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Crisis de la democracia y revolución de las élites


Crisis de la democracia y revolución de las élites

Gabriel HenríquezPor Gabriel Henríquez            Publicado el 9 Jun, 2011

Democracia Real Ya!Sin lugar a dudas nadie podría haberse imaginado a principios del 2000 que hoy el mundo estaría exaltado, en un ambiente de crisis tanto política como económica, en Europa, Medio Oriente y, por qué no, también en América Latina.

En sí, la confianza en el sistema democrático liberal y el capitalismo, en su variante neoliberal, muchas veces parecía indicar que todos los eventos próximos estarían mediados sólo por aspectos reformativos o profundizadores de ambos modelos. Irlanda se convirtió, para las economías emergentes, en el modelo a seguir, y el status quo político democrático liberal era incuestionable.

En cierto modo, el fin de la historia había llegado. Habíamos encontrado un sistema político que garantizaría estabilidad y uno económico que procuraría prosperidad. Pero no. El mundo ha sido sacudido por la implacable marcha de la historia, la cual ha demostrado lo contrario: Irlanda está en el suelo, la democracia actual está siendo cuestionada por diversos movimientos ciudadanos en Europa, y el Mundo Árabe libra su batalla para recobrar la libertad de sus tiranos.

Cuando la crisis económica golpeó al mundo en 2008, muchos habían advertido sobre la excesiva toma de riesgos de los bancos y la burbuja inmobiliaria, que podría ser más desastrosa que la burbuja de los .com, del 2000.

Toda crítica al sistema neoliberal y a la desregulación, formulada principalmente por un núcleo de economistas keynesianos, como Nouriel Roubini, Joseph Stiglitz y Paul Krugman, entre otros; pasaban por aguafiestas en el boom que se venía percibiendo desde la década de 1990.

Las pérdidas en riqueza, sobre todo en Estados Unidos, fueron enormes; el bailout de 700 billones de dólares salió de los bolsillos de los contribuyentes, con poca o escasa rendición de cuentas.

Muchos ejecutivos recibieron millonarios bonos en medio de la crisis –de la cual fueron cómplices–, una burla para todos quienes perdieron sus ahorros y hogares. Sumados los costos de la guerra de Irak y Afganistán, la aventura unilateral de George W. Bush y los costos de estabilizar el sistema –pero no reformarlo – han llevado a EE.UU. a estar endeudado casi en un 100% del PIB (Washingtonpost.com), sin producir ningún tipo de bienestar o riqueza asociada a innovación o beneficios a los ciudadanos.

En Europa, las recetas de desregulación y amplia apertura al libre mercado, seguidas al pie de la letra por Irlanda e Islandia, cobraron la cuenta con la burbuja inmobiliaria en el primero y la quiebra de los bancos en el segundo. Islandia fue el primer país desarrollado, en más de treinta años, en buscar la ayuda del FMI. Ahí los bancos tomaron depósitos y activos que totalizaron US$176 billones, ¡once veces el PIB del país! (Centre for Economic Policy Research).

Como en otros lugares, los bancos tomaron alto leverage y enormes riesgos; el sueño del libre mercado se volvió pesadilla. La caída de Lehman Brothers provocó un efecto en cadena en el sistema bancario internacional. El ciudadano islandés debió pagar con su propio dinero los errores de los bancos.

El caso de Irlanda, luego de un boom entre 1997 y 2007, la sobre expansión del crédito y la burbuja inmobiliaria tuvieron efectos desastrosos en la economía del “tigre celta”. Como en el caso islandés, el ciudadano vio cómo debía pagar los costos de inescrupulosos y, peor aún, de un sistema económico que permitía, bajo la venia de los representantes políticos, hacer de la estafa un motor de “riqueza”.

Grecia y Portugal viven situaciones similares, ambos han sido rescatados por la Unión Europea y el FMI con la condición de imponer medidas de austeridad y recortes en el gasto público que han terminado afectando seriamente a los ciudadanos. El descontento ha sido tal en Grecia que ha derivado en violentas protestas en los últimos meses (Nytimes.com).

Algo está muy mal con la democracia

La democracia salió damnificada de la crisis financiera. La situación en Europa, en general, hoy es desmoralizante, tanto por los efectos directos de la crisis como por el notorio desempleo, sobre todo en los más jóvenes. Los indignados de Madrid (Ballotage.cl), descontentos con el sistema político y los partidos, han sido seguidos por los indignés franceses en la Bastilla.

A ambos grupos los une la crítica a la democracia, que no parece tan demo-crática. Al hecho que las decisiones afectan a quienes poco tuvieron que ver con la crisis, y salvaguarda a quienes actuaron irresponsablemente. La élite política se ha distanciado demasiado de los ciudadanos que dice representar.

Los jóvenes apolíticos que creían que la conformidad era la mejor manera de comportarse son cosa del pasado. La organización de estos grupos lentamente se sofistica mediante mecanismos de democracia directa, debate de mociones y redacción de diversos proyectos de ley para mejorar la situación de los jóvenes, que han tenido lugar en diversos encuentros.

El movimiento parece expandirse a otros países. En Lisboa se llevó a cabo una manifestación el 12 de marzo, la manifestación más grande desde la Revolución de los Claveles, que derrocó la dictadura salazarista. Esta es la marcha de la generación perdida.

El desempleo en Portugal se ha duplicado a 12.6% en los últimos seis años, entre los menores de 25 años la tasa de desempleo es del 27%. (Spiegel.de). Por estos días, unos centenares de jóvenes se han tomado también las calles de Viena, Hamburgo y Roma.

En los países árabes, los jóvenes pelean por derechos democráticos (Ballotage.cl), mientras que la juventud europea protesta por una sociedad política en declive. Una que parece preocuparse más del bienestar del sector financiero que el de sus futuras generaciones.

En el Mundo Árabe las recientes revoluciones han cambiado gobiernos en Egipto y Túnez (Ballotage.cl), probablemente inspirando los acontecimientos actuales en Europa.

Todavía se libra una guerra civil en Libia, en Yemen la situación se ha complejizado en medio de choques tribales y potencial secesionismo (France24.com), mientras que en Siria las protestas han ido más allá del levantamiento del Estado de Emergencia que mantenía el gobierno hace más de 48 años(Ballotage.cl).

Se desea la dimisión de Bashar al-Assad, lo que ha generado un alto grado de violencia y muertes, debido a la brutal represión del régimen sirio.

La rebelión de las Élites

La situación en Europa y en el Mundo Árabe parece coincidir en la pérdida de legitimidad de los sistemas políticos. En el caso de las autocracias, contra las que pelean los jóvenes árabes, es evidente la disociación entre la élite política y los ciudadanos, pues ni siquiera existe un vínculo representativo.

Es ahí donde se desea construir un régimen democrático, que sea escogido por el pueblo, gobierne para él y por él, estructurando la idea de ciudadano como protagonista político –a diferencia del único actor político hoy, el tirano, como diría Montesquieu.

En Europa, y en general en las democracias liberales occidentales – incluyendo la nuestra–, existe una aparente – y peligrosa–  disociación entre ciudadanos  y élites.  La crisis financiera ha iluminado el trecho que existe hoy entre representantes y representados.

Los políticos pierden apoyo, como el PS español, y peligrosamente pierden legitimidad. Hace unos días el vocero de la reunión de los ministros de finanzas europeos, para solucionar la crisis griega, negó que se hubiese llevado a cabo tal reunión, por miedo a los mercados financieros (Spiegel.de).

Poco a poco, la política se empieza a hacer a escondidas, en cuatro paredes, temiendo la reacción de los bancos.

Instituciones financieras como agencias de rating y bancos de inversión, principales actores en la tragedia financiera de 2008, suelen comportarse hostilmente al momento de la rendición de cuentas o cuando son exhortados a pagar el costo de la debacle.

Una acción de las primeras, bajar el rating a un país, puede generar efectos desastrosos, pues determinan la tasa de interés de bonos de gobierno.

Estas agencias y bancos no están destinados a servir al bienestar general, no deben legitimar sus acciones, operan en secreto y su fin es únicamente la rentabilidad. Y así actuaron en la pasada crisis.

La política, el terreno de lo público, parece contraponerse a ese mundo de ilegitimidad y secretismo. Pero sucede que las élites políticas parecen querer tranzar los valores democráticos con tal de no sufrir la furia de los bancos: actuar en secreto, sin enfadar a los bancos, limitando el debate y las soluciones a la crisis económica.

Pero sin libertad de palabra y debate de ideas, la democracia es imposible, el terreno de lo público no existe. Tal es el dominio de los regímenes autoritarios.

Existe, para peor, una acción consciente de las élites políticas al rescatar los bancos, cuyo bienestar prima por sobre aquel de los desempleados, que se verán en mejor situación tiempo después de que las economías despeguen. Alain Touraine, señala que en un momento los más acomodados y quienes detentan el poder político se liberan de la suerte de la mayoría y, consiguientemente, se liberan de su responsabilidad con sus representados.

Tal fenómeno lo denomina la rebelión de las élites, la traición de la élite a los valores democráticos. El contrato social entre élites, Estado y ciudadanos se rompe (Elpais.com).

En este sentido, las políticas contra los déficit fiscales, o de austeridad, de la post crisis, atentan contra la disminución del desempleo y el bienestar de la clase media, como menciona Paul Krugman (Guardian.co.uk).

La historia no se ha quedado estancada, avanza y a paso firme. El status quo está siendo cuestionado abiertamente. La disociación entre élite y sociedad es un asunto grave para sociedades que dicen ser democráticas y basadas en la representación. La crisis financiera puso a la élite política frente a los bancos y los ciudadanos, y aquellos han escogido el bienestar de los primeros por sobre los segundos.

La pasividad y el confort de generaciones anteriores han dado paso al disgusto y la movilización. Una suerte de remembranza de tiempos pasados cuando se levantaron intelectuales, políticos y gente común, reclamando contra los liderazgos políticos, reclamando mayor democracia y participación, demandas de las clases trabajadoras (hoy la clase media), bajo las banderas del nacionalismo (hoy de la comunidad europea o la humanidad).

Una nueva revolución de 1848, la antigua Primavera de las Naciones, el primer y único colapso a lo largo de toda Europa de la autoridad tradicional. Ante la rebelión de las élites se alza la rebelión de los jóvenes.

La marcha de la historia es implacable.

Revolución de MarzoMärzrevolution. Revolución de Marzo. 19 de Marzo 1848 – Berlin
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La crisis económica y el declive de los Estados Unidos


La crisis económica y el declive de los Estados Unidos

Gabriel HenríquezPor Gabriel Henríquez
Publicado el 8 Jul, 2011

    Barack ObamaLa crisis financiera que comenzó el 2007, y tuvo supeak el 2008 con la quiebra de Lehman Brothers y otras grandes instituciones financieras, no fue un fenómeno inesperado. Varios economistas habían mostrado su escepticismo en el boom del mercado inmobiliario y en las nuevas innovaciones financieras en Estados Unidos, que supuestamente tendían a reducir el riesgo aumentando la riqueza. Uno de ellos, el economista de la Universidad de Chicago, Raghuram Rajan, el 2005, en la despedida de la Reserva Federal del célebre Alan Greenspan en Jackson Hole (EE.UU.), presentó un controversial paper que se titulaba “Has Financial Development Made the World Riskier?”, su respuesta era afirmativa. Sin embargo, fue fuertemente criticado por los asistentes y rápidamente catalogado como un retrogrado anti mercado, deseoso de los viejos días de la regulación.

    Hoy, por el contrario, pocos estarían en desacuerdo con Rajan, mientras la reputación de Greenspan se ha deteriorado rápidamente en vista de las consecuencias de su dogmatismo anti regulatorio y haber hecho vista gorda a la excesiva toma de riesgos por parte de agentes financieros.

    La causa inmediata de la crisis se remonta a la burbuja inmobiliaria que llego a su peak entre el 2005-2006 en Estados Unidos – pero que se replicó en otros países como en España (recomiendo ver este ilustrativo video). Periodo que fue seguido de una alta tasa de moratoria en los préstamos subprime (categoría de quienes no calificaban para préstamos corrientes por factores de riesgo) y en hipotecas de tasa ajustable.

    En un principio, los hogares fueron incentivados a aumentar su endeudamiento en cómodos términos y un prometido patrón de aumento de precios en las viviendas,  que los llevaron a comprometerse en complicadas fórmulas de hipotecas, persuadidos de que podrían re-financiar posteriormente en términos más favorables. Además, se proveyeron los incentivos económicos a los prestamistas de créditos subprime, de modo que aumentó vertiginosamente este tipo de préstamos a consumidores que no hubiesen calificado para hipotecas normales.

    Sin embargo, una vez que las tasas de interés comenzaron a subir y los precios de las viviendas comenzaron a bajar moderadamente, entre el 2006 y 2007, en muchas partes de los Estados Unidos re-financiar las deudas se hizo difícil. Moratorias de pago y embargos se incrementaron dramáticamente cuando los términos iniciales expiraron. Los precios de las viviendas no subieron indefinidamente como se prometió, y los intereses de las hipotecas a tasa ajustable se elevaron. La caída de los precios tuvo como consecuencia que un 23% de los hogares en EE.UU. valiesen menos que la hipoteca contraída, en septiembre del 2010, incentivando a quienes se endeudaron a ejecutar sus hipotecas. El espiral de embargos fue un factor fundamental, pues quitó valor a los bienes de los consumidores y erosionó la solidez de las instituciones bancarias.

    El enorme acceso al crédito se debió a cantidades significantes de dinero proveniente desde el extranjero, en particular desde las dinámicas economías de Asia –que preferían, luego de las lecciones de la Crisis Asiática, ahorrar antes que endeudarse- y de los países petroleros. Estas masivas entradas de dinero, junto con las bajas tasas de interés desde el 2002 al 2004 contribuyeron a facilitar las condiciones de préstamos, que alimentaron la burbuja inmobiliaria y de crédito.

    Acompañando el boom inmobiliario, varias innovaciones financieras permitieron a instituciones e inversionistas invertir en el mercado inmobiliario norteamericano, por ejemplo, a través de títulos de crédito hipotecario (mortgage backed securities), que se derivan de los pagos hipotecarios y los precios de los inmuebles. Cuando los precios de las viviendas bajaron, instituciones internacionales globales que prestaron e invirtieron fuertemente en títulos de crédito hipotecario reportaron pérdidas significativas. Las pérdidas y liquidaciones se extendieron a otros tipos de préstamos cuando la crisis hipotecaria contagió a otros sectores de la economía.

    Las pérdidas hoy se estiman en trillones de dólares alrededor del mundo.

    Por otra parte, el programa de rescate diseñado por el gobierno de Bush y proseguido, en gran medida, por Barack Obama, ha sido tremendamente oneroso con el contribuyente y relativamente suave con los principales bancos e instituciones financieras involucradas en préstamos dudosos, actividades riesgosas, y abiertamente estafas. El bailout a los bancos en peligro, o el Emergency Economic Stabilization Act del 2008, contempló US$700 billones de dólares, agregando aun más presión a la deuda pública norteamericana que se viene expandiendo rápidamente desde los inicios de la guerra de Irak y Afganistán. El 2007, la deuda bruta de EE.UU. era de un 62% del PIB, mientras que la deuda rodea el 100% del PIB este año.

    Es irónico pensar que el tipo de crisis que se generó en Estados Unidos había sido varias veces vista en el mundo en desarrollo, burbujas especulativas y crecimiento impresionante del sector inmobiliario. Para el economista Joseph Stiglitz, ex director del Banco Mundial, había muchas similitudes entre la crisis Asiática de 1997 y la crisis del 2008.

    Por otra parte, la desregulación del sistema financiero norteamericano en nada ayudó a crear mayor estabilidad, muy por el contrario. Luego de la experiencia de la Gran Depresión de 1930, Estados Unidos puso en obra un sistema de fuerte regulación del mercado financiero, los bancos se dedicaban simplemente a prestar dinero bajo propios cálculos de riesgo. En parte gracias a aquello, los EE.UU. vivieron un período de enorme estabilidad financiera entre la década de 1940 y 1970. No obstante, todo comenzó a cambiar con el proceso de desregulación comenzado a mediados de la década de 1970, comenzando un período de series de crisis financieras, rescates del gobierno, y salarios record para Wall Street.

    Adicionalmente, hoy los EE.UU. tienen un debilitado sector manufacturero, a diferencia de los años 60 y 70. Desde el 2000 la situación ha empeorado. En enero del 2004, el número de empleos en el sector manufacturero era de 14.3 millones, menos 3.0 millones desde el 2000, y cerca de 5.2 millones menos desde 1979. Mientras la desigualdad se ha acrecentado desde fines de la década de 1970. En 1976, el 1% de los hogares capturaba sólo el 8.6% de los ingresos, pero la proporción creció a 23.5% del ingreso total de los EE.UU. el 2007. En otras palabras, por cada dólar del crecimiento real de los ingresos entre 1976 y 2007, 58 centavos iban al 1% de los hogares.

    En perspectiva, las debilidades de los Estados Unidos se han acrecentado rápidamente luego de la euforia del fin de la Guerra Fría. En menos de 20 años, dos guerras iniciadas han erosionado las finanzas norteamericanas –al 2010, Irak y Afganistán han costado US$1 trillón– y consumido oportunidades de innovación y mejoras educacionales tan necesarias a nivel secundario y básico.

    La crisis del 2008 ha sido probablemente el golpe de gracia a la economía norteamericana. Prácticamente se esfumó riqueza, y el peso del bailout y el estímulo ha sido puesto fuertemente sobre los contribuyentes. Es más, como menciona Stiglitz en Freefall los programas para disminuir las liquidaciones de hipotecas han sido débiles y la mayor parte de los recursos han ido a parar a los bancos, generando incluso millonarios bonos a los mismos directivos responsables de la debacle financiera.

    Con todo, los EE.UU. siguen siendo, sin lugar a dudas, la mayor potencia militar, pudiendo desplegar tropas en prácticamente cualquier lugar del mundo, y siendo aún una pieza clave en el concepto de seguridad internacional. Por otro lado,  la hegemonía norteamericana comienza a disminuir en términos económicos, en parte por el levantamiento de China y otras potencias emergentes, aunque el proceso ha sido más pronunciado aún por las guerras y crisis recientes. Es un lento declive, en el cual efectivamente las potencias emergentes están recién aprendiendo sus roles en la primera liga del Sistema Internacional, y donde las potencias tradicionales buscan maniobrar a la pérdida relativa de influencia. El mejor ejemplo de lo anterior, es que hoy claramente EE.UU. no conduce la orquesta en el G-20 (lea nuestra traducción de un notable artículo de Foreign Affairs). Pero lo que pareciera ser peor, nadie la conduce.

    Paul Kennedy en su clásico The Rise and Fall of the Great Powers subraya el importante papel de las variables económicas para explicar el surgimiento y ocaso de las potencias mundiales. La situación de EE.UU. no se asimila hoy a aquella de la España imperial, con enemigos en todos los frentes; ni a los Países Bajos, asediados por Francia e Inglaterra; aunque se parece a aquella de Gran Bretaña en el siglo XIX, con la aparición de varios nuevos competidores, los cuales son hoy China, India y Brasil.

    El mantenimiento de un status relativamente hegemónico está dado por el reconocimiento de los compromisos de la nación y su poder. Un enorme desfase entre ambos conceptos es pernicioso. Por tanto los recursos deben organizarse apropiadamente y deben asimilarse las limitaciones del poder. En este sentido, podríamos decir, sin grandes dificultades, que Irak y Afganistán han efectivamente sobre-extendidolas obligaciones norteamericanas, mientras que la crisis –la segunda más grande desde 1929- fue consecuencia de una mala asignación de recursos, resultando en una pérdida enorme en riqueza –y poder.

    Tales factores han afectado a la hegemonía norteamericana sustancialmente, además de otros síntomas que se arrastran desde décadas pasadas.  El intelectual Fareed Zakaria (Time.com) explica además que las prioridades no han estado bien asignadas en EE.UU. mientras el debate público, en la legislatura, se revuelve en un tit for tat interminable en temas muy puntuales o de lleno banales. La reflexión política en la cual los ‘padres fundadores’ como Thomas Jefferson y John Adams se interesaron ya no es asunto importante o incluso deseable.

    No por nada los EE.UU. han perdido el timón del G-20.

    Este artículo es una re-edición de uno publicado por el autor originalmente enhttp://balancepatriotico.cl

    El mensajero del miedo


    postheadericon El mensajero del miedo

    postdateiconJueves, 07 de Julio de 2011 12:58 | postauthoriconEscrito por Víctor J. Sanz |
    Artículos – Opinión

    Como se sabe, los negocios pueden dar dinero, pero la amistad raramente lo hace. (Jane Austen)

    Wall StreetLa banda terrorista de Wall Street ha enviado a un representante de su brazo político, un alto cargo del régimen de WashingtonHilary Clinton, en misión recaudatoria a los territorios del extrarradio del imperio.

    En esta ocasión le ha tocado el turno a España, uno de los territorios que más caro está pagando la crisis de la economía imperial, junto con IrlandaGrecia y Portugal. A diferencia de otras víctimas de los desvaríos imperiales, España no conoce de primera mano el olor de las bombas recién estalladas, ni el sabor de la arena del desierto, ni la orfandad o la viudedad colaterales en el helor de altas montañas en lejanos países llenos de cabras y soldados estadounidenses. No, el estado español no tiene la desgracia de conocer de cerca tan indeseables escenarios, una circunstancia estrechamente relacionada con la ausencia de recursos energéticos en el subsuelo español.

    Son bien distintos los designios que el imperio tiene para países como España, que tan solo puede aportar el sudor de sus ciudadanos como elemento de valor más reseñable, como ya ocurriera con Irlanda, Grecia o Portugal. Pero pareciendo estos sudores poco tributo al régimen de Wall Street, no ha dudado ni un momento en enviar a su recaudadora Hilary a recordar a los españoles que debemos entregar, junto con el sudor presente, unapromesa firme del sudor futuro.

    La fórmula elegida para transmitir este mensaje de extorsión ha sido la ancestral pero efectiva técnica de “caramelo y palmadita”, solo que en esta ocasión, las arcas imperiales se han ahorrado el caramelo. Y la palmadita ha venido en forma de “ánimos”: “Clinton anima a España a continuar con las reformas económicas.” [1] ¿Es que nadie le ha dicho a esta señora que las últimas reformas han provocando un aumento del paro y de la precariedad laboral como solo podía esperarse en un gráfico de tiempos de guerra? Tal vez sí que lo sepa, a estos estadounidenses no se les escapa una, siempre lo tienen todo previsto.

    En un amago de “caramelo”, la recaudadora de Wall Street, ha comparado a Zapatero con el propio emperador Obama, diciendo que ambos han tenido que tomar medidas difíciles por las que han sido muy criticados. Y sin dejar que la audiencia tome una bocanada de aire fresco, Clinton alaba que se tomen estas decisiones a las que califica de “responsables, independientemente de la controversia política que puedan generar”, cuando lo que quería decir es que “estas decisiones deben ser tomadas independientemente de la controversia social que puedan generar”. Será cosa de la traducción.

    Queriendo destacar como alumno aventajado, alguien del Gobierno español ha debido preguntarle a la recaudadora de Wall Street sobre la conveniencia de adelantar las elecciones, a lo que ésta ha respondido que esos son “asuntos internos” de España. Lamentablemente no piensa lo mismo de las reformas económicas.

    Para sellar la relación de vasallaje que nos une de forma inextricable con el imperio, la mensajera del miedo ha dejado claro que “las reformas deben continuar hasta que den sus frutos” y que España puede contar con la «amistad permanente» de Estados Unidos. Una amistad que nos presiona para participar en guerras como la de Afganistán o Libia, en las que las muertes de civiles son atentados si las causan los “enemigos” y “daños colaterales” si las causan los “aliados”; guerras en las que recursos energéticos o posiciones geoestratégicas son el último objetivo. Todavía estamos a la espera de ver la contrapartida que ofrecen estos enemigos de la paz a sus extorsionados amigos.

    Tal vez no exista tal contrapartida y la recompensa consista en no convertirse también en blanco de sus iras y sus codicias, tal vez todo se resuma en el bíblico “el que no está conmigo, está contra mí”

    Puede que solo sean impresiones mías, pero creo que con amigos así, no son necesarios los enemigos

    [1] http://www.europapress.es/nacional/noticia-clinton-anima-espana-seguir-reformas-economicas-20110702144946.html

    Víctor J. Sanz

     

    CRISIS DE LA DEUDA. Bomba de relojería. CRACK del capitalismo


    Crisis de deuda soberana arrastra al colapso del sistema financiero

    avatarMarco Antonio Moreno  8 de julio de 2011 | 08:00

    World debt

    Una de las claves más incomprendidas de la actual crisis es su carácter de global. La crisis de crédito iniciada el año 2008 se diferencia de las crisis financieras de 1929 y 1987 por su carácter profundamente global dado que es un producto genuino y altamente desarrollado en las finanzas globales de los países avanzados. La alambicada ingeniería financiera que permitió elevar los índices de prosperidad, también se prestó para los abusos y fraudes que multiplicaron varias veces a la economía real en la que ha pasado a ser conocida como la mayor estafa de la historia.

    Por eso que esta crisis es una crisis que demuele toda la estructura del esquema ponzi de las finanzas modernas, al tiempo que propina el más brutal golpe a la confianza del sistema. Nadie confía en la banca, y ni los propios bancos confían en el sistema financiero. Hasta los bancos alemanes tienen un apalancamiento 32 a 1 (han multiplicado 32 veces cada “euro real”), y cuando Lehman Brothers quebró, su apalancamiento era 30 a 1. Basta una caída del 3,5% para que desaparezca todo el capital de la banca alemana. El actual nerviosismo es fruto de ese elevado apalancamiento en el cual un leve temblor en Atenas puede desatar un fuerte desastre en el núcleo europeo. Lo de ahora, insisto, es sólo nerviosismo. El pánico se desatará cuando efectivamente llegue ese momento que tanto la UE como el BCE y el FMI (la troika) se esfuerzan por dilatar lo más posible, como si la dilación implicara una amortiguación del problema.

    Si la dilación permitiera efectivamente un reordenamiento de las deudas, sería esperable pensar en un derrumbe programado del sistema. Pero no hay tal. El colapso del crédito se propaga y amplifica a todo nivel por el desmoronamiento de ese esquema ponzi que amplificó veinte veces la economía real. Y recordemos que la estructura ponzi es como la de un castillo de naipes. Su derrumbe no deja nada en pie. Esto es algo que nunca había ocurrido en la historia humana, pese a la ferocidad de las crisis citadas, o al colapso que significó la crisis petrolera 1973-1974. Pero esta mirada quizá permita comprender la constante mutabilidad de la actual crisis que no se detendrá hasta que todo el fraudulento sistema financiero sea destruido. Como se comprenderá, se trata de una purga para la que nadie estaba preparado.

    Ausencia de un “Plan B” exacerba la desconfianza

    Uno de los hechos que demuestra la total ausencia de preparación para enfrentar este momento, es la inexistencia de un “Plan B” para permitir una reestructuración ordenada del alto endeudamiento que enfrentan países como Grecia, Irlanda y Portugal. La situación de estos países ha obligado alBCE a inyectar altas sumas de dinero y nadie puede pretender que estos países devuelvan esas deudas en los plazos y tiempos acordados. Considerados como “soluciones de emergencia”, los planes de rescate no han sido más que un calmante transitorio que en muy breve plazo se convertirán en pesadilla. Un pesadilla que bien puede ser el inicio del final del juego.

    Grecia enfrenta el problema de que forma parte del euro y eso le impide crear su propia moneda. Al no poder imprimir su propio dinero depende del euro para pagar sus deudas. Como no puede dar impulso a su economía, necesita de la ayuda externa, algo que sus socios europeos le conceden a un alto costo. Costos tan elevados que han llevado la deuda griega a niveles asfixiantes: para el segundo semestre alcanzará el 166% del PIB. Esta es una prueba concreta de que la troikaUE/BCE/FMI, sólo ha postergado el colapso de Grecia dado que ha sido incapaz de concederle préstamos a un costo razonable, en la pretensión de arreglar en el camino toda esa pesada carga, algo tan ilusorio como imposible.

    Grecia será incapaz de pagar esa deuda y se verá en problemas hasta para el pago de los intereses. Las apuestas del BCE de una “recuperación milagrosa” para Grecia no corresponden a estos tiempos. El único milagro real es la constatación a toda escala de los intereses reales del BCE y su empecinamiento por defender al núcleo duro de la UE y dar la espalda a la periferia. Como lo señalamos anteriormente, los “rescates” a la periferia solo han buscado salvaguardara los grandes centros financieros del núcleo.

    Hasta el momento, los gobiernos han sido los grandes amortiguadores de los problemas financieros dado que compraron la idea de que esta crisis era un problema de liquidez, sin sospechar que se trataba de una crisis de insolvencia, de un colapso terminal del sistema. Así fue como permitieron la resurrección de la banca zombi al alto costo de sumergir al mundo en la primera gran crisis de la deuda soberana global. Ahora son los gobiernos, es decir los contribuyentes, quienes cargan con la deuda y con las amenazas de corte en el suministro de crédito. Este juego de casino es completamente paralelo al que se vive al otro lado del Atlántico con el dólar. Como juegos simétricos y gemelos, que se han nutrido y potenciado en sus fraudes mutuos, se acercan simultáneamente a su colisión final. Un choque que no tendrá segundas partes.

    En El Blog Salmón | Cómo el sistema financiero creó la deuda y nos arrastró a donde estamos ahora,Los costos ocultos de los rescates sumergen al BCE en la bancarrota
    Más información | CNN Money

    Cómo el sistema financiero creó la deuda y nos arrastró a donde estamos ahora

    avatarMarco Antonio Moreno  15 de junio de 2011 | 08:00

    World debt

    El colapso económico es inminente. Los países más industrializados del mundo enfrentan una gran crisis de deuda provocada por el quiebre del crédito del año 2008, tras la crisis de las hipotecas inmobiliarias y la caída de Lehman Brothers. Estas crisis originadas por un colapso del crédito resultan ser mucho más prolongadas y profundas que las crisis desatadas por un estallido inflacionario. Gran parte del mundo se enfrenta a este tsunami de la deuda que los tiene al borde de la bancarrota, como Grecia, Irlanda y Portugal. Sin embargo, ¿puede hablarse de bancarrota cuando estos países poseen enormes riquezas en capital humano y recursos productivos? De acuerdo al actual sistema financiero sí. Y por eso que los Servicios Públicos están siendo recortados y los Bienes Públicos están siendo privatizados. A los gobiernos (y es cierto que hay muchos gobiernos irresponsables y corruptos, como los que financian guerras) se les suele cargar todo el peso del gasto excesivo. Y esto que deben asumir los gobiernos de turno, recala en todos los contribuyentes por igual. Nadie se escapa, haya o no disfrutado de la espiral de consumo o de la inflación de la burbuja de crédito. Por eso en este post intentaré describir cómo se creó la enorme espiral de deuda que hoy tiene al mundo en el pánico.

    Contrariamente a la creencia popular, el dinero que circula por el mundo no es creado por los gobiernos sino por la banca privada en forma de préstamos, que es el origen de la deuda. Este sistema privado de creación de dinero se volvió tan poderoso en los últimos dos siglos, que ha llegado a dominar a los gobiernos a nivel mundial. Sin embargo, este sistema contiene en sí mismo la semilla de su propia destrucción, y es lo que estamos experimentando en la actual crisis: la destrucción del sistema financiero que hemos conocido, dado que no existe ningún tipo de salida por las vías convencionales, pues, por sus colosales niveles, se trata de una deuda que esindevolvible.

    Para comprender ésto hay que señalar que el sistema financiero ha funcionado siempre como ungigantesco esquema ponzi, donde los nuevos deudores permiten mantener la velocidad del crédito y el pago de los intereses. Si se produce un colapso de los nuevos deudores el sistema se queda sin la opción de pagar intereses y conceder más crédito. Y a medida que esta opción se endurece en el tiempo, el sistema entero colapsa y requiere inyecciones de liquidez con la esperanza de que los flujos vuelvan a la normalidad. El adiestramiento del adn colectivo a la dependencia del crédito dio resultado a este retorno a la normalidad durante varias décadas. Pero hasta el adn acusa fatiga: y en esta codependencia al crédito recuerda los síntomas de la esclavitud: la esclavitud a la deuda.

    La creación de dinero a través del sistema de reserva fraccionaria

    Los bancos centrales son los responsables de la oferta monetaria primaria, o base monetaria, conocida también como dinero de alto poder expansivo. Este dinero de alto poder expansivo es el que llega a los bancos privados, que son quienes lo reproducen por la vía del crédito. La reproducción del dinero original depende de la tasa de encaje, o reservas mínimas requeridas, que produce el efecto inverso: ante menor exigencias de reservas, mayor es la cantidad de dinero que crea la banca privada. Esto se conoce como el multiplicador monetario, y su fórmula, de gran simpleza es m=1/r, donde m es el multiplicador monetario, y r el nivel de reservas exigidas, en porcentaje.

    De este modo, ante un nivel de reservas del 50% (r =0,5 en la ecuación), el multiplicador monetario es 2, como era en los orígenes de la banca inglesa en el año 1630. Si el nivel de reservas es del 20%, el multiplicador monetario es 5, y si las reservas exigidas son del 10%, el multiplicador es 10 (m=1/0,1) , lo que indica que se está multiplicando diez veces la cantidad de dinero real ofrecida por el banco central.

    Gran parte de la desregulación financiera promovida desde los años 80 consistió en dar a los bancos la mayor de las libertades para la estimación de sus reservas. De este modo el clásico estigma de reservas en torno al 10% o 20%, fue reducido a niveles del 1%, e incluso inferiores, como lo fue con Citigroup, Goldman Sach. JP Morgan y Bank of America que, en sus momentos más serios, afirmaban tener una tasa de encaje del 0,5%, con lo cual el multiplicador (m=1/0,005) permitía crear 200 millones de dólares con un solo millón de dólares en depósito. Y en el período de la burbuja, las reservas llegaron a ser inferiores al 0,001%, lo que indica que por cada millón de dólares en depósito real, se creaban 1.000 millones de dólares de la nada.

    Esta fue la gallina de los huevos de oro para la banca. Una gallina que era a todas luces insostenible y que fue asesinada por la propia codicia de los banqueros que se arrimaron al carro del crecimiento exponencial del dinero hasta que este colapsó, demostrando que toda ficción se asfixia en la conjetura, y nada es sino sólo lo que es. El remedio que ofrecían los bancos centrales era muy simple: apenas husmeaban un incremento de la inflación elevaban la tasa de interés para así encarecer el crédito y bloquear los potenciales nuevos préstamos (cortando de este modo los potenciales nuevos préstamos) e incentivando, a tasas más altas, el “ahorro” seguro de los prestamistas.

    ¿Se logra entender ahora el abismo en el cual estamos, y por qué gobiernos y bancos centrales corren a tapar esos enormes agujeros que dejó el dinero falsamente creado? ¿Se entiende por qué la Fed y el Banco Central Europeo corren a rescatar la basura de los activos tóxicos creada en este tipo de operaciones? Si queda con dudas, cuelgo aquí este clip que puede ayudar a comprender parte importante de este fenómeno. Este documental fue realizado el año 2006 y contiene serias advertencias que no fueron escuchadas ni por los gobiernos ni por la gente. Por algo será.

    En El Blog Salmón | La historia de la deuda pública global y sus consecuenciasLa economía mundial rumbo a una “tormenta perfecta”

    La historia de la deuda pública global y sus consecuencias

    avatarMarco Antonio Moreno  22 de mayo de 2011 | 08:00

    Deuda EEUU

    La historia de la deuda pública es la historia misma del poder: la forma en que se ha ganado y también cómo se ha perdido. La arrogancia, los sueños y las fantasías del poder, siempre han conducido a los hombres a disponer de los recursos de los demás, sea en la esclavitud, en la colonización, o en los planes para consolidarse en el poder. Varios momentos de la historia dan cuenta del sorprendente auge de la deuda producto de las guerras y el costoso derramamiento de sangre. Pero nunca se había visto un nivel de endeudamiento tan elevado en tiempos de paz, como los producidos desde 1980 en adelante. La gráfica muestra la deuda de Estados Unidos y su aceleración desde los años 80. Nunca la deuda había crecido a niveles que amenazaran la estabilidad política y la calidad de vida futura.

    El tema de la deuda no es nuevo. Lo nuevo es la forma en que hoy los acalorados debates proclaman como única salida los draconianos recortes presupuestarios que están hundiendo aún más a la economía mundial. Coludidos con las agencias calificadoras de riesgo y con los tenedores de bonos, se pretende hacer creer que los actuales niveles de endeudamiento son el umbral de la próxima crisis. Se olvidan que el colapso de la deuda es una consecuencia directa de la crisis que generó la burbuja, en décadas de falso crecimiento alentadas justamente por la deuda. En esa etapa de la plata dulce y el consumismo fácil, nadie se ocupó de atender la deuda y considerar sus desastrosas consecuencias. ¿Por qué hacerlo ahora tras el estallido de la burbuja?

    Hasta antes de la crisis, a toda persona que hablara de los peligros del abultado endeudamiento lo acusaban de pesimista y agorero. Y ahora, cuando los gobiernos deben endeudarse para luchar contra la crisis, se cierran todos los mecanismos de crédito incluso de las instituciones que deberían velar por la estabilidad económica mundial. La historia se repite con exactitud implacable y se sabe que una crisis financiera originada por un abultado apalancamiento puede tardar una década entera en normalizar la actividad económica. Una década que marca la necesaria transición entre el pasado y el futuro. ¿Qué han hecho las autoridades mundiales para sincerar que los años del consumismo fácil, vía burbuja de crédito, han terminado, y que ahora viene una dolorosa etapa de bajo consumo?

    UK public debt

    A lo largo de la historia, como la que refleja esta gráfica para la deuda pública del Reino Unido, en cada situación de elevado endeudamiento, los gobiernos tenían ocho opciones para evitar el desastre: 1. elevar los impuestos; 2. disminuir el gasto; 3. aumentar el crecimiento; 4. tener una tasa de interés más favorable; 5. producir inflación; 6. provocar una guerra; 7. buscar ayuda externa; 8. operar por decreto. Estas ocho opciones se han empleado en los últimos mil años, pero sólo una de ellas es hoy plausible y deseable: el crecimiento. Una economía en crecimiento (lo que aumenta los ingresos fiscales) permite la absorción de la deuda y restablece la sostenibilidad de las finanzas públicas. A continuación, puede reanudar el flujo de préstamos y animar a un mayor crecimiento de la economía. Los gobiernos responsables no pueden financiar sus gastos con los préstamos, y deben realizar sus inversiones en un nivel que sea sostenible, es decir, que se puedan pagar.

    Como señalamos a comienzos de año, en España se ha comenzado a librar la batalla final por el destino del euro. Una batalla sin cuartel tensionada por los problemas de la deuda, el desempleo y los grandes desequilibrios amplificados por una idea de convergencia que nunca llegó. En las teorías de crecimiento económico vigentes (Solow y Barro) existe la fantasiosa idea de una tendencia a la convergencia. Esta fue la llave para la instalación del euro, dado que en teoría los salarios y las productividades convergerían gradualmente en los países de la eurozona. Pero la convergencia no pasó de ser una utopía, y las enormes brechas salariales demuestran que una vez más la teoría falló, con Premios Nobel incluídos. La deuda, el desempleo, y el decrecimiento con deflación son los pasos de esta nueva fase de la crisis que implicará recortes con “hachas y motosierras” sea cual sea el gobierno de turno.

    El estallido de la burbuja de crédito a nivel mundial no sólo condujo a la primera gran recesión desde la década de los años 30, sino que también dejó una enorme carga de deuda que pesa sobre los objetivos de la recuperación económica en su conjunto, tal como planteamos hace año y medio enLa crisis de la deuda global está en sus inicios. Se pensó que el problema de la crisis era algo totalmente transitorio y que bastaba con inyectar liquidez a los mercados para que todo comenzara a fluir tal como antes del estallido de la crisis. Si bien hoy todas las discusiones se centran en los posibles mecanismos que ayuden a impedir crisis similares en el futuro, lo cierto es que se ha avanzado muy poco a nivel global para superar la crisis del presente. Es como dar instrucciones de dieta alimenticia a un paciente que aún se encuentra en estado de coma. Gran parte de este flagelo responde al mezquino sinceramiento con que se ha enfrentado el tema, en el cual han primadointereses individuales por sobre los intereses colectivos.

    En el caso de la deuda española, el año pasado Global McKinsey Institute presentó una importante investigación en la cual dio cuenta del abultado crecimiento de la deuda y del sobreapalancamiento financiero en los años previos a la crisis. Este informe dio cuenta de los verdaderos orígenes del apalancamiento financiero de los países industrializados, y para el caso de España presentó la siguiente gráfica:

    Spain Debt

    Hasta 1980 la deuda total de España era levemente superior al PIB, siendo la deuda de las empresas no financieras responsable de un 57% del endeudamiento. El sector financiero alcanzaba un endeudamiento del 11% del PIB, el mismo que mantuvo durante veinte años. Nótese que para el año 2000, el sector financiero presenta el mismo 11% de endeudamiento, pero para el primer trimestre de 2009 su porcentaje de deuda se multiplicó ocho veces para llegar al 82% del PIB. En sólo 9 años, o mejor, en la década del euro, la deuda de las instituciones financieras aumentó 750%, mientras en este mismo período la deuda pública bajó del 63% al 56% del PIB. Las empresas no financieras multiplicaron su endeudamiento al pasar del 74% del PIB al 141%. Es decir, en la década del euro la deuda total se duplicó hasta llegar al 366% del PIB.

    Frente a esa deuda, originada principalmente por la banca y el sector privado, se pretende pasar factura a todos los ciudadanos. Una cosa es que Warren Buffett considere que todos somos culpables de la crisis, y otra es condonar a los verdaderos responsables. La economía actual se encuentra ante un nudo gordiano que está rebasando los límites de la estabilidad social. El desempleo global, no sólo en España, se encuentra en los niveles más elevados de las últimas dos décadas, y hasta que no se comprenda que el trabajo productivo es el tema central de la economía, la economía seguirá por el camino que se instauró hace treinta años: el despeñadero.

    En El Blog Salmón | La bomba de tiempo de la deuda globalLa deuda española global: quien debe, cuánto debe, y a quien le debe
    Más información | Debt and deleveraging: The global credit Bubble and its economic consequences
    Imagen | Visualecon

    Hyman Minsky, el economista del momento

    2COMENTARIOS

    avatarMarco Antonio Moreno  18 de enero de 2009 | 23:05

    empire
    En 1974 el economista estadounidense Hyman Minsky advirtió que los ciclos económicos podían significar una bomba de tiempo. Seguidor de Keynes, y enemigo de las desregulaciones que por esos años comenzaba a promover Milton Friedman, Minsky advirtió que la economía podía ser arrastrada al abismo si los gobiernos no construían sólidas defensas para la estabilidad financiera.

    Minsky advirtió que en tiempos de prosperidad se desarrolla una euforia especulativa que hace aumentar el volumen de crédito hasta que los beneficios producidos no pueden pagarlo. Y este momento del impago es el que desata la crisis. El resultado es una contracción del préstamo, incluso para aquellas empresas o personas que sí pueden pagarlo, momento en que la economía entra en colapso. Hace 35 años, Minsky señaló lo siguiente:

    “Una característica fundamental de nuestra economía es que el sistema financiero oscila entre la robustez y la fragilidad, y esa oscilación es parte integrante del proceso que genera los ciclos económicos.”

    Ridiculizado por Friedman y Hayek, quienes a la postre ganaron el premio Nobel y tomaron las riendas del mundo, este keynesiano radical argumentaba que dichas oscilaciones con sus auges y caídas eran inevitables en una economía de mercado, a menos que los gobiernos intervinieran fuertemente para evitar el descontrol excesivo. Por ello se opuso tenazmente a las desregulaciones que marcaron la tónica de los años 80. Pero nadie quizo escuchar sus advertencias.

    Minsky murió en 1996, un año antes que comenzara a cumplirse su pronóstico con la crisis asiática, hoy considerada un breve prolegómeno de la crisis actual. Uno de sus principales aportes teóricos fue su Hipótesis de la Inestabilidad Inherente, fundamentada en la fragilidad de los mercados financieros. Según él, los períodos largos de estabilidad económica llevan a los inversionistas a asumir riesgos en forma creciente y a los bancos y empresas a apalancarse en forma excesiva. Por ello desarrolló su idea de tres tipos de empresas:

    * La empresa cubierta: aquella cuyo flujo de caja permite pagar las deudas contraidas y enfrentar el costo de la deuda y gradualmente amortizar el capital de la misma.

    * La empresa especulativa: aquella cuyo flujo de caja permite pagar los intereses de la deuda, pero no amortizar el capital. Este tipo de empresas requieren refinanciamiento.

    * La empresa “Ponzi”: aquella cuyo flujo de caja no permite ni siquiera pagar los intereses de la deuda. Este tipo de empresas requiere aún más financiamiento.

    El predominio de las primeras implica un sistema financiero robusto; el de las últimas un sistema financiero frágil. Cuando la tasa de interés es inferior a la tasa de beneficio las empresas experimentan la tendencia de cambiar del tipo cubierto al tipo Ponzi. Todo sistema financiero robusto, según Minsky, experimenta una tendencia natural a convertirse en un sistema financiero frágil, debido a los incentivos que supone el endeudamiento cuando la tasa de interés es baja: mayor rentabilidad, posibilidad de inversión y revalorización de activos. La fase de euforia suele ir acompañada de sobrevaloración, apalancamiento y operaciones de compraventa rápidas.

    En un contexto inicial de crisis, las empresas cubiertas pueden enfrentar sus pagos, pero las empresas especulativas y Ponzi sufren un colapso por la contracción del crédito (credit crunch) que comienza a desestabilizar el sistema. Los valores entran en un ciclo de gran volatilidad y muchas empresas se ven obligadas a vender sus activos más productivos para encontrar liquidez. Frente al desarrollo de los sofisticados instrumentos financieros para crear liquidez, Minsky señaló que constituían un gran riesgo para la estabilidad global por la dificultad de su control. ¿Le resulta conocido todo ésto? Por algo Minsky es el economista del momento.

    Imagen | Adam_T4

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