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Reforma financiera del PP. Un traje a medida de los banqueros q no resuelve problemas Por TORRES y GARZÓN


Reforma financiera del PP.
Un traje a medida de los banqueros que no resuelve los problemas
VS 0 | | sección: web | 07/02/2012
Juan Torres López Y Alberto Garzón (Altereconomía)

El gobierno acaba de aprobar una nueva reforma del sector financiero (Real Decreto Ley 2/2012 de 3 de febrero de saneamiento del sector financiero) y una vez más se le dice a los ciudadanos que se hace para salir de la crisis, para favorecer la creación de empleo y para que baje el precio de la vivienda cuando, en realidad, se buscan otros objetivos y no van a ser esos los resultados que va a producir.

Según la nota informativa del Ministerio de Economía y la referencia oficial del Consejo de Ministros con la nueva reforma se persigue “mejorar la confianza y la credibilidad del conjunto del sector” disipando “las dudas del mercado sobre la valoración de los activos inmobiliarios (suelo, promociones y viviendas) que tienen las entidades en sus balances”. Según el gobierno, de esa manera se “incentivará la salida al mercado de viviendas a precios más asequibles” y también que el sector financiero “recupere su función principal, que es proporcionar a empresas y familias el crédito necesario para volver al crecimiento económico y la creación de empleo”.

En nuestra opinión, sin embargo, con esta nueva reforma no se van a conseguir esos objetivos. Por el contrario, creemos que (aunque tenga algún elemento positivo) se trata más bien de un nuevo paso encaminado a poner el mercado bancario español a más libre disposición de los grandes bancos. Con ella se da un paso más para que los bancos salgan de la deteriorada situación en la que se encuentran, por culpa de su irresponsable comportamiento en años anteriores, sin que sus dueños y gestores asuman responsabilidades y haciendo que sean los ciudadanos los que paguen el daño que han producido.

Para entender lo que está sucediendo y el efecto previsible de estas nuevas medidas hay que saber antes lo que en realidad le ocurre a la banca española.

La situación patrimonial de los bancos españoles

Los bancos, como todas las empresas, tienen en su balance activos y pasivos. Los activos incluyen los bienes (edificios, equipos, etc.) y los derechos (sobre todo, los créditos y préstamos que conceden a sus clientes). Los pasivos son las deudas que tienen, bien con sus propietarios (capital) o con terceros (los depósitos que reciben de sus clientes y los préstamos que reciben de otros bancos o del banco central). Y también, como en toda empresa, en su balance debe haber un equilibro adecuado entre los distintos tipos de activos y pasivos y entre el activo total y el pasivo total. Si los pasivos de un banco son mucho mayores que los activos (si debe mucho más de lo que tiene), no tendría bienes y derechos suficientes para hacerles frente y quebraría.

También hay que entender que el negocio de la banca consiste en aumentar lo más posible los créditos y préstamos que concede porque cada vez que los concede crea dinero y así obtiene beneficio y poder.

Pero para tener más activos (para poder dar más préstamos) debe disponer de los pasivos correspondientes (o más capital o más depósitos o más préstamos recibidos de terceros). Y lo que le ha pasado a la banca internacional y a la española en particular en los últimos años es que los depósitos que recibía y el capital disponible eran insuficientes para aumentar cada vez más su negocio concediendo más préstamos y créditos. Entonces, en lugar de aumentar su capital, recurrió a dos vías de obtención de más liquidez: aumentó su propio endeudamiento y las operaciones llamadas de “titulización” (La titulización consiste en vender en el mercado financiero los contratos bajo otro nombre a los inversores especulativos que los compran para volver a venderlos y así sucesivamente. Gracias a ella, los bancos cambiaban “papel”, los contratos de préstamos ya concedidos, por dinero y podían seguir dando créditos a sus clientes). Dos vías que han terminado siendo letales.

El incremento del endeudamiento (en el caso español principalmente con los bancos europeos) ha llevado a una situación límite cuando la crisis ha hecho su aparición. Y la titulización ha provocado un caos general cuando los contratos de préstamo iniciales (muchos de los cuales ya eran de por sí de muy baja calidad, como las hipotecas basura) comenzaron a perder valor porque aumentaba la morosidad y los impagos.
Cuando esto sucedió, los bancos quedaron descapitalizados: sus activos valían mucho menos (algunos incluso nada porque no se iban a cobrar nunca) y tenían un altísimo nivel de deuda. Los gobiernos y los bancos centrales les inyectaron billones de euros y dólares de liquidez pero sus agujeros eran tan grandes que incluso esos recursos multimillonarios fueron insuficientes. La consecuencia fue que cerraron el crédito, lo cual hundió a la economía real, a las empresas y al empleo.

Cuando los bancos acreedores veían que se ponía difícil cobrar esas deuda fue cuando impulsaron el “rescate” de los países, aunque en realidad era el rescate de sus bancos: el Fondo Monetario Internacional o los bancos centrales les daban préstamos que iban directamente a los bancos para que se recapitalizaran y pagaran sus deudas pero que pagaba la sociedad en su conjunto.

Los siguientes datos muestran la magnitud de estos procesos en España:

– El crédito total a residentes pasó de 701.663 millones de euros en 2002 a 1,8 billones en 2008. Un 70% de ese incremento fue dirigido hacia la construcción o sus actividades colindantes. Lógicamente, cuando la construcción se vino abajo, los bancos “se comieron” una gran parte de se crédito y su activo, por tanto, perdió valor real.

– En 2000 la banca española recibía 1,43 euros en depósitos por cada euro que concedía a crédito, mientras que en 2007 solo recibía 0,76 euros. Eso significaba que el incremento anterior de la deuda concedida solo pudo venir del endeudamiento de los bancos españoles con otros extranjeros.

– Así fue que la financiación interbancaria internacional y especialmente europea recibida por la banca española pasara pasado de 78.000 millones de euros a 428.000 en el último periodo de gran liquidez previo al estallido de la burbuja y al inicio de la crisis, según los datos del Fondo Monetario Internacional. Y también ha sido millonario su endeudamiento con el Banco Central Europeo (118.861 millones de euros solo en diciembre de 2012, la tercera parte del total solicitado por las entidades del eurosistema ese mes).

Las causas de la descapitalización de la banca española y su situación actual

A la hora de valorar la utilidad de las medidas de reforma financiera que se viene tomando es importante no olvidar que las causas de la deteriorada situación de la banca española son muy claras aunque las autoridades y los propios banqueros no quieren hablar mucho de ello:

a) El incremento de la deuda que es consecuencia de tres factores. El primero, el gran poder de la banca que ha logrado que se consoliden las condiciones económicas, legales, políticas, culturales e incluso antropológicas que favorecen la sumisión al régimen de endeudamiento creciente en que se basa su negocio. El segundo, que nadie le ha parado los pies a los bancos y estos no han perdido la oportunidad de hacer crecer su negocio incluso de forma irresponsable: dar préstamos. Eso llevó a conceder préstamos y créditos sin tener en cuenta la solvencia de los clientes, a conceder hipotecas por más del 100% del precio de la vivienda hipotecada o al 100% de las operaciones cuando se trataba de empresas, todo lo cual acumuló un riesgo desorbitado en el sistema. El tercero, las políticas que han incrementado la desigualdad y la pérdida de capacidad adquisitiva de los hogares que así han tenido que endeudarse cada vez más como consecuencia de la moderación salarial y de la subida del precio de la vivienda por la burbuja especulativa, en gran medida alentada o consentida por los gobiernos del PP y del PSOE.

b) La infravaloración del riesgo que suponía poner la inmensa mayoría de los recursos en una misma cesta: la construcción. Con tal de ganar dinero, los bancos multiplicaron como hemos visto el crédito promotor muy por encima de lo que era sensato y sostenible.

c) Para tratar de ganar depósitos que financiaran esa manera compulsiva de ganar dinero, los bancos exageraron su política comercial, abriendo oficinas en cualquier esquina y sobredimensionando el negocio.

d) La pasividad cómplice de las autoridades y particularmente del Banco de España. Sus propios inspectores denunciaron ante el gobernador nombrado por el PP y ante el ministro Solbes su “pasividad” ante el riesgo sistémico que todo lo anterior estaba provocando pero ni ellos ni nadie de los que denunciaban este peligro fue escuchado.

e) La flexibilidad que se ha dado a las normas contables para que los bancos hayan podido disimular durante todos estos años el riesgo que acumulaban. Y particularmente que la patronal bancaria europea consiguiera, cuando estalló la crisis, que se permitiera que los bancos valoren sus activos deteriorados a precios de adquisición y no de mercado. Es decir, que disimulasen completamente sus cuentas ante su clientela y la sociedad. Eso les permitía seguir repartiendo jugosos beneficios a pesar de que estaban completamente descapitalizados e incluso quebrados, lo que ha ido retrasando la solución al problema.

Todo ello es lo que ha llevado a la situación actual de la banca española: tuvo unos años de solidez y beneficios extraordinarios pero ahora se encuentra con que una buena parte de sus activos no valen lo que en realidad dicen sus balances porque se trata de activos relativos a la actividad inmobiliaria que se ha venido completamente abajo. En consecuencia, necesita gran cantidad de liquidez y capital para tapar ese agujero que no le resulta fácil encontrar y por eso dedica sus recursos a los destinos más rentables y seguros (como compra de la deuda soberana con el dinero del Banco Central Europeo) en lugar de dedicarlos a financiar a las empresas que crean empleo, provocando así que la economía se siga deteriorando continuamente. Y, como consecuencia de todo ello, los bancos extranjeros acreedores y sus gobiernos presionan al gobierno español para que tome medidas que garanticen el saneamiento de sus balances y el pago de la deuda.

¿Qué solución tenía el problema de la banca española?

La situación de descapitalización en la que se encuentra la banca española, y que gracias a su enorme poder político y mediático se ha ido disimulando durante estos años atrás haciendo creer a la población que solo era grave en el caso de las cajas de ahorros, hubiera tenido soluciones bastante claras:

– En primer lugar imponer un régimen de completa transparencia contable para detectar sin los engaños actuales su situación patrimonial.

– Dejar caer a los bancos que hubieran quebrado como consecuencia de su irresponsable o mala gestión en los años anteriores a la crisis y obligar a que sus responsables hicieran frente a sus responsabilidades económicas y legales.

– Nacionalizar el sector bancario deteriorado e imponer una lógica de servicio publico al conjunto de la actividad bancaria para garantizar el flujo de crédito a la actividad productiva en la línea y condiciones que, junto a Vicenç Navarro hemos desarrollado en los capítulos VII y X de nuestro libro Hay alternativas. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España.

En lugar de ello, el anterior gobierno y el actual han cedido al interés de los banqueros, han dado a la banca todo tipo de ayudas, han entrado a saco contra las cajas de ahorros para desalojarlas del mercado y para ceder su cuota de mercado a la banca privada y han permitiendo que ésta sigan disimulando mediante artimañas contables su verdadera situación patrimonial.

La realidad muestra que, en contra de lo que se ha dicho cada vez que se tomaba una medida de apoyo a la banca, no se ha mejorado lo que se tiene que mejorar: su situación patrimonial y la financiación de la economía.

¿Qué pretende ahora el gobierno?

La nueva reforma el gobierno parte de plantear la situación en la que se encuentra la banca española.

Según el Ministerio de Economía, con datos del Banco de España, el sector financiero acumulaba en junio de 2011 323.000 millones de euros en activos inmobiliarios ligados al crédito promotor. De ellos, 175.000 millones entrarían en la categoría de problemáticos (88.000 millones en suelo y promoción en curso y 87.000 millones en promoción terminada y viviendas adjudicadas).

Los niveles de cobertura de esos activos problemáticos, es decir, las provisiones que las entidades han ido haciendo por si esos activos “fallaban” o perdían valor, es muy baja: 31% para los vinculados al suelo, 27% para los e promoción en curso y 25% para los de promoción terminada y viviendas.

El Ministerio de Economía afirma que esa baja provisión y el valor no realista que se le asigna en balance “dificultan a las entidades acudir a los mercados de financiación mayorista” y que eso “impide financiar adecuadamente al sector privado de la economía”.

Por esa razón, dice el Ministerio que “es imprescindible clarificar el panorama y situar la valoración de activos en una posición más acorde con la del mercado”.

Para evitar ese problema, la reforma se encamina a “sanear” activos problemáticos por valor de 50.000 millones de euros. Y para sanearlos se impone lo siguiente a las entidades financieras:

– Crear una dotación específica para aumentar las provisiones de esos activos problemáticos mediante una aportación extraordinaria que realizarán con cargo a sus resultados por un valor de 25.000 millones de euros.

– Crear un “colchón de capital” adicional, es decir, fortalecer su cuenta de capital mediante procedimientos diversos (ampliación de capital o modificando sus componentes a través de bonos convertibles, deuda subordinada, etc.). Ese colchón será del 20% sobre activos relativos a suelo y del 15% para los de promoción en curso y se dotará con cargo a beneficios no distribuidos por un importe de 15.000 millones de euros.

– Crear una provisión para hacer frente a un posible deterioro futuro de los activos no problemáticos. Esta será solo del 7% y por un valor aproximado de 10.000 millones. La fecha tope para realizar estas provisiones será el 31 de diciembre de 2012.

Sin embargo, la reforma va más lejos porque al mismo tiempo que lo anterior se establecen condiciones para las fusiones entre entidades y se establecen los requisitos para que se lleven a cabo y puedan ser aprobadas.

Además, el decreto-ley de reforma aborda otras dos cuestiones: la modificación del régimen jurídico de las cajas de ahorro y el establecimiento de límites en las retribuciones de consejeros (50.000 euros si son participadas mayoritariamente por el FROB y 100.000 si solo son financiadas) y directivos (300.000 y 600.000 respectivamente) de las entidades de crédito que han recibido apoyos públicos.

Con esas medidas, el gobierno afirma, como señalamos al principio, que “se conseguirá un mejor acceso de las entidades de crédito a los mercados de capitales, y una mejora del flujo de crédito a la economía real, con un impacto positivo sobre la producción y el empleo. Además, facilitará la salida al mercado de los activos inmobiliarios en poder de la banca, con el consiguiente abaratamiento de la vivienda”.

Lo que realmente se puede esperar de la nueva reforma financiera

Si se tienen en cuenta al mismo tiempo los factores que han desencadenado la situación de deterioro patrimonial en que se encuentra nuestro sector financiero y las medidas que ahora toma el gobierno se pueden hacer algunas consideraciones para evaluar y predecir el impacto que puede tener.

1. Es verdad que todo lo que sea cubrir mediante provisiones el daño patrimonial de las entidades financieras es deseable. Pero el problema es que no hay seguridad ninguna de que la evaluación del total de activos problemáticos del sector financiero realizada por el Banco de España y el gobierno sea realista. Por tanto, no se puede saber si realmente se está generando un saneamiento suficiente o si es solo muy limitado. De hecho, en el informe de 2011 del Banco de España donde se presenta el valor de 175.000 millones en activos tóxicos que el gobierno toma como punto de partida, sospechosamente no se desglosa esa cantidad, como se hacía el años anterior.

Sin establecer antes que nada normas claras y taxativas que permitan reflejar con total transparencia la realidad del sector, no se puede afirmar que la cantidad de 50.000 millones de euros en provisiones vaya a ser suficiente mejorar el acceso de la banca española a los mercados financieros. Sobre todo, cuando los mercados financieros ya han manifestado que el montante de esos activos problemáticos puede ser mucho mayor. Concretamente, Standard & Poors ha estimado que su valor se sitúa entre 296.000 y 313.000 millones de euros.

Si esta agencia y las demás, y en general los financieros que las utilizan, hacen esta estimación ¿se sentirán satisfechos con un saneamiento que no alcanza sino a menos de su sexta parte?

En nuestra opinión, la operación de saneamiento que se propone esta reforma es en realidad un superficial lavado de cara porque el aumento de las provisiones previsto es casi con toda seguridad insuficiente y, por tanto, no resuelve el auténtico agujero que tiene el conjunto de las entidades financieras españolas.

2. La naturaleza de las medidas que se proponen muestran el sinsentido con el que actualmente viene operando la banca. Por un lado se parte de reconocer que hay que sanear a las entidades y que no pueden financiar a la economía porque no lo están. Pero se recurre como fórmula de saneamiento a que ellas mismas dispongan de los recursos necesarios para hacer las provisiones. Cabría preguntarse, entonces, si disponen de esos recursos o no. Si los tienen, el problema radica en por qué no los dedican a financiar la economía, que es lo que con extraordinaria urgencia conviene resolver. Y si no los tienen parece que no tiene sentido pedirles que se saneen poniendo ellas mismas los recursos que se precisan para ello.

3. En principio, si las entidades se limitan a hacer esas provisiones, el saneamiento no costaría nada al erario público, como ha dicho el gobierno. Pero lo que sucede es que, como acabamos de señalar, eso será casi imposible que ocurra si es que las entidades se encuentran efectivamente en necesidad de ser saneadas. De hecho, lo que en realidad contempla la reforma son los incentivos y condiciones que hagan inevitable la fusión de entidades y es en estos casos cuando el gobierno sí pondrá dinero. Lo pondrá, es cierto, en forma de créditos pero sin que nada asegure que no terminen siendo a fondo perdido como en tantas otras ocasiones.

Además, por un lado se amplia el plazo para llevar a cabo las provisiones a dos años para las entidades fusionadas. Y por otro se establece que para disfrutar de las ventajas concedidas a quienes se fusionen será necesario, además de otros requisitos, que la integración eleve el balance de la entidad que compra en un 20% o en un 10% en casos excepcionales. Lo que claramente está pensado para que, cuando se obliga a hacer provisiones que las entidades no pueden asumir, las entidades grandes absorban a las más pequeñas y sigan acaparando el mercado, que es en realidad lo que se va buscando. Y, finalmente, se permite que cuando se hagan fusiones las provisiones se hagan a cuanta de capital y no de resultados, lo que permitirá registrar beneficios y no entrar en pérdidas.

4. El gobierno dice que con esta reforma será posible que el crédito vuelva a fluir a la economía pero lo cierto es que, aunque las provisiones sean necesarias, representan cantidades inmovilizadas. Por tanto, 50.000 millones más de provisiones significan una idéntica cantidad de menos en recursos para conceder financiación. Por tanto, no hay garantía ninguna de que se vaya a cumplir la previsión tan optimista que hace el gobierno.
 La duda en este sentido también proviene de saber que la falta de crédito no deriva solo de que la banca tenga dificultades para acceder a los mercados mayoristas, como dice el gobierno. De hecho, tiene barra libre en el Banco Central Europeo, de donde ha recibido cientos de miles de millones de euros que, sin embargo, no ha dedicado a financiar a la economía.

Sencillamente, porque tiene otros intereses, cubrir lo más posible su descuadre patrimonial y colocarla la liquidez disponible en destinos más rentables (deuda soberana o inversiones en los mercados en donde se están produciendo burbujas especulativas de momento muy rentables).

5. Para colmo, y en contra de lo que circuló en las primeras versiones del texto de la reforma, el gobierno ha renunciado a obligar a que las entidades fusionadas y que van a gozar de ayuda pública estén obligadas a conceder más crédito a las pequeñas y medianas empresas y a los hogares. El decreto tan solo obliga a fijar un “objetivo cuantificado” pero es evidente que esto no tiene por qué significar que vaya a aumentarse.

6. El gobierno también afirma que gracias a este saneamiento podrán bajar los precios de la vivienda.

En principio, cabría pensar que eso sí se podría conseguir en alguna medida. Si la provisión que tienen que hacer las entidades es mayor, estarían más interesadas en vender los pisos de los que disponen a precio más bajo, para evitar tener el dinero de las provisiones inmovilizado. También podría ayudar a eso que el Decreto de reforma obligue a las entidades fusionadas a llevar a cabo un plan de desinversión de activos relacionados con riesgos inmobiliarios durante los tres ejercicios siguientes a la integración.

Pero posiblemente eso es solo la teoría. Lo más realista es esperar que salgan al mercado las viviendas de entidades en situaciones muy delicadas pero no la de los grandes bancos que son, en realidad, los que disponen de un mayor número de ellas y, por tanto, de capacidad efectiva para producir variaciones en el precio de mercado.

Además, aunque baje el precio de la vivienda, los problemas seguirían subsistiendo porque el altísimo nivel de paro, la caída en los ingresos y la falta de crédito hipotecario no permitirían que aumentara la demanda de viviendas aunque bajase su precio, que es lo que realmente ha venido sucediendo desde que estalló la crisis hasta ahora.

Y, finalmente, incluso cabría plantear, en contra de esta otra visión optimista del gobierno, que si las entidades con activos inmobiliarios no los pusieron a la venta cuando no estaban provisionados, lo que afectaba negativamente a su solvencia y presencia en el mercado, como dice el Ministerio, quizá ahora que ya están provisionados tuvieran menor interés aún y les convenga esperar a que lleguen tiempos mejores en el sector. O que se limitaran a crear empresas inmobiliarias para sortear el requisito de la desinversión sin poner los activos a la venta de forma efectiva.

Conclusiones

A la vista de lo todo lo anterior creemos que se pueden establecer las siguientes conclusiones sobre la reforma del sistema financiero que quiere llevar a cabo el gobierno.

1. No es verdad que la reforma vaya a producir un auténtico saneamiento de las entidades financieras. Ni moviliza recursos suficientes ni afronta las verdaderas causas de su insolvencia.

2. No hay argumentos de peso que permitan afirmar, como hace el gobierno, que esta reforma va a permitir que vuelva el crédito a la economía española. Por el contrario, puede decirse que, en la medida en que inmoviliza recursos, va a contraerlo aún más a corto plazo. Que vuelva a medio y largo plazo no depende de que las entidades financieras estén mejor consideradas en los mercados gracias a las medidas que lleva consigo esta reforma. De hecho, los bancos españoles disponen de recursos ilimitados en el Banco Central Europeo y no los utilizan para ello.

3. No es seguro tampoco que esta reforma vaya a garantizar que baje el precio de la vivienda en España. Y si bajara en alguna medida, quedaría por resolver la disponibilidad de los ingresos o del crédito necesario para adquirirlas.

4. El propósito real de la reforma es otro. Se trata de acelerar el proceso de fusiones de entidades porque es de esa forma como se quiere “salvar” al sistema financiero español: concentrándolo en dos o tres grandes entidades privadas que al disponer ahora de todo el mercado podrían disponer ya del capital que han ido perdiendo en los últimos años por su política irresponsable y obtener así beneficios y privilegios extraordinarios.

5. El mapa de entidades financieras al que se pretende llegar con esta nueva reforma tiene muchos inconvenientes y producirá efectos muy negativos sobre nuestras economía:

– disminuirá el empleo en el sector.

– alejará las fuentes de financiación de la actividad económica a la que se supone que sirve, lo que dificultará su apego al terreno y perjudicará al servicio que debe prestar.

– al crearse entidades mucho más grandes, dedicarán su actividad preferente a los grandes mercados y negocios bancarios, deprendiéndose o prestando menos atención a la demanda minorista que es la que realizan las empresas que crean empleo y los hogares que más necesidades tienen de crédito. Es previsible, por tanto, que aumente el racionamiento del crédito y la exclusión financiera de partes cada vez más grandes del empresariado y de la población en general.

– Al obligar a las cajas de ahorros que aún quedan a ir fusionándose con bancos cada vez más grandes será muy difícil o imposible que superen una participación mayor al 25% de estos últimos y entonces, según establece el decreto de reforma, tendrán forzosamente que constituirse en fundaciones de régimen especial. De esa forma la reforma culminará con el expolio vergonzoso llevado a cabo por este gobierno y el anterior para salvar a los banqueros que han provocado la crisis a costa del ahorro, de los ingresos y del sufrimiento del resto de la sociedad.

En resumidas cuentas, la reforma no ataja los problemas de fondo que han dejado sin financiación a las empresas que crean empleo y a las familias, no proporciona remedios que garanticen que el crédito quede asegurado y se limita a favorecer descaradamente los intereses de los grandes bancos españoles.

Esta reforma es un capítulo más, por lo tanto, de la historia de mentiras y fraudes con que se viene desarrollando la crisis de la mano de los poderes más infames del planeta que han conseguido doblegar la voluntad de la mayoría de los gobiernos, como está ocurriendo en España.

http://altereconomia.org/sec/?p=15#more-15

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La nueva estrategia de EE UU. Último intento por mantener el dominio mundial De OBLIGADÍSIMA LECTURA


. La nueva estrategia de defensa de EE UU.
El último intento por mantener el dominio mundial
VS 0 | | sección: web | 14/02/2012
Alberto Cruz (CEPRID)

El declive del poder de EE UU es imparable.

Esta constatación, ya poco cuestionable, se confirma cuando se analizan decisiones de la Administración Obama como la que se ha puesto en práctica el mes de enero de 2012: una nueva concepción de la defensa que desarrolla la Estrategia de Seguridad Nacional de 2010, obsoleta en algunos de sus planteamientos por la rapidez con que se ha movido la geopolítica en estos dos últimos años (de hecho, ahora se reconoce así cuando se afirma que una de las razones que ha llevado a EE UU a adoptar esta medida es la constatación de que “no podemos predecir cómo va a evolucionar el entorno estratégico con absoluta certeza” en los años venideros).

EE UU falló en sus predicciones hace dos años y ahora se cura en salud en una sorprendente, por lo atípica, actitud casi autocrítica.

A la hora de hablar de la política exterior de EE UU, cuya base es la ESN, hay que partir de una premisa: el afán de seguir la estrategia diseñada a comienzos de la década de 1950 por Hans Morgentahu, el teórico del llamado “realismo político” en las relaciones internacionales, quien afirmaba que “la política de EE UU, en su lucha constante y perpetua por el poder mundial, tiene que desarrollarse en tres formas: la política de statu quo, la política de prestigio y la política imperialista” (1).

Asumida como tal por EE UU después de la II Guerra Mundial se ha mantenido inalterable durante seis decenios, desarrollándose con mayor o menor intensidad una u otra de estas formas tanto durante la etapa de confrontación con la URSS en la guerra fría como los dos decenios en los que EE UU ha ejercido como la única superpotencia mundial tras el desmoronamiento de la Unión Soviética.

Sin entrar en consideraciones académicas, sí cabe mencionar que estos tres ejes de la política exterior estadounidense se han venido poniendo en práctica de forma individual y/o en conjunto siempre que EE UU lo ha estimado necesario, con independencia del inquilino de la Casa Blanca, y con el objetivo explícito de afirmar sus”intereses nacionales vitales” en todo el planeta.

Sin embargo, ahora la situación mundial hace inviable esta histórica aplicación de la política exterior estadounidense. El surgimiento del eje BRICS –especialmente China- y el rechazo a EE UU que se ha hecho visible en las revueltas árabes –por matizado que sea en función de los países-, así como el despertar regional latinoamericano -con iniciativas que aún tienen que cuajar como la CELAC o la UNASUR, pero que demuestran una voluntad de alejarse de su vecino del norte-, deja como único eje sobre el que pivota la dominación mundial de EEUU la política imperialista basada en su superioridad militar.

Pero esta, a su vez, se tiene que enfrentar a un declive económico que afectará a medio plazo a la presencia militar estadounidense en todo el mundo, razón por la que ahora EE UU se vuelve un ferviente partidario de la “multilateralidad” y un defensor a ultranza de los organismos multinacionales como la ONU, así como la búsqueda de aliados que secunden su política (bien los países de la OTAN o, ahora, la Liga Árabe).

Enfrentar este declive es lo que pretende la nueva concepción de la defensa que adelantó Obama el 5 de enero y que se ha conocido con detalle en la presentación oficial de la misma el 26 de ese mismo mes. El documento que la recoge no puede tener un título más explícito: “Sustentando el liderazgo global de EEUU: prioridades de la Defensa para el siglo XXI” (2). Pero no es más que un desesperado intento, puede que el último, de mantener el dominio mundial.

Es tradición en EE UU que con cada presidente se impulse una ESN. Eso no quiere decir que se rompa con la de su predecesor puesto que, en muchas ocasiones, no ha sido más que una simple continuidad.

Es lo que hizo Obama al llegar a la presidencia. Su primera ESN se promulgó en 2010 (3) aunque se decía claramente que era una ESN “de transición” puesto que la Administración Obama se obligaba a ocuparse “de los problemas y retos contraídos con anterioridad” (es decir, las guerras de ocupación en Irak y Afganistán) antes que a afrontar “los nuevos retos” que aparecían en el horizonte de EEUU.

Esos “nuevos retos” eran Rusia, China e Indonesia (por este orden); Oriente Próximo se consideraba “seguro” –la atención preferente se centraba en Irán-, y aparecía una mención algo preocupante a Brasil –como el eje sobre el que iba a pivotar una política latinoamericana más autónoma respecto de EE UU-.

Las revueltas árabes demostraron la errónea apreciación de esa ESN respecto a Oriente Próximo, tal y como se viene a reconocer ahora.

Al haberlo considerado “seguro”, EE UU fue pillado claramente a contrapié y tuvo que ir a remolque de lo que le dictaban socios menores –como Turquía y Arabia Saudita (4)- que supieron aprovechar el desconcierto estadounidense y afianzarse como potencias regionales hasta el punto que EE UU aún no ha podido recuperar su papel en esa zona y no es probable que lo haga en los términos en los que había ejercido su poder hasta ahora.

Un ejemplo es que por la crisis económica se ve constreñido a reducir de forma significativa la asistencia económica a los nuevos gobiernos (al Egipto de la junta militar sólo le ha podido ofrecer 1.000 millones de dólares). Por el contrario, Arabia Saudita es quien ha tomado el relevo económico en la zona y comprado voluntades con ello (Túnez es el caso más evidente).

De una forma simple, se puede decir que en las relaciones internacionales la riqueza fortalece el poder de una nación y el poder es un medio para incrementar esa riqueza. EE UU no tiene en estos momentos ni una ni otro. La pregunta que se hace casi la totalidad del establishment estadounidense es ¿puede EE UU seguir siendo la mayor potencia mundial, pero sin ejercer la misma influencia que antes disfrutaba? (5).

Como ese es el caso, entonces EE UU debe diseñar una estrategia global que reconozca esta nueva realidad. Eso es, ni más ni menos, lo que se intenta con la nueva concepción de la defensa que pretende “adecuar” la ESN de 2010 a los nuevos tiempos.
El que se presente en un año electoral como es este 2012 –en noviembre habrá elecciones presidenciales- indica o bien una confianza en la relección de Obama o bien que, al igual que hizo Bush con él, va a hipotecar los primeros años de la administración republicana. Por el momento, e inmersos en una lucha interna por ver quién va ser el contrincante de Obama en las presidenciales de noviembre, los republicanos se han referido a la “nueva” ESN con una ligera protesta al considerar, lisa y llanamente, que no sólo supone una “desinversión” en la industria militar sino una “retirada [del papel] de EEUU en el mundo”.

Europa y Oriente Próximo

Para empezar, la nueva concepción de defensa que desarrolla la ESN de 2010 reconoce la crisis económica por la que atraviesa el país y establece una reducción de 487.000 millones de dólares en el presupuesto destinado a defensa hasta el 2020 y una reducción de 100.000 soldados (80.000 del Ejército de Tierra y 20.000 de la Marina).

Al mismo tiempo, se plantea una reducción de gastos en la compra de algunos aviones (a solventar con la modernización de otros como los C-130) o en la partida referente a los “contratistas” y la retirada del servicio operacional de una parte del material bélico, especialmente aviones (100 aparatos C-5A Galaxy y C-130 Hércules).

También reducirá (sin cuantificar) el número de armas nucleares estratégicas en lo que parece un guiño a Rusia, que en esta nueva concepción de la defensa aparece ya como el segundo país del que preocuparse y no como el primero, puesto que ahora se otorga a China.
Aunque es real, la reducción en el presupuesto tiene algo de trampa puesto que a raíz de la guerra contra Yugoslavia (1999), más luego las de Afganistán e Irak, el presupuesto de defensa en 2010 prácticamente era el doble que el de 1998.

Y es precisamente en la retirada de las tropas de Irak y de Afganistán donde la Administración Obama justifica la reducción: “la pregunta que tenemos que hacernos es qué tipo de estrategia militar necesitamos mucho tiempo después de que las guerras de la última década se hayan terminado”, dijo Obama el 5 de enero. Y añadió: “debemos tener unas Fuerzas Armadas ágiles, flexibles y listas para toda la gama de contingencias y amenazas” (6).

Para afrontar estas “contingencias y amenazas” se establecen tres áreas fundamentales para el desarrollo de la nueva estrategia: 1) reducción de las fuerzas convencionales de EE UU en Europa; 2) consolidación de su presencia en Oriente Próximo, y 3) reorientación hacia la zona Asia-Pacífico. Veámoslo con algo más de detenimiento.

1.- La reducción de las fuerzas estadounidenses en Europa es consecuencia de la confirmación oficial del fin de la guerra fría con Rusia. Para EE UU el peligro ya no viene de Rusia en primer lugar (como sí se hacía en la ESN de 2010), sino de China y –en menor medida- de Irán, por lo que hay que reacomodar sus tropas en zonas próximas a estos países.

La amenaza principal ya es China -Rusia está rodeada de países de la OTAN y a quien se apunta con el “escudo antimisiles”- por lo que es así como hay que interpretar el establecimiento de una base militar en Darwin (Australia), las negociaciones para reabrir la de Subic Bay en Filipinas, conversaciones en el mismo sentido con Vietnam y Tailandia y el reposicionamiento de gran parte de la flota naval tanto en aguas del Golfo Pérsico como en el Mar Meridional de China y toda la zona próxima a Japón. El pasado 5 de febrero se anunció la modificación del acuerdo vigente con Japón para el “reacomodo” de parte de los 50.000 soldados estadounidenses acantonados en la base de Futenma (Okinawa) en la isla de Guam (7).

Además, el documento menciona en varias ocasiones la importancia que adquiere la OTAN como “ancla de esperanza” de la estrategia global de EE UU en el siglo XXI. Es un hecho desde hace tiempo que el papel de la OTAN ya no está circunscrito a los límites territoriales establecidos en el Atlántico Norte. Su presencia en Afganistán o Libia son una muestra evidente de ello y, también, el acuerdo alcanzado en 2008 al margen de las estructuras de la ONU (directamente con su secretario general, el dócil y sumiso Ban Ki-moon, lo que fue criticado con dureza por Rusia) para que la OTAN asuma el papel que ahora tienen los “cascos azules”. Esta es la razón por la que EE UU se ampara cada vez más en ella para sus intervenciones militares en el extranjero buscando más un sistema de alianzas que imponiendo su clásica actitud unilateralista.

Pero reducción de tropas no es retirada. EE UU está lejos de retirarse de Europa. La reducción es obligada puesto que en Alemania está surgiendo un fuerte componente nacionalista que ve más como un inconveniente que como una ventaja para su papel como potencia regional la presencia militar estadounidense en su suelo.

Alemania no participó en la agresión a Libia, por ejemplo. No lo refleja el documento, pero la prensa estadounidense ha justificado la nueva estrategia de defensa en que es conveniente la reducción prevista “porque Alemania quiere ser ella misma” y porque “hay que hacer un gran esfuerzo de imaginación para pensar que Rusia es una amenaza para Europa occidental” (8). Lo que se va a retirar de Europa son sólo dos brigadas de combate, unos 7.000 soldados, todos de Alemania. Y es que en este país hay 54.000 efectivos militares estadounidenses, 11.000 en Italia, 9.400 en Gran Bretaña, 1.500 en España y 68 en Francia, por mencionar sólo a unos cuantos países. EE UU tiene en Europa 80.000 soldados, por lo que la reducción no llega siquiera al 10% del total.

Por lo tanto, y como dice el documento, lo que se propone Washington con esta ESN revisada es “aprovechar una oportunidad estratégica para equilibrar la inversión militar de EE UU en Europa” para que pueda centrarse en el desarrollo de “capacidades de futuro” que son adecuadas para “una época de recursos limitados”. El nuevo mantra es “defensa inteligente”. Por supuesto, “los compromisos de los Estados Unidos con el artículo 5 de la Carta Atlántica”, es decir, el acudir en ayuda de cualquier país de la OTAN si es atacado, “se mantendrán firmes”.

Obsérvese que se menciona la parte occidental de Europa, no la oriental como zona exenta de la “amenaza” rusa. El documento cita a Rusia como el país con el que EE UU seguirá enfrentándose de forma selectiva puesto que señala la “determinación de EEUU de involucrarse en los problemas de seguridad y los conflictos no resueltos en Eurasia”.

Es decir, Kazajstán, Uzbekistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán son países que a partir de ahora pasan a ser determinantes para EE UU. Con ello EE UU pretende debilitar el proyecto ruso-chino de crear la Unión Euroasiática, decidido el pasado mes de octubre tras una visita de Putin a Beijing en la que se firmó un acuerdo estratégico entre los dos países que pone fin al poder de Occidente (9). Consciente de esto, Rusia ha decidido no quedarse quieta y el 6 de febrero anunció el reforzamiento de sus bases militares en las repúblicas caucásicas de Abjasia y Osetia del Sur (10).

2.- Siguiendo este hilo argumental sobre Eurasia, la nueva estrategia estima que Al-Qaeda se ha vuelto “menos capaz”, pero no obstante, es una organización que se mantiene activa y seguirá siendo una amenaza para los intereses de EEUU y para el “futuro inmediato” dado que tendría “grupos durmientes en Asia y Medio Oriente”. En concreto, el documento menciona a Pakistán, Afganistán, Yemen, Somalia “y otros lugares”, que no especifica, en los que Al-Qaeda estaría presente.

EE UU justifica así su presencia en estas dos regiones del mundo siguiendo la estrategia de Bush de “guerra contra el terrorismo”. El eje entre las dos zonas es Afganistán. En este país la nueva ESN contempla “una mezcla de la acción directa y la asistencia a las fuerzas de seguridad”. Por lo tanto, una importante presencia de las tropas de combate de EE UU y las fuerzas especiales se mantendrán en Afganistán durante un largo tiempo –por lo que hay que relativizar la supuesta retirada de este país- y la amenaza de Al-Qaeda se espera que proporcione la coartada necesaria para que el gobierno colaboracionista de Kabul acepte el establecimiento de bases permanentes de militares de EE UU.

Dado que las revueltas árabes pillaron por sorpresa a EE UU que, hay que reiterar, en 2010 consideraba la zona “segura” para sus intereses, ahora se menciona Oriente Próximo como una zona en la que EE UU se enfrenta tanto a “oportunidades estratégicas como a desafíos”. En las oportunidades están los nuevos gobiernos surgidos tras ellas, a quienes dice apoyar por compartir “los anhelos de los pueblos”; en los desafíos aparecen los “extremistas violentos” y la posibilidad de que se hagan con armas de destrucción masiva. O sea, la misma y burda excusa de Irak o ahora el tema nuclear de Irán.

Es por ello por lo que EE UU reforzará la seguridad del Golfo Pérsico “en colaboración con los países del Consejo de Cooperación del Golfo” con una finalidad claramente expresada: “evitar que Irán tenga el arma nuclear y contrarrestar sus políticas de desestabilización”. Aquí no va a mover un solo soldado y, por el contrario, se muestra partidario de aumentar sus bases. Y todo ello se hará al mismo tiempo que mantiene su “firme” compromiso con la defensa de Israel.

Pero dado que en Oriente Próximo hay “agentes no estatales” capaces de desarrollar una “guerra irregular” –una denominación que ha empezado a tomar cuerpo dentro del Pentágono tras la derrota de Israel en la guerra contra Hizbulá en 2006- hay que fortalecer una Fuerza Conjunta capaz de actuar tanto “contra el terrorismo como en una guerra irregular aprendiendo de las lecciones aprendidas en la década pasada”. Y es muy significativo que en todo el documento sólo se mencione uno de esos “agentes no estatales”: el movimiento político-militar libanés Hizbulá, al que se califica de “organización terrorista”.

En todo momento “las fuerzas estadounidenses van a operar, cuando sea posible, con aliados y fuerzas de coalición”. Esta es una de las principales novedades de la nueva estrategia de defensa y ya se está poniendo en práctica con la Liga Árabe.

Asia-Pacífico

3.- La forma de actuación será tanto la clásica -“una campaña de armas combinada en todos los dominios, terrestre, aéreo y marítimo”- como la guerra cibernética. Aquí es donde entra el principal enemigo, China, y el secundario, Irán, a quien por lo que se deduce del documento se le otorga un poder en este campo mucho mayor del que se creía. No en vano, parece haberle hecho mucho daño a EE UU la captura por Irán del avión espía no tripulado de última generación RQ-170 el pasado diciembre cuando recopilaba información en territorio iraní.

Para EE UU hay zonas que pueden serle vetadas a corto y medio plazo. El documento habla de “desafíos” a los que se enfrenta EE UU por parte de “adversarios que utilizan la guerra asimétrica, incluyendo la guerra cibernética y electrónica, balística, misiles de crucero, avanzados sistemas de defensa antiaérea, minería y otros métodos para complicar nuestros cálculos operativos”. Y menciona a dos de esos adversarios: “estados como China e Irán seguirán persiguiendo los medios asimétricos para hacer frente a nuestras capacidades y nuestro poder”.

La mención a la minería como amenaza sólo se entiende si te tiene en cuenta que China es el principal exportador de las denominadas “tierras raras” (controla el 95% del comercio mundial) en las que se han descubierto minerales imprescindibles para la industria más sofisticada. En estos momentos, China mantiene un contencioso legal con la Organización Mundial de Comercio porque este organismo, a instancias de EE UU, la prohibido a China limitar sus exportaciones de estas materias primas en nombre del “libre comercio”.

China ha contestado a esta prohibición con una frase lapidaria, “obtener la aprobación de Occidente no es nuestra principal preocupación”, al tiempo que ha hecho una petición expresa para que se renueven las normas bajo las que se rige la OMC: “la OMC no sólo debe defender el libre comercio, sino también permitir a sus miembros a tomar las medidas necesarias para proteger el medio ambiente y los recursos naturales”, dice un comunicado oficial del Ministerio de Comercio (11).

Esto es lo que hace que EEUU establezca “la necesidad de requilibrar [su presencia] hacia la región de Asia-Pacífico”. Esta se ha convertido en la prioridad para EE UU, que siente una necesidad de la que depende su hegemonía como superpotencia, la de hacer frente al desafío que le plantea el creciente poder regional y mundial de China. Ya lo dijo Obama en su discurso del 5 de enero: “vamos a fortalecer nuestra presencia en la región de Asia-Pacífico, y las reducciones de presupuesto no serán a costa de esta región crítica”.

Por lo tanto, y dado que se reconocen dificultades financieras, si no se va a reducir aquí hay que hacerlo en otro sitio. Esta es la razón del por qué se actúa ahora con Europa como se hace, se deja fuera de juego material militar algo viejo y costoso de modernizar y se hacen guiños a Rusia con el arsenal nuclear.

El documento sobre la nueva estrategia de defensa lo deja bien claro: “los intereses de EE UU están inextricablemente ligados a la evolución del arco que se extiende desde el Pacífico Occidental al Este de Asia en el Océano Índico y el Pacífico Sur”. Y no quedan dudas cuando se lee más abajo que “a largo plazo, el surgimiento de China como potencia regional [no se le reconoce la categoría de superpotencia, aunque ya para el 2018 será la primera economía del mundo, ocho años antes de lo que había predicho Goldman Sachs el año pasado] tendrá el potencial de afectar la economía de EEUU y nuestra seguridad en una gran variedad de formas”.

Curiosamente, en paralelo a este documento EE UU anunció que para el año 2018 va a disponer de una base permanente de aviones no tripulados en la zona de Asia. Por una parte, se reduce la parte obsoleta de la fuerza aérea; por otra, se apuesta por las nuevas tecnologías y el uso de aviones no tripulados.

Está clara, por lo tanto, la intención de EE UU de mantener –e incrementar- su presencia militar tanto en el Golfo Pérsico como en el Mar Meridional de China, aunque lo hace arropado con el discurso del libre comercio y de la libertad de navegación: “EE UU continuará ejerciendo su papel global como superpotencia para proteger la libertad de acceso al patrimonio mundial en las áreas que no están dentro de la jurisdicción nacional y que constituyen el tejido conjuntivo fundamental del sistema internacional”. Es decir, el petróleo.

El caso del Golfo Pérsico es conocido y no hay que olvidar que en el Mar Meridional hay un contencioso –que está alentando EE UU- entre China y Vietnam por las islas conocidas como Spratly (Truong Sa para los vietnamitas, Nansha para los chinos), bajo cuyas aguas se estima hay ingentes cantidades de petróleo y gas. La idea que subyace de la nueva estrategia de defensa es muy similar a la aplicada durante la guerra fría con la URSS: presencia global y alguna demostración de fuerza para frenar el avance de China.

Además, se permite el lujo de recriminar a China su política militar: “el crecimiento del poder militar de China debe ir acompañado de una mayor claridad de sus intenciones estratégicas con el fin de no causar un enfrentamiento en la región”. Desde luego, las intenciones de EE UU son bastante claras puesto que quiere controlar rutas marítimas vitales y enormes cantidades de petróleo y gas sin explotar aún. Pero los chinos son duros de roer. El Ejército Popular de Liberación ha dicho que “toma nota” de la actitud de EEUU y le ha advertido que se abstenga de continuar por esa línea (12).

El contralmirante Yang Li, geoestratega de la Universidad de Defensa Nacional, ha dicho que lo que pretende EE UU es “socavar la modernización militar de China”. Que no diga un militar es normal, pero cuando ese es el sentimiento general –como se expresa de forma palmaria en un editorial del diario Global Times- y se pide al gobierno chino que “guarde algunas iniciativas estratégicas contra EE UU para contrarrestar su política de contención”, la cosa indica que se está a punto de cruzar la línea roja de lo que puede aguantar China.

Pero, por si fuese poco, se pide al gobierno “reforzar las capacidades ofensivas de largo alcance con mayor persuasión militar contra EEUU para que se percate [EEUU] de que no puede detener el ascenso de China y que le convenga más ser su amigo” (13).

Es obvio que China lleva una gran ventaja a EEUU en el ámbito económico (en diciembre el renmimbi (yuan) ha marcado un hito histórico en el cambio respecto al dólar y ya se están realizando transacciones económicas en las que se prescinde del dólar en el comercio exterior chino), pero aún no está en condiciones de alcanzar la prioridad estratégica militar a corto plazo. Sí se está preparando para ello y, en concreto, para asegurar las rutas marítimas para su comercio. Ya cuenta con bases militares en el extranjero (Sri Lanka y Scheylles), ha desarrollado su primer portaviones y el super avión J-20 –el cazabombardero más avanzado del mundo hasta ahora (14)- ya realiza vuelos de prueba a total satisfacción y tiene muy preocupados a los militares estadounidenses porque cuando sea operativo ya no tendrían la aplastante superioridad aérea que tienen ahora.

Alguna reflexión final

El impacto de la nueva estrategia de defensa en los conflictos regionales y la política mundial sólo puede ser evaluado a medio y largo plazo. Hay que ver si la afirmación sobre que la intención de EE UU de “renunciar a la doctrina de contrainsurgencia, invasiones sobre el terreno y operaciones en tierra” que recoge el documento es real o no.

Por el acontecer sirio, parece que el estilo de intervención miliar en Irak puede ser descartado al menos mientras dure la crisis económica. Por lo ocurrido en Libia, parece que EE UU ha apostado por sustituir la agresión militar clásica directa e impulsar a la misma a sus socios y subalternos de la OTAN y de la Liga Árabe.

Por lo tanto, si el expediente de Siria sirve como modelo de análisis, aunque se mantenga la presión contra Irán va a ser imposible el cambio de gobierno que alienta EE UU –y sus aliados del Consejo de Cooperación del Golfo- sólo con bombardeos. Si las guerras de Irak y Afganistán han ido muy mal, no es difícil imaginar lo que ocurrirá en un país con una larga historia de resistencia y revolución cuyo sistema de gobierno, además, cuenta con una base social importante por mucho que en Occidente se magnifiquen las expresiones de descontento.

Así pues, no es tan fácil un ataque a Irán aunque el comportamiento de EE UU se parezca cada vez más al de un animal herido y, por lo tanto, se vuelve mucho más peligroso.

Primero, porque sea Israel el brazo ejecutor o no, para EE UU sería como morir matando puesto que las consecuencias serían catastróficas no sólo en la zona, sino en todo Oriente Próximo.
Segundo, porque tanto Rusia como China están demostrando en el caso sirio que se acabó el mundo unipolar y que la antigua superpotencia y la superpotencia en ciernes tienen mucho que decir en el tablero geoestratégico. Tanto Siria como Irán son sus líneas rojas, Siria para Rusia e Irán para China.

Y Siria es la antesala de Irán para Occidente y las monarquías del Golfo. Rusia y China no van a dejar que caigan porque si así fuese estarían tirando piedras contra su propio tejado. Y tras la aprobación de la nueva estrategia de defensa de EE UU tienen muy claro que no hay que hacer ninguna concesión a un enemigo cada vez más débil.

Es tanto en Siria como en Irán donde Rusia y China han decidido escenificar claramente el fin del mundo unipolar y el surgimiento de una nueva era geoestratégica. Vienen a decir que por mucha nueva estrategia de defensa, y por mucho se les amenace, loa situación nunca será la misma antes.

El doble veto –por segunda vez- en el Consejo de Seguridad de la ONU marca un hito. Si la primera (octubre) pretendía dejar claro que ni iba a haber otra Libia, la segunda (febrero) muestra una decidida postura geopolítica sobre el futuro de Irán, el control del petróleo en la zona y el combate conjunto por el declive de Occidente a nivel mundial. A EE UU y a sus satélites sólo les queda violar, de nuevo, el derecho internacional. Con la apuesta que se hace, por necesidad, con la “multilateralidad” y la ONU es muy improbable. Hay, por lo tanto, un nuevo equilibrio en la estructura de poder internacional.

La nueva estrategia de defensa de EE UU ya ha provocado un primer efecto: reforzar el acuerdo de cooperación estratégica alcanzado en octubre por Rusia y China. Hasta ahora ambos países se habían mostrado muy comedidos y moderados respecto a Occidente. Pero la expansión de la OTAN y el escudo antimisiles han hecho enfurecer a Rusia y el giro hacia Asia y el Pacífico de EE UU ha tenido el mismo efecto en China. A poco que se mantengan en sus posiciones actuales, muchos asuntos mundiales comenzarán a cambiar. Ya lo están haciendo.

Notas:

(1) Hans Morgentahu: “In defense of the National Interest”, American Political Science Review, vol. 66, Nueva York 1952.
(2) http://www.defense.gov/news/Defense_Strategic_Guidance.pdf
(3) http://www.whitehouse.gov/sites/default/files/rss_viewer/national_security_strategy.pdf
(4) Alberto Cruz, “EEUU en declive en Oriente Próximo: potencias medias ponen en duda su supremacía (I, II y III), http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1141
(5) Benjamin Friedman, uno de los principales dirigentes del think tank Cato Institute, 27 de enero de 2012.
(6) BBC, 5 de enero de 1012.
(7) Reuters, 5 de febrero de 2012.
(8) The New York Times, 4 de febrero de 2012.
(9) Alberto Cruz, “La cooperación entre Rusia y China: el nuevo enfoque geoestratégico que pone fin al poder de Occidente”, http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1291
(10) Ria Novosti, 6 de febrero de 2012.
(11) Diario del Pueblo, 1 de febrero de 2012.
(12) Xinhua, 1 de febrero de 2012.
(13) Global Times, 5 de enero de 2012.
(14) Alberto Cruz, “China: Ejército, geopolítica y el retorno a Mao”, http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article1205

Alberto Cruz es periodista, politólogo y escritor. Su último libro es La violencia política en la India. Más allá del mito de Gandhi, editado por La Caída con la colaboración del CEPRID. Los pedidos se pueden hacer a libros@lacaida.info o bien a ceprid@nodo50.org

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FUENTE http://www.vientosur.info/articulosweb/noticia/index.php?x=4889

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