favor de Mubarak y por eso el “Viernes de la Ira” del día 25 de febrero (cuando Mubarak ya no estaba en el poder) fue reprimido por el ejército, aunque este disparaba al aire y no a la multitud.

En todo caso, aunque el ejército no actuase con extremada brutalidad, y casi con blandura, para muchos de los jóvenes y trabajadores manuales e intelectuales, quedaba claro que ese no era el ejército de ellos, había necesidad de un nuevo ejército, un ejército del pueblo.

Muchos manifestantes fueron arrestados y conducidos a los lugares de detención en donde la policía les maltrataba. Algo así le había ocurrido a los “Hermanos Musulmanes”, los que bajo acusaciones falsas y ridículas llenaban las cárceles egipcias. Entre las acusaciones del gobierno estaba la de blanqueo de dinero y ser miembros de una organización prohibida. Aun cuando la Constitución del país no lo prohíbe.

Los manifestantes de la plaza Tahrir llamaban a un “Viernes de la Ira” y algunos medios de prensa que hasta ese momento estaba siendo controlada por Mubarak también empezaron a hacerse eco de las demandas de la plaza Tahrir.

El gobierno de Mubarak había empezado a contar sus días. Incluso personalidades importantes para la juventud que habían apoyado a Mubarak lo abandonaron, como el cantante Tamer Hosny que concurrió a la plaza a pedir perdón por su anterior actitud.

Y la multitud lo insultó, lo bajaron a la fuerza del escenario y lo maltrataron brutalmente. La rabia y el odio de clase estaban haciéndose presente. Las huelgas de los trabajadores habían aumentado, cerca de 20.000 trabajadores de las empresas del Estado se habían declarado en huelga, apoyando a los 6.000 huelguistas del canal de Suez.

La represión policial no hizo esperar y en donde pudieron masacraron al pueblo, huelguistas y manifestantes. Hubo muchos muertos y heridos a bala.

El hombre de Washington, el vicepresidente Omar Suleiman amenazaba con imponer la ley marcial, que permitía los juicios en tribunales militares, aunque los tribunales civiles estaban bajo las órdenes de Mubarak. Pero esta amenaza no surtió ningún efecto porque el régimen se estaba resquebrajando. En ese momento la Casa Blanca ardía de nerviosismo.

Egipto era una pieza clave para mantener la hegemonía norteamericana en Oriente Medio y el norte de África. USA les planteaba derechamente que Mubarak tenía que renunciar y dejar al mando del país a su segundo a bordo, Suleiman.

Cuestión que no podía ser aceptada ni por los manifestantes ni por los “Hermanos Musulmanes”. La política americana era que algo cambiase para que nada cambiase.

Nada era de importancia geoestratégica o de importancia geopolítica. Había que controlar el movimiento de masas de alguna forma y la forma violenta ya no funcionaba con la actitud neutral que había asumido el ejército egipcio.

Tampoco era posible actuar militarmente en apoyo de Mubarak, porque ya los norteamericanos les eran antipáticos a la mayoría de los pueblos árabes y una acción de esa naturaleza era desde cualquier punto de vista totalmente contraproducente.

Tampoco se podía descartar al pueblo norteamericano que veía con malos ojos a esas dictaduras corruptas y oprobiosas. Y esa era también una razón política a tomar en cuenta si es que Obama pensaba presentarse a otra elección presidencial.

Las demostraciones eran cada vez más masivas y el vicepresidente, Suleiman estableció el toque de queda, pero los manifestantes ya habían perdido el miedo y se daban cuenta de la fuerza de las masas, sobre todo cuando están decididas a dar la pelea.

El panorama político se complicaba con los intereses de los israelíes que veían con aprehensión la posible salida de Mubarak y por esa razón el primer ministro israelí, Netanyahu, se apresuró a declarar que Mubarak era un buen muchacho. Una especia de beso mortal, aunque no fuese ese el propósito.

Pretendía enviarle un mensaje de amenaza velada a los opositores, como diciendo: si vais a la guerra civil, apoyaremos al gobierno. La Primavera de los Pueblos Árabes le creaba una terrible inseguridad al gobierno israelí, sobre todo por la influencia que tendría sobre los palestinos.

Ahora la situación de Palestina se ha complicado por dos hechos de importancia capital: La unión entre Al-Fatah y Hamás, recientemente acordada por sus dirigentes y el asesinato de Osama Bin Laden. USA, que es aliado de Israel, tiene que apoyar la política de ese Estado, aunque no vaya a favor de los intereses estratégicos de los norteamericanos.

Así lo exige el lobby judío de USA en el cual se apoya Obama. Y aunque USA ha estado promoviendo la paz entre palestinos y judíos y la posibilidad de un Estado Palestino, aunque en la práctica no realiza gestiones verdaderamente útiles para los palestinos, esta unión entre los mismos palestinos le crea un quebradero de cabeza: Hamás no sólo no reconoce al Estado judío como lo hizo Al-Fatah, sino que además ha condenado el asesinato de Osama Bin Laden a manos de una unidad especial de los marines del Imperio en Pakistán.

Y aunque los “Hermanos Musulmanes” no se han pronunciado hasta ahora en ese peliagudo asunto, son aliados indirectos de Hamás, que se inició gracias a ellos y con su apoyo. Por tanto hoy, la unión entre estas facciones palestinas aparece como contraria a las conversaciones de paz entre Israel y la OLP, que hasta aquí no han dado un verdadero fruto a los palestinos, sino que han servido para que los gobiernos israelíes ganen tiempo y pueblen los territorios de los palestinos en Cisjordania de europeos que se dicen judíos y de esa forma hacer cada vez más difícil, por no decir imposible, el establecimiento de un Estado Palestino.

El 11 de febrero Mubarak todavía se aferraba al gobierno y en una declaración televisada manifestaba que pensaba entregar el poder a su segundo, pero que ya no lo haría, a pesar de la presión popular y del gobierno de USA. Sólo estaba alargando su agonía. Suleiman se dirigió a los medios de prensa tratando de tranquilizar el ánimo de las masas, pero fue en vano.

El pueblo egipcio ya no estaba para tolerar ese tipo de política evasiva y sin los resultados que ellos esperaban.

También unos días antes Mubarak utilizó a sus partidarios más policías vestidos de civil para agredir a los manifestantes y así se armó una contienda en base a lanzamientos de piedras en los que hubo heridos por ambos lados y al final estos “partidarios” de Mubarak tuvieron que salir de allí derrotados, con la cola entre las piernas, por el valor y la decisión de los manifestantes. Este enfrentamiento se conoce bajo el nombre de “la batalla del camello”.

Ante la presión interna y externa, sobre todo de USA, el 11 de febrero Mubarak renunció a la “presidencia” de Egipto y asumió una junta militar. Hubo en un comienzo una cierta forma de reencuentro entre los manifestantes y los soldados, muchos de los cuales lloraban muy emocionados. Eran las 21.15 de la noche.

Durante el día había habido choques sangrientos entre la policía y manifestantes en distintas ciudades egipcias con muertos y heridos. La totalidad de los muertos sufridos por los manifestantes y huelguistas pasaban de 800 y los heridos superaban los 6.000. Las noticias de estas defunciones fueron difundidas por el periódico estatal “Al Ahram” que informaba que también habían muerto 26 policías y 189 reclusos. No había sido un cambio pacífico, eso sí, la violencia fue ejercida más por las autoridades que por los manifestantes.

En Suiza el Consejo Federal Helvético procedió a bloquear los fondos de Mubarak y de su familia. Ahora se sabe que Mubarak tenía depósitos particulares en Suiza por el orden de 300.000.000 de dólares. La corrupción del régimen estaba a la vista. Era como todos los otros sátrapas un régimen podrido.

La revolución egipcia no ha terminado, aunque hasta aquí la táctica de la Casa Blanca impidió que la revolución se profundizase. Los jóvenes que fueron los principales protagonistas de la caída del régimen tienen claro que las cosas no van a terminar en esos logros.

El Consejo Supremo que asumió ha establecido la detención de Mubarak y su posible enjuiciamiento por la responsabilidad que le cabe en las muertes de los civiles. Pero el nuevo gobierno no ha terminado con la represión, aunque se hayan moderado. Hay muertos y heridos y prisioneros por razones puramente políticas.

Al parecer todavía los jóvenes no tienen claro hacia donde debe marchar una revolución para que sea irreversible. En el fondo ha habido un gambito de rey, nada más. Los obreros de varias empresas se están organizando para nacionalizar varias empresas, lo que vendría a ser un paso importante hacia una sociedad con un sistema diferente al capitalista que predomina ahora.

Sobre todo eso está ocurriendo en empresas textiles que son de propietarios extranjeros. Además, y lo que es más importante y significativo, es que los obreros y trabajadores se han organizado en una Central Obrera con la participación de sindicatos libres.

La muerte de Osama Bin Laden puede trastornar un poco este mapa político, toda vez que entre los jóvenes hay muchos que de una u otra forma simpatizan con la lucha antinorteamericana llevada a cabo por los algunos sectores en todo el mundo árabe, en especial en Afganistán.

Si bien es cierto Osama Bin Laden era el cabeza visible de Al Qaeda, no era el que planificaba las acciones que había que llevar a cabo. Él era solo un jeque religioso que entregaba ideas y misiones en general, por cuanto no existían milicias bajo su persona.

Los grupos que se identifican con esta organización son independientes y aunque los “Hermanos Musulmanes” no son terroristas ni muchos menos, sino más bien una organización islámica moderada, entre ellos deben haber los que hoy ven a USA como el enemigo principal de los pueblos árabes y el ejemplo de Bin Laden muriendo desarmado a manos de asesinos de uniforme, lo convierte en un mártir, y eso es importante para algunos.

Creo que USA cometió un error muy serio en darle muerte, sobre todo que se encontraba desarmado, lo que contraviene los acuerdos internacionales de respeto a los prisioneros de guerra. Más habrían ganado llevándolo detenido. Pero a lo mejor dudaban de sonsacarle algo importante toda vez que no hay pruebas de que la tragedia del 11 S fuese obra de él. Y si a pesar de la tortura que USA lleva a cabo contra todo prisionero político no se inculpaba, ¿cómo justificar entonces la guerra de Afganistán?

Ahora bien, la Primavera de los Pueblos Árabes que empezó en Túnez no tenía nada que ver con las ideas de la sociedad que impulsa Al Qaeda y ya esta organización estaba perdiendo fuerza dentro de Iraq, lo que tenía como corolario que Osama Bin Laden ya no tuviese la misma fuerza espiritual con que se había manifestado entre la juventud musulmana.

Si todavía no era un cadáver político, estaba en camino de serlo. Los afines a su figura se habían hecho más populares que los del Che en muchos países de Oriente Medio, incluso en el Extremo Oriente como Indonesia. Era una figura mítica: un millonario que había dejado el lujo y una vida regalada por la montaña y el fusil.

Ahora se encotraba viviendo en una mansión con todas las comodidades de los hombres de altos ingresos. Creo que la figura de este luchador ha perdido con esa vida regalada. Sus partidarios lo hubieran querido luchando junto a ellos o en algún lugar cerca de la guerra. Me pregunto si tendrá alguna influencia más adelante en lo que está ocurriendo en Egipto y también en otros lugares y en especial en la situación de Palestina. ¿Qué irá a surgir de la formación de un gobierno compuesto entre Al Fatah y Hamás? ¿Y cuál va ser el rol de los grupos que simpatizan con el líder asesinado?

http://www.webislam.com/?idt=19371

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